#MAKMALibros
‘Despiece’, de Vicente Ferrer
Diseño de portada: Raúl Lázaro
Editorial Dos Bigotes, 2026
Librería Bangarang
En conversación con Eugenio Viñas
Historiador Diago, 9, València
11 de abril de 2026, a las 12:00
La librería Bangarang de València acoge el sábado 11 de abril la presentación de la primera novela de Vicente Ferrer, tras su paso por el Ministerio de Infancia y Juventud. El autor mantendrá una conservación con el periodista Eugenio Viñas en torno a una ficción que cuestiona una realidad aún por construir, mediante una mirada que se detiene para observar los claroscuros que visten el paisaje mediterráneo.
Con la València de los 90 como escenario y la carne como un aspecto central, ‘Despiece’ (Editorial Dos Bigotes) narra la historia de Vicentín, un niño cuya vida se ve atravesada por la violencia.
¿Cómo comienza tu trayectoria como escritor?
Creo que mi trayectoria como escritor publicado comienza ahora. Sin embargo, la de escritor empieza antes; siempre estuvo ahí de alguna manera. Yo estudié Periodismo porque quería escribir. También necesitaba tener un oficio y esa fue la excusa para poder dedicarme a algo que tuviera que ver con la escritura.
Entiendo que había algo en mí desde pequeño: escribía, leía, pero no decía que quería ser escritor. Ni siquiera me atrevía a soñarlo ni a decirlo en voz alta. Me daba cierto pudor. Estuvo muy dentro de mí durante mucho tiempo y, poco a poco, fui tratando de salir del armario.
¿Cuál es la primera semilla de ‘Despiece’?
Entiendo que hay dos semillas: la de la historia que está dentro de mí, una historia que no podría haber escrito sin antes haberla madurado y compartido; si no hubiera hecho terapia ni lo hubiera compartido con mi familia y mis amigos, no habría sido posible.
La otra parte tiene que ver con cuándo y cómo comienzo a escribir la historia, gracias al máster de Escritura Literaria con Jorge Carrión y también a un taller de Belén López Peiró, que es escritora y compañera del máster.
En ese taller surgió lo que ha sido el primer capítulo de la novela: el capítulo donde Vicentín está con su madre y ella le hace un bocadillo de longaniza con patatas.
¿Cómo dirías que se relacionan en la novela la carne con la palabra y con la herida?
Creo que más que cómo, puedo contar por qué o el momento en el que esto aparece. Yo sabía que quería contar esta historia, fue una decisión consciente. La otra decisión consciente fue que no quería que fueran mis diarios o mis memorias; quería hacer literatura.
Enseguida descubrí que quería contar la historia de una familia a través del narrador adulto y del niño, dependiendo de la parte. Al querer contar la historia de esta familia, apareció inmediatamente la carne: son una familia de carniceros, de manera natural.
Cuando me hice adulto entendí que no todo el mundo come carne todos los días en casa ni tiene conversaciones constantes sobre ello. Yo era consciente de que en la carne había algo. Entonces, apareció una metáfora muy clara relacionada con el cuerpo, el sufrimiento, los animales, los abusos y la muerte. Hay algo ahí.
Lo lírico es poner esos elementos uno al lado del otro sin explicar la analogía. En ese sentido, supe identificarlo y, más adelante, pude construir la parte relacionada con la violencia sexual junto a las partes más cotidianas, como la familia, generando una tensión que avanza en una dirección muy clara, apoyada en el simbolismo de la carne.

¿Cómo se construye el relato de la familia valenciana de los 90?
La escritura y el desarrollo de estos capítulos me llevaron a pensar en cómo eran los 90. He tratado en el libro de no dar respuestas, sino de poner preguntas sobre la mesa. Para mí es importante cómo era esa época porque hay algunas preguntas clave en la novela: ¿por qué pasó esto?, ¿por qué nadie se dio cuenta?, ¿qué ocurre cuando esto ocurre?
Parece que esto tenga que suceder en una familia desestructurada donde no existen los cuidados; uno puede tender a pensar que solo ocurre en ese tipo de familias. Me interesaba mucho que recordáramos cómo eran aquellos tiempos, cuando no había léxico para hablar de abusos sexuales en la infancia ni de feminismo, feminicidios o violencia sexual. Todo era muy sensacionalista y lo poco que había…
También me interesaba que no se hablara de derechos LGTB ni de salir del armario. En la novela hay un poco de predespertar sexual. Entonces, empecé así, siguiendo con la pregunta: ¿qué ocurrió en los 90 que pudiera haber sido determinante para un niño?
No quería que fuera una novela abrumadora, con la época como aderezo, pero sin que fuera necesario conocerla en profundidad para poder entrar en la historia.
En cuanto al valenciano y València, he recibido opiniones muy positivas en las primeras lecturas: me han dicho que es una novela muy valenciana, que les ha recordado mucho a su infancia, a sus padres y a sus abuelos… Eso me encanta. Más adelante, exploraré la tensión con la lengua y la comida. Me alegra que se haya construido en esa dirección y, como sucedió con la carne, también fue cogiendo más cuerpo con el transcurso de la novela.
Otro tema clave es el género y la subjetividad.
El libro habla mucho de la incapacidad de los hombres para expresar sus emociones, de una forma casi cultural. Hay un triángulo entre el victimario, el niño y el padre, de manera intencional. Toda esa incapacidad tiene que ver con la idea de ser hombre: ser fuerte y no mostrar grietas ni debilidades.
¿Cómo se conjugan los espacios públicos y privados en la novela?
He intentado que el relato del niño contara la historia, que mirase con sus ojos. Para un niño, el mundo es muy pequeño: está siempre en espacios cerrados y casi siempre acompañado. Cuando está en espacios públicos nunca está solo.
Su vida se reduce al colegio, la casa y la de sus familiares o vecinos dentro de la ciudad. La experiencia del niño exigía ese tipo de espacios. Hay un juego entre dentro y fuera: lo peligroso está fuera, pero lo que está dentro también lo es.
En ese peligro no se sabe muy bien si hay cierto alivio, porque es lo que conoce. Hay mucha confusión, estar alerta en muchas situaciones. El personaje está tranquilo cuando está solo, lo cual también es problemático.
¿Cómo escribes esta historia sin caer en maniqueísmos?
Es un tipo de historia con una interpretación en la que la mayoría podemos estar de acuerdo. Como lector, no me gusta que me empujen a determinados lugares ni que no haya dudas, y he intentado cuidarlo mucho.
Luego está la idea de que ni el bueno es tan bueno ni el malo tan malo. Del victimario apenas hablo. El agresor es un personaje, pero el libro no va sobre él, sino sobre una familia, una época, lo que ocurre con el sistema judicial y cómo reaccionamos ante estos sucesos, tanto personalmente como como sociedad.
Hay gente que ve una familia maravillosa y muy unida; otros leen más ausencia. Con Vicentín no quería que fuera un “pobrecito de mí”. No soy perfecto y tampoco quería que el personaje lo fuera: quería que tuviera rabia, ternura, que no fuera abrumador ni perfecto.
¿Qué puedes contarnos sobre el punto de conflicto?
He disfrutado escribiendo todo aquello que no sabía que iba a escribir, a partir del propio proceso. No imaginaba la dirección que ha tomado finalmente. No quería imponer nada al lector; me interesan las preguntas, confrontar. ¿Cómo es vivir eso cuando eres un niño? Todas las contradicciones y su impacto en la edad adulta.
El conflicto sigue y está mencionado, salpicado, porque era una puerta que me llevaba hacia otro lugar. En la novela se ve solo una parte de todo lo que hay debajo. Detrás hay investigación y personas con las que he hablado que no aparecen. En ese punto tomé una decisión: parar. He llegado hasta aquí, a publicar el libro y compartirlo.
Lo que viene ahora es algo en lo que no quiero estar solo. Aún quedan puertas por abrir y quiero ver qué puede ocurrir. Creo en el impacto de la literatura, en que puede cambiar la realidad, lo no literario.
¿Cómo ha sido delimitar realidad y ficción desde la escritura?
Desde fuera, lo más duro parece la parte sobre los abusos en la infancia. Sin embargo, lo más complejo ha sido escribir lo que ocurre con el adulto. Es muy difícil escribir sin distancia cuando estás muy involucrado emocionalmente y te afecta en tu día a día. He llegado hasta donde me sentía cómodo para poder escribirlo. Cuando entraba en lugares difíciles, no dejaba que la novela continuara por ahí.
Con la novela publicada, siento que cuanto más tiempo pasa, más ganas tengo de remover, de hacer preguntas, con más fuerza y entereza. Es pronto, pero a raíz de la publicación hay algo que se está moviendo y estoy expectante.
¿Alguna referencia indispensable para ‘Despiece’?
Hay una muy clara para mí: ‘El invencible verano de Liliana’, de Cristina Rivera Garza. Narra el feminicidio de su hermana, hace veinte o treinta años, desde diferentes fuentes: conversaciones, memoria, artículos de periódico… Es un libro maravilloso, muy lírico.
Además, me ha acompañado ‘¿Por qué volvías cada verano?’, de Belén López Peiró, una novela magistral. Estas dos novelas me han influido. Igualmente, he leído a Annie Ernaux, Anne Carson, Pizarnik…. Soy muy fan de Duras: para mí, ‘El amante’ también es la historia de una familia. Todo eso está presente de alguna manera.
¿Algún próximo proyecto?
Llevo casi dos años escribiendo otra novela. No quiero contar mucho porque siento que, cuando lo haces, la historia pierde fuerza. El resumen es que quiero seguir escribiendo novelas.
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