La razón cromática de Joaquín Capa en Galería 9

‘Colores abiertos’, de Joaquín Capa
Galería 9
Conde de Salvatierra 9, Valencia
Hasta el 16 de junio de 2017

Galería 9 acoge, hasta el 16 de junio de 2016, la exposición ‘Colores abiertos’, del artista santanderino Joaquín Capa, una selección de lienzos y obra gráfica enmarcada por la propia galería, reportadora de un lúcido testimonio conceptual que perfila, perseverantemente, la idiosincrasia del trabajo de uno de los excelsos e imprescindibles artistas y grabadores españoles del último medio siglo, autor de más de ochocientas ediciones de grabado a lo largo de su extensa trayectoria.

‘Colores abiertos’ supone un ejercicio reiterativo de las claves que vienen particularizando el devenir de sus inquietudes, asentando un mapa testimonial que huye, premeditadamente, de los microcosmos de la realidad no pictórica, solidifando un sostenido ejercicio de reflexión acerca los elementos y componentes esenciales de la pintura, polarizados en torno de motivos cromáticos que gozan ya de preeminencia desde la nominación de cada una de las obras, abogando por la centralidad del color que habita, verbigracia, en ‘Círculos azules color’, ‘Gris amarillo’, ‘Yellow yellow color’ o ‘Azul oro color’.

Imagen de la obra 'Seaside', de Joaquín Capa, presente en la exposición. Fotografía cortesía de Galería 9.

Imagen de la obra ‘Seaside’, de Joaquín Capa, presente en la exposición. Fotografía cortesía de Galería 9.

Concebidas como un encuentro molecular con los límites de la materia, las manchas de color formulan espacios abstractos, se erigen en filtros imperfilados de la realidad, en la que habitan las geometrías euclídeas, las circunferencias que moran, como una constante, en casi toda su obra gráfica y pictórica, a la que incorpora, como una dilatada novedad, el empleo de tonos fluorescentes que, combinados con el empleo de tonos unificados del collage, posibilitan piezas como las que pertecen a la serie ‘Variante’ -’Variante Amarilla (Frankfurter Allgemeine)’, ‘Variante Amarilla (The Times)’ y ‘Variante Dos Flo (Il Messaggeri)’, a la que debe sumarse la ‘Variante’ del periódico ABC, no presente en la exposición-.

La obra, la existencia y el oficio de Joaquín Capa debe entenderse mediante un planteamiento de equilibrios entre los céfiros informalistas que rubrican sus influjos y la evolución heterodoxa de su dominio con el grabado, técnica con la que su punta seca sobre el zinc ha propiciado sus definitivos surcos como referencia incuestionable en este universal territorio de la impresión y cuyos fundamentos -en sempiterna huida de los plúmbeos academicismos- se han transformado en sostenido magisterio internacional, de América Central a la cosmpolita ciudad de Bhopal -en el centro de la India- en la que le fue premiado en su I Bienal Internacional, o sus sucesivas visitas a la Universidad de Baroda -en el centro oeste del vastísimo país asiático-, desde los albores de los años ochenta.

La relación de Capa con el grabado se gesta desde la estocástica, desde su primigenio manejo con el dibujo a plumilla en tinta china, recién cumplida su formación pictórica en la Escuela de Bellas de San Fernando -en la que sería alumno de primer curso de Antoñito López (cálido diminutivo con el que el artista se refiere al ínclito pintor de Tomelloso)-, en pleno distanciamiento de los postulados realistas que se manejaban por la gélida Meseta Central, trufada de vetustos radiodores y otros motivos de lo consuetudinario que alimentaban el manejo con los óleos.

Imagen de detalle de la obra 'Variante Amarilla (The Times)', de Joaquín Capa, presente en la exposición. Fotografía: Merche Medina.

Imagen de detalle de la obra ‘Variante Amarilla (The Times)’, de Joaquín Capa, presente en la exposición. Fotografía: Merche Medina.

Se revelan, entonces, la figuras del grabador de orgien griego Dimitri Papagueorguiu -erigido en referencia de la técnica y sus enseñanzas desde el madrileño Estudio Boj, por el que han transitado los más ínclitos grabadores del horizonte artístico español desde 1958, Joaquín Capa entre ellos- y el artista británico Stanley William Hayter, uno de los grabadores más relevantes del siglo XX, en cuyo taller parisino -compartiendo vecindad con el conspicuo escultor suizo Alberto Giacometti- Capa, becado por la Fundación Juan March, incursiona, a mediados de los años setenta, en los territorios del empleo del color a través del aprendizaje de la técnica que porta, homónima, el también químico y geólogo londinense.

Ambas formaciones magistrales alimentan la focalización y predilección del artista santaderino durante más de tres lustros de dedicación exclusiva con las prensas, el entintado de láminas y las suaves crestas de metal que rebaban la superficie de la obra, y no sería hasta mediados de los años ochenta cuando se reconcilia con la pintura, sobre la que vuelca toda su experiencia con el grabado y a la que nutre con la interacción de texturas y el raspado como fuente de visualización de la tela, con el fin de controlar cuanto de indómito y mórbido habita en el lienzo como soporte. Existe en Capa, en consecuencia, una estrecha consanguinidad entre el grabado y la pintura, mediante una constante metodológica que impide el simultaneismo, en tanto que el artista concibe ambos territorios como oficios distintos que requieren de postulados formales antagónicos.

‘Colores abiertos’ permite, de este modo, aproximarse al oficio del sobresaliente acerbo técnico y creativo de un artista cuya perseverante inquietud por la síntesis aditiva del color ha posibilitado la génesis de un surco de abstracción que porta consigo la firma inconfundible y estilística de Joaquín Capa.

El artista Joaquín Capa delante de una de las obras pertenecientes a la exposición 'Colores abiertos', en Galería 9. Fotografía: Merche Medina.

El artista Joaquín Capa delante de una de las obras pertenecientes a la exposición ‘Colores abiertos’, en Galería 9. Fotografía: Merche Medina.

Jose Ramón Alarcón

 

 

“Cuento lo mínimo para que se piense lo máximo”

Las Ausentes, de Estefanía Martín Sáenz
I Premio de Dibujo DKV-MAKMA
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Inauguración: martes 15 de diciembre de 2015, a las 19.00h
Hasta el 31 de enero de 2016

Estefanía Martín Sáenz, I Premio de Dibujo DKV-MAKMA, presenta su proyecto ganador en el Centro del Carmen. Las Ausentes, que es como ha titulado la artista su trabajo, se acerca al mundo de los cuentos, objeto de la convocatoria, poniendo su atención en los personajes femeninos silenciados en muchas de esas narraciones. “Me interesaba dar voz a quienes no la tienen”, aunque afirma que detrás de esa intención no hay una pretensión de corte feminista. Las ausentes aludidas son la madre de Juan sin miedo, la Bruja del Este, la Señora Miller y las princesas delicadas. Las 16 piezas que integran la exposición, 14 dibujos, un vestido y una tela, están realizadas con enorme sutileza, de manera que, como subraya la propia artista, con “lo mínimo, el espectador piense lo máximo”.

Las princesas delicadas, obra de Estefanía Martín Sáenz, ganadora del I Premio de Dibujo DKV-MAKMA.

Las princesas delicadas, obra de Estefanía Martín Sáenz, ganadora del I Premio de Dibujo DKV-MAKMA. Imagen cortesía de la artista.

¿Por qué elegiste esos cuentos que han servido como referente para tu proyecto Las Ausentes?

Mi idea era dar vida a personajes que apenas tienen protagonismo en los cuentos, para lo cual tuve que leerme muchos. Podía haber cogido, por ejemplo, Caperucita, pero hablar de una madre que deja a su hija en el bosque no me apetecía. Preferí escoger personajes que fueran buenos, de ahí la selección de la madre de Juan sin miedo, de la Bruja del Este en El maravilloso mago de Oz, de Susana, Juana y Ana, en Las princesas delicadas, y de la Señora Miller en Rumpelstiltskin (El enano saltarín). Me interesaba dar voz a quienes no la tienen, porque a la Bruja del Este le aplasta una casa que se cae y poco más sabemos de ella. Lo mismo pasa con las tres princesas, que se ponen enfermas y no conocemos el por qué.

¿Esa elección de mujeres ausentes en los cuentos obedece a alguna razón de corte feminista?

Es verdad que todo gira en torno a la mujer y que no hay hombres. Puede que sea feminista, no lo sé. Pero, en todo caso, lo hago no por que crea que la mujer es lo más de lo más, porque de hecho creo en la igualdad, sino porque la mujer me da mucho juego. Me nutro de todas las revistas de moda y luego lo que hago es cambiarlas para que no parezcan modelos. Como en Frankenstein, construyo una especie de mujer con trocitos de muchas.

Juan sin miedo, de Estefanía Martín Sáenz, ganadora del I Premio de Dibujo DKV-MAKMA.

Juan sin miedo, de Estefanía Martín Sáenz, ganadora del I Premio de Dibujo DKV-MAKMA. Imagen cortesía de la artista.

¿Cómo fue el proceso de elaboración de los personajes de cada uno de los cuentos?

Primero me leí los cuentos. Luego escribí la vida de estos personajes y fui viendo qué me encajaba. Por ejemplo, la madre de Juan sin miedo no conocía la belleza, hasta que un día ve la flor más bella del mundo y cree que es el diablo. Entonces le promete a su hijo que él no tendrá miedo. De ahí surgió la idea de dibujar a esa madre como agarrándose las manos de miedo, pero siendo una mujer normal. En la Bruja del Este, a pesar de ser la más poderosa y la más bella, yo he reflejado sus debilidades y cómo se pone máscaras para que no digan ¡pobre Bruja del Este!

¿Y los otros dos?

La Señora Miller pensé dibujarla como una mujer preciosa, pero luego fue surgiendo otra imagen, un poco grotesca con su diente de oro. Para las princesas delicadas, de las que no sabemos nada, me fui centrando en la personalidad de cada una a raíz de lo que sugerían sus respectivas enfermedades.

¿Por qué crees que son tan necesarios los cuentos, cuando precisamente existe esa otra percepción despectiva que recoge la expresión ‘no me cuentes cuentos’?

Yo creo que obedece a la necesidad de vivir otras vidas, de estar en otros sitios en los que nunca has estado. Además, vivimos un mundo tan gris, con todo lo terrible que está pasando, que necesitamos coger un libro y desconectar. Es como una vía de escape, porque de política ya andamos bien servidos. Lo último que he leído es La chica del tren [Paula Hawkins].

La señora Miller, de Estefanía Martín Sáenz, ganadora del I Premio de Dibujo DKV-MAKMA. Imagen cortesía de la artista.

La señora Miller, de Estefanía Martín Sáenz, ganadora del I Premio de Dibujo DKV-MAKMA. Imagen cortesía de la artista.

¿Crees que establecer una temática a la hora de convocar un premio condiciona y limita la libertad creativa del artista?

No, para nada. En mi caso, supone un reto. Me ha venido bien pensar en la temática del cuento, porque después de todo el artista lo que hace es amoldar esa temática al terreno en el que vienes trabajando, sin perder de vista la línea propuesta en el certamen. Pero siempre lo haces tuyo. Si te ciñes al cien por cien al proyecto sería nefasto.

El Premio de Dibujo DKV-MAKMA se centra en los cuentos porque se pensó que era una buena forma de ligar la creatividad con la educación artística orientada a los más jóvenes. ¿Qué te parece?

Me parece esencial que a los niños se les enseñe el arte desde muy pequeños, porque son muy agradecidos. A veces piensas que al meter personajes malos en un cuento igual te van a decir algo, que los van a rechazar, pero es que luego ves que les gusta, porque quieren conocerlo todo; no tienen miedo. Si a mí en el colegio me hubieran exprimido, probablemente sería mejor de lo que soy ahora.

La Bruja del Este, obra de Estefanía Martín Sáenz, ganadora del I Premio de Dibujo DKV-MAKMA. Imagen cortesía de la artista.

La Bruja del Este, obra de Estefanía Martín Sáenz, ganadora del I Premio de Dibujo DKV-MAKMA. Imagen cortesía de la artista.

¿Cuáles son tus referentes artísticos?

Son muchos, pero me gusta fijarme en artistas que conozco y admiro. Amy Cutler, por ejemplo. También Guillermo Peñalver, todo lo que hace me parece de una gran exquisitez; Blanca Gracia, Alejandro Calderón… ¡Tengo tantos!

¿Qué técnicas has empleado a la hora de realizar Las Ausentes?

Sobre todo dibujo, dibujo y dibujo. También tinta china, acrílico, acuarela; terciopelo labrado para la Bruja del Este. Y alguna gasa.

¿Cómo es el proyecto expositivo que presentas en el Centro del Carmen?

Son 16 piezas: 14 dibujos más un vestido, pensado para que vaya cosido al cuerpo para que no se pueda quitar, y una tela de 1,70×1,80 que no va a bastidor. Había pensado también incorporar un video que luego he descartado porque me obligaba a quitar otras piezas de la serie de cuentos y, después de todo, lo que he trabajado principalmente es el dibujo y prefería que fueran ellos los protagonistas. En cada una de las piezas va una frase inventada por mí y otra de cada uno de los cuentos. En un cubo situado a la entrada presento a las cuatro ausentes, a modo de prólogo. Y ya en la sala del fondo desarrollo las historias. En todo caso, cuento lo mínimo para que el espectador piense lo máximo.

Estefanía Martín Sáenz. Fotografía: Eduardo Sánchez.

Estefanía Martín Sáenz, ganadora del I Premio de Dibujo DKV-MAKMA. Fotografía: Eduardo Sánchez.

Salva Torres

Charpa, la vía del arte chino en Valencia

‘Uno’, de He Zhihong y Guillaume Olive
Galería Charpa
C / Tapinería, 11. Valencia
Hasta finales de noviembre

Bi Ying, Casey Tang y, ahora, He Zhihong acompañada de Guillaume Olive, por citar las últimas incorporaciones. De manera que la galería Charpa sigue apostando por los artistas chinos, abriendo su espacio y ofreciendo sus paredes para que declamen sus sorprendentes propuestas, alejadas del tradicional colgado de obras. Que declamen, sí, porque los trabajos expuestos se ofrecen al espectador a modo de frases sueltas que adquieren sentido mediante la contemplación pausada del conjunto. Es la sutileza oriental por la que Charpa apuesta en tiempos de discursos gruesos.

Una de las obras de He Zhihong en la exposición de la Galería Charpa en Valencia.

Una de las obras de He Zhihong en la exposición de la Galería Charpa en Valencia.

Y lo hace en esta ocasión con la obra de He Zhihong, cuyas ilustraciones acompañan suavemente los poemas de la dinastía Tang, reinante hace más de diez siglos en China. Guillaume Olive se suma al esfuerzo por recuperar aquella poesía, entregando ambos un trabajo conjunto repleto de naturalezas desbordantes, paisajes románticos y personajes salidos de tradicionales cuentos infantiles. Por ellos desfilan figuras, animales, monstruos y lugares característicos del mundo rural donde se tejen tramas novelescas que sirven de fondo a la inmemorial existencia.

Obra de He Zhihong en la exposición de la Galería Charpa en Valencia.

Obra de He Zhihong en la exposición de la Galería Charpa en Valencia.

Gracias a las labores de intérprete realizadas por Salvador Albiñana, ex director del Col.legi Major Rector Peset, que ejerció de improvisado guía, supimos que el padre de Zhihong era calígrafo y que, por tanto, ella “mamó desde pequeña” esa pasión por las letras. Pasión que aparece reflejada en esa cadencia formal con la que He Zhihong va penetrando en los paisajes y escenarios de aquellos cuentos chinos. Algunos de los cuales, obra de ambos artistas, se hallan en forma de libro expuestos para que puedan ser hojeados.

Obras de He Zhihong en la exposición de la Galería Charpa de Valencia.

Obras de He Zhihong en la exposición de la Galería Charpa de Valencia.

Una parte de la muestra aparece bajo el dominio de la sutil naturaleza, en la que el ser humano resulta minúsculo en comparación con el gran paisaje que lo desborda. Zhihong lo exhibe a modo de gran mural que se extiende más allá del frágil marco que lo contiene, para rebasarlo e invadir el espacio de la pared. La naturaleza así desplegada termina por diluir los límites espaciales, en clara alusión a esa otra naturaleza interior de quien se ve invadido por tan fantástico paisaje.

La otra parte expositiva se halla protagonizada por ilustraciones saturadas de color de esos cuentos de tradición oral, en un montaje lineal que se ve quebrado por alguna ilustración fuera de lugar. De manera que el propio montaje se convierte en narración, puntuando ciertas imágenes al margen del conjunto, sobre todo aquellos que tienen que ver con la presencia de monstruos. Tinta china a color sobre papel de arroz y de seda.

Obras de He Zhihong en la exposición de la Galería Charpa de Valencia.

Obras de He Zhihong en la exposición de la Galería Charpa de Valencia.

Pero hay algo más, sin duda obvio, una vez descubierta la pasión de Zhihong por la caligrafía paterna. Se trata de ese poema caligrafiado en la pared de entrada de la galería, dedicado al campesino, traducido así: “Escardando los brotes de cereales, a mediodía, en pleno sol, las gotas de sudor resbalan a lo largo de los tallos y penetran en la tierra. Quién se acuerda que la comida de cada plato, es el producto de tanto trabajo?”

Para recordarnos esa relación con la naturaleza, ya no imaginaria sino directamente asociada a la más intrínseca supervivencia humana, He Zhihong y Guillaume Olive suman fuerzas en la recuperación de una tradición oral que hurga en cierta memoria ancestral. Charpa la acoge en su galería para ofrecer testimonio, vía oriental, de los cuentos que nos constituyen. Cuentos a seguir teniendo muy en cuenta.

Una de las obras de He Zhihong en la exposición de la galería Charpa.

Una de las obras de He Zhihong en la exposición de la galería Charpa.

Salva Torres

Willy Ramos, la infancia recuperada

Memoria del color, de Willy Ramos
Salas Ferreres y Goerlich
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 28 de septiembre

Dijo sentirse como aquel que tras un vigoroso impulso hacia delante cae en el mismo sitio de partida. No tanto una repetición, como un singular asentamiento. Y lo explicó utilizando la imagen del niño que, bien asentado, explora las infinitas posibilidades del dibujo. Una vuelta a los orígenes, tras múltiples fugas y recorridos. Willy Ramos (Pueblo Bello, 1954) afirmó que ese giro no era “el de una despedida, sino el de un nacimiento”. Para contemplar ese florecimiento, basta acudir a su exposición ‘Memoria del color’ del Centro del Carmen.

Escultura de Willy Ramos en la exposición 'Memoria del color', en el Centro del Carmen.

Escultura de Willy Ramos en la exposición ‘Memoria del color’, en el Centro del Carmen.

A caballo entre Valencia y Colombia, las 45 obras exhibidas en las salas Ferreres y Goerlich fusionan el color y el calor que hermana ambos lugares de su experiencia vital. Más de 20 pinturas, 12 dibujos en tinta china y 11 esculturas en madera policromada y hierro dan cuenta del vigor que exhala tamaño bombeo colorista, una vez recuperada la infancia de quien se aventura por paisajes y naturalezas interiores. “Estoy en un momento de perenne duda existencial, pero llena de energía”, explicó Willy Ramos mientras iba dando ricas pinceladas de su obra.

Obra de Willy Ramos en la exposición 'Memoria del color', en el Centro del Carmen.

Obra de Willy Ramos en la exposición ‘Memoria del color’, en el Centro del Carmen.

Para ser de “frases cortas”, según reconoció el artista, el color, incluso en las piezas realizadas en blanco y negro, debió removerle la memoria a la que alude el título de la exposición. Memoria en la que se fue recreando para explicar, por ejemplo, que el gran descubrimiento del siglo XX fue la pintura de Velázquez, en cuya claridad le gustaría trabajar. “Es claro y rotundo”. Transparencia que le aleja del sufrimiento al que suelen abocarse algunos artistas. A Willy Ramos ese sufrimiento no le gusta, por eso huye de los “cuadros torturados”. Prefiere la obra plena de color y de energía.

Escultura de Willy Ramos en la exposición 'Memoria del color', en el Centro del Carmen.

Escultura de Willy Ramos en la exposición ‘Memoria del color’, en el Centro del Carmen.

‘Memoria del color’ es una explosión de esas formas rotundas y luminosas; un paseo que evoca espacios valencianos como el Jardín Botánico o El Saler, salpicados todos ellos del colorido “como nutriente de la exposición”, puntualizó Ramos, al que la mirada se le encendía con cada explicación. “Empecé a hacer esculturas como en broma”. Y ahí estaban esos rostros de mujer, en madera o hierro, igualmente “fuertes, vigorosas y enérgicas”, porque las “diosas protectoras” reflejadas en algunas de esas esculturas “tienen que ser fuertes” para que produzcan esa sensación pletórica.

No son las mujeres eróticas acostumbradas en la obra de Willy Ramos, sino evocadoras de la explosividad “tropical y valenciana” de su actual ‘Memoria del color’. Más de un año ha empleado Ramos en la exposición del Centro del Carmen. Un año repleto de paisajes entre figurativos y abstractos, propios de quien reconoce trabajar mediante “ciclos cortos, lunares”, que le llevan a empezar pintando “muy figurativo” para pasarse enseguida “a la abstracción”. Como dijo en cierta ocasión, los artistas latinoamericanos “somos más solares, que lunares, que no lunáticos”.

Escultura de Willy Ramos en la exposición 'Memoria del color', en el Centro del Carmen.

Escultura de Willy Ramos en la exposición ‘Memoria del color’, en el Centro del Carmen.

Alejado del sufrimiento, porque los caribeños “no somos nada sombríos”, ciertas de sus mujeres esculpidas en hierro destilan, de tan vigorosas, una oscura protección. “Cuando pinto soy más mental y con la escultura hay más fisicidad”. La infancia recuperada por Willy Ramos haciendo ‘Memoria del color’ quizás se deba a esa remembranza mental, salpicada de instantes matéricos. Nada de tristes trópicos, sino de alegre experiencia vital, entre valenciana y colombiana, de un artista al que le gustaría alcanzar la claridad de Velázquez una vez asentado en los orígenes de aquella infancia felizmente recuperada.

Esculturas de Willy Ramos en la exposición 'Memoria del color', en el Centro del Carmen.

Esculturas de Willy Ramos en la exposición ‘Memoria del color’, en el Centro del Carmen.

Salva Torres

La obra interminable de Bingyi

En el interior del muro, de Bingyi
Galería Charpa
C / Tapinería,11. Valencia
Hasta finales de abril

“Trabaja en tamaños sin límite”. Y Charpa abre las puertas del almacén de su galería para que veamos los cerca de 30 rollos de papel que, desplegados, pueden acumular kilómetros de pintura. Es la manera que tiene de trabajar Bingyi, actualmente exponiendo parte de su interminable obra en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, junto a otros artistas chinos en la muestra Ink Art: Past as Present in Contemporary China. Pero a la galería Charpa de Valencia ha venido con piezas más pequeñas, sus 68 luminarias, lo que supone su primera incursión expositiva en una sala privada. Normalmente trabaja para grandes museos o edificios oficiales. Por eso Charpa muestra orgullosa la obra de gran sutileza pensada por Bingyi para su exclusiva en Valencia.

Una de las obras de Bingyi en la galería Charpa. Imagen cortesía de Charpa.

Una de las obras de Bingyi en la galería Charpa. Imagen cortesía de Charpa.

Charpa reabre así sus puertas, después del año sabático que le ha permitido conocer en su largo viaje por el extranjero a artistas como Bingyi. Lo hubiera hecho todavía más a lo grande, de no haberse topado con la santa madre iglesia que en Valencia son las Fallas. La artista china tenía el propósito de “tapiar” con su obra el edificio donde se afinca la galería Charpa. Y, después, tomar incluso la calle alfombrando el suelo con una de sus enorme piezas. Pero marzo es marzo y la calle   pertenece en exclusividad a los falleros. De manera que, como recuerda Charpa, hubo que suspender tamaña intervención plástica, para centrarse en la no menos sorprendente serie de 68 luminarias.

Y lo mismo que Bingyi suele trabajar al ritmo de la propia naturaleza, hasta el punto de pintar metros y kilómetros de papel expuesto a las inclemencias meteorológicas, también es capaz de reducir el ámbito de su actuación plástica a tamaños reducidos. “No tiene formatos de galería”, subraya Charpa. De ahí la importancia del trabajo que presenta en Valencia, porque no entendiendo así su obra, ha optado por unas piezas minimalistas fruto de una intensa labor poética. Ahí están, enfrentadas a otros seis grandes papeles, y en franca oposición a la mayor de todas que cae, como si fuera una cascada de pintura, de la pared al suelo en un espacio esquinado de la sala.

Algunas de las luminarias de Bingyi en la galería Charpa. Imagen cortesía de Charpa.

Algunas de las luminarias de Bingyi en la galería Charpa. Imagen cortesía de Charpa.

Sorprende que quien ha sido capaz de llenar ríos de tinta, amoldándose de forma casi literal al curso del río Qinhuai que bordea el templo de Confucio en las montañas de Beijing, sea igualmente capaz de someterse a los dictados de un simple trozo del espacio. Porque así pueden pensarse sus luminarias: minúsculas palpitaciones de la más grande naturaleza, que Bingyi se limita a escuchar con la misma pasión depositada en sus largos e inabarcables papeles. Utilizando pinceles con pelo de elefante, de marta, de alambres muy finos, Bingyi en el fondo transita por los espacios cortos guiada por una sutileza que no entiende de formatos grandes o pequeños, sino de sensaciones que requieren ser expresadas.

Una joven observa la obra de Bingyi en la galería Charpa. Imagen cortesía de Charpa.

Una joven observa la obra de Bingyi en la galería Charpa. Imagen cortesía de Charpa.

Para los papeles interminables, se deja llevar por el azar de la naturaleza, dejando que la inclemente acción de la lluvia, del viento o del sol produzca misteriosas formas sobre la tinta depositada. En las luminarias, ese azar de la naturaleza exterior se vuelve hacia dentro de sí misma, dejando que sea la sangre que corre por sus venas o el aire que movilizan sus pulmones los que establezcan el camino a seguir. De esta forma, Bingyi neutraliza el tamaño del formato con el que trabaja, para que sea un mismo aliento poético el que dibuje la trayectoria inconsciente de su obra.

A Bingyi, las dimensiones del papel le resultan después de todo secundarias, porque a tenor de lo que quiere contar unas veces se meterá literalmente dentro de su propia obra, recorriéndola, pisándola, avanzando con ella, y en otras bastará con que el minúsculo papel le haga sentirse inmensa. Es ese pálpito, que nada sabe de limitaciones espaciales, el que Bingyi promueve con su inabarcable trabajo. Le hubiera gustado desplegar su obra en la fachada de la galería Charpa, sobre el suelo de la calle Tapinería, pero no pudo ser. A cambio, las 68 delicadas luminarias brillan con fuerza En el interior del muro que sirve de título a la primera exposición internacional de Bingyi en una sala privada.

Una de las obras de Bingyi en la galería Charpa. Imagen cortesía de Charpa.

Una de las obras de Bingyi en la galería Charpa. Imagen cortesía de Charpa.

Salva Torres

Martí Quinto, permitido asomarse al interior

Martí Quinto 1978 – 2013

Centro del Carmen

C / Museo, 2. Valencia

Hasta el 12 de enero de 2014 

“Que el espectador mire y se emocione”. Así de sencillo y, sin embargo… Sin embargo, ocurre que “entretenerse en la mirada”, en tiempos de aceleración constante, se vuelve cada vez más complicado. Aún así, Rafael Martí Quinto (Mislata, 1939) insiste: “Es como el placer de leer”. Y la lectura está muy presente en su obra, como los espacios silenciosamente habitados, los objetos cargados de memoria o los instantes fugaces. Diríase que su trabajo, expuesto a modo de retrospectiva en el Centro del Carmen de Valencia, destilara el aroma de Los placeres y los días de Marcel Proust.

La visita, de Rafael Martí Quinto, en el Centro del Carmen.

La visita, de Rafael Martí Quinto, en el Centro del Carmen.

Al igual que Proust, Martí Quinto se recrea en esa naturaleza que, como la inteligencia, “tiene sus espectáculos”. En ello y en “ese amplio incendio melancólico que, durante los paseos del final del día, matiza tantas aguas en nuestra alma”. Los placeres y los días está compuesto por breves narraciones, pinceladas y reflexiones de un tiempo que cabalga entre dos espacios: el que acabamos de dejar y aquel otro hacia el que nos aproximamos. En la obra de Martí Quinto, ese placer, soledad y melancolía se manifiesta mediante una cálida gama cromática que arropa figuras aisladas, al igual que con los ligeros trazos de sus dibujos en tinta china.

Espacio Habitado, de Martí Quinto, en el Centro del Carmen.

Espacio Habitado, de Martí Quinto, en el Centro del Carmen.

Martí Quinto 1978-2013 es la primera exposición retrospectiva que se le hace en la Comunidad Valenciana al artista de Mislata. Una exposición que si bien mira de refilón su obra de más explícita crítica social, no deja de reflejar esa mirada a caballo entre dos mundos: el pasado, objeto del recuerdo y la memoria, y el presente de quien lo contempla. Por eso Martí Quinto dice haber tenido “sensaciones gratas” al ver recogidas en el Centro del Carmen más de 50 piezas de su larga trayectoria. “La obra aguanta la mirada después del tiempo”. Y la aguanta, porque tanto los dibujos en tinta china de esos primeros años, como los más recientes y coloristas óleos, revelan ese mismo espíritu placentero por los días, los instantes y los recuerdos.

“He intentado recrear un determinado clima de un paisaje vivido en mi niñez de la huerta valenciana”, dice refiriéndose a sus “imágenes de la memoria”. Martí Quinto no ha tratado nunca de “enfrentarse al paisaje, sino a través del recuerdo”. Y lo que el recuerdo ha ido dejando en su obra es el placer de la lectura, cierto erotismo y el aislamiento de unas figuras que, pese a la soledad, no destilan angustia alguna merced al vigor de unos colores que abrigan esos espacios habitados. Si Martí Quinto, frente a esos otros pintores compulsivos, “que producen y producen”, prefiere la reflexión del estudio, “hacer el trabajo y aparcarlo”, es precisamente para saborear “los placeres y los días” al que le convoca una obra destilada con el alambique de su memoria. 

Espacio Habitado III, de Rafael Martí Quinto, en el Centro del Carmen

Espacio Habitado III, de Rafael Martí Quinto, en el Centro del Carmen

Salva Torres