Jarmusch

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‘Father Mother Sister Brother’, de Jim Jarmusch
Reparto: Tom Waits, Adam Driver, Charlotte Rampling y Cate Blanchett, entre otros
Fotografía: Yorick Le Saux, Frederick Elmes
110′, Estados Unidos, 2025

Conversando recientemente con un conocido, coincidíamos ambos en comparar la carrera del director estadounidense Jim Jarmusch con la del músico australiano Nick Cave. Como en uno de esos ejercicios de adivinar diferencias, pero a la inversa, cuatro son, al menos, las cualidades que asociábamos con ambos creadores.

Primero: los dos tienen un pelo muy particular. Segundo: aunque uno siente que, de alguna forma, envejecen, su aspecto y su trabajo parecen atascados en sus treinta años. Tercero: a los dos parece que les persigue una especie de aura casi mística que les garantiza en todo el mundo una legión de seguidores, suficiente, como poco, para que alguien les financie sus proyectos. Y cuatro y más importante: en los dos casos, a uno le da la impresión de que siempre están haciendo lo que les da la real gana y, por si fuera poco, bien.

‘Father Mother Sister Brother’ (sin comas ni puntos de separación) cuenta tres historias independientes. En la primera de ellas, conoceremos a Jeff y Emily, dos hermanos que van a visitar a su anciano padre, un hombre que vive aislado en una desvencijada granja junto a un lago en un rincón remoto de los Estados Unidos.

El segundo de los relatos nos presenta a otra pareja, esta vez de hermanas, Lilith y Tim, que se dirigen igualmente a casa de su madre, al contrario que en el caso anterior, una bonita vivienda residencial en algún lugar de la sombría ciudad de Dublín. Y así llegamos a la tercera historia, en la que otra pareja de hermanos, Skye y Billy, se reúnen en París para visitar el piso de sus padres con el propósito de recoger sus pertenencias tras su reciente fallecimiento.

No es la primera vez que Jarmusch realiza una película por capítulos. Desde su ya lejana ‘Coffee and Cigarettes’ (1986) y la inapelable ‘Noche en la Tierra’ (1991), el realizador de la eterna melena cana ha ido pastoreando de tanto en tanto por este formato. En todas ellas, la fórmula podría ser muy similar: relatos aparentemente autónomos, unidos por una tenue y sugerente línea temática, algún elemento de escena (un taxi en la noche en cualquier ciudad del mundo o un bar) y, sobre todo, un tempo narrativo que fluye de unos a otros dando coherencia y unidad al armazón dramático.

Unidad temática, primero, que vendrá dada aquí por una aproximación a las relaciones familiares en la sociedad contemporánea. O quizá habría que decir a las relaciones, por un lado, entre padres e hijos, y, por otro, de los hijos entre sí. Anda el director de Ohio preocupado por una característica común a todas estas historias: la distancia.

Distancia y tiempo, mucho tiempo, el que ha pasado, deducimos, entre cada uno de estos encuentros, todos ellos fugaces. Distancia física a la que se ven obligados los personajes en razón de las condiciones impuestas por la vida moderna (marcada por el trabajo y otras responsabilidades), pero distancia también emocional la de unos individuos que han perdido todos sus puntos de conexión, bien en razón de fuertes desavenencias o a causa de esa fuerza imparable que es la vida.

Tres historias que brindarán a Jarmusch la oportunidad de ofrecer un amplio panorama, trágico y cómico, amargo y dulce al mismo tiempo, de esa intimidad, y todo en el mismo libreto.

Así, en ‘Father’, el primero de los relatos, Jeff y Emily se reúnen con un hombre que vive prácticamente en la indigencia. Según entendemos de su conversación, su padre no tiene oficio ni una ayuda pública que le permita subsistir. Pero lo que quizá resulte más sorprendente es que sus hijos asumen esta situación con notable estoicismo, cuando no indiferencia, como si no les incumbiera (aunque Jeff se mostrará bastante más clemente que su hermana).

Jarmusch se guarda mucho de contarnos claramente qué ha provocado este distanciamiento, si bien a poco que afilemos nuestra vista iremos entendiendo que está relacionado con la muerte de su madre y la vida aparentemente disoluta que ha llevado el padre en el pasado. Lo que sí percibimos en Jeff, pero sobre todo en Emily, es un rencor soterrado que enturbiará este reencuentro.

Si bien Jarmusch decora, como siempre, toda la película con un recubrimiento de humor, una cierta sensación de derrota atraviesa esta primera historia. Derrota o fracaso que impregnará a todos los personajes y que, aunque ni siquiera se dé cuenta, queda en evidencia en la altivez con la que Emily trata a su padre.

Emily, entendemos, ha compuesto una vida ideal: tiene un buen empleo y un matrimonio exitoso. Pero eso no quiere decir que todo esté en su sitio. Peor aún lo tiene el pobre Jeff que, a pesar de haber sido ascendido en su trabajo, acaba de salir de un divorcio cuyo recuerdo aún le causa un profundo dolor.

Derrota y fracaso que ambos ven en un hombre que creen que lo ha perdido todo y al que miran por encima, pero que no perciben en ellos mismos hasta un momento determinado. Un instante de claridad y lucidez que, sin embargo, pasará en un suspiro, para volver al punto de partida. Solo la ironía nos sacará de esta impresión de flaccidez existencial, denunciando la anemia vital en la que se encuentran los personajes.

Fotograma de ‘Father Mother Sister Brother’, de Jim Jarmusch.

Éxito y fracaso que es, desde luego, el tema de ‘Mother’, la segunda de las historias. Aquí se cambian las tornas y será la madre, una famosa escritora de best sellers románticos, la que se encuentre en una posición de fuerza. De nuevo, Jarmusch nos escamotea la información, pero una serie de datos expuestos aquí y allá nos permitirán atar los cabos.

Si en la primera de las historias Jeff y Emily se compadecían de su anciano padre, aquí serán las hermanas Lilith y Tim las que se sentirán examinadas por su madre, casi hasta la humillación. Como en el caso de Jeff, Tim ha sido ascendida en su trabajo, pero aquí la sombra de la madre oscurece todo atisbo de triunfo.

Y lo mismo pasa con Lilith, cuyo aparente naufragio en todo lo que emprende debe cubrir de unas mentiras que, a estas alturas, ya nadie se cree, pero que ella sigue profiriendo para salvar algo de su maltrecha y desquiciada dignidad.

En medio de todo esto, las tres mujeres se reúnen para celebrar el cumpleaños de la madre con un sabroso té acompañado de unos deliciosos pasteles expuestos en una mesa primorosamente decorada. Todo está perfecto, porque todo está rematadamente mal. Otro juego de ironías.

Historias que se miran y conviven y, en el choque, a pesar de esa desesperanza que subyace, aparecerán los tonos, los colores. Es el caso de la tercera de las historias, cuya trama quizá sirva de contrapunto o complemento de las dos anteriores. Y es que si en los otros relatos planeaba, como dijimos, la sombra de un fracaso como respuesta de unas presencias abocadas a sus abismos interiores, aquí será la ausencia la que determine esa ilusión o esperanza que, al fin, se abrirá hacia el futuro como un rayo de sol tras un día de tormenta.

El cineasta Jim Jarmusch, ganador del León de Oro a la mejor película en el Festival de Venecia 2025.

Si bien el relato ‘Brother Sister’ carece de ese tono socarrón de las otras dos historias, eso no quiere decir que este falto de esa ironía que los une. Skye y Billy entran en casa de sus padres, donde encontrarán todo tipo de recuerdos. Estampas (presentes también en las otras dos historias) que traerán desde el pasado imágenes, ideas, interrogantes que llevarán a los dos personajes a superar su duelo, a reconciliarse consigo mismos, con un “quienes son” que los ata sin atarlos realmente, abriéndolos hacia cualquier futuro posible, todavía por construir.

Al contrario que con Jeff y Emily o en el caso de Lilith y Tim, Skye y Billy quizá no tengan ya un presente tan marcado, pero, precisamente por eso, su futuro permanece incólume gracias al ejemplo de un hombre y una mujer que vivieron su vida como quisieron transmitírsela a sus hijos, en completa libertad.

Al margen de estas cuestiones temáticas, hay varios elementos que aparecen como nexo de unión de estos tres relatos. Uno de ellos será el coche, símbolo netamente americano de la modernidad, una máquina que nos permite acortar esas distancias entre nosotros, mientras, al mismo tiempo, nos distanciamos.

Coche que es metáfora de cada una de las situaciones que plantea la película, a veces práctico y familiar, en el caso de Jeff, otras destartalado como el de Tim, inexistente para la escurridiza Lilith, o estilizado para Skye y Billy. Delante de ese coche, pasan al comienzo de cada historia y ante los ojos embelesados de sus protagonistas, un grupo de skaters en cámara lenta. ¿Metáfora de la juventud y la libertad perdidas? ¿Recuerdo de un pasado mejor? No lo sabemos.

Y lo mismo sucede en el caso de las tres casas en las que transcurren las acciones y cuyo diseño y disposición dicen más de los personajes que los personajes mismos. Casas con ventanas abiertas a un exterior que es igualmente expresivo. Ante una gran vidriera, el padre de Jeff y Emily tiene dispuesta una mecedora que mira al lago, una imagen que removerá el corazón de los tres personajes.

Ventanas y puertas que, en la casa de la madre de Lilith y Tim, dan paso a un jardín tan bien cuidado que nos parece irreal, como el escenario de un cuento o una pesadilla. Ventanas que dan a un interior vacío, ya sin mobiliario, huero de todo rastro de sus antiguos residentes que pronto serán sustituidos por nuevos moradores que borrarán sus huellas.

Y en la mesa, una taza de té o de café con el que los personajes brindan por ellos, sin saber que cada brindis (rodado en plano cenital en homenaje quizá a ‘Coffee and Cigarettes’), tiene un sentido distinto. Y por si todo esto fuera poco, aparece aquí un misterioso reloj marca Rolex cuyo valor queda unido al que lo lleva. ¿Es auténtico o es una imitación?, se preguntan Jeff y Emily cuando ven el reloj encadenado a la muñeca de su padre. Otro misterio.

Cada uno de estos elementos conectan los relatos entre sí, vinculándolos por un fuerte lazo emocional que queda reforzado en el tratamiento del tiempo interno de las escenas. Tiempo marcado, no por las acciones ni por las palabras, sino por los silencios.

Silencios que se llenan de gestos, de miradas que quedan en suspenso a la espera de una reacción, de una respuesta previsible marcada ya por los recelos, cargadas de reproches que nunca se dicen, pero se comprenden, de significados. Esos silencios, ligados por un leitmotiv musical que acompaña el comienzo de cada capítulo, construyen la verdadera trama de la película.

No podemos decir que ‘Father Mother Sister Brother’ se encuentre entre lo mejor del cine de Jim Jarmusch. Quizá le perjudiquen tres historias algo descompensadas y el recuerdo de otros trabajos anteriores, restándole a la propuesta cierta frescura por simple comparación.

Pero también nos devuelve a aquel espacio que compone el universo creativo de un autor al que hemos acompañado en su ya larga carrera; un lugar estéticamente desintoxicado de interferencias donde sus seguidores podemos encontrarnos con ese nosotros en el que queremos habitar y que nos constituye como espectadores. Un poco de Jarmusch, aunque no sea el más original, siempre es mejor que cualquier otra cosa.