Caronte cierra la temporada en Sala Russafa

Caronte y las ventanas indiscretísimas, de Harold Zúñigan
Sala Russafa
C / Dénia, 55. Valencia
Del 5 al 8 de julio de 2018

La séptima temporada de Sala Russafa concluye esta semana con el estreno absoluto de Theatretk, formación colombiano – valenciana residente en el centro cultural desde hace cuatro años, donde ha creado sus últimos cuatro espectáculos.

Del 5 al 8 de julio puede verse su última propuesta, ‘Caronte y las ventanas indiscretísimas’. Una nueva comedia absurda, con toques existenciales, que ofrece un personal y actualizado acercamiento al mito griego sobre el tránsito a la otra vida, en el que un barquero lleva a los muertos en un paseo en barca a la otra orilla.

Caronte y las ventanas indiscretísimas. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Caronte y las ventanas indiscretísimas. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Harold Zúñigan escribe y dirige esta obra que nace a modo de secuela, continuación de la serie iniciada con ‘Gloomy Sunday’, un montaje estrenado la pasada temporada en la sala y que recientemente ha visitado Lituania y Alemania, dentro de una gira europea. “Partimos de una premisa similar: un protagonista que se enfrenta a una situación algo surrealista y de la que no puede escapar. En Gloomy era un suicida que nunca podía llevar a cabo su propósito. Y aquí tenemos a Caronte, tratando de escapar de su trabajo”, explica el dramaturgo.

“La idea era imaginar cómo sería su vida actual, después de llevar milenios remando de una orilla a la otra. Y, lógicamente, Caronte está cansado de su trabajo. Así que los dioses intentan motivarle con algunos cambios, instalándole en un enorme rascacielos lleno de ventanas, a través de las cuales hace atravesar a los fallecidos para que entren en la eternidad”, explica el autor. Pero el aburrimiento acaba apareciendo de nuevo y Caronte desea escapar. Encontrará la ocasión perfecta con la llegada de una pareja de hermanos, algo desconcertados ante su muerte y sin el óbolo, obligada moneda con la que pagar su viaje.

La historia de estos tres personajes sirve para hablar de temas como el hastío y la desmotivación. “Queríamos reflejar cómo la sociedad intenta anular nuestra capacidad de transformar las cosas, cómo nos  entretiene con una actividad constante y frenética. Pero, al tiempo, nos amansa con un confort casi perpetuo. El esfuerzo prácticamente ha desaparecido, la vida moderna está llena de comodidades que no valoramos, que damos por sentado”, comenta el director y dramaturgo. Cuando Caronte las pierda, encontrará la fuerza para rebelarse.

Caronte y las ventanas indiscretísimas. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Caronte y las ventanas indiscretísimas. Imagen cortesía de Sala Russafa.

“Otros de los temas que aparecen son la desorientación vital o el despertar de la voluntad propia, pero no desde las reflexiones sesudas, sino desde el humor”, aporta Zúñigan sobre una trama llena de ingenio, que juega a descolocar al espectador y a buscar su complicidad. “Hemos creado situaciones que pueden parecer incongruentes, pero que también son muy cotidianas y en las que cualquiera puede verse reconocido”, señala el dramaturgo.

Durante todo el fin de semana puede disfrutarse de este texto que llama a la toma de conciencia desde la sonrisa, describiendo síntomas de la sociedad contemporánea que “probablemente han crecido en los últimos tiempos, pero que seguramente ya estaban ahí cuando Caronte empezó sus viajes en la famosa barca”, bromea el autor.

Saoro Ferré, Lucía Poveda y Jose Doménech componen el elenco de un montaje cuya escenografía e iluminación tienen una potente presencia artística y que cuenta con la  música original de Johnny B Zero. El domingo 8, tras la función, Sala Russafa invitará al público asistente a una pequeña fiesta con la ambientación musical de Gibertástico y un pequeño cóctel para celebrar el fin de temporada.

Caronte y las ventanas indiscretísimas. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Caronte y las ventanas indiscretísimas. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Gloomy Sunday o el suicidio interruptus

Gloomy Sunday, de Harold Zúñigan por la compañía Theatretk
Sala Russafa
C / Denia, 55. Valencia
Del 24 al 26 de febrero de 2017

Un enorme árbol blanco y un manto de sobres de azucarillos con mensaje toman el escenario de Sala Russafa para acoger la historia de un curioso suicidio-interruptus, el de un joven filósofo que lleva tres años intentando quitarse la vida cada domingo y que nunca lo consigue.

Esta insólita situación es el punto de partida del espectáculo Gloomy Sunday, de la formación colombiano-valenciana Theatretk, residente en Sala Russafa, que gestó y estrenó el montaje en el centro cultural la pasada temporada. Ahora vuelve a sus tablas dentro del Ciclo de Compañías Valencianas, del 24 al 26 de febrero (viernes y sábado a las 20:30h, domingo a las 20h).

Gloomy Sunday. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Gloomy Sunday. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Una comedia que supone el cuarto título para la compañía, escrita y dirigida por Harold Zúñigan, quien también da vida a su protagonista, Benjamín Phreiz, un joven filósofo que, tras muchos años de introspección y reflexión, encuentra la respuesta al porqué de la existencia: el absurdo. El problema es que, una vez descubierto, ya no desea seguir viviendo. Si todo es accidental, si no responde a razonamientos ni trasciende más allá de lo puramente anecdótico, no le encuentra sentido a la vida.

Sin embargo, una vez se decide a abandonar este mundo, el propio absurdo se cruzará en su camino y le impedirá, por los motivos más peregrinos, completar el suicidio que cada domingo se empeña en acometer.

Uno de esos motivos es Elena Fernández -interpretada por Grazia Hernández-, una mujer con el don de la oportunidad y que da al traste con gran parte de sus intentos. En su lógica no cabe que Benjamin decida sobre su muerte. Acatando la inercia de los días, para ella es incuestionable que si uno está vivo, ha de vivir. “Es incapaz de entender al suicida, desde una forma de pensar bastante más profunda de los que pueda parecer y que termina resultando entrañable. No puede cuestionar las normas porque ni si quiera las percibe como tales; no las acata porque esté de acuerdo, simplemente las sigue sin darse ni cuenta de que están ahí”, comenta el director de la obra.

Gloomy Sunday. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Gloomy Sunday. Imagen cortesía de Sala Russafa.

El tercer vértice del triángulo sobre el que se asienta la obra es el inmigrante El hadji cheikh Mbaye, al que da vida el cantante y bailarín africano Asso Mbaye, que también se encarga de las coreografías y de la percusión interpretada en directo. Su papel es el de un africano que tampoco entiende la decisión del protagonista, pero por motivos muy distintos: en su cultura y en su historia personal lo que carece de razones es la muerte porque la vida está llena de sentido.

En opinión de Zúñigan, uno de los atractivos de esta propuesta es el interesante choque de culturas y de planteamientos vitales que genera: “lo que para uno de los personajes, el ensimismado filósofo occidental, es un drama, para otro, un superviviente nato, no tiene importancia. Y para la tercera, una conformista, no requiere solución dado que ni siquiera puede verse como un problema”.

El absurdo que hila toda la trama es lo que permite ofrecer una cara amable de este tema, quizá peliagudo, al que se hace un guiño incorporando una versión de ‘Gloomy Sunday’, famosa canción que da título a la obra y que durante 61 años estuvo vetada en la BBC, pese a que grandes voces como Billy Holliday la interpretaran.

El motivo de la prohibición era su fama como inductora a la melancolía y suicidio. Quizá sobre las tablas de Sala Russafa y en un acercamiento desde las sonoridades africanas encuentre una nueva lectura como parte de esta inusual comedia, que cuestiona la inercia social y refleja la distancia que a veces se produce entre el mundo intelectual y la vida misma.

Gloomy Sunday. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Gloomy Sunday. Imagen cortesía de Sala Russafa.

 

Suicidio interruptus en Sala Russafa

Gloomy Sunday, de la compañía Theatretk
Sala Russafa
C / Denia, 55. Valencia
19-21 de mayo, a las 20.30h, y domingo 22 de mayo de 2016, a las 19.00h

¿Qué pasa si uno lleva tres años intentando matarse cada domingo en el mismo sitio y nunca lo consigue? Es el curioso suicidio-interruptus que plantea ‘Gloomy Sunday’, el nuevo espectáculo que la compañía valenciana Theatretk, residente en Sala Russafa, que durante esta temporada ha aprovechado las instalaciones del centro cultural para crear el espectáculo que estrena esta semana.

Tras el pseudónimo de Harlan Pinter se esconde el autor de esta comedia absurda que dirige Harold Zúñigan. Su protagonista es Benjamín Phreiz -al que da vida José Zamit-, un joven filósofo, apasionado lector de Camus que, tras muchos años de introspección y reflexión, encuentra la respuesta al porqué de la existencia: el absurdo. Una vez descubierto, ya no desea seguir viviendo, puesto que todo es accidental, no responde a razonamientos ni trasciende más allá de lo puramente anecdótico. Decidido a abandonar este mundo, el propio absurdo se cruzará en su camino, impidiéndole por los motivos más peregrinos completar el suicidio que cada domingo, desde hace tres años, intenta acometer.

Gloomy Sunday. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Gloomy Sunday. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Uno de esos motivos es Elena Fernández -interpretada por Grazia Hernández- una mujer terriblemente oportuna (o inoportuna, según se mire), que da al traste con gran parte de sus intentos al no comprender por qué Benjamín no desea seguir viviendo. “Es un personaje que termina resultando entrañable y que es bastante más profundo de lo que parece. Creo que, de alguna manera, representa la ignorancia de nuestra sociedad actual, a la gente que simplemente acata la inercia de las normas y pautas, sin llegar a imaginar si quiera que quizá habría que replanteárselas. Para ella, si uno está en este mundo, tiene que vivir”, apunta el director de la pieza.

El tercer vértice del triángulo es el inmigrante El hadji cheikh Mbaye, un africano que tampoco entiende la decisión vital del protagonista, pero por motivos muy distintos: para él lo que carece de razón es la muerte porque la vida sí está llena de sentido. “El choque cultural es muy interesante. Lo que para un filósofo occidental ensimismado son problemas, para él no tienen la más mínima importancia. No sufre de una manera trascendental buscando su lugar en el mundo, simplemente se dedica a disfrutar de él”, apunta Zúñigan.

Gloomy Sunday. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Gloomy Sunday. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Precisamente a este personaje da vida el cantante y bailarín africano Asso Mbaye, encargado de las coreografías y la percusión que se interpreta en directo. La puesta en escena se completa con la escenografía de los artistas plásticos Óscar Sánchez y Racso Zechnas, que aportan una cuidada estética al árbol en torno al cual gira el ritual de suicidios-interruptus del protagonista.  Y con un montón de sobrecillos de azúcar (con las lapidarias frases existenciales del filósofo protagonista al dorso) que inundan el escenario.

Una de las canciones que forma parte de este espectáculo, como no podía ser de otro modo, es una versión de ‘Gloomy Sunday’, famoso tema compuesto por el pianista húngaro Rezső Seress en 1933 de la que toma su título. Un tema legendario, versionado por grandes intérpretes como Billy Holliday, pero que no pudo emitirse durante 61 años en la BBC por la su fama como inductor a la melancolía y al suicidio.

La compañía valenciana Theatretk hace caso omiso de la superstición en este montaje, el cuarto que dirige Zúñigan, quien ya estrenó en Sala Russafa su ‘trauma-comedia romántica’ ¿Por qué duele cuando no hay dolor? (2014) y el drama con música de jazz en vivo ‘Alguien va a venir’ (2012), escrito por el dramaturgo noruego Jon Foss. “Me gusta innovar un poco en los géneros, hacer propuestas que no sean comedias o dramas al uso. Pero para mí lo más importante es que, sea con la risa o con la emoción, se hable de temas esenciales para la vida y desde un punto de vista que implique cierta reflexión”, comenta el joven director de escena.

“Creo que hay dos tipos de teatro: el importante, que habla de temas de actualidad y saca a la luz situaciones se deben conocer, y el esencial, que retrata nuestra esencia como seres humanos, las cosas que ahora y siempre nos van afectar. Me gustaría pensar que nuestras propuestas, humildemente, se encuentra ente este último”, confiesa el director de ‘Glommy Sunday’, que estará en cartel durante todo el fin de semana en Sala Russafa.

Gloomy Sunday. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Gloomy Sunday. Imagen cortesía de Sala Russafa.

‘¿Por qué duele cuando no hay dolor?’

¿Por qué duele cuando no hay dolor?, de Harold Zúñigan
Sala Russafa
C / Denia, 55. Valencia
Del 22 de mayo al 1 de junio

Las carteleras rebosan de estrenos y propuestas para distintos públicos cada semana. Pero rara vez contienen alguna que incluya a personas con discapacidad auditiva. Los cines y los teatros no suelen contar con este tipo de público pero, para paliar este olvido, la joven compañía valenciano-colombiana Theatretk ha creado una pieza en la que dos intérpretes en lengua de signos se incluyen en la puesta en escena, interactuando con los personajes e involucrándose en la historia para contar las aventuras y desventuras de Adam, protagonista de ‘¿Por qué duele cuando no hay dolor?’

Harold Zúñigan es el autor y director de esta pieza que del 22 de mayo al 1 de junio estrena Sala Russafa. “Es el tercer espectáculo de nuestra compañía y cada vez tenemos más claro que queremos trabajar creando un teatro que incluya a todo tipo de públicos, donde la discapacidad no sea una barrera”, explica Zúñigan.

Para que cualquier espectador pueda disfrutar de la representación, el espectáculo propone una adaptación al lenguaje de signos “profesional y ligada a las artes escénicas, que no entorpece el desarrollo dramático, ni saca al resto del público de lo que está sucediendo en escena”, explica el autor y director de la pieza. Además, bajo demanda, se puede disponer de un sistema de audio-descripción para que discapacitados visuales también puedan seguir el espectáculo, lo que convierte a esta pieza en una propuesta única en la cartelera valenciana.

Theatretk no sólo innova elaborando una propuesta inclusiva, sino que crea un nuevo género: la “trauma-comedia romántica”. El protagonista de ‘¿Por qué duele cuando no hay dolor?’ es Adam, un dramaturgo que no tiene más remedio que reconocer que vive traumatizado por algunas relaciones, no necesariamente sentimentales, que ha tenido en su vida.

Para intentar remediarlo y limpiar su Karma, emprende un viaje al pasado cargado de buenas intenciones. Pero solo conseguirá enredarse en antiguos errores, reabriendo viejas heridas en situaciones en las que el humor y el dolor se combinan a partes iguales.

Sala Russafa estrena esta comedia, salpicada de pequeños traumas, que interpretan Ana Ulloa, Laura Martí, Lucía Sáez, Marina Font, Miryam Garcés y Nacho López Murria. El reparto se completa con los ilustradores Emanuela Tringliani y Óscar Sánchez, quienes realizan en directo y sobre el escenario los dibujos que simbolizan ese dolor antiguo, cabezota, que hasta resulta cómico cuando se empeña en reaparecer y seguir doliendo.

Una puesta en escena insólita, que estimula el paladar y los sentidos, para un espectáculo con un punto agridulce, digno de las propuestas más exóticas.

Escena de '¿Por qué duele cuando no hay dolor?', de la compañía Theatretk. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Escena de ‘¿Por qué duele cuando no hay dolor?’, de la compañía Theatretk. Imagen cortesía de Sala Russafa.