Helena Toraño pinta con el ‘Viento a favor’

Viento a favor, de Helena Toraño
Art Mustang
C / Severo Ochoa, 36. Elche (Alicante)
Del 23 de marzo al 23 de junio de 2018

Art Mustang expone, desde el 23 de marzo, el universo de la asturiana Helena Toraño, bajo el título de ‘Viento a favor’. Una artista a la que le gusta decir que su interés por la pintura le viene de siempre: conserva en su taller una foto con seis años sentada delante de un caballete para no olvidar que esto del arte venía incluido en el precio.

Los últimos años no han venido si no a confirmar que aquella pasión infantil merecía semejante obstinación: en 2014 resultó galardonada con el Premio Asturias Joven de Artes Plásticas por su composición ‘Las Cosas’; en 2015 tuvo lugar su exposición individual ‘Buen Otoño nos espera’ y en el año 2016 pasó a ser representada por la Galería Gema Llamazares.

Helena Toraño en el montaje de la exposición. Imagen cortesía de Art Mustang.

Helena Toraño junto a una de sus obras. Imagen cortesía de Art Mustang.

Helena Toraño se considera una de esas personas privilegiadas que ha convertido su pasión en profesión. Es licenciada en Bellas Artes y una de las creadoras más reconocidas en su tierra. Apasionada y nostálgica de la cultura popular, el cine, la música y la estética de las décadas centrales del XX, en sus pinturas plasma ese toque naïf, pop y colorido tan característico de aquella época.

En esta ocasión propone espacios más amplios dominados por un cielo azul vibrante que surcan todo tipo de aves y donde la figura humana se presenta de espaldas de perfil, escondidos tras una revista o bailando despreocupados. Dice Toraño que ‘Viento a favor’ es el resultado de una evolución natural de sus anteriores trabajos.

La muestra esta compuesta por 13 lienzos que agrupándose en parejas o trípticos forman obras más grandes, con títulos como ‘La travesía’, ‘Soñar el verano’ o ‘Escríbeme’ nos adentran en un mundo perfecto y al mismo tiempo propio de los sueños, donde el espacio, la distancia y el movimiento son las claves de la metáfora, como el propio nombre de la exposición indica.

Helena Toraño junto a una de sus obras. Imagen cortesía de Art Mustang.

Helena Toraño junto a una de sus obras. Imagen cortesía de Art Mustang.

Aparte de su actividad plástica, Helena Toraño forma parte desde 2012 del proyecto musical Los Bonsáis, junto con Nel González. Desde entonces, ambos han editado cuatro referencias con el sello discográfico Elefant Records: ‘Ultramarinos’ (2012), ‘Martín Pescador’ (2013), ‘Nordeste’ y ‘¡Fanzine!’ (2015), en los cuales la artista, además de componer, tocar la guitarra y cantar, se ha encargado de la imagen del grupo: las portadas las firma ella.

Helena Toraño (Llanes, Asturias, 1984) es licenciada en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco, 2007; desde entonces, la pintura ha sido su principal dedicación, que se ha manifestado en una amplia variedad de formatos: fueran muestras colectivas (en galerías asturianas como Adriana Suárez, Espacio Líquido, Guillermina Caicoya, Lola Orato…), exposiciones individuales (‘Pop’, Sala Borrón, Oviedo, 2010; ‘Interiores’, Galería Adriana Suárez, Gijón, 2011), la selección de su obra en numerosos certámenes y concursos regionales (Certamen Nacional de Arte de Luarca, el Certamen de Pintura Contemporánea ‘Casimiro Baragaña’, Certamen de Pintura de Villaviciosa, Bienal de pintura de Noreña), o la invitación a participar en diversos proyectos artísticos (‘Ópera+Artes’, Teatro Campoamor, Oviedo 2012; ‘Artistas y Derivados’, Museo Barjola, Gijón, 2016).

Soñar el verano, de Helena Toraño. Imagen cortesía de Art Mustang.

Soñar el verano, de Helena Toraño. Imagen cortesía de Art Mustang.

En 2014 resultó galardonada con el Premio Asturias Joven de Artes Plásticas por su composición ‘Las Cosas’; en 2015 tuvo lugar su exposición individual ‘Buen Otoño nos espera’ (Sala Borrón, Oviedo / Valey Centro Cultural, Castrillón) y en el año 2016 pasó a ser representada por la Galería Gema Llamazares. Durante ese mismo año estuvo presente en varias ferias de arte de la mano de la Galería: JustMad7 (donde su obras ‘Ni lo sueñes’ fue seleccionada para el Premio Pilar Citoler al Coleccionista Joven), Art Marbella y Feria Arte Oviedo.

En 2017 se presentó en Madrid en una individual ‘Las horas libres’, formada por una veintena de cuadros que se expusieron en la Galería Utopía Parkway. También han visto la luz recientemente varios trabajos de diseño editorial (ilustración de la novela ‘El Gran Gatsby’ para la editorial Uvebooks, o el arte de los discos ‘Hacia el mar’ de Lavandera o ‘Entretiempo’ del dúo Møna).

Este mismo año, recibe el encargo de Art Mustang Projects para la realización de una colaboración específica, adquiriendo también obras suyas que pasarán a formar parte de la colección de la Fundación. En septiembre del año pasado, Toraño llevó a cabo su exposición más ambiciosa hasta la fecha, ‘Top Secret’ (Galería Gema Llamazares). En ella abarcó diferentes soportes: lienzo, instalación y vídeo.

Helena Toraño junto a una de sus obras. Imagen cortesía de Art Mustang.

Helena Toraño junto a una de sus obras. Imagen cortesía de Art Mustang.

Los poemas visuales de Vicky Uslé

Password, de Vicky Uslé
Galería Espai Tactel
C / Dénia, 25. Valencia
Inauguración: viernes 12 de enero, a las 20.00h
Hasta el 2 de marzo de 2018

La galería Espai Tactel presenta la obra de la artista Vicky Uslé (Santander, 1981). ‘Password’ es la primera exposición individual en su galería valenciana después de haber expuesto en galerías, museos y ferias de arte nacionales e internacionales.

Viviendo entre dos culturas (USA y España) y entre ciudad y naturaleza, usa el soporte del dibujo y la pintura para expresar observaciones, sueños y reflexiones. Cada trazo es un poema visual donde encontramos un equilibrio entre sensaciones volátiles y sugerentes líneas concretas. Las imágenes transpiran en un espacio donde detalles oscuros pueden rozarse con pensamientos luminosos, uniéndose en el núcleo de un momento donde reposan como un espécimen sobre papel y lienzo.

Obra de Vicky Uslé. Imagen cortesía de Espai Tactel

Obra de Vicky Uslé. Imagen cortesía de Espai Tactel

Los espacios de Vicky Uslé son dinámicos y pulsantes y, por tanto, se hallan siempre en el umbral de la inestabilidad. Su pincel se mueve como el humo cuando el viento no lo perturba y obedece a órdenes secretos. La artista nos descubre horizontes que son siempre subjetivos, abiertos y desconocidos. No se trata de un territorio hostil, su mundo es decididamente amistoso, como un albergue inesperado en el camino o en un lugar especialmente ameno de un bosque en el que decidimos descansar y maravillarnos.

Obra de Vicky Uslé. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Vicky Uslé. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Todas estas formas y circuitos que se engendran a sí mismos, flotan o se desplazan, describiendo equilibrios, parámetros, horizontes, espacios de todo tipo: conceptuales, aéreos, líquidos…sugieren un análisis detallado de la identidad y las relaciones. Una voluntad de orden, de orientación, de autoconocimiento en suma, pone todo en movimiento. Actúa, también, consciente de sus límites. Este proceso, sin duda generado por el deseo, es ya en sí mismo una forma de placer, fin tanto como medio.

Obra de Vicky Uslé. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Vicky Uslé. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Johanna Caplliure

El Aquelarre sensorial de Nuria Riaza

Aquelarre, de Nuria Riaza
Galería Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Inauguración: viernes 13 de enero, a las 20.00h
Hasta el 25 de febrero de 2017

“Aquelarre surgió del conjunto de imágenes y sensaciones que he ido experimentando a lo largo de los años en episodios de parálisis del sueño. Pequeños viajes y visitas nocturnas, que se han ido repitiendo y me han ayudado a generar un imaginario propio. Una especie de órbita complementaria con mundos dentro de otros mundos y espacios que nos remiten a lugares sagrados. Objetos y habitantes que han sido olvidados por las sombras antes, incluso, de haber tenido un nombre. No se me ocurre mejor manera para transmitiros estas imágenes que en un aquelarre. Pues, ¿qué es un aquelarre si no una reunión de brujas y brujos?”.

Obra de Nuria Riaza. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Nuria Riaza. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Nuria Riaza (Almansa, 1990) crea a partir de personajes que saca de viejas fotografías familiares y del cine; los aleja de su trama y ambiente, diseccionándolos como si fueran collages, para combinar elementos fotorrealistas con mensajes casi encriptados y místicos.

El papel es su soporte principal y varias las herramientas para abordarlo, desde la ilustración vectorial al cosido. Pero es el bolígrafo BIC con el que se expresa y se muestra más confortable, mostrando su capacidad extrema para la minuciosidad, la precisión y el detallle.

Aquelarre, de Nuria Riaza. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Aquelarre, de Nuria Riaza. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Ha trabajado con varios clientes como Diesel, Oysho, la Ópera Nacional de Múnich, el IVAM o el Festival 10 Sentidos. Y su obra ha sido publicada en SModa (El País), EME Magazine, Juxtapoz, Booooooom!, Hi-fructose, Exhibition-ism, Artnau y Lamono entre otros.

Se mueve entre los campos de la ilustración textil, editorial y publicitaria. Ha expuesto individualmente en Walden Contemporary (Valencia), en Belaza Gallery (Bilbao), o en Miscelánea (Barcelona) y en varias muestras colectivas. Ha sido seleccionada en ILUSTRISIMA 2015 y 2016, Salón del Dibujo y la Ilustración, que se celebra en el Museo ABC de Madrid.

Obra de Nuria Riaza. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Obra de Nuria Riaza. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Mist se va por los cerros de la melancolía

The loop of love, de Mist
Las Naves
C / Joan Verdeguer, 16. Valencia
Viernes 22 de julio, 2016, a las 21.00h

Las Naves cierra el Festival de la Cançó del Grau el viernes 22 de julio (21 horas), con el concierto de Mist, el alter ego inglés de Rick Treffers. El compositor, letrista, cantante, guitarrista y productor presentará su último trabajo, ‘The loop of love’, cuyo título es un guiño al tema ‘The look of love’ de Burt Bacharach, del que se confiesa un admirador.

La historia del polifacético músico holandés afincado en Valencia comienza a mediados de los noventa con Girlfriend Misery y desde entonces ha publicado diez álbumes de canciones propias. En su lengua materna (el neerlandés) como Rick Treffers, en castellano bajo el pseudónimo El turista optimista y en inglés con Mist.

Mist. Imagen cortesía de Las Naves.

Mist. Imagen cortesía de Las Naves.

Su último trabajo es ‘The loop of love’, un canto al amor, a la esperanza, a los sueños y a la nostalgia, a ese perenne optimismo romántico, al deseo y a la melancolía. Precisamente, de ella dice el propio músico que “puede ser reconfortante y aliviadora si uno sabe reconciliarse y enfrentarse con las nubes negras o tormentas que lleva dentro”. “La madurez -añade- te hace relativizar las cosas, pero la melancolía no se va, porque para mí la melancolía no es algo negativo o difícil”.

En el concierto en Las Naves este viernes, Mist desgranará un trabajo discográfico que contiene temas que se recrean en melodías más clásicas como las The Beatles o The Beach Boys; en la elegancia de The Divine Comedy o Nick Drake; y en la atemporalidad de Love o The Smiths. Temas que han surgido, añade Treffers, “un poco como el amor. Primero te enamoras, pero para que salga algo llevadero y sostenible, pues hay que currárselo. Escribir una canción es un 5% de pura inspiración y un 95 % de transpiración, en el sentido del trabajo”.

Con él, Las Naves clausura un Festival de la Cançó del Grau que ha llenado las noches de julio de buena música y buen cine.

Mist. Imagen cortesía de Las Naves.

Mist. Imagen cortesía de Las Naves.

El inconsciente carcelario de Louise Bourgeois

Estructuras de la existencia: Las celdas, de Louise Bourgeois
Museo Guggenheim
Avenida de Abandoibarra, 2. Bilbao
Hasta el 4 de septiembre de 2016

Hay en ‘Celdas’ de Louise Bourgeois una poesía visual y narrativa que sobrecoge al observador hasta el estremecimiento. ‘Celdas’ es una serie compuesta por 68 insólitas instalaciones realizadas a lo largo, prácticamente, de toda la vida creativa de la artista. La primera pieza, ‘Guarida articulada’, fue creada en 1986 y la última, titulada simbólicamente ‘La última subida’, en 2008, dos años antes de su muerte a los 98 años de edadEn esta exposición del  Museo Guggenheim Bilbao se pueden ver 28 de ellas, además de apreciar juntas las celdas numeradas del I al VI que no se habían expuesto agrupadas  desde 1991.

Estas misteriosas piezas son habitáculos construidos, a modo de espacios penitenciarios o psiquiátricos, con puertas y ventanas de madera, rejas o mallas metálicas, y están habitados por objetos variopintos y esculturas creadas por la propia artista.

Spider, de Louise Bourgeois. Museo Guggenheim Bilbao.

Spider, de Louise Bourgeois. Museo Guggenheim Bilbao.

Louise Bourgeois depositó, en estos oníricos habitáculos escultóricos, con una poética siniestra, los objetos que poblaban sus sueños más terribles: arañas, camas y sillas desvencijadas, guillotinas, la maqueta de la casa familiar, reclinatorios, prótesis, tapices rasgados, ropas y telas ajadas, espejos, frascos de perfumes, el cuerpo humano convulsionado histéricamente o fragmentado -manos, penes, cabezas, piernas, pies- agujas, escaleras de caracol… Objetos metafóricos o metonímicos que desplazan o condesan toda la galería de imágenes que forman el inconsciente del artista.

“Las conexiones que hago en mi obra son conexiones a las que no puedo enfrentarme. En realidad, son conexiones inconscientes. El artista tiene el privilegio de estar en contacto con su inconsciente, lo cual supone un verdadero don.”1

Las imágenes inconscientes de Louise Bourgeois proceden de una infancia que atormentaba a la artista hasta arrebatarla en el acto creativo. Una infancia convertida en su impronta de identidad artística.

“Mi nombre es Louise Josephine Bourgeois. Nací en París el 24 de diciembre de 1911. Mi infancia ha representado a lo largo de los últimos cincuenta años la fuente de inspiración de toda mi obra. (…) Algunos estamos tan obsesionados con el pasado que morimos sepultados en él. Cada día has de abandonar tu pasado o aceptarlo. Si no lo puedes aceptar, te conviertes en escultor.”

La destrucción del padre, de Louise Bourgeois. Museo Guggenheim Bilbao.

La destrucción del padre, de Louise Bourgeois. Museo Guggenheim Bilbao.

La infancia traicionada

La estructura arquitectónica de ‘Celdas’ está pensada para mirar y ser mirado, para penetrar en su interior y ser penetrado por ella, para ser atraído por el exhibicionismo íntimo de la artista y para ser repudiado por el voyeurismo del observador.

En la obra de Louise Bourgeois hay un desvanecimiento de los límites que imposibilita la inscripción de cierta diferencia. Una ausencia de límite llevada al paroxismo en la escultura titulada ‘Destrucción del padre’ (1974). La artista describe con estas palabras el contenido: “La mesa está puesta (…) Los niños lo agarran y lo colocan encima de la mesa. El padre se convierte en la comida; lo trocean, lo desmiembran y devoran. Y al final nada queda de él. Asunto terminado. Ésta es una fantasía, cierto, pero a veces vivimos nuestras propias fantasías.”

La imaginería de la artista está inscrita por la fusión de lo masculino y lo femenino, de lo activo y lo pasivo, de lo fálico y lo vaginal, de lo destructivo y lo seductor, de lo femenino-uterino y lo animal arácnido.

Esta disipación del límite en la obra de Louise Bourgeois produce en el observador un sentimiento siniestro. Entendiendo lo siniestro como lo definió Freud con las palabras del poeta Schelling: “Todo aquello que debiendo permanecer secreto, oculto…no obstante se ha manifestado.” Y aquello que se ha manifestado afecta de manera angustiosa a los deseos más íntimos del sujeto. Unos deseos que  deberían haber permanecido ocultos, pero han sido reanimados por un suceso exterior.

Celda II, de Louise Bourgeois. Museo Guggenheim Bilbao.

Celda II, de Louise Bourgeois. Museo Guggenheim Bilbao.

‘Celdas’, al igual que el resto de la obra de Louise Bourgeois, exhibe de manera impúdica reminiscencias de una infancia vivida por una triple traición: la del padre, la de la amante de su padre y la de su madre.

Bourgeois relata de este modo esta traición: “Entró en mi familia como profesora, pero se acostaba con mi padre y estuvo viviendo con nosotros durante diez años. Su trabajo era enseñarme inglés. No sólo fue traicionada por mi padre, maldito sea, sino también por ella. (…) Madre, tú me utilizabas para saber los pasos de tu marido. A eso se le llama abuso infantil.”

Unas palabras que manifiestan un angustioso conflicto edípico relacionado con  el estrago materno, el amor incestuoso hacia el padre y los espeluznantes celos histéricos hacia su profesora por arrebatarle al padre.

Pero hay una pregunta que interroga a la artista: “¿Cómo puede ser que en una familia de clase media esta amante fuera considerada como una pieza más del mobiliario? Pues bien, la razón es que mi madre lo toleró, y este es el misterio”.

La última subida, de Louise Bourgeois. Museo Guggenheim Bilbao.

La última subida, de Louise Bourgeois. Museo Guggenheim Bilbao.

El misterio alrededor de esa relación entre el padre, la madre y la amante, donde ella estaba fuera de la escena, no sólo ha atravesado toda su obra, sino que ha sido el motivo de su arte.

“La inspiración de algunas de mis obras es una reacción negativa en contra de ella. Este hecho demuestra que es la ira lo que en realidad me motiva a trabajar. Si sientes la necesidad de no abandonar el pasado, entonces debes recrearlo.  Y eso es justo lo que yo he estado haciendo”.

La obra de Louise Bourgeois se adentra en lo incognoscible, insoportable, de lo reprimido para darle un sentido y no caer en la angustia del vacío.

1 Todas las declaraciones de la artista provienen del libro de Louise Bourgeois,  ‘Destrucción del padre/reconstrucción del padre’, Madrid, Sintesis, 2008.

Habitación roja, de Louis Bourgeois.

Habitación roja. Padres, de Louis Bourgeois. Museo Guggenheim Bilbao.

Begoña Siles

A los hombres perdidos les queda su cabaret

El cabaret de los hombres perdidos
Espai Rambleta
Bulevar Sur, esquina Pío IX. Valencia
Viernes 27 de mayo de 2016, a las 21.00h

‘El cabaret de los hombres perdidos’, dirigido por Victor Conde, vuelve a Rambleta el viernes 27 de mayo. El espectáculo regresa a Valencia tras su paso por Zaragoza, Santander, Huelva, Sevilla y Madrid, donde ha cosechado un gran éxito representándose en los Teatros del Canal y el Teatro Infanta Isabel.

Escena de El cabaret de los hombres perdidos. Imagen cortesía de Rambleta.

Escena de El cabaret de los hombres perdidos. Imagen cortesía de Rambleta.

El musical, que triunfó también en Francia y Argentina llegando a obtener dos Premios Molière y seis Premios Hugo, tiene actualmente 11 nominaciones a los Premios de Teatro Musical y está protagonizado por Jorge Roelas (Marcial en ‘Médico de Familia’ y recientemente en la serie ‘El Caso’) en el papel de Dédé, Armando Pita (Thenardier en ‘Los Miserables’, Lumiere en ‘La bella y la bestia’) como tatuador, Ferrán González (‘Mierda de artista’, ‘Pegados’) como Lullaby y Cayetano Fernández (‘Pluto’) como Dicky.

El equipo creativo está formado por Victor Conde (dirección), Christian Siméon (autor del libreto), Patrick Laviosa (música), Jorge Roelas (autor del texto), Marc Álvarez (adaptador de la música), Alicia Serrat (adaptador de las canciones), Amaya Galeote (coreógrafa), Juanjo Llorens (iluminación), Daniel Bianco (escenografía) y Alicia Martín de Vidales (vestuario).

Escena de El cabaret de los hombres perdidos. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Escena de El cabaret de los hombres perdidos. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Cuando no sabes cómo continuar, cuál debe ser el siguiente paso. Cuando la vida te ha maltratado y crees que todo se ha terminado. Atención. Lo único que no puedes perder es la esperanza. Queda un lugar al que puedes acudir. El cabaret de los hombres perdidos. Allí te aguarda el destino, con uno o más caminos, a elegir. El amor, lo sórdido, lo bello, lo divertido. La ilusión a corto plazo, los errores, el dinero fácil, la traición, los sueños hechos realidad y el ver cómo se desvanecen. La subida y la caída. La risa y el llanto. La música y el silencio. La vida y la muerte.

‘El cabaret de los hombres perdidos’ está a punto de cerrar. El ruido de una carrera alerta a los personajes que se hallan en el Tatoobar. Un muchacho es perseguido, alcanzado, golpeado. Aun así logra escabullirse y entrar en el cabaré. Todavía no sabe que esa persecución le ha llevado a una nueva forma de vivir. Dentro le están esperando el Destino, un tatuador y Lullaby, que le curarán las heridas y escenificarán cómo puede ser su futuro. El muchacho quiere ser cantante, pero la oferta que recibe es diferente.

Escena de El cabaret de los hombres perdidos. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Escena de El cabaret de los hombres perdidos. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Fascinantes, tristes metrópolis

Perdidos en la ciudad
Institut Valencià d’Art Modern IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 4 de junio de 2017

“Las ciudades son como los sueños, están construidas de deseos y de miedos”. Al igual que Italo Calvino, muchos otros escritores van subrayando a lo largo de la exposición Perdidos en la ciudad lo que piensan del hecho urbano. José Miguel Cortés, director del IVAM, quiso puntualizar que el término perdidos se refería no tanto a la sensación de abandono como a lo señalado por Walter Benjamin, otro de los autores citados: “Perderse en la ciudad para descubrir nuevas formas de entender y de experimentar esa ciudad”, señaló Cortés.

Fotografía de Gregory Crewdson en 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Fotografía de Gregory Crewdson en ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

A pesar del matiz, lo cierto es que la muestra que reúne más de 200 obras, entre pinturas, esculturas, fotografías, videos y una instalación con los libros evocados a lo largo del recorrido, termina produciendo cierto desasosiego. El que va de la “fascinación de la metrópoli” con la que arranca en la sala 1 la exposición, a la “ciudad deshumanizada” que va atravesando el conjunto de las diez salas.

El propio Cortés señaló esta circunstancia al final del recorrido: “Son las propias obras las que han impuesto esa visión”. De manera que la lectura “positiva”, derivada de la técnica y el progreso “que supuestamente nos haría libres”, va dejando paso a esa otra más desencantada al haberse “trastocado” todo eso. J. G. Ballard, citado junto a Ricardo Piglia en los ‘Paisajes globales’ de la sala cinco, lo enuncia así: “El fracturado horizonte de la ciudad parecía el encefalograma zigzagueante de una crisis mental irresuelta”.

Escultura de Julian Opie en 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Escultura de Julian Opie en ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

Y es a base de zigzagueos, propios de esa crisis irresuelta, como va dando tumbos esa ciudad mostrada desde diversos ángulos en el IVAM. Comisariada por el propio Cortés, con la ayuda de María Jesús Folch, la exposición se adentra en las fascinadas metrópolis de principios del siglo pasado, para enseguida transitar por espacios banales, paisajes globales, multitudes diversas, ciudades imaginadas, urbes desnudas, mundos extraños y, por último, a modo de concluyente derivada, arquitecturas del miedo; todos ellos, epígrafes de cada una de las salas.

La música y el cine también sirven de guía por ese deambular urbano. “La música de fondo es un elemento a destacar, porque las ciudades no son silenciosas, de ahí la importancia del sonido”, precisó Cortés. Secuencias de películas como Alphaville, de Jean Luc Godard, Smoke, de Wayne Wang o Caché, de Michael Haneke, arropan el conjunto, del que igualmente sobresalen los 458 minutos de Empire, de Andy Warhol: “Pueden verla”, ironizó el comisario, describiendo la película del artista pop como aquella “donde no ocurre nada u ocurre mucho” en ese plano repetitivo del Empire State Building. En esa misma sala, se pasaba de “lo más luminoso” (Valerio Adami) a “lo más alienante” (Warhol).

Escultura de John Chamberlain en 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Escultura de John Chamberlain en ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

Perdidos en la ciudad invita a que “la gente se pierda y haga su propio recorrido”, precisó Cortés, mientras iba repasando algunas de las obras expuestas: de artistas valencianos como Javier Goerlich, Equipo Crónica, Gabriel Cualladó, Miquel Navarro, Anzo o Mira Bernabeu, a nacionales e internacionales como Eduardo Arroyo, Antoni Muntadas, Miguel Trillo, Horacio Coppola, Gordon Matta-Clark, John Baldessari o Thomas Ruff. Todos ellos evocando lo que Rafael Chirbes manifiesta en la sala urbes desnudas: “Hay gentes, libros o ciudades que no entendemos, pero que nos atrapan y nos obligan a visitarlas una y otra vez”.

Esa visión se acentúa a medida que se avanza por la exposición, hasta desembocar en esas arquitecturas del miedo que Cortés adjetivó como de “control y vigilancia”, ejemplificadas precisamente en las Torres de Vigilancia de Sigmar Polke. “Tras la caída del muro de Berlín, igual hay ahora más muros que nunca en el mundo”, señaló Cortés. Una cita de Christa Wolf cerraba el recorrido a modo de epitafio: “La ciudad había pasado de ser un lugar a ser un vacío”.

Ver la noticia en El Mundo Comunidad Valenciana

Vista de una de las salas de 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Vista de una de las salas de ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

Obra de Mira Bernabeu en la exposición 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Obra de Mira Bernabeu en la exposición ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

Salva Torres

El Circo sigue vivo

Manifiesto: Día Mundial del Circo
Sábado 16 de abril de 2016

“El circo es algo más que un simple espectáculo, es el recinto en el que el ser humano se ha medido siempre a sí mismo y en el que se ha encontrado con los retos imposibles que se ha propuesto superar; el espacio infinito para la imaginación y la búsqueda de la emoción; un lugar para el asombro y la exhibición de lo imposible, lo inexplicable”. (Pepe Viyuela. Bestiario. Madrid. 2003)

Un año más, compañeros y compañeras, estamos de celebración. ¿Y qué festejamos, qué acontecimiento conmemoramos? Que, a pesar de todo, el Circo sigue vivo, continua latiendo desde sus entrañas y, como rizoma generoso y solidario, se extiende en red de manera horizontal, llegando a todos los espacios posibles y a todas las personas hambrientas de imaginación y fantasía, de sueños, de deseos de imposibles.

Hoy, como hace ya más de cinco mil años, se siguen levantando carpas, montando andamios en las calles y en las plazas, ocupando lugares insospechados, llenando espacios escénicos de todo tipo con múltiples lenguajes, y disciplinas que son el desafío a lo establecido, retando a la gravedad, al vacío, al equilibrio, a la sensatez y la racionalidad, a la solemnidad de lo serio, siendo un canto a la belleza del instante y el aquí y ahora, con el lema del más difícil todavía.

Logotipo de la APCCV.

Logotipo de la APCCV.

El Circo, lugar físico e imaginario, simbólico de una manera de entender la vida y de vivir en el mundo, con el nomadismo como bandera y la multiculturalidad y la diversidad como himnos, día a día sigue rompiendo fronteras y acercándose allí donde es necesario, desde la más profunda humanidad. Cada día,en cada función, el circo es un acontecimiento maravilloso, tanto para quienes lo hacen posible como para quienes lo disfrutan.

Celebración también significa visibilización: de reivindicación, de reclamar aquello que le pertenece. Si bien, en los últimos años se han mejorado las condiciones en las que se desempeña uno de los oficios más antiguos del mundo, aún siguen habiendo carencias, deficiencias y oídos sordos.

El plan General de Circo estatal 2012-2015 necesita ser revisado e implementado; la demanda sigue en pie, el Circo es Cultura, con todo lo que ello supone: hacen falta espacios de creación, circuitos de exhibición, formación regularizada y reglada, foros de encuentro y debate, espacios de intercambio…y políticas de apoyo y protección de una manifestación cultural tan inherente a la historia de la humanidad por parte de instituciones públicas sobre todo, pero también privadas.

Y no olvidemos: hay que seguir en el camino de favorecer una acción inclusiva, también en el sentido de dar visibilidad y fomentar espacios a las mujeres en todos los lugares posibles, incluyendo la gerencia y la gestión, la dirección artística… Amigos y amigas, ¡Viva el Circo! Y un brindis por un futuro mejor posible.

Carpas de circo. Fotografía de Elena Pueyo.

Carpas de circo. Fotografía de Elena Pueyo.

María Colomer Pache*

*APCCV Associació de Professionals del Circ de la Comunitat Valenciana

La interpretación de los sueños de Grete Stern

Caso de Estudio. Grete Stern
Institut Valencià d’Art Modern. IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 3 de abril de 2016

El IVAM dedica a Grete Stern su nuevo ‘Caso de Estudio’. Y es que la artista alemana nacionalizada argentina es, sin duda, todo un caso. Para explicarlo, María Jesús Folch, comisaria de la exposición, realizó un repaso por su obra. Fue al llegar a la altura de los sueños de Stern que coinciden con la publicación en 1949 del libro El segundo sexo, de Simone de Beuavoir, cuando emergió la síntesis de su trabajo: “Aquí se ven reflejados sus dos caminos, el de la mujer que se afirma como sujeto y el de aquella otra que acepta esa alianza con lo doméstico”.

Fotografía de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

Fotografía de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

Ese choque entre la mujer que sueña con emanciparse de las trabas sociales y esa otra que es objeto de sus pesadillas creativas, atraviesa el conjunto expositivo que hasta el 3 de abril muestra el IVAM. “Es la pequeña gran joya de nuestra colección”, subrayó José Miguel Cortés, director del instituto valenciano. Pequeña gran joya compuesta por 61 obras, entre fotografías, libros, proyecciones y un documental, entre las que destacan los 140 fotomontajes realizados para la revista ‘Idilio’ de 1948 a 1951. En dicha revista fue donde ilustró los sueños de las numerosas lectoras que buscaban explicación a lo que su inconsciente maquinaba durante la noche.

Fotomontaje de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

Fotomontaje de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

“El concepto de otredad está en la obra de Stern”, explicó Folch. Otredad que tiene mucho que ver con ese riesgo del sujeto que se afirma al margen de las convenciones sociales, frente al que busca su más amable encaje. Grete Stern, al modo que hizo Freud, interpreta esos sueños de la mente femenina, utilizando la técnica del fotomontaje. De manera que así, a base de juntar pedazos supuestamente inconexos, la artista alemana que huyó del nazismo para establecer su residencia en Buenos Aires, fue construyendo una obra de gran originalidad, calidad artística y sin duda evocadora, todavía hoy, de los fantasmas femeninos.

Fotomontaje de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

Fotomontaje de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

María Jesús Folch habló de algunos de ellos: “confinamiento en el hogar”, todo lo relativo a “la función biológica de la reproducción”, también “la incomunicación” y, como contrapartida, “la denuncia de los estereotipos femeninos”. Casada con Horacio Coppola, con el que trabajó al principio mano a mano y del que muy pronto se divorció, Stern no dejó de reivindicar para ella y la mujer de su tiempo, extrapolable al actual, la libertad que sin duda reflejaba en la interpretación de los sueños. Sueños de los que ya se hizo cargo el IVAM en una exposición de hace 20 años, germen de la donación de su obra por parte de su hija Silvia al museo valenciano. “Continúa siendo igual de actual y contemporánea”, señaló Cortés.

Fotografía de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

Fotografía de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

La publicidad, la arquitectura, el retrato y la antropología, otorgando protagonismo a mujeres indígenas del Gran Chaco, también han sido disciplinas de su interés. Disciplinas que trabajó con el mismo anhelo de encontrar bajo la superficie de las cosas cierta verdad latente. Por eso sus fotografías están llenas de escaleras, peldaños o laderas que hay que subir o bajar, de ojos escrutadores, de jaulas, de naturalezas en calma o arrebatadas pero siempre inquietantes, de animales y, por supuesto, de mujeres que luchan contra ese fondo enigmático de seres y objetos a punto de doblegarla.

Fotomontaje de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

Fotomontaje de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

Grete Stern es todo un caso porque fue construyendo su obra a contracorriente: primero, en el Berlín ya prácticamente abducido por el nazismo, y después, en el Buenos Aires del peronismo. La columna ‘El psicoanálisis le ayudará’ de la revista ‘Idilio’, que Stern ilustró, no se sabe si ayudó a sus lectoras, pero a ella le ha servido para construir una obra “ejemplo de modernidad y compromiso”, concluyó Cortés.

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Salva Torres

¿Una camisa de fuerza para Arístides Rosell?

Esquizografías, de Arístides Rosell
Sporting Club Russafa
C / Sevilla, 5-B. Valencia
Inauguración: viernes 19 de junio, a las 20.00h
Hasta el 10 de julio, 2015

Tras casi doce años de silencio y ostracismo voluntario, Arístides Rosell vuelve a la escena pictórica valenciana. Entre el 19 de junio (Inauguración) y el 10 de julio, el Sporting Club de Russafa acoge la muestra Esquizografías, una treintena de dibujos a plumilla, la mayoría en blanco y negro, más otros ocho con relieves escultóricos, que rinden tributo de fidelidad al término de la psiquiatría francesa elegido como título de la exposición.

Si la palabra describe “el lenguaje incoherente que sintomatiza trastornos del pensamiento en ciertos estados de psicosis”, la muestra gráfica es la versión plástica, anárquica y grotesca, de una subjetividad creativa entregada al delirio y a las sorprendentes patologías de un inconsciente abandonado a su propia suerte. El resultado de este envite está ahí, a la vista de todos. Y la pregunta que inevitablemente suscita es: ¿debemos ir preparando una camisa de fuerza para Arístides Rosell? ¿O haremos lo de siempre: mirar para otro lado y llegado el momento decir como unos bobos que “creíamos era una buena persona” el mismo día que la página de sucesos del Levante desvela la aparición de un nuevo Haníbal Lecter en Valencia?

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición 'Esquizografías' en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición ‘Esquizografías’ en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Quizá lo mejor para prevenir y evitar ese espantoso ridículo sea sentar un rato a Arístides Rosell en el diván psicoanalítico (un diván extraño, eso sí, como una hamaca tendida entre dos palmeras) e intentar indagar en el origen de  los trastornos que lo han llevado a estas grafías delirantes, esquizoides. Lo hemos hecho. Y el resultado es este.

Arístides Rosell Cabrera vino al mundo el 7 de enero de 1965 en Ciudad de la Habana, Cuba. Olvidamos la infancia (freudianos heréticos) para llegar cuanto antes al decisivo momento en que ciertos impulsos estéticos le llevan a integrarse en la facultad de diseño. Es el buen momento del cartel cubano. Es el momento (mediados de los ochenta) en que jóvenes con inquietudes plásticas y un gen libertario todavía vivo aprovechan las aristas de la realidad para exponer leves disonancias.

Unos lo hacen cuestionando los símbolos patrios. Otros, como él, utilizando el sexo. Sexo explícito, penes y vaginas, de grandes dimensiones. Aunque es real que el sexo en Cuba está tan presente como el aire que se respira, su exhibición plástica era tabú. Estaba tan ausente de la plástica como la educación sexual de las escuelas. Exhibir la sexualidad era provocar: desafiar los clichés, importunar al machismo, recordar la falta de pedagogía social (y sus perversas consecuencias: enfermedades venéreas, embarazos prematuros, abortos traumáticos, luego el sida…).

Una exposición del 87 en la biblioteca del Instituto Superior de Diseño, titulada Sex-appeal, fue clausurada al día siguiente de su apertura. Otras, en cambio, pasaron el filtro de la censura, algunas de ellas junto a su profesora y amiga Eidania Pérez (arbitrariedad suprema del poder).

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición 'Esquizografías' en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición ‘Esquizografías’ en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Pero esta veta creativa no era el único filón que explotaba ya entonces el joven Rosell. Según su propia confesión, siempre ha sido un artista “bipolar” (eufemismo de uso reciente para evitar la palabra “esquizofrenia”, mucho más incómoda). Mientras en el campo más específico del diseño gráfico (la cartelística, por ejemplo) era deudor de la estética del compromiso (y lo sigue siendo: cree en la función pedagógica, moral, política o social del cartel, en que debe ser un mensaje destinado a la denuncia y a provocar el debate), en cambio en el ámbito pictórico se borran esas prescripciones y se convoca a todos los demonios internos. Mientras en el diseño gráfico se muestra incondicional de la racionalidad y el utilitarismo, y cree en la función social del arte, cuando se desplaza a la creación íntima parece dispuesto a mudarse al país de la Irracionalidad.

Pero esa irracionalidad no debe confundirse con el caos absoluto, no es una “pintura automática” al modo de la “escritura automática” de los surrealistas (y que en su versión más radical nunca produjo nada mínimamente satisfactorio). Al permitir el ingreso de lo inconsciente, se abren cajones de la mente que la racionalidad (el orden) tenía cerrados. Ingredientes censurados y ocultos de nosotros mismos, vuelven a entrar en acción.

Los deseos reprimidos se expresan mediante símbolos más explícitos, pero que aún encubren su impronta desestabilizadora. Incluso en ese caos hay un cierto orden. O, si acaso, unas débiles reglas que canalizan el desbordamiento. Rosell mantiene (a veces a duras penas) la figura, aunque sometida a grotescas formas de distorsión o a estructuras morfológicas delirantes. Como en el mundo del sueño, hay objetos, hay cosas, hay cuerpos, hay interacciones entre objetos y sujetos, entre unos cuerpos y otros, entre órganos, a veces entre vísceras (y aquí se despierta el inicial temor de este artículo).

Dibujo de Arístides Rosell en 'Esquizografías'. Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en ‘Esquizografías’. Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

La naturaleza de todo está a veces alterada: hay manos de madera, o que se hunden en la tierra, o que se transforman en garras, o que han sido crucificadas… Todo está deformado, atravesado, hendido, desgarrado, metamorfoseado, devenido en otra cosa, sin utilidad. Todo está conectado, enganchado, colgado, sostenido (por esas horcas tan dalinianas). Hay enganches, remaches, clavos, ganchos… como si Rosell temiera que todo se desgajara, se dispersara, se desmigara y se perdiera en el espacio infinito. Esas “ataduras” de las cosas a veces son dolorosas, como esos ganchos que atraviesan las manos y que producen una aguda e inevitable sensación de dolor.

Y en medio de estos paisajes oníricos dibujados a plena luz del día (a lo largo de seis años, y mientras levantaba y mantenía viva la galería Imprevisual y se convertía en uno de los gestores culturales más valiosos de Valencia), un Rosell que ya ha cumplido los 50, vuelve una y otra vez a dibujar aquellos penes y vaginas de sus veinte años, en ávida remembranza de aquello gestos libertarios con los que se constituyó como artista.

Si en aquellos penes y vaginas había entonces un anhelo de escape y de fuga, también ahora los hay. Solo que ahora muchas cosas han perdido su vigor, aparecen fosilizadas, talladas en madera o mineral, resquebrajadas o rotas, necesitadas de sostén. El tiempo, tirano cruel, ha devorado la frescura y la firmeza de las cosas. La mano del pintor aparece ahora clavada a una cruz, desvitalizada, casi muerta, aunque aún busca prolongarse hasta el infinito para alcanzar el olvidado placer.

No, no creo que debamos preparar una camisa de fuerza para Arístides Rosell.  Al menos, no más que le necesitamos cada uno de nosotros. Lo que sí debemos es agudizar la mirada (hacia fuera: hacia sus dibujos) y hacia dentro (al bullente mundo escondido de cada uno) para sacar todo el partido posible de una exposición que no nos dejará indiferentes. Sí. Es así. Arístides Rosell ha vuelto.

Dibujo de Arístides Rosell en 'Esquizografías' en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en ‘Esquizografías’ en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Manuel Turégano