#MAKMAArte
Entrevista a Loreto Bayo
Pintora y socia de deLídering
Con motivo del Circuito de Arte Parque de María Luisa (CAPML)
Hasta el 12 de mayo de 2026
Charlamos con Loreto Bayo, licenciada en Bellas Artes por la Escuela Superior de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría. Desde 1990, ha desarrollado su carrera en el diseño gráfico y la edición impresa con su Estudio Sierpes, ampliando en los últimos años su campo al diseño digital. Pero, más allá de la pantalla, su caballete, sus lienzos y pinturas siguen siendo parte imprescindible de su universo creativo.
¿Cómo empezó tu camino en la pintura?
Supongo que de pequeña pintar era algo natural, una manera de pasar el tiempo con los rotus, ceras, carreras, cuadernos, el parque…. Sí recuerdo haber ido a recibir algunas menciones o premios, pero no se les daba ninguna importancia. ¡Volvías a casa y ya está!
Hice la especialidad de Grabado y Diseño Gráfico en la facultad de Sevilla, por lo que he estado toda mi vida vinculada al color, las formas y los conceptos. un día decidí volver a la pintura para buscar mi propio lenguaje… y en ese camino estoy.
¿Cuál fue tu primera obra importante, aquella que te hizo sentir lo que querías hacer?
Si hablamos del momento en el que entendí que quería dedicarme a la pintura, fue con una obra de pequeño formato: una escena de tres mujeres charlando mientras la ropa tendida se seca al viento. Es una imagen sencilla, que cuenta una historia cotidiana. La guardo como oro en paño.

Y como obra que me confirmó el lenguaje que quería seguir, destacaría ‘Festejada’, uno de los cuadros de mi primera exposición individual.

Flores de azahar en primer plano, ese instante en el que su aroma es más intenso. Está construida a partir de formas estructuradas y ordenadas, formadas por líneas de color que, en este caso, simulan puntadas de bordado y ayudan a generar volumen. Me sorprendió el resultado final, y ese es el camino que ando ahora.
¿Te refieres a destacar el volumen?
A buscar el volumen con esa técnica, con líneas sobre base de color. El tipo de línea varía dependiendo de lo que pinte: corta y recta, línea continua, marcando la forma…
¿Por qué el volumen? ¿Para buscar mayor realismo?
Bueno, no es solo por el realismo en sí. Me gusta buscar la luz y por contraste la oscuridad. Para mi ese es el reto y con esta técnica me van gustando los resultados. En unos trabajos lo marcan los colores de las líneas y en otros los fondos de las formas.

El volumen puede ser importante para desmarcarse de lo artificial.
Exacto, pero para mí es difícil de conseguir. Me pierdo en el camino y tengo que volver a pensarlo… Creo que por eso lo voy ordenando y rematando. Eso me ayuda. La luz y la sombra lo es todo, pintes lo que pintes.
En mi web se ve muy bien el proceso de creación hasta llegar a ‘Festejada’, que fue el último que pinté para esa exposición.
En la situación actual de contaminación (saturación) de imágenes, ¿cómo se puede mirar un cuadro?
Con toda la información que nos llega cada día, creo que lo más importante para mirar un cuadro es simplemente querer verlo. Pararte un momento y darle la oportunidad de decirte algo, de conectar contigo.
A veces, es tu color preferido; otras, un protagonista que te llega al corazón o que te despierta la curiosidad de por qué el artista lo ha creado así. Para mí, mirar un cuadro empieza ahí: en ese pequeño gesto de abrirte a lo que pueda contarte.
Una cosa sería, entonces, lo que el artista ha querido transmitir, y otra lo que el espectador interpreta. ¿Valen las dos opiniones o debe prevalecer la del autor? O incluso podría caber esta otra situación: que el autor no sea plenamente consciente de lo que ha creado; que ha sido, digamos, un médium de algo que le ha sobrevenido y le ha sobrepasado. Y, cuando intenta hablar de lo que ha hecho, no puede explicarlo. Y resulta que es el espectador el que se atreve a hacerlo. ¿Podría darse este caso: que haya un espectador que pueda ver mejor la obra que el propio artista?
Creo que exponer una obra es un acto de valentía. En las obras está tu yo (entero o por partes) y, muchas veces, aparecen cosas que solo se ven desde fuera. Al exponer la obra, cada espectador la ve con lo que tiene dentro, con lo que es, y esto la lleva a otro plano, pudiendo coincidir o no con el artista y otras veces sorprendiendo al autor. Así que pienso que sí.
En relación con esto cabría preguntarse si, una vez creada la obra, esta se hace independiente del autor.
Cuando se da por finalizada una obra y sale del estudio, está a expensas de lo que el espectador interprete, pero creo que seguirá existiendo, de alguna manera, el vínculo con el alma del artista que la ha creado.
Y hay un tema relacionado con esto que también me interesa mucho: los retratos. Creo que un retrato tiene que contar algo más que un parecido, que tenga un contexto, que comparta algo que, aunque el retratado no sea de tu familia lo quieras tener en tu casa. ¿Quién pone un retrato heredado en su casa? ¿Qué pasa con esos cuadros? ¿Qué pasa con esa chica, por ejemplo, que te está mirando?

Un retrato, un rostro, siempre te hace mirarte a ti mismo. Es como un reto; como mirarte en el reflejo del agua.
Sí. Y para que esto ocurra, el retrato debe tener fuerza, tiene que llamar tu atención, tienes que ver en él algo especial.
¿Cuándo veremos tus primeros retratos?
Pues empecé el año pasado a darle vueltas, algunos bocetos. Sé qué tipo de retratos quiero hacer, pero antes tengo que practicar mucho con el dibujo.
¿Qué tipo de retratos quieres hacer?
Modigliani es mi retratista preferido, pero también me resultan muy interesantes Ingebjorg Stoyva, Sofia Bonati y Pepe Cano, por ejemplo. Son retratos con miradas poderosas, con fondos que cuentan algo, momentos sugerentes.
¿Qué hay de ti en tus cuadros?
En mi trabajo pongo el disfrute del momento, el tratar de entender la vida a través de la construcción de las formas; esto también te da tiempo para pensar. Y la lucha por ir mejorando la técnica, la composición, la comunicación de ideas… Todo esto lo trato de resolverlo desde la tranquilidad. Bueno, no sé qué se verá desde fuera.
Desde fuera se ve amor por la belleza, por el detalle, por dar a las cosas pequeñas su importancia, por hacer que las cosas alcancen su plenitud. Cuando dices entender la vida a través de la construcción de las formas, estás hablando de naturaleza. ¿Es el corazón de tus cuadros?
Bueno, yo vivo rodeada de naturaleza, así que ahora mismo es la base de mi pintura, es lo que veo todos los días. En la naturaleza está el color, la luz y las sombras, el cambio, la sorpresa de encontrar algo inesperado, el sonido y el silencio.
En tu obra las flores aparecen una y otra vez, no solo en tus cuadros, sino también en tu aportación al poemario, editado por la Editorial Loto Azul, surgido del trabajo creativo con Graciela Escudero: poemas que hablan de flores, flores que hablan en verso, flores bordadas, flores pintadas, flores fantásticas, flores soñadas. ¿Qué significó para ti ese proyecto?
Primero entendí cómo hay que trabajar en la pintura. Hay que pensar, estructurar, y dejarse llevar para sacar lo mejor de una misma. Es un trabajo duro, pero de lo más gratificante.
Fue una experiencia fantástica, y además una sorpresa continua ver cómo todo iba fluyendo con sus propios tiempos. Para mí, que Graciela escribiera poemas inspirados en mis cuadros, fue una de las cosas más bonitas y emocionantes que me han pasado en la vida.
Primero fue la exposición, y enseguida surgió la idea de convertir ese encuentro entre poesía y pintura en un libro, para que más gente pudiera disfrutar de la experiencia completa. Aprovechamos el formato para añadir más poemas, ampliando ese universo de flores que hablan, que se transforman y que acompañan. Y, además, incorporamos unos códigos QR donde Graciela recita los poemas y el lector puede ver una imagen más definida de las obras. Es nuestro tesorito.


¿Qué te mueve a crear, qué te inspira?
La chispa me puede saltar en cualquier momento cotidiano: cómo la luz cae sobre las hojas y hace que cambie su color según la época del año en la que estemos, un detalle de una fotografía o, simplemente, el hecho de disfrutar pasando el pincel por el papel o por el lienzo… Y que la obra se vaya construyendo.
Al principio, al retomar la pintura, pintaba sin más, solo por el disfrute de utilizar los colores. Con el tiempo, he empezado a trabajar a partir de temas concretos, investigando y profundizando en lo que quiero contar. Disfruto muchísimo ese proceso de búsqueda tratando de dar valor y personalidad a aquello que pinto.
Una pregunta que se desprende de la anterior sería qué les pides a tus cuadros.
Me gusta que a medida que va apareciendo me deje contenta, que no le tenga que dar más vueltas, que me ponga nerviosa de alegría… Eso es una buena señal.
¿La belleza importa? ¿Por qué la fealdad se ha constituido como rango de valor de una obra de arte?
La belleza claro que importa. Es más fácil elegir la belleza que la fealdad porque te hace la vida más agradable, te da tranquilidad, te acoge, te acompaña; al contrario de la fealdad bien entendida –cuando no es gratuita–, que te hace pensar, moverte de tu espacio de confort y enfrentarte a otras realidades. La crítica, bien hecha en el arte creo que tiene mucho valor. La fealdad gratuita me parece oportunismo.
La originalidad puede llegar a ser algo controvertido, teniendo en cuenta su confusión con lo novedoso. ¿Qué es para ti ser original? ¿Estás de acuerdo con la idea de que el arte auténtico no busca complacer, sino que nos presenta un desafío: conocernos a nosotros mismos?
Ser original es sorprender, presentar algo reconocible desde otro lenguaje, otro pensamiento, o contar algo que no se nos habría ocurrido a nosotros mismos. Creo que esta idea del arte como desafío, en ocasiones, pasa desapercibida por no conectar con los espectadores. A veces, necesita una explicación del autor para ponernos en contexto y, otras, es nuestra propia interpretación la que nos parece la más acertada, llegando incluso a sorprender al artista.

Las obras que más vendes ¿te condicionan para seguir produciéndolas?
La verdad es que sí, pero cuando llegas a ese momento en el que esas obras están lejos de lo que estás investigando o trabajando en ese momento, es mejor no continuar por ese camino. Se pierde la frescura, la intención y la obra lo transmite; eso es difícil de ocultar.
Ahora que el arte digital ya está aquí, cabe preguntarse si el arte físico desaparecerá. Y de no ser así, ¿hacia dónde va?
Lo original, entendido como obra única y palpable, no desaparecerá; es más, tendrá cada vez mayor valor. El espíritu humano necesita de elementos que le transmitan, que dialoguen de tú a tú. Creo que el arte físico se dirige hacía un mercado más exclusivo, donde el precio y el valor de la pieza original serán más reconocidos.
Si creas una obra con IA, ¿quién es el autor?
Hasta lo que yo sé, es que la IA no crea, recopila datos y, según cómo se le planteen las ideas, va presentando resultados, pero no tiene ninguna intención. En este momento, yo la veo como una herramienta más, unas veces más acertada que otras. Y como cualquier herramienta, dependiendo de la mano que la utilice, el resultado puede servir como ayuda en el trabajo creativo… o no.
En los próximos días expones en la Sala David Puentes, en colaboración con otros artistas, una muestra organizada por CAPML, el Circuito de Arte Parque de María Luisa, en conmemoración del centenario de la Exposición Iberoamericana de 1929. Una muestra centrada en el concepto de tondo (formato circular), reinterpretado desde un enfoque contemporáneo. ¿Puedes contarnos cómo es trabajar en ese formato, fuera del marco rectangular tradicional?
El tondo es un reto muy interesante porque su forma redonda influye directamente en tu manera de estructurar la obra. En un círculo no hay esquinas por donde poder escaparte; es en el centro donde está el peso principal y hay que pintar de manera que no se cierre sobre sí mismo y no se pierda el equilibrio. Hay que contar con la forma redonda para conseguir el equilibrio; hacerte amiga de ella.
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