Pepe Gimeno en el Instituto Cervantes de Chicago

Grafía Callada, de Pepe Gimeno
Instituto Cervantes de Chicago
31 W Ohio St. Chicago
Del 9 de febrero al 29 de marzo de 2016

Tras su paso por el Type Directors Club (TDC) de Nueva York, la exposición Grafia Callada, del diseñador valenciano Pepe Gimeno, sigue su viaje norteamericano que le lleva ahora hasta el Instituto Cervantes de Chicago, donde estará hasta el 29 de marzo. La muestra está conformada para ser vista como libro, pero desde el punto de vista de una lectura gráfica. La acción intencionada de separar contenido y forma, convierte la estructura gráfica del libro en su argumento.

Grafía Callada, de Pepe Gimeno, en el Type Directors Club de Nueva York.

Grafía Callada, de Pepe Gimeno, en el Instituto Cervantes de Chicago.

El proyecto está realizado en su totalidad con materiales y residuos encontrados en la playa. Con ellos, Pepe Gimeno ha creado sugerentes aproximaciones formales de distintas escrituras, antiguos jeroglíficos, alfabetos binarios y un buen número de motivos hasta conseguir que los fragmentos de piedras, cañas, tapones de plástico, restos de juguetes, conchas, colillas y cristales, se conviertan en mensajes cargados de expresión y de una enorme fuerza poética.

La exposición del libro se puede abordar con una doble mirada: una, con la lectura secuenciada y ordenada del conjunto de impactantes imágenes que contiene el libro, y la otra, con la observación directa y detallada de los objetos con los que están compuestas las sorprendentes piezas originales, dobles páginas en tamaño grande que conforman las páginas del libro.

Grafía Callada, de Pepe Gimeno, en el Type Directors Club de Nueva York.

Grafía Callada, de Pepe Gimeno, en el Instituto Cervantes de Chicago.

En el Instituto Cervantes de Chicago se exhibirán 20 de las 57 piezas que conforman su libro ‘Grafía Callada’, una colección de páginas compuestas a partir de materiales reciclados que revelan la fuerza de comunicación a través de los símbolos y sin necesidad de palabras.

Durante la inauguración el diseñador ofrecerá una conferencia para hablar sobre el proceso creativo que ha desarrollado a lo largo de los últimos quince años. Su trabajo es de carácter personal y se sitúa dentro del arte experimental y gráfico. Además de Nueva York y Chicago, Grafía Callada viajará a partir del mes de junio a Miami, al  Centro Cultural Español de Cooperación Iberoamericana.

Grafía Callada, de Pepe Gimeno. Type Directors Club.

Grafía Callada, de Pepe Gimeno. Instituto Cervantes de Chicago.

 

‘Da capo’ de Vol-Ras o volver a empezar…en todo

Da capo, de Vol-Ras
Teatre Talia
C / Caballeros, 31. Valencia
Del 28 de mayo al 8 de junio

Da capo significa, literalmente, desde la cabeza. Es un signo utilizado en las partituras para que el intérprete repita la música que antecede a dicha marcación. Es un volver a empezar. La compañía catalana de humor gestual Vol-Ras, formada por Joan Segalés y Joan Faneca, lo utiliza como metáfora de su último espectáculo, precisamente titulado Da capo. Lo hace para advertirnos de las dificultades existentes en el teatro cada vez que se monta una función. Poniéndose en la piel de dos técnicos de escena, Segalés y Faneca van narrando a base de gags, silencios, gestos y una expresividad desbordante, lo que cuesta levantar un mismo espectáculo cada día y que ese mismo espectáculo resulte, después de todo, diferente.

Vol-Ras en una escena de su espectáculo 'Da capo'. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Vol-Ras en una escena de su espectáculo ‘Da capo’. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Ese volver a empezar en cada función no sólo es la metáfora que contiene Da capo, sino representación de la propia vida. “Hoy en día la metáfora es doble, pues ahora es necesario que todos empecemos de nuevo para hacer frente a la realidad social y económica”, explican los actores de Vol-Ras. Un ciclo que tiene su punto de crueldad por ese retorno al mismo lugar, después de años de crecimiento económico tirados por la borda a base de despilfarro. “Las compañías de teatro también [han de volver a comenzar], con menos medios, más dificultades, pero tercamente empezando ‘Da capo’, demostrando en cada nuevo espectáculo, cada nueva función, el valor labrado a lo largo de cinco, de 20 o más de 30 años”.

Así de triste, salvo que de tamaño despropósito se haga cargo Vol-Ras. Entonces, allí donde emerge la calamidad, brota la risa. Todo cuanto sucede de espaldas al escenario, imprevistos, inquietudes, conflictos y objetos que se rebelan para dificultar el montaje diario, Segalés y Faneca lo ponen delante del público para que éste vea el continuo vaivén y vuelta a empezar de cada función, a partir de un mismo espectáculo.

Joan Faneca (izquierda) y Joan Segalés en una escena de 'Da capo'. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Joan Faneca (izquierda) y Joan Segalés en una escena de ‘Da capo’. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Inspirados en el grupo alemán Familie Flöz, el director de cine Federico Fellini o el músico John Cage, Vol-Ras plantea con Da capo “un recorrido por un mundo sonoro desde el silencio a la música, sin palabras y con humor”. Y puestos a citar a John Cage, bien valdría esta frase suya para explicar lo que hacen Segalés y Faneca: “No tengo nada que decir, y lo estoy diciendo: esto es poesía”. Porque Vol-Ras decir no dice mucho, en tanto su humor gestual descarta las palabras, pero la sola expresividad de sus rostros y cuerpos sobre el escenario alcanzan a decir mucho más de lo que muestran a veces las palabras vacías de sentido.

Por eso Da capo vuelve una y otra vez al principio de una misma representación: la del ser humano aquejado de la incertidumbre y del azar, pero siempre dispuesto a levantar “tercamente” la función: cada tarde y noche la misma, pero siempre diferente. La demostración: en el Teatre Talia, donde Vol-Ras tocará tan singular partitura una y otra vez, una y otra vez…

Joan Segalés (abajo) y Joan Faneca, componentes de Vol-Ras, en el cartel del espectáculo 'Da capo'.

Joan Segalés (abajo) y Joan Faneca, componentes de Vol-Ras, en el cartel del espectáculo ‘Da capo’.

Salva Torres

Agustín Bethencourt: la ciudad en forma(s)

Espai, de Agustín Bethencourt
Galería estudio de Óscar Vázquez Chambó
C / Mossén Fenollar, 19. Valencia
Hasta el 27 de junio

Dice que con las imágenes intenta “destacar la obra del ser humano en el paisaje”. Su condición de arquitecto le lleva a privilegiar líneas, formas y superficies de fachadas, edificios y lugares, pero también a captar el aire que dejan ciertas geometrías más allá de su composición y orden. Para que ese aire o atmósfera adquiera la condición de arquitextura, se hace necesario que Agustín Bethencourt vaya depurando la arquitectura de esos lugares que mantiene sus ciudades tan en forma. El Espai que muestra en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó es un conjunto de 11 fotografías en las que prima el signo por encima de la huella.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

No ha hecho más que empezar el combate. Diríase que a Bethencourt, atendiendo a su propia definición del fotógrafo como “pintor de las prisas”, le urge captar instantes que conmuevan el ojo del espectador. De manera que se debate entre su condición de arquitecto acostumbrado a las geometrías espaciales y la emoción que pretende extraer de la cámara fotográfica en tanto “instrumento de la intuición y de la espontaneidad”. De manera que allí donde hay líneas, formas y signos, aparezca la huella de una materia plena de energía.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la exposición 'Espai' en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la exposición ‘Espai’ en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Las 11 fotografías de la exposición son fruto del trabajo de cinco años viajando por Nueva York, Colonia, Basilea, Palermo, Berlín, Venecia, Ibiza, Gran Canaria o Carlet. Viajes en los que, a pesar de esas prisas por captar el instante, obligó en muchas ocasiones a detener el ritmo viajero de sus amigos. “Veo la foto antes de sacarla”, dice. Ya sea el interior del Kolumba Museum (Kölhn), las curvas del JFK Airport, las líneas del Lincoln Center, de una vivienda con forma de U en Carlet, de la ropa colgada al viento en Venecia o de cierto rastro sobre la nieve en Berlín, las imágenes que capta Bethencourt son todas fruto del “cuaderno de croquis” que, para él, es la cámara fotográfica.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Un croquis compuesto de instantes que encuadra a la ligera, sin preocuparse de algún elemento que venga a quebrar la armonía del conjunto. Su preocupación está en el juego de color, la luz y esa “búsqueda del gris” como horizonte de futuro en su trabajo. Y como no ha hecho más que empezar ese combate entre la idea del arquitecto y la pasión del fotógrafo, Agustín Bethencourt mueve, promueve y remueve sus imágenes con el fin de extraer todo su potencial, antes de embarcarse en otro proyecto que le llevará a construir cierto abecedario.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Espai, que llega al estudio de Vázquez Chambó, tras pasar por otros dos espacios de Castellón y Valencia, recoge las formas geométricas que el artista se va encontrando diseminadas por el paisaje urbano, para construir con ellas historias cuya vida nacerá cuando los signos se transformen en elocuente huella. Cabe también seguirle el rastro a esas ciudades en forma, admitiendo el placer que produce contemplar espacios de dudoso acabado.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Agustín Bethencourt en la galería estudio de Óscar Vázquez Chambó. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres

Alonso y Gadea: mano a mano desvanguardista

Gabriel Alonso y Antonio Gadea. Mano a mano

Estudio Gabriel Alonso

C / Denia, 23. Valencia

Hasta noviembre

Gabriel Alonso (Ceuta, 1969) y Antonio Gadea (Valencia, 1965) hace ya tiempo que decidieron colgar los guantes de boxeo al que parece abocar el arte de vanguardia (Ramón Gaya lo llamó artes marciales de vanguardia), para explorar viejos territorios figurativos, actualmente en decadencia por el exultante dominio de la abstracción, ya sea analítico racionalista o pasional y desgarrada. Porque hubo un tiempo, sobre todo Gadea, en que ganaban incluso premios practicando cierto informalismo. Hasta que decidieron que el arte contemporáneo, brillando con una luz cegadora que impedía ver sus alargadas sombras, lejos de ofrecer libertad al artista, lo constreñía.

Siringe y Pan, de Gabriel Alonso. Imagen cortesía del autor

Siringe y Pan, de Gabriel Alonso. Imagen cortesía del autor

Así lo reconoce el propio Gabriel Alonso, valedor de lo que ha dado en llamar la “desvanguardia”, que vendría a ser lo siguiente: “El progresivo afán de muchos artistas de nuestra generación en pintar cada vez más figurativo, como si de lo que quisiéramos liberarnos fuera de la “libertad” que nos daba la abstracción (o exhibición del lenguaje en sí mismo) que por entonces imperaba en las aulas de bellas artes”. Y como “desvanguardia” sonaba, como le hizo ver un amigo, a desbandada, Gabri Alonso, en lugar de enmendarle la plana al amigo, metió más el dedo en la llaga: “Efectivamente lo es, porque somos muchos los que prefiriendo hacer a explicar hemos ido haciendo nuestro lenguaje pictórico cada vez más “legible” o “descifrable”, actuando de un modo paralelo al público en general, cada vez más indiferente hacia el arte contemporáneo”.

Obra de Antonio Gadea. Imagen cortesía del autor

Obra de Antonio Gadea. Imagen cortesía del autor

Si no fuera por lo poco dados que somos a la reflexión, la “desvanguardia” daría pie a un interesante debate. Porque lo cierto es que esa brecha entre lo figurativo y lo abstracto existe, sin encontrar vías productivas que grapen la herida. De momento, valga ese Mano a mano que sostienen Gabriel Alonso y Antonio Gadea, en el estudio del primero sito en la calle Denia del barrio valenciano de Russafa, para ir abriendo boca. Mediante una figuración entre grotesca (Alonso) e irónica (Gadea), ambos artistas nos confrontan con cierto clasicismo, pero revisitado. Así, la mitología occidental, que aparece mediante figuras reconocibles y títulos explícitos, acaba siendo volteada por la mirada acerada y siempre en alerta de estos dos “marginales” artistas.

Nacimiento de Baco, de Gabriel Alonso. Imagen cortesía del autor

Nacimiento de Baco, de Gabriel Alonso. Imagen cortesía del autor

Como apunta Gabriel Alonso, en relación a su partenaire, su obra giraría en torno al tema de “cómo la vanguardia ataca al viejo oficio de la pintura, personificado en héroes de la mitología clásica”. Esa tensión arrojadiza entre lo clásico y lo moderno es lo que hace saltar chispas en el Mano a mano entre Alonso y Gadea. No es un duelo en el O.K. Corral del clasicismo forastero enfrentado a los desmanes de la vanguardia mayoritaria, sino un toque de atención para extraer de los incomunicables senderos del arte un productivo diálogo. A no ser que el arte contemporáneo haya decidido separarse de una sociedad que necesita recuperar los espacios simbólicos del arte para articular su siempre conflictiva experiencia.

Antígona esterilizada, de Antonio Gadea. Imagen cortesía del autor

Antígona esterilizada, de Antonio Gadea. Imagen cortesía del autor

  

Salva Torres