Tomás Gorria, un tipo con ingeniosa grafía

Lloc de paraules, de Tomás Gorria
Col·legi Major Rector Peset
C/ Forn de Sant Nicolau, 4. Valencia
Hasta el 19 de mayo de 2019

De sus inicios como “agitador cultural” en Malahierba le queda ese punto socarrón que diríase corre por sus venas desde la más temprana infancia. “Creo que desde que tengo aquello que se decía uso de razón, recuerdo la fascinación que han ejercido en mí las palabras”. Una fascinación que sigue incólume y que se manifiesta en ese brillo que adquieren sus pupilas mientras va narrando sus peripecias, como si fuera Tintín en América, el Tíbet o el Congo, rodeado de una selección de sus trabajos de las tres últimas décadas. Fascinación que agita por dentro la coctelera de su bulliciosa mente.

Vista de la exposición 'Lloc de paraules', de Tomás Gorria. Foto: Makma

Vista de la exposición ‘Lloc de paraules’, de Tomás Gorria. Foto: Makma

Hablamos de Tomás Gorria, diseñador gráfico que dice haber practicado “el intrusismo en el mundo del periodismo cultural”, trabajando para diversos medios de comunicación, al tiempo que se adentraba en la creación literaria, el vídeo o la fotografía. No presume de haber sentado cátedra en ninguno de ellos, pero viendo el medio centenar largo de piezas que muestra en la Sala de la Muralla del Col·legi Major Rector Peset, destaca poderosamente la atención su ingenio para retorcer las palabras y extraer de ellas un jugo que, fiel a su propio espíritu creativo, da mucho juego.

De ahí, por otro lado, el título de la exposición: Lloc de paraules. “Lloc en tanto lugar y en tanto sonido que remite al joc del juego”, explica Gorria, mientras ultimaba aspectos de la muestra inaugurada este pasado viernes con una tipeuà incluida. “Es una fideuà, pero hecha con sopa de letras”, dice, para rematarlo con una breve descripción de la misma: “Tiene la textura del arroz, pero el sabor del fideo”. No sólo eso, sino que semejante elaboración da pie al consumo de cierto conocimiento: “Te puedes comer el Ulises de Joyce o El manifiesto comunista de Marx”. Del sabor al saber por obra y gracia de su nutritiva y enriquecedora tipeuà.

Imagen de Tomás Gorria en la exposición 'Lloc de paraules'. Foto: Makma

Imagen de Tomás Gorria en la exposición ‘Lloc de paraules’. Foto: Makma

Así las gasta Tomás Gorria, con esa mezcla de ingenio y humor entre ácido y peterpanesco, fruto de lo que él insiste en denominar “fascinación por el diseño gráfico, por los juegos de palabras y aquello que se ha denominado ludolingüística (aforismos, anagramas, palíndromos)”. Lo dice en el vinilo a modo de maqueta con su foto encabezándolo que abre la muestra y que ha titulado, de nuevo jugando con las palabras, El texto sentido, en alusión a la famosa película de M. Night Shyamalan, El sexto sentido. Y al igual que en este largometraje del director indio, el niño protagonista decía que en ocasiones veía muertos, Gorria lo que no deja de ver son palabras danzando que él coreografía para dibujar un baile portentoso.

En la exposición, que estará en el Col·legi Major Rector Peset hasta el 19 de mayo, se podrán ver carteles relacionados con actividades culturales diversas, aludiendo a cuestiones políticas y sociales, o simplemente manifestando su ingenio sea cual esa el trasfondo del mensaje. También hay un collage de revistas por él maquetadas y un buen número de objetos que viene a completar el mapa creativo de su chispeante trabajo. Por ejemplo, un reloj cuyas manecillas van en sentido contrario, pero que al reflejarse en un gran espejo devuelva la hora normal, dispuesto para que la gente se haga selfies entre cuerdos y alocados.

Imagen de Tomás Gorria en la exposición 'Lloc de paraules'. Foto: Makma

Imagen de Tomás Gorria en la exposición ‘Lloc de paraules’. Foto: Makma

El diseño de la exposición, así como la producción de la misma es cosa enteramente suya: “Así recogida tiene cierto corpus y coherencia”, señala quien se refiere a la única pieza expresamente elaborada para esta muestra, la dedicada a la palabra Toros. “Compré en Internet los tipos móviles de madera de la imprenta Ortega, con la que se hacían los carteles taurinos de Valencia y que son de principios del siglo XX, y con ellos hice la composición”. Se trata de una edición limitada de diez ejemplares que juega con la palabra todos, dando lugar a otros y rotos, “pero que también puede convertirse en torso, porque es una palabra que tiene combinaciones varias”. “Son pruebas de imprenta, hechas de manera artesanal, pero que lógicamente pueden hacerse mejor”, añade.

“Me gustan mucho los palíndromos [palabras o frases que se leen igual hacia delante que hacia atrás]”. Bastarán dos ejemplos: “Nada somos, Adán” o “Sara, lo vi, serías aire si volaras”. También hay marcas con las que Gorria juega para dotarlas de una carga más explosiva, como Women Strike, en lugar de los cigarrillos Lucky Strike, o Disseny Landia, en lugar de Disneylandia. Y así sucesivamente, porque Lloc de paraules es como una montaña rusa en la que el espectador siente el vértigo al que le induce cada una de las obras. “En el diseño gráfico es importante usar imágenes que estén en la memoria colectiva de la gente”, subraya Gorria.

Obras de Tomás Gorria en la exposición 'Lloc de paraules'. Foto: Makma

Obras de Tomás Gorria en la exposición ‘Lloc de paraules’. Foto: Makma

El texto sentido finaliza con esta puntualización: “Esta muestra pretende ser un modesto resumen de todas estas actividades e intrusismos diversos, a la vez que una retrospectiva de mi trabajo como diseñador gráfico y editorial, de oficio de maquetador curioso”. Curiosidad que traslada igualmente a las camisetas “de contenido tipográfico para frikis” expuestas en otro apartado, cuya marca ‘Sam Arreta’ sigue en esta onda expansiva, y al video que cierra la exposición titulado La sombra de las letras, en el que recoge fotos antiguas del siglo XIX de rótulos de Valencia ya desaparecidos. Todo ello bien agitado en la coctelera de una exposición que retrata a Tomás Gorria como lo que es: un tipo con ingeniosa grafía.

Tomás Gorria, junto a algunas de sus obras. Foto: Makma

Tomás Gorria, junto a algunas de sus obras. Foto: Makma

Salva Torres

La ciudad a ojo de aguja

Valencia al detalle, de Tono Giménez y Tomás Gorria
Guía inusual de Valencia, que se presentará en octubre de 2016

Tono Giménez, que durante años ha ido fundamentando su colección fotográfica con múltiples detalles de la ciudad de Valencia, y Tomás Gorria, diseñador editorial y articulista, parecen haber seguido los pasos de Italo Calvino en Las ciudades invisibles. Como él, estos dos inquietos valencianos han trazado un mapa de su ciudad dibujado con aspectos minimalistas, sumamente delicados y que exige una percepción distinta a la habitual.

Tono Giménez (izda) y Tomás Gorria, autores de Valencia al detalle. Imagen cortesía de los autores.

Tono Giménez (izda) y Tomás Gorria, autores de ‘Valencia al detalle’. Imagen cortesía de los autores.

La Valencia al detalle que ambos viajeros interiores nos proponen está escrita “en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos”. Son palabras de Calvino, pero a buen seguro que las suscriben quienes a su vez ponen el acento en aldabas, bocallaves, canalones, escudos, puertas, rótulos, rejas, gárgolas, campanas y marquesinas.

“¿Podemos hablar de una Valencia inédita?”, se pregunta Gorria. Y su respuesta va en la dirección de esos detalles que, efectivamente, configuran una ciudad distinta, en la que “lo verdaderamente importante es casi invisible a los ojos, y en momentos como este, donde la vida transcurre tan deprisa”, explica el diseñador. La ciudad de Giménez y Gorria tiene mucho que ver con la sensación extraída de esas otras ciudades invisibles a las que alude Calvino: “Comprendí que debía liberarme de las imágenes que hasta entonces me habían anunciado las cosas que buscaba”.

Gárgola Catedral de Valencia.

Gárgola Catedral de Valencia.

Valencia al detalle pretende ser un libro para descubrir esas cosas que a simple vista pasan desapercibidas. Para ello se hace necesario rozar los cuellos de las camisas por delante o por detrás, de tanto alzar la mirada del suelo o penetrar en él en busca de altas gárgolas y canalones, y superficiales alcantarillas. Una mirada huidiza, ajena a la espectacularidad de Les Arts y al bullicio de Internet, y más próxima a la contemplación minuciosa.

Por ejemplo, de aldabas que invitan a golpear la puerta con la perplejidad de quien de pronto se da cuenta de su forma de anillo, de sus distintas cabezas (de perro, de diablo, del políticamente incorrecto moro). Aldabas, que no timbres, abriéndose paso entre una multitud de singulares puertas y casonas. Edificios majestuosos, como La Lonja, de cuyas paredes sobresalen figuras con gestos desvergonzados, y gárgolas que a veces sobrecogen. Detalles y más detalles que Gorria y Giménez, tanto monta, descubren en aras de quebrar esa imagen rutinaria de la Valencia turística.

Bocallave de las Torres de Serranos. Imagen cortesía de los autores.

Bocallave de las Torres de Serranos. Imagen cortesía de los autores.

La ciudad invisible que muestran ha necesitado el apoyo de 144 mecenas para que el proyecto vea definitivamente la luz en octubre, cuando será presentado el libro. La Administración bastante tiene con festivales de marca para fijarse en ciudad tan minúscula por fuera como grande por dentro. El crowdfunding o financiación colectiva vuelve a tener la “culpa” de que un proyecto modesto alcance la categoría de imperiosa necesidad. Porque Valencia, como dicen sus promotores, se merecía otra mirada.

Canalón de la Calle Pelayo. Imagen cortesía de los autores.

Canalón de la Calle Pelayo. Imagen cortesía de los autores.

Más allá del horroroso cableado que afea la ciudad y de la desidia que atesoran muchas calles, Valencia guarda pequeños tesoros que Tono Giménez y Tomás Gorria descubren. “Los rótulos que dan nombre a sus calles, las pequeñas esculturas de sus edificios góticos, las veletas que coronan sus cúpulas, pero también elementos menos conocidos como las tapas de las alcantarillas que han soportado millones de pisadas o los curiosos rostros de los canalones”. Todo eso y más conforma Valencia al detalle, que contará con una serie de rutas en las que diversos especialistas mostrarán a pie de calle algunas de esas joyas. “Es el posible despertar de un latente amor por lo justo, no sometido todavía a reglas, capaz de recomponer una ciudad más justa aún de lo que había sido antes de convertirse en recipiente de la injusticia”, por concluir de nuevo con Calvino.

Valencia al detalle.

Rótulo antiguo Café El Siglo, en la calle Paz, 1 de Valencia. Imagen cortesía de los autores.

Salva Torres