Yassine Abdel-wahab. Jazzin Festival 2026

#MAKMAMúsica
Jazzin Festival 2026
Chellah Beach Club
Parking 9, Ave Mohammed VI, Tánger (Marruecos)
Del 2 al 4 de abril de 2026

Con el Chellah Beach Club como sede principal, el Jazzin Festival celebra su quinta edición del 2 al 4 de abril, situando a Tánger como puente para el intercambio musical entre ambos lados del Estrecho, donde convergen el jazz, el blues, el flamenco y las raíces africanas.

Para la presente edición, el festival despliega una ambiciosa programación que reúne a cerca de una decena de formaciones y más de 50 músicos de primer nivel. El cartel destaca por su carácter multicultural, contando con artistas procedentes de España, Francia, Italia, Dinamarca, Colombia, Senegal y Marruecos.

De este modo, bajo la dirección artística del músico, empresario y gestor cultural Yassine Abdel-wahab, el Jazzin Festival transforma por unos días la ciudad en un espacio de convergencia entre el sonido internacional y la tradición rítmica local.

Abanderados, en 2026, por Chano Domínguez como embajador, la trayectoria del pianista gaditano representa una integración natural entre el flamenco y el jazz que refuerza los objetivos de mestizaje del festival desde sus inicios, en 2019.

Yassine Abdel-wahab. Jazzin Festival. Chellah Beach Club de Tánger
Yassine Abdel-wahab (centro), junto a familia y equipo del Jazzin Festival, en el Chellah Beach Club de Tánger.

“Queremos que el público sienta cómo un piano flamenco puede conversar con un laúd sufí bajo el cielo de abril”, avanza Abdel-wahab, para quien “el arte es la herramienta que hace que todo pueda fluir, incluso cuando el mundo está mal”, reafirmando, así, el compromiso del certamen con la convivencia.

Una coexistencia que se prodiga más allá de los escenarios principales, en tanto que esta edición refuerza su carácter divulgativo y su compromiso con la memoria sonora a través de actividades de valor pedagógico que se llevarán a cabo en el Hotel Chellah.

De entre ellas, destaca la presencia del investigador Carlos Blanco Fadol, considerado el mayor coleccionista de instrumentos étnicos del mundo. Con más de cincuenta años rescatando sonidos en peligro de extinción, su participación (el sábado 4 de abril, a las 12:00), aporta una dimensión antropológica que conecta el jazz contemporáneo con las raíces más profundas de la humanidad.

Malick Mbengue. Carlos Blanco Fadol. Jazzin Festival 2026

A esta labor se une el compromiso formativo con la masterclass de percusión africana impartida por Malick Mbengue, que tendrá lugar el viernes 3 de abril, a las 12:00. Una oportunidad única para que músicos y aficionados profundicen en los códigos rítmicos del continente.

Estas propuestas se completan con el concierto didáctico de la Assejazz Big Band de Sevilla (el sábado 4 de abril, a mediodía) para estudiantes locales y las ya tradicionales jam sessions nocturnas en el Chellah Beach Club, donde la improvisación espontánea unifica a artistas de ambas orillas.

La viabilidad del Jazzin Festival 2026 se sustenta en una red de apoyos que cuenta con el patrocinio de Heineken, el Teatro Riad Sultan y Space M. La operatividad logística, gastronómica y de hospitalidad es asumida por Africa Morocco Link, Balearia, Bourchanin & Cie y el Hotel Chellah, mientras que la difusión cultural cuenta con el respaldo de la revista MAKMA, y, a nivel institucional, el festival se ve refrendado por las alianzas con el Instituto Cervantes de Tánger, el Instituto Italiano de Cultura y el Instituto Severo Ochoa.

Esta red de cooperación ha permitido que el proyecto supere la etapa de incertidumbre inicial para afrontar retos de mayor escala. No en vano, Abdel-wahab describe el festival como “un bebé que va creciendo y al que ya hay que ponerle ropa de mayores”, una metáfora que ilustra el paso de la espontaneidad a la madurez organizativa de los últimos años.

El criterio de selección de los artistas atiende a una filosofía de armonía personal, “gente que sea de buen corazón y que sean buenos músicos”, determina Yassine Abdel-wahab en esta entrevista. Con estos fundamentos, el Jazzin Festival se prepara para una edición que busca dejar en Tánger, más allá del eco de los conciertos, esa “última nota de satisfacción” que define el éxito de un encuentro compartido.

Tu trayectoria musical une el Conservatorio de Tánger con L’AULA de Música Moderna y Jazz de Barcelona. ¿Cómo ha influido ese viaje personal en la identidad mestiza que define al Jazzin Festival?

Mi trayectoria tiene dos vertientes. Una es la de mi infancia en Marruecos, influida por una familia de músicos: tíos pianistas de jazz y guitarristas en Estados Unidos, y mi padre, que canta. Crecí moviendo pianos por el salón y tocando en hoteles de Tánger con músicos que ya habían trabajado con mis tíos. Sin embargo, sentí la necesidad de profundizar en el lenguaje del jazz, lo que me llevó a la escuela L’AULA en Barcelona y realizar diversas giras internacionales.

Ese cambio fue un regalo; allí conocí a músicos increíbles que, en verano, bajaban conmigo a Tánger para tocar en el Chellah Beach y conocer la cultura local. Esa semilla de músicos españoles descubriendo Tánger fue la que germinó en 2019 con la primera edición del festival. El mestizaje no es algo buscado, es lo que soy.

Yassine Abdel-wahab
El músico Yassine Abdel-wahab, tocando el piano, en 1998.

Llegar a una quinta edición es un hito. ¿Cuáles han sido los mayores desafíos para consumar la naturaleza internacional del festival?

Sinceramente, la mayor dificultad ha sido el sponsoring. Al principio cuesta tener credibilidad si no vienes del mundo puramente empresarial, pero nosotros lo hacemos por amor al arte. Gestionar vuelos, imprevistos y presupuestos es complejo, pero ver que hoy traemos a músicos de talla mundial como Chano Domínguez o Perico Sambeat, entre otros, nos confirma que el esfuerzo merece la pena. El festival es como un bebé que ha ido creciendo y al que ahora ya tenemos que ponerle ropa de mayores.

¿Qué supone para el Jazzin Festival la presencia de Chano Domínguez en esta edición?

Invitar a Chano es un sueño cumplido. Ya cuando estudiaba en Barcelona me fascinaba su música. Él ha mostrado mucho interés en fusionar su piano con la tradición Gnawa, un encuentro que se concretará en este festival. Para mí, el flamenco es fundamental; de hecho, yo mismo presentaré composiciones nuevas como ‘Amores perdidos’ e ‘Isabela’, compuestas recientemente, que tienen esa raíz flamenca. Chano es el embajador perfecto para mostrar que la música no tiene fronteras entre nuestras tierras.

Chano Domínguez. Jazzin Festival 2026

¿De qué manera el paisaje del Mediterráneo y el espacio del Chellah Beach Club transforman la experiencia?

Cuando estoy en el mar, estoy en las cadencias y en el ritmo de las olas. La inspiración se desarrolla en el mar. Es la libertad de interpretar todos los elementos según tu emoción. Me recargo con el ritmo de la vida: marea baja, marea alta; corriente del este, corriente del oeste, y todo esto con una pausa de calma cada seis horas desde hace mucho tiempo y que seguirá ahí para siempre. Qué partitura, ¿no?

El Chellah Beach se presta totalmente a esta vibración. Hemos ido adaptando el espacio, moviendo el escenario para que todo el mundo pueda ver bien y añadiendo pantallas grandes. Aunque el festival crece y quizá algún día necesitemos espacios más amplios como la Kasbah, el Chellah tiene un encanto sensorial único por la cercanía del mar. No es solo logística, es la energía que se crea allí, especialmente en las jam sessions de madrugada, cuando el escenario se llena de músicos improvisando.

Perico Sambeat. Jazzin Festival 2026

En el cartel de 2026 vemos una presencia muy fuerte de músicos españoles de primer nivel. ¿Qué aporta el sello de artistas como Perico Sambeat o Arturo Serra al festival?

Aporta rigor y prestigio europeo. Perico Sambeat no es solo un amigo; es, posiblemente, el mejor saxofonista de España y una figura clave del jazz continental. Su capacidad para transitar entre la vanguardia y la tradición es lo que buscamos. Al traerlo con su cuarteto, o contar con el vibrafonista Arturo Serra y el pianista José Carra, estamos asegurando un nivel de ejecución técnica que dialoga de tú a tú con cualquier festival del mundo. Son músicos que entienden que el jazz es una lengua viva. Esa cercanía personal se traduce en el escenario en una generosidad creativa absoluta.

El festival arranca el jueves 2 de abril con una fuerte impronta de blues. ¿Por qué elegir este género para abrir fuego con la Lolo Ortega Blues Band?

El jazz no se entiende sin el blues, y Tánger tiene una conexión histórica con los sonidos del alma y la melancolía. Lolo Ortega es una leyenda de la guitarra; su presencia nos permite asentar las bases del festival desde la raíz. Es una declaración de intenciones: queremos calidad técnica, pero también queremos pellizco, queremos emoción. Abrir con blues es invitar al público a entrar en un trance que luego evolucionará hacia el jazz contemporáneo y la fusión.

Assejazz Big Band. Jazzin Festival 2026

Una de las novedades más interesantes es el concierto didáctico de la Assejazz Big Band de Sevilla. ¿Qué importancia tiene para ti abrir el festival a las escuelas y a los jóvenes?

Es fundamental. El festival no puede ser una burbuja para expertos. El sábado 4, la Assejazz Big Band se trasladará al jardín del Hotel Chellah para un encuentro con alumnos del Instituto Cervantes, el Instituto Español Severo Ochoa y colegios locales. Queremos que los niños vean una sección de vientos en directo, que entiendan qué es una big band. Habrá profesores explicando los instrumentos. Como dicen los franceses, queremos que la juventud esté en el baño de la música, que se sumerjan en ella. El Jazzin tiene la responsabilidad de crear la audiencia del futuro en Tánger.

El cierre del festival el sábado 4 presenta un proyecto titulado ‘L’Ensemble’. ¿Podemos esperar ahí la verdadera explosión de ese mestizaje que predicas?

Exactamente. ‘L’Ensemble’ es el corazón del festival. En ese escenario coincidirán Chano Domínguez, Perico Sambeat, Enrique Oliver y los Gnaoua Desert de Erfoud. No es una colaboración ensayada matemáticamente; es un encuentro donde el piano de cola y el saxo se rinden al ritmo del guembri y las crótalas. Es el momento donde desaparecen las etiquetas. Ver a figuras del jazz contemporáneo fundiéndose con la espiritualidad del desierto es lo que hace que este festival sea único en el mundo.

Este año el festival mira también hacia Latinoamérica con la participación de LFSS. ¿Cómo encaja Colombia en este puzle tangerino?

Encaja a través del ritmo. El grupo colombiano LFSS actuará junto al laudista y cantante local Younes Sbihi. Hay una línea invisible que une la percusión africana, el folclore colombiano y la mística sufí de Tánger. El Jazzin es un laboratorio. Traer músicos de Colombia para que dialoguen con nuestro patrimonio es demostrar que Tánger sigue siendo, como en los tiempos de Paul Bowles o Randy Weston, un lugar donde el mundo se siente en casa.

Más allá del jazz convencional, incorporas voces como la banda Gnaoua Desert. ¿Es el festival también una herramienta para proteger el patrimonio marroquí?

Más que protegerlo en un museo, queremos mantenerlo vivo. El festival no tendría sentido si solo tocasen grupos extranjeros. La fusión con los Gnaoua de Ouarzazate o el flautista Anas Aharroud busca que nuestra tradición respire aires nuevos. No es solo preservación, es evolución. Queremos que el músico de jazz se vaya de aquí con el ritmo Gnawa en la sangre, y que nuestro músico tradicional descubra las armonías de un piano de jazz. Esa energía es la que la gente siente y la que nos hace vibrar días después de que el festival termine.

Assejazz Big Band. Jazzin Festival 2026

Cuando se apague la última nota en la madrugada del domingo, ¿cuál será el éxito para Yassine Abdel-wahab?

El éxito es lo que yo llamo “la nota de satisfacción”. Ese momento en el que nadie quiere parar de tocar porque la corriente entre el músico y el público ha sido perfecta. Mi deseo es que Tánger sea recordada no solo por su historia, sino por su presente musical. El año que viene vendrán otros, quizás de otros países, porque el programa lo dictan los propios encuentros. Mientras haya buen rollo, rigor artístico y gente de buen corazón, habrá Jazzin Festival.