El simbolismo invernáculo de Alberto Conejero

‘Todas las noches de un día’, de Alberto Conejero, dirigida por Luis Luque
Pentación Espectáculos
Con Ana Torrent y Carmelo Gómez
Teatro Olympia
San Vicente Mártir 44, València
Hasta el 17 de febrero de 2019

“Pese a las veladuras que aparentan cubrirlos (sus cuadros de la vida), no tienen ninguna artificiosidad: a través de esos velos se disciernen siempre, con toda precisión, los contornos de algo substancial, de algo que brota de la fuente misma de la humana existencia y que no es en modo alguno efímero o pasajero”
(Maurice Maeterlinck)

Tal epígrafe, que la investigadora de la UCO Juana Toledano Molina recoge en su ensayo ‘Teatro simoblista en España: algunas formas del poema drámatico’, se formula atribuido al dramaturgo belga Maurice Maeterlinck (1862-1949), prócer del teatro simbolista francófono y de generosa influencia en todas las dramaturgias europeas, tal y como el actor, escritor teatral y profesor de la RESAD Daniel Sarasola postula en la destacada antología ‘Simbolismo y modernismo en el teatro español’ (Fundamentos, 2011).

Todas las noches de un día. MAKMA

La sentencia de Maeterlinck bien puede erigirse aquí a modo de exordio de cuanto acontece, palpitante, en la obra de Alberto Conejero ‘Todas las noches de un día’, que fondea en el Teatro Olympia de València, hasta el próximo 17 de febrero, de la mano de Ana Torrent y Carmelo Gómez, orientados por el rumbo del director madrileño Luis Luque.

Modernismo contemporáneo, lirismo dramático, teatro de ensueño, introspección narrativa, calima truculenta y decadente; aditamentos proposicionales del simbolismo para un texto alegórico que rubrica el prolífico y ubicuo autor jienense –indubitable adalid, junto a Juan Mayorga, de la presente escena española–, henchido de la analepsis que Conejero procura germinar en el espacio metafórico de un invernadero decimonónico, erigido en una reliquia superviviente de los azares biográficos de sus personajes.

Ana Torrent (Silvia) y Carmelo Gómez (Samuel) encarnan a dos seres atormentados por sus respectivos abolengos, tan discordantes como miméticos en el castigo, cuyas penitencias lastran la onerosa carga de la espectral memoria familiar. Silvia, última habitante de un caserón hostigado por las urbanizaciones colindantes, en el que subsiste un viejo invernadero al cuidado obsesivo de Samuel. Entre ambos surge una relación de necesidad y desequilibradas correspondencias, cimentada por el tiempo relativo que propicia su aislamiento, como testigos inanes de cuanto acontece fuera de su no-lugar.

 

‘Todas las noches de un día’ uniforma su relato epidérmico a partir del interrogatorio policial al que Samuel debe enfrentarse, tras la incierta desaparición de Silvia, tesitura que propicia las escenas retrospectivas y la interpolada evolución de la memoria. Samuel se ve inquirido por un agente –in absentia– que asiste, junto al público, a los delirios del recuerdo, entre premonitorias tormentas estacionales, ipomoeas albas, hemerocallis y cactáceas que habitan su invernáculo, convertido en mazmorra, en jaula última para sus íntimas evocaciones.

Carmelo Gómez y Ana Torrent fascinan e impresionan, tornan inteligibles las cuitas y contribuyen decisivamente –junto a la labor escenográfica de Monica Boromello y la música de Luis Miguel Cobo– a elevar las razones poéticas de un libreto definido por el propio Conejero como “un texto que tiene algo de thriller, algo de melodrama y algo de tratado de botánica”.

Carmelo Gómez y Ana Torrent durante un instante de 'Todas las noches de un día'. Fotografía cortesía de Teatro Olympia.

Carmelo Gómez y Ana Torrent durante un instante de ‘Todas las noches de un día’. Fotografía cortesía de Teatro Olympia.

Jose Ramón Alarcón

Las confesas desdichas de ‘Cinco horas con Mario’

‘Cinco horas con Mario’, de Miguel Delibes, dirigida por Josefina Molina
Sabre Producciones y Pentación Espectáculos
Con Lola Herrera
Teatro Olympia
San Vicente Mártir 44, València
Hasta el 3 de febrero de 2019

El Teatro Olympia de València acoge, hasta el próximo domingo 3 de febrero de 2019, ‘Cinco horas con Mario’, ínclita adaptación de una de las obras de referencia del escritor vallisoletano –y otrora académico– Miguel Delibes, bajo la sempiterna dirección de Josefina Molina y el conspicuo protagonismo de Lola Herrera.

Erigida en un ineludible clásico de la escena contemporánea española, la presenta gira –que circula, de nuevo, tras la congratulaciones por el quincuagésimo aniversario de la publicación de la novela en 1966– cursa una tercera versión que atisba 2020 como horizonte definitivo, aupada por el natural, inmaculado y octogenario atletismo de la actriz castellana, cuya etapa de madurez curricular parece haberse forjado en asociación con la deriva de esta perenne función, desde que las céntricas y montepías tablas madrileñas del Marquina alumbraran su controvertido estreno en pleno y transicional otoño de 1979.

Lola Herrera, como Carmen Sotillo, durante un instante de la representación de 'Cinco horas con Mario'. Fotografía cortesía del Teatro Olympia de València.

Lola Herrera, como Carmen Sotillo, durante un instante de la representación de ‘Cinco horas con Mario’. Fotografía cortesía del Teatro Olympia de València.

Carmen Sotillo (Lola Herrera) prosigue paseando, cuatro décadas después, ese soliloquio de velatorio doméstico y crepuscular, propicio para el monólogo confeso frente al difunto, cuya relación marital ejemplifica un lúgubre acervo de inquinas y desdichas, soledades vívidas y recriminaciones póstumas, náuseas, contrición, adulterios inconsumados y soterradas lujurias.

“Aparte de desempeñar un papel determinante en la trama, son seres presionados por el entorno social, víctimas de la ignorancia, la política, la organización, la violencia o el dinero”, aseveraba Delibes acerca de buena parte de la nómina de personajes que puebla el cosmos de su narrativa. De este modo, Menchu y Mario ilustran, huérfanos de excesos escenográficos, el testimonio arquetípico de los antagonismos de la burguesía media de provincias en la adusta, lóbrega, católica y opresiva España de los años sesenta.

En reprobatorias palabras de Carmen a las citas bíblicas que parecen orientar las inquietudes del difunto, Mario encarna la figura de un introspectivo catedrático de instituto, zaherido por frustraciones literarias y una sospechosa y social religiosidad posconciliar, cuyo vituperado sentido de la dignididad y de la justicia social lo hubieron transformado en un marido taciturno, estéril frente las necesidades y aspiraciones tradicionales, económicas, religiosas y románticas de su esposa, paradigma y dechado esta de heredadas y tópicas virtudes inmovilistas y anhelos de la clase media del momento.

Las ineludibles transformaciones etopéyicas y culturales, acaecidas desde su publicación y ulterior adapatación teatral, han posibilitado superar el incipiente maniqueismo que exudaba el troquel de sus personajes, tal y como el propio Delibes indicaba en la nota del autor para la edición de 2008 de su novela: “Mas fueron suficentes unos años para que las cosas empezaran a cambiar. Los lectores ya no se mostraban unánimes en sus juicios: Mario no era el bueno ni Menchu la mala. ¿Por qué iba a ser bueno Mario? ¿Por qué mala Menchu? ¿Por haber recibido una educación trasnochada? Pero Mario, tan entregado a su causa, no entendió a su esposa, que, con muy poco esfuerzo, se hubiera puesto de su lado (…) De todo esto me doy cuenta ahora. En su momento estaban muy próximos y pesaban mucho los papados de Juan XXIII y Pablo VI. Ante la torpeza ajena, los partidarios de aquéllos se irritaban antes que disculparla, aunque la ingenuidad no merecía este castigo”.

Sin embargo, esa misma metamorfosis y evolución del mapa de inquietudes y costumbres ha convertido, por momentos, su primogénita causticidad y humor críticos en liviana hilaridad e hiperbólica mojiganga. No obstante, a pesar de estos signos reumatoides de su osamenta, ‘Cinco horas con Mario’ pervive, por pluma y devenir, en el imaginario presente de consecutivas generaciones de espectadores que han tenido (y aún atesoran) la fruición de aclamar la sobrecogedora prosodia de Lola Herrera.

La actriz Lola Herrera durante un instante de la representación de 'Cinco horas con Mario'. Fotografía cortesía del Teatro Olympia de València.

La actriz Lola Herrera durante un instante de la representación de ‘Cinco horas con Mario’. Fotografía cortesía del Teatro Olympia de València.

Jose Ramón Alarcón

La vuelta de Nora a su casa sin muñecas

La vuelta de Nora, de Lucas Hnath, dirigida por Andrés Lima
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 44. Valencia
Hasta el 20 de enero de 2019

“He sido una muñeca grande en casa de papá. Y nuestros hijos, a su vez, han sido mis muñecas”. Esa es una de las quejas de Nora, el personaje de la novela de Henrik Ibsen Casa de Muñecas. Otro de sus malestares proviene de la interrogación que le formula su marido Torvald: “¿Hay alguien que te haya amado más que nosotros?”. Y su respuesta: “Jamás me amaron. Les parecía agradable estar en adoración delante de mí, ni más ni menos”. Entre esa alienación y ese amor mal entendido se mueve la obra de Ibsen que Lucas Hnath reescribió en 2017, a modo de segunda parte con el título de La vuelta de Nora.

El Teatro Olympia la acoge con Aitana Sánchez-Gijón encarnando a Nora, junto a Roberto Enríquez, María Isabel Díaz Lago y Elena Rivera. Una obra dirigida por Andrés Lima que comienza allí donde el autor sueco la había dejado: con el portazo de la mujer hastiada de su vida que regresa al hogar 15 años después. “Nora se sentía una muñequita alienada, por eso entiendo que decidiera marcharse ante la falta de elección que tenía en su vida”, señaló la actriz protagonista. “Es una heroína, pero por otro lado no, porque abandona a sus hijos”, añadió.

Escena de 'La vuelta de Nora'. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Escena de ‘La vuelta de Nora’. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Considerada como la primera obra teatral feminista, a pesar de que Ibsen nunca la defendiera como tal, Casa de Muñecas primero y ahora La vuelta de Nora cuestionan los roles de pareja y, por extensión, los estereotipos aplicados a la complejidad humana. “Hay discurso feminista, pero no es un panfleto”, advirtió Sánchez-Gijón, que reconoció gustarle la comedia (“aunque no me llegan textos interesantes”), porque “esto es un desgaste brutal, te agota; la implicación emocional aquí es de alto voltaje”.

Roberto Enríquez defendió la necesidad de textos tan intensos como el de Ibsen y Hnath. “Esta postura indolente de no querer ver cosas ásperas, que para eso ya tengo la vida, nos convierte en seres vacíos”. “No creo que haya que cerrarse a la tragedia o el drama”, agregó quien se pone en la piel de Torvald. Un marido igualmente atosigado por las convenciones sociales del momento, fácilmente trasladables a la actualidad con otras formas. “Frente a las razones de Nora, nosotros también somos prisioneros de un patrón social”. Y mi personaje también se rebela contra ello”, apuntó Enríquez.

Escena de 'La vuelta de Nora'. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Escena de ‘La vuelta de Nora’. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Elena Rivera y María Isabel Díaz Lago se sumaron al sentir de sus compañeros de reparto, al incidir en el hecho de que La vuelta de Nora huye de los maniqueísmos. “Empatizas con los cuatro personajes. Esa es la magia de la función”, explicó Rivera. “Todos los personajes tratan de cerrar heridas y cada espectador verá si se cierran o se hacen mayores”, subrayó Díaz, que reveló haber interpretado a Nora hace muchos años en Cuba. “Entonces no la entendí”, apostilló quien ve a la protagonista como “una heroína que reivindica su postura” junto a “otros tres personajes nada maniqueos”.

La vuelta de Nora, tal y como se avanza en la sinopsis de la obra, cuestiona la actitud de la mujer que abandona su casa dando un portazo, el tiempo que ha estado desaparecida y la recriminación por las consecuencias de su huida. “El cambio de actitud de Torvald se produce gracias al portazo. Gracias a esos portazos los hombres reaccionan y se cuestionan. Otros, por el contrario, se encastillan y reaccionan con violencia”, destacó Sánchez-Gijón. “La vuelta de Nora es impactante”, manifestaron todos al unísono.

Escena de 'La vuelta de Nora'. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Escena de ‘La vuelta de Nora’. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Enríquez abundó en ello: “Es tan inaceptable que una mujer pueda dejar su hogar, que mienten para seguir viviendo. Pero su vuelta es un revulsivo, porque les obliga a mover la silla en la que han estado cómodamente instalados”. Su marcha de casa, vivida como inapelable, es ligeramente corregida por el actor que interpreta a Torvald: “Sí tiene otra opción, quedarse, pero no sé si es una opción de vida o de muerte”.

Lucas Hnath aseguró que su intención a la hora de escribir la secuela de Casa de Muñecas era reflejar “cómo las personas se juntan y se mantienen unidas, cómo se conocen y cómo están seguros de que se conocen entre sí”. Por eso Sánchez-Gijón habló de la complejidad de la obra y de que iba “más allá de la heroína y del hombre terrible que la somete”, para adentrarse en el laberinto propuesto por Hnath: “En el fondo se está hablando de la dificultad de comunicación. Hay que aprender a comunicarnos desde otros lugares, abrir nuestros corazones”.

Escena de 'La vuelta de Nora'. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Escena de ‘La vuelta de Nora’. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Salva Torres

¡Los Piratas Asaltan el Teatro Olympia!

¡Los Piratas Asaltan el Teatro Olympia!
Teatro Olympia
Carrer de Sant Vicent Màrtir, 44. València
Hasta el 22 de julio de 2018

El pasado 28 de Junio comenzó un ciclo de obras teatrales organizado por la escuela de artes escénicas ‘Off’. Este ciclo de obras se compone tanto de obras compuestas por integrantes de la propia escuela, como de interpretaciones de grandes obras teatrales como ‘Ubú Rey’, de Alfred Jarry, o ‘Historia de una Escalera’, de Buero Vallejo. La obra teatral de la que tratará este artículo es ‘Piratas: Aventura en el Mar de Plástico’, escrita por Umar Ruiz e interpretada por la compañía Arieta Teatre.

‘Piratas: Aventuras en el Mar de Plástico’ se ubica en un futuro distópico donde la contaminación ha acabado con el mundo tal como lo conocíamos. La Capitana Jade y Otis, interpretados por los actores Violeta Moreno y Umar Ruiz, suben a su barco y ponen rumbo al pasado para salvar el mundo. Este concepto que a primera vista nos podría dar una idea de una obra dura, al contrario se nos presenta de una forma amena, adaptada a un público infantil tomando el recurso de los piratas para mostrar a los más pequeños la responsabilidad que tenemos respecto a la contaminación de una forma divertida para que, como ha comentado la compañía, no encuentren la introducción de éste como algo brusco o como una norma u obligación.

La Capitana Jade y Otis montados en el barco. Imagen cortesía de Violeta Moreno.

La Capitana Jade y Otis montados en el barco. Imagen cortesía de Violeta Moreno.

En la obra se mezclan clichés clásicos como el recurso de los piratas o el malo, encarnado por el tataranieto del capitán Barbanegra, interpretado por Umar Ruiz (el cual es malo sin tener algún motivo o un pasado traumático), con la introducción de elementos de la cultura actual, como puede ser la estética steampunk que recuerda a largometrajes como ‘Waterworld’, viajes en el tiempo donde hacen un guiño a la serie ‘Doctor Who’, canciones famosas como ‘Quiero oir tu voz’ de Mago de Oz y, cómo no, la archiconocida saga de Piratas del Caribe.

La obra usa muy pocos recursos en el escenario. El espacio central queda enmarcado por el barco de la Capitana Jade. Los actores han comentado que el barco es totalmente reciclado usando recursos como palés. El barco nos transporta a distintos lugares como el mar futurista plagado de plástico o al lejano Oriente y, aunque no haya un gran atrezzo que lo justifique, la interpretación de los actores y el vestuario dan por válidas esas ubicaciones.

La Capitana Jade y Barbanegra enfrentándose. Imagen cortesía de Violeta Moreno.

La Capitana Jade y Barbanegra enfrentándose. Imagen cortesía de Violeta Moreno.

La compañía Arieta Teatre ha dado sus primeros pasos con esta obra de teatro. La compañía se compone por los dos actores mencionados con anterioridad: Violeta y Umar. Es una compañía de teatro que quiere enfocarse a un público escolar y que en un futuro quieren tocar otros temas usando la misma fórmula que en ‘Piratas: Aventura en el Mar de Plástico’. El uso de estos recursos harán la entrada más amena a temas tan serios para un público infantil que suele vivir inconsciente ante esos problemas que le afectarán en el futuro sin quitarles su inocencia.

La obra se seguirá interpretando los domingos 8, 15 y 22 de julio en la Sala Off, en el Carrer del Túria, 47. Si queréis aprovechar para ver a la escuela Off en el Teatro Olympia tenéis hasta el 3 de Julio.

Cartel de la obra de teatro "Piratas: Aventura en el mar de plástico". Cortesía de la Sala Off.

Cartel de la obra de teatro “Piratas: Aventura en el mar de plástico”. Cortesía de la Sala Off.

José Antonio López

El tórrido zinc de Tennessee Williams en el Olympia

‘Una gata sobre un tejado de zinc caliente’, de Tennessee Williams
Versión y dirección: Amelia Ochandiano
Teatro Olympia
San Vicente Mártir 44, Valencia
Hasta el 11 de febrero de 2018

De la mano de José Velasco y Zebra Producciones, la conspicua obra del dramaturgo norteamericano Tennessee Williams ”Una gata sobre un tejado de zinc caliente’ recala en el Teatro Olympia de Valencia, hasta el domingo 11 de febrero de 2018.

La actriz, productora y directora de escena Amelia Ochandiano rubrica la presente versión –en plena gira nacional desde finales de 2016– a partir de la adaptación implementada por el escritor sureño para la escena de Broadway, exhortado por Elia Kazan con motivo de su estreno en el desaparecido Morosco Theatre neoyorkino, durante la lejana primavera de 1955.

Juan Diego y Alicia Sánchez durante un instante de la representación de 'Una gata sobre un tejado de zinc caliente'. Fotografía cortesía e PTC.

Juan Diego y Alicia Sánchez durante un instante de la representación de ‘Una gata sobre un tejado de zinc caliente’. Fotografía cortesía e PTC.

Con el fin de reportar a la obra ciertos céfiros de contemporaneidad, Ochandiano, amén de nutrirse con determinados vestigios del celuloide (ineludible referirse a la acomodación cinematográfica dirigida por Richard Brooks en 1958), procura focalizar aún más la atención y el peso dramático sobre conceptos tan indubitablemente universales como la verdad y la mentira, la enfermedad y la muerte, la represión y el deseo, la trémula moral o la codicia; concepciones, juicios y designios que vertebran y transforman el devenir unos personajes translúcidos y arquetípicos, gobernados por una canícula sofocante, resentida y perturbadora.

No obstante, este zinc caliente abrasa premeditadamente ciertas cuestiones capitales del original y relega a la esfera terciaria la veladura en primer plano que determina el conflicto marital de la pareja protagonista: la supuesta homosexualidad del dipsómano  Brick –encarnado por un plausible Andreas Muñoz–, otrora motivo de censura para el epatable público y asunto categórico en otros dramas del Pulitzer de Misisipi, como ‘El zoo de cristal’ o ‘Un tranvía llamado deseo’.

En cuanto a otras adecuaciones y reparto se refiere, debe agradecerse el generoso protagonismo del Abuelo, presencia pulmonar de un excelso Juan Diego, quien, provisto de prosodia asfixiante y salbutamol, confiere a la representación la necesaria serenidad escénica, el comedido silencio (cuando procede) y la pausa (frágil y quebrantable por el ímpetu), equilibrando ciertos e incontenibles excesos del primer tercio.

Andreas Muñoz, Alicia Sánchez y José Luis Patiño durante un instante de la representación de 'Una gata sobre un tejado de zinc caliente'. Fotografía cortesía e PTC.

Andreas Muñoz, Alicia Sánchez y José Luis Patiño durante un instante de la representación de ‘Una gata sobre un tejado de zinc caliente’. Fotografía cortesía e PTC.

Igualmente, destaca Alicia Sánchez en el rol de Madre, insuflando una sobresaliente credibilidad a su personaje (tal vez el más aferrado a la sustantividad). Begoña Maestre, como Maggie, solidifa y asienta la complejidad del papel a medida que transcurre la obra, tras una vehemencia preliminar que, quizás, reste poso a su incertidumbre y desasosiego. Por su parte, Marta Molina (Mae) y José Luis Patiño (Gooper) superviven con solvencia a los caracteres más predecibles o planos de la presente versión, sobre los que recaen ciertas distensiones, cuya derivada hilaridad, a mi juicio, quebranta la senda de hondura conquistada por momentos.

Concluye siendo esta gata sobre un tejado de zinc tan brumosa como apetecible. Necesaria ocasión fugaz para asomarse a los tormentosos y góticos estíos sureños de un Thomas Lanier Williams III erigido en clásico.

Un instante de la representación de 'Una gata sobre un tejado de zinc caliente'. Fotografía cortesía e PTC.

Un instante de la representación de ‘Una gata sobre un tejado de zinc caliente’. Fotografía cortesía e PTC.

Jose Ramón Alarcón

 

La incomunicación según La Cantante Calva

La cantante calva, de Eugène Ionesco, dirigida por Luis Luque
Con Adriana Ozores, Fernando Tejero, Carmen Ruiz, Joaquín Climent, Helena Lanza y
Javier Pereira
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 44. Valencia
Del 24 de enero al 4 de febrero de 2018

“Vaya, son las nueve. Hemos comido bien. Sopa, pescado, patatas con tocino, ensalada inglesa”, dice Adriana Ozores sentada en el suelo de un lujoso comedor. No pasa mucho más en esos primeros compases de la obra, un espectador desconocedor de la trama no sabrá qué pensar sobre el texto de Eugène Ionesco. La obra cumbre del teatro absurdo, de la sin razón, algo que nos parece muy extraño al principio pero que nos damos cuenta que se parece demasiado a la realidad: gente que habla de tonterías y que no se comunican bien, de hecho ni se comunican.

La cantante calva, de Eugéne Ionesco. Teatro Olympia de Valencia.

La cantante calva, de Eugéne Ionesco. Teatro Olympia de Valencia.

Dos parejas que se encuentran en un palacio vetusto y rancio, un bombero buscando fuego en cualquier lugar, como si de un emparanoiado con el trabajo y con apagar fuegos inexistentes se tratara y una criada divertida, alocada y desparramada, que seduce al bombero sin ambages. Una criada sin la tibieza de sus señores, sin el encorsetamiento de la gente de bien, de las parejas respetuosas.

La obra, protagonizada por Javier Pereira, Joaquin Climent, Carmen Ruíz, Fernando Tejero y Helena Lanza, propone muchas e interesantes reflexiones como la soledad, el caos existencial que supone sobrevivir a una guerra mundial (en nuestro caso, por ejemplo, a una crisis que nos ha vuelto más pobres), la incomunicación entre personas, inclusos entre personas que se aman (o se amaban). Todo desde el absurdo, desde la transgresión que supone hacer que el espectador sea el que tenga que sacar sus conclusiones, sus propias ideas.

Escena de 'La cantante calva', de Eugène Ionesco, dirigida por Luis Luque. Teatro Olympia de Valencia.

Escena de ‘La cantante calva’, de Eugène Ionesco, dirigida por Luis Luque. Teatro Olympia de Valencia.

Luís Luque se lanza a la adaptación de esta obra, no teme que la gente se quede con cara de póker, sabe que el público español está preparado para asimilar la vicisitudes de la vida moderna, de las frases sin sentido. Parejas que viajan juntos, viven juntos o tienes hijos juntos pero que se desconocen. Parejas aburridas, tristes, miserables, que subliman con poder escuchar cualquier historia, la de un bombero y sus aventuras, con tal de salir de su tedio, de sus circunloquios, de la pesadez de sus existencias sin más.

Una obra difícil, por mucho que recurra al humor, compleja en su propuesta de diálogos absurdos, extraños y apartados (aparentemente) de la realidad. Somos hijos de esa sociedad, por que en el fondo es la nuestra, ¿quién no ha hablado sin saber qué decía o solo por hablar…?

Elenco de 'La cantante calva', de Eugène Ionesco, dirigida por Luis Luque. Teatro Olympia de Valencia.

Elenco de ‘La cantante calva’, de Eugène Ionesco, dirigida por Luis Luque. Teatro Olympia de Valencia.

Javier Caro

 

“Me apetecía cambiar de registro”

¡Oh, Cuba!, dirigido por Francisco Ortuño, con Loles León
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 44. Valencia
Hasta el 26 de noviembre de 2017

Es la cuarta vez que Loles León viene a trabajar a Valencia y en esta ocasión está encantada porque lo hace como intérprete absoluta de un musical de mucho poderío, ¡Oh, Cuba! que estará en el Olympia hasta el domingo. Maquillada y revestida de espectaculares atuendos, la veterana actriz, dotada de una gran vis cómica y enérgico temperamento, se transforma en una criatura celestial que entona los versos que el poeta granadino compuso en la isla.  “Mis vecinas de Montepinar se van a poner verdes de envidia”, bromea, y reconoce el efecto Menchu (nombre de su personaje en Lo que se avecina) que llena los teatros por eso de la popularidad televisiva.

“Me apetecía mucho cambiar de registro y cuando me propusieron este proyecto no lo dudé ni un segundo”, dice León. “En la función recito los poemas de Lorca, que me encanta, además de cantar y bailar un poco. Soy el hilo conductor de todos los números arropada por mis compañeros, 21 artistas en escena”.

Loles León, en '¡Oh, Cuba!". Imagen cortesía del Olympia.

Loles León, en ‘¡Oh, Cuba!”. Imagen cortesía del Olympia.

Con los sesenta cumplidos, y en plena forma la polifacética actriz vive uno de sus mejores momentos combinando el teatro con el rodaje de la serie vecinal y la promoción del premiado mediometraje del que es protagonista, El mundo entero. Dirigido por Julián Quintanilla y rodado en Badajoz, este filme de 30 minutos aborda en clave de comedia las relaciones materno filiales con un enfoque tierno y original que le ha dado un gran éxito.

Con una impresionante carrera a sus espalda bajo la dirección de grandes directores como Almodóvar, Trueba o Aranda, León asegura que no tiene una película favorita, que en todas aprendió y disfrutó por igual. También está satisfecha con su rompedor personaje Menchu de la serie televisiva, “avasallador y vitalista”, aunque, salvo un genio algo vivo, no comparte otros rasgos con ella. “Es muy fuerte, sería agotador vivir siempre así”, comenta.

Loles León. '¡Oh, Cuba!". Imagen cortesía del Olympia.

Loles León. ‘¡Oh, Cuba!”. Imagen cortesía del Olympia.

¡Oh, Cuba! evoca la estancia de Federico García Lorca en la isla caribeña, donde llegó el  4 de marzo de 1930 tras su visita a Nueva York. Fueron tres meses, exactamente 98 días muy intensos, que vivió sumergido en la atmósfera cálida y sensual,  una etapa inolvidable para el poeta.  También muy productiva, tanto en sentido literario como en las relaciones sociales y personales y, por supuesto, en lo relativo a los encuentros amorosos. A partir de sus vivencias cubanas  el dramaturgo y director teatral Francisco Ortuño ha condimentado este plato exótico con ingredientes lorquianos, flamencos y cubanos. Incluye textos de Federico García Lorca, clásicos e inéditos, que el poeta dejó en la isla, y poemas de su amigo Nicolás Guillén.

En ‘¡Oh Cuba! se produce “auténtica magia” y el público recibe “un hachazo al corazón” al tiempo que reflexiona con la “razón pura y poética” de Lorca, dijo Ortuño en la presentación de la obra. Es un montaje con “sabor cubano, flamenco y poético” y música en directo de raíces africanas. Hasta ahora, no se había hecho un montaje que repasara la estancia de Lorca en Cuba, “una enorme experiencia” para el poeta en la que “encuentra realmente su pulso, su sexualidad”.

Como una especie de duende de Lorca, Loles León va explicando, recitando e incluso cantando sobre el escenario los motivos que llevan a Lorca a permanecer en la isla de Cuba. Según la actriz, su brisa suave, su sabor, sus gentes, su forma relajada de plantear la vida contribuyeron a que brotara en él algo  que estaba reprimido en Granada
Junto a Loles León figuras de primer orden: Antonio Carmona, Diego Franco, Adrián Galia, con la colaboración especial de la soprano cubana Alina Sánchez. La obra batió récords de asistencia en el programa Lorca y Granada en los Jardines del Generalife, con más de 41.000 espectadores.

Loles León

Loles León, en ‘Oh, Cuba!”. Imagen cortesía del Teatro Olympia.

Bel Carrasco

Las Sombras de Sara Baras en Valencia

Sombras, de Sara Baras
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 44. Valencia
Del 14 al 23 de diciembre de 2017

La artista gaditana Sara Baras sube al escenario del centenario Teatro Olympia de Valencia su nuevo espectáculo ‘Sombras’ desde el 14 hasta el  23 de diciembre.

Este nuevo espectáculo demuestra la evolución definitiva del arte que protagoniza Sara Baras. Conjuga en escena y de la manera más brillante, lo moderno y lo actual, haciendo uso de recursos técnicos de primer orden con la magia y el sentimiento que tiene la esencia del flamenco, patrimonio cultural de la humanidad. Utilizando como hilo conductor su emblemática ‘Farruca’ reúne ritmos, cadencias y culturas del mundo en una simbiosis que no tiene precedentes.

Ya están a la venta las entradas en la web del Teatro Olympia www.teatro-olympia.com,  que no podía despedir el año de su primer centenario con más “brillo” que presentando este espectáculo en el que su creadora, dirige y coreografía esta suerte de viaje a través del mundo que es ‘Sombras’.

La luz, los colores y la oscuridad bailarán al son de los apoteósicos pies de Sara Baras. Acompañada como siempre de los mejores: en la creación de la música el talento de Keko Baldomero, de dos artistas invitados de sólido prestigio como son José Serrano en el baile y el afamado saxofonista Tim Ries y de la sublime creación pictórica del garabatista Andrés Mérida.

Y es que entre ‘Sombras’ no todo lo que se ve, es lo que realmente se tiene ante los ojos y Sara Baras está dispuesta a demostrarlo a toda Valencia.

Sara Baras. Imagen cortesía del Teatro Olympia.

Sara Baras. Imagen cortesía del Teatro Olympia.

‘Taxi’ baja la bandera en el Olympia

Taxi, de Ray Cooney, bajo dirección de Josema Yuste y Alberto Papa-Fragomen
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 44. Valencia
Del 22 de junio al 9 de julio de 2017

La última función de ‘Taxi’, después de varias semanas en el Teatro Olympia, ofreció la oportunidad de disfrutar de la adaptación de la obra de Ray Cooney, versionada y dirigida por dos grandes Josema Yuste y Alberto Papa-Fragomén. Es sin duda una buena adaptación de la obra, manteniendo la esencia de los personajes, caricaturizándolos hasta el extremo y añadiendo gags de actualidad mezclados con pinceladas de sarcasmo ligero.

Es sin duda una desternillante función desde la primera escena; 100 minutos sin descansos ni pausas para recuperar el aliento ni dejar que se relajen los músculos abdominales.

Escena de 'Taxi'. Teatro Olympia. Foto: Malva

Escena de ‘Taxi’. Teatro Olympia. Foto: Malva

Una comedia que nos narra la historia de un taxista con una aparente vida normalizada y bien planificada, que se ve enturbiada por un cambio de horarios por circunstancias inesperadas; el enredo sigue su curso creando cada vez situaciones más pintorescas y berlanguianas. Hasta llegar a un final poco convencional y lleno de humor.

Destacar, sin duda, varias de las actuaciones. Por un lado, la del propio Josema Yuste demostrando sus tablas en el escenario. Por otro lado, resaltar el binomio perfecto con su compañero Sergio Fernández ‘El monaguillo’: el personaje que representa el humorista sostiene la parte más cómica, llevándolo a cabo de forma magistral y engrandeciendo la obra con su tremenda frescura y naturalidad.

Asimismo, valorar la actuación el actor albacetense Javier Losán, que nos descubre un personaje similar a un Colombo desfasado que pone la guinda al pastel de esta hilarante obra.

Escena de 'Taxi'. Teatro Olympia. Foto: Malva

Escena de ‘Taxi’. Teatro Olympia. Foto: Malva

Malva Riestra

La piedad de Chéjov

Atchúusss!!!, de Anton Chéjov, dirigida por Carles Alfaro
Con Malena Alterio, Adriana Ozores, Ernesto Alterio, Fernando Tejero y Enric Benavent
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 44. Valencia
Del 11 al 15 de enero de 2017

Queda totalmente prohibido constiparse esta semana porque sólo hay cinco días para disfrutar de un espectáculo memorable. La obra Atchúusss!!! que estará del 11 al 15 de enero en el Teatro Olympia,  viene arropada por un conjunto de nombres que son sinónimo de calidad. Nada menos que Antón Chéjov, Carles Alfaro y cinco actores como cinco copas de pino: Malena Alterio, Adriana Ozores, Ernesto Alterio, Fernando Tejero y Enric Benavent, coautor del texto dramático. El equipo artístico del montaje producido por Pentatión se completa con el diseño de vestuario de María Araujo y la música de Mariano Marín.

Escena de 'Atchúusss!!!'. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Escena de ‘Atchúusss!!!’. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Como el título indica, el estornudo como síntoma del resfriado es el nexo de unión entre los distintos personajes entrelazados en una historia cuyo hilo conductor es un viejo acomodador de teatro. Tras una monumental borrachera se despierta en las butacas de platea e inicia un viaje por el pasado. En un alarde de versatilidad los actores interpretan hasta cuatro personajes distintos. Malena Alterio, por ejemplo, se convierte en una burguesa aburrida, una institutriz apocada, una mujer de carácter muy potente y una hija peculiar.

Deseoso de tener una experiencia en las tablas que completara su intenso trabajo televisivo, Fernando Tejero impulsó este proyecto, al que pronto se sumaron los hermanos Alterio, Adriana Ozores y los demás participantes. Carles Alfaro sugirió los cuentos de Chéjov como punto de partida para crear un texto dramático acorde con nuestro tiempo.

Escena de 'Atchúusss!!!'. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Escena de ‘Atchúusss!!!’. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Humor delirante

Anton Chéjov escribió una larga lista de textos humorísticos firmados con el pseudónimo Antosha Chejonte que usó en su juventud cuando era estudiante de Medicina y periodista en sus ratos libres. El espectáculo se basa en esa abundante obra juvenil, ágil y cómica, escrita con el objetivo de ganarse la vida y de contribuir al bienestar familiar que fue publicada en revistas y periódicos. Farsas breves y sainetes con acentos vodevilescos, en su mayoría drásticamente eliminados de sus Obras Completas por considerarlas él mismo como “de segunda”, indignas de su reputación.

Escena de 'Atchúusss!!!'. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Escena de ‘Atchúusss!!!’. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Sin embargo, algunos de esos vigorosos y delirantes cuentos, esbozos, sátiras y diálogos humorísticos, han dado por mérito propio el salto desde el papel de periódico al escenario para ser representados como cuadros independientes en espectáculos que ahora consideraríamos de variedades.

La obra muestra desde un ángulo menos habitual, menos solemne, que Chéjov está dotado de una ilimitada compasión y una inmensa piedad. “En estos relatos convirtió en protagonistas a figuras que hasta entonces sólo habían servido de forillo, coro y paisaje de fondo a otros personajes mucho más poderosos”, dice Alfaro. “En ellos muchísimos hombres, mujeres, niños y hasta animales, cada uno de ellos con sus mezquindades y sus heroísmos, sus cobardías, sus avaricias, sus ansiedades, sus hastíos, sus enfermedades, sus ilusiones, sus ridiculeces, sus pequeñas osadías y sus grandes arrepentimientos. Y no en bloque, sino (¡oh genialidad!) de uno en uno, como sin duda se merecían; es decir, nos merecemos”, concluye Alfaro.

Atchúusss!!! Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Atchúusss!!! Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Bel Carrasco