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‘A media lumbre’
Comisariado: Blanca de la Torre
Artistas: Ana Laura Aláez, Pilar Albarracín, Javier Bravo de Rueda, Saskia Calderón, Ricardo Calero, Susana Cámara, Ana Esteve, Antonio Fernández Alvira, Marta Font, Julie C. Fortier, Josefina Guilisasti, Noemi Iglesias, Mónica Jover, Cecilia Jurado, Glenda León, Sandra Mar, Adriana Meunié, Sonia Navarro, Lara Ordóñez, Nuria Riaza, Belén Rodríguez, Laura Segura, Isabel Servera, Laurita Siles, Jessica Stockholder, Sarah Viguer y Concha Ybarra
En colaboración con: Es Baluard Museu, Casal Solleric, Centro de Arte y Naturaleza (CDAN) de Huesca, Fundació Carulla y Museu Terra
Institut Valencià d’Art Modern (IVAM)
Guillem de Castro 118, València
Del 18 de febrero al 14 de junio de 2026
Si el arte, como apuntara Freud, está cargado de huellas de lo real sujetadas a la forma artística que las modela, entonces ‘A media lumbre’, la exposición que acoge el IVAM integrada por obras de 27 artistas que trabajan con materiales ancestrales, podría decirse que es un buen ejemplo de cuanto apunta a experiencias ligadas con lo telúrico anhelando una visibilidad negada.
Huyendo de la nostalgia, como apuntó Blanca de la Torre, directora del IVAM y comisaria a su vez de la muestra, pretende acercarnos el trabajo con ciertos materiales considerados de “arte menor”, extraídos de la artesanía popular, dotándolos de la dignidad propia de quienes los han trabajado desde tiempo inmemorial a base de silencio y una ardua labor.
Aunque la nostalgia se haya descartado, hay, en el fondo del conjunto expositivo, un discurso reivindicativo de tales materiales que, casando con la aspereza ligada a la tierra de la que muchas veces provienen, plantean a su vez como una vuelta a esa naturaleza en cierto modo idealizada, de manera que las huellas de lo real terminan siendo suavizadas, ya sea a través de una amable estética o del discurso que la acompaña.
De manera que lo ancestral, haciéndose eco del pasado remoto objeto de memoria, se queda, efectivamente –aludiendo al título expositivo–, ‘A media lumbre’, denotando el carácter íntimo de las piezas exhibidas, una vez domesticadas y despojadas de la aspereza inherente a la naturaleza de la que provienen. O, por decirlo de otra forma: la naturaleza evocada es objeto de una mirada más próxima a la necesidad de su recuerdo, que a la crudeza que la constituye.

‘A media lumbre’ se halla atravesada por las mejores intenciones: “Cómo integrar todos esos materiales en nuestros saberes”, según explicó De la Torre. Por eso dijo que no había que entender esos materiales “como formas del pasado”, sino como vivos testigos que nos permitan “saber qué clase de mundo queremos habitar”.
En este sentido, como bien apuntó Fernando Gómez de la Cuesta, coordinador de Cultura y Turismo en el Ayuntamiento de Palma, el arte posee “la capacidad para hacer girar nuestra mirada hacia sitios no tenidos en cuenta”. Esos sitios “a media lumbre”, relegados por los más esplendorosos lugares del espectáculo mediático, que son aquí reivindicados como esas otras formas posibles de habitar el mundo.
No solo de habitarlo, sino de procesarlo mediante, precisamente, la utilización de buena parte de los más humildes materiales con los que trabajan los artistas de la exposición: barro, bordados, cerámica, esparto, lana, mimbre, palma, textiles y otras fibras naturales. Todos ellos al servicio de unas obras que, con mayor o menor éxito, intentan trasladarnos al corazón de esa naturaleza evocada como germen de cierta autenticidad perdida. Autenticidad, insistimos, despojada de su sabor más acre.
“En un canto al buen vivir y a la soberanía del tiempo” a través del “murmullo de todas esas materias”, señaló la comisaria, quien agregó: “Frente a la hiper productividad, esta muestra es una invitación a la pausa” interpelando a los sentidos; “es multisensorial”, apostilló. Y en este mismo sentido de amable invitación, es como Pilar Albarracín recibe al espectador con la palabra ‘Guapa’.

Luego se van sucediendo las diferentes propuestas, algunas apelando a lo ancestral desde lo espectacular –como el trenzado de Ana Segura, la pieza realizada con técnicas tradicionales pesqueras del Mediterráneo obra de Jessica Stockholder o la instalación de mariposas de Josefina Guilisasti–, junto a otras más sutiles o poéticas, destacando el ‘Espacio hilado en verde’ de Mónica Jover’, quien apela, precisamente, a las huellas que dejan los territorios que habitamos, modelando “nuestra forma de estar en el mundo a través de olores, silencios, intensidades de luz y ritmos del entorno natural”.
Laurita Siles también se hace eco de esa ancestralidad ampliando el tamaño de lo cotidiano, como es el caso de su ‘Txapela Big Size’, creada a lo grande a partir de su experiencia en Boise (Idaho), donde la diáspora vasca ha dejado su huella vinculada con la memoria pastoril del valle vizcaíno de Karrantza, mientras Antonio Fernández Alvira trabaja la tradición alfarera con recipientes como ánforas, jarras o cuencos dispuestos a modo de instalación que asemeja fragmentos carnales.
“Si profundizas en cada una de las piezas no se trabaja desde lo estético, sino desde los procesos para recuperar esos saberes”, subrayó De la Torre. No se trata, por tanto, de sentir la naturaleza a que dan lugar las diferentes piezas, sino de experimentar con los procesos que transforman la naturaleza en un espacio habitable.
De ahí ‘A media lumbre’: una exposición tan cálida como alejada de la luz más sombría que igualmente proyecta esa naturaleza cuando se desboca.
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