#MAKMAArte
Entrevista a Cristina de Middel
Encuentro de fotografía ‘Enfoques’
Casa Bardin
Instituto de Cultura Juan Gil-Albert
San Fernando, 44 Alicante
Charlamos con la artista Cristina de Middel en el contexto de los encuentros sobre fotografía propuestos por el Instituto de Cultura Juan Gil Albert. Por supuesto, el día de la charla, celebrada a finales de enero, la sala estaba llena y el aforo completo, pues la alicantina posee una gran trayectoria que siempre refrenda su público.
Premio Nacional de Fotografía en 2017, Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes en 2024 y presidenta de la Agencia Magnum hasta hace poco, la fotógrafa se encuentra en un punto en el que se replantea su manera de expresarse.
Siempre interesada en los límites de la sociedad, su curiosidad innata le lleva a adentrarse en proyectos muy diferentes que ayudan al espectador a plantearse su relación con la imagen en un contexto atravesado por la tecnología, la incertidumbre y los cambios constantes.
¿Qué te parecen estas sesiones del Gil-Albert, que acercan la fotografía y sus grandes creadores a la ciudadanía?
No se puede estar en contra. En general, es algo muy positivo poner el foco en la fotografía y más aún en Alicante, una ciudad que muchas veces queda en la periferia de lo que está pasando en el ámbito cultural. Además, en ocasiones, la fotografía suele ocupar también un lugar marginal, de modo que se acumulan ambas distancias, y la separación entre Alicante y este lenguaje es todavía mayor. Por eso, cualquier iniciativa que ayude a acercar la fotografía y a que la gente entienda y experimente mejor el lenguaje fotográfico me parece muy buena elección.
Al final, todo el mundo está viendo imágenes continuamente, no estamos hablando de algo muy lejano; precisamente por eso, apostar por este medio para aproximar la expresión artística y creativa a la ciudadanía resulta algo muy positivo.
¿Crees que la fotografía está suficientemente representada en las instituciones culturales?
Bueno, es algo que va y viene. Hace unos años, quizá en 2000 y 2015, hubo una ola donde, de repente, hubo mucho interés por la fotografía, tanto por parte de las instituciones y museos como por el lado de los coleccionistas. Ahora ha parado, llevamos un par de años que ha vuelto la pintura con mucha fuerza. Creo que es una cuestión de una necesidad constante de renovación que hace que no todo pueda estar siempre a tope. La fotografía, ahora mismo, está de capa caída, pero de aquí a dos años o en seis meses, pues seguramente volverá…
Es importante destacar que estamos en un momento de mucho empacho de imágenes y mucha confusión de no saber lo que es real y lo que no lo es. Es complicado de definir, porque la fotografía se encuentra en continuo cuestionamiento y en continua reinvención, ya que se mueve a nivel tecnológico y a nivel conceptual. Por ejemplo, con la pintura esto no ocurre tan a menudo: alguien puede inventar un toque de pincel o utilizar una materia prima diferente, pero en fotografía eso pasa casi cada tres meses.
Estos cambios ininterrumpidos hace que se agote el interés, lo que parece no ir muy de la mano con lo que necesita el mercado arte, sobre todo en este momento, en el que se pide mucha seguridad.
Lo bueno es que la fotografía tiene mucha versatilidad. Puede ser collage, estar intervenida, formar parte de una instalación…
Sí, es decir, creo que la fotografía no ha desaparecido de las instituciones; sigue estando… Lo único que, quizá, no son artistas que se expresan únicamente con la fotografía. La fotografía siempre está, si no es en la sala, es en el proceso, ocurre igual con el dibujo… Pero el darle el valor de obra y darle la importancia que pueda tener la voz de un fotógrafo, de un artista fotógrafo, que se priorice y se considere importante, pues no está pasando mucho. Aunque he de decir que, por ejemplo, el IVAM, este año, tiene al menos dos exposiciones de fotografía: una de Cristina García Rodero y a mí.
¿Algún proyecto nuevo?
No es un proyecto nuevo como tal, pero sí una exposición nueva. Lo que he hecho es revisar todo mi archivo y la propuesta se llama ‘Apoteosis Now’. Habla un poco de este exceso que hay de imágenes. Gira alrededor de la idea que tiene Borges en ‘El Aleph’ de que todas las cosas existen en el mismo lugar y en el mismo momento, que me parece que es la sensación general que hay ahora.
Se trata de recrear esa sensación, ese continuo FOMO, de nunca poder saber todo lo que está pasando, pero que se te exija. Así se crea una especie de estructura de revisión en la que no hay historia –por primera vez, no hago un proyecto en el que cuento una historia–; es más una sensación de muchas imágenes que hablan de muchas cosas. Es como una cacofonía.
Por otro lado, creo que es un momento en el que la sociedad debería ponerse las pilas con respecto a la imagen fotográfica, porque claramente cada vez es más difícil distinguir una imagen sintética de una fotografía, un bulo de un documento, la mentira de la verdad… La fotografía juega un papel fundamental en este cambio, sobre todo porque la sociedad parece no haberse puesto al día, y seguimos creyendo que cualquier cosa puede ser verdad.
Esto es algo muy actual y, de hecho, quería preguntarte sobre el tema de la inteligencia artificial. En Magnum estuvisteis trabajando en ello…
En Magnum, lo que hicimos mientras yo presidía fue elaborar una línea roja muy clara sobre los archivos de la agencia, es decir, sobre las fotografías que debían incluirse o no en los archivos. El archivo de Magnum es un archivo histórico con mucho valor histórico y documental, por lo que se decidió que no iban a entrar imágenes sintéticas, solo imágenes fotográficas.
Por otro lado, también trabajamos con una una plataforma que se llama Writing With Light, que intenta presionar a las instituciones, especialmente en las estadounidenses, con el objetivo de impulsar una regularización del uso de la inteligencia artificial, principalmente en temáticas documentales.
Creo que creativamente la gente puede hacer lo que quiera, pero se intenta regular que los medios de comunicación utilicen inteligencia artificial para describir la realidad. Es similar a cuando se empezaron a regular los alimentos… Al fin y al cabo, las imágenes también se consumen para muchas cosas. Se intenta hacer presión para que los gobiernos tengan esta categorización y ayuden al ciudadano a distinguir lo que es una imagen genuina de una imagen sintética.

¿Qué referentes fotográficos (artistas, técnicas, corrientes) suelen ser los que más influyen en tu obra?
Lógicamente, es algo que va cambiando. En los inicios, me interesaba mucho por Diane Arbus o Duane Michals. Me gustaba el hecho de normalizar las cosas que solían ser completamente extrañas y buscar lo extraordinario dentro del día a día, así como los márgenes de la sociedad, que es algo que siempre me ha interesado. En resumen, el aspecto surrealista y contar historias absurdas.
Y en este momento estoy muy influenciada por W. Herzog y la manera que tiene de hacer documentales. Su forma de narrar me parece muy interesante, así como su manera de relacionarse con las personas con las que trabaja. Ahora estoy pensando más en el cine documental que en un proyecto fotográfico. Pero sí que es cierto que hace seis meses era otro el referente, así que va cambiando según mis necesidades.
Al final, en la producción artística necesitamos muchos estímulos. Yo no entiendo a la gente, incluso siendo de Magnum, para la que Robert Capa pueda ser su referente toda la vida, al igual que ocurre con los referentes musicales. Como yo me canso de la historia de “toda la vida igual”, pues ahora mismo noto que estoy un poco agotada con el tema de la foto, sobre todo con el mundillo relacionado. Ahora, lo que me pide el cuerpo es ponerme en una situación mucho más vulnerable en la que yo pueda aprender. Me apetece mucho aprender cosas, desde tocar el piano hasta hacer cine documental.
Y lo que ocurre en países que pueden parecernos muy lejanos es algo que también te suele interesar.¿Tratas de desmontar estereotipos en tus trabajos sobre estos lugares?
No tiene tanto que ver con desmontar estereotipos… De hecho, donde más he tratado de desarmar estereotipos es sobre la identidad española, lo que pasa es que son proyectos que no han salido con tanta fuerza. Pero sí he viajado y he ido a sitios, pero no voy buscando el sitio lejano, para nada. Me interesaba mucho –aunque creo que también se me está pasando– desmontar los estereotipos, pero por empacho. Es decir, si fotografío a los masai, pues en lugar de hacerlo mientras saltan, lo hago en un grupo de rock (que seguro que hay).
Entonces, lo que más me interesa es cuestionarme por qué todo el mundo sí hace la foto del masai saltando. Intento (como hice con ‘Afronautas’ y en otras series) subirle el volumen al máximo al estereotipo hasta que ya no ves otra cosa. Esto te obliga a cuestionarte si estás viendo la realidad o no.
Me ocurre lo mismo con los grandes temas del fotoperiodismo: siempre hay migración, guerras o prostitución y he tratado de desmontarlos. Es algo que he intentado hacer, por ejemplo, en este último gran bloque de trabajo con series como ‘Gentleman’s Club’, que estuvo aquí expuesta [sede del Consell, 2023] o la que hice en Arles, titulada ‘Journey To The Center’ [2024], que habla sobre el viaje migratorio a través de Centroamérica utilizando como referente ‘Viaje al centro de la tierra’, de Julio Verne. Considero que presentando a los migrantes como héroes de una aventura se consigue otro efecto.
Entiendo que todo eso ya está hecho y ahora intento observar y decidir dónde quiero poner mi energía. Además, lo estoy haciendo sin prisa y sin improvisar. Estoy muy a gusto. Salir de Magnum me ha servido para desprenderme de esa sensación de rueda de hámster, porque no veía hacia donde tenía que ir.

Parece que en tu fotografía se diluye mucho el límite entre la realidad y la ficción, aunque también me da la sensación de que tu objetivo es mostrar una realidad alternativa con el objetivo de resaltarla o de jugar con ella.
Sí, realmente se trata de quebrar. Es una cosa que empecé a jugar con ello cuando salí de prensa, jugando con la expectativa que tiene la sociedad hacia la fotografía. Hace quince años, en ningún momento te cuestionabas que una imagen no fuese verdadera. No existía ese cuestionamiento del montaje fotográfico. Hice varios proyectos en torno a esa idea, por ejemplo, ‘Poly-spam’, donde traté de hacer retratos robots de las personas protagonistas de los correos electrónicos tipo spam…
Al final, quería romper con esa idea de que hay que creerse todas las imágenes solo porque son fotografías. La verdad es que ahora intento que el juego sea mucho más abierto y tenga muchos elementos a la vez.
Muchas veces, las imágenes que parecen las más increíbles, que dirías que son escenificaciones o producciones, son fotos de calle. Creo que, aunque sea cliché, la realidad supera a la ficción, siempre. Nunca he conseguido imaginar o encontrar una historia que esté a la altura de las cosas que he vivido o de las cosas que me he encontrado en la calle.
Siempre es mucho más interesante la realidad, aunque es cierto que tienes que prestar mucha más atención. Para mí, eso es una gran lección aprendida. Quizá por eso ahora quiero hacer cine documental, porque, muchas veces, todo lo que pasa antes de hacer el clic en la foto es mucho más interesante que el resultado final.
Y, en la búsqueda de estos objetivos y temas, el humor juega un papel importante en tu obra.
En mi caso, el humor viene a través de dos vertientes. La primera, porque yo empecé siendo profesional de fotoperiodismo, trabajando en un periódico, y en esta vertiente no hay lugar para la ironía o el sarcasmo. Siempre he sido muy consciente de que yo lo único que estaba haciendo eran fotos, no estaba salvando el mundo. Esa superioridad moral del fotoperiodismo (que viene de Capa y en aquel momento tenía su sentido) es lo que intentaba contrastar.
Y, por otro lado, cuando salí de ese mundo, intenté hacer las fotografías tal y como soy yo: continuamente haciendo chistes, riéndome de mí misma y, desde luego, sin tomarme en serio. Para mí, el humor es algo fundamental en mi manera de expresarme, aunque siempre me he tomado mi trabajo muy en serio.
Además, considero que es algo necesario en el arte contemporáneo: hacer propuestas que rompan y que lleguen a las personas que están observando las obras. Y eso, con humor, se consigue. Cuando consumo cultura me gusta conectar con el artista, entender lo que me está diciendo y no tener que leerme demasiadas veces la cartela. Hago un esfuerzo, sobre todo cuando trabajo en museos, para que todos estemos al mismo nivel.
Usas bastante el formato fotolibro en tus trabajos. ¿Qué beneficios aporta a tu obra?
El libro es muy importante para mí; es la cápsula perfecta de información. Incluso antes de hacer fotografías y los proyectos que hago ahora, ya hacía libros. Recuerdo que, con 16 años, le hice un libro a mi madre porque quería que se leyese ‘Cien años de soledad’; entonces, le puse tapas nuevas e incluso escribí un prólogo nuevo, aparte del que ya había, con las razones por las que tenía que leérselo. También, cuando he terminado alguna relación, en ocasiones he hecho un libro de edición para dos, ya que siempre ha habido ese punto de conservar algo que ha pasado, de crear un vínculo.
He coleccionado libros toda mi vida y me encanta, me parece el mejor objeto que se ha inventado: el peor es el paraguas y el mejor es el libro. Me parece un formato que se puede trabajar de distintas maneras. Hay muchos artistas que trabajan el libro y me parece que es casi como dictar una coreografía, ya que, según el tamaño, pues en cierto modo estás dirigiendo a la persona y controlando mucho la experiencia. Hay mucho que explorar en el libro. Yo, por lo menos, lo veo en una fuente infinita. De hecho, para el proyecto nuevo en el IVAM no quería un catálogo al uso, así que estamos haciendo un libro
A pesar de todo, he de decir que, ahora mismo, lo que me ha cansado un poco es toda la industria del fotolibro: el tener que ir a la feria del momento, que todos los proyectos tengan su libro y esa obligación de que sea el paso que hay que dar. En el mundo de la fotografía, parece haberse implantado la idea de que, si no tienes un fotolibro, no vas a llegar a nada.
Y hablando del panorama artístico actual, donde la producción parece que tiene que ser rápida y casi no queda tiempo para la reflexión, tú has hecho ‘Gentlemen’s Club’, cuya producción duró varios años ¿Crees que el tiempo (disponer de él para crear) en los proyectos artísticos es importante?
Creo que depende mucho del proyecto. Si estás fuera del circuito, que es donde pretendo estar yo, los ritmos vuelven a ser normales y cada artista tiene su manera de trabajar. Hay cosas que tienes que hacer muy rápido porque se te pasa el hambre, y otras que no. Por ejemplo, ‘Gentlemen’s Club’ no hubiera sido igual si lo hubiera tenido que hacer rápido.
Era un proceso en el que yo tenía que sentirme a gusto con la persona que entrevistaba, ya que era una situación muy tensa y, efectivamente, conforme va pasando el libro, las entrevistas son mucho mejores porque estoy más a gusto, estoy mucho más segura de lo que estoy haciendo. Y esto es una etapa más que tiene el libro porque, al fin y al cabo, una es una mujer entrando a cuartos de moteles con clientes de prostitutas.
Sí que es cierto que los proyectos largos cada vez me gustan más, aunque en la mayoría de ocasiones lo que determina el tiempo de un proyecto es el dinero. Yo sabía que, lógicamente, ni una sola persona, institución o coleccionista iba a apostar por hacer este proyecto. Sí es cierto que la compra del Centro Nacional de Fotografía me hace muchísima ilusión, pero es que es un trabajo totalmente a contracorriente. Entonces, no me lo tuve que pagar yo todo: a todos los clientes, las habitaciones, pagar mi fixer, pagar la traducción, pagar el diseño del libro, los viajes a Bangkok, etcétera.
Por ejemplo, el proyecto del IVAM es algo que venía cocinando por lo menos desde hace cuatro o cinco años, pero tenía muchas ganas de hacerlo. Y entonces Iván de la Nuez, el comisario, me propuso un título: ‘Apotheosis Now’. Justo cuadraba con lo que yo quería hacer. Así, en apenas seis meses hemos montado el proyecto. Es decir, que cada cosa tiene sus tiempos.
Pero si no tienes deadline y lo estás disfrutando, realmente, cuanto más tiempo le dediques más vas a aprender. Y, luego, si no te da tiempo a terminarlo, pues puedes hacer un capítulo, y luego otro… Pero no hay una fórmula para nada. Por ejemplo, a mí también me sirve el hecho de aburrirme. Si me aburro del proyecto, entonces eso es que ya he terminado y que ya está.

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