El sueño de verano de Benjamin Britten

A Midsummer Night’s Dream, de Benjamin Britten
Palau de Les Arts
Avenida del Professor López Piñero, 1. Valencia
Días 10, 12, 14, 16 y 18 de junio de 2016

“Llegas aquí y lo primero que dices es ¡oh, my God!”, exclamó el director escénico Peter Curran refiriéndose a la majestuosidad de Les Arts. Y con respecto a El sueño de una noche de verano (A Midsummer Night’s Dream), ópera de Benjamin Britten que se presenta en el coliseo valenciano con el mayor elenco en sus diez años de historia, Curran dijo: “Política, religión y sexo. ¡Eso es lo que encontrareis!” Una veintena de intérpretes pondrá en escena “una de las obras maestras del siglo XX”, a juicio del director musical Roberto Abbado.

Britten, partiendo del texto de William Shakespeare, plantea un “juego entre inocencia y experiencia, moralidad e inmoralidad, sueño y realidad”. Juego que Peter Curran escenifica siguiendo los dictados del propio autor inglés: “Nos muestra algo que es invisible”. Para ello, el director escénico se basa en la filosofía griega y latina, pero sin querer tratar el tema “como si fuera un museo”, sino “como metáfora de un viejo templo que pudiera estar en Atenas o Sicilia y en contacto con la naturaleza”.

A Midsummer Night's Dream, de Benjamin Britten. Imagen cortesía de Les Arts.

A Midsummer Night’s Dream, de Benjamin Britten. Imagen cortesía de Les Arts.

¿Cuál es nuestra relación con la naturaleza hoy en día?, se preguntó Curran. “Tenemos a Hippolyta (Iulia Safonova) que no está pendiente de las cosas, como sucede hoy con los teléfonos móviles que deberíamos dejar a un lado para prestar atención a nuestro alrededor”. Y eso hace Curran en A Midsummer Night’s Dream: vincular realidad y ficción, “mezclar el mundo real y el irreal”, para que después sea el espectador quien interprete lo que “todos soñamos”.

Oberon, rey de los elfos, y Tytania, su esposa y reina de las hadas, protagonizan esta ópera estrenada en 1960 con gran éxito de público. Christopher Lowrey, que encarna al rey, aseguró que su intervención en tan grandioso espectáculo “ha hecho que crezca mi amor por la ópera”. Una ópera, según Abbado, “muy complicada, porque requiere de un reparto de cantantes de altísimo nivel”. Y la presencia de un contratenor, tipo vocal no muy extendido y sobre el que Davide Livermore, intendente de Les Arts, se explayó: “Händel, por ejemplo, nunca ha escrito para contratenor, sino para castrato, que es distinto”, al tiempo que aludió a la conexión con “el pop rock inglés de los 60”.

A Midsummer Night's Dream, de Benjamin Britten. Imagen cortesía de Les Arts.

A Midsummer Night’s Dream, de Benjamin Britten. Imagen cortesía de Les Arts.

La ópera de Britten acoge diferentes registros musicales, destacando para Abbado la intervención del coro de niños “para sacar ese color particular de lo que no es humano”. Además están las tres parejas, los artesanos y un cuarto elemento que para el director musical es fundamental, “la floresta, que es también un personaje”, y cuya tonalidad se la da “el color orquestal caracterizado por el misterio”. Roberto Abbado es la primera vez que dirige una obra del siglo XX al frente de la Orquesta de la Comunidad Valenciana, tal y como destacó Livermore.

“¿Te gusta la política, la religión, en aquello que cree la gente, el sexo…pues la ópera de Britten trata de esos tres aspectos; de lo que es el mundo real y lo que no lo es, y del sexo como fuerza que nos lleva”, sintetizó Curran. También subrayó la “importancia de todos los papeles”, aunque por encima de todo “destaca el conjunto”. Como se apunta en la sinopsis de la ópera, “las verdades profundas, los sentimientos más auténticos terminan por hacerse presentes por encima de lo absurdo de las situaciones”.

Davide Livermore, ya en relación con el “¿conflicto?” que mantiene con la Federación de Sociedades Musicales de la Comunidad Valencia, que han rechazado su colaboración con Les Arts mientras no se les pague, dijo que el presidente de las bandas tenía en su mesa “el borrador para el acuerdo marco, que estamos negociando”. De ahí que no pudiera todavía adelantar las cifras que se manejaban. “Confío en llegar a un acuerdo satisfactorio”, concluyó.

A Midsummer Nigth's Dream. Imagen cortesía de Les Arts.

A Midsummer Nigth’s Dream. Imagen cortesía de Les Arts.

 

Salva Torres

Francés y Mazzoleni juntos en Del Palau

Fuencisla Francés y Leopoldo Mazzoleni
Galería del Palau
C / Palau, 10. Valencia
Inauguración: martes 6 de octubre, a las 20.00h
Voz y sonido: Montserrat Palacios y Llorenç Barber
Hasta el 31 de octubre

Entrar en la Iglesia de San Marcos en Castiglione de Sicilia y tropezarse con las instalaciones de Fuencisla Francés y Leopoldo Mazzoleni hace saltar todas las alarmas perceptivas: todo es y convive sin bordes ni casi convenciones, lo lleno y lo vacío entran en ósmosis extremas pero fértiles, el aire bombea tropiezos de efímeros túmulos, y hasta las paredes aceptan gustosas manchas centenarias que se acompañan y visten de trazos y trozos de pintura en irregular mosaico de teselas en expansión. No se sabe si la iglesia devino constructo inacabado, o si fue atacada por bombas de racimos esta vez no mortales sino en raciones de sutiles reyertas que desafían las leyes del equilibrio, o se suben por las paredes.

Obra de Fuencisla Francés. Imagen cortesía de Galería del Palau.

Obra de Fuencisla Francés. Imagen cortesía de Galería del Palau.

Todo en San Marcos devino un cara a cara, un toma y daca en el que a) puede ser b) sin dejar de ser a), y b) es a) sin olvidarse de b) ni dejarse la piel en el tropezón. Por su parte el suelo devino catafalco y altar con toda la rotundidad de sus huecos y vacíos, de modo semejante a como el viejo altar devino suma de ondas expansivas que cantan profundidades de ojo trabucado. Fuencisla Francés y Leopoldo Mazzoleni conviven y vivifican un recinto transfigurado por su hacer creativo y solicitan del transeúnte visitante mas dimensión y paseo: madera más madera, paredes más paredes acechan pues al arte romo y encerrado de cuantos no acaban de salir de los marcos y el tiralíneas.

De igual manera el canto de Montserrat Palacios, que oficia de obertura a tan expansiva exposición, es un emitir bucal que suena sumando y oteando direcciones, silencios, registros, fonemas, y glisandos que demandan del oidor recorridos y atenciones en movimiento. Su cantar hilvana paseos, gestos, miradas, acercamientos, improvisaciones y hasta contacto y roce con unos y otros.

Lo sonoro, lo plástico, lo constructivo entraron en dilatación y mestizaje. El desafío continúa y se embebe de lo real.

Obra de Paolo Mazzoleni. Imagen cortesía de Galería del Palau.

Obra de Leopoldo Mazzoleni. Imagen cortesía de Galería del Palau.

 

La nostalgia adolescente de Claude Nori

Vacaciones de a la italiana, de Claude Nori
Foto librería Railowsky
C / Grabador Esteve, 34. Valencia
Hasta el 10 de diciembre

Hay, sin duda, alegría. Una jovialidad mediterránea que parece sanar la mirada, purificarla. El ambiente soleado de las playas del sur de Italia (alguna hay del suroeste francés) y las jóvenes adolescentes que las pueblan en bikini, son los elementos de los que se vale Claude Nori (Toulouse, 1949) para que sus fotografías rezuman esplendor juvenil; un elixir de vida que, sin embargo, deja un halo fantasmal inquietante. “Diríase que, aterrado, el fotógrafo debe luchar tremendamente para que la fotografía no sea la muerte”, apunta Roland Barthes en ‘La cámara lúcida’.

'Vacaciones a la italiana', de Claude Nori en Foto librería Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

‘Vacaciones a la italiana’, de Claude Nori en Foto librería Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

Claude Nori, más que aterrado, parece embelesado por esas jóvenes adolescentes recién salidas del cascarón familiar. Y, más que luchando para que sus imágenes no sean la muerte, se limita a dejarse llevar por ese aire cálido, ingenuo, despreocupado del ambiente playero, con el fin de atrapar en sus fotografías la mucha vida que esas jóvenes tienen todavía por delante y que el espectador recibe como una bocanada de viento fresco. Pues bien: a pesar de todo, el terror y la muerte apuntadas por Barthes no terminan de desaparecer de esas imágenes de luminosidad veraniega.

Fotografía de la exposición 'Vacaciones a la italiana', de Claude en Foto librería Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de la exposición ‘Vacaciones a la italiana’, de Claude en Foto librería Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

Las Vacaciones a la italiana de Claude Nori, que la Fotogalería Railowsky acoge hasta el 10 de diciembre, conjugan ambas cosas a la vez: lo luminoso y lo sombrío, la inocencia y la melancolía. Lo dice el propio artista, en un extracto de su libro ‘Les désirs sont déjà des souvenirs’, cuyo título ya es harto significativo: “De aquellas vacaciones en Italia me quedó sin duda, al mismo tiempo que la nostalgia, un estilo de vida que la fotografía me ha permitido desarrollar con total impunidad”. Cada verano, ayudado de su cámara fotográfica, Nori se remonta en el tiempo viajando a lugares que le permiten reencontrarse “con el adolecente que fui”.

'Vacaciones a la italiana', de Claude Nori en Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

‘Vacaciones a la italiana’, de Claude Nori en Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

Esa búsqueda del tiempo perdido, de los deseos que son recuerdos, es lo que imprime al trabajo de Claude Nori ese carácter ambivalente de inyección vital y blanda letanía. Las jóvenes adolescentes de sus fotografías están ahí para recordarnos, ya sea abstraídas, mirando a cámara, besándose a la claridad furtiva del día o jugando en la playa, la fugacidad del tiempo que el artista niega con su arrebatada mirada impregnada de nostalgia. De nuevo, Barthes: “La foto, de por sí, no es animada, pero me anima: es lo que hace toda aventura”.

'Vacaciones a la italiana' de Claude Nori en Foto Librería Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

‘Vacaciones a la italiana’ de Claude Nori en Foto Librería Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

La animación, que igualmente caracteriza esas Vacaciones a la italiana de Nori, sin duda anima a establecer vínculos “con el adolescente que fui”, que fuimos. Y, por tanto, a iniciar una aventura por el tiempo y el espacio evocados en esas playas y esas jóvenes sin conciencia de la vida que, mortecinamente, pasa. Claude Nori se acerca con su cámara hasta ellas, unas veces de puntillas y otras abiertamente descarado, con la intención de atrapar el inmenso mar reflejado en sus delgados cuerpos, en sus gestos distraídos, en sus encuentros veraniegos.

Diríase que Nori, como el Humbert de ‘Lolita’, no puede dejar de exclamar: “Si pedimos a un hombre normal que elija a la niña más bonita en una fotografía de un grupo de colegialas o girls-scouts, no siempre señalará a la nínfula”. A no ser, continúa diciendo Humbert, que seas un artista y un loco, “un ser infinitamente melancólico”, para reconocer al “pequeño demonio mortífero entre el común de las niñas”. Y ahí están, “ignorantes de su fantástico poder”, esas adolescentes o nínfulas en las imágenes de Claude Nori; fotografías tan bien encuadradas como deficientemente reveladas, dejándonos esa nostalgia que incita a la aventura y a la mirada descaradamente furtiva.

'Vacaciones a la italiana' de Claude Nori en Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

‘Vacaciones a la italiana’ de Claude Nori en Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

Salva Torres