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‘El sol es el pincel, el tiempo es el cincel’, de Salva Mascarell
Comisaria: Chele Esteve
Espacio de Publicaciones de la Universitat Politècnica de València
Hasta el 23 de marzo de 2026
La exposición ‘El sol es el pincel, el tiempo es el cincel’, presentada en el Espacio de Publicaciones de la Universitat Politècnica de València hasta el 23 de marzo, reúne un conjunto de obras en las que Salva Mascarell desarrolla una práctica pictórica que desplaza radicalmente las nociones de autoría, control y temporalidad en el arte contemporáneo textil.
Realizadas mediante la exposición prolongada de seda al sol durante periodos que oscilan entre varios meses y aproximadamente un año, las piezas se configuran como superficies de transformación más que como imágenes construidas. El gesto del artista se reduce a una intervención inicial mínima, cediendo el protagonismo a la acción combinada de la luz, el clima y el tiempo.
La pintura solar propone así una reflexión sobre el valor de la espera y la adaptación a los ciclos naturales: obras que en algún caso requieren aproximadamente un año de exposición solar para revelarse, en contraposición a la dinámica angustiosa de una sociedad contemporánea asfixiada por la falta de tiempo.
La elección de la seda inscribe el trabajo en el campo expandido del arte textil, cuya relectura crítica en las últimas décadas, en el marco del denominado textile turn o giro textil, ha transformado profundamente su posición dentro del arte contemporáneo.

Lejos de su tradicional asociación con lo decorativo, lo doméstico o lo artesanal, el textil se ha consolidado como un territorio de investigación material y cultural en el que convergen temporalidad, corporalidad, trabajo y memoria. Su condición flexible, vulnerable y procesual lo convierte en un medio especialmente sensible para pensar las relaciones entre materia, tiempo y experiencia.
En este contexto, como señala Glenn Adamson, las prácticas textiles operan como un espacio privilegiado desde el que cuestionar las jerarquías históricas entre arte, artesanía y diseño, desestabilizando los sistemas de valor que han estructurado la modernidad estética. Por su parte, Julia Bryan-Wilson ha subrayado la capacidad del textil para articular, desde su propia materialidad, dimensiones políticas, sociales y ecológicas, vinculadas tanto a las economías del trabajo como a las condiciones ambientales y a las redes globales de producción.
La obra de Salva Mascarell se sitúa de manera significativa en este marco. En sus piezas, el tejido deja de funcionar como un soporte pasivo para convertirse en una superficie activa y sensible que registra el paso del tiempo y las condiciones del entorno. La seda actúa como un campo de inscripción donde la luz, la temperatura y la duración operan como agentes de transformación. El color no se aplica: emerge. La imagen no se construye: se revela.

Este desplazamiento sitúa el proceso artístico en un régimen de coautoría con los fenómenos naturales, donde la intervención humana se reduce a una decisión inicial y el resultado queda abierto a la acción lenta e irreversible del tiempo. De este modo, la materialidad textil no solo cuestiona las jerarquías disciplinares, sino que activa una reflexión más amplia sobre temporalidad, vulnerabilidad y dependencia ecológica en el contexto contemporáneo.
El resultado son campos cromáticos y texturas que evocan horizontes inestables y espacios sin referencia fija. En palabras del propio artista, se trata de “sugerencias de paisajes marinos desprovistos de cualquier rastro de tierra firme, que invitan al espectador a adentrarse en una suerte de deriva”.
El mar se convierte así en una metáfora de la condición contemporánea, “un vehículo para explorar la naturaleza fluida de la sociedad contemporánea, marcada por la incertidumbre, el individualismo y la provisionalidad”, en sintonía con la noción de modernidad líquida formulada por Zygmunt Bauman.
Más allá de su dimensión formal, la práctica de Mascarell introduce un desplazamiento desde la lógica del control hacia una ética de la colaboración con los procesos naturales. El sol actúa como agente de coautoría y el tiempo se convierte en el verdadero medio de la obra. En este sentido, la pintura solar se inscribe en un discurso artístico que entiende la creación como una forma de alianza con la naturaleza, basada en el respeto, la escucha y la adaptación a sus ritmos, en oposición a los modelos extractivistas que sostienen la aceleración productiva.
Esta perspectiva conecta, además, con los planteamientos del proyecto europeo The HuT – Human Tech Nexus, desarrollado en el marco del programa ‘Horizonte Europa’, orientado al desarrollo de estrategias de adaptación frente a fenómenos climáticos extremos como inundaciones, sequías u olas de calor con el que el artista colabora. En este contexto, la innovación no se concibe únicamente desde la tecnología, sino desde la capacidad de reconstruir relaciones cooperativas y de aprendizaje con los sistemas naturales.
La práctica de Mascarell da forma, desde la experiencia estética, a este cambio de paradigma, proponiendo un modo de pensamiento que no busca dominar el entorno, sino comprender sus dinámicas y contribuir a imaginar nuevas formas de convivencia entre cultura, materia y naturaleza.
Cada pieza funciona como un archivo sensible del entorno: un registro material de la luz, las estaciones y las variaciones atmosféricas. No se trata de representar la naturaleza, sino de permitir que esta actúe y se manifieste.
En el contexto actual de crisis ecológica y de agotamiento de los modelos de crecimiento, la propuesta de Mascarell adquiere una dimensión cultural y política. Frente a la eficiencia y la inmediatez, plantea la lentitud; frente al dominio, la cesión de control; frente a la estabilidad, la deriva. Más que ofrecer soluciones, la exposición propone una transformación del imaginario desde el que pensamos nuestra relación con el tiempo, la materia y el planeta.
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