Gloomy Sunday o el suicidio interruptus

Gloomy Sunday, de Harold Zúñigan por la compañía Theatretk
Sala Russafa
C / Denia, 55. Valencia
Del 24 al 26 de febrero de 2017

Un enorme árbol blanco y un manto de sobres de azucarillos con mensaje toman el escenario de Sala Russafa para acoger la historia de un curioso suicidio-interruptus, el de un joven filósofo que lleva tres años intentando quitarse la vida cada domingo y que nunca lo consigue.

Esta insólita situación es el punto de partida del espectáculo Gloomy Sunday, de la formación colombiano-valenciana Theatretk, residente en Sala Russafa, que gestó y estrenó el montaje en el centro cultural la pasada temporada. Ahora vuelve a sus tablas dentro del Ciclo de Compañías Valencianas, del 24 al 26 de febrero (viernes y sábado a las 20:30h, domingo a las 20h).

Gloomy Sunday. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Gloomy Sunday. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Una comedia que supone el cuarto título para la compañía, escrita y dirigida por Harold Zúñigan, quien también da vida a su protagonista, Benjamín Phreiz, un joven filósofo que, tras muchos años de introspección y reflexión, encuentra la respuesta al porqué de la existencia: el absurdo. El problema es que, una vez descubierto, ya no desea seguir viviendo. Si todo es accidental, si no responde a razonamientos ni trasciende más allá de lo puramente anecdótico, no le encuentra sentido a la vida.

Sin embargo, una vez se decide a abandonar este mundo, el propio absurdo se cruzará en su camino y le impedirá, por los motivos más peregrinos, completar el suicidio que cada domingo se empeña en acometer.

Uno de esos motivos es Elena Fernández -interpretada por Grazia Hernández-, una mujer con el don de la oportunidad y que da al traste con gran parte de sus intentos. En su lógica no cabe que Benjamin decida sobre su muerte. Acatando la inercia de los días, para ella es incuestionable que si uno está vivo, ha de vivir. “Es incapaz de entender al suicida, desde una forma de pensar bastante más profunda de los que pueda parecer y que termina resultando entrañable. No puede cuestionar las normas porque ni si quiera las percibe como tales; no las acata porque esté de acuerdo, simplemente las sigue sin darse ni cuenta de que están ahí”, comenta el director de la obra.

Gloomy Sunday. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Gloomy Sunday. Imagen cortesía de Sala Russafa.

El tercer vértice del triángulo sobre el que se asienta la obra es el inmigrante El hadji cheikh Mbaye, al que da vida el cantante y bailarín africano Asso Mbaye, que también se encarga de las coreografías y de la percusión interpretada en directo. Su papel es el de un africano que tampoco entiende la decisión del protagonista, pero por motivos muy distintos: en su cultura y en su historia personal lo que carece de razones es la muerte porque la vida está llena de sentido.

En opinión de Zúñigan, uno de los atractivos de esta propuesta es el interesante choque de culturas y de planteamientos vitales que genera: “lo que para uno de los personajes, el ensimismado filósofo occidental, es un drama, para otro, un superviviente nato, no tiene importancia. Y para la tercera, una conformista, no requiere solución dado que ni siquiera puede verse como un problema”.

El absurdo que hila toda la trama es lo que permite ofrecer una cara amable de este tema, quizá peliagudo, al que se hace un guiño incorporando una versión de ‘Gloomy Sunday’, famosa canción que da título a la obra y que durante 61 años estuvo vetada en la BBC, pese a que grandes voces como Billy Holliday la interpretaran.

El motivo de la prohibición era su fama como inductora a la melancolía y suicidio. Quizá sobre las tablas de Sala Russafa y en un acercamiento desde las sonoridades africanas encuentre una nueva lectura como parte de esta inusual comedia, que cuestiona la inercia social y refleja la distancia que a veces se produce entre el mundo intelectual y la vida misma.

Gloomy Sunday. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Gloomy Sunday. Imagen cortesía de Sala Russafa.

 

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