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Pero, ¿qué está pasando en la Bienal de Mislata?

Bienal de Mislata Miquel Navarro. Premios de arte público
Diversas calles de Mislata (Valencia)
Artistas: LUCE, Pepe Miralles, Verónica Francés Molina, Pablo Bellot, Daniel Tomás Marquina, Anja Krakowski, Edu Comelles, Art al Quadrat, Fermín Jiménez Landa y Daniel Cantarero Tomás.
Comisaria: Alba Braza
Hasta el 21 de diciembre 2016
Visitas a cargo de los artistas. Consultar fechas aquí

Siete de la tarde, plaza de la Constitución de Mislata. Es festivo – precisamente el día de la Constitución – y no hay demasiado trajín, tan sólo algunos niños jugando a la pelota. En realidad, jugando a encalar la pelota en el balcón de una casa, muchas veces increpados por los transeúntes a los que hacen poco caso, o más bien ninguno. Tienen la seguridad de que no están portándose mal, ni molestando. Al contrario, creen que están colaborando con el arte, formando parte de un happening, siguiendo las normas y reglas de juego marcadas por el chico de la moto blanca, más conocido como LUCE. El balcón de los balones perdidos está repleto de pelotas recuperadas por él de solares y tejados mislateros.

La comisaria Alba Braza y yo pasamos un rato caminando por Mislata, al tiempo que comentamos el sentido de una Bienal así, aquí. Todas las obras quieren involucrar, de un modo u otro, a la ciudadanía, invitándola a reflexionar o simplemente pensar sobre diversos temas en particular, y sobre el arte contemporáneo en general. En esta ocasión, los artistas no tienen la misión de embellecer muros, sino más bien la de dar un toque de atención sobre los temas que más preocupan, algunos bien amargos: la crisis, la especulación urbanística; las normas, lo legal, lo ilegal; la pobreza energética; la memoria histórica, colectiva; los chismes; el sida.

Pepe Miralles lleva mucho tiempo trabajando en torno a este último tema, preguntándose por «el estado del VIH y el sida después de más de treinta años desde que esta infección haya aparecido». En Mislata continuó con su proyecto Espai reservat, delimitando con una cinta de señalización un espacio público reservado a personas seropositivas «para que muestren qué les pasa, qué es lo que sienten, y cómo viven». Alba Braza me comenta que uno de los lugares escogidos a propósito por Pepe Miralles estaba próximo a un colegio, lo que provocó cierta incomodidad entre algunos padres y madres. Miralles, además, recubrió con lacitos rojos una columna del Ayuntamiento, para delatar la actitud zalamera de cada 1 de diciembre, frente a todo lo contrario el resto del año.

«Pensé que lo mejor sería que las personas que viven en Mislata y que transitan por Mislata hablaran de ellas mismas, de sus relaciones, de las cosas que les gustan, las que no, la gente que quieren, la que no», nos cuenta Verónica Francés Molina, artífice de Pauta: Mislata, un muro de autorrepresentación colectiva con vinculaciones whatsapperas. La guasa, entendida como algo festivo y gracioso, caribeño, está presente en el alumbrado al estilo de verbena de pueblo que presenta Pablo Bellot. Se lee “Agotados de esperar el fin”, un grito punk incompatible con el alumbrado navideño de calles aledañas.

La luz también vuelve a estar presente en un par de solares, tristes descampados, hábitat de gatos y especies vegetales en el mejor de los casos. Los terrain vague llamaron la atención de Daniel Tomás Marquina y a Anja Krakowski. El primero, en La veu de les mirades. Llum i narracions col•lectives de la Moreria llenó de farolillos un improvisado jardín urbano entre medianeras promovido y cuidado por el vecindario. La segunda, ejecuta una inteligente asociación entre solar, del sol, y solar, de suelo. La titula: Contingencia, que es la posibilidad de que algo suceda, o no suceda. Es un rótulo metálico instalado dentro de un solar, pero visible desde fuera, con el texto “Solar power”. De día se aprecia la palabra solar, y de noche, gracias a un sistema de iluminación cargado con energía solar, la palabra power. El juego de palabras «hace referencia al potencial que encierran los solares si se hace un uso alternativo de ellos», sentencia Krakowski. Para esta obra, la artista recurrió a estudios demográficos sobre la apariencia urbana de Mislata en lo que atañe a las medianeras vistas, pues había una norma que regulaba los volúmenes de las fincas, pero no las alturas. Como consecuencia, existen hoy gran cantidad de solares privados y, en cambio, poco suelo público del que disponer en un municipio tan denso como este, el más denso de España.

El ajetreo mislatero, denominado paisaje sonoro, está representado visualmente por Edu Comelles en su Espectograma: cincuenta metros de mural que arrojan algo aparentemente abstracto a la calle. Precisamente, uno de los objetivos de esta Bienal es el de mostrar públicamente un conjunto de realidades que aparentemente parecen otra cosa. Alba Braza se refiere a ello como algo mágico, y afirma que parte del éxito -además del correcto trabajo y la responsabilidad de los artistas- proviene de la buena sintonía que se palpa en el ambiente: «Es un trabajo común, de las brigadas, de la concejalía de Urbanismo, con el apoyo del Ayuntamiento y la ayuda y la predisposición de todos. Es mágico».

A partir de un momento del recorrido pasamos a guiarnos por una decena de flechas cerámicas que indican el camino Al refugi!. Mónica y Gema del Rey, artistas gemelas de Art al Quadrat nos ayudan a imaginar la dureza de los bombardeos cuando contemplamos los retratos de los lugareños mordiendo un palo para evitar que les estallasen los oídos. Cada uno de ellos ha contado su testimonio, y así lo recogen ellas, tal cual.

Esta literalidad de las memorias choca frontalmente con las «anécdotas y sucesos poco contrastados» que ha difundido oralmente Fermín Jiménez Landa entre unas pocas personas mislateras -policías municipales, verduleros y verduleras, carniceros y carniceras, peluqueros y peluqueras, y camareros y camareras-, pero con vocación de que los relatos corran como la pólvora entre el vecindario y activen algo tan sano y necesario como es la imaginación. Para ello, el artista cuenta con la inestimable colaboración de los y las correveidile.

Cuando se realizan intervenciones en la calle se asume el riesgo de que puedan suceder imprevistos. «No sólo en Mislata, en muchas otras ciudades también hay gamberros», comenta Alba Braza, que bromea con la recurrente idea de cómo hubiera sido montar esto en El Bronx. Lo cierto es que la intervención de David Cantarero Tomás no estaba completa. Como Anja Krakowski, él también recurrió a un juego de palabras con doble sentido: Bancos de imagen, en relación a los catálogos de almacenamiento masivo de fotos; y también a los bancos –no de peces, ni de dinero– que sirven de asiento, pero desprovistos de su función elemental. Estos aparecen cubiertos por una lona de estampado vegetal, que es la fotografía del seto que hay justo enfrente. Vislumbramos varias lonas, en torno a siete, la más cercana a la luz estaba intacta; de la más alejada, en la oscuridad, no quedaba ni rastro.

Recuerdo que en algún momento del periplo Alba y yo vimos, iluminado, el Cactus ambombado de Miquel Navarro, imagen de la Bienal, con una altura casi humana, lejos de sus miniaturas de ciudades a la manera de maquetas gigantes, o de las propias esculturas enormes en el plano real de la ciudad, como el Parotet, la Pantera Rosa o L´Almassil. La Bienal de Mislata posee también esa escala, antropomórfica, como a ras de suelo, horizontal y humana.

Ismael Teira


Imágenes cortesía Bienal de Arte Público Mislata. Foto de portada: Pablo Bellot

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