Esther Garcés y Paco Berbel se reencuentran en el Talía

Reencuentro, de Esther García y Paco Berbel
Teatre Talia
C / Caballeros, 34. Valencia
Martes 16 de julio de 2019, a las 20.00h

Este mes de julio déjate seducir con el duende y el arte flamenco de Esther Garcés y Paco Berbel en el Teatre Talia con Panorama Flamenco y su espectáculo ‘Reencuentro’ el martes 16 de julio a las 20h. Contará a la guitarra con Juan de Pilar y Jose Antonio Torres y el cante de Juan y Jony Amador. Como artista invitado al cante estará Gabriel de la Tomasa. 

Cuando Esther y Paco se conocieron, hace ya 25 años, fue de la mano del maestro Martín Vargas. Durante años compartieron escenario, viajes, vivencias múltiples y muchos recuerdos y momentos entrañables y llenos de cariño. Pero la vida artística de ambos se dirigió hacia vertientes distintas; si bien, vuelven a ‘reencontrarse’ en los tablaos de Valencia y deciden llevar a cabo una propuesta conjunta, propia y muy esperada por los dos. 

La experiencia adquirida individualmente con el devenir del tiempo transcurrido y, el cariño y admiración mutuo entre los dos artistas, ha permitido que llegue a luz un proyecto nuevo: un ‘reencuentro’. Contarán con un elenco de profesionales valencianos muy destacados y una colaboración muy especial. 

Esther Garcés y Paco Berbel. Imagen cortesía del Teatre Talia.

Sentimientos en flash-back

Un obús en el corazón, de Wajdi Mouawad, dirigido por Santiago Sánchez
Interpretado por Hovik Keuchkerian
Teatre Talia
C / Caballeros, 31. Valencia
Del 17 al 20 de mayo de 2018

El artista polifacético Hovik Keuchkerian dispara meticulosamente por última vez en el Teatro Talia de Valencia artillería pesada después de cuatro actuaciones en la capital del Turia. Proyectiles de palabras con la luz precisa de un gran actor. El madrileño, aunque nacido en Beirut, nos muestra ‘Un obús en el corazón’, una obra del dramaturgo libanés Wadji Mouawad, dirigida por Santiago Sánchez, también encargado de esta adaptación de gran calibre.

El drama es narrado por Hovik Keuchkerian, interpretando el papel de Wahab de una manera bestial, que consigue inocular al público presente el frío atroz que sufre el personaje en una noche helada y metaboliza la sala en escarcha, un soliloquio de gran envergadura a la altura de muy pocos.

Hovik Keuchkerian en 'Un obús en el corazón'. Teatre Talia de Valencia.

Hovik Keuchkerian en ‘Un obús en el corazón’. Teatre Talia de Valencia.

La transmisión de sentimientos que conexiona esta función mediante la fractura en la cronología, debida a los recuerdos amargos que cuenta Wahab en flash-back, conmovió y aferró al público en sus veteranas butacas dejándolo muy sorprendido, con los ojos abiertos como el dos de oros y sin aliento.

Drama, tragedia, soledad voluntaria, exilio, muerte, emociones de alto voltaje descargadas mediante ráfagas de talento, Hovik demuestra su personal fuerza como intérprete en esta espléndida e íntima obra firmada con un final apoteósico, donde todo el Teatro Talia se puso en pie para aplaudir reconociendo así el gran trabajo Hovik Keuchkerian y la compañía con su director Santiago Sánchez como punta de lanza.

Gracias por seguir siendo la bala y el balazo.

Hovik Keuchkerian

Hovik Keuchkerian en ‘Un obús en el corazón’. Teatre Talía de Valencia.

Raúl Bartleby

Lo que nos separa y nos une

Les set diferències, de El Pont Flotant
Teatre Talia
C / Caballeros, 31. Valencia
Del 26 de marzo al 6 de mayo de 2018

El Teatre Escalante produce el primer montaje de la compañía valenciana El Pont Flotant dirigido a público infantil. La propuesta, programada del 26 de marzo al 6 de mayo en el Teatro Talia, es una reflexión sobre la diversidad y lleva por título ‘Les set diferències’. El lenguaje del cuerpo, la música, el juego, el humor y la mezcla de las historias reales de los intérpretes con la ficción son algunos de los ingredientes de un espectáculo que reflexiona a propósito de lo que realmente nos separa y nos une a las personas.

“El Pont Flotant son una de las voces más personales del teatro valenciano actual. Sus espectáculos siempre tienen un componente humano y social, a menudo autobiográfico, que los acerca mucho al espectador. Todos los miembros de la compañía están inmersos en la aventura de la maternidad-paternidad y pensé que estarían haciéndose mil y una preguntas sobre la niñez y cómo enfrentarse al reto de la educación de los hijos…”, valoró el director artístico de Teatre Escalante, Josep Policarpo, acerca de su apuesta por la compañía.

Presentación de 'Les set diferències' en el Teatre Talia. Imagen cortesía de Teatre Escalante.

Presentación de ‘Les set diferències’ en el Teatre Talia. Imagen cortesía de Teatre Escalante.

‘Les set diferències’ nos muestra en escena a personas de rasgos físicos y de orígenes muy distintos. Sobre el escenario suben seis intérpretes, dos valencianos y cuatro procedentes de Guinea Ecuatorial, Bangladesh, Perú y China. Hay pieles negras, blancas, rosas; ojos alargados, redondos; labios gordos, delgados; africanos, asiáticos, europeos… Un montón de formas y colores, un abanico de lenguas, de costumbres y de maneras de entender la vida que resumen la diversidad humana con la que convivimos día en día.

“La obra se llama ‘Las siete diferencias’, pero habla precisamente de lo contrario, de la igualdad. Es muy importante que desde pequeñas y pequeños eduquemos en determinados valores, entre ellos el de la igualdad de derechos, independientemente de sexo, raza y estatura”, subrayó la diputada de Inclusión Social, Teatros y Memoria Histórica, Rosa Pérez Garijo.

“El gran reto ha estado en cómo dirigirnos al público infantil, cómo acercarnos a él conservando nuestro lenguaje, nuestra mirada personal. Pensar, sentir desde nosotros pero con un ojo en esa mirada curiosa, rápida -siempre van por delante-, atenta, inquieta y exigente de los niños para que les resulte atractivo, entretenido, sugerente. Y, al mismo tiempo, documentarnos sobre su conocimiento y sus opiniones sobre el tema. Nuestra mirada a través de la suya”, detallaron Pau Pons y Jesús Muñoz, que asumen la dramaturgia y el protagonismo de la octava obra de la compañía. Sus otros dos miembros, Joan Collado y Àlex Cantó, se encargan en esta ocasión de la producción y la escenografía.

El escenario está conformado por una mesa, cuatro sillas y un surtido de cajas que guardan todo tipo de objetos. Por su calidad practicable, las cajas han dado mucho juego a la compañía para jugar, como lo harían los niños, e inventar historias. Así mismo, las cajas tienen un gran papel simbólico, pues representan el viaje, la mudanza y el cambio. “Es todo aquello que te llevas cuando te vas a otro lugar, pero también, por defecto, todo aquello que no cabe, que no puedes llevarte. Las cajas son los recuerdos, la memoria, por eso también nos ayudan a reconstruir parte de esas historias”, agregaron Pons y Muñoz.

Pau Pons durante la presentación de 'Les set diferències', de El Pont Flotant. Imagen cortesía de Teatre Escalante.

Pau Pons durante la presentación de ‘Les set diferències’, de El Pont Flotant. Imagen cortesía de Teatre Escalante.

“Hacer de uno mismo es lo más difícil”

El sermón del bufón, de Albert Boadella
Teatro Talía
C / Caballeros, 31. Valencia
Del 21 al 26 de marzo de 2017

Albert Boadella, es decir, Albert el infantil, juguetón, transgresor, y Boadella el cívico, profesional, moderado. He ahí a una persona, un dramaturgo, un actor, dividido en dos. Por eso dice que “hacer de uno mismo es lo más difícil”, porque Albert y Boadella “no son exactamente iguales”. Como no lo somos ninguno de nosotros, de ahí la “contradicción de los humanos” que hace de El sermón del bufón, la obra con la que viene al Teatro Talía, algo más que una autobiografía del ex director de Els Joglars.

Contradicción que él no percibe en quienes forman parte de la “tribu catalana”, tal y como denomina a los nacionalistas de la sociedad catalana la que pertenece el propio Boadella: “El nacionalismo rebaja la mente de las personas a su estado más primitivo, puesto que apela al terruño y a la nostalgia de la tribu”. Y, ya puestos, no para: “El nacionalismo es ahora mismo la ultraderecha española, que creíamos desaparecida; es políticamente reaccionario”. En El sermón del bufón, que él escribe, interpreta y dirige trata este y otros temas de la sociedad que le rodea, de su vida, su oficio, su profesión y su infancia.

Albert Boadella posando junto al Teatro Talía de Valencia.

Albert Boadella posando junto al Teatro Talía de Valencia.

“La esencia del artista está en la infancia”, dice. A ella ha recurrido a lo largo de sus 56 años de oficio que, a través de fragmentos, rememora para llegar a la igualmente contradictoria conclusión de las luces y sombras que atesora su profesión. “Mi oficio, a pesar de lo que me gusta, no sale muy bien parado”. Al conjunto lo acusa de “falta de libertad, de pensamiento único; todos hechos a medida”. Se extraña de la domesticación de los comediantes o bufones a los que representa y de lo igual que terminan pensando todos ellos en cualquier materia, ya sea de Palestina, Israel, España o Cataluña.

“Esa libertad que ha caracterizado a mi oficio se ha perdido”. Y apela al lema que dio sentido al trabajo de Els Joglars, “nada es lo que parece”, para sentenciar que la búsqueda de la verdad se halla detrás de las apariencias: “Las personas que más putadas me han hecho son las que van de buenos”. Entre las más recientes, la tala hace un año de tres cipreses de su jardín, que motivó su protesta junto a la siguiente pancarta: “Aquí crecían tres cipreses, unos cobardes los talaron una noche, quieren imponer el pensamiento único en Cataluña”.

Cartel de El sermón del bufón, de Albert Boadella. Imagen cortesía del Teatro Talía.

Cartel de El sermón del bufón, de Albert Boadella. Imagen cortesía del Teatro Talía.

Eso sí, advierte que actualmente no hay problemas de censura, siempre y cuando “al igual que antes la iglesia católica no se tocaba, no te metas ahora con el nacionalismo”. Ese retroceso en la libertad de expresión le lleva a Boadella a considerar que el teatro de los últimos 30 años “tiene un envoltorio mucho mejor, pero el contenido tiene menos interés”. “No se renueva el lenguaje y la belleza, que es el objetivo del arte, desaparece”, añade, concluyendo que, a falta de esa belleza, el nivel reivindicativo “se hace cutre”.

A juicio del bufón, el teatro se ha dividido entre popular e intelectual, de manera que “si va mucha gente al teatro, como pasaba con Els Joglars, se dice que es comercial y se desprecia”. Boadella ve, en cambio, positivo que sea la gente que pasa por taquilla la que sostenga el teatro, en lugar de las subvenciones: “La libertad al final te la da el público”. Y el público que vaya al Talía se encontrará con una serie de sermones teatrales (“en el teatro siempre se hacen sermones”), que obligan al actor a extremar su oficio. “La realidad hoy es mucho mejor que la ficción, lo cual te obliga a hacer más arte que antes”.

Y se explica: “Ves cosas en televisión que no se ven sobre un escenario, donde nos quedamos cortos”. De ahí que insista en la necesidad del teatro de hurgar en aquello que se oculta tras las apariencias: “Nosotros tenemos que buscar la verdad profunda de las cosas”. Verdad que entra muchas veces en colisión con instituciones políticas y religiosas, tal y como aparece contenido en las palabras sermón y bufón: “El rifirrafe con las iglesias por parte del teatro siempre ha existido, quizás porque es un problema de competencia”.

Liberado de la carga institucional que supuso dirigir los Teatros del Canal de Madrid, Boadella parece ahora más Albert. “El lado cínico, lo justo para vivir en sociedad, se complementa con ese otro lado más asilvestrado del actor”. Actor que elogia a su vez a Arturo Fernández (“actor en muchos aspectos desaprovechado”) y que recuerda entrañablemente al Rey Juan Carlos, “quizás porque hubiera sido un buen bufón para él”, concluye irónico.

Albert Boadella posando junto al Teatro Talía de Valencia.

Albert Boadella posando junto al Teatro Talía de Valencia.

Salva Torres

Una idiotez no verla

El sopar dels idiotes, de Carles Sanjaime
Teatre Talia
C / Caballeros, 31. Valencia
Del 27 de abril al 29 de mayo, en valenciano
A partir del 1 de junio de 2016, en castellano

En 1993 se estrenó la obra de teatro ‘La Cena de los Idiotas’ del dramaturgo francés Francis Veber. Aquella obra fue un éxito, hizo llorar de risa al más pintado, y no es para menos ya que el libreto está lleno de gags donde se descubre la miseria humana, el amor y la inocencia. Pronto se realizó la versión cinematográfica, está claro que el traslado al celuloide de la historia no afectó en absoluto a su capacidad de congregar las risas y el buen humor. Ambos fueron unos soberanos éxitos, de esos recordados dentro y fuera del país galo.

Tanto es así que en 2010 los americanos produjeron su propio remake del ya clásico título. El encargado de realizarlo fue Jay Roach, y en España se tituló ‘La Cena’. Ahora llega a Valencia la obra pero en versión nuestra. Y con ello no quiero decir que se haya trastocado el guión o nos lo hayamos pasado por el arco… por la Puerta del Mar, sino que hemos logrado que los puntos localistas de la obra francesa se adaptaran a ciudad del Túria.

Escena de El sopar dels idiotes en el Teatre Talia. Fotografía: Lorena Riestra.

Escena de El sopar dels idiotes en el Teatre Talia. Fotografía: Lorena Riestra.

Todos los miércoles Carles queda con unos amigos elitistas y desconsiderados para cenar, a dicha cena cada uno de los comensales tiene que llevar a un acompañante del que se podrán reír todos. El que lleve al más idiota, bizarro y extraño, ganará el beneplácito del resto. Carles, un fantástico Josep Manel Casany, a quien te crees en todo rato que sea un señorito de la Valencia carca y endiosada, ese miércoles no puede acudir a la cena debido a una lumbalgia, lo cual le produce una especial pena porque había encontrado a un idiota de órdago.

Vicent Pinyol es un hombre que ama las maquetas, y además trabaja en Hacienda, y eso le transforma en el hombre perfecto para convertirse en la diana simplona de los ataques de esa panda de buitres. Vicent entra en casa de Carles en el momento justo, con lumbalgia, descorazonado por el abandono dotmail.com/e su mujer, y juntos emprenden un camino, lleno de risas, estupideces y confesiones descarnadas, hacia conocer el paradero de Cristina, la esposa de Carles. A la fiesta se une Ventura, el antiguo novio de Cristina…

La comedía acierta en tantas cosas que sería difícil mencionarlas sin destripar los gags. Es cierto que no añade nada nuevo al original, ni falta que le hace, pero sí demuestra que el humor, cuanto más cercano, mejor. Ferran Gadea en el papel del pesado y gaznápiro Vicent Pinyol (muy bueno haber valencianizado el apellido del protagonista François Pignon) llena el escenario en cuanto sale. Consigue transmitir con su gestualidad, su ropa y su andar patoso que estamos ante un personaje tonto en su ejecución social, pero delicado en su transfondo emocional.

Escena de El sopar dels idiotes, en el Teatre Talia de Valencia. Fotografía: Lorena Riestra.

Escena de El sopar dels idiotes, en el Teatre Talia de Valencia. Fotografía: Lorena Riestra.

Josep Manel Casany se mete en la piel de un repipi marchante de arte que no duda en utilizar su poder para seducir mujeres, estafar a Hacienda y reírse de miserables. Los dos personajes, convertidos en habitantes de nuestra Valencia, hacen referencia a cuestiones locales, como el partido del Valencia CF contra el Real Madrid que se juega la noche de autos. Ventura (Alfred Picó), el que fuera novio de Cristina, está presente en la desintegración del matrimonio de Carles, y alucina con cómo el idiota del que planteaba Carles burlarse se está vengando de todo el sufrimiento y humillación que han padecido sus congéneres idiotilines.

Una vendetta circunstancial que pone de relieve el refrán: a todo cerdo le llega su San Martín. El Talia no decepcionó y sus butacas estuvieron a punto de llenarse por completo, la obra se representará a partir del 1 de Junio en castellano, aunque dudo que sea más divertida, porque tanto Ferran como Alfred y Josep Manel parecen moverse mejor en la lengua de Ferran Torrent.

Una obra que nos habla, como ya hemos comentado, de las miserias del ser humano y de la altivez de los hombres que se creen por encima del resto, pero como la obra está escrita con maestría e inteligencia, asistimos a una evolución a medida que los personajes van creciendo y así el que era tonto e inseguro, se transforma en alguien resolutivo y valiente, y el que era seguro y tenía la vida resuelta, parece estar perdido en su propia maraña de confusión. Una obra para reírse y para reflexionar sobre lo mal que nos comportamos con quien creemos que podemos hacerlo sin salir dañados.

El sopar dels idiotes, en el Teatre Talia. Fotografía: Lorena Riestra.

El sopar dels idiotes, en el Teatre Talia. Fotografía: Lorena Riestra.

Javier Caro

Reyes de la improvisación

La crazy class, de L’Om Imprebis
Teatre Talia
C / Caballeros, 31. Valencia
Hasta el 15 de noviembre de 2015

Los latinos tenemos fama de buenos improvisadores, especialmente los valencianos, maestros del  ‘pensat y fet’. Tal vez esa predestinación marcó a la compañía L’Om imprebís destinada a convertirse en referente de la improvisación teatral. Ahora los veteranos teatreros presentan hasta al 15 de noviembre en el Talía su nuevo espectáculo, La crazy class, un homenaje al teatro que hace girar a toda marcha una noria de 14 cangilones (personajes). Como regalo especial para celebrar sus 20 años en escena, la compañía ofrece los viernes y sábados seis funciones extraordinarias de su famoso espectáculo de improvisación Imprebís.

La crazy class, de L'Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talia.

La crazy class, de L’Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Michel López y Santiago Sánchez son los artífices del montaje en el que los actores Carles Castillo, Carles Montoliu, Elena Lombao y Santiago Sánchez se multiplican para dar vida a 14 personajes. Paloma Díaz en la coreografía, y Ángel Ruiz como coach de canto. La obra cuenta con la colaboración del escritor valenciano Juan José Millás.

La crazy class es un homenaje al teatro y a lo que significa: pasión, juego, emociones, diversión y espectáculo en vivo”, dice Santiago Sánchez. “Nuestro amor por él y la implicación diaria para hacerlo presente nos mantiene unidos y, lo que es más importante, nos une con un gran número de público, que es lo que nos mantiene en los escenarios”.

¿Están locos esos actores y actrices por seguir peleando contra los elementos? “A veces vemos más locura fuera del escenario”, responde Sánchez. “Por ejemplo, esas tertulias en las que ya no puedes distinguir si tratan de política, de deportes o del corazón, donde se impone el grito y el exabrupto como forma de comunicación. Estar en escena nos acerca a sentimientos mucho más nobles como la palabra justa, la ironía, el humor inteligente. Eso, nos mantiene muy vivos”.

La crazy class, de L'Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talía.

La crazy class, de L’Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talía.

La crazy class no es propiamente una comedia, pero hay mucho humor. No es un musical, pero los actores cantan y bailan. “No sabes qué vas a ver, pero no puedes dejar de verlo”, dicen sus autores.

Sánchez y los suyos están más que satisfechos de volver al Talía donde empezó a despegar su carrera hace la friolera de veinte años, que si en la canción no son nada en una trayectoria teatral son muchos. Su amplio repertorio  abarca desde grandes textos de la dramaturgia universal (Galileo, de Brecht; Quijote, de Cervantes; Calígula, de Camus; o Tío Vania, de Chejov), hasta espectáculos innovadores, como Los mejores sketches de Monty Python o Imprebís, estrenado en 1994, que los convirtió en pioneros de la improvisación en nuestro país.

Al próximo gobierno que salga de las urnas en diciembre le piden, “un poco de decencia y honestidad, sea de derechas, de izquierdas o mediopensionista”, concluye Sánchez.

La crazy class, de L'Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talia.

La crazy class, de L’Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Bel Carrasco

Llega la Crazy Class de Imprebís a Alcalá

La Crazy Class de Imprebís
Estreno: Teatro Salón Cervantes
Alcalá de Henares (Madrid)
25 y 26 de septiembre de 2015

L’Om Imprebís, compañía teatral valenciana con más de treinta años de historia y una gran variedad de espectáculos  a sus espaldas –desde el Galileo de Brecht, el Quijote de Cervantes o el Tío Vania de Chéjov hasta creaciones originales como Los mejores sketches de Monty Python o Imprebís− llega a Madrid con su nuevo espectáculo: La Crazy Class de Imprebís.

Cartel de La Crazy Class de Imprebís. 2015. Cortesía de L'Om-Imprebís.

Cartel de La Crazy Class de Imprebís. 2015. Cortesía de L’Om-Imprebís.

La obra reúne personajes muy diversos y recoge temas completamente de actualidad además de sus deseos cotidianos: no se define como comedia, pero las risas son uno de sus ingredientes; tampoco es un musical aunque sus personajes cantan y bailan. No sabes qué vas a ver pero no puedes dejar de verlo.

Los actores Carles Castillo, Carles Montoliu y Elena Lombao. 2015. Cortesía de L'Om-Imprebís

Los actores Carles Castillo, Carles Montoliu y Elena Lombao. 2015. Cortesía de L’Om-Imprebís

Un espectáculo creado y dirigido por Santiago Sánchez y Michel López a partir de una idea original de Michel López y la colaboración del escritor Juan José Millás. Entre sus intérpretes, destacan Carles Castillo, Carles Montoliu, Elena Lombao y Ana Morgade. Tras su estreno en Alcalá, La Crazy Class de Imprebís recorrerá otras zonas de la geografía española: Valencia (Teatro Talía, del 28 de octubre al 22 de noviembre de 2015) y Madrid (Teatros del Canal, del 9 de diciembre de 2015 al 3 de enero de 2016).

De izquierda a derecha: Carles Castillo, Carles Montoliu, Santiago Sánchez y Michel López. 2015. Cortesía de L'Om-Imprebís

De izquierda a derecha: Carles Castillo, Carles Montoliu, Santiago Sánchez y Michel López. 2015. Cortesía de L’Om-Imprebís

“Soy un consentido del poder y eso es triste”

Yo, Quevedo, de Moncho Borrajo
Teatre Talia
C / Caballeros, 31. Valencia
Hasta el 7 de diciembre

Dice de su último espectáculo ‘Yo, Quevedo’ que es una crítica “muy voraz” contra la monarquía, personificada en el anterior Rey Juan Carlos. Pero, por muy voraz que sea, parece que la provocación ya no es motivo de escándalo. “Es muy difícil provocar ahora”, asume con resignación Moncho Borrajo. “La gente está más acostumbrada, ya no se sorprende tan fácilmente”. Diríase que la provocación, más que en la ficción, está del lado de la realidad, nutrida de continuos casos de corrupción. “Yo soy un consentido del poder y eso es muy triste porque significa que estás en sus manos”. De manera que Moncho Borrajo se limita a actuar en salas pequeñas, “porque ya no te dejan estar en los grandes medios”.

‘Yo, Quevedo’, que se presenta en el Teatro Talia, sigue en la línea de lo que más le motiva al humorista gallego: “Me gusta la provocación y la escatología”. La primera, queda dicho, forma parte ya de la propia sociedad, de forma que el recurso a la sorpresa quedaría en manos de la segunda. Si no fuera porque la escatología se relaciona con lo inmundo tanto con la predicción del apocalipsis, también de moda. Así las cosas, a Moncho Borrajo no le queda otra que meterse en la piel de Quevedo y, como el ilustre provocador del Siglo de Oro, “atacar dando la cara, cosa que no hizo el ladino Góngora”.

Moncho Borrajo en 'Yo, Quevedo'. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Moncho Borrajo en ‘Yo, Quevedo’. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Para ello, Borrajo hace uso de un 70% de guión escrito y un 30% de improvisación, para lo cual Quevedo le viene de perilla. “Me identifico con él; creo que somos personas necesarias”. Necesarias en tiempos de gruesos debates, donde predomina lo gordo del lenguaje, su grasa, frente a las magras palabras. “Mis tacos siempre han sido para molestar, pero a mí me educaron sin odio”. Por eso apela, más allá del grueso espectáculo, a la inteligencia. “Entonces molestaba que el maricón fuera inteligente”. Y lanza uno de sus tantos titulares: “A la gente hay que juzgarla de cintura para arriba, que es donde está el corazón y la cabeza”.

La trama de ‘Yo, Quevedo’ se ubica en una clínica para artistas descarriados, lo que permite a Borrajo desdoblarse en el hiperbólico literato del Siglo de Oro y en el irreverente humorista actual. “Es una crítica directa con nombres y apellidos, porque si antes estaban los brotes verdes de Zapatero, ahora está quien se los ha fumado”. Y arroja otro de sus titulares: “Ahora tenemos Rinconete, Cortadillo y Nicolás”. Toda esa crítica voraz forma parte de su manera de entender el teatro o el cabaret por el que siente más inclinación: “La mejor forma de decir verdades es con pomada, con humor”. Aunque enseguida suelte un exabrupto: “Este país está llenos de tontos”.

El espectáculo del Talia, que permanecerá en cartel hasta el 7 de diciembre, cuenta con la participación de Lucía Bravo, en el papel de una “enfermera tipo Alguien voló sobre el nido del cuco”, y Carlos Latre, poniéndole voz al Rey Juan Carlos y al presidente Rajoy. Borrajo, que anunció su retirada cuando cumpla 70 años (ahora está punto de los 65, edad en la que murió Quevedo), piensa cerrar con ‘Moncho Panza’ la trilogía que inició con ‘Golfus Hispánicus’. Como recuerda en un soneto Moncho Borrajo, haciendo de Quevedo: “Tan solo soy, cual cómico pretendo, utilizando mi humilde destreza, sacaros del umbral de la tristeza, donde nos tienen ladrones de abolengo”.

Escena de 'Yo, Quevedo', de Moncho Borrajo. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Escena de ‘Yo, Quevedo’, de Moncho Borrajo. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Salva Torres

Divorcio con hijo, ¿puro teatro?

De mutuo desacuerdo, de Fernando J. López
Intérpretes: Toni Acosta e Iñaki Miramón
Dirección: Quino Falero
Teatre Talia
C / Caballeros, 31. Valencia
Hasta el 5 de octubre

El divorcio ya no es lo que era. Cuando el gobierno de Adolfo Suárez lo aprobó hace ya 33 años, se vivió como un canto de libertad. Y a principios de los 80 el director Mariano Ozores ya se hacía eco de tamaña explosión al grito de ‘¡Qué gozada de divorcio!’, con Andrés Pajares corriendo detrás de numerosas faldas una vez liberado del supuesto yugo conyugal. Juan Bosch hizo lo propio con otra película encabezada por Fernando Esteso: ‘¡Caray con el divorcio!’ Humor al primer mordisco, jaleado por cierta pulsión carpetovetónica.

Iñaki Miramón y Toni Acosta en una escena de 'De mutuo desacuerdo', dirigido por Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Iñaki Miramón y Toni Acosta en una escena de ‘De mutuo desacuerdo’, dirigido por Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Pasado el tiempo y conquistados ya ciertos derechos, el divorcio ha perdido aquella agitación hormonal y se sirve con humor más frío. Los padres separados, principalmente si tienen hijos, lo viven como un punto y aparte en sus vidas, plagado, eso sí, de numerosas interrogaciones. Que es lo que hace Fernando J. López en un texto que Quino Falero lleva al teatro de la mano de Toni Acosta e Iñaki Miramón: dos divorciados condenados a entenderse por el bien de su hijo Sergio, ausente de la función pero muy presente en la comedia ‘De mutuo desacuerdo’, que estará hasta el 5 de octubre en el Teatre Talia.

“El hijo es lo más importante de la obra, porque lo está pasando mal en el colegio por culpa de la separación de los padres”, explica la actriz que encarna a Sandra, una madre arrebatada por la situación. “¡Es increíble cómo podemos llegar a perder los papeles!”, agrega Acosta, actualmente en Antena 3 con la serie ‘Con el culo al aire’. “Todos nos creemos buenas personas, hasta Hitler, porque pensamos que tenemos razones para ello”, señala Miramón. De manera que tanto Sandra como Ignacio, los personajes de la obra, discutirán desde sus respectivas trincheras.

Toni Acosta e Iñaki Miramón, protagonistas de 'De mutuo desacuerdo', de Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Toni Acosta e Iñaki Miramón, protagonistas de ‘De mutuo desacuerdo’, de Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

A pesar de ello, “tendrán que ponerse de acuerdo”, afirma Quino Falero, para quien ‘De mutuo desacuerdo’ no es una obra “de parejas”, sino que se trata de una comedia en la cual “se reflexiona sobre las diferencias y el modo de relacionar dos vidas opuestas por exigencias del hijo común”. Tampoco es una obra sobre lo masculino y lo femenino, porque “en esta función muchas veces esas posiciones se trasgreden”. Todo lo cual provoca que haya “momentos de risa y también de gran soledad”, precisa Iñaki Miramón: “Se ve la fragilidad de los dos”.

La igualdad de derechos abriendo múltiples interrogaciones, porque la ley nada sabe de la siempre complicado diferencia sexual. “Esta igualdad en los roles crea problemas en la relación”, señala Toni Acosta. Ahora, por ejemplo, ¿quién hace la comida tras un duro día de trabajo para ambos? “El humor de ‘De mutuo desacuerdo’ nace de situaciones tremendas”, reconoce Falero, para quien precisamente el humor es “vehículo de reflexión”.

El espectáculo se estructura mediante diez escenas y “cada una no tiene mucho que ver con las otras”, apunta Miramón. “No teníamos que estar todo el tiempo discutiendo”, sostiene el actor. Para ello, Toni Acosta destaca el lenguaje “muy cinematográfico” del espectáculo, merced a “la luz y los espacios”. Vale, terminará diciendo Acosta, “es una pareja muy complicada”, que “siempre discute sobre lo mismo”, pero como destaca Quino Falero “al final tenemos que ponernos de acuerdo”. Rajoy y Mas deberían, entonces, ver el espectáculo ‘De mutuo desacuerdo’, un título sin duda apropiado.

Toni Acosta e Iñaki Miramón, protagonistas de 'De mutuo desacuerdo', dirigida por Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Toni Acosta e Iñaki Miramón, protagonistas de ‘De mutuo desacuerdo’, dirigida por Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Salva Torres