Un políptico de sabores se lleva el Mardel

IV Convocatoria de Pintura Mardel
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 13 de noviembre de 2016

El Centre del Carme de Valencia acoge hasta el próximo 13 de noviembre la exposición de la IV Convocatoria de Pintura Mardel, con el apoyo del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana. Mardel es un proyecto sin ánimo de lucro, cuyo objetivo es ayudar y promocionar a jóvenes artistas. Esta iniciativa pretende dar la oportunidad a los creadores de mostrar su trabajo y acceder a una ayuda a través de premios concedidos desde un jurado cualificado e independiente, ya sea en metálico o facilitando la difusión y el conocimiento de su obra.

La convocatoria está dirigida a artistas entre 18 y 40 años, y en ella se concede un premio (dotado con 4.000€) y tres accésit. “Este año hemos decidido conceder cuatro accésit ante el éxito de la convocatoria y la calidad de los artistas que se han presentado. La exposición en el Centre del Carme muestra las obras de los 30 finalistas, entre los más de 200 proyectos que se presentaron”, explicó Amparo Martínez, en representación de la Fundación.

El jurado ha estado compuesto por José Luis Pérez Pont, director gerente del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana; Nuria Enguita Mayo, directora de Gens Centre d’Art Valencia y editora de la revista Concreta y curadora, y por Bruno Leitao, director curatorial de Hangar – Centro de Investigación Artística de Lisboa y director del proyecto Cuatorial Clube. Como miembro del jurado, Pérez Pont señaló que “el premio busca la experimentación en el ámbito de la pintura y en este sentido las obras que hemos seleccionado van dirigidas a generar un concepto más amplio de la misma”.

Políptico de sabores, de Misha Bies Golas. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Políptico de sabores, de Misha Bies Golas. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Premios

Durante la presentación de la muestra, se dio a conocer el fallo del jurado. La obra ‘Políptico de sabores’ del artista gallego Misha Bies Golas ha sido la ganadora de esta IV edición del Premio de Pintura Mardel.

La pieza, que toma la forma de un cartel de helados, hace un ejercicio crítico acerca de la autoría de la obra de arte y, como explicó el propio artista, “el políptico de sabores habla de un pintor que aborda la pintura con sumo respeto, desde lejos, más que con miedo a mancharse, con miedo a meterse en un terreno sagrado”.

Doble paño de Verónica, de Luciana Rago. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Doble paño de la Verónica, de Luciana Rago. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Asimismo, los cuatro accésits han recaído en las obras: ‘Doble paño de la Verónica’, de la artista argentina afincada en Madrid, Luciana Rago; ‘Señales de humo’ del alicantino Pablo Bellot; ‘Cambio flúor por fama’, del valenciano Carlos Peris; ‘The evidence’, de la artista andaluza afincada en Valencia, Marina Iglesias.

Señales de humo, de Pablo Bellot, Imagen cortesía del Centre del Carme.

Señales de humo, de Pablo Bellot, Imagen cortesía del Centre del Carme.

En su obra, Luciana Rago parte de una investigación sobre pinturas canonizadas por la Historia del Arte que tiene como punto de partida la ‘Santa Faz’ (1931) de Zurbarán. Por su parte, Pablo Bellot presenta una instalación en la que muestra el estado de descomposición en la que se encuentra la sociedad y el hartazgo que le produce.

Cambio flúor por fama, de Carlos Peris. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Cambio flúor por fama, de Carlos Peris. Imagen cortesía del Centre del Carme.

El valenciano Carlos Peris hace una reinterpretación de la pintura en la que “cambia fluor por fama”, una reflexión sobre el sector artístico valenciano en clave de humor.

The Evidence, de Marina Iglesias. Imagen cortesía de Centre del Carme.

The Evidence, de Marina Iglesias. Imagen cortesía de Centre del Carme.

Inspirada en los fotogramas cinematográficos, Marina Iglesias en su obra ‘The evidence’ muestra unos cuerpos semienterrados y postrados en el suelo que presentan una ambigüedad: parecen ser más bien muñecos o maniquíes cuyas caras rotas se funden con el suelo, una escena que invita a ser completada en la mirada del espectador.

El resto de artistas seleccionados y cuya obra puede visitarse también en el Centre del Carme son: Gil Gijón, Aaron Sanroman, Saskia Rodríguez Araña, Manuel Antonio Suárez, Luis San Sebastián, Ángela Cuadra Casas, Juan Jose Valencia, Yann Leto , Jose Luis Cremades, Roberto Guille, Jesús Herrera Martínez, Ángel Masip, Alejandra de la Torre, Bell Fulllana, Asensio Martínez Soler, Juan Luis Fernández González, Quique Ortiz, Rubén M. Riera, Kepa Garraza Álvarez, Alexis Hernández, Cristina Santos Muniesa, Iker Lemos, Víctor Melia de Alba, Luisa Pastor, Pau Sellés Alós.

Deconstructing ab Borjas con Alfredo Pardo

Deconstructing ab Borjas
Sant Domènec, 7 (Convent de Sant Domènec). Xàtiva (Valencia).
Miércoles a domingo de 10 a 14h y 18 a 20h.
Clausura domingo 29 de mayo.

Todo empezó con los preparativos del congreso sobre los Borja a celebrar en Xàtiva. En la configuración de calendario y ponentes alguien reparó en la idea de complementar las jornadas con una exposición de artes plásticas y surgió el nombre de Alfredo Pardo.

De él, el artista y crítico Jesús Andrés, -dijo-: “Si Alfredo Pardo estuviera exponiendo en Londres arrasaría”.

Y es cierto, pero nadie en su pleno juicio se atreve a cuestionar la importancia de los lobbies -también- en el mundo del arte contemporáneo, en donde además de talento, es definitivo tener respaldo de críticos, galeristas, marchantes, medios de comunicación y coleccionistas, no puede fallar ni uno solo de los elementos.

En cualquier caso, Alfredo Pardo declinó la propuesta de hacer una exposición individual. “Hace tiempo que no pinto” –confesó-, pero a la vez, se sintió comprometido con su municipio. “De los Borja no hay nada en Xàtiva que tenga continuidad y prevalezca en el tiempo”, “forman parte de nuestro patrimonio histórico”, -afirma-.

Así, excluyéndose él mismo como artista, -aunque ejerce como creativo principalmente en materia de diseño- se comprometió en hacer una exposición colectiva que tuviera a los Borja como protagonistas. No había presupuesto para su trabajo, pero aún así, se comprometió en sacar el proyecto adelante. En artes plásticas siempre hay alguien así, aunque su actitud sería difícil de entender en otros foros. Akira Kurosawa lo definiría muy bien. “En un mundo loco, solo los locos son cuerdos”

Tiró de agenda e hizo una selección de compañeros con quienes compartió en la Facultad de Bellas Artes, en el máster, o en becas, talleres y convivencias artísticas. Esa condición de antiguo compañero lo convierte en un gran conocedor de las diferentes trayectorias de cada uno de ellos. Con estos mimbres, completó una lista de cincuenta nombres, lista que poco a poco fue depurando hasta quedarse con los perfiles adecuados. A ellos sumó dos nombres más, artistas a los que sigue con la admiración de quien cree en el oficio de hacer arte pensando.

Pasado el plazo, y una vez cumplidas las fechas de entrega, el propio Alfredo Pardo se encargó de retirar las obras de cada artista pieza por pieza -con su vehículo- para trasladarlas posteriormente al Antic Convent de Sant Domènec, (sensacional edificio, s. XIV, ubicado en el centro histórico de Xàtiva). Visto lo visto, el resultado del proyecto da lugar a afirmar que hay dos hilos conductores en la exposición, el apellido Borja y el propio Alfredo Pardo.

Chema López. Fotografía de Alfredo Pardo.

Imagen de la obra de Chema López en la exposición. Foto de Alfredo Pardo.

“De Chema López me habló Sergio Luna, lógicamente conocía su trabajo, no lo voy a descubrir ahora al público”, pero no había coincidido con él en ninguna fase de formación ni en ningún proyecto artístico”

En cuanto a Juan Daniel Sanz, -dice- “Es el prototipo de artista que realiza obra y la guarda en su casa detrás del armario”. “Crea por vocación, apenas muestra lo que hace ni a los amigos”, “Fue alumno mío, y en ese tiempo descubrí su talento”

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“Roderic, l’home llapisera”Juan Daniel Sanz. Foto de Alfredo Pardo.

Sanz, propone “Roderic. l’home llapisera”, -un personaje propio que emplea en buena parte de su obra y que interpreta al papa Alejandro VI. Su pieza es una reflexión sobre las luces y las sombras que siempre ha rodeado la figura de Rodrigo de Borja.

Exaltación, crítica, bulo, poder, fantasía, traición, amor, sexo e intrigas, son locuciones con las que se relaciona a los Borja, un linaje que llegó a Italia originario de las tierras de Xàtiva, y que a lo largo de medio siglo daría a dos Papas y más de diez cardenales. Personajes que desafiaron al poder más asentado y recalcitrante, y que después de llegar a lo más elevado del mismo, cayeron en una leyenda negra forjada por la infamia y la destrucción de la memoria.

La Familia Borja, para Joan Francesc Mira, era una familia excepcionalmente misteriosa y polémica a la que se le han endosado muchos mitos. A veces, leyendas y habladurías a las que las generaciones han ido sumando y engordando sin rigor alguno, como en el dicho de la hormiga y el elefante.

Lucrecia según Paco Montañés. Foto de Alfredo Pardo.

Lucrecia según Paco Montañés. Foto de Alfredo Pardo.

El personaje más apetecible para la interpretación es Lucrecia, que sirve de inspiración a artistas como Paco Montañés (1980, Alcalá la Real, Jaén). En sus creaciones, Lucrecia Borja se entrega a su hermano César. Montañés plasma una imagen de Lucrecia en la noche que hipotéticamente se entrega carnalmente a su hermano César, divina, sensual y exquisita.

Lucrecia según Pol Coronado. Foto de Alfredo Pardo.

Lucrecia según Pol Coronado. Foto de Alfredo Pardo.

Pol Coronado (Águilas, Murcia, 1966) muestra en “Lucrecia Borgia” las diferentes facetas del carácter del personaje, a pesar de que no es razonable atribuirle responsabilidad alguna, -por ejemplo- de su primer matrimonio con Gasparo de Procida cuando tan solo tenía 11 años, y que da razón, de todo lo que podría venir después, aunque de ella, ha sobrevivido durante siglos lo mencionado anteriormente, es decir, la leyenda negra y el morbo.

Miguel Carlos Montesinos. Foto de Alfredo Pardo.

Lucrecia según Miguel Carlos Montesinos. Foto de Alfredo Pardo.

Por su parte, Miguel Carlos Montesinos (Vall d’Uixó, 1978) centra su obra en el embarazo que produjo la muerte a Lucrecia en el parto, y en la que aparecen dos figuras que se funden con el fondo de la obra como dos fantasmas que vuelven del pasado: su padre Rodrigo y su hermano Juan.

Marta Pina. Foto de Alfredo Pardo.

Sombras y realidades sobre los Borja, Marta Pina. Foto de Alfredo Pardo.

También Marta Pina parece haber pensado en Lucrecia para representar alguna de las piezas que enriquecen el proyecto. Collages de acreditada solvencia, y que de forma muy sutil abordan el tema de la apariencia y de la realidad, de lo que la sombra es capaz de proyectar.

Daniel Coves. Foto de Alfredo Pardo.

Lucrecia niña, de Daniel Coves. Foto de Alfredo Pardo.

Por su parte, Daniel Coves, de técnica tradicional y audaz en ejecución, representa a una Lucrecia Borgia con la belleza propia de la infancia, inocente y desconocedora del futuro que le espera.

Sergio Luna. Foto de Alfredo Pardo.

Los Borja de hoy, Sergio Luna. Foto de Alfredo Pardo.

Sergio Luna (Archena, Murcia, 1979), participa con una composición pictórica de varios retratos con imágenes extraídas de diferentes perfiles de redes sociales. Imágenes de individuos que tienen en común el apellido Borja en dichas redes sociales, y de las que ha extraído también los datos identificativos de estos perfiles.

"Alejandro VI, rara avis" de Ivan Izquierdo. Foto de Alfredo Pardo.

“Alejandro VI, rara avis” de Ivan Izquierdo. Foto de Alfredo Pardo.

En cuanto a “Alejandro VI, rara avis“, es una representación alegórica en la que se aprecia una figura antropomórfica con el escudo de la familia Borja. Pieza de grandes dimensiones realizada por Ivan Izquierdo que recaba en las formas e iconografía centrada en el poder papal.

MADAFAKA & The Toxic Kiwis. Foto de Alfredo Pardo.

“By the dis-Grace of God”, de MADAFAKA & The Toxic Kiwis. Foto de Alfredo Pardo.

MADAFAKA & The Toxic Kiwis han concebido la pieza titulada “By the dis-Grace of God” (Dios nunca tuvo el poder). Los MADAFAKA & The Toxic Kiwis son un colectivo de creadores surgido en Xàtiva, y están dirigidos  por Fran Pons y Sandra Moscardó, ambos profesionales de diseño, comunicación y sociología.

Jesús Herrera. Foto de Alfredo Pardo.

La visión de Jesús Herrera. Foto de Alfredo Pardo.

Jesús Herrera Martínez (Petrer, 1976) evoca el tema de la vanitas y lo relaciona también con la leyenda negra de los Borja. Por medio de una cabeza cortada, autorretrato del artista, dispuesta sobre una bandeja, con los ojos y boca cosidos. La imagen, recuerda a “Salomé con la cabeza del Bautista”  (Caravaggio, 1607) y sostiene la idea de mantener el poder mediante la violencia,  y el miedo.

Antonio Velfin. Foto de Alfredo Pardo.

La visión de Antonio Velfin sobre la espiritualidad y los papas. Foto de Alfredo Pardo.

Por su parte, Antonio Velfin, realiza una aproximación a la espiritualidad y abre debate sobre lo que fueron aquellos años de excesos renacentistas que vivió la familia Borja. En su obra, surge de la abstracción un cuerpo desgarrado que retrotrae a “La noche oscura del alma” (San Juan de la Cruz), y con él, nuevamente aparece la referencia a Caravaggio, y también a Rembrandt.

Yann Leto, bajo el título “Cold Deep Waters”,  retrata a la familia de los Borja aportando una visión fresca, pero sin renunciar a la crítica, como en su conocido trabajo “Congress Topless” expuesto en la edición de la madrileña feria ARCO 2014. Francés afincado en España, Leto empezó su formación de BBAA en Burdeos y abandonó para dedicarse a la música, hasta que se trasladó a vivir a España y encontró el marco ideal para su carrera como artista plástico, ocupación que compatibiliza con la música, a la que no renuncia.

Yann Leto. Foto de Alfredo Pardo.

“Cold Deep Waters”, de Yann Leto. Foto de Alfredo Pardo.

Juan Antonio Baños, (Linares, Jaen, 1980), da parte de su inspiración “borgiana” con una pieza rectangular de grandes dimensiones, “Majestuoso Illuminatti Borja”, realizada con técnica mixta y a la que ha incorporado elementos luminosos muy atractivos.

Juan Antonio Baños. Foto de Alfredo Pardo.

“Majestuoso Illuminatti Borja”, de Juan Antonio Baños. Foto de Alfredo Pardo.

Daniel Galván (Valencia, 1978), con su “Juego de Manos” completa una secuencia realizada con tres pinturas donde las manos de Rodrigo de Borja están representadas en plena acción pelando una naranja. Galván, recurre a la cinematografía, y en concreto a escenas de la trilogía The Godfather (Francis Ford Cópola) donde la naranja aparece en varias secuencias de forma premonitoria para anunciar un suceso violento.

Daniel Galvan y su juego de manos. Foto de Alfredo Pardo.

Daniel Galvan y su juego de manos. Foto de Alfredo Pardo.

La exposición Deconstructing ab Borjas, custodia la filosofía de un proyecto didáctico que acerca la creación contemporánea al público a través de la historia y viceversa, pero tras lo visible, hay mucho más, como la relación entre artistas que hace posible su culminación, en este caso, la amistad del comisario, Alfredo Pardo, con muchos de los participantes.

“El sol es nuestro padre, pero a veces nos portamos mal y llora”.
Dersu, al capitán Vladimir Arseniev. (Dersu Uzala,1975. Akira Kurosawa)

Vicente Chambó

Galería Carolina Rojo: Yo, etcétera

Galería Carolina Rojo: Yo, etcétera
Paseo de Sagasta, 72. Zaragoza
Hasta el 7 de Junio de 2014

¿Quien tiene derecho a decir “yo”? ¿Es un derecho que hay que ganarse? Son las preguntas que, en torno a 1965, Susan Sontag dejó escritas en una hoja suelta, tachadas pero legibles. Años más tarde, tituló Yo, etcétera a la reunión de ocho ficciones que habían sido publicadas en diferentes revistas. Resultó que los etcéteras acabaron ocupando el lugar del yo.

El 21 de noviembre de 1978, Sontag escribió en su diario sobre Yo, etcétera: “El significado circula. Historias como prismas”; el 25 de febrero de 1979 hizo referencia al método cubista que guiaba Yo, etcétera: “contar historias desde ángulos diferentes”. Y el 20 de mayo de 1980, con motivo de una conferencia sobre su obra, especificó: “El cubismo literario > estar en muchos tiempos + muchos lugares, voces.”

El proyecto Yo, etcétera que presenta la Galería Carolina Rojo comparte con Susan Sontag el título de su libro y su método de trabajo en el deseo de estar en muchos tiempos y muchos lugares a través de las voces de los artistas que la galería representa. La ocasión aconsejaba invitar a la cita, además, a otros autores procedentes de diferentes ámbitos de creación, como la literatura, la música, la filosofía o el cine, con el propósito de plantear la cuestión central del proyecto: ¿Es preciso saber el “yo”? O, ¿hemos de conformarnos con los “etcéteras”?

Fotografía de la muestra expositiva "Yo, etcétera" en la Galería Carolina Rojo. Imagen cortesía de la Galería.

Fotografía de la muestra expositiva “Yo, etcétera” en la Galería Carolina Rojo. Imagen cortesía de la Galería.

La selección de las obras en exposición responde, por tanto, a un método: cada autor convocado a la cita ha elegido su particular “etcétera” de entre sus obras. No ha habido reuniones conjuntas, solo conversaciones personales, por lo que es mucho más sorprendente el resultado.

Los signos de interrogación son comunes en todos los autores. La mayoría intentan la opción de ser otro. La acción de borrar es continua; aunque sin miedo a nombrar, incluso a los monstruos. Los movimientos de enroscarse en sí mismos se repiten. El peso se hace latente junto al deseo de imaginar horizontes imposibles o nubes oscuras sobre paisajes nunca visitados. Dice Sontag que la idea que se tiene de uno mismo es lo que se es. Esa idea es, en definitiva, la que sustenta la unidad del dispositivo múltiple de narraciones construidas que son los etcéteras de este proyecto.

Fotografía de la muestra expositiva "Yo, etcétera" en la Galería Carolina Rojo. Imagen cortesía de la Galería.

Fotografía de la muestra expositiva “Yo, etcétera” en la Galería Carolina Rojo. Imagen cortesía de la Galería.

Eduardo López Banzo interroga la música y subsana lo que el copista de Handel no comprendió; debajo de las tachaduras escribe, por vez primera, la versión original en su partitura de trabajo de los Concerti Grossi Op. 6. Alejandro Cañada enseñaba a sus alumnos exigiéndoles borrar los dibujos; Enrique Radigales decidió guardar uno de los muchos dibujos que realizó durante su estancia en Cañada: en el continuo borrar, Radigales fue haciéndose. En La mala luz, Carlos Castán plantea la opción de borrar cada cosa y la suma de las cosas… “Ir olvidándolo todo”. No logra olvidar su poema perdido el protagonista de Autopsia, la novela de Miguel Serrano, quizás porque como escribe: “Después de todo, aquel poema hablaba o balbuceaba acerca de mí”. Mariano Anós parte del no saber. Charo Pradas dibuja y tacha a tinta, sobre la hiriente línea horizontal de un pequeño cuaderno, los gestos que nacen de “movimientos en lugar de otros movimientos”, como en el verso de Michaux, y acaban convertidos en monstruos. Los monstruos que Sergio del Molino en La hora violeta no puede ahuyentar. “A partir de aquí, monstruos”. Más arriba, o quizás al lado, la línea del horizonte, que en las fotografías de Jorge Fuembuena borra las fronteras que separan el mar del cielo. “¿Qué más viste, cuando estabas en mitad del mar?, se pregunta a El nadador, poema de Manuel Vilas. José Noguero pinta árboles y nubes, oscuras o vacías del color que tiñe las montañas de Landmannalaugar. De nubes que oscurecen la zona del cerebro donde se amasa el pensamiento y se tejen las palabras, sabe y escribe mejor que nadie Miguel Mena en Piedad. Y si Jorge Usán pinta la fragilidad de los pájaros en reposo, el peso de la gravedad del mundo incita a Cecilia de Val a cortar las cabezas de las figuritas de porcelana y sustituirlas por piedras. A su lado, fotografías de paisajes enardecidos que ensayan una dramaturgia diferente a la explorada por Almalé y Bondía, delatora del falso reconocimiento. Louisa Holecz mira desafiante al espectador en su Autorretrato. No hay lugar para metáforas. Y Blanca Torres decide compartir el móvil que siempre lleva encima y donde guarda lo más íntimo de su vida. Fernando Martín Godoy pinta sus habitaciones, que son sus refugios, su intimidad pictórica. Lejos del griterío de las imágenes de Yann Leto, observador atento de un mundo real, cuyos restos preserva Nacho Bolea para dar luz a nuevos alegatos que desactiven amenazas. “No sufras el dolor futuro”, escribió Sontag.

Fotografía de la muestra expositiva "Yo, etcétera" en la Galería Carolina Rojo. Imagen cortesía de la Galería.

Fotografía de la muestra expositiva “Yo, etcétera” en la Galería Carolina Rojo. Imagen cortesía de la Galería.

En este juego que nos permite fantasear con las relaciones entre las cosas, que tanto gustaba al personaje de Julia en el relato Declaración de Susan Sontag, se descubre la necesidad de contar. De hablar y hablar, para no estar solo, como la sombra que persigue José Luis Rodríguez en su novela Al final de la noche. Y porque en definitiva, como sostiene Carlos Castán, “la verdadera orfandad se produce cuando salimos de foco y los ojos que seguían nuestros movimientos se evaporan…”.

Chus Tudelilla

Fotografía de la muestra expositiva "Yo, etcétera" en la Galería Carolina Rojo. Imagen cortesía de la Galería.

Fotografía de la muestra expositiva “Yo, etcétera” en la Galería Carolina Rojo. Imagen cortesía de la Galería.