Rafael Azcona

#MAKMALibros
‘El repelente niño Vicente’ y ‘Los muertos no se tocan, nene’
Rafael Azcona
Pepitas de Calabaza, 2026

Pepitas de Calabaza vuelve a distribuir varios títulos de su catálogo Azcona. Así, en las últimas semanas, regresan a las estanterías de los comercios los libros ‘El repelente niño Vicente’ y ‘Los muertos no se tocan, nene’.

Publicados originalmente en la negra España franquista, en 1955 y 1956, y reescritos en los alrededores del nuevo siglo, proponen, como buena parte de la obra del autor logroñés, una radiografía profundamente certera y despiadada de unas mediocres idiosincrasias políticas, sociales y culturales del país y sus habitantes; en otras palabras, establece, uniendo intimidad y colectividad, una panorámica negra de nuestras profundas miserias y perversiones.

Los textos, alejados, por lo general, de unos empujes satíricos o caricaturescos inofensivos en el fondo, plantean una personalización inteligente de determinadas observaciones propuestas antes por distintos artistas según el enlace de energías desesperadas y grotescas.

Así, la expresión de Azcona no está demasiado alejada de ciertas visiones planteadas antes por Cervantes o Goya. En realidad, ésta puede leerse a modo de una razonable modernización, consciente o no, de aquéllas. Todas estas afirmaciones pueden valorarse, por completo, en sus novelas y también, naturalmente, en esos guiones convertidos en películas, a continuación, por Berlanga, Ferreri o Trueba.

Cubierta de ‘Los muertos no se tocan, nene’, de Rafael Azcona.

Del par de libros mencionados resalta, en seguida, ese penetrante desmantelamiento del ritual de la muerte durante el nacionalcatolicismo promovido por ‘Los muertos no se tocan, nene’. A decir verdad, esta novela coral, situada en un Logroño en blanco y negro, en un espacio bloqueado y sacudido por los compromisos familiares y sociales impuestos por el fallecimiento de un anciano, se asemeja, con sus dosis malicia y la agilidad de las actuaciones, a uno de esos filmes montados junto al director de ‘Plácido’ (1961).

Con todo, si ahora deben determinarse unas ciertas conexiones con alguna manifestación de cine, la atmósfera pesada y los rituales estrafalarios cumplidos por un grupo de figuras concretas y miserables, una clara representación de una familia de antiguos funcionarios en decadencia del franquismo, nos llevan, sin duda, a recordar varias de las tomas atroces de Buñuel, sobre todo de ‘Viridiana’.

Muchas de las imágenes descritas por Azcona en el libro suenan, de veras, a predicción de esas de la última cena blasfema celebrada por la panda de indigentes en aquel largometraje presentado, fuera de España, evidentemente, cinco años más tarde. El ambiente desquiciado y denso es muy parecido. Supone una inmersión equivalente en la herida infectada de la España tiranizada por militares y beatos.

Ver esta publicación en Instagram

Una publicación compartida de Pepitas editorial (@pepitaseditorial)

El escritor, a través de cinco capítulos, expone una precisa fotografía de la época organizada sobre la base de la deconstrucción de una serie de ceremonias morbosas e interesadas. Obviamente, ese piso es una representación palpable de un país pisoteado.

Sobre este espacio, donde se desarrolla casi todo el texto, motivado, como muchos otros por las pulsiones de la religión, la patria y la fiesta nacional, se mueven un antiguo brigada, un estudiante pajillero o una cría preocupada porque la muerte del bisabuelo de casi cien años puede retrasar la celebración de su primera comunión, y palpitan los recuerdos particulares de controversias y rupturas.

Recorriendo, página a página, un apartamento con olor a funeraria, Azcona observa y comenta, además, las numerosas frustraciones sexuales de los protagonistas, mientras, a su alrededor, circula una estrafalaria cuadrilla de individuos caraduras y bocazas, como ese camarada del difunto en silla de ruedas, el indigente profesional o un empresario de Bilbao implicado, por equivocación, en el asunto.

Por su parte, ‘El repelente niño Vicente’, el primer libro publicado por el autor, trabaja desde unos planteamientos similares, aunque sus resultados son, tal vez, menos valiosos, puede que por las dificultades para desarrollar verdaderamente unas historietas específicas y dejar atrás una configuración de cuaderno de gracias.

Cubierta de ‘El repelente niño Vicente’, de Rafael Azcona.

Teniendo en cuenta el ánimo episódico y, en resumidas cuentas, anecdótico del conjunto, probablemente, funciona mejor el volumen recopilatorio ‘Repelencias’, una especie de inconsciente continuación donde conviven, recogidos también por Pepitas de Calabaza, el libro de dibujos ‘Los chistes del repelente niño Vicente’ y numerosas tiras de humor gráfico.

A pesar de todo, la pequeña novela de presentación contiene suficientes descubrimientos que llaman a su lectura, por encima de los ánimos coleccionistas, tal y como la genuina disposición intelectual de un temperamento desagradable típico de la época, ese crío marisabidillo y pelmazo que, en cierta forma, representa la puesta en práctica de un ideal infeliz y despreciable. Otra vez el relato de un tema preciso (las andanzas del pequeño protagonista en el piso familiar o en la escuela) sirve a Azcona para preparar una visión global amarga.

Los escritos presentados por la editorial son las reescrituras planteadas en 1999 y 2005, como se indicaba al principio. Ciertamente, la intervención sobre los originales posibilita un fortalecimiento de la escritura crítica y el posible arreglo de posibles puntos frágiles o discutibles.

Sin embargo, hay una suerte de inmediatez anterior que parece perderse, por lo menos en una cierta forma. Es una lástima, me parece, que la editorial no incluya en los libros las dos versiones a fin de que el lector pueda enfrentarlas para identificar las numerosas actuaciones de la censura, además de las transformaciones propuestas con el paso de los años por el autor, por distintos motivos, de lo estilístico a lo estrictamente personal.

Por lo demás, el interesado en estas cuestiones todavía puede localizar en el mercado de la segunda mano ejemplares de las ediciones iniciales. Sea como fuere, la vuelta a las librerías de los verbos de Rafael Azcona representa una nueva oportunidad de descubrir y celebrar el talento de uno de los cronistas más sagaces de aquella España apergaminada y entristecida que, por desgracia, como comprobamos ahora en demasiadas ocasiones, nunca llegó a desaparecer de verdad.

Rafael Azcona
Rafael Azcona, autor de ‘El repelente niño Vicente’ y ‘Los muertos no se tocan, nene’.