#MAKMAEscena
‘El doble (o el Canto del Cisne)’, de Anton Chéjov
Dramaturgia y dirección: Pablo Corral Gómez
Interprétes: Vicente Soriano y Jorge Peñalver Ramall
Cant de Cigne & Estudio Dramático
Teatro Círculo
Prudenci Alcón i Mateu 3, València
Hasta el 15 de febrero de 2026
Pablo Corral estrena este fin de semana ‘El doble (o el Canto del Cisne)’, una obra de Chéjov que es un homenaje al teatro y al oficio del arte dramático. Sube a escena en el Teatro Círculo de Benimaclet después de haberla mostrado, el año pasado, en su escuela Estudio Dramático y en Lagrada de Madrid.
Corral es para varias generaciones de actores y directores de escena un maestro y un referente de primer orden. Su trabajo funciona al margen del circuito teatral, de las grandes salas o de la esfera pública. Se trata de un artesano que desarrolla su oficio desde la calma que le da la eternidad, en un lugar donde no entra el ruido continuo que nos impone el sistema. Hasta el 15 de febrero, tenemos la oportunidad de disfrutar esta pieza en la sala que en 1994, junto con otros compañeros, él mismo fundó.
Antes de pasar a la conversación con Pablo Corral, me reservo unas líneas para hablar de cómo le conocí en 2010. Fue en los estudios de Dirección de Escena, en la Escuela de Arte Dramático de València, lugar en el que comenzó a trabajar en el año 1986. Durante mis años como estudiante en varias universidades, conocí a docenas de profesores, pero nadie me impresionó tanto como él. Su manera de afrontar la docencia, el respeto absoluto y su compromiso con su labor era (y es) una cosa muy rara de ver.
Junto a él, siempre tuvimos la sensación de hablar cara a cara con las grandes figuras de la escena, como si fuese una especie de méumdim que trajera a los Grotowski, Stanlislavski, Meyerhold ante nosotros. Siempre vestido de negro riguroso, infatigable y altruista, nos enseñó a asistir al aula y al teatro como el que acude a un lugar sagrado.
En esta ocasión, me acerco a su persona para conocer algunas de las claves de su última dirección, con el deseo de que mucha más gente pueda conocer su labor y su legado.
Esta obra tiene el mismo nombre que la compañía, El Cant del Cigne. ¿Por qué elegiste este nombre en su día?
La compañía es la parte profesional de la escuela. El nombre de la escuela, Estudio Dramático, hace referencia al subtítulo de la obra de Chéjov ‘El Canto del cisne’. Nada mejor que nombrar con el propio título lo que durante tantos años se había fraguado en su interior con el subtítulo.
¿En qué momento vital de la compañía llega este montaje?
Dos actores con los que suelo trabajar me plantean una supervisión, desde la dirección, de un trabajo que quieren comenzar solos. Este era ‘El Canto del Cisne’. Corriendo los meses, de la supervisión pasó a ser una dirección plena, formando parte de una nueva producción de mi compañía. Desde mi lugar, dos viejos egresados, Vicente Soriano y Jorge Peñalver, me marcaron el momento de tratar una obra que siempre pensé en montar. Así, sin pretenderlo, el tiempo y el equipo llamaron a mi puerta.
En el programa de mano aparecen una serie de preguntas: “¿Es posible esperar a la muerte debidamente?¿Es posible esperar al amado debidamente? ¿Es posible esperar a Godot debidamente? ¿Es posible esperar debidamente?¿Es posible esperar?”. Y la pregunta es: ¿cuántas de ellas has podido responder después del proceso de ensayos?
El amor y la muerte están unidos por hilos que vibran como cuerdas de arpa. El buen amor, el que damos o recibimos, nos hace la muerte amable. Es amable lo que se sabe esperar. La espera se convierte en nuestra actitud ética. Porque solo hay una cosa que se espera cierta: la desaparición. De esto se trata, o yo así lo he tratado en ‘El Doble’. Pero aunque sea cierta la muerte para el personaje y para todos nosotros, la respuesta de como hacer en el amor y en la muerte no está concluida. En mi trabajo teatral, los ensayos no me dan respuestas cerradas, pero si formas y materiales que ponen márgenes al camino que hemos de recorrer.
Hablando del proceso de ensayos, cuéntanos como ha sido la labor de dramaturgia, dirección actoral y puesta en escena para enfrentarse a esta obra corta de Chéjov.
En la medida que mi compromiso en la dirección iba hacia delante, tomo la elaboración dramatúrgica como fundamento del estilo interpretativo y la puesta en escena: objetos, espacio, música y luz. Durante muchos años, tenía una disección de esta obra de Chéjov, pero carecía de una formalidad escénica, dado que no había decidido tomar el momento de hacerlo.
Háblanos un poco de cómo ha sido el trabajo con los actores y el resto de tu equipo.
A finales de 2023, y durante un año, se dieron las supervisiones. Desde ese momento, pasan cuatro meses de ensayos donde Nadia García trabaja también con la iluminación. Todo ello desemboca en una meta volante de funciones, en preestreno, en el teatro de nuestra escuela. Este tiempo de preestreno me permitió dar con algún objeto que resolvía carencias de comprensión para el espectador.
El estreno se da a finales del 2025, en el Teatro Lagrada de Madrid. Esta longitud de tiempo que dan las fechas me ha proporcionado no tomar decisiones –que son cierres– prematuras y consolidar en el cuerpo de los actores las composturas de sus personajes, que se presentaban necesarias por exigencia de principios rectores de la dramaturgia. Muchas cosas surgidas de ellos eran inválidas, pero otras eran las pertinentes a la coherencia y unidad de la acción escénica.
En la obra de Chéjov, el protagonista aparece vestido de Kaljas, en cambio, en tu montaje, la obra que se acaba de representar es ‘Esperando a Godot’. ¿Cómo opera esa traslación? ¿Cuánto de fiel eres al texto y a la idea original de la obra?
El texto de Chéjov está en el montaje tal y como él lo escribió. Mi intervención, como escritor de escena, se juega en la acción subyacente. En el escenario, los personajes realizan comportamientos que no parecen desprenderse de sus palabras. Las palabras y sus actos viajan en superposición. El espectador nada puede anticipar.
Esta acción subyacente es consecuencia de la función que acaba de terminar el actor de ese teatro. Chéjov conocía y admiraba a Shakespeare, por tanto, pone a un actor que ha terminado de hacer a un personaje de este dramaturgo. Pero si hoy, me planteo, un actor hubiera terminado su función, ¿qué obra podría ser la que le llevase, después de un incidente, a emerger, de manera clarividente, a su inconsciente? Yo pongo a Beckett. He aquí la conexión explicitada en la acción, que no en la palabra. Dos hombres esperando, solos, un desenlace.
Beckett y Chéjov parecen autores inagotables. ¿Por qué volvemos siempre a ellos? ¿Por qué son vigentes e importantes en 2026?
Igual que Shakespeare o Esquilo, Chéjov y Beckett pertenecen a los universales que han trascendido su estilo. Sus obras son pinturas impactantes en las que faltan figuras por dibujar. Y aunque ilusionados, nosotros, hoy, nos ponemos a dibujarlas y el cuadro continúa sin terminar. He aquí la virtud de sus obras.
¿Cuál ha sido la importancia de Chéjov en tu carrera como director?
Chéjov ha estado más a la sombra, guiando procesos internos de otros autores. Sobre todo, en el trato con el actor. Hace muchos años monté ‘Las tres hermanas’, donde empiezo a poner en juego la acción-impulso con el actor. Un trabajo de años anteriores de investigación en Estudio Dramático y puesto en práctica con Chéjov en esa obra. Él me ha ayudado en la enseñanza a preparar al actor a nos ser explícito y mantener una corriente interna de acción.
Chéjov nos presenta personajes que parecen no alcanzarse nunca entre ellos, que saben de ello, pero que no desisten. Simultaneidad continua entre su deseo y el comportamiento manifiesto. Chéjov a tenido el don artístico de crear una comunidad humana que, aún habitando en este planeta, es eterna.
El protagonista tiene 68 años y tu vas a cumplir 67 este año. ‘Der Doppelgänger’, de Franz Schubert, con letra de Heinrich Heine, aparece en el montaje. El significado en alemán es literalmente el doble que camina o el caminante duplicado. ¿Esta referencia responde a la relación entre Nikita y Svetlovidov o guarda otro significado?
En todos mis años de enseñanza utilizando este texto con los alumnos, de nivel alto, como ayuda para dar un sentido ético a su futura labor, intuí que, bajo el marco realista de la obra, Nikita, el apuntador, no era un ser de carne y hueso; no lo era para Svetlovidov. Al emprender el trabajo del montaje, esta particularidad en la dramaturgia marcó toda la escritura de la puesta en escena. Al encontrarme con otro ‘Canto del Cisne’, esta vez de Schubert, y la elección por parte de este de un poema sobre el acompañante invisible del protagonista, me llevó a integrarlo.
Aparte del coincidente título que comprenden catorce canciones, ‘El Doble’, ‘Der Doppelgänger’, es la última, compuesta en el año de su muerte, en 1828. Así, esto me facilitó presentar simultáneamente dos planos: el plano de la realidad –la fábula de Chéjov– y el plano de la clarividencia, que es la dramaturgia del invisible sí mismo acompañante del actor, encerrado en el teatro en el que acaba de hacer su última función.
En el montaje aparecen elementos de otras obras de la compañía que van surgiendo como pequeños homenajes. La obra de Chéjov es un homenaje al teatro. ¿Es el montaje un homenaje a todos estos años de poner obras en pie?
Por utilizar tu palabra homenaje, sería un homenaje al teatro por seguir en pie, pero, sobre todo, al actor. Pero no a cualquiera, sino a ese que, como Svetlovidov, es consciente de actuar enfrentado a los fantasmas de su vida, sabiendo que son el motor de su arte.
Pablo Corral ha sido maestro de actores y directores en València, desde el año 1986, en la ESADV y, posteriormente, fundó su escuela Estudio Dramático y el Teatro Círculo. ¿Cómo ha cambiado el panorama teatral desde entonces en la ciudad?
De manera evidente, ha aumentado el espectador de nuevas generaciones, han aumentado las salas de representación y escuelas privadas, al igual que han surgido más escritores teatrales. Se ha conjugado la danza o movimiento con el teatro, dando más oferta de presentaciones de este tipo y se han instalado nuevas denominaciones, como la de artes vivas. Pero lo único que no ha aumentado, puede incluso que disminuido, es el tiempo de preparación, elaboración y ensayos de cualquier tipo de trabajo escénico. Si en aquel momento el tiempo estándar ya era escaso, hoy está más perjudicado. El tiempo es labor, pero se confunde con el oro –ya sabes el dicho–, y esto detiene la calidad.
Parece que alrededor de los estudios de teatro siempre se está preguntando uno qué es teatro y qué no es teatro. También otra constante es el intento de revitalizar el teatro e impedir que este muera. Sin embargo, por más siglos que pasen o por mucho que avance la tecnología, parece que el teatro es un lugar de resistencia contra el que no puede el tiempo. ¿Por qué crees que sucede esto?
Si el tiempo es algo, el tiempo permanecerá y el hombre desaparecerá. Con su desaparición, se irá el teatro. Puede que no sea tan radical la cuestión. Puede que solo desaparezcan comunidades, civilizaciones o imperios. Esto provocará desapariciones temporales de esta manera de ficcionar una realidad paralela. Sucede cuando la vida se vuelve muy precaria, de subsistencia, para los grupos humanos.
Pero deberíamos decir más: ¿qué tipo de teatro es más resistente? Sin duda, el teatro del entretenimiento. Parece chocante, pero en esto decide el espectador. ¿No es este, a caso, el dominante en nuestros días? Son tiempos de aparente opulencia, pero de tensión crítica entre potentes intereses contrincantes. En medio, están los pueblos tomando entretenimientos para no saber de la verdad que les compete.
Hace años tomaste la decisión de renunciar a las subvenciones públicas y a los tiempos imposibles de montaje que imponen las producciones del IVC o de teatros privados. Volviendo la vista atrás, ¿cambiarías alguna de tus decisiones por acceder a presupuestos más elevados, por llegar a más público o a la fama relativa que esto puede ofrecer?
Podría decir que siempre he sido –aunque nunca solo– mecenas del teatro. Un mecenazgo que no despilfarra, trabajando con lo esencial. Desde luego, nada que cambiar, a este respecto, de mi postura pasada. Si hago teatro es para compartir con personas de una comunidad una experiencia que nos ayude a mantener los ojos abiertos. No busco a propósito minorías. Con la edad que ahora tengo, sabría rechazar o manejar mejor el mecenazgo público o privado, si se diera.
¿Cómo ve Pablo Corral Gómez su futuro cercano, el de su escuela Estudio Dramático y de su compañía El Cant del Cigne?
Tanto una como otra sigue su ritmo. La escuela, con sus principios pedagógicos, escuchando nuevas demandas del alumno y creando nuevos espacios de enseñanza, como aulas de posgrado y de supervisión para profesionales. Dado que los movimiento sociales son imparables, los cambios se producen y hay que saber qué hacer con ello. Hay demandas que merecen ser atendidas y otras que hemos de dejarlas fuera.
Estudio Dramático continuará teniendo su rasgo distintivo para todo aquel que quiera formarse como actor o director de escena. En cuanto a la compañía, esta última producción, ‘El Doble o (El Canto del Cisne)’, que ahora estrenamos en València en el Teatro Círculo, es la antesala de lo que sucederá teatralmente más adelante. Por tanto, seguimos con paso firme.

