El juego de contar verdades

‘Perfectos desconocidos’, dirigido por Daniel Guzmán
Teatro Olympia
San Vicente Mártir 44, València
Hasta el 20 de septiembre
Viernes 11 de septiembre de 2020

Los siete intérpretes de ‘Perfectos desconocidos’ subieron el pasado miércoles por la mañana al escenario del Olympia para mantener el encuentro ritual con los representantes de los medios en una rueda de prensa. Todos ellos expresaron su ilusión y muchas ganas de retomar el encuentro con el público tras meses de obligado parón. Reivindicaron la cultura como espacio seguro y la importancia de que la gente pierda el miedo a los interiores. «La obra habla de las relaciones sentimentales, de distintos tipos de romances cuyo denominador común es la falta de sinceridad», comentó uno de los actores Juan Carlos Vellido. «El móvil es un pretexto para mostrar que no somos tan sinceros como deberíamos».

La cena de los siete amigos que en torno a una mesa, móvil a mano, participan en el juego de contar verdades, desencadenando reacciones en cadena y una especie de sesión de terapia colectiva, ha sido contada de muchas formas. Tres películas y numerosas adaptaciones teatrales que han conquistado a espectadores de diferentes países. En 2016, se estrenó la obra madre, el filme ‘Perfetti sconosciuti’, de Paolo Genovese; al año siguiente, la película de Álex de la Iglesia y, en 2018, la versión francesa, ‘Le Jeu’, de Fred Cavayé.

juego, Perfectos desconocidos
Cartel de ‘Perfectos desconocidos’, dirigido por Daniel Guzmán.

El secreto de este éxito universal es sencillo. Trata del eterno tema del amor y desamor, y de algo tan actual como las relaciones personales a través del móvil. Y sobre todo, parte de un argumento muy bien hilvanado como otros éxitos de taquilla similares: ‘La cena de los idiotas’ o ‘La jaula de los grillos’ por poner un par de ejemplos.

El montaje que se puede disfrutar en el Teatro Olympia es una adaptación realizada por David Serrano y Daniel Guzmán, dirigida por este último, producida por Pentación Espectáculos, Milonga, El Niño Producciones, Luis Scalella y Guillermo Francella. Una comedia muy actual de ritmo trepidante protagonizada por: Inge Martín, Álex Barahona, Olivia Molina, Juan Carlos Vellido, Elena Ballesteros, Bart Santana e Ismael Fritschi.

Tras ocho meses de éxito en el Teatro Reina Victoria de Madrid, ‘Perfectos desconocidos’ retoma su gira nacional en el teatro valenciano, donde estará hasta el 20 de septiembre. Tres parejas y un amigo single que se conocen de toda la vida quedan a cenar y, en el transcurso de la velada, deciden participar en un juego peligroso, leer en voz alta los mensajes y las llamadas que lleguen a sus móviles. De esta forma, todos sus secretos y su vida entera quedan expuestos ante los demás.

Escena de ‘Perfectos desconocidos’, bajo la dirección de Daniel Guzmán. Imagen cortesía de Pentación Espectáculos y Teatro Olympia.

“Cuando me propusieron dirigir ‘Perfectos desconocidos’ en teatro, pregunté cuál era la premisa dramática de la que partía la historia y me interesó”, dice Daniel Guzmán. “Leí el texto original del autor italiano y me atrajo la historia de amistad de un grupo de amigos de toda la vida, la profundidad de los personajes, las situaciones disparatadas, los numerosos giros y la reflexión que sugiere el autor sobre el uso del móvil y el control que ejerce sobre nuestras vidas».

La línea argumental por la que transita esta obra y la cercanía de la historia hacen de esta comedia un viaje lleno de sorpresas con grandes dosis de humor, pero también contiene una gran humanidad y profundidad en cada uno de sus personajes”. ‘Perfectos desconocidos’ habla sobre lo hiperconectados que estamos actualmente y de la incomunicación que existe en realidad entre nosotros; entre los que tenemos más cerca o más nos importan, como nuestra pareja o nuestros mejores amigos.

“Más allá del contenido narrativo y del sentido del humor, esta obra cuestiona nuestra conducta y nos invita a la reflexión”, añade Guzmán. “¿Debemos compartir todos nuestros secretos? ¿Hasta dónde llega el límite de nuestra intimidad? ¿Las nuevas tecnologías nos ayudan o ejercen un control sobre nuestra vida?”.

Daniel Guzmán, director de ‘Perfectos desconocidos’. Imagen cortesía de Pentación Espectáculos y Teatro Olympia.

El lenguaje dramático es muy distinto al cinematográfico y convertir el filme original en una función teatral no fue fácil. «La adaptación de una película como ésta, en la que hay mucho en juego en los primeros planos y en miradas que pueden perderse en el teatro, ha sido complejo y estimulante», dice David Serrano. “Hemos potenciado el humor y profundizado en las relaciones entre los personajes”.

Sobre la relación del montaje con la película de Álex de la Iglesia, gran éxito de taquilla, los actores comentaron en la rueda de prensa que el filme tiene un tono de suspense e intriga, mientras la función se desarrolla en un registró cómico y con la ventaja de observar a los intérpretes en conjunto como a través de una mirilla.

Ilusión de volver a las tablas y voluntad de hacerlo con la máxima seguridad. Son las claves en el esperado inicio de una temporada peculiar entre la vieja y la nueva normalidad. Distancia entre butacas, toma de temperatura y mascarilla obligatoria. A los periodistas asistentes se les regaló una muy elegante de color negro decorada con las máscaras emblemáticas del arte de Talía. “¡Y, viva el teatro!”. Con este grito liberador concluyó la sesión matutina con la prensa.

Escena de ‘Perfectos desconocidos’. Imagen cortesía de Pentación Espectáculos y Teatro Olympia.

Bel Carrasco

Danza de seducción y cortejo

‘Dirty Dancing’
Filmoteca d’estiu. Jardine del Palau de la Música de Valencia
Días 25 y 27 de agosto
Teatro Olympia. C/ San Vicente Mártir, 44 (Valencia )
A partir del 1 de septiembre
Jueves 27 de agosto de 2020

Los jóvenes de las tres últimas generaciones han soñado vivir un idilio estival como el de los protagonistas de ‘Dirty Dancing’, un clásico del cine romántico y musical de 1987 dirigido por Emile Ardolino. Una versión contemporánea de ‘Romeo y Julieta’ sin duelos ni sangre pero con bailes sugerentes y música a mansalva. El tristemente desaparecido Patrick Swayze y Jennifer Grey, en plena forma juvenil y estado de gracia entablan una explosiva simbiosis estética y erótica. Una danza de cortejo y seducción  que conmueve al espectador.

En el verano de 1963,  de vacaciones familiares en el lujoso hotel Kellerman’s en las Catskill Mountains de Nueva York, Baby descubre una desenfrenada fiesta en el área de empleados. Fascinada por los provocativos pasos de baile y los hipnóticos ritmos musicales, se lanza a descubir un mundo inédito para ella tras conocer al atractivo profesor de baile Johnny Castle.

Esa tórrida historia de amor llega por partida doble estos días también tórridos climáticamente hablando a Valencia. En la gran pantalla y en el escenario. Los días 25 y 27 de agosto, en la Filmoteca d’estiu y, a partir del 1 de septiembre, en el Teatro Olympia.

Fotograma de ‘Dirty Dancing’. Filmoteca d’estiu de Valencia.

Estrenada en agosto de 1987 en los Estados Unidos, ‘Dirty Dancing’ se convirtió de inmediato en un fenómeno romántico, musical y adolescente por sus números musicales y una banda sonora que fue de las más vendidas de la historia. El tema principal ganó el Óscar y un Globo de Oro. En España fue la película más alquilada en los videoclubs.

El guión de Eleanor Bergstein aborda temas como las diferencias sociales o la diferencia de edad en una relación, además de plantear abiertamente el aborto, un asunto espinoso en los años sesenta. «Lo que distingue ‘Dirty Dancing’ de otras películas de este tipo es que los protagonistas parecen personas reales en vez de actores», dice el crítico cinematográfico Jonathan Rosenbaum. «La trama gira alrededor de las diferencias de clase entre los clientes y el personal de un complejo vacacional, tratadas con una sensibilidad y una visión satírica sorprendentes».

Fotograma de ‘Dirty Dancing’. Filmoteca d’estiu de Valencia.

«No es otra estúpida película de los ochenta de bailes», puntualiza la periodista británica Hadley Freeman. «Es un recordatorio de la importancia del aborto legal. Y un tratado de sexualidad femenina en el que todo se observa desde el punto de vista de Baby». La película es toda una declaración de intenciones sobre la sexualidad femenina. Y es que queda claro que desde el primer momento en que Baby ve a Johnny, se siente atraída por él. «Lo que quiere Baby es acostarse con Johnny. Y no es extraño que a ninguno de los hombres ejecutivos de MGM les gustara el guión ni que acabara produciéndola una mujer, porque ‘Dirty Dancing’ es una película sobre la sexualidad femenina. En particular la parte física de la sexualidad femenina, y la excitación y las complicaciones que eso comporta», asegura Freeman en su libro ‘The Time of my Life’.

Escena del musical ‘Dirty Dancing’. Foto de Alberto Díaz por cortesía del Teatro Olympia.

Por otra parte, a partir del 1 de septiembre el Teatro Olympia presenta la versión teatral de la productora Letsgo protagonizada por el valenciano Dani Tatay en el papel de Johnny Castle. Bajo la dirección de Federico Bellone, la guionista del mítico filme, Eleanor Bergstein, ha sido la responsable de la adaptación teatral del musical.  Su puesta en escena en el teatro mantiene la esencia original y ha permitido a la autora añadir más escenas, que ayudan a entender mejor el entorno sociocultural de la época, así como  canciones que habían quedado fuera de la banda sonora original.

El espectáculo vuelve a los escenarios tras su exitoso recorrido por 31 ciudades españolas durante la pasada temporada que culminó, en 2018 con récord de cifras. El musical ‘Dirty Dancing’ llevó a cabo cerca de 700 representaciones y disfrutaron del show más de 600 mil personas.

El actor valenciano Dani Tatay da vida al inolvidable personaje de Johnny Castle y la actriz Sara Ávila interpreta a Baby. En su gira por España el show cuenta con música en vivo que se vuelve cómplice de los personajes y crea una provocadora atmósfera. En el espectáculo se puede disfrutar de la versión original de las canciones de la película, entre las que destacan: Hungry Eyes, ¡Hey! Baby, Do you Love Me? y la galardonada con el Oscar (I’ve Had) The Time of My Life.

Escena del musical ‘Dirty Dancing’. Foto de Alberto Díaz por cortesía del Teatro Olympia.

«La mejor subvención es el público»

Remando en el mismo barco (VI) | Testimonios de parejas dedicadas a la cultura
Leonor de Arizón y Enrique Fayos (Monasterio Sant Jeroni de Cotalba y Olympia Metropolitana)
Martes 9 de junio de 2020

Artes escénicas, patrimonio, conciertos, la librería Lé de Madrid… El matrimonio Leonor de Arizón y Enrique Fayos forma parte un entramado cultural cuyos dos ejes son la empresa Olympia Metropolitana y el Monasterio de Sant Jeroni de Cotalba (Siglo XIV), situado en el municipio de Alfahuir. Heredero de una saga familiar dedicada al espectáculo, Fayos gestiona junto a su hermana Mª Ángeles el Teatro Olympia y otras cuatro salas: el Talia, el Auditori de Torrent y sendos teatros en Catarroja y Vall d’Uxó. Su actividad incluye un equipo humano de 70 personas, que en la actualidad se acogen a un ERTE, excepto 14 que siguen al pie del cañón.

Arizón es directora de marketing y relaciones exteriores de Cotalba, empresa familiar que gestiona una de las joyas del patrimonio histórico artístico valenciano, el Monasterio de Sant Jeroni, enclavado en un paraje paradisíaco de La Safor. Abierto al público desde 2005, ofrece visitas guiadas, eventos sociales y empresariales y el festival de Música al Monestir de Sant Jeroni de Cotalba.

Vista del Teatro Olympia. Imagen cortesía del autor.

Arizón y Fayos se conocieron en Benicàssim, en el 81, y se casaron siete años más tarde. Tienen tres hijos veinteañeros y todavía mantienen sus amistades de juventud en la playa castellonense. Por su profesión tratan a diario con muchos artistas y acopian una rica colección de anécdotas sobre los miembros de la farándula. «Recuerdo que el día que nos casamos en 1988: estrenó Arturo Fernandez una comedia en el Olympia, y no entendía que nos hubiéramos casado el mismo día que actuaba él; siempre me lo recordaba», cuenta Fayos.

Para ambos la situación es de absoluta incertidumbre, aunque barajan planes para la nueva normalidad. «Lo que más nos preocupa es el miedo», dicen. «El miedo de la gente, sobre todo de los mayores, a volver a la salas. No es lo mismo sentarse en una terraza al aire libre que estar en un lugar cerrado. Algunos artistas de cierta edad han aplazado sus actuaciones a 2021, precisamente por ese miedo».

El empresario teatral se plantea dos escenarios posibles: volver en julio o, si las condiciones lo impiden, en septiembre. En el primer caso, el telón del Olympia se alzará con la comedia de producción valenciana ‘El método Gronholm’, que se debía haber estrenado en mayo. Si hay que aplazar la reapertura a septiembre se hará con ‘Perfectos desconocidos’, después vendrá Goyo Jiménez, y Lola Herrera con ‘Cinco horas con Mario’.

Monasterio Sant Jeroni de Cotalba en Alfahuir.

La crisis del coronavirus es la tercera que supera la empresa de la familia Fayos. «Tuvimos la del 82 en los cines, debido a la tele y a los vídeos, y la financiera de 2008», recuerda. «Para mí estas sacudidas son también un época de oportunidades si las sabes aprovechar».

En 2008 optó por presentarse a los concursos de gestión de teatros, diversificando así su actividad, y ahora se lanza a un primer proyecto audiovisual con una serie para plataformas digitales inspirada en la novela de Ramón Palomar ‘La Gallera’. «Me gustó mucho», comenta. «Tiene personajes muy fuertes y se desarrolla en gran parte en València».

Las actividades en el Monasterio de Sant Jeroni también se verán afectadas. «Las visitas se harán con un número reducido de 16 personas por grupo y pensamos aplazar los conciertos para noviembre y fin de año», explica Arizón. «Vamos a aprovechar esta bajada de actividad para realizar obras de rehabilitación que así se podrán llevar a cabo sin interferir tanto con los eventos habituales que se realizan en esta época».

Enrique Fayos y Leonor de Arizón junto a sus hijas. Imagen cortesía del autor.

En 1836, el Monasterio de Sant Jeroni fue uno de los bienes de la Iglesia incluidos en la desamortización de Mendizábal. Adquirido por Tomás Trénor, en 1948, en la actualidad es propiedad de la madre de Arizón, sus hermanas y cuñada. Declarado, en 1994, Bien de Interés Cultural se abrió al público años más tarde siendo escenario de diversos eventos culturales como el que tuvo lugar en 2019, ‘Lucrecia y María, duquesas del territorio Borja’ en colaboración con el Palau Ducal de Gandía. «Además de acometer una rehabilitación importante, tenemos el proyecto de un app  en cuatro idiomas y queremos organizar también alguna exposición».

A pesar de contar con la ventaja de ser una empresa grande y consolidada, Fayos subraya que se vive un momento complicado.  «No soy partidario de las subvenciones», afirma. «La mejor subvención es el público pero se deberían reducir impuestos. Es evidente que todos vamos a pasar una mala racha pero no puedes hundirte, y hay que buscar oportunidades en las desgracias. Se atisba un cambio en el centro de gravedad del ocio y debería aprovecharse la oportunidad de crear sinergias entre el turismo y la oferta cultural».

Arizón y Fayos califican de «poca ambiciosa y cortoplacista» la política de los gestores culturales. «Se apuesta por el teatro valenciano, pero no se le adjudican recursos suficientes». Deploran que el Palau de la Música lleve tanto tiempo cerrado, «algo impensable en una gran ciudad», y cuestionan la forma de aplicar el Plan Respira. «Está bien limitar el tráfico, pero hay que aplicar antes otras medidas, como aparcamientos periféricos, lanzaderas e intercambiadores en el Metro. Son inversiones muy caras y es más fácil hacer carriles bici y cerrar el acceso a los coches».

Sea en julio o en septiembre, según la autoridad decida, los escenarios retornarán a la vida y la música volverá a llenar las nobles piedras del Monasterio de Sant Jeroni. Arizón y Fayos trabajan a fondo para que sea posible.

Leonor de Arizón y Enrique Fayos. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Señor de rojo en atmósfera gris

‘Señora de rojo sobre fondo gris’, de José Sámano
Adaptación de la novela homónima de Miguel Delibes
Con José Sacristán
Teatro Olympia
San Vicente Mártir 44, València
Hasta el 2 de febrero de 2020

Considerado por una generosa parte de la crítica literaria –que, omnímoda, poblaba con sus diligentes mecanografías las principales redacciones del último cuarto del siglo XX– como uno de los más eminentes novelistas de la historia de la literatura española –incluido en el florilegio junto a Cervantes y Galdós (¡carape!)–, Miguel Delibes Setién (Valladolid, 1920-2010) alumbró durante buena parte de su fecunda y dilatada trayectoria literaria un modo de narrar/escudriñar de vita et moribus, edificando en sus obras “una Castilla seca, dura, pobre, trabajadora, donde la penuria y la escasez es escasez y penuria y no literaria austeridad” (Francisco Umbral dixit).

Provisto de un límpido y específico castellano, Delibes pormenoriza la acción con infatigable suficiencia de la palabra precisa a través de la síntesis narrativa de sus personajes –predilección estilísitca edificada desde sus incios en El Norte de Castilla, en cuyo negociado de provincias “aprendí algo fundamental: decir mucho en poco espacio”, matizaba el autor en ‘Un año de mi vida’ (Destino, 1972).

Provisto de tales principios en el costal literario, el autor pucelano los ha paseado por la narrativa ortodoxa, el relato hechizado, los dietarios, las epístolas y las singulares haciendas del monólogo –territorio, este último, necesitado de la excepcionalidad (insólita y cualitativa, confesional y lírica)–. Y deba ser en los predios del soliloquio donde la voz del autor se torne, ineludiblemente, elegíaca, como así sucede, efectivamente, en ‘Cinco horas con Mario’ (1966) y ‘Señora de rojo sobre fondo gris’ (1991), tan semejantes en armadura como antagónicas en sus intenciones.

Será esta última en la que Delibes desabrigue, con carácter insólito, su trayecto vital más descarnado y afligido, pertrechando a su personaje –Nicolás, un célebre pintor abatido, in vita et in labore, por el fallecimiento de su esposa– con las cuitas verídicas y personales sufridas por el escritor con motivo de la enfermedad y óbito ulterior de su cónyuge Ángeles de Castro en 1974.

Desde su publicación, en los albores de la década de los noventa, han sido diversas e infructuosas las tentativas (y reticencias del novelista por razones de pudor y decoro) para adecuar la obra a las exigencias cinematográficas (Pilar Miró) y teatrales (José Sacristán), siendo, finalmente, sus herederos quienes procuraran el imprescindible nihil obstat para que el excelso actor chinchonense y el productor y director teatral José Sámano (recientemente fallecido) permutaran Señora de rojo en acontecimiento escénico desde el otoño de 2018, cuya gira nacional comparece en el Teatro Olympia de València hasta el 2 de febrero de 2020.

Mi gran curiosidad por ver cómo resolvía el fondo del cuadro no se vio defraudada: lo eludío, eludió el fondo; únicamente una mancha gris azulada, muy oscura, en contraste con el rojo del vestido, más atenuada en los bordes” (Nicolás, ‘Señora de rojo sobre fondo gris’)

‘Señora de rojo sobre fondo gris’, de Eduargo García Benito.

De este modo, Sámano, Sacristán e Inés Camiña rubrican una adaptación que procura concentrar los más relevantes y literales pasajes del monólogo, uniformando el estudio del pintor con el tono acrómático, plomizo y sombrío que predomina en el horizonte emocional del personaje (acierto escenográfico de Arturo Martín Burgos e inane, por contra, la iluminación implementada por Manuel Fuster, que desequilibra la atmósfera), acaso como si Nicolás/Delibes habitara en las penumbras del fondo fidedigno del cuadro que protagoniza Ángeles de Castro –pintado con elocuentes y gentiles pinceladas por el ilustrador, retratista y diseñador Decó Eduardo García Benito– y que presidió, incólume, el despacho del escritor durante el resto de sus días.

‘Señora de rojo sobre fondo gris’ encomienda su corpus dramático al ejemplar y prolijo oficio de Sacristán, remo embrionario y capital de una función supeditada al magisterio de su dicción y vigor recitativo, henchido de argucias y timbres graves y agudos con los que mantener despabilada a la audiencia, que debe permanecer atenta a la deriva confesional de los acontecimientos in absentia, siendo este un trance habitual en las cenagosas superficies del género del monólogo.

“Este tipo de obra donde no pasa nada –no hay acción externa– corre el riesgo de producir el aburrimiento e incluso el sopor”. Recupero aquí una atinada reflexión rubricada por Eduardo Haro Tecglen (El País, 9 de septiembre de 1989) con motivo de la representación de ‘La guerra de nuestros antepasados’, adapatación de la obra dialogada de Delibes, cuyo personaje protagonista, Pacífico Pérez, encarna el propio José Sacristán, acerca de cuyas virtudes Tecglen asevera: “El lenguaje puro castellano es un aliciente para escucharlo, y la interpretación de José Sacristán otro de la misma importancia”.

Impresiones que un servidor secunda asociadas a la presente Señora de rojo, siendo la prosodia del actor lo más destacado de un texto falto de oxígeno, que fatiga en lo narrativo y brilla cuando se torna lirismo descriptivo; solo entonces el relato se pausa y respira, y cobran sentido y presencia el desconsuelo por la pérdida y la desorientación creativa, la aflicción y la necesidad taciturna del recuerdo: la elegía.

A pesar de estas desigualdades y siendo ‘Señora de rojo sobre fondo gris’ la más que probable despedida de los escenarios de José Sacristán, deba ser este motivo suficiente para justificar la asistencia.

José Sacristán (Nicolás) durante un instante de la representación. Fotografía cortesía de Pentación Espectáculos.

Jose Ramón Alarcón

JEKYLL Y HYDE, EL MUSICAL

Teatro Olympia. San Vicente Martir, 44. Valencia

Jekyll y Hyde, un extraordinario musical basado en la novela de Robert Louis Stevenson “El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde” de 1886, regresó a España del 7 al 10 de noviembre de 2019.

Se trata del singular musical de intriga, presentado en el Teatro Olympia de Valencia, que nos adentra en la dualidad primaria del hombre, entendida como una lucha entre la razón y el instinto, entre el bien y el mal que habita en cada uno de nosotros.

Tan solo existe una delgada línea entre un hombre bueno y uno malo.

La trama y el suspense, se consigue gracias a una excelente escenografía, vestuario de época, diseño de iluminación y efectos especiales con mucho realismo, que crean una atmosfera Victoriana del Londres tenebroso del siglo XIX. Los efectos de iluminación, el tratamiento sonoro y la ambientación general resultan ser completamente vanguardistas. La producción de la obra contaba con más de 150 trajes de vestuario, diseñados según los patrones de la época. La música, ganadora de múltiples premios en Estados Unidos, está compuesta de auténticos singles.

D.Jekyll y Mr. Hyde, el musical. Teatro Olympia.
Fotografía de Liliana Estrada

El musical, fue estrenado en Madrid en el año 2000 con Raphael como protagonista. La producción estuvo tres años en cartel y de gira por España. La misma producción se estrenó en México en el año 2016, durante dos temporadas, con gran éxito de público y críticas.

No obstante, antes de llegar a España, el estreno del musical tuvo lugar en Broadway en el año 1997. Tres años después fue presentado en España, incorporando temas musicales que no aparecen en la versión original y desarrollando una nueva puesta en escena completamente original. Desde su publicación, la novela ha sido víctima de múltiples versiones en teatro y cine.

D. Jekyll y Mr. Hyde, el musical. Teatro Olympia.

En la obra, la personificación del bien y del mal se centra principalmente en el doctor Henry Jekyll, interpretado en este caso por Abel Fernando, y que en su búsqueda de una sociedad perfecta, quiere ser capaz de anular la parte negativa de todo ser humano. Para ello, se reúne y pide permiso para experimentar su proyecto científico con personas, enfermos mentales de un psiquiátrico, pero su experimento es criticado y rechazado. La negativa, le conlleva a una obsesión, concluyendo por realizar un ensayo en sí mismo, liberando su parte maligna en un ser independiente, conocido como Edward Hyde o más bien llamado Míster Hyde.

D. Jekyll y Mr. Hyde, el musical. Teatro Olympia
Transformación, del bien al mal, del D. Jekyn a Mr. Hyde.
Fotografía de Theatre Properties

Un personaje que termina por oprimir a pacifico D. Jekyll, convirtiéndolo en un asesino en serie. Asesinando a aquellas personas, que cometían un acto inmoral o simplemente por gusto. Ambas personalidades luchan contra sí mismas, con el fin de apoderarse de la individualidad total. D. Jekyll, tenía una vida perfecta, la mujer más deseada de la nobleza, un amigo fiel y un gran talento. Sin embargo, quería cambiar y mejorar la sociedad y terminó por hacerlo pero no como él pretendía. Perdiendo todo.

Jekyll & Hyde el musical, con su estética gótica, se sitúa en la órbita de espectáculos clásicos del género. En este caso, lo hace por medio de un gran conjunto de actores y actrices, con gran talento, que introducen por completo en la historia desde el primer instante.

D. Jekyll y Mr. Hyde, el musical. Teatro Olympia
Fin

Adriana Florentino Vivó

“La manipulación mediática puede destrozar vidas”

La culpa, de David Mamet, bajo la dirección de Juan Carlos Rubio
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 44. Valencia
Hasta el 7 de abril de 2019

Tras su estreno en el Off Broadway de Nueva York, España es el primer país donde primero se verá La culpa, la obra de David Mamet en torno a los abusos de poder relacionados con los juicios mediáticos. Un psiquiatra, interpretado por Pepón Nieto, es requerido para que testifique en un juicio a favor de un paciente suyo, que acaba de perpetrar una matanza en la que han muerto 20 personas. Tras acogerse al juramento hipocrático que le exime de revelar datos del enfermo, se verá envuelto en una serie de acontecimientos que dinamitarán su vida. “La obra muestra el descenso a los infiernos del psiquiatra”, comentó Nieto durante la presentación del espectáculo en el Teatro Olympia.

Pepón Nieto y Magüi Mira, en La culpa. Fotografía de Sergio Parra.

Pepón Nieto y Magüi Mira, en La culpa. Fotografía de Sergio Parra. 

“Mamet cuenta cómo los medios de comunicación pueden buscar el escándalo de la noticia para conseguir más lectores. La manipulación mediática puede destrozar vidas”, señaló Ana Fernández, que encarna a la mujer del protagonista. Junto a ellos, Miguel Hermoso y Magüi Mira cierran el elenco de actores de una obra retorcida y “con tintes pinterianos”, subrayó la actriz, aludiendo al teatro de Harold Pinter, caracterizado por una inocencia absurda. “Demuestra lo perverso que es el ser humano, su oscuridad; son personajes muy egoístas”, añadió la protagonista de Solas.

Pepón Nieto reveló una de las escenas iniciales para entender el grado de esa manipulación mediática: “El chico, que es homosexual, escribe una carta a un periódico diciendo que el psiquiatra es homófobo, porque escribió un artículo en el que hablaba de la homosexualidad como evolución, y no como aberración. Esa sola palabra cambia su vida. Es aquello de los medios de difama que algo queda”. El actor incidió en este aspecto, explicando cómo los medios de comunicación intentan en la obra “desviar la atención cambiando la monstruosidad del joven asesino hacia el psiquiatra, convertido en el nuevo monstruo por esa supuesta homofobia”.

Ana Fernández, con Pepón Nieto al fondo, en 'La culpa'. Fotografía de Sergio Parra.

Ana Fernández, con Pepón Nieto al fondo, en ‘La culpa’. Fotografía de Sergio Parra.

David Mamet, que además de dramaturgo es guionista de películas como Glengarry Glen Ross: éxito a cualquier precio o La cortina de humo, y director de largometrajes como Oleanna o Casa de juegos, se caracteriza por desvelar los aspectos más sombríos de la sociedad contemporánea. “Es un río de emociones”, recalcó Nieto, para quien el autor norteamericano (“un clásico viviente”) es alguien que “plantea un montón de preguntas, para que sea el espectador quien las responda”. “No hay ningún personaje simple en sus obras, todos se expresan muy bien”, mostrando siempre “la punta del iceberg, porque siempre hay algo debajo”.

La culpa, que estará hasta el 7 de abril en el Olympia, está dirigida por Juan Carlos Rubio, en versión de Bernabé Rico. “Es una obra corta, de hora y diez minutos, pero muy intensa”, dijo Nieto, cuya interpretación se sale de sus habituales papeles cómicos para encarnar a un deprimido psiquiatra. “Tiene también su humor amargo, que permite aliviar un poco la trama”, agregó. Para Ana Fernández, la función habla igualmente de “la dependencia que tenemos todos de ser aceptados por los demás, de estar esperando el like (me gusta) en las redes sociales”, al tiempo que pone “en tela de juicio la religión”.

Escena de 'La culpa', de David Mamet, dirigida por Juan Carlos Rubio. Teatro Olympia.

Escena de ‘La culpa’, de David Mamet, dirigida por Juan Carlos Rubio.

La escenografía de Curt Allen Wilmer también juega un papel fundamental. “Es un personaje más”, apuntó Nieto, refiriéndose a la inmensa biblioteca que ocupa el escenario y la caja metálica en la que parecen encerrados los personajes. Una escenografía que el actor calificó de “cárcel del saber”, por los libros acumulados en esa biblioteca, que sugerían la idea de cierta felicidad en el desconocimiento. Aunque bien pudiera referirse a la imposibilidad de alcanzar cierta verdad en medio de tanta palabra sospechosa por vacía de sentido. “Sí, también habla de eso, de la incapacidad para alcanzar esa verdad”. Por eso Nieto tildó a Mamet de “muy perverso, un clásico vivo que indaga mucho en el lado oscuro del ser humano”.

Tanto Nieto como Fernández hablaron de la exigencia de un texto que obliga al “100% de atención” y que genera debate a su conclusión. “El teatro es el que da voz a la verdad”, destacó el actor, al tiempo que precisaba, paradójicamente, la ausencia de verdad en la obra: “No hay blancos y negros, ni buenos ni malos. Mamet siempre se guarda un as en la manga para sorprendernos”. Un as que tiene mucho que ver con ese carácter perverso de un autor que refleja el tipo de sistema “que cierra la puerta a la empatía”, puntualizó la actriz.

Pepón Nieto, en 'La culpa'. Fotografía de Sergio Parra,

Pepón Nieto, en ‘La culpa’. Fotografía de Sergio Parra,

Salva Torres

El simbolismo invernáculo de Alberto Conejero

‘Todas las noches de un día’, de Alberto Conejero, dirigida por Luis Luque
Pentación Espectáculos
Con Ana Torrent y Carmelo Gómez
Teatro Olympia
San Vicente Mártir 44, València
Hasta el 17 de febrero de 2019

“Pese a las veladuras que aparentan cubrirlos (sus cuadros de la vida), no tienen ninguna artificiosidad: a través de esos velos se disciernen siempre, con toda precisión, los contornos de algo substancial, de algo que brota de la fuente misma de la humana existencia y que no es en modo alguno efímero o pasajero”
(Maurice Maeterlinck)

Tal epígrafe, que la investigadora de la UCO Juana Toledano Molina recoge en su ensayo ‘Teatro simoblista en España: algunas formas del poema drámatico’, se formula atribuido al dramaturgo belga Maurice Maeterlinck (1862-1949), prócer del teatro simbolista francófono y de generosa influencia en todas las dramaturgias europeas, tal y como el actor, escritor teatral y profesor de la RESAD Daniel Sarasola postula en la destacada antología ‘Simbolismo y modernismo en el teatro español’ (Fundamentos, 2011).

Todas las noches de un día. MAKMA

La sentencia de Maeterlinck bien puede erigirse aquí a modo de exordio de cuanto acontece, palpitante, en la obra de Alberto Conejero ‘Todas las noches de un día’, que fondea en el Teatro Olympia de València, hasta el próximo 17 de febrero, de la mano de Ana Torrent y Carmelo Gómez, orientados por el rumbo del director madrileño Luis Luque.

Modernismo contemporáneo, lirismo dramático, teatro de ensueño, introspección narrativa, calima truculenta y decadente; aditamentos proposicionales del simbolismo para un texto alegórico que rubrica el prolífico y ubicuo autor jienense –indubitable adalid, junto a Juan Mayorga, de la presente escena española–, henchido de la analepsis que Conejero procura germinar en el espacio metafórico de un invernadero decimonónico, erigido en una reliquia superviviente de los azares biográficos de sus personajes.

Ana Torrent (Silvia) y Carmelo Gómez (Samuel) encarnan a dos seres atormentados por sus respectivos abolengos, tan discordantes como miméticos en el castigo, cuyas penitencias lastran la onerosa carga de la espectral memoria familiar. Silvia, última habitante de un caserón hostigado por las urbanizaciones colindantes, en el que subsiste un viejo invernadero al cuidado obsesivo de Samuel. Entre ambos surge una relación de necesidad y desequilibradas correspondencias, cimentada por el tiempo relativo que propicia su aislamiento, como testigos inanes de cuanto acontece fuera de su no-lugar.

 

‘Todas las noches de un día’ uniforma su relato epidérmico a partir del interrogatorio policial al que Samuel debe enfrentarse, tras la incierta desaparición de Silvia, tesitura que propicia las escenas retrospectivas y la interpolada evolución de la memoria. Samuel se ve inquirido por un agente –in absentia– que asiste, junto al público, a los delirios del recuerdo, entre premonitorias tormentas estacionales, ipomoeas albas, hemerocallis y cactáceas que habitan su invernáculo, convertido en mazmorra, en jaula última para sus íntimas evocaciones.

Carmelo Gómez y Ana Torrent fascinan e impresionan, tornan inteligibles las cuitas y contribuyen decisivamente –junto a la labor escenográfica de Monica Boromello y la música de Luis Miguel Cobo– a elevar las razones poéticas de un libreto definido por el propio Conejero como “un texto que tiene algo de thriller, algo de melodrama y algo de tratado de botánica”.

Carmelo Gómez y Ana Torrent durante un instante de 'Todas las noches de un día'. Fotografía cortesía de Teatro Olympia.

Carmelo Gómez y Ana Torrent durante un instante de ‘Todas las noches de un día’. Fotografía cortesía de Teatro Olympia.

Jose Ramón Alarcón

Las confesas desdichas de ‘Cinco horas con Mario’

‘Cinco horas con Mario’, de Miguel Delibes, dirigida por Josefina Molina
Sabre Producciones y Pentación Espectáculos
Con Lola Herrera
Teatro Olympia
San Vicente Mártir 44, València
Hasta el 3 de febrero de 2019

El Teatro Olympia de València acoge, hasta el próximo domingo 3 de febrero de 2019, ‘Cinco horas con Mario’, ínclita adaptación de una de las obras de referencia del escritor vallisoletano –y otrora académico– Miguel Delibes, bajo la sempiterna dirección de Josefina Molina y el conspicuo protagonismo de Lola Herrera.

Erigida en un ineludible clásico de la escena contemporánea española, la presenta gira –que circula, de nuevo, tras la congratulaciones por el quincuagésimo aniversario de la publicación de la novela en 1966– cursa una tercera versión que atisba 2020 como horizonte definitivo, aupada por el natural, inmaculado y octogenario atletismo de la actriz castellana, cuya etapa de madurez curricular parece haberse forjado en asociación con la deriva de esta perenne función, desde que las céntricas y montepías tablas madrileñas del Marquina alumbraran su controvertido estreno en pleno y transicional otoño de 1979.

Lola Herrera, como Carmen Sotillo, durante un instante de la representación de 'Cinco horas con Mario'. Fotografía cortesía del Teatro Olympia de València.

Lola Herrera, como Carmen Sotillo, durante un instante de la representación de ‘Cinco horas con Mario’. Fotografía cortesía del Teatro Olympia de València.

Carmen Sotillo (Lola Herrera) prosigue paseando, cuatro décadas después, ese soliloquio de velatorio doméstico y crepuscular, propicio para el monólogo confeso frente al difunto, cuya relación marital ejemplifica un lúgubre acervo de inquinas y desdichas, soledades vívidas y recriminaciones póstumas, náuseas, contrición, adulterios inconsumados y soterradas lujurias.

“Aparte de desempeñar un papel determinante en la trama, son seres presionados por el entorno social, víctimas de la ignorancia, la política, la organización, la violencia o el dinero”, aseveraba Delibes acerca de buena parte de la nómina de personajes que puebla el cosmos de su narrativa. De este modo, Menchu y Mario ilustran, huérfanos de excesos escenográficos, el testimonio arquetípico de los antagonismos de la burguesía media de provincias en la adusta, lóbrega, católica y opresiva España de los años sesenta.

En reprobatorias palabras de Carmen a las citas bíblicas que parecen orientar las inquietudes del difunto, Mario encarna la figura de un introspectivo catedrático de instituto, zaherido por frustraciones literarias y una sospechosa y social religiosidad posconciliar, cuyo vituperado sentido de la dignididad y de la justicia social lo hubieron transformado en un marido taciturno, estéril frente las necesidades y aspiraciones tradicionales, económicas, religiosas y románticas de su esposa, paradigma y dechado esta de heredadas y tópicas virtudes inmovilistas y anhelos de la clase media del momento.

Las ineludibles transformaciones etopéyicas y culturales, acaecidas desde su publicación y ulterior adapatación teatral, han posibilitado superar el incipiente maniqueismo que exudaba el troquel de sus personajes, tal y como el propio Delibes indicaba en la nota del autor para la edición de 2008 de su novela: “Mas fueron suficentes unos años para que las cosas empezaran a cambiar. Los lectores ya no se mostraban unánimes en sus juicios: Mario no era el bueno ni Menchu la mala. ¿Por qué iba a ser bueno Mario? ¿Por qué mala Menchu? ¿Por haber recibido una educación trasnochada? Pero Mario, tan entregado a su causa, no entendió a su esposa, que, con muy poco esfuerzo, se hubiera puesto de su lado (…) De todo esto me doy cuenta ahora. En su momento estaban muy próximos y pesaban mucho los papados de Juan XXIII y Pablo VI. Ante la torpeza ajena, los partidarios de aquéllos se irritaban antes que disculparla, aunque la ingenuidad no merecía este castigo”.

Sin embargo, esa misma metamorfosis y evolución del mapa de inquietudes y costumbres ha convertido, por momentos, su primogénita causticidad y humor críticos en liviana hilaridad e hiperbólica mojiganga. No obstante, a pesar de estos signos reumatoides de su osamenta, ‘Cinco horas con Mario’ pervive, por pluma y devenir, en el imaginario presente de consecutivas generaciones de espectadores que han tenido (y aún atesoran) la fruición de aclamar la sobrecogedora prosodia de Lola Herrera.

La actriz Lola Herrera durante un instante de la representación de 'Cinco horas con Mario'. Fotografía cortesía del Teatro Olympia de València.

La actriz Lola Herrera durante un instante de la representación de ‘Cinco horas con Mario’. Fotografía cortesía del Teatro Olympia de València.

Jose Ramón Alarcón

La vuelta de Nora a su casa sin muñecas

La vuelta de Nora, de Lucas Hnath, dirigida por Andrés Lima
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 44. Valencia
Hasta el 20 de enero de 2019

“He sido una muñeca grande en casa de papá. Y nuestros hijos, a su vez, han sido mis muñecas”. Esa es una de las quejas de Nora, el personaje de la novela de Henrik Ibsen Casa de Muñecas. Otro de sus malestares proviene de la interrogación que le formula su marido Torvald: “¿Hay alguien que te haya amado más que nosotros?”. Y su respuesta: “Jamás me amaron. Les parecía agradable estar en adoración delante de mí, ni más ni menos”. Entre esa alienación y ese amor mal entendido se mueve la obra de Ibsen que Lucas Hnath reescribió en 2017, a modo de segunda parte con el título de La vuelta de Nora.

El Teatro Olympia la acoge con Aitana Sánchez-Gijón encarnando a Nora, junto a Roberto Enríquez, María Isabel Díaz Lago y Elena Rivera. Una obra dirigida por Andrés Lima que comienza allí donde el autor sueco la había dejado: con el portazo de la mujer hastiada de su vida que regresa al hogar 15 años después. “Nora se sentía una muñequita alienada, por eso entiendo que decidiera marcharse ante la falta de elección que tenía en su vida”, señaló la actriz protagonista. “Es una heroína, pero por otro lado no, porque abandona a sus hijos”, añadió.

Escena de 'La vuelta de Nora'. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Escena de ‘La vuelta de Nora’. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Considerada como la primera obra teatral feminista, a pesar de que Ibsen nunca la defendiera como tal, Casa de Muñecas primero y ahora La vuelta de Nora cuestionan los roles de pareja y, por extensión, los estereotipos aplicados a la complejidad humana. “Hay discurso feminista, pero no es un panfleto”, advirtió Sánchez-Gijón, que reconoció gustarle la comedia (“aunque no me llegan textos interesantes”), porque “esto es un desgaste brutal, te agota; la implicación emocional aquí es de alto voltaje”.

Roberto Enríquez defendió la necesidad de textos tan intensos como el de Ibsen y Hnath. “Esta postura indolente de no querer ver cosas ásperas, que para eso ya tengo la vida, nos convierte en seres vacíos”. “No creo que haya que cerrarse a la tragedia o el drama”, agregó quien se pone en la piel de Torvald. Un marido igualmente atosigado por las convenciones sociales del momento, fácilmente trasladables a la actualidad con otras formas. “Frente a las razones de Nora, nosotros también somos prisioneros de un patrón social”. Y mi personaje también se rebela contra ello”, apuntó Enríquez.

Escena de 'La vuelta de Nora'. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Escena de ‘La vuelta de Nora’. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Elena Rivera y María Isabel Díaz Lago se sumaron al sentir de sus compañeros de reparto, al incidir en el hecho de que La vuelta de Nora huye de los maniqueísmos. “Empatizas con los cuatro personajes. Esa es la magia de la función”, explicó Rivera. “Todos los personajes tratan de cerrar heridas y cada espectador verá si se cierran o se hacen mayores”, subrayó Díaz, que reveló haber interpretado a Nora hace muchos años en Cuba. “Entonces no la entendí”, apostilló quien ve a la protagonista como “una heroína que reivindica su postura” junto a “otros tres personajes nada maniqueos”.

La vuelta de Nora, tal y como se avanza en la sinopsis de la obra, cuestiona la actitud de la mujer que abandona su casa dando un portazo, el tiempo que ha estado desaparecida y la recriminación por las consecuencias de su huida. “El cambio de actitud de Torvald se produce gracias al portazo. Gracias a esos portazos los hombres reaccionan y se cuestionan. Otros, por el contrario, se encastillan y reaccionan con violencia”, destacó Sánchez-Gijón. “La vuelta de Nora es impactante”, manifestaron todos al unísono.

Escena de 'La vuelta de Nora'. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Escena de ‘La vuelta de Nora’. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Enríquez abundó en ello: “Es tan inaceptable que una mujer pueda dejar su hogar, que mienten para seguir viviendo. Pero su vuelta es un revulsivo, porque les obliga a mover la silla en la que han estado cómodamente instalados”. Su marcha de casa, vivida como inapelable, es ligeramente corregida por el actor que interpreta a Torvald: “Sí tiene otra opción, quedarse, pero no sé si es una opción de vida o de muerte”.

Lucas Hnath aseguró que su intención a la hora de escribir la secuela de Casa de Muñecas era reflejar “cómo las personas se juntan y se mantienen unidas, cómo se conocen y cómo están seguros de que se conocen entre sí”. Por eso Sánchez-Gijón habló de la complejidad de la obra y de que iba “más allá de la heroína y del hombre terrible que la somete”, para adentrarse en el laberinto propuesto por Hnath: “En el fondo se está hablando de la dificultad de comunicación. Hay que aprender a comunicarnos desde otros lugares, abrir nuestros corazones”.

Escena de 'La vuelta de Nora'. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Escena de ‘La vuelta de Nora’. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Salva Torres

¡Los Piratas Asaltan el Teatro Olympia!

¡Los Piratas Asaltan el Teatro Olympia!
Teatro Olympia
Carrer de Sant Vicent Màrtir, 44. València
Hasta el 22 de julio de 2018

El pasado 28 de Junio comenzó un ciclo de obras teatrales organizado por la escuela de artes escénicas ‘Off’. Este ciclo de obras se compone tanto de obras compuestas por integrantes de la propia escuela, como de interpretaciones de grandes obras teatrales como ‘Ubú Rey’, de Alfred Jarry, o ‘Historia de una Escalera’, de Buero Vallejo. La obra teatral de la que tratará este artículo es ‘Piratas: Aventura en el Mar de Plástico’, escrita por Umar Ruiz e interpretada por la compañía Arieta Teatre.

‘Piratas: Aventuras en el Mar de Plástico’ se ubica en un futuro distópico donde la contaminación ha acabado con el mundo tal como lo conocíamos. La Capitana Jade y Otis, interpretados por los actores Violeta Moreno y Umar Ruiz, suben a su barco y ponen rumbo al pasado para salvar el mundo. Este concepto que a primera vista nos podría dar una idea de una obra dura, al contrario se nos presenta de una forma amena, adaptada a un público infantil tomando el recurso de los piratas para mostrar a los más pequeños la responsabilidad que tenemos respecto a la contaminación de una forma divertida para que, como ha comentado la compañía, no encuentren la introducción de éste como algo brusco o como una norma u obligación.

La Capitana Jade y Otis montados en el barco. Imagen cortesía de Violeta Moreno.

La Capitana Jade y Otis montados en el barco. Imagen cortesía de Violeta Moreno.

En la obra se mezclan clichés clásicos como el recurso de los piratas o el malo, encarnado por el tataranieto del capitán Barbanegra, interpretado por Umar Ruiz (el cual es malo sin tener algún motivo o un pasado traumático), con la introducción de elementos de la cultura actual, como puede ser la estética steampunk que recuerda a largometrajes como ‘Waterworld’, viajes en el tiempo donde hacen un guiño a la serie ‘Doctor Who’, canciones famosas como ‘Quiero oir tu voz’ de Mago de Oz y, cómo no, la archiconocida saga de Piratas del Caribe.

La obra usa muy pocos recursos en el escenario. El espacio central queda enmarcado por el barco de la Capitana Jade. Los actores han comentado que el barco es totalmente reciclado usando recursos como palés. El barco nos transporta a distintos lugares como el mar futurista plagado de plástico o al lejano Oriente y, aunque no haya un gran atrezzo que lo justifique, la interpretación de los actores y el vestuario dan por válidas esas ubicaciones.

La Capitana Jade y Barbanegra enfrentándose. Imagen cortesía de Violeta Moreno.

La Capitana Jade y Barbanegra enfrentándose. Imagen cortesía de Violeta Moreno.

La compañía Arieta Teatre ha dado sus primeros pasos con esta obra de teatro. La compañía se compone por los dos actores mencionados con anterioridad: Violeta y Umar. Es una compañía de teatro que quiere enfocarse a un público escolar y que en un futuro quieren tocar otros temas usando la misma fórmula que en ‘Piratas: Aventura en el Mar de Plástico’. El uso de estos recursos harán la entrada más amena a temas tan serios para un público infantil que suele vivir inconsciente ante esos problemas que le afectarán en el futuro sin quitarles su inocencia.

La obra se seguirá interpretando los domingos 8, 15 y 22 de julio en la Sala Off, en el Carrer del Túria, 47. Si queréis aprovechar para ver a la escuela Off en el Teatro Olympia tenéis hasta el 3 de Julio.

Cartel de la obra de teatro "Piratas: Aventura en el mar de plástico". Cortesía de la Sala Off.

Cartel de la obra de teatro «Piratas: Aventura en el mar de plástico». Cortesía de la Sala Off.

José Antonio López