La Cabina 2013: La Comedia Humana (II)

Como si de una señal de buen augurio se tratase, siete fueron los mediometrajes premiados. Sin embargo, La Cabina ofreció quince películas más igualmente merecedoras de galardón. A continuación, las repasamos brevemente.

El discurso que Carlos Madrid, director del festival, leyó la noche de la inauguración expuso la situación de ostracismo a la que muchas producciones cinematográficas se ven abocadas por culpa de un metraje no ajustado a la norma. Tal circunstancia justifica la existencia de La Cabina, un festival nacido para dar cabida a películas con duración diferente a la estándar de un corto o un largometraje. Un ejemplo fue Los galgos (2011), trabajo final para la Escuela de Cinematografía y Audiovisual de Madrid (ECAM) del valenciano Gabriel Azorín, quien hubo de abreviar su cinta para el visionado en diferentes certámenes dedicados al corto. La película cuenta la historia de tres amigos que tras una noche de ebriedad, deciden cazar al amanecer con la ayuda de unos galgos. Cuando sucede un hecho crucial, dos de los personajes se verán obligados a tomar una serie de decisiones en absoluto fáciles. De lectura abierta, Azorín sostiene que su mediometraje se trata de un alegato político y una llamada a la revolución, si bien existen otros muchos significados que aguardan a ser descubiertos por el espectador.

Fotograma del mediometraje Los Galgos de Gabriel Azorín

Fotograma del mediometraje Los Galgos (2011) de Gabriel Azorín

La teoría de Korso (Korsoteoria, Antti Heikki Pesonen, 2012) fue la ácida comedia que inauguró el festival. En palabras de su director, quien vivió en el deprimido barrio de Korso de Helsinki, se trata de una historia pesimista en absoluto ajena a aquel vecindario, si bien mudada en clave cómica para aliviar la negatividad. Elli es una treinteañera de fuerte carácter que trabaja en una gran nave industrial. Fuma, bebe, escupe y en ocasiones roba para poder pagarse el viaje de sus sueños fuera de Korso. Sin embargo, el encuentro casual con el romántico y tierno hijo adolescente de su jefe cambia los planes de esta dura superviviente. La teoría de Korso resulta una película de repeticiones y casualidades, un mediometraje circular de humor cáustico y sabor agridulce, pero depositario de un buen recuerdo en el espectador.

Fotograma de La teoría de Korso (2012) de Antti Heikki Pesonen

Fotograma del mediometraje La teoría de Korso (2012) de Antti Heikki Pesonen

Por su parte, Paréntesis (Parenthèse, Bernard Tanguy, 2013) retrata la crisis de los cincuenta de tres amigos de clase media-alta francesa, que para escapar de su monotonía, deciden emplear parte de sus vacaciones navegando. Durante el viaje, conocerán a tres chicas mucho más jóvenes que les restituirán la alegría por la vida, elevándoles algo más que el ánimo. Paréntesis es una película algo anodina y tópica, aunque productora de bastantes sonrisas; una obra algo autobiográfica a tenor de los comentarios del director, y una excusa para mostrar atractivas chicas enseñando cueros según las palabras de la actriz Sophie Verbeeck.

Océano (Océan, Emmanuel Laborie, 2013) parece narrar la sencilla historia de unas vacaciones familiares en la costa francesa, sin embargo, en realidad versa sobre el descubrimiento de la muerte –prefigurada en diversas ocasiones− por parte del primogénito de la familia, un niño alrededor de los diez años de edad. Su madre parece el único punto de referencia, apoyo y estabilidad en un entorno extraño y mudable. Océano es la historia de un viaje, pero no sólo físico; un recuerdo nostálgico de Laborie y una oda a la infancia aderezada con interesantes versiones de las Gymnopédies de Satie.

Los especialistas e incondicionales de Bergman no dudarían en vociferar la palabra sacrilegio en mi oído si afirmase que la holandesa Solsticio (Midzomernacht, Hiba Vink, 2011) posee un cierto regusto bergmaniano. Efectivamente, afirmar algo así puede ser desmesurado, pero existe alguna migaja en Solsticio que recuerda a Sonrisas de una noche de verano (Sommarnattens leende, 1955). Esta filiación, que muchos considerarán marciana, pudiera deberse −entre otras cosas− a un personaje determinante de la acción, Lena, una sueca que organiza una fiesta para celebrar la llegada del verano acorde con las tradiciones de su país y para anunciar su embarazo junto a su novio y amigos holandeses. Sin embargo, un personaje inesperado y ajeno –con aires a la Taylor de Who’s afraid of Virginia Woolf? (M. Nichols, 1966)− pondrá en jaque el amor y la amistad de todo el grupo. En definitiva, una cinta sobre secretos, lealtad, infelicidad y amnistía, con algún detalle fantástico y poético.

Fotograma del mediometraje Solsticio de Hiba Vink

Fotograma del mediometraje Solsticio (2011) de Hiba Vink

De nuevo, las relaciones de amistad fueron debatidas en otra película holandesa, Bowy está dentro (Bowy is Binnen, Aniëlle Webster, 2012), un mediometraje que recuerda demasiado a lo acontecido en Madrid aquel 31 de octubre. La película de Webster no sólo basa su argumento en las relaciones de una pareja con sus respectivos amigos, sino en la inconsciencia de estancias superiores demasiado preocupadas por cumplir un protocolo más allá de toda lógica. Concebida a ratos como falso documental –con entrevistas a los protagonistas de la tragedia− no exento de algún video colgado en youtube –sorprende ver la rapidez con que el último cine absorbe todas las innovaciones de la última revolución informática−, Bowy está dentro concluye como fábula contemporánea en donde los personajes se convierten en pequeñas hormigas hacinadas y sin salida posible.

En las antípodas de la anterior se encuentra la película El hámster (Chomik, Bartek Ignaciuk, 2012), una comedia entrañable y extravagante cercana al primer cine de Javier Fesser. El protagonista es la mascota de un matrimonio de ancianos, un hámster que ha sufrido un accidente paracaidístico. El hijo de esta pareja, junto al veterinario del pueblo, intenta solucionar la terrible tragedia, produciéndose una ingente cantidad de situaciones cómicas de toque pintoresco acentuadas por el uso del angular. Este mediometraje polaco resultó un golpe de aire fresco entre las butacas del IVAM, por lo que generó casi tantas risas como Bienvenidos y nuestras condolencias (Leon Prudovsky, 2012) o La tropa de la selva.

Fotograma del mediometraje El hámster de Bartek Ignaciuk

Fotograma del mediometraje El hámster de Bartek Ignaciuk

La última película mencionada supuso la representación del cine animado en La Cabina. La tropa de la selva (Les as de la jungle, David Alaux, Éric Tosti, 2013) sorprendió por su homenaje a Los siete magníficos (The Magnificent Seven, John Sturges, 1960) más que a la película de Kurosawa. Asimismo, la obra de Alaux y Tosti atrapó al público por la sabia elección y definición de los personajes, una tropa que consiguió un nuevo canto a la amistad y ofreció un ejemplo de superación frente a los obstáculos, incluso ante los biológicos.

Una comedia distinta fue la sueca Mousse (John Hellberg, 2012), en donde el protagonista es un francés sin recursos que necesita conseguir dinero fácil. Puesto que una importantísima carrera de caballos está a punto de celebrarse, los estancos han hecho buena caja, así que Mousse decide asaltar uno en las afueras de la ciudad. Sin embargo, tanto los rehenes como la policía resultan un poco particulares y caricaturescos, radicando ahí la vis cómica que, aunque consta de vigor en su comienzo, acaba por diluirse.

Fotograma del mediometraje Mousse de John Hellberg

Fotograma del mediometraje Mousse (2012) de John Hellberg

En Annalyn (Maria Eriksson, 2012), una atractiva joven filipina acaba de casarse con el padre de Agnes. Una y otra poseen la misma edad, idéntica jovialidad y sentimientos afines que terminan por enredarlas en una apasionada relación. Una película más sobre tórridos y complicados romances en el gélido y nevado contexto sueco.

Curiosa cinta la de Stian Kristiansen, Videoboy (2011), en la que unos amigos adolescentes conocen al siniestro Hijo del diablo, quien les ofrece la posibilidad de ver todas las películas que ellos deseen, incluso las que no son capaces de imaginar. Para ello, han de visitar a Videoboy, un misterioso chico pelirrojo dueño de la mayor colección de cine soñada. Una opresiva atmósfera recorre este mediometraje noruego que, salvando las distancias, podría acercarse a la ambientación de Kubrick para El resplandor (The Shining, 1980) o Eyes Wide Shut (1999). No en vano Videoboy suele vestirse con camisetas que lucen el rostro de Nicholson a la par que Suspiria (1977) de Argento.

Entre nosotros (Paloma Aguilera, 2011) y Los vivos también lloran (Os vivos tambem choram, Basil da Cunha, 2012) fueron proyectadas juntas en los dos pases que de ellas se ofrecieron. Buena vista la de los programadores del festival, que supieron reconocer dos historias similares sobre la emigración y la marca que ésta deja sobre los personajes. Si bien son historias sencillas y exentas de florituras formales, resultan impagables los momentos musicales de ambas: la cita a Los abuelos de la nada −entre otras tantas− en la primera, y el fado Estranha forma de vida de la segunda en el onírico momento final.

Nader es el protagonista de Las zapatillas del Aïd (My Shoes, Annis Lassoued, 2012), un niño que siempre corre entre sus vecinos repartiendo y vendiendo la pasta que su madre cocina para, posteriormente, poder contemplar todo el tiempo posible el verde valle que rodea su pueblo. Se acerca el Aïd (Ramadán) y acorde con la tradición, Nader podrá disponer de nueva ropa y quizá de unas flamantes deportivas con las que seguir corriendo, mas la pobreza familiar impide que esas zapatillas aladas que tanto desea acaben en sus pies. De nuevo, se nos ofrece un mediometraje sobre la infancia, donde la animación y la fantasía se entremezclan para representar la imaginación desbordada de un niño.

Si existiera un premio al mediometraje más tierno, el ganador indiscutible sería Todo lo que no puedes dejar atrás (Nicolás Lasnibat, 2013). Roberto es un entrañable anciano que ha perdido el trabajo de toda una vida. Ante tal circunstancia, decide viajar a Taltal, un pueblo del desierto chileno en donde nacieron él y su esposa. Lasnibat ofrece una bella historia de amor verdadero y atemporal semejante, y a la vez diferente, al retratado por Haneke en 2012. Un drama imprescindible con momentos subrayables como la aparición repetida de una tortuga o las conversaciones de Roberto con su esposa, quien suele aparecer desenfocada o en segundo plano con bastante asiduidad. Una película no aconsejable para insensibles y descreídos.

Fotograma del mediometraje Todo lo que no puedes dejar atrás de

Fotograma del mediometraje Todo lo que no puedes dejar atrás de Nicolás Lasnibat

La Cabina ofreció una programación variada y excelsa colmada de historias que reflejan vivencias y sentimientos, anhelos y fantasías, imperfecciones y aciertos de un ser humano siempre en perpetua ansia de aceptación y reconocimiento, en constante búsqueda y aprendizaje. Que el éxito del cartel diseñado por Paula Bonet sea un reverbero de la celebridad que persiga al festival en los próximos años, pues de la misma manera que aquella Alicia sucumbía al País de las Maravillas, un nuevo espectador desea traspasar el espejo y contemplar ese otro mundo ficticio, pero a la vez demasiado próximo, que le ofrece la pantalla de La Cabina.

Teresa Cabello

Lee la primera parte de este artículo: La Cabina 2013: La comedia humana (I). 

La Cabina 2013: La Comedia Humana (I)

Suena el Always Like This de Bombay Bicycle Club. Líneas ensortijadas ascienden por la pantalla descubriendo el cabello de una Alicia contemporánea que, lejos de perder el tiempo con felinos de singular sonrisa y fiestas de no-cumpleaños, corona su cabeza con el sombrero de un conejo mientras sostiene un reloj de bolsillo. Los cuentos cambian. También el cine.

El pasado domingo 17 concluía la sexta edición del Festival Internacional de Mediometrajes La Cabina. Quién imaginaría que la pasión cinéfila de unos estudiantes de la Universitat de València acabaría materializada en un festival que medra año tras año, que avanza calzando las botas de Siete Leguas. Su originalidad radica en mostrar un tipo de películas tradicionalmente ubicadas en el limbo de la industria cinematográfica: los mediometrajes, cine entre treinta y sesenta minutos. De ahí que sea el tiempo −simbolizado en un reloj− uno de los iconos más representativos de un festival cuyo nombre rinde homenaje a la quizá más original cinta de Antonio Mercero.

Los mediometrajes presentados contaban con una factura impecable, una calidad narrativa excelsa para el relato de las siempre imprevisibles relaciones humanas. Si hoy alguien duda del poder educativo del cine, debiera visitar la próxima edición de La Cabina para exiliar semejante suspicacia. Los veintidós trabajos seleccionados este año entre más de doscientas producciones, ofrecían lecciones magistrales sobre la infancia y la madurez, la amistad y el amor, la mentira y la verdad, la inmigración y la crisis, la sumisión y la rebelión. Un auténtico crisol con aspiraciones de nueva Comedia humana.

La corona de Apolo 

Fuego (Feux, Thibault Piotrowski, 2012) consiguió el premio a la mejor película por parte del jurado. A priori, sus formas algo ingenuas parecían descuadrar al espectador. Su bicromatismo, la textura visual tan amateur, la combinación de abundantes planos estáticos con panorámicas y travellings sencillos, y un sonido antinatural, acabaron componiendo, sin duda, uno de los mediometrajes más originales del festival. En él se narra la relación de tres hermanos en un contexto que podría ser el de fines de los ochenta. El mayor, adolescente enamorado por igual de la ciencia y de una femme fatale en ciernes, ocupa sus horas de ocio construyendo ingenios espaciales. Mientras, el mediano vuelca sus esfuerzos en defender los animales del bosque susceptibles de ser cazados. El amor será el detonante y fin de la acción, pues los deseos de uno y otro iniciarán un conflicto que no podrá ser resuelto hasta la intervención de la hermana pequeña, capaz de remendar el daño causado creando un nuevo mediometraje sólo concebible bajo el punto de vista de la imaginación infantil. Fuego resultó una rara avis con aires del primer cine, escenas de animación y momentos televisivos nostálgicos. Un canto a la creatividad y la fantasía perdida en el paraíso de la niñez.

Fotograma de Fuego de Thiebault Piotrowski

Fotograma del mediometraje Fuego (2012) de Thiebault Piotrowski

El público, en cambio, premió Aya (Mihal Brezis, Oded Binnun, 2012) como mejor mediometraje. Conquistó al auditorio la narración de una historia mínima partiendo de la casualidad, el pequeño relato de dos personajes que se conocen en uno de esos no-lugares que definiera Augé. La distancia inicial existente entre los protagonistas acabará mermada gracias a la dulce espontaneidad y cercanía de la protagonista, Aya, israelí de carácter opuesto al del hermético musicólogo norteño al que acaba de conocer. Rodada con aires de road movie, la película ofrece tanto una dilatada variedad de agradecidos primeros planos como un pulso constante entre el cerebro y el corazón, una pugna entre la determinación y la duda, entre las teclas blancas y negras del piano, entre el freno y el acelerador, un cuento sobre diminutos secretos y pequeños vacios emocionales.

Fotograma de la película Aya de Mihal Brezis y Oded Binnun

Fotograma del mediometraje Aya (2012) de Mihal Brezis y Oded Binnun

El premio a la mejor dirección fue para Amanecer (Petit Matin, Christophe Loizillon, 2013), película coral en donde se muestra el día de una defunción y las diferentes reacciones de todos aquellos personajes cercanos a la difunta. Los diferentes puntos de vista –incluido el de un can− y los modos de enfrentarse a la muerte presentados sin aditamentos musicales ni otros aderezos formales, ganaron a un jurado quizá demasiado impresionado por los planos secuencia.

A punto estuvo Bienvenidos y… nuestras condolencias (Welcome and… our Condolences, Leon Prudovsky, 2012) y La tropa de la selva (Les as de la jungle, David Alaux y Éric Tosti, 2013), de arrebatar a Aya el premio del público al mejor mediometraje. La cinta de Prudovsky cuenta, en primera persona y jugando con la estética found footage, la emigración de una familia de judíos rusos a Israel en plena caída del bloque soviético, si bien, el argumento posee ciertas filiaciones con Este muerto está muy vivo (Weekend at Bernie´s, Ted Kotcheff, 1989), pues el fallecimiento súbito de la tía abuela del protagonista en el avión que les traslada a la tierra prometida será el comienzo de una divertida odisea por obtener la nacionalidad israelí. Bienvenidos… se muestra como una comedia solvente y bien hilvanada, en donde la hipérbole cumple la función de crítica, denuncia y documentación histórica.

Fotograma de la película Bienvenidos...y nuestras condolencias de Leon Prudovsky

Fotograma de Bienvenidos…y nuestras condolencias (2012) de Leon Prudovsky

La expresión férrea a la par que inquieta y asustada de Léa Drucker fue laureada con el premio a la mejor actriz por Antes que perderlo todo (Avant que de tout perdre, Xavier Legrand, 2012), una cinta sobre la violencia de género convertida en dinámico thriller. La película narra la huida de Miriam (Drucker) y sus hijos una mañana cualquiera, el periplo de los protagonistas hasta encontrarse a salvo de su maltratador. Antes que perderlo todo resulta un mediometraje especialmente tenso que demostró cuán angustioso puede ser el sonido de las cajas registradoras de un supermercado.

Swann Arlaud obtuvo el premio al mejor actor por Lazare (Raphaël Etienne, 2013), en donde interpreta al menor de dos hermanos que emprenden un viaje en coche hacia la casa de su padre, al cual van a conocer por primera vez. Un accidente en la carretera sesga la vida del mayor causando una reacción de fuga en el personaje de Arlaud, que hará todo lo posible por cumplir aquello que ambos hermanos se propusieron. Parafraseando a su director, Lazare se define como una miscelánea entre tragicomedia y road movie con coche fúnebre.

Fotograma de la película Lazare de Raphaël Etienne

Fotograma del mediometraje Lazare (2013) de Raphaël Etienne

No había lugar para la discusión con respecto al premio a la mejor música y fotografía. Samuel Laflamme ha compuesto una intrigante melodía en donde los instrumentos de cuerda sostienen el secreto escondido en Tras el castigo (Après la peine, Anh Mink Truong, 2012), mientras Vincent Biron y Luc St-Pierre inspiran la luz de sus interiores en los maestros holandeses del siglo XVII. El argumento relata la historia de un hombre que despierta en el hogar de una adusta anciana − interpretada excelentemente por Monique Miller− sin recordar absolutamente nada sobre su pasado. Sin embargo, en el pueblo todos le conocen demasiado bien y no cejarán en su empeño de vengar los daños pretéritos. Una interesante narración sobre la mortificación –no en vano aparece la cruz de San Andrés−, la pena de muerte y la legitimidad de la venganza; un cuento gótico en donde el protagonista pudiera pasar por un trasunto de Prometeo.

Fotograma de la película Tras el castigo de Anh Mink Truong

Fotograma del mediometraje Tras el castigo (2012) de Anh Mink Truong

Aquellos que aún no hayan descubierto Fuego y Aya, cuentan con una segunda oportunidad el próximo sábado 30 de noviembre en el Centro Obrapropia Cultural (calle Puerto Rico, 40). A partir de las ocho de la tarde tendrá lugar La Cabina FilmBest, una fiesta en la que, además de proyectarse los dos mediometrajes ganadores según el jurado y el público, se visionará un Mediometrash para concluir con una amplia sonrisa.

Teresa Cabello

Lee la segunda parte de este artículo: La Cabina: La comedia humana (II).

La Cabina se consagra

La Cabina. VI Festival Internacional de Mediometrajes de Valencia
Sala Berlanga de la Filmoteca, IVAM, La Nau, Jardí Botànic
Inauguración: viernes 8, a las 20.00h., en la Sala Berlanga
Del 8 al 17 de noviembre

A Carlos Madrid, tras seis años al frente de La Cabina, se le iluminaron los ojos cuando escuchó los parabienes que el vicerrector de Cultura de la Universitat de València, Antonio Ariño, le lanzó durante la presentación del VI Festival Internacional de Mediometrajes de Valencia. A su lado, Manuel Tomás, director general de CulturArts, asentía. Las palabras oficiales, en esta ocasión, parecían cargadas de una voluntad sincera por impulsar un certamen único a nivel mundial. Los mediometrajes de alcance internacional tienen su inigualable escaparate en Valencia. Ariño y Tomás parecen haber entendido la ocasión que se les brinda de alardear de un proyecto tan singular como La Cabina.

Fotograma de 'Antes que perderlo todo'. Imagen cortesía del festival La Cabina.

Fotograma de ‘Antes que perderlo todo’. Imagen cortesía del festival La Cabina.

El festival nació para llenar un sorprendente hueco: nadie había prestado atención al formato del mediometraje. Hasta que Carlos Madrid y su joven equipo se puso a ello. Y lo hicieron por una sencilla y aplastante razón: “La calidad es lo que nos mueve”. Y había tanta en el terreno del mediometraje, que la apuesta del festival parecía condenada al éxito. Empezaron con ocho películas a concurso y durante cinco días. Ahora, en su sexta edición, se presentan 22 mediometrajes, de los más de 200 recibidos, en un certamen que se alarga por espacio de diez días, del 8 al 17 de noviembre.

Fotograma de Bowy is inside. Imagen cortesía del festival La Cabina.

Fotograma de Bowy is inside. Imagen cortesía del festival La Cabina.

Este año la gran novedad es La Cabina Inedits, sección destinada a acoger obra de directores consagrados, cuyos mediometrajes pasaron prácticamente desapercibidos para el gran público y los canales de distribución. Son los casos de Woody Allen, Francis Ford Coppola y Martin Scorsese con Historias de Nueva York; Jean Vigo, con Cero en conducta; Andrei Tarkovsky, con El violín y la apisonadora; Albert Lamorisse, con El globo rojo, y Nicolas Ribowski, con Cours du soir. Todo ello en el Aula Magna de La Nau.

Fotograma del mediometraje 'Parenthese'. Imagen cortesía del festival La Cabina.

Fotograma del mediometraje ‘Parenthese’. Imagen cortesía del festival La Cabina.

De las historias neoyorquinas, Woody Allen se hace cargo del episodio Edipo reprimido, un mediometraje centrado en los problemas psicoanalíticos que tanto atraen al director de Annie Hall. Coppola firma Vida sin Zoe y Scorsese, Apuntes al natural. La Cabina Inedits permitirá a su vez contemplar la ópera prima de Tarkovsky, un trabajo ya repleto de las constantes poéticas del autor de Sacrificio, y la polémica Cero en conducta de Jean Vigo, que estuvo prohibida en Francia más de diez años tras su estreno en 1933. De Lamorisse, fallecido en accidente de helicóptero, se podrá ver su premiado El globo rojo, interpretado por dos de sus hijos. Ribowski, con Jacques Tati como protagonista, firma Cours du soir o Clases nocturnas, que aparece como cortometraje del director francés. La diferencia entre corto y mediometraje daría, como apunta Carlos Madrid, director de La Cabina, “para un extenso debate”.

Fotograma del mediometraje Océan. Imagen cortesía de La Cabina.

Fotograma del mediometraje Océan. Imagen cortesía de La Cabina.

Esa dificultad de encaje del mediometraje es, precisamente, lo que hace de La Cabina un lugar de encuentro privilegiado para aquellas producciones a caballo entre el corto y el largo. Los galgos, de Gabriel Azorín (31 minutos de duración), única película española a concurso, y la israelí Aya, de Mihal Brezis y Oded Binnum (39’), podrán verse al completo en la sección oficial: “Se han presentado cortadas en otros festivales”, subraya Carlos Madrid. Junto a ellas, mediometrajes de 11 países, destacando principalmente este año la aportación francesa.

Fotograma del mediometraje Los galgos, de Gabriel Azorín. Imagen cortesía de La Cabina.

Fotograma del mediometraje Los galgos, de Gabriel Azorín. Imagen cortesía de La Cabina.

La Cabina Día 0, con la proyección de Un día en la galería, de Neil Young, y música en directo del grupo valenciano Senior i el Cor Brutal, servirá de prólogo al festival en la Explanada de la Biblioteca Pública el jueves día 7. La inauguración, un día después en la Sala Berlanga de la Filmoteca, con la película finlandesa La teoría del Korso, presentada por su director Antti Heikki Pesonen. El resto de la sección oficial se irá proyectando en el IVAM. Rebeca Romero, Gabriel Ochoa y Eva Peydró, jurado del festival, otorgará un premio de 600€ al mejor mediometraje. Y entre inéditos, proyecciones “al completo”, comedias, dramas, animación y ciencia ficción, La Cabina se consolida en los peores años de la crisis. Tomen nota.

Fotograma del mediometraje Midsummer Night. Imagen cortesía del festival La Cabina.

Fotograma del mediometraje Midsummer Night. Imagen cortesía del festival La Cabina.

Salva Torres