«Los toros son más de lo que sucede en el ruedo»

Con motivo de la exposición ‘Los Toros son Cultura ¡Claro que sí!’, organizada por la revista Avance Taurino, en colaboración con la Diputación de Valencia y Simón Casas Producciones, implementada durante el desarrollo de la Feria de Fallas 2017 en el primer piso de la plaza de toros y que ha contado con la participación de un generoso número de artistas, literatos y periodistas  -Mario Vargas Llosa, Albert Boadella, Fernando Savater, Pere Gimferrer, Agustín Díaz Yanes, Andrés Calamaro, etc-, así como recapitulaciones axiomáticas e históricas de diversa índole -Camilo José Cela, Rafael Alberti, Pablo Picasso, Miguel de Unamuno, Ortega y Gasset, etc-, con el objetivo de aportar con sus respectivas sentencias un ejercicio de abogacía reflexiva de la tauromaquia, Makma entrevista al periodista Paco Delgado -comisario de la exposición, director de Avance Taurino y colaborador de información taurina en medios como Radio Nacional de España en la Comunidad Valenciana, La Razón, Las Provincias o Valencia Radio- y a Pedro Toledano -columnista taurino de dilata trayectoria en diferentes rotativas como El País, Levante y Las Provincias-, con la pretensión de conversar acerca de la cultura y el periodismo asociados al universo taurino.

¿Se alimenta esta exposición, ‘Los Toros son Cultura ¡Claro que sí!’, de la manifestación acontecida en Valencia el pasado 13 de marzo de 2016, bajo el lema ‘Los Toros, Cultura, Raíces y Libertad de un Pueblo’?

Paco Delgado (PD): ‘Los Toros son Cultura ¡Claro que sí!’ es una forma de dar conocimiento a la gente de que la fiesta de los toros es algo más de lo que sucede en el ruedo, que la fiesta tiene un componente cultural que excede, que es mucho, lo que acontece en el ruedo entre toro y torero, pero que no se limita a este comportamiento, que va mucho más allá, no solamente en el espacio, sino en el tiempo, porque la relación entre el hombre y el toro arranca, prácticamente, desde que aparecen sobre la faz de la tierra y se enfrentan por primera vez; ahí arranca la historia de la tauromaquia.

He apreciado que en el texto curatorial se hace una referencia a una acepción del término cultura emparentada con la antropología, como todo aquello fenotípico que va más allá de la genética.

PD: Sí, claro. Cultura es toda aquella creación humana que no tiene nada que ver con la genética, que requiere de un esfuerzo, de una dedicación y de una reflexión. A partir de ahí hay otras ciento sesenta y cuatro definiciones de cultura.

Paco Delgado y Pedro Toledano durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

Paco Delgado (izda) y Pedro Toledano (drcha) durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

Creo que esa acepción prácticamente nadie podría discutirla, salvo fruto del desconocimento, en tanto que compartida y universal. Sin embargo, ¿la acepción específica de cultura contemporánea que se maneja sigue atesorando un parentesco con la tauromaquia?

PD: El término cultura referido a tauromaquia lo tenemos que enfocar desde la etimología. Cultura viene de cultivación y la tauromaquia surge desde el momento en que se cultiva o se cría al toro, porque el toro es un animal que no tiene interés pecuniario, en tanto que no sirve para comer, ni para ayudar en las tareas del campo; no tiene interés nada más que para se lidie en una plaza.

Pedro Toledano (PT): La tauromaquia aparece como cultura cuando va tomando forma de expresión entre el torero y el toro. La tauromaquia llega a ser cultura por el camino del esfuerzo del hombre por crear algo con un material tan dúctil y maleable como es el toro de lidia. Es a partir de ahí cuando va ganando en expresión y llega hasta donde lo ha hecho hoy en día. Pero todo nace de la emoción, de la expresión que consigue el torero a través de su valor.

PD: De su valor y de su manera de intrepretar ese enfrentamiento, que lo traduce en arte. Luego ya enlazamos con ese concepto de arte y cultura en la que los toros han influido en toda las actividades del ser humano, desde la medicina hasta la pintura, la música o la arquitectura. Donde pongas la mirada vas a ver que hay huellas de la tauromaquia.

La tauromaquia, además, es una industria que tiene tres siglos tal y como la conocemos, pero ya existe de antes. En cualquier evento festivo o cualquier acontecimeinto social el toro estaba presente. Una boda, un bautizo real, una alianza, todo se festejaba con el toro. Y no olvidemos que los toros son la gran conquista social del pueblo español. Ahora mismo, en el contexto político en el que estamos, nadie se acuerda y algunos lo tienen como una cosa aristocrática, incluso franquista.

PT: Los aristócratas fueron apartados de la fiesta por el pueblo. El pueblo fue el que dijo “tú vienes aquí con el caballo a matar un toro, pero nosotros venimos a divertirnos”, con toda la expresión que ha ido evolucionando artísticamente.

Paco Delgado y Pedro Toledano durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

Paco Delgado (izda) y Pedro Toledano (drcha) durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

¿La evolucion cultural de la tauromaquia ha afectado, igualmente, a la genética y al ecosistema?

PT: Fíjate desde cuando Cúchares (Francisco Arjona) o Montes (Antonio) empiezan a torear, o darle forma a lo que es hoy la tauromaquia, lo que ha progresado hasta ahora, porque la propia genética del toro ha ido evolucionando hasta llegar a ser un material, de alguna manera, más dúctil, pero con la impronta de que es imprevisible.

PD: Hemos llegado a crear un animal artificial, un animal que no existía. Antes era un animal salvaje prácticamente intratable. Por la evolución y la genética se ha ido creando un animal que hace tres siglos no existía. Ahora tenemos un toro propio que es el toro de lidia, que en el momento en el que se supriman las corridas desparece.

PT: Y el bien ecológico que produce y que hemos visto a lo largo de la exposición. España es un país, afortunadamente, con mucho monte, no tenemos industria pero tenemos mucho campo y la crianza del toro está equilibrando el paisaje y la conservación del ecosistema.

PD: En el momento en que desaparezca el toro desaparece el ecosistema que es la dehesa. Y no solamente desparece el toro, sino un montón de especies que viven en ese ecosistema, aves, reptiles y demás que superviven gracias a la cría del toro. Sin contar ya los más de doscientos mil puestos de trabajo que genera su industria, los miles de puestos indirectos, el dinero que genera e ingresa el Estado gracias a la fiesta de los toros.

Unos de los apéndices fundamentales de la cultura taurómaca debemos encontrarlo en el periodismo taurino, en la crónica, como legado y constatación presente de su devenir histórico. ¿En qué media se ha transformado y cómo ha afectado a su desarrollo la transformación de los medios técnicos y audiovisuales o la formación cultural para el ejercicio de la comunicación?

PT: Creo que hemos salido perdiendo a través del tiempo. En la época anterior a nosotros, y como consecuncia de la guerrra civil, se incoporaron al mundo de la crítica personajes muy cultos, muy preparados, que no tenían cabida en el ámbito político que se estaba viviendo en España, y se refugiaron en la crítica de toros. Entonces había crónicas que eran una delicia. Ahora, el periodista, probablemente, domina más la técnica pero no la literatura, lo que era darle el carácter literiario a la crónica. En este sentido, creo que la crónica taurina del pasado era mejor que la presente.

PD: Ahí influyen dos factores: por un lado la inmediatez que requiere ahora el medio periodístico, en tanto que termina la corrida y tienes que tener la crónica ya hecha. Eso imposibilita que repases la crónica, que la pulas, que se repose. Antes salían las crónicas con dos o tres días de retraso, podía pensarse detenidamente, uno podía recrearse, hacer una pieza literaria. Ahora es una crónica de urgencia. Por otro lado, tenemos un fenómeno que es muy perjudicial, sobre todo para el aficionado, que es que el periodismo taurino está derivando en un medio publicitario de cara a las empresas y los toreros. Ahora hay muchos medios que no hablan para el público, sino para el profesional taurino, con lo cual diría que se está engañando al aficionado.

Pedro Toledano y Paco Delgado durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

Pedro Toledano (izda) y Paco Delgado (drcha) durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

En consecuencia, ¿ello contribuye a alimentar ese fenómeno endogámico, asociado a la tauromaquia, que imposibilita universalizar parte de lo que acontece en este ámbito, es decir, que posibilite una mayor democratización del conocimiento taurino?

PD: No es que se limite esa democratización, sino que se está teledirigiendo la información, se está manipulando.

PT: Creo que se ha derivado a proteger lo que es la fiesta y hemos caído en este error. El no criticar lo suficientemente claro lo que pasa en el ruedo para que los que nos leen, que no sean aficionados, no consideren que esto no merece la pena. Nosotros mismos hemos derivado hacia una fórmula de protección y, de alguna manera, le estamos hurtando al lector, aficionado y público asistente, muchos matices que en un momento dado se dirían y permitirían un mayor aprendizaje del aficionado. Hemos perdido algo de frescura.

La crónica taurina probablemente sea la que con más riqueza emplea el lenguaje y, por tanto, también exige de un lector mucho más avezado.

PT: Porque se utiliza mucho el léxico. La tauromaquia es muy rica en expresión, tanto en la plaza como en la literatura. Si embargo, la immediatez y la urgencia de hoy nos ha obligado a soslayarlo y nos basamos más en la técnica del momento.

PD: Un periodista que se dedique a la información taurina tiene que tener unos conocimentos profundos de lo que es la tauromaquia, con unas referencias más complejas de las que pueda tener otro tipo de periodismo.

¿Qué factores han influido en la progresiva animadversión y desconexión hacia la cultura taurina?

PT: Mucha culpa de esa desconexión que existe entre parte de la sociedad y el mundo del toro la tienen los políticos, sólo y exclusivamente. Ya sabemos lo fácil que es majear a las masas y para ser aficionado a los toros también debe tenerse un nivel de preparación más alto que en otras expresiones populares y artísticas, incluso.

PD: Para lograr una mayor conexión son fundamentales los medios masivos, la televisión, que otorgue mayor presencia a los toros. También influye que se ha perdido de vista la vida rural. La gente joven desconoce lo que es el campo.

PT: No han visto matar a un cordero, a un conejo o a un cerdo. Todo eso influye en la relación con la muerte, no se percibe con igual naturalidad.

PD: La corrida de toros, al fin y al cabo, es la representación de la vida. El sufrimiento, la cumbre, el afán de superación, la codicia y también está la muerte; es un personaje principal. Desde fuera la gente ni lo percibe ni se lo puede imaginar.

Pedro Toledano (izda) y Paco Delgado (drcha) durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

Pedro Toledano (izda) y Paco Delgado (drcha) durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

Jose Ramón Alarcón

Enrique Amat: «el toreo es más arte que lidia»

Entrevista a Enrique Amat, escritor y crítico taurino del periódico ‘Levante’, con motivo de la presente edición de la Feria de Fallas 2016.

Durante el mediodía de San Taciano, a refugio, tras defensa y pared bermeja en callejón diurno, con el coso en paños menores y costuras del revés, Makma conversa tras los burladeros de la plaza de toros de Valencia con un referente de pluma estilística y domesticado acervo léxico taurino, horma de crónica y dechado de crítica por el Mediterráneo, Enrique Amat.

Amparándome en la técnica del círculo concéntrico -propedéutica filosófica de José Ortega y Gasset-, comienzo circunscribiéndonos cronológicamente. Tras la publicación de esta entrevista habrán transcurrido siete jornadas de Feria de Fallas, por tanto, ¿cuál sería tu diagnóstico de lo acontecido hasta el momento e, igualmente, qué esperas que suceda durante los días venideros, remate de la feria josefina?

La empresa califica la feria como “la feria del cambio”; efectivamente, José Garrido salió el otro día por la puerta grande -se presentaba en Valencia como matador de toros-. Ayer, Juan del Álamo -otro nuevo torero que igualmente se presentaba aquí como matador- también abrió la puerta grande. Por tanto, de momento la lectura es que los toreros jóvenes están apretando y pidiendo paso, siendo muy importante para el futuro de la fiesta. Ahora tenemos a otros dos toreros que están apretando mucho, como López Simón y Roca Rey, por lo que esta “feria del cambio” se va a consolidar, convirtiendo a Valencia en la plaza que marca el rumbo de lo que será la temporada en el resto de España. A partir de hoy comienza la gran feria, con toreros de champions, muy variada y con muchos matices.

En otros aspectos, la presente edición de la Feria de Fallas ha supuesto un punto de inflexión citadino, de refrendo popular. ¿Qué te ha parecido la manifestación acontecida en la jornada del domingo?

Eso fue muy importante, porque el año pasado se hizo algo parecido en Castellón, en el mes de febrero, y sólo fueron los aficionados y las peñas, echándose en falta a quienes viven del toro -el ganadero, el torero y el empresario- y no fue nadie. Este año sí que se han concienciado los profesionales, que en definitiva son los que se juegan el sustento. El domingo estuvieron aquí José Tomás, «El Juli», Morante, Ponce, ganaderos como Victorino Martí, Álvaro Domecq, Nuñez del Cuvillo, empresarios como los Chopera, Matilla, Cutiño (todos los empresarios relevantes), todas las fuerzas vivas del toreo se dieron cita aquí, aparte de los aficionados.

Se trataba de dar una llamada de atención, porque desde las pasadas elecciones municipales el tema antitaurino se ha puesto de moda. Ellos tienen una especie de aprensión por todo lo que significa la fiesta de los toros. Los taurinos siempre hemos sido bastante dejados y ellos se movilizan muy bien.

El escritor y crítico taurino Enrique Amat en un instante de la entrevista, con Jose Ramón Alarcón. Fotografía: Fernando Ruiz.

El escritor y crítico taurino Enrique Amat durante un instante de la entrevista en la plaza de toros de Valencia, con Jose Ramón Alarcón. Fotografía: Fernando Ruiz.

¿Cabe hablar de estigmatización política?

La fiesta de los toros no está de moda por motivos políticos, se identifica con un mal entendido españolismo, con la derecha, cuando uno habla y se encuentra con toreros importantes como Pepe Dominguín o Domingo Dominguín, hermano de Luis Miguel, quienes eran del Partido Comunista; «Manolete» era íntimo amigo de Indalecio Prieto, con quien siempre se reunía en el exilio en México. No es correcto identificar las corridas de toros y los festejos populares con la España de la derecha, sí con el país, porque esto es una manifestación de la cultura española, pero aquí no nos pedimos el carné de ningún partido; a la plaza vienen gentes de todos los espectros.

En tu artículo/crónica del lunes en ‘Levante’, a propósito de la manifestación dominical, mencionabas reflexiones vertidas por Sáenz de Madariaga, Jean-Jacques Rousseau y el ínclito alcalde de Madrid, Tierno Galván, para tu discurso de abogacía ¿Debe uno recurrir a referentes demasiado distantes en el tiempo para encontrar argumentos de peso intelectual?

Almodóvar ha ganado un Oscar con una película de temática taurina; Andrés Calamaro es un defensor de la fiesta, como Joaquín Sabina (a quien podríamos calificarlo de progre); «Loquillo». Como yo estudié Derecho, las citas de la doctrina siempre las utilizo en aquella línea. Tierno Galván menciona que la fiesta de los toros es lo que más ha educado al pueblo español. Tal y como está la política y la sociedad española, que alguien como él hablase acerca de que los toros educan social y políticamente al pueblo es importante. Rousseau intuyó en su momento que la fuerza que tenía el pueblo, la cultura y la mentalidad española, estaban muy mediatizados por la fiesta de los toros. Un elemento de cohesión social.

En su ensayo sobre la ‘Tauroética’, Fernado Savater menciona que “en el derecho tradicional se considera bárbaro el hecho de no distinguir entre lo humano y lo animal. Es bárbaro, tradicionalmente hablando, quien trata a otros de sus iguales como animales”. ¿Cuánto de filosófico habría en ese debate y cuánto de atávico o telúrico?

El animalismo y el humanismo mal entendido funcionan con tópicos y frases hechas. El otros día, el alcalde (Joan Ribó) dijo que aquí, en esta plaza, debían celebrarse las corridas a la portuguesa, es decir, que no se mate a los toros; pero él no sabe que si no se matan aquí, cuando entren en el corral les van a dar un puntillazo, no se los llevan al campo. Ver cómo se mata a un toro en el corral es un espectáculo muy triste. En la plaza muere defendiendo su vida, con dignidad, brillantemente. El toro es cuidado durante cuatro años al máximo para que luego pueda defenderse en el coso. A mí no me gusta entrar en el debate, porque esto es un sentimiento también. Sólo pedimos respeto. A quién no le guste no se le puede obligar, pero que entienda que para otros es un privilegio sentir la fiesta de los toros. En España hay seis mil festejos populares al año y ello está completamente integrado entre la gente y el pueblo y no lo puedes quitar porque sí.

Entrando en materia de periodismo taurino, si hay un referente popular, entre otros, éste sería Joaquín Vidal, periodista, escritor y crítico taurino seguido por infinitud de lectores ajenos a la fiesta.

Joaquín trascendía la fiesta de los toros; escribía muy bien (quizá no sabía tanto de toros), pero él lo volcaba más al estudio sociológico. Era un referente, un extraordinario escritor. Recuerdo una crónica del día de San José, en Valencia, que tituló ‘El coladero de la calle de Játiva’, en la que analizaba el comportamiento, la idiosincrasia y la mentalidad del valenciano. Ya no era hablar sólo de toros y qué juego ha dado cada uno, sino también hablar de la filosofía del valenciano, como también lo reflejaría de Bajadoz o de Madrid.

Otro gran referente para mí ha sido Javier Villán, de ‘El Mundo’, quien ha sido poeta y crítico teatral. Escribía muy bien de toros y acerca de lo que era el entorno del toreo, el análisis de la personalidad de los toreros, de los aficionados, de la fiesta en sí.

Estampa de los tendidos de la plaza de toros de Valencia. Fotografía: Fernando Ruiz.

Estampa de los tendidos de la plaza de toros de Valencia. Fotografía: Fernando Ruiz.

En base a tu experiencia, tras varios lustros como crítico taurino, ¿qué condiciones debe atesorar una crónica para que ésta sea plausible?

A mí me han gustado siempre los toros. Quise hacer periodismo, pero por circunstancias estudié Derecho. Tuve el privilegio de llegar a ser crítico taurino, llevando veintisiete años en el tema. A mí me gusta, primero, situar la corrida en un ambiente, o que la crónica tenga un pretexto. Como punto de partida, me gusta analizar el juego de los toros, uno por uno, porque, en definitiva, el toro es el rey de la fiesta. Lo primero que hay que hacer es valorar el toro que tienen delante los toreros. Muchos compañeros igual hablan en general, pero yo prefiero analizar toro por toro y eso es lo más importante. Luego analizar el comportamiento de los tres toreros y si a estos los puedo enmarcar en algún tipo de pretexto argumental y metataurino, mejor. Me gusta explicar e interesar a la gente, tampoco pretendo crear doctrina y que la gente vea los toros como los veo yo. El crítico tiene que informar y tratar de educar, aunque decía Guerra (Alfonso) que “de toros sólo saben las vacas… y algo”.

Yo llevo veintisiete años en esto y tengo mis dudas; me preocupa equivocarme al analizar un toro, si la crónica o la valoración la he hecho bien, aunque aquí no se equivoca nadie, ya que este es un espectáculo abierto, en el que valen todos los matices y opiniones, cuyos trofeos son por aclamación popular (si al presidente le aprietan se ve obligado a dar la oreja). Hay que respetar los gustos. A mí me gusta explicar lo que ha pasado en la plaza, que el lector se entretenga con la crónica y que ésta sea lo más didáctica posible (aunque yo no soy nadie para enseñar a otros); crear la crítica que me gustaría leer.

La crítica taurina es un género del periodismo y de la comunicación en el que predominan los aditamentos y los calificativos sobre los hilos narrativos. Se debe atesorar, por tanto, un excelso dominio del lenguaje. ¿Cómo diferenciar la propia pluma del influjo de otras?

Hay mucha gente que está pendiente de lo que escriben los demás o salen de la plaza, llaman y conversan para ver cómo lo han visto otros. A mí me gusta ver los toros, entre comillas, solo, no contaminarme con opiniones de nadie y escribir lo que yo pienso. Al día siguiente, a lo mejor echas un vistazo a lo que han hecho los demás. Como bien dices, el lenguaje es muy importante y la jerga taurina es riquísima; las expresiones son muy ricas, muy sugerentes. Tampoco hay que caer en la pedantería semántica. Hay que hacer la crónica para que la gente la entienda, pero sí me gusta introducir ciertas palabras.

¿Se escribe para un lector más avezado?

Sí, porque la crónica, en definitiva, te la lee un aficionado. En el caso de Vidal (Joaquín), no. Siendo incluso ‘El País’ un periódico antitaurino (Manolo Vicent, por ejemplo, ha combatido mucho los toros), a Vidal le leía mucho la gente, con independencia de los toros, porque era un buen escritor. El lector taurino busca para ver lo que ha pasado en la plaza, está más puesto, acostumbrado a la jerga. A mí me gusta utilizar múltiples términos, más que nada porque no te tienes que repetir. Si hablas de seis toros no puedes estar empleando la palabra «toro» continuamente; tienes que hablar de «astado», de «bureo», de «oponente», de «antagonista», porque luego, por la mañana, te levantas, coges el periódico y adviertes que en la crónica se repiten las palabras ochos veces.

No hay nada como desayunar con la palabra «genuflexo».

Puedes hablar de «genuflexos», de «hinojos», o un “toro claudicante”. Hay que buscar la riqueza en el lenguaje.

A propósito de ello, atesoras en marcha la culminación de un ensayo sobre, entre otras cuestiones, el lenguaje taurino.

Sí, será mi decimoquinto libro. Fundamentalmente, es un libro sobre los toros y la cultura, con algún pequeño ensayo sobre la Fiesta, como una creación de arte efímero de juego con la muerte, un arte que es volátil, puesto que una media verónica desaparece al realizarse. Habrá fotos, habrá cuadros, pero la obra del torero permanece en la retina de los aficionados, en la memoria. Una foto no es lo mismo. A partir de ahí, hablar de lo que representa el toro para la cultura, de qué gente se ha hecho eco o se ha inspirado en la fiesta de los toros -poetas, escultores, novelistas, dramaturgos, cineastas, músicos, etc.-; reflejar en todas las partes de la cultura la presencia de obras. Quiero recoger una treintena de cada disciplina y referirme, también, a la presencia del lenguaje taurino en la vida cotidiana española, en la jerga.

El escritor y crítico taurino Enrique Amat durante un instante de la entrevista. Fotografía: Fernando Ruiz.

El escritor y crítico taurino Enrique Amat durante un instante de la entrevista. Fotografía: Fernando Ruiz.

¿Es notable su presencia en el acervo popular?

Numerosas expresiones taurinas se utilizan, no sólo en la Fiesta, sino que se han extrapolado al devenir de la vida diaria: “te van a dar un bajonazo”, “te van a dar el tercer aviso”. Cuando alguien está muy enfermo puede decirse “lleva media en las agujas” (un toro que está “media en las agujas” significa que está a punto de doblar), o expresiones como “has estado peor que Cagancho en Almagro” -que era un torero muy importante que tuvo una muy mala tarde-, “hacer novillos” -que proviene de cuando los toreros antiguos se escapaban y se iban de capeas-. Hay mil modismos y palabras. Para referirse al miedo puedes recurrir a “canguelo”, “canguis”, “jindama”, “neurastenia”, etc. Son riquísimas y variadas las expresiones que decimos todos los días y están sacadas de la fiesta de los toros.

En algunos casos, expresiones en ineludible riesgo de extinción. ¿Consideras que existen rescoldos y augurios respecto de las generaciones venideras, especialmente atendiendo a la falta de formación en múltiples ambitos?

Eso difícilmente morirá, porque son expresiones enraizadas. Lo que pasa es que hoy se escribe mal y se lee peor, sobre todo a causa de los aparatos tecnológicos. Para la gente joven su vida es el smartphone y ello genera un empobrecimiento del lenguaje, que tendrá consecuencias, lógicamente, en todos los ámbitos. Pero creo que persistirá. Esto ha estado en crisis toda la vida y llevamos seis siglos con la fiesta de los toros. Imagino que se perpetuará.

A propósito de etapas críticas, recientemente se ha publicado un estudio de la tauromaquia en clave económica con resultados halagüeños.

Un estudio de Juan José Medina (profesor de Teoría Económica de la Universidad de Extremadura)  muy revelador, silenciado por la prensa oficialista, según el cual se crean 200.000 puestos de trabajo directos e indirectos, apuntando la cifra que representa en el PIB nacional y la repercusión económica de la fiesta de los toros. Un estudio en profundidad de cuanto genera. La gente dice y habla sobre lo que cuesta el toro, pero la Diputación gana dinero porque el empresario paga; la escuela taurina o el museo no cuestan dinero, eso se saca de lo que el empresario da por el alquiler de la plaza a la Diputación; si es que, encima, no es deficitario. La empresa paga un canon muy alto por tener la plaza. A la Diputación nadie le dice lo que hace con ese dinero. Igual reinvierte en los toros un 20 o un 25% de los 300.000 € que obtiene de la plaza, el resto ahí queda. La fiesta no sólo no es deficitaria, sino que genera ingresos a nivel institucional, aparte de restaurantes, hoteles, furgonetas y todos los profesionales que se mueven alrededor del toreo, como banderilleros, apoderados, picadores, mozos de espadas, etc.

Además de la industria textil.

Fíjate que todos los días salen al ruedo quince o dieciocho profesionales vestidos de luces. Tres toreros, nueve banderilleros y seis picadores; multiplícalo por corridas. Un matador bueno igual se hace siete u ocho vestidos al año; los capotes, las muletas, los estoques, todo eso hay que hacerlo y es una industria que mueve a muchísima gente y genera numerosos puestos de trabajo.

¿Qué panorama de futuro vislumbras a medio y largo plazo?

Estamos en un momento complicado. El otro día estaba leyendo un libro sobre las vísperas de la Guerra Civil, en el año 34, momento en el que se decía que esto de los toros se acababa, que era una época muy convulsa. Pero bueno, pasó, y ahora estamos viviendo algo parecido a eso. Los toros no están de moda y las instituciones están con un afán de quitar la fiesta de los toros. Yo confío en que pasará. El otro día, el domingo, fue muy importante que la gente saliese a dar la cara. Espero que dentro de quince o veinte años, con muchas más canas, estemos aquí y sigamos hablando de la Feria de Fallas y que torea el hijo de «El Soro» o el nieto de «Paquirri», y que esto subsistirá. En ‘El caballero de Olmedo’ ya se hablaba del lance al toro y fíjate si han pasado siglos. Que cambiará esto, posiblemente sí. Sin los encierros de San Fermín o de Cuéllar esto no sería lo mismo, por ejemplo.

El escritor y crítico taurino Enrique Amat y Jose Ramón Alarcón, durante un instante de la entrevista. Fotografía: Fernando Ruiz.

El escritor y crítico taurino Enrique Amat y Jose Ramón Alarcón, durante un instante de la entrevista. Fotografía: Fernando Ruiz.

¿Estimas, por tanto, que la tauromaquia sigue siendo parte inherente y consustancial del arte y la cultura española contemporánea?

Estamos hablando de autores. En el ‘Gargoris y Habidis’ de Sánchez Dragó, que es una historia de España, él defiende muchísimo el tema atávico de los toros. Él es muy aficionado, va a Soria a presenciar el toro de Medinaceli. Ortega y Gasset decía que para entender la historia y la idiosincrasia de España había que asomarse a una plaza de toros. Mencionaba Valle Inclán que si el teatro tuviese la emoción que tienen las corridas de toros sería un espectáculo fantástico. De hecho, Rafael “El Gallo”, que ha sido para mí el torero más importante, le brindó un toro a la célebre actriz María Guerrero y le dijo algo así como: “tengo el honor de brindarle este toro y la admiro mucho por su arte, me gusta mucho el teatro, pero tenga en cuenta una cosa, que en el toro se muere de verdad y no de mentirijillas, como ustedes”. Aquí se es capaz de crear arte y encima jugándose la vida. Alguno no lo entendrá, pero creo que es lo más grandioso que hay.

¿Consideras compartir algún consejo para iniciarse en estas apreciaciones?

Que uno se ponga en el toro. Siempre recomiendo a los aficionados que de los seis toros, en uno sigan al toro desde que sale al ruedo hasta que lo arrastran, porque entenderán mucho mejor este espectáculo. Numerosas veces perdemos de vista al toro, que es lo más importante. Es verdad que lo pican, que lo banderillean, pero no se le pica por crueldad, todo tiene una justificación; y hay que matarlo, porque un toro placeado no se puede volver a torear, ya que aprende y es inteligente. En definitiva, son corridas de toros, no de toreros.

Aunque hay quienes acuden únicamente a ver a los toreros.

El domingo, por ejemplo, vendrán a ver a Cayetano y a «El Fandi», pero si quitamos al toro nos vamos al ‘Principal’. Como decía la frase de Madariaga, participa el toreo del ballet, de la música, como un arte multidisciplinar. El que se juega la vida es lógico que busque un animal lo más pastoño posible para generar su arte, pero si quitamos al toro…, es algo en lo que algunos taurinos también se equivocan a veces.

Nada como culminar con alguna anécdota emparentada con esta plaza.

Juan Belmonte, en 1912, toreó aquí una novillada sin picadores. Él no era físicamente fuerte, tenía unas piernas de trapo; él cambió, entonces, la forma de torear. Antes se toreaba sobre las piernas, con poder. Él, como no se podía mover, acortó las distancias. Hizo un toreo más de quedarse quieto, de valor. Antes decían que todos los terrenos eran del toro y él dijo “no, todos los terrenos son del torero”. Ahí tuvo que ver la intuición valenciana, puesto que a él se lo trajeron desahuciado de Sevilla. Vivió varios meses en una pensión, le dieron una oportunidad, llevando un vestido horrible, medio cojeando (era patizambo y feo). La gente se reía de él en el paseíllo. Al cabo de dos horas, algo habían intuido los valencianos, que aquello era algo nuevo. Convirtió la lidia en arte; fue la revolución belmontina de la ‘edad de oro’ de la tauromaquia. Ahora el toreo es más arte que lidia.

Jose Ramón Alarcón

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La explícita intrahistoria del cartel taurino

Feria de Fallas 2016
Plaza de Toros de Valencia
Xátiva 28, Valencia
Del 11 al 20 de marzo de 2016

Atesorar más de dos siglos y medio de una trayectoria por la que han transitado y se han visto implicados diversos oficios, razones estéticas, perfiles artísticos y el desarrollo de un sector de la industria, permite volcar, cuando menos, una mirada analítica tras la que obtener un fragmento del devenir histórico. Alguna de las extremidades o aditamentos del cartel taurino nos brindan un mapa –exquisito, en ocasiones- del acontecer político, económico y social, henchido de instrumentos con los que descifrar usos y costumbres, preceptos, comedidos giros copernicanos de la tecnología, acontecimientos singulares, episodios de relevancia y magnitud, sucesos luctuosos y la explícita composición de una Fiesta cuya idiosincrasia va adquiriendo tintes arquetípicos anexos a una columna vertebral definida, fruto del transcurso de las sucesivas generaciones.

Desde que en septiembre de 1737 se anunciase la celebración de una corrida de toros en la plaza del Soto de Luzón (Madrid), “para convertir su producto en alivio de los pobres enfermos de los Reales Hospitales”, la apariencia y evolución de la cartelería transita de la mano de cuantas transformaciones decisivas dibujan el horizonte del país. Se convierte en un fenómeno ineludible de comunicación visual que nos permite conocer advertencias y preceptos, reglamentación, prelación de ganaderías, distintas modalidades de espectáculo, alternativas y figuras.

Cartel de Cecilio Plá anunciando la "gran corrida de toros de muerte" en la nueva plaza de toros de Barcelona (1902). Imagen cortesía de la biblioteca del Museo Taurino de Valencia.

Cartel de Cecilio Plá anunciando la «gran corrida de toros de muerte» en la nueva plaza de toros de Barcelona (1902). Imagen cortesía de la biblioteca del Museo Taurino de Valencia.

Durante el siglo XVIII y hasta 1840, el cartel taurino se caracteriza por un encabezamiento estricto que reporta el protagonismo a la figura del Rey o de la Reina, quienes autorizan y disponen la celebración del festejo. Una corrida en Madrid en honor de la Constitución de 1837, tras la regencia de María Cristina de Borbón y la Primera Guerra Carlista, suprime estos determinismos estéticos y permite gestar un proceso de innovación progresivo que no cesa hasta la década de los años treinta del siglo XX.

“En honor a…”, “A beneficio de…”, “Destinado para…”,  suelen ser exordios o encabezamientos habituales, acompañados de curiosas orlas y viñetas –grabadas en madera hasta el último cuarto del siglo XIX- surgidas en provincias y ulteriormente difundidas por Madrid y Sevilla. Desde 1850 en adelante comienzan a introducirse imágenes con motivos de escenas específicas de la plaza, como barrera y tablas, suerte de varas, banderillas, etc.

Coincidiendo con la pérdida de protagonismo del toreo de origen caballeresco y nobiliario en beneficio del toreo de a pie –de raíces plebeyas-, los rudimentos técnicos para la composición de los carteles se transforma, dando paso a la litografía, la cromolitografía y el fotograbado, siendo acogidos como una revolución decisiva en el oficio. Hasta tal punto suponen un punto de inflexión, que brotan diversas imprentas especializadas –de entre las que debe destacarse sobremanera la valenciana José Ortega, a partir de 1871- fruto de un nuevo horizonte de necesidades económicas. Es entonces cuando los artistas a quienes se encargan los motivos estéticos manuscriben sus primeras rúbricas; Marcelino de Unceta, Daniel Perea y Emilio Porset se erigen en referentes ineludibles.

Cartel de Roberto Domingo anunciando la "Gran corrida extraordinaria" en estío valenciano de 1925. Imagen cortesía de la biblioteca del Museo Taurino de Valencia.

Cartel de Roberto Domingo anunciando la «Gran corrida extraordinaria» en estío valenciano de 1925. Imagen cortesía de la biblioteca del Museo Taurino de Valencia.

Tras una longeva etapa de influencias negras de Goya o pintoresquismos becquerianos, con un predominio de la silueta y los colores netos, así como un folclorismo regional, con un punto de vista burgués de lo pintoresco alentado por la Restauración, asistimos a una generación de “luminismo” y “modernismo” radicalmente emparentado con los artistas que pueblan el Mediterráneo, determinados por la Escuela Valenciana de Sorolla o Muñoz Degrain. Destacan los valencianos Cecilio Plá (1860-1934) –colaborador habitual de la revista ‘Blanco y Negro’ y del Circulo de Bellas Artes de Madrid-, José Mongrell y Torrent (1870-1937) y Genaro Palau (1868-1933). Sobresalen por un academicismo y naturalismo nutrido de policromías que permite concluir un influjo heterodoxo del impresionismo.

Una modernización industrial tardía exhorta a emplear en el cartel estampas vinculadas con el ferrocarril, los automóviles y grandes transatlánticos. El desarrollo de técnicas inéditas, facilitadas por el cinematógrafo y la fotografía, polariza el uso de la cartelería como publicidad personal, democratizándose el usufructo de la imagen, en pos de caballistas, banderilleros, cómicos, figuras de la canción y del cine, propiciando un tipo de cartel menos alegórico y más populista.

En pleno apogeo de las artes gráficas, encontramos un determinante cenit de expresión artística en la denominada “Edad de oro” del cartel taurino (1923-1931), en plena dictadura de Primo de Rivera y reinado de Alfonso XIII, hasta los albores de la proclamación de la Segunda República Española . Destacan de un modo sobresaliente el alicantino Carlos Ruano Llopis (1878-1950) –formado en la Real Academia de San Carlos de Valencia- y Roberto Domingo (1883-1956). Su magisterio artístico asienta las bases del cartel moderno, fijado y uniformado con claves y aditamentos que perduran hasta la actualidad.

Cartel de Martínez Ortiz para las "Corridas Generales de Bilbao" de 1934. Imagen cortesía de la biblioteca del Museo Taurino de Valencia.

Cartel de Martínez Ortiz para las «Corridas Generales de Bilbao» de 1934. Imagen cortesía de la biblioteca del Museo Taurino de Valencia.

Mientras las corrientes artísticas van desintegrando sus lazos con estilos pretéritos, como el Art Déco, el Fauvismo o el Futurismo –con modestas incursiones en cuanto al tema que nos trata-, en España asistimos a un predominio del cubismo –ya exhausto a nivel internacional- en la publicidad, con tímidas aportaciones, sin embargo, en cuanto al cartel taurino se refiere. Se aprecia  entonces un contumaz inmovilismo que perdura hasta nuestros días, a pesar de brillantes y diversas iniciativas para promulgar una nueva regeneración estética. Citemos como ejemplos al insigne artista valenciano Josep Renau (1907-1982) –quien, en 1934, obtiene el primer premio en un concurso de cartel taurino que atesora por objetivo su renovación estilística, a través de un mayor esquematismo y sintetización-, los postmodernistas y noucentistas catalanes o los intentos de transformación de la escuela vasca y navarra, de generosa originalidad en sus diseños.

Sumidos en los primeros pasos del siglo XXI, las novísimas técnicas del diseño gráfico permiten, a la par que la comunicación, reportar un cariz de inmediatez a las labores de producción y difusión. Sin embargo, han de ser indefectiblemente los artistas –con sus propuestas- y, sobremanera, las empresas del sector quienes propicien una siguiente metamorfosis (si lo estiman necesario), alentando nuevas vías acordes con las corrientes estéticas que nos son coetáneas. La estética visual supone indefectiblemente un auxilio determinante para la comunicación y, por ende, para la transmisión del conocimiento y de la cultura taurina.

Jose Ramón Alarcón y Merche Medina

Un baño de cine

Cine en los Baños
Ocho y medio, de Federico Fellini, y Acabo de tener un sueño, de Javier Navarro (viernes 21 de noviembre. 19.00h)
Ojos negros, de Nikita Mikhalkov, y Charlot en el balneario (viernes 28 de noviembre)
El balneario de Battle Creek, de Alan Parker (viernes 5 de diciembre)
Baños del Almirante
C / Baños del Almirante 3-5. Valencia
Del 21 de noviembre al 5 de diciembre

El Consorcio de Museos reabrió Baños del Almirante en enero y ahora quiere ofrecer al público, tras las cerca de 14.000 visitas alcanzadas, una programación cultural complementaria. El Palacio del Almirante, la obra más importante de la arquitectura privada en estilo gótico que se conserva en Valencia, según apreciación de la Conselleria de Cultura, se lo merece. “Queremos darle un valor añadido a este enclave cultural de la Valencia histórica”. Lo dijo Felipe Garín, director del Consorcio de Museos, previo a la presentación del ciclo de cine en torno a la figura escenográfica del balneario.

Fotograma de 'El balneario de Battle Creek', de Alan Parker. Cine en los Baños del Almirante.

Fotograma de ‘El balneario de Battle Creek’, de Alan Parker. Cine en los Baños del Almirante.

Con ‘Ocho y medio’, de Federico Fellini, arranca la programación cinematográfica dirigida por Javier Bosch, que tendrá su continuación los próximos viernes con otras dos destacadas proyecciones. “Se hará en pantalla al estilo tradicional”, destacó Garín, para dotar a la actividad de ese plus de calidad que se merece tan singular escenario. Con capacidad para 60 personas, el director del Consorcio de Museos reconoció el carácter experimental del ciclo: “Dependiendo del aforo que haya, nos plantearemos la posibilidad de repetir la sesión en otro momento si finalmente se sobrepasa la capacidad de que disponemos”.

La película de Fellini ‘Ocho y medio’, en torno a los problemas del acto creativo encarnado en la figura de Guido Anselmi (Marcello Mastroiani), estará acompañada del cortometraje ‘Acabo de tener un sueño’, de Javier Navarro, quien será a su vez el invitado a la charla coloquio posterior. El trabajo de Navarro ha obtenido 10 premios en España y 18 internacionales, lo que permitirá conocer de primera mano sus impresiones acerca de la creación, más que la temática del balnerario en sí, con la que arranca el ciclo.

Fotograma de Ojos negros, de Nikita Mikhalkov. Ciclo Cine en los Baños del Almirante.

Fotograma de Ojos negros, de Nikita Mikhalkov. Ciclo Cine en los Baños del Almirante.

‘Charlot en el balneario”, ésta sí directamente asociada a la temática de ‘Cine en los Baños’, será el cortometraje que abra la sesión del viernes 28 de noviembre (19.00h), previo al largometraje de Nikita Mikhalkov ‘Ojos negros’. De nuevo Mastroiani dando vida a un viajero enamorado de la rusa Anna Sergeyevna (Elena Safonova) y, de nuevo, al igual que le ocurre a su personaje de Guido Anselmi, entrando en una suerte de ensoñación melancólica. Balnearios, creación y melancolía como trasfondo común. Emilio Mencheta, actor y productor, será el invitado a la charla posterior.

Cerrará el ciclo, la película de Alan Parker ‘El balneario de Battle Creek’, con Anthony Hopkins, el viernes 5 de diciembre. El filósofo David Montesinos, autor de ‘La juventud domesticada’, será el invitado para hablar del film, así como de la medicalización de las comunidades contemporáneas.

Felipe Garín adelantó que la artista Teresa Esteban expondrá en enero sus esculturas inspiradas en portadas árabes y otros motivos arquitectónicos, como continuación de la programación cultural prevista en Baños del Almirante. Antes, la muestra ‘Los toros como pretexto’, fruto de la colaboración con la Agencia EFE, se ocupará de reflejar la importancia de la tauromaquia desde principios del siglo XX a la actualidad con imágenes del gran fondo de la agencia de prensa. Cine, escultura y toros, para que Baños del Almirante sea “algo más que visita turística”.

Marcello Mastroiani en 'Ocho y medio', de Federico Fellini, película del ciclo 'Cine en los Baños', en Baños del Almirante.

Marcello Mastroiani en ‘Ocho y medio’, de Federico Fellini, película del ciclo ‘Cine en los Baños’, en Baños del Almirante.

Salva Torres

Eduardo Arroyo: «Ahora hay una sovietización del arte»

“No quiero ser un cascarrabias”. Eduardo Arroyo (Madrid, 1937) lo dice poco después de dejar constancia del aburrimiento que le produce el mundo del arte actual. “Es muy difícil de comprender y me produce agotamiento”. El marco de ese aburrimiento y de esa incomprensión lo describe con la elegancia ácida del artista que vivió el incendio parisino de Mayo del 68. Pasados los años, habla como si leyera el presente sobre las cenizas de aquella experiencia. Y esto es lo que ve. Primero: “Ahora hay una sovietización del arte”. Y segundo: “Estamos en un mundo lleno de funcionarios, consejeros y burócratas”.

Eduardo Arroyo desgrana cada una de sus afirmaciones con una voz que suena socarrona. Quizás no lo pretenda, pero así le sale. “Hoy día el artista trabaja para el Estado, por la naturaleza misma de su trabajo”. Y para subrayar esa crítica, pone un ejemplo acerado. “Supongo que no es nada fácil vender 200 camellos disecados, salvo que todo ello termine en un museo”. Museos que ve todos iguales, “con los mismos nombres y las mismas exposiciones”. Es lo que ocurre cuando el mundo (segundo de sus postulados) se llena de funcionarios y burócratas que ejercen un poder muy grande (“habría que preocuparse por ello”).

Salva de la quema al MuVIM. Arroyo ha realizado el cartel anunciador de la exposición que el Museu Valencià de la Il.lustració i de la Modernitat dedica a Blasco Ibáñez, y que se inaugurará mañana. Del resto no dice nada bueno. No sólo por lo que respecta al IVAM. El alcance de sus críticas abarca toda España. “Lo que he dicho es algo generalizado”. Y se sustenta en lo que considera una “connivencia muy fuerte entre el poder político y las instituciones culturales”. Espera, sin mostrar demasiado optimismo, que tras las próximas elecciones “no se vuelva a desmantelar todo en función del partido ganador”.

Eduardo Arroyo no dejó títere con cabeza en los años 60. Concretamente, las cabezas de los dictadores que cáusticamente pintó en la III Bienal de París: Franco, Hitler, Mussolini y Salazar. Tampoco vio con buenos ojos las vanguardias que, a su juicio, adormilaban con su propuesta rupturista absorbida en última instancia por la cultura dominante. “Hoy se habla de pintura política, pero yo no la veo”. El escándalo que Breton dio por finiquitado en aquellos años del mayo francés, Arroyo lo sitúa precisamente en 1965. “Dicen que el último escándalo lo protagonizamos nosotros por haber asesinado a Marcel Duchamp”.

De aquella batalla por las libertades, Arroyo recuerda sus cenizas. Y se apresura a decir que, lo mismo que sucedió en París, también aquí se produjo un cambio de la dictadura a la apertura en todos los órdenes. Apertura con el mismo tufillo regresivo. “Ahora hemos vuelto a lo anterior: somos un país cuyo tema mayor es prohibir, prohibir, prohibir”.  Y de nuevo la clase política como máxima responsable. “La culpa no la tiene el banquero, que va a lo suyo, a ganar dinero, sino el Estado que le ha dejado ganar ese dinero a mansalva”.

De Blasco Ibáñez dice que es un personaje cosmopolita que, al igual que Sorolla, ha sufrido injustamente la tendencia a subrayar sus aspectos más folclóricos y localistas. La exposición que le dedica el MuVIM (“va a sorprender muchísimo”) viene a subsanar ese sesgo. Arroyo ha realizado asimismo 31 ilustraciones “bastante duras” de Sangre y Arena. Como duro es el mundo  del boxeo y de los toros por los que el pintor madrileño siente verdadera pasión. “Yo no veo la violencia en los toros o el boxeo, sino la misma persecución por el deseo de prohibir”. Y pone como ejemplo Cataluña: “Les molesta una fiesta que consideran española”.