El Cervantes viajero en imágenes

Miguel de Cervantes o el deseo de vivir
Fotografías de José Manuel Navia
Instituto de Cervantes
C / Alcalá, 49. Madrid
Hasta el 1 de mayo de 2016

Este año 2016 se conmemora el cuatrocientos aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes, un hombre que en innumerables ocasiones ha quedado eclipsado por la proyección de la figura quijotesca de su gran creación literaria. Por ello, hay quien cuatro siglos después -contemplando la vigencia que conservan sus grandes obras- insiste en dotar a nuestro gran autor de una visión actual.

Cervantes, más que ningún otro, se acercó “al tuétano del país, a la médula” al escribir sobre “la España real de la que ahora hablan tanto políticos y periodistas, y al dar voz a aquellos que no la tienen”. Quien pronuncia esta frase es José Manuel Navia, un filósofo de carrera y fotógrafo de profesión que se atreve a considerar que la fotografía tiene que ver más con la literatura que con las artes plásticas. Es precisamente esta primera disciplina la que sirve de denominador común en muchos de sus trabajos.

Ítaca. Fotografía de José Manuel Navia por cortesía del Instituto Cervantes de Madrid.

Ítaca. Fotografía de José Manuel Navia por cortesía del Instituto Cervantes de Madrid.

Los biógrafos más modernos (“porque los antiguos tendían, a veces, a disfrazar la historia de literatura para engrandecer al personaje”, dice Navia) concuerdan en que la vida de Cervantes está “llena de lagunas”, lo que ha servido como “estímulo” a Navia para “hacer casi lo que quisiera” durante su periplo por los lugares que recorrió el escritor a lo largo de su vida. Y no son pocos. Su carácter aventurero, “muy de su época”, lo llevó desde Madrid hasta Argel, pasando por Nápoles o Sevilla, siendo testigo y partícipe de verdaderos hitos históricos como la Batalla de Lepanto.

“Viajó una barbaridad para su tiempo. De Madrid a Sevilla eran diez días de viaje en una mula”, cuenta Navia. Sus trayectos, enfocados desde un punto de vista actual y documental (como casi todo lo que hace Navia), pueden contemplarse hasta el día 1 de mayo en la sede del Instituto Cervantes de Madrid. Las 66 fotografías que componen la exposición titulada ‘Miguel de Cervantes o el deseo de vivir’ -organizada por Acción Cultural Española (AC/E) y por el Instituto Cervantes- pretenden mostrar al espectador “en qué se fijaría Cervantes si hoy volviese a pasear por aquellos lares”.

“No me interesaba andar buscando lo que queda del mundo de Cervantes porque si no acabas haciendo un libro de monumentos”, explica Navia. Así, la imagen que da el pistoletazo de salida a la historia de la vida de Cervantes es la de unos títeres, en alusión a su infancia. Una imagen capturada en Alcalá de Henares (donde nació Cervantes en 1547), que aparece junto a otra de un penitente durante una procesión, que muestra “la ilusión y los rigores de un país obsesionado por la limpieza de sangre”.

Lepanto. Fotografía de José Manuel Navia por cortesía del Instituto Cervantes de Madrid.

Lepanto. Fotografía de José Manuel Navia por cortesía del Instituto Cervantes de Madrid.

Tras una instantánea de Córdoba, ciudad de donde procedía su familia paterna y en la que Cervantes pudo pasar algunos años de su infancia, Navia nos lleva a Madrid, donde un joven Miguel, aspirante a escritor, acude a los estudios del maestro Juan López de Hoyos, en la calle de la Villa. Las imágenes del Madrid contemporáneo dejan clara la intención de Navia en este trabajo: volvemos a esta hipotética óptica actual de Cervantes cuando vemos a una joven que se enciende un cigarro sentada en una terraza en un céntrico barrio popular de Madrid.

En diciembre de 1569, Miguel (pues Navia ha de tratarle familiarmente sin remedio) se traslada a Roma “al servicio del cardenal Acquaviva”. Abandona España “para evitar una amenazadora sentencia”: es acusado de herir en un duelo a Antonio Sigura, un maestro de obras. Viaja por Italia hasta convertirse en soldado, y bajo ese rol pasea por los Quartieri Spagnoli de Nápoles, que también tienen su espacio en la exposición. Según José Manuel Navia, “siguen siendo prácticamente como en el siglo XVI”.

La Batalla de Lepanto tiene, por supuesto, su hueco en Miguel de Cervantes o el deseo de vivir. “Fueran por donde fueran esos barcos combatientes -reflexiona Navia-, debían de pasar por Ítaca”. Señala el fotógrafo la imagen que muestra la isla y exclama: “¡qué bonito que Cervantes pasara por allí habiendo leído ya a Homero!”. El texto que corona las fotos que ilustran este periodo reza: “Don Quijote será, simple y llanamente, un manchego transfigurado en héroe homérico”.

Magreb. Fotografía de José Manuel Navia por cortesía del Instituto Cervantes de Madrid.

Magreb. Fotografía de José Manuel Navia por cortesía del Instituto Cervantes de Madrid.

La importancia del Magreb

Herido de gravedad en combate y con el brazo izquierdo inútil de por vida, el intrépido Cervantes aún intervendría en otros episodios bélicos que le llevarían por el Magreb, origen del mundo morisco “que siempre tendrá presente”. Dada su importancia, son numerosas las fotografías que detienen el tiempo de esta fase vital de nuestro más ilustre escritor, cuyas protagonistas son a menudo mujeres rodeadas de colores cálidos en calles y playas que no parecen haber cambiado demasiado con el paso de los años. En esta parte del recorrido sitúa también Navia los cinco años de cautiverio en Argel y su llegada posterior a Orán, tras un breve paso por Portugal.

Llegará, por fin, a Sevilla. Y lo hará solo, a pesar de haberse casado poco antes con la joven Catalina de Esquivias. “Me apetecía mostrar que llega a lo mundano”, dice Navia sobre las fotos que hablan de Andalucía. En Sevilla, verdadera capital económica de España por entonces, “es donde Cervantes vive la vida desenfadada y mundana”. Así, podemos ver a las señoras de pelo corto, lacado e idéntico, que pasean por las calles encaladas, los peculiares personajes callejeros, la espalda de una mujer bonita y las tabernas y pensiones donde Cervantes se hospedaría durante su labor como recaudador de impuestos, que le llevaría por pueblos andaluces como Montilla, Écija, Estepa o Castro del Río.

Playa San Juan. Fotografía de José Manuel Navia por cortesía del Instituto Cervantes de Madrid.

Playa San Juan. Fotografía de José Manuel Navia por cortesía del Instituto Cervantes de Madrid.

Los títeres retornan a la exposición de Navia al volver Miguel de Cervantes a Valladolid donde lo encontramos en 1604. “Será el momento de regresar al hogar y dedicar los años que le queden al oficio de la escritura”, tras haber recorrido numerosos lugares y aventuras. Es en estos años cuando publica las dos partes del Quijote (1605 y 1615) y es por ello que La Mancha (con sus molinos captados de una manera alejada de la tradicional, sus asadores en carreteras lluviosas, un casino o las Lagunas de Ruidera) ocupa un lugar destacado en ‘Miguel de Cervantes o el deseo de vivir’.

Una última etapa en Madrid (llama especialmente la atención una fotografía de un teatro con sus butacas tapadas con sábanas “para que no se empolve”: “una metáfora visual de que Cervantes no tuvo éxito como dramaturgo”) y unas fotografías de Barcelona en la noche de San Juan, fiesta en la que Don Quijote y Sancho ven el mar por primera vez en la Segunda Parte del Quijote, cierran esta exposición, que viene a ser una oda a la vida, un cántico a la libertad que Navia ha llevado a cabo en soledad -su estado preferido para trabajar-, sin prisas, esperando a veces durante horas o dando de inmediato con la imagen perfecta.

Navia, amigo de la secuencia y enemigo de los ‘selfies’ y del abuso de los retratos, aboga por la práctica del ‘documentalismo lírico’, un concepto utilizado por Walker Evans, fotógrafo americano conocido por documentar los efectos de la Gran Depresión. De ello se ha servido para perseguir a Cervantes, pues hoy parece estar más vivo que nunca.

Campo de Criptana. Fotografía de Navia por cortesía del Instituto Cervantes.

Campo de Criptana. Fotografía de José Manuel Navia por cortesía del Instituto Cervantes de Madrid.

La mirada despierta de Sergio Larraín

Sergio Larraín: Vagabundeos
Organizada por el Centro José Guerrero de la Diputación de Granada y producida por
Magnum Photos
Centro José Guerrero
C / Oficios, 8. Granada
Hasta el 27 de marzo de 2016

El fotógrafo chileno Sergio Larraín (1931-2012) atravesó el universo de la fotografía como un meteorito. Su preocupación por la pureza y su atracción por la meditación lo llevaron, después de muchos viajes, a retirarse al campo chileno, donde enseñó yoga para vivir en autarquía. Desde allí escribió mucho, preocupado por la necesidad de transformar la humanidad.

La exposición abarca toda su trayectoria, desde los primeros años de aprendizaje hasta su período Magnum, de las imágenes documentales a aquellas más libres de sus dibujos y los satori. Sergio Larraín tenía un ojo muy vivo, desligado de toda convención. Este enfoque a la vez social y poético hace de Larraín un fotógrafo brillante y un modelo que han seguido las nuevas generaciones.

Fotografía de Sergio Larraín. Imagen cortesía de Centro José Guerrero.

Fotografía de Sergio Larraín. Imagen cortesía de Centro José Guerrero.

La del vagabundeo es quizá la poética con la que el arte entró en la modernidad. Baudelaire y Benjamin valoraron en ella la observación atenta y cabal de la ciudad, la confluencia de los ritmos urbanos y el cuerpo del paseante (la mirada alerta, la escucha). También Sergio Larrain elogió (y eligió) esa actitud. Fue fotógrafo por el placer del vagabundeo, por el deseo profundo de estar en el mundo y por la pureza del gesto. Y sin embargo, pasó gran parte de su vida retirado, practicando yoga y meditación, escribiendo y dibujando. Entre esos dos extremos brilla la estela de su paso por el mundo, intensa como la de una estrella fugaz.

Hijo de una familia de la alta burguesía chilena, Sergio Larrain (1931-2012) se alejó muy pronto del ambiente mundano que se respiraba en casa de su padre, conocido arquitecto y coleccionista de arte. A pesar de las difíciles relaciones que mantuvo con él, llegó a reconocer que gracias a la nutrida biblioteca familiar pudo educar su mirada y acceder a la fotografía.

Tras comenzar los estudios en Estados Unidos, viajó por Europa con su familia. A su regreso a Chile en 1951, se aisló durante una temporada y se inició en la meditación. En Norteamérica había comprado una Leica, y comenzó a hacer fotografías al tiempo que frecuentaba asiduamente el animado ambiente artístico de Santiago. En 1954, deseoso de obtener una opinión sobre su trabajo, envió un portfolio al MoMA de Nueva York y Steichen le compró algunas fotografías, lo que le reafirmó en su deseo de ser fotógrafo.

Fotografía de Sergio Larraín. Centro José Guerrero.

Fotografía de Sergio Larraín. Centro José Guerrero.

Trabajó como free-lance para la revista brasileña O Cruzeiro, viajó por América del Sur y más tarde recibió una beca del British Council para hacer fotografías en Londres, donde residió durante el invierno de 1958-1959. Con ocasión de este viaje a Europa se hizo realidad su deseo de entrar en Magnum: mostró a Henri Cartier-Bresson su trabajo sobre los niños abandonados de Santiago y fue aceptado en la prestigiosa agencia. Se instaló, pues, en París durante una temporada, lugar desde donde partiría para realizar numerosos reportajes de prensa.

Muy pronto comprendió que ese mundo apresurado no era para él y volvió a Chile. Allí culminó su principal trabajo, sobre Valparaíso, junto a Pablo Neruda, antes de volver a la meditación, al yoga y al dibujo. A partir de entonces vivió en un aislamiento voluntario, durante el que mantuvo correspondencia con numerosos amigos, obsesionado con la idea de salvar al planeta de los estragos causados por el hombre. Pasó los últimos treinta años de su vida en Tulahuén, en el norte de Chile.

Fotografía de Sergio Larraín. Centro José Guerrero.

Fotografía de Sergio Larraín. Centro José Guerrero.

Esta exposición, comisariada por Agnès Sire, abarca toda la trayectoria de Sergio Larraín, fotógrafo cuya mirada despierta, desligada de toda convención, y cuyo enfoque a la vez social y poético hicieron de él un brillante referente para generaciones posteriores. En las salas del Centro José Guerrero se distribuye su obra en distintas secciones, con un arco cronológico que va de 1954 a 1977, desde los primeros años de aprendizaje hasta su período Magnum, de las imágenes documentales a aquellas más libres de sus dibujos y los satori.

En la planta baja se muestran las series Isla de Chiloé (1954-1963) y Niños abandonados (1955-1963), a la que acompaña el corto Niños del río Mapocho. La primera planta acoge las series tituladas Bolivia, Perú, Buenos Aires, París y Londres (1958-1975). En la segunda planta se exhiben las obras de las series Italia, Valparaíso y Santiago (1959-1977), además de una muestra de los satori y dibujos de su última época y libros, catálogos y revistas que recogen su obra, así como algunos tirajes originales.

Fotografía de Sergio Larraín. Imagen cortesía de Centro José Guerrero.

Fotografía de Sergio Larraín. Imagen cortesía de Centro José Guerrero.

 

Palabras de hoy para fotografías de ayer

Relatos en blanco y negro
Generación Bibliocafé (GB)

Un grupo de amigos y conocidos amantes de la literatura en su doble vertiente como lectores y escritores. Una serie de talleres literarios para iniciarse en sus misterios. Un local donde reunirse a intercambiar conocimientos e ideas, la librería cafetería Bibliocafé de José Luis Rodríguez y su esposa Fernanda.  Así surgió de una forma espontánea la Generación Bibliocafé (GB) a partir de una idea tan simple como eficaz: ¿Por qué esperar que publiquen nuestros escritos? ¡Hagámoslo nosotros! Y se lo tomaron tan en serio que unos tres años después ya tienen una biblioteca propia de doce volúmenes de contenido variopinto. Desde temas ligeros, como viajes, gastronomía y mascotas, a asuntos candentes de plena actualidad; violencia de género o el drama de la inmigración.

Pese a la lamentable desaparición de la librería Bibliocafé, los miembros del colectivo se mantienen unidos, ilusionados y  productivos como el primer día. Varios de ellos ya han publicado novelas en solitario y en conjunto demuestran su capacidad de superación en cada proyecto que emprenden.

Portada de Relatos en blanco y negro. Generación Bibliocafé.

Portada de Relatos en blanco y negro. Generación Bibliocafé.

El pasado mes de diciembre apareció su duodécimo título presentado con gran expectación en el palacio de los Condes de Alpuente, en la calle Caballeros. Se trata de un libro homenaje a  Valencia y sus habitantes de un ayer relativamente próximo que parece muy lejano en el tiempo. A partir de la colección de fotografías antiguas del blog de Julio Cob, dos docenas de autores, con declarada mayoría femenina, han urdido otras tantas historias, 24 en total, reunidas en Relatos en blanco y negro.

Variedad de estilos, de temas, brevedad y concisión. Es el aliciente de esta obra colectiva que sumerge al lector en una época de tonalidades grises, la sociedad del franquismo atenazada por la hipocresía, la represión y las secuelas del gran desastre que fue la guerra civil.

En ‘Cola de caballo’ Susana Gisbert cuenta la historia de dos hermanos huérfanos separados por duras circunstancias que vuelven a reencontrarse tras muchos años. Inmaculada Martínez describe en ‘Crisantemos, 1934′  el estado de ánimo de una madre viuda a causa de la guerra de África que se dispone a comprar flores para la tumba de su marido.

Saler. Imagen cortesía de Generación Bibliocafé.

Saler. Imagen cortesía de Generación Bibliocafé.

No sólo hay espacio para el drama. En clave humorística Mauro Guillén recuerda el gran impacto que tuvo en la sociedad española la llegada del Seiscientos (Modernidad), y Fuensanta Niñirola relata en ‘Una vida a trompicones’ la vida de una mujer que, pese a su tendencia a sufrir accidentes, tiene una vida dichosa y plena. La nota rural la pone Ángel Marqués con su cuento ‘Alegría’, nombre de la mula del abuelo del narrador, un avispado animal que es testigo de su iniciación en el sexo y la muerte.

Don Vicente Blasco Ibáñez protagoniza dos relatos. ‘El Boa’, de Herminia Luque recrea la relación del fogoso escritor con la famosa escritora doña Emilia Pardo Bazán, varios años mayor que él. Confesiones a María de Luisa Berbel es el propio Blasco Ibáñez quien, en una carta imaginaria a su primera esposa María Blasco, le pide disculpas por no haber prestado suficiente atención a su familia debido a sus vocación viajera y aventurera.

El bibliófilo e historiador Rafael Solaz, Pilar Martínez, el equipo de Côdez Iuvenis y el joven diseñador Marcos Escolano son otros colaboradores de este proyecto.

Riada en Valencia. Imagen cortesía de Bibliocafé.

Riada. Imagen cortesía de Generación Bibliocafé.

Bel Carrasco

Cámaras en el exilio

Fotógrafos valencianos
Proyección internacional a través del exilio

En un mundo plagado de imágenes que viajan a velocidad de vértigo a través de Internet y las redes sociales, qué distingue a un artista de la fotografía de un profesional o un aficionado. Un cúmulo de factores difíciles de cuantificar. La mirada, la perspectiva, el encuadre, el punto de vista… Amén de una técnica más depurada, el artista aporta su visión personal, a través de la cual un fragmento atrapado de la realidad muda en arte al aportar un ángulo diferente, otra manera de ver las cosas que provoca en el espectador una reacción de identificación o rechazo.

La fotografía artística en Valencia incluye un amplio catálogo de autores, obras y tendencias unidos por un denominador común. El exilio a Madrid, Barcelona u otra gran capital europea es obligatorio si se desea lograr una proyección internacional. “En los ochenta el mundo de la fotografía artística estaba atomizado y habían más oportunidades para los nuevos creadores”, comenta Juan Pedro Font de Mora, de la librería y galería fotográfica Railowsky. “En los últimos años se ha ‘recentralizado’ en Madrid y los catalanes viven inmersos en su propio espacio y sólo se interesan por sus propias producciones”.

Fotografía de Joaquín Collado.

Fotografía de Joaquín Collado.

El ‘cándido’ artesano

Pese a esta situación, dos grandes veteranos, Joaquín Collado y Francisco Moltó, han visto recompensada su larga trayectoria. Durante la primavera de 2014 se celebraron actos y exposiciones para rescatar la ingente obra de Collado, que también se expondrá, a partir del próximo 8 de octubre, en la galería Clément Kauterde París. Collado inició su actividad fotográfica a principios de los años cincuenta y a lo largo de varias décadas su mirada amable, próxima y humana captó la evolución de la sociedad valenciana. “Cuando se quiere hacer una foto de personas, lo más importante es la conversación”, dice el fotógrafo que mejor ha captado la realidad en tonos de grises del Barrio Chino.

De niño, Francisco Moltó fantaseaba con la idea de ser aviador y espía, y muy joven empezó a hacer fotos en el Puerto, a los aviones de Manises y a la gente con quien se cruzaba en sus viajes. La exposición Rostros de ciudad,  presentada la primavera pasada en el MuVIM, reunía un centenar de sus instantáneas realizadas entre 1962 y 2009. También es autor de Stockholm, una galería de imágenes captadas a la intemperie de una hermosa y fría ciudad sueca, Estocolmo.

Fotografía de Paco Moltó.

Fotografía de Paco Moltó.

Fiel a la cámara analógica y al blanco y negro, Moltó se incluye en la llamada fotografía cándida, emparentado con Salomon, Cartier-Bresson, Evans, Winogrand o Català-Roca. Es un cazador de imágenes en el bullicio de la calle. “Fotos de gente vista de modo muy simple, como a través de los ojos de los paseantes; la humanidad del momento”, señaló Moltó en la inauguración de su muestra citando a Robert Frank.

Junto a estos veteranos de avanzada edad, otros fotógrafos valencianos han alcanzado la consagración en el mundo del arte: Eduardo Nave, Sergio Belinchón, Ricardo Cases, Julián Barón y Xavier Mollà.

Fotografía de Eduardo Nave.

Fotografía de Eduardo Nave.

Atentados de ETA

La impresión que le produjo a Eduardo Nave el atentado de la ETA contra el padre de un compañero, Manuel Broseta, fue el punto de inspiración de uno de sus principales trabajos, A la hora, en el lugar, una crónica desnuda del horror que reúne 45 escenarios donde la banda ETA ejecutó sus crímenes.

Ricardo Cases nació en Orihuela, pero estudió periodismo en Bilbao y ha trabajado como fotógrafo de prensa en El Mundo y varias revistas. Es uno de los autores incluidos en la Biblioteca de LaFábrica en su colección de bolsillo. Imágenes de caza y personajes pintorescos atraen el interés de una cámara que atrapa el momento sin concesiones estéticas. Su mirada rehúye la imaginería pop y se centra en las pulsiones que laten bajo la superficie banal, kistch y poco glamurosa de la España contemporánea.

Sergio Belinchón trabaja actualmente en Berlín, también en forma soporte vídeo. Los temas sobre los que gira su obra son la ciudad como escenario, la transformación del territorio, el turismo y los espacios donde la realidad y la artificialidad se confunden. Muchos de sus proyectos hablan de la relación que el ser humano establece con este entorno desde su ausencia.

Julián Barón se especializa en fotolibros, proyectos comprometidos con la actualidad, como los que ha publicado sobre la muerte de Franco o el relevo del Rey. Relatos sin palabras basados en una personal manipulación de imágenes televisivas.

Fotografía de Xavi Mollà, de su exposición Correspondencia amb Mediterránia en el Museo de Etnologia de Valencia.

Fotografía de Xavi Mollà, de su exposición Correspondència amb Mediterrània en el MuVIM.

La exposición del MuVIM Correspondència amb Mediterrània reúne la primera obra individual de Xavier Mollà presentada en un museo valenciano. Desde su objetivo, el Mediterráneo es como “la gran plaza del pueblo y los países son las casas alrededor”, dice Mollà. Sus instantáneas en blanco y negro abarcan desde 1987 hasta 2015, divididas en diversos capítulos que despliegan la grandiosidad del mar y de los lugares detrás de su orilla, retratos, circunstancias, la vida o el tránsito de personas, entre los que se incluye el drama del éxodo  provocado por la Guerra de los Balcanes u otros conflictos.
No es una retrospectiva, no narra la crónica de la actualidad, es una utopía para “demostrar que en cualquier lugar podemos convivir, porque nos entendemos a pesar de las diferencias religiosas y de los intereses”, afirma el fotógrafo de Ontinyent.

Históricos

La maldición del obligado exilio de las cámaras se proyecta también hacia el pasado. Autores como José Martínez Sánchez (1807-1874), retratista de la alta sociedad madrileña de mediados del siglo XIX, uno de los primeros reporteros gráficos  e inventor de técnicas fotográficas como la leptografía. Nació y falleció en Valencia aunque ejerció su oficio en Madrid.

Fotografía de José Martínez Sánchez.

Fotografía de José Martínez Sánchez.

Una de las fotos que realizó en el Puerto de Valencia, con motivo del viaje de la reina Isabel II, en 1858, está considerada como la primera que se tomó de un amanecer. María José Rodríguez y José Ramón Sanchis, archiveros valencianos, recuperaron en un libro la obra y memoria de este artista que, tras una época de gloria en su estudio madrileño, murió arruinado en un hospital de Valencia.

Gabriel Cualladó (1925- 2003), miembro del Grupo Afal y del movimiento de renovación de la fotografía española, es otro valenciano  que triunfó en Madrid, donde trabajaba en una empresa de transportes de su familia. Realizó sus primeras fotografías a su hijo con una cámara Capta, y a partir de ahí se inició su interés por la fotografía.

Bel Carrasco

Colectivos literarios: Yo escribo, tú escribes…

Colectivos literarios de Valencia
Generación Bibliocafé, El Cuaderno Rojo, Lab, Valencia escribe

El oficio del escritor es solitario, una pugna diaria entre la creatividad de su mente y las exigencias de la página en blanco. Los autores se nutren de su propia experiencia, de sus lecturas y viajes, pero también de su relación con otros colegas en las que con frecuencia se entremezclan rivalidad y compañerismo. Las tertulias de poetas, filósofos y literatos son tan antiguas como la Humanidad y han perdurado durante siglos.

Con la irrupción de las nuevas tecnologías se ha dado un paso más, una nueva vuelta de tuerca. Una interrelación más frecuente y estrecha entre los escritores a través de internet y las redes sociales. También la oportunidad de la autoedición, pues muchos que antaño sólo tenían la posibilidad de publicar si ganaban algún premio literario puedan ver hoy sus textos en papel compartiendo páginas y título con sus compañeros. Obras ‘multifirmas’. Los colectivos literarios que funcionan en Valencia ya han generado una biblioteca propia que crece cada día. Los más prolíficos son ‘Generación Bibliocafé’ y ‘El Cuaderno Rojo’. Pero también ‘Lab’ o ‘Valencia escribe’ han editado recientemente libros de relatos.

‘El Cuaderno Rojo’, en homenaje a la novela de Paul Auster, se creó en 2010. Varios alumnos que ese año cursaron los talleres de Antonio Penadés y Santiago Posteguillo decidieron crear un grupo que les permitiese seguir en contacto. “No sólo para tomar cervezas, que también, sino para seguir aprendiendo a escribir y darnos apoyo mutuo en la creación de textos”, dice Bernardo Carrión, uno de los fundadores. ‘El Cuaderno Rojo’ nació en una fecha simbólica, el 23 de abril de 2010, Día del Libro con un grupo de nueve personas en torno a Santiago Álvarez y un grupo de Yahoo!

“Durante los tres años siguientes el grupo cruzó 6.000 mensajes y se sucedieron todo tipo de reuniones para hablar de tramas, personajes o cualquier asunto relacionado con la creación literaria”, recuerda Carrión. “El grupo también se abrió a su entorno y programó actividades abiertas como las liturgias del escritor, en que un autor explicaba su forma de trabajar, o las mesas redondas con varios invitados. Esta primera etapa culminó con la publicación de 11 monstruos por encargo, una antología editada por Acen”.

Portada del libro '11 Monstruos por Encargo'. Cortesía de sus autores.

Portada del libro ’11 Monstruos por Encargo’. Cortesía de sus autores.

Tras tres años de actividad se duplica el número de sus miembros, de 11 a 22, y en mayo de 2014 aparece la segunda antología de 22 relatos, Cuentos del tarot. Actualmente se están preparando dos nuevas antologías: Sangre y niebla y Guerra y mujer.

Varios miembros del grupo ya han publicados novelas en solitario, en el caso de Jordi Llobregat (El secreto de Vesalio) con derechos vendidos a varios países. También son autores conocidos: Marta Querol, Vicente Marco, Santiago Álvarez y  Miguel Ángel Badal. Además del propio Carrión otros miembros ya tienen novelas acabadas en fase de prepublicación: Enrique Huertas, Raúl Borrás, Marina López y Yolanda León.

Con una docena de títulos publicados, ‘Generación Bibliocafé’ (GB) es uno de los colectivos más prolíficos, vinculado a la cafetería librería del mismo nombre que cerró el año pasado. Desde entonces Wayco, en la calle Gobernador Viejo, es su punto de encuentro al que también acuden los colegas de ‘El Cuaderno Rojo’.

“Este año hemos publicado dos libros y tenemos otros dos en marcha”, dice Mauro Guillén uno de los fundadores que se encarga de las tareas de edición. “Al principio éramos ocho autores y ahora ya somos 56 escritores que disfrutamos con los libros por partida doble, al  escribirlos y al leerlos”.

Portada de Horacio Silva del libro 'Por amor al arte',

Portada de Horacio Silva del libro ‘Por amor al arte’. Cortesía de sus autores.

Arte e inmigración

Uno de sus últimos trabajos es Por amor al arte, 28 relatos sobre museos y el mundo de las artes plásticas, con una magnífica portada de Horacio Silva. “Es el libro que mejor ha funcionado, se ha vendido bien y a la gente le gusta mucho. Se nota que el grupo ha madurado y se empiezan a vislumbrar a buenos autores”, cuenta Guillén.

La GB editó un libro comprometido contra la violencia de género y también Relatos sin fronteras, un proyecto solidario en colaboración con el CEAR  y la Fundación por los Derechos Humanos. Son 23 historias, la mayoría muy duras, pero llenas de esperanza. Los beneficios de las ventas están destinados a estas dos instituciones.

Lab, portada del libro.

Portada del libro ‘Once cámaras acorazadas’, de Lab. Cortesía de sus autores.

Sin dogmatismos

Imprevisualizaciones y Once cámaras acorazadas son los títulos editados por ‘Lab’, colectivo de escritores fundado en 2011 que celebra reuniones periódicas en la Galería Imprevisual. “Nos caracterizamos por rehuir todo tipo de dogmatismos, por poner a prueba el empaque de los escritores criticados y por cierto frikismo en torno hasta qué punto las metáforas deben ser sutiles”, dice Ximo Azagra, uno de los fundadores.

En Once cámaras acorazadas, pese a la libertad de temática, género y estilo se da un punto común: una visión existencial desencantada. “Los protagonistas no tienen grandes aspiraciones y llevan con relativo estoicismo su enfrentamiento a conflictos vitales, pero dudan que su solución vaya a mejorar su vida”, comenta Azagra. “Hay tres tipos de miradas: realistas, con más mala uva y más especulativas”.

‘Valencia escribe’ es otro colectivo que se mueve mucho por  Facebook, que ha publicado su primer libro de relatos, Buffet Libre, editado por Guillen, en el que participan también algunos autores de la GB.

Portada de Buffet Libre, de Valencia escribe. Cortesía de sus autores.

Portada de Buffet Libre, de Valencia escribe. Cortesía de sus autores.

Bel Carrasco

‘Colectiva’ de Expósito y Núñez en Lametro

Colectiva, de José Expósito y Antonio Núñez
Sala Lametro José Ramón García-Antón
Estación de Metro de Colón. Valencia
Hasta el 31 de marzo, 2015

La sala Lametro-José Ramón García-Antón de la estación de Colón de Metrovalencia acoge, hasta el 31 de marzo, la exposición de pintura y escultura ‘Colectiva’ de José Expósito García y Antonio Núñez, dos artistas que retoman el contacto con el público tras un periodo al margen de la actividad artística.

En la obra de José Expósito García (Camas, Sevilla, 1954, y residente en Valencia desde 1972) se puede contemplar esculturas en talla de piedra y madera, con el cuerpo humano como tema principal, torsos masculinos y cuerpos femeninos, con diferentes enfoques y tallados con diversos tipos de maderas y acabados.

Obra de José Expositivo en la exposición 'Colectiva'. Imagen cortesía de Lametro.

Obra de José Expositivo en la exposición ‘Colectiva’. Imagen cortesía de Lametro.

Además, exhibe pinturas sobre tabla en las que predomina la investigación y la búsqueda para expresar sensaciones mediante la textura y el color, tomando como fuente de inspiración temas que siempre le han motivado, como son los volcánicos, los relacionados con el agua y fondos marinos, las manifestaciones artísticas  primitivas y aborígenes.

También se pueden admirar cuadros realizados en acrílico inspirados en la técnica de su admirado Manolo Millares, componiendo formas y expresando sensaciones, con la combinación de arpilleras de distintas texturas, así como pinturas de un estilo más realista inspiradas en viajes reales e imaginarios.

Obras de Antonio Núñez en la exposición 'Colectiva'. Imagen cortesía de Lametro.

Obras de Antonio Núñez en la exposición ‘Colectiva’. Imagen cortesía de Lametro.

En el trabajo de Antonio Núñez (Puerto de Sagunto, 1963), se puede contemplar esculturas realizadas en técnica mixta, buscando combinaciones de mármol, madera y en algunos casos toques de acero inoxidable, todo ello unidos entre sí en una sola pieza. En cuanto a su estilo, se inspira en el conocimiento de la forma y la materia, creando figuras humanas en su mínima expresión. Otras veces, simplemente se deja llevar por trazos sugerentes y toques conceptuales.

Su obra busca contrastes visuales de frío y calor, el mármol, la madera…., así como motivos claros para distorsionar la realidad, con materiales que se doblan y desean huir de sus atributos más naturales.

Obras de Antonio Núñez en la exposición 'Colectiva'. Imagen cortesía de Lametro.

Obras de Antonio Núñez en la exposición ‘Colectiva’. Imagen cortesía de Lametro.

La sala, que permanece abierta al público de martes a viernes de 11:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 20:00 horas, y los sábados en horario de tarde, cuenta desde su inicio con el patrocinio de Vossloh, empresa radicada en Albuixech y dedicada a la fabricación de unidades ferroviarias.

Con esta sala de exposiciones, FGV quiere consolidar como habituales en el conjunto de las estaciones de la red propuestas culturales y otras, como actuaciones musicales o campañas de sensibilización como las que desarrolla Línea 0. Estas iniciativas se ofrecen con el objetivo de conseguir que las estaciones de Metrovalencia sean algo más que un simple lugar de paso.

Obra de José Expósito en la exposición 'Colectiva'. Imagen cortesía de Lametro.

Obra de José Expósito en la exposición ‘Colectiva’. Imagen cortesía de Lametro.

El ‘éxito’ de Jacinto Salvadó

Jacinto Salvadó (1892-1983)
Galería Muro
C / Correjeria, 5. Valencia
Inauguración: jueves 26 de marzo
Hasta el 30 de abril, 2015

Lo poco que se conoce de la vida de Jacinto Salvadó es digna de una novela escrita por Alejandro Dumas. Una biografía que recorre dos guerras mundiales y una guerra civil, el fallecimiento traumático de un hijo, una grave enfermedad cuando tenía 10 años, largos viajes a pie por el norte de España,  problemas con la autoridad, residencia en diferentes países europeos, varios personajes de la vanguardia de principios de siglo, masonería, anarquismo, intrigas entre pintores famosos, un viaje fallido a Hollywood la meca del cine, profundo olvido oficial y merecida posterior recuperación histórica. Todos los ingredientes necesarios para dotar a Salvadó de una fuerte personalidad que cristaliza creativamente, porque todo lo que necesita un pintor  está en los libros, en el taller y en la calle, o sea, en la vida, y a Jacinto la suya le dio para mucho.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen cortesía de Galería Muro.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen cortesía de Galería Muro.

Diferente es la suerte crítica que nuestro protagonista ha tenido a lo largo del tiempo y, a pesar de ser muy valorado en algunos periodos, al llegar a la vejez se había convertido en un “transpapelado”. Es solo muy al final de su vida cuando, gracias a la labor de galeristas como Juana Mordó y Basilio Muro, y de críticos como Juan Manuel Bonet,  comienza a fraguar el lugar que la historia reserva a este exitoso pintor español.

¿Y por qué digo exitoso si antes lo señalé como un olvidado? Porque desde mi punto de vista, una de las mayores cotas a las que puede aspirar un pintor es la de poder y querer pintar hasta el final. Sobreponerse a la incertidumbre, la moda, los contratiempos, el público, el mercado, los críticos, la vida, las responsabilidades cotidianas, las necesidades económicas, es mucho mas difícil de lo que puede parecer. La prueba fehaciente es que hay muchos artistas, grandes y pequeños, que dejaron de pintar.

Algunos por pereza, como Sebastian del Piombo (1485-1547), la mayoría porque abandonan antes de tiempo y otros porque delegaron completamente su taller en aprendices o ayudantes.  En cambio están los que como Picasso y Salvadó pintaron hasta el último suspiro. Si  traigo a colación al genio malagueño es por dos motivos, primero porque él es uno de los pocos a los que se les ha permitido cambiar de estilo sin pagar tributo por ello. Y puede que sea precisamente esto, el estilo, o mejor dicho la falta del mismo, de un estilo unitario, una de las causas que ha desubicado a Jacinto durante tanto tiempo en la historiografía oficial.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen obtenida de su web.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen obtenida de su web.

A muy pocos pintores se les deja campar a sus anchas por la pintura sin ser crucificado por ello -¡que le pregunten a Philip Guston (1913-1980)!-, porque como decía el actor Benicio del Toro en la película ‘Basquiat’ (Jualian Schnabel, 1996) para tener éxito tendrás que hacer siempre lo mismo. Y Jacinto Salvadó hizo siempre lo que le vino en gana; y segundo porque, para bien o para mal, Pablo Picasso ha sido uno de los personajes más influyentes en la figura de Salvadó. No ya en su persona o en su obra, sino en su nombre, en su recuerdo, en su lugar, en los libros.

Hasta su restauración como un nombre a tener en cuenta de la escuela de París española, Jacinto era más conocido por ser el modelo de un famoso arlequín pintado por Picasso y expuesto en El centro Pompidou de París, que por sus propios cuadros. Más nombrado por la anécdota que por el sudor vertido sobre sus obra. Porque esto es al fin y al cabo lo importante, o mejor dicho, estos, en plural, los cuadros, sus cuadros.

Y es que a pesar de que haya comenzado enumerando brevemente alguna de sus aventuras, un pintor no es por lo que vive o deja de vivir, por la cantidad de nombres conocidos que puede poner en la lista, por una biografía, sino por cómo es capaz de filtrar, transformar, y plasmar sus experiencias, sean estas del tipo que sean, en su pintura. Como técnica, idea y espíritu se objetualizan en la obra de arte. Por eso debemos respetar una obra que tan bien afronta el juicio del tiempo que es, sin duda, el último tribunal. Una pintura con aciertos y errores, con logros y fracasos, pero que desafía abiertamente a todos aquellos que quisieron desplazarlo de un lugar en nuestra memoria.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen extraída de su web.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen extraída de su web.

La mayoría de los críticos acierta en coincidir que su obra más lograda es aquella que realiza al llegar a la vejez, en la década de los 70. Bendita vejez para él. Una obra abstracta, acrílica -¡qué acorde para los tiempos!-, mineral pero también orgánica. Una obra que a muchos lleva a otra obra, a otros pintores, pero, como decía Balthus, “un pintor usa un pincel y otro también, ahí está la influencia”.

Desde luego que Salvadó, como buen viajante y buen artista, siempre tuvo los ojos abiertos y decidió beberse sin tapujos todo lo que encontraba a su paso, destilando cuadros que siempre tenían algo de aquello y un poco de lo otro. Pero siempre dotando su trabajo con una entidad propia. Una personalidad que finalmente fragua mas allá de su madurez, en los años sabios, al final del camino, dejando para el recuerdo una serie pictórica que entra por derecho propio en esa cadena de conocimiento y experiencia que los seres humanos llaman cultura, y más concretamente en este caso, en la historia de la pintura.

La galería Muro le dedica a Jacinto Salvadó una exposición a partir del 26 de marzo, que coincide en el tiempo con otras dos en la Sala Dalmau de Barcelona (ya inaugurada el 3 de marzo, que se mantendrá hasta el 20 de abril) y en el Instituto Cervantes de París (del 8 de abril al 30 de mayo).

Obra de Jacinto Salvadó, extraída de su web.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen extraída de su web.

Pedro Paricio

Jose Cámara y sus ciudades entreveradas

Viatges prestats, de Jose Cámara
Sala de exposiciones de la Societat Coral El Micalet
C / Guillem de Castro, 73. Valencia
Hasta el 11 de abril

Es una especie de Doctor Frankenstein: coge trozos de imágenes dispares, para construir fotografías cuya vida nace de fragmentos sutilmente ensamblados. Pero un Frankenstein que, lejos de producir un monstruo dejado de la mano del diablo, lo que hace es fabricar una obra repleta de alegres vivencias, ocurridas en diferentes lugares, en tiempos distintos y por personas que, aunque tremendamente allegadas, disfrutaron por separado y a miles de kilómetros de cuanto la existencia viajera les ofrecía. Jose Cámara expone tan virtuosa mezcla de fotografías realizadas a imagen y semejanza del doctor Frankenstein, en la sala de exposiciones de la Societat Coral El Micalet.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición 'Viatges prestats', en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición ‘Viatges prestats’, en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

El conjunto lo ha titulado Viatges Prestats, sin duda acertado para explicar esa íntima relación entre las imágenes sacadas del álbum familiar de sus padres y las de su archivo personal. Con la minuciosidad del orfebre que va incrustando piezas armoniosamente, Cámara también construye sus imágenes tomando elementos de acá y de acullá para difuminar las partes a favor de un todo singular, preciso y cuya miscelánea desdibuja los límites fronterizos de los espacios allí representados.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición 'Viatges prestats' de la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor

Fotografía de Jose Cámara en la exposición ‘Viatges prestats’ de la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor

El espectador, interrogado por la mezcla de elementos, ciudades y viajes, realiza así su propio trayecto en busca de las costuras que Jose Cámara ha hecho desaparecer fruto de su gran pericia en el hilado de imágenes tan dispares. “Es un viaje compartido”, dice el artista. Compartido porque, como apunta el título de la exposición, Cámara ha tomado prestados los viajes de sus padres, para unirlos a los suyos. Pero compartido igualmente con el espectador, que imagina las conexiones entre ciudades tan diversas como Valencia, Orense, Tenerife, Miami, Las Vegas, Chicago, Estambul, Venecia o Berlín, sin solución de continuidad, ofreciéndole la posibilidad de un nuevo viaje a partir de sus propias sensaciones.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición 'Viatges prestats' de la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor

Fotografía de Jose Cámara en la exposición ‘Viatges prestats’ de la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor

Hay muchos trayectos en esos Viatges Prestats de Jose Cámara, pero se pueden reducir a tres. Primero, el recorrido a cierto pasado a través de esas imágenes del álbum familiar, en tanto documento de época. Luego está el viaje, más técnico, por la brillante reproducción de esas fotografías, cuyo perfecto ensamblaje le ha llevado al artista “meses escaneando”. Y, por último, están los propios viajes prestados, cuya combinación de elementos produce esa “invención” de la que habla el propio Cámara. Invención que deriva en esa cualidad artística que terminan destilando muchas de las imágenes, sobre todo las más explícitamente intervenidas, con las huellas del negativo a modo de brochazo plástico.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición 'Viatges prestats', en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición ‘Viatges prestats’, en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

Y volvemos al doctor Frankenstein, porque en las fotografías de Jose Cámara hay ese punto de extrañeza que revela todo cuerpo sometido a cierta cirugía. Por muy invisibles que sean las costuras de tan sutil zurcido fotográfico, lo cierto es que conmueve pensar en los misteriosos puentes que unen las vidas de unos padres con su hijo, tan alejados generacionalmente como de pronto compartiendo un mismo viaje fruto del trabajo artístico. Y del mismo modo que Woody Allen, manipulando ciertas imágenes, se puso en la piel de ciertos personajes históricos en su película Zelig, también Jose Cámara, en sus Viatges Prestats, se acerca como jamás hubiera sido posible al itinerario existencial de sus padres. Un viaje sin duda compartido fruto de la invención artística.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición 'Viatges prestats' en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición ‘Viatges prestats’ en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres