Darío Villalba. ‘[Iter spirituale]. Dos colecciones’. Museo del Mar de Santa Pola

#MAKMAArte
‘[Iter spirituale]. Dos colecciones’
Colección Mariano Poyatos Mora y Filomena De Lorenzo (Galería Espai Nivi)
Obras del Museu d’Art Contemporani Vicente Aguilera Cerni de Vilafamés (MACVAC)
Museo del Mar de Santa Pola
Castillo de Santa Pola, Alicante
Hasta el 18 de mayo de 2026

El Museo del Mar de Santa Pola acoge, hasta el 18 de mayo, la exposición ‘[Iter spirituale]. Dos colecciones’, un proyecto que propone un viaje por la espiritualidad en el arte contemporáneo a través de una cuidada selección de obras procedentes del Museu d’Art Contemporani Vicente Aguilera Cerni de Vilafamés (MACVAC) y de la Colección Mariano Poyatos Mora y Filomena De Lorenzo (Galería Espai Nivi).

La muestra, comisariada por Alejandro Mañas y Laura Silvestre, profesores e investigadores de la Universitat Politècnica de València, reúne por primera vez en Santa Pola un conjunto significativo de artistas internacionales como Nan Goldin, Picasso, Takashi Murakami, Andy Warhol, Marc Chagall y Giorgio Morandi.

A ellos se suman, igualmente, obras de Esteban Vicente, Jorge Oteiza, Menchu Gal, Antoni Tàpies, Eduardo Chillida, Fernando Zóbel, Martín Chirino, José Guerrero, Antonio Saura, Darío Villalba, Elena Asins, Eva Lootz, Equipo Crónica, Javier Mariscal, Alberto García-Alix, Miquel Barceló, Natividad Navalón, Teresa Cháfer, Silvestre Moros, Inma Liñana, Juan Ortí, Isabel Tristán, Laura Silleras, Jorge Usán, Inma Femenía, Ismael Teira y Ana Roussel, entre otros.

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La nómina de artistas, desde lenguajes y generaciones muy diversas, abordan la espiritualidad como una dimensión íntima y, al mismo tiempo, profundamente vinculada a la experiencia colectiva. Muchas de las piezas que se presentan son obras inéditas y recientes incorporaciones a los fondos del MACVAC y de la colección Espai Nivi, lo que convierte el proyecto en una oportunidad única para conocerlas.

Articulada en cuatro ámbitos –’Cuerpo’, ‘Rituales’, ‘Paisajes del alma’ y ‘Trascendencia’–, ‘[Iter spirituale]. Dos colecciones’ invita a recorrer un itinerario que va de la experiencia más corporal y biográfica a los territorios de la abstracción y el signo.

​ ‘Calles de una plaza’ (1965), de Manuel Hernández Mompó. Colección MACVAC.

Como señalan Alejandro Mañas y Laura Silvestre, la exposición “no propone un discurso cerrado, sino un proceso de búsqueda, un viaje hacia dentro en el que cada obra se convierte en umbral y cada sala en una morada que el visitante habita a su propio ritmo”.

El diálogo entre el MACVAC y la colección Espai Nivi –dos proyectos que han construido, desde la periferia y a lo largo de décadas desde la provincia de Castellón, relatos complementarios sobre la contemporaneidad– es uno de los ejes centrales de la muestra.

‘3625-1’ (2005), de Javier Mariscal. Colección Galería Espai Nivi.

“Para nosotros era fundamental mostrar cómo dos colecciones nacidas fuera de los grandes centros hegemónicos pueden custodiar un patrimonio interior compartido, hecho de riesgos, afinidades y memorias que hablan de nuestro tiempo desde otros lugares”, apuntan los comisarios.

A la dimensión expositiva se suma también una clara vocación divulgadora y de mediación cultural, que convierte ‘[Iter spirituale]. Dos colecciones’ en una propuesta especialmente significativa para el público general, la comunidad educativa y el tejido cultural de la comarca.

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El proyecto refuerza el papel del Museo del Mar de Santa Pola como espacio de encuentro entre territorio y contemporaneidad y consolida puentes entre instituciones, coleccionistas y artistas que, como confirman Mañas y Silvestre, entienden el arte como un lugar privilegiado para pensar quiénes somos y qué horizonte común deseamos construir. ​

En un contexto marcado por la aceleración, la hiperconectividad y la sensación de fragilidad, ‘[Iter spirituale]. Dos colecciones’ plantea la espiritualidad no como refugio evasivo, sino como una forma de atención y de escucha, un modo de repensar la relación entre cuerpo, comunidad y paisaje interior. Tal y como subrayan Alejandro Mañas y Laura Silvestre, “la exposición apela a la capacidad de conmoverse y de hacer del arte una práctica de autoconocimiento compartido”. ​