Contra la somnolencia de las rectas

Duplum / Aequilibrium, de Sebastián Nicolau
Gabinete de Dibujos
Gris Magatzem d’Art
C / Literato Azorín, 16. Valencia
Hasta finales de junio de 2016

Sebastián Nicolau (Valencia, 1956) lleva años analizando dobleces, observando el comportamiento y la forma de las telas, los cartones y las chapas al ser manipulados, cortados y doblados. Han pasado más de dos décadas desde sus primeros pliegues, el de las mangas al cruzar los brazos. Desde entonces ha fijado su interés en estructuras arquitectónicas escalonadas, cubiertas de fábricas y grandes naves industriales a través de cartones y chapas que manipula para realizar bocetos escultóricos, hules que cubren las puertas de los talleres y telas de cortinajes.

Duplum/Aequilibrium, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Gris Magatzem d'Art.

Duplum/Aequilibrium, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Gris Magatzem d’Art.

Ha estudiado escrupulosamente las formas y las ha ido sintetizado con minuciosidad en óleos, dibujos y esculturas. Su estudio de los efectos lumínicos le ha llevado en los últimos años a jugar con lo ficticio y lo real, a fundir sus límites y confundir la mirada. Sus últimos trabajos tejen un engaño de hilos sobre chapas onduladas y texturadas, de luces y sombras que aparecen y desaparecen. Así es la serie expuesta actualmente en Shiras Galería, serie a la que esta pieza Duplum/Aequilibrium pensada para el Gabinete de dibujos, pertenece.

«Duplum (Doblando) no es sólo el modo en que las planchas metálicas sobre las que trabajo adquieren su aspecto último como obras. Es la actitud ejercida sobre cada pieza, la manera en que trato de abordar la idea sobre cada una de ellas, el esfuerzo con el que intento conformarlas como la consecuencia de un pliegue más sobre sí mismas, sobre la anterior, sobre las anteriores, sobre cualquier otra obra hecha tiempo atrás. Duplum tiene también algo de azar, de incrementar la apuesta sobre la jugada, duplicar el riesgo en el que puedes perder el envite-doble o nada-, y tratar de seguir sentado a la mesa, en la partida», explica Sebastián Nicolau.

Duplum/Aequlibrium, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Gris Magatzem d'Art.

Duplum/Aequlibrium, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Gris Magatzem d’Art.

«También es doblar la esquina, ver qué hay detrás, intentar adivinar qué sucede en el patio trasero en donde habitas y participar en ello. Duplum es girar en el recodo como parte del camino evitando la somnolencia que producen las rectas. Duplum es el nombre propio de cada dibujo y escultura realizados entre 2014 a 2016 y el título de la pieza que he preparado especialmente para Gabinete de Dibujos, como un doble más, como una forma más de plegar y ordenar el espacio, en este caso el que dedico a la amistad, la colaboración, la diversión y el juego, un espacio que intento conservar para mantener cierto Aequilibrium», concluye el propio artista.

Sebastián Nicolau. Gris Magatzem d'Art.

Duplum/Aequilibrium, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Gris Magatzem d’Art.

Patrias de Nailon. Falla Mossén Sorell-Corona 2016

Presentación «Patrias de Nailon» de la Falla Mossén Sorell-Corona
Diseñada por Javier Jaén
Salón de Actos del IVAM

El pasado jueves 21 tuvo lugar en el IVAM la presentación del proyecto escogido por la Falla Mossén Sorell-Corona para su monumento en las próxima fiestas josefinas. Esta comisión se convierte, así, en la primera que celebra alguno de sus actos en el Instituto Valenciá d´Art Modern. La presentación ha estado abierta, por lo tanto, al público general, además de los propios falleros.
La llamativa propuesta, diseñada por el catalán Javier Jaén, será producida en el taller de José Lafarga, artista encargado también de levantar Na Jordana en 2016. Este proyecto de la Falla Corona contribuye una vez más al acercamiento entre el mundo de la Fallas y el del diseño y arte contemporáneos, en la línea de años anteriores. Recordemos a Escif con su inteligente y acertada propuesta «Tot el que sobra» el año pasado, o “El Joc de la Reinvenció” y “Ornament i Delicte” de los diseñadores Ibán Ramón + Dídac Ballester de 2013 y 2014 respectivamente.

Proyecto 2016 de Javier Jaén, "Patrias de nailon". Cortesía de Falla Mossén Sorell - Corona

«Patrias de nailón» es el título de falla firmada por Jáen. Las banderas son telas divididas habitualmente en geometrías de colores. Son comúnmente rectangulares. Se aseguran por uno de sus lados a un asta y se convierten en la enseña de una nación, un país, una patria, un lugar delimitado, una frontera. La profanación o ultraje a una bandera es un término aplicado a diversos actos intencionales de su destrucción, como metáfora de lo que representa. Es un acto simbólico y político. Algunos países tienen leyes que prohíben métodos de destrucción como la quema, otros en cambio tienen leyes que protegen el derecho a quemar una bandera como libertad de expresión. La bandera blanca no diferencia entre pueblos, estados, culturas, lenguas o religiones. Es un símbolo internacional usado en periodos bélicos o de conflicto, posee varios significados: rendición, solicitud de parlamentar con el enemigo, alto el fuego o cese de las hostilidades entre seres humanos.

Cortesía de Falla Mossén Sorell - Corona

El diseñador Javier Jaén colabora habitualmente con publicaciones internacionales como «The New York Times», «Washington Post», «Le Monde», «The New Yorker», «El País Semanal» o diferentes editoriales españolas. La comisión Mossén Sorell – Corona sigue cumpliendo el compromiso adquirido con su público de conseguir ser un escaparate de arte visual contemporáneo en las Fallas de Valencia.
Su conocimiento del mundo de la comunicación ha convertido a Javier Jaén en un referente de trabajos cargados de fuerza visual e ironía, algo que le permitirá acercarse al lenguaje fallero con facilidad. La producción del trabajo correrá a cargo del taller de José Lafarga. Después de haber plantado durante varios años fallas en la primera línea del panorama fallero, ha demostrado un gran
cuidado de la técnica y un virtuosismo en los detalles, algo que, sin duda, serán un acicate para el cometido de hacer realidad el innovador proyecto que esta vez plantea Falla Corona.

Web de Javier Jaén
Web de la falla Corona

Masako Takahashi, ideas descabelladas

Masako Takahashi
Galería Charpa
C / Tapinería, 11. Valencia

Masako Takahashi, estadounidense de origen japonés, habla igual que trabaja su obra: con tiempo y una infinita paciencia. De hecho, utiliza esas dos palabras (tiempo y paciencia) para explicar lo que hace, cuando se le interroga acerca de algunas de las piezas que muestra en la Galería Charpa de Valencia. Su estancia en México le permite expresarse con un castellano cuyas palabras va hilando a un ritmo idéntico al de su proceso creativo. Creación para la cual se sirve de kimonos y diversas telas preciosas, sobre las cuales escribe sus pensamientos o ideas descabelladas.

Obra de Masako Takahashi en la Galería Charpa de Valencia.

Obra de Masako Takahashi en la Galería Charpa de Valencia.

Porque Takahashi, de ahí la literalidad de su escritura descabellada, trabaja con sus propios cabellos a la hora de construir unas frases que, como no podía ser de otra manera dado el frágil material utilizado, le lleva un tiempo infinito. En este sentido, diríase que la tradición oriental que corre por sus venas libra silenciosa batalla con las prisas inherentes a la Norteamérica de su nacimiento. Por otro lado, es como si retomara, paradójicamente, una tradición occidental hasta hace bien poco practicada en nuestras escuelas: la caligrafía.

Obra de Masako Takahashi en Galería Charpa.

Obra de Masako Takahashi en Galería Charpa.

Takahashi, al hilo, nunca mejor dicho, de la parsimonia a la que le obliga el fino trenzado de sus propios cabellos, va escribiendo sobre telas igualmente delicadas, conformando una obra de sutiles ramificaciones. Por un lado, la más obvia, relacionada con labores del hogar tradicionalmente femeninas. Pero, por otro, su arte bien pudiera asociarse con el trabajo de aquellos monjes amanuenses que tan pacientemente copiaban sus manuscritos ajenos al tiempo que les llevaba su ímproba tarea.

Obra de Masako Takahashi en Galería Charpa.

Obra de Masako Takahashi en Galería Charpa.

Una de las piezas de la exposición demuestra tamaña laboriosidad, si bien resulta extensible al conjunto de las obras exhibidas. La propia Takahashi lo explica: “En esta tira de papel de 12 metros, que es la longitud de tela necesaria para hacer un kimono, voy escribiendo frases más cortas o más largas dependiendo del cabello, al tiempo que voy dejando espacios en blanco en función de los días que no trabajo”. Frases escritas, por tanto, con la “tinta” de sus cabellos, relacionando así lo que directamente proviene de su cabeza con el tejido que en muchos casos envuelve el propio cuerpo.

Obra de Masako Takahashi en Charpa.

Obra de Masako Takahashi en Galería Charpa.

La obra de Masako Takahashi conecta, pues, la mente y el cuerpo, en una especie de espiral que se autoabastece. Del cabello a la tela y de la tela a los múltiples pensamientos, reflexiones o ideas, sin duda descabelladas, que destilan sus delicadas piezas. Piezas que parecen a su vez pentagramas de una música tejida con acordes o finísimas cuerdas salidas de su vasta melena. Sin prisas, ajena al tiempo de la extrema laboriosidad del producto en serie, Takahashi va depositando en sus telas una escritura cuya caligrafía adquiere ecos milenarios.

“Tiempo y paciencia”, insiste la artista. Ahí es nada. La obra que muestra en la Galería Charpa nos viene a recordar dos cosas para las cuales estamos peor preparados los ansiosos consumidores de la sociedad del bienestar. Las ideas descabelladas de Masako Takahashi tienen mucho que ver con ello. Un trabajo para tirarse de los pelos, en el mejor sentido de la palabra.

Obra de Masako Takahashi en la Galería Charpa de Valencia.

Obra de Masako Takahashi en la Galería Charpa de Valencia.

Salva Torres

Rebeca Plana, en un lugar de la mancha

Top control, de Rebeca Plana
La Gallera
C / Aluders, 7. Valencia
Hasta finales de junio

Singular y plena de sentido la frase de Markus Lüpertz destacada en una de las paredes de La Gallera: “Tengo el deseo de la luz, pero estoy en la sombra”. La frase viene a expresar bien a las claras, que en su caso es bien a la sombra, lo que la propia Rebeca Plana muestra en su exposición ‘Top control’, serie de pinturas, algunas sobre colchones, dominadas por el intenso color, el trazo rotundo y las manchas. Singular y plena de sentido porque, al igual que Lüpertz, Rebeca Plana se deja llevar por cierta luminosidad interior, producto de su visceral forma de pintar, para reflejar las sombras de tan febril experiencia plástica.

Rebeca Plana, entre dos de sus obras, en La Gallera. Imagen cortesía del Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana.

Rebeca Plana, entre dos de sus obras, en La Gallera. Imagen cortesía del Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana.

Notorio, en este sentido, la utilización del colchón como soporte para algunas de las obras expuestas en La Gallera. La propia Rebeca Plana lo explica sin ambages: “El colchón porque ahí nacemos, dormimos, follamos y morimos”. Y por si hubiera alguna duda acerca de su directa forma de expresarse, verbal y plásticamente, agrega: “Me considero visceral. No me gusta la ambigüedad”. La visceralidad de su trabajo procede literalmente del lugar del cuerpo que la artista considera primordial a la hora de crear: “Pinto desde el estómago, más que desde el corazón”. Y a las pruebas hay que remitirse.

Detalle de una de las obras de Rebeca Plana en la exposición 'Top Control' de La Gallera.

Detalle de una de las obras de Rebeca Plana en la exposición ‘Top Control’ de La Gallera.

‘Top control’ es una sucesión de obras, pensadas para ocupar el lugar que en su día fue recinto de peleas de gallos, en la que Rebeca Plana expresa su particular lucha con la materia. Una lucha, en cualquier caso, exenta de abismos interiores: “No creo en el pintor atormentado”. De manera que Rebeca Plana, dejándose llevar por las contracciones de su estómago, va soltando gruesas y rotundas pinceladas como expresión de esa visceralidad. Son obras, por tanto, producto más del cuerpo que de la mente; más fruto de los ácidos estomacales que del torrente sanguíneo impulsado por los latidos del corazón.

Detalle de una de las obras de Rebeca Plana en la exposición 'Top Control' de La Gallera.

Detalle de una de las obras de Rebeca Plana en la exposición ‘Top Control’ de La Gallera.

Al no ser “pintora de caballete” (Rebeca, dixit), sus obras escapan al control del marco establecido, para expandirse por telas y colchones al modo en que lo hacen los sueños y, puestos a desear la luz encontrando la sombra, las pesadillas. De ahí ‘Top control’: “Yo no lo tengo, pero hay que pararse aquí en La Gallera”. De manera que Rebeca Plana, siempre atenta a esa “primera pincelada”, porque en su opinión “nunca hay una última”, pierde el control dentro de la seguridad de su taller, para terminar volcando tamaña visceralidad en el espacio expositivo que en cada caso ejerce de fin (provisional) de trayecto.

Diríase que a Rebeca Plana le duele el mundo y lo aplaca en sus trabajos mediante “saturación de color” y “manchas fuertes”. Los colchones en posición vertical, explicitando su imposible acomodo tradicional, son objeto de esa visceralidad plástica que deseando la luz se topa con el reino de las sombras. El gesto enérgico, abriéndose paso en la vida, es derroche de caudal en la obra de Rebeca Plana. Fiel a los dictados de su estómago, La Gallera arde en deseos motivados por tan efusivas manchas. ‘Top control’, a la espera de las próximas y siempre primeras pinceladas. La luz no encuentra forma de dar sentido a las sombras.

Dos de las obras de Rebeca Plana, en la exposición 'Top control' de La Gallera.

Dos de las obras de Rebeca Plana, en la exposición ‘Top control’ de La Gallera.

Salva Torres