Arquitectos por la democracia

Books that built democracy, de Manuel López Segura
Arquitectura de los ochenta en Valencia
Universidad de Harvard

Si la arquitectura es considerada como una de las bellas artes, tema siempre polémico, resulta evidente que es la forma de expresión artística más visible, la que deja más huella en el espacio y el tiempo. Debido a la  elevada inversión que exige, también la que denota una relación más estrecha con el poder, bien se trate de poder político, económico o espiritual. Desde las pirámides de los faraones a la Basílica de San Pedro en el Vaticano a las fastuosas obras que han salpicado España durante los años de demencial derroche.

A veces la arquitectura se pone al servicio del pueblo y los intereses colectivos de los ciudadanos, como ocurrió en Valencia durante los años ochenta con la llegada de la democracia. Obras como el Parque Fluvial del Turia, el IVAM, el Gulliver o la controvertida restauración del Teatro Romano de Sagunto. Son algunos de los proyectos  que  se exponen actualmente en la Universidad de Harvard gracias al arquitecto valenciano Manuel López Segura. ‘Books that built democracy’ es el título de la muestra que incluye varias decenas de soportes gráficos: libros, revistas, mapas, posters, recortables, objetos de artesanía y vídeos.

Manuel López Segura en la exposición de la Universidad de Harvard. Cortesía del autor.

Manuel López Segura en la exposición de la Universidad de Harvard. Cortesía del autor.

López Segura es estudiante de doctorado en la escuela de arquitectura de la Universidad de Harvard (Harvard Graduate School of Design), donde cursa el segundo año del doctorado en arquitectura y urbanismo. Con una beca Fulbright, estudió también un máster en historia de la arquitectura en la misma escuela.

¿Qué le llevó a interesarse por la arquitectura valenciana de los ochenta?

Elaboré sobre este tema una tesina que ahora preparo para su publicación. La exposición es resultado de la investigación que llevé a cabo durante los dos años del máster, y la colección de libros, y el material gráfico que incluye, resultado de mi interés por coleccionar libros sobre arquitectura valenciana. Los motivos que me llevaron a estudiar la contribución de la arquitectura a la construcción de la democracia, el estado del bienestar y a la recuperación de la identidad regional en ese periodo  son varios. Se trata de un episodio poco estudiado que generó obras de gran valor cultural que merecen ser conocidas. Mi generación goza de suficiente distancia temporal como para aproximarse con rigor a esa década cuyos protagonistas son ya mayores, incluso algunos ya han fallecido, de modo que urgía dejar constancia de su experiencia. Los ochenta fueron años ilusionantes y positivos desde un punto de vista político y cultural. La arquitectura y los arquitectos participaron activamente en la oleada general de progreso.

¿Qué criterio ha seguido para organizar  la muestra?

El criterio central ha sido elegir temas, proyectos e iniciativas culturales que pusiesen de manifiesto la dimensión política de la arquitectura de esa década. Esta imbricación podía ser literal, por ejemplo, en el caso de las luchas vecinales por un planeamiento urbano más democrático o del conflicto en torno a la polémica restauración del Teatro de Sagunto. También una relación ideológica, por ejemplo en el caso de la protección de los centros históricos, una política inspirada por el pensamiento marxista italiano que buscaba preservar la riqueza de los vínculos sociales característicos de tales entornos frente a la alienación generada por la producción capitalista del espacio urbano propia del desarrollismo de las décadas precedentes.

Imagen de la exposición de Manuel López Segura en la Universidad de Harvard. Cortesía del autor.

Imagen de la exposición de Manuel López Segura en la Universidad de Harvard. Cortesía del autor.

¿Cuál es el contenido de la exposición?

La muestra está organizada temáticamente. Cabe diferenciar entre los libros, objetos y material gráfico expuesto (documentos históricos tangibles) de un lado, y los paneles explicativos de otro lado. Los paneles contextualizan los materiales expuestos, de modo que el público al que va dirigido la exposición pueda comprenderlos. Esto es necesario dado que el público de los EEUU no está familiarizado con la historia política y arquitectónica de Valencia.

¿Cómo seleccionó el material más representativo?

He procurado en primer lugar que cubriesen los diversos aspectos de cada tema. En el caso de la Escuela de Arquitectura incluyo un libro que refleja la apertura al exterior que se produjo en aquellos años, otros que recogen los frutos de la investigación académica de sus profesores y un vídeo de una protesta estudiantil del año 1986. También he procurado incluir tanto documentos primarios como libros publicados en aquellos años que reflexionaban sobre la propia arquitectura. Es el caso de los equipamientos, una sección que incluye catálogos editados a principios de los noventa por la Generalitat Valenciana sobre los colegios y hospitales públicos. Por último, ha pesado el atractivo visual de los libros y demás documentos.

¿Qué arquitectos son los principales protagonistas?

Los equipos Vetges Tu i Mediterrània y Otegui/Gisbert/Noguera, así como Ricardo Bofill, por sus respectivos proyectos para el parque del antiguo cauce del Turia. Manuel Portaceli y Giorgio Grassi por la restauración del Teatro Romano de Sagunto, Carlos Salvadores y Emilio Giménez por el IVAM y Rafa Rivera junto al artista fallero Manolo Martín por el parque infantil Gulliver. La figura de Tomás Llorens está particularmente presente por ser el hombre intelectual y políticamente responsable tanto del Teatro de Sagunto como del IVAM.  También se incluyen posters de Artur Heras y Manolo Boix elaborados para anunciar congresos y exposiciones relacionadas con la política arquitectónica.

Foto: Manuel López Segura.

Foto: Manuel López Segura.

Bel Carrasco

Orsi: «No hay corruptos sin corruptores»

Fantasmas del desierto, de Guillermo Orsi
Editorial Almuzara
De venta en librerías

“Se nace para sobrevivir, no para ser feliz”. Con esta categórica afirmación en boca de uno de sus personajes arranca la última novela del argentino Guillermo Orsi (Buenos Aires, 1946),  Fantasmas del desierto (Editorial Almuzara). Considerado uno de los grandes maestros de la novela negra, su nombre se ha barajado incluso para el Nobel, Orsi ha cosechado numerosos premios en España, desde el Emecé (1978) o el Umbriel (2004)  al prestigioso Premio Hammet (2009) que concede la Semana Negra de Gijón por Ciudad santa.

Portada de Nadie ama a un policía, de Guillermo Orsi.

Portada de Nadie ama a un policía, de Guillermo Orsi.

“Fantasmas del desierto es la segunda novela en la que aparece Pablo Martelli, alias Gotán (tango al revés), un policía que decidió abandonar la Federal cuando ésta fue reclutada como fuerza de apoyo en las tareas represivas de la última dictadura”, dice Orsi. “Un tipo digno, que paga por ello un precio muy alto, pero que no se baja de su necesidad de implicarse en casos complicadísimos cuando estos se le pre​sentan. Y es que, aun retirado, no puede dejar de ser policía. En esta novela y tras un comienzo de historia convencional con homicidio, se enfrenta de a poco con el poder real. Y en su condición más tremenda y siniestra. Hay una mujer joven que lo convence de que su actuación es necesaria, otro amor inasible, otro fantasma que pretende aprehender como si fuera real”.

Basta leer los primeros capítulos del libro para percibir la contundencia y la rabia que destila el lenguaje de Orsi, un autor sin pelos en la lengua que tira con bala, denunciando la corrupción a todos los niveles. Obispos pedófilos, empresarios cementeros que urden oscuros negocios en minas de oro, policías vendidos. Con su afilado escalpelo, Orsi disecciona la inmundicia con un gesto elegante sin contaminarse de ella.

Portada de Ciudad Santa, de Guillermo Orsi.

Portada de Ciudad Santa, de Guillermo Orsi.

“Los rostros, o mejor, las máscaras de la corrupción son las mismas donde ésta represente su farsa”, señala. “Los gobiernos son corruptos pero porque hay un poder real, efectivo y permanente, sobre el poder político, que corrompe para ajustar los lazos de sus negocios privados. No hay corruptos sin corruptores, sólo que estos últimos mantienen un bajo perfil y tratan de pasar desapercibidos, mientras señalan y acusan a diestra y siniestra”.

Pese a que hoy sea un argentino quien ocupa el trono de Pedro y a las críticas acervas que le dedica en su novela, Orsi dice que no opina mucho sobre la Iglesia “porque no me considero parte de su rebaño”. “Sólo la tomo en cuenta cuando invade zonas terrenales», añade, “cuando se mete, y mal, con temas tan delicados como el aborto, por ejemplo, y pretende decidir sobre el cuerpo de las mujeres, comulguen o no con su doctrina. Y no, no es santo de mi devoción, esa iglesia. El Papa Francisco se llama Bergoglio y es un político astuto, quiere poder, como cualquier político, astuto o tonto. Si llegó al Vaticano y se transformó en Francisco, habrá que estar alertas ya que sospecho que no es Dios lo que lo preocupa”.

‘Vivimos en jaulas de papel, decoradas por dentro con dibujitos de Disney y falsos mapas que nos tientan a buscar tesoros’, reflexiona Gotán. ‘Los poderes son hábiles decoradores de la nada’. ‘No siempre –o por lo general nunca- los buenos negocios son compatibles con la felicidad de los pueblos’.

Portada de Fantasmas del desierto, de Guillermo Orsi

Portada de Fantasmas del desierto, de Guillermo Orsi

Sólo su gato, que responde al  nombre de Félix Jesús, se escapa de su ácida y mordaz visión del mundo. ‘Se sabe que la condición humana les cae mal a los gatos, no le encuentran lógica alguna a contar con un cerebro tan pesado que, al paso de los años, se carga de prejuicios, sofismas, falacias y otras resacas de esa actividad compulsiva y sin salida a la que llamamos pensamiento’. “El Gato Félix ha estado tan presente en los iconos con los que de niños pretendieron moldear nuestras mentes como Jesús de Nazaret”, dice Orsi. “Me quedo con Félix”.

El autor bonaerense no se incluye dentro de ninguna de las corrientes del género. “Me siento cómodo escribiendo”, afirma. “Surge un conflicto, unos personajes y empieza el juego. De la cantidad de muertos y de amores que luego se sumen al mismo, ya no soy responsable. O intento que no se me acuse de ello”.

Portada de Tripulantes de un viejo bolero, de Guillermo Orsi

Portada de Tripulantes de un viejo bolero, de Guillermo Orsi

En cuanto al apogeo de la novela negra, constata que en Argentina se vive “cierto auge del género, en el que el lector que tal vez antes no frecuentaba encuentra zonas especulares, datos de la realidad que confluyen guiados por la ficción literaria y que tal vez le permiten una más cabal comprensión de lo que está sucediendo con las relaciones de poder y la violencia en nuestras sociedades. De los escritores e​spañoles del género, necesariamente hay que remitirse a Vázquez Montalbán, un clásico. De los más nuevos o modernos se sabe y se lee poco. Estamos lamentablemente aún fragmentados como lectores, por un mercado que lucra con esa fragmentación”

El ‘Efecto Premio’ pasa pronto, sentencia Orsi. Sin embargo, reconoce que le han servido “para aliviar cuentas, cuando fueron en efectivo y me han gratificado cuando como, en el caso del Hammett, llevan implícito el reconocimiento de tus pares”, concluye Orsi.

La editorial Almuzara ha publicada numerosos títulos des escritor argentino. “Pensamos que Orsi, como Roberto Bolaño en otro ámbito, ha conseguido trascender el género negro confiriéndole una calidad literaria de alto rango”, dice Javier Ortega, editor de este sello. “Va siendo hora de que las academias e instituciones dejen de lado sus prejuicios hacia la literatura de género -empiezan a hacerlo tímidamente- y reconozcan su papel esencial a la hora de reflejar los aspectos más turbios de nuestra sociedad. La obra de Orsi, repleta de imágenes poderosas, de diálogos punzantes y acerados y personajes que buscan ansiosamente la redención, es una metáfora admirable de nuestro tiempo, en el que la corrupción y la impunidad de los gobernantes han logrado que el idealismo y la honestidad parezcan conductas anacrónicas, propias del pasado”.

Guillermo Orsi

Guillermo Orsi

Bel Carrasco