Toni 2001

#MAKMAAudiovisual
‘Toni 2001’, de Laia Lluch
Con Claudia Salas
Vídeos transmedia de ‘La Ruta’
Borja Soler, Carlos Marqués-Marcet y Belén Funes
Con Álex Monner, Claudia Salas, Ricardo Gómez y Elisabet Casanovas
8 capítulos de 50′
Atresmedia Televisión, Caballo Films, ATRESplayer PREMIUM

Toni abre la puerta de la caravana y deja que la herida cruce el umbral de la memoria. Hay un dolor muerto de deseo aprisionado en cajas de metal. Un negativo fluorescente y corrido de todas las derrotas nocturnas que se llevaron consigo el abecedario de ‘La Ruta‘ tras la juventud.

Toni ha perdido la contención que la hacía interesante. Hacerse un poquito mayor apenas sirve para sedimentar la experiencia y desverbalizar los viejos acentos de pubertad. Han pasado ocho años de las últimas promesas y el nuevo milenio promete las mismas carestías que antes de saber llorar las despedidas.

Toni no sabe mutar. Tal vez vivir sobre ruedas pinchadas impida que entre aire suficiente para ventilar la vida, sucia de colillas, asfalto y mescalina valenciana del amor. Una arteria psicoactiva y verde de la última sintonía destroy. Se secaron pronto los arrozales y dejaron sobre la superficie del lodazal una comunión navideña de sudor y mediodía. Demasiada luz de lunes en Les Palmeretes para oscurecer la tristeza.

Toni pone cintas VHS y los primeros 90 resucitan un mundo analógico de frecuencias electrónicas y aparcamientos de tierra. Un Escort rojo, un Málaga azul y un Golf plateado. Curvas que se toman en cuarta para iluminar de blanco los desayunos de aguardiente. Al casino del pueblo llegan los titulares de la gota fría y a estos zombis de boquitas pintadas les eyaculan sobre la barra de metal de los bares proletarios de Sueca el aceite alcohólico de los esmorzarets. Es hora de recuperar la energía perdida por bailar hasta que el cuerpo aguante.

Toni le ha dado varias vueltas mediterráneas al cuentakilómetros acelerado de los amigos. Hermanos y primas que solo tuvieron un motor de miles de pesetas y gasolina malgastada por aquella periferia noctívaga que era el epicentro alucinógeno de la libertad. Por la carretera de El Saler se alejaban del fantasma de una vida en regla. Ya se oía de lejos la densidad adhesiva de Chocolate y la tipografía de adobe y caña de Barraca para guarecerse, a dos aguas, de la ausencia de ritmo de la vida funcionaria.

Toni dice que “vas a flipar, no sabes la de cosas que pasaron aquí”. Y flipamos con Toni y con Claudia Salas, con la que apetece volver de fiesta para recoger naranjas bajo el sol, con esa visera de N.O.D. que hiede a nicotina, excesos y nostalgia.

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