El swing vintage de Gunhild Carling solo en Valencia

Gunhild Carling y Le Dancing Pepa
Festival de Jazz del Palau
Sala Iturbi
Paseo de la Albereda, 30. Valencia
Jueves 29 de junio, 2017, a las 22.00h

Nacida en Suecia, multiinstrumentista, cantante y bailarina, Gunhild Carling llega este jueves 29 de junio al Palau de la Música de València, para participar en el XXI Festival de Jazz, en su única actuación en España, y con su estilo vintage, carisma, swing y gran energía vital.

Gunhild Carling. Imagen cortesía del Festival de Jazz del Palau.

Gunhild Carling. Imagen cortesía del Festival de Jazz del Palau.

Estará acompañada por Le Dancing Pepa Swing Band, agrupación de origen valenciano, formada por una selección de All Stars de la nueva generación de músicos de jazz del territorio nacional, como son el trombón Vicent Pérez, el saxo Joan Saldaña, la trompeta Fede Crespo, el pianista y voz Eduard Marquina, el contrabajo Jaume Guerra y el batería José Reillo. De esta manera, el público podrá disfrutar de un Swing que traslada a los oyentes a los mejores clubes de los treinta y cuarenta.

Carling es una consumada virtuosa, capaz de tocar tres trompetas a la vez, proviene de una familia de tradición circense y tiene muchos premios y reconocimientos como el Louis Armstrong-scholarship, el Kobe Jazz Street Award o el Anita o Day-priset, entre otros. Ha participado en programas de la televisión sueca como Dansbandskamper o Let´s Dance 2014, que le han hecho una figura mediática.

Carling.

Gunhild Carling en concierto. Foto de Per Jahnke por cortesía del Festival de Jazz del Palau.

Vuelta a la edad dorada americana

‘Non-profit observation’
Gracjana Rejmer-Cánovas y Ernesto Cánovas
Kir Royal Gallery Valencia
Hasta el 22 de abril de 2016

Es inevitable que se desprenda del matrimonio Cánovas, cuando deciden unirse artísticamente, una atmósfera relajada en las obras que presentan en la Kir Royal Gallery de Valencia. Probablemente esto se deba a la temática elegida cuyo objetivo es evocar la edad dorada americana, aunque quizá no sea oro (como en la edad dorada) todo lo que reluce.

Destaca que hayan logrado que las técnicas artísticas de ambos hagan su aparición en cada obra de manera análoga, y a la vez, que sean fácilmente identificables. Las gruesas siluetas de tinta de Ernesto y los recortes geométricos de Gracjana emergen en el conjunto de las obras. Quizá sea el origen barcelonés de Ernesto Cánovas y la nacionalidad polaca de Gracjana Rejmer-Canovas, las razones de que observemos en sus obras, de bases grisáceas, manchas de colores que parecen no tener relación con lo que intentan mostrar. Como si el ambiente mediterráneo de la costa brava quisiera tener protagonismo sobre el gélido mar Báltico.

Tres de las piezas expuestas.

Tres de las piezas expuestas.

Las fuentes para los trabajos presentados han sido extraídas de revistas publicitarias y de fotos de vacaciones familiares. Es por ello que, de nuevo, podemos observar una superficie calmada pues en realidad no vemos más que escenas de momentos distendidos en las templadas playas californianas.

Con el nombre “From Cocoanut Grove to Soho Nights” ya se presentaron parte de las obras expuestas aquí en la tienda de Paul Smith de Londres, donde las obras iban acompañadas de toda una suerte de mobiliario de la época. El toque vintage aún más potenciado. En esta ocasión, no se han olvidado del sentido escultórico, y aunque no han podido trasladar los mismos muebles que en aquella ocasión, el montaje no se ha permitido obviar esa experiencia 3D esencial que acompaña la obra. Se ha decidido así continuar la gomaespuma por la pared de la galería, incluso por el suelo, dando a entender que las obras no terminan en el enmarcado sino que fluyen y envuelven al espectador.

Detalle del montaje de gomaespuma por el suelo de la galería.

Detalle del montaje de gomaespuma por el suelo de la galería.

Ambos artistas han conseguido trasladarnos a su perspectiva personal de la época dorada, donde las actitudes calmadas en playas paradisiacas conviven a trompicones con los personajes de los dibujos. Como en todo período histórico, el sosiego de los años 50 y 60 dejó paso a la profunda crisis de la década de los 70. Es precisamente con los bruscos cortes de color y las marcadas líneas negras que devuelven al espectador a la realidad, como si lo que estuviéramos viendo fueran reflejos de un pasado que acabó con una profunda crisis.

Este hecho tiene sentido pues la crítica social aguda y sarcástica aparece continuamente en la obra de Ernesto como vemos en ‘Bye bye Vietnam’ (2009) o en tintas como ‘Last “walk in the park”’. Su obra se ha expuesto por Europa y Estados Unidos. La obra de Gracjana deriva del expresionismo abstracto, a raíz de símbolos abstractos realiza un estudio de color que le ha llevado a estar preseleccionada para los premios Aesthetica Magazine Art Prize 2013 y el Red Mension Art Prize 2009.

‘Non-profit observation’ o la observación sin ánimo de lucro será desde luego el ejercicio de aquel que se acerque por la Kir a, simplemente, dejarse llevar por la reflexión de los juegos de colores y de las tintas del matrimonio Cánovas. Un viaje a los años 50 americanos.

María Ramis

Los iconos robados de Coté Escrivá

Stolen Icon, de Coté Escrivá
Moosey Art Gallery
22 Bridewell Alley. Norwich (Norfolk). Reino Unido
Inauguración: jueves 9 de julio, a las 18.30h
Hasta el 25 de julio de 2015

El artista e ilustrador valenciano Coté Escrivá muestra en la galería Moosey Art de Norwich, en el Reino Unido, su nueva exposición titulada ‘Stolen Icon’ (Icono Robado), concepto que viene a partir de una frase de Picasso, «los buenos artistas copian, los genios roban».

Sponge Guy, obra de Coté Escrivá en la exposición 'Stolen Icon' de Moosey Art Gallery. Imagen cortesía del autor.

Sponge Guy, obra de Coté Escrivá en la exposición ‘Stolen Icon’ de Moosey Art Gallery. Imagen cortesía del autor.

Casi literalmente Coté ha robado, o ha cogido prestado, algunos de los iconos del arte pop y de la cultura contemporánea como el bote de sopa Campbell o el plátano de Warhol, el perro de Keith Haring, Bibendum (el muñeco de Michelín) o trozos de obras de Roy Lichtenstein, Obey, Banksy o D’Face y les ha dado una reinterpretación. Para esta muestra el artista expone dos tipologías de trabajo.

Bibendum, obra de Coté Escrivá en la exposición 'Stolen Icon' en Moosey Art Gallery. Imagen cortesía del autor.

Bibendum, obra de Coté Escrivá en la exposición ‘Stolen Icon’ en Moosey Art Gallery. Imagen cortesía del autor.

Por una parte, utiliza sus ya habituales ilustraciones de personajes animados clásicos, siempre dotándoles de una ácida visión, pero esta vez bastante más colorista de lo que nos tiene acostumbrados. Mezcla de personajes, ojos huecos o saltones, y alguna sorpresa más.

Pig Brothers, obra de Coté Escrivá en Moosey Art Gallery. Imagen cortesía del autor.

Pig Brothers, obra de Coté Escrivá en Moosey Art Gallery. Imagen cortesía del autor.

Por otra parte, se acerca al mundo del street art y del graffiti. Destaca el uso de plantillas y botes de spray para dar a sus obras un aspecto callejero. «Cada vez me fijo más en lo que rodea al mundo del arte urbano, disfruto mucho viendo en la calle paredes grafiteadas y quería trasladar esto a mis cuadros». Las nuevas creaciones de Coté están a mitad de camino entre el street art, imágenes pop con un aire vintage y un guiño retorcido y original.

Punisher, obra de Coté Escrivá en Moosey Art Gallery. Imagen cortesía del autor.

Punisher, obra de Coté Escrivá en Moosey Art Gallery. Imagen cortesía del autor.

Twisted Toons Homer, de Coté Escrivá. 'Stolen Icon' en Moosey Art Gallery. Imagen cortesía del autor.

Twisted Toons Homer, de Coté Escrivá. ‘Stolen Icon’ en Moosey Art Gallery. Imagen cortesía del autor.

 

Adsuara, el mayor coleccionista de cuerpos

El cuerpo de la fotografía
Colección de Alberto Adsuara

No hay otra igual. No, al menos, de imágenes sobre el cuerpo y el desnudo contemporáneos. Alberto Adsuara posee tan inigualable colección de más de medio millar de fotografías, realizadas por autores prestigiosos y grandes fotógrafos, tras años de intenso intercambio, búsqueda y captura. La colección destaca no sólo por su cantidad, sino por lo que el propio Adsuara considera primordial: “El conjunto posee una alta calidad debido a la excelencia de las imágenes seleccionadas”. Por eso junto a autores de la talla de Toni Catany, Sally Mann, Alexis Edwards o Isabel Muñoz, figuran otros que por su sobresaliente trabajo profesional rayan a igual altura: Pedro Hernández, Paco Moltó, Joaquín Collado, JAM Montoya, Miguel de Miguel, Juan Manuel Castro Prieto, Mariano Vargas o Manuel Sonseca.

Fotografía de Miguel de Miguel, de la colección de Alberto Adsuara. Imagen cortesía de Alberto Adsuara.

Fotografía de Miguel de Miguel, de la colección de Alberto Adsuara. Imagen cortesía de Alberto Adsuara.

La mayoría de esas fotografías que se refieren al cuerpo, en sus diversas modalidades representacionales, son fotografías analógicas en toda su amplitud. Otro hecho destacable de la colección. “Son fotos positivadas en papel químico a partir de un negativo de celuloide y, por tanto, fotografías irrepetibles”. Es decir, que no hay dos iguales y encima con la notable peculiaridad de que, como subraya Adsuara, “ya hace años que nadie copia en químico”. “Son fotos vintage que adquieren después en subastas los precios más altos”. Y pone como ejemplo las dos imágenes que tiene de Sally Mann, cuyo valor rondaría los 15.000€ cada una.

Fotografía de Isabel Muñoz, de la colección de Alberto Adsuara.

Fotografía de Isabel Muñoz, de la colección de Alberto Adsuara.

SIN TRADICIÓN FOTOGRÁFICA

Para denominar su colección, Adsuara ha optado por El cuerpo de la fotografía. ¿Por qué ése y no el más directo de El cuerpo en la fotografía? “Es más ambiguo el primero”, dice, para redondear la respuesta con otra pregunta: “¿La fotografía de un cuerpo se parece más un cuerpo o a otra fotografía?”. Y así, mediante ese cuerpo a cuerpo de unas fotografías con otras, es como Alberto Adsuara ha ido montando tan singular colección, apenas vista públicamente. Sólo Railowsky y una sala de Vinaroz perteneciente a la Universidad Jaume I han tenido el privilegio de una reducida exhibición.

Fotografía de Juan Manuel Castro Prieto. Colección de Alberto Adsuara.

Fotografía de Juan Manuel Castro Prieto. Colección de Alberto Adsuara.

“No ha habido tradición fotográfica en España, tal y como ha existido en Francia, Inglaterra o Dinamarca”, afirma quien hace tres años dejó la profesión de la fotografía “porque no daba más de sí y no quería repetir lo mismo”. De manera que su colección está a la espera de que una institución pública o privada se atreva con ella. Lo cual se antoja difícil, no sólo por los tiempos que corren, que se precipitan, sino por el terreno escasamente abonado con que cuenta Valencia. “Mientras en París había cuatro galerías por cada uno de los 16 distritos de la ciudad, aquí apenas contábamos en los 80 con Railowsky, Visor y la Sala Parpalló, hoy desaparecida como tal y en la que Artur Heras hizo un trabajo excepcional”.

Fotografía de Joaquín Collado, de la colección de Alberto Adsuara.

Fotografía de Joaquín Collado, de la colección de Alberto Adsuara.

CIUDAD CAINITA

De aquella tímida efervescencia fotográfica (“había cuatro salas dedicadas a la fotografía en toda España y dos estaban en Valencia”), ahora “no queda prácticamente nada”. Los directores de museos, según Adsuara, se han ido cargando el tema de la fotografía (“algunos lo han incluso reconocido”). De hecho, la bienal Fotográfica Valencia, que se celebró de 2006 a 2010, no ha tenido continuidad y, cuando la tuvo, tampoco llegó a contar con el suficiente calado, proyección y cuerpo que, precisamente, tiene la colección de Adsuara. “Somos una ciudad cainita”, remacha.

Fotografía de Toni Catany, de la colección de Alberto Adsuara.

Fotografía de Toni Catany, de la colección de Alberto Adsuara.

Mientras tanto, ahí está la estupenda serie de Paco Moltó sobre El Balnerario de Las Arenas, la de Joaquín Collado sobre el barrio chino de Valencia, el autorretrato de Isabel Muñoz, el “increíble” Alexis Edwards, los desnudos siniestros de JAM Montoya, el “menos habitual desnudo” de Castro Prieto, la carnalidad de Pedro Hernández o el excelente trabajo de Toni Catany. Todos ellos esperando algún día ver la luz pública a través de una colección que Adsuara completa, aunque “en tono menor”, con una serie sobre el paisaje y el entorno. Medio millar de fotografías con el cuerpo como protagonista. Una sorprendente historia del ojo en imágenes que cautivan por su alta calidad, su rareza y el misterio de su privacidad.

Fotografía de Alexis Edwards, de la colección de Alberto Adsuara. Imagen cortesía de Alberto Adsuara.

Fotografía de Alexis Edwards, de la colección de Alberto Adsuara. Imagen cortesía de Alberto Adsuara.

Salva Torres