Desnudos fotovoltaicos de Pedro Hernández

Sens/Sex. El cuerpo la arma, de Pedro Hernández
Espacio 40
C / Puerto Rico, 40. Valencia
Hasta el 11 de julio de 2015

Si de la actriz Ava Gardner se llegó a decir que era “el animal más bello del mundo”, entonces del fotógrafo Pedro Hernández se puede decir que es el mejor cazador de esa belleza animal. Nada de erotismo suave. Puestos a encarar el lado salvaje del cuerpo femenino, el artista del Cabanyal residente en Marsella prefiere dejarse llevar por el instinto de su alma periodística. Porque él, por encima de todo, se considera “un curioso” de cuanto le rodea. De forma que ante un desnudo, y son miles ya los que han pasado por delante de su inquieta mirada, se comporta como el predador que sigiloso aguarda el instante oportuno.

Fotografía de Pedro Hernández en la exposición 'Sens/Sex. El cuerpo la arma',  de Espacio 40. Cortesía del autor.

Fotografía de Pedro Hernández en la exposición ‘Sens/Sex. El cuerpo la arma’, de Espacio 40. Cortesía del autor.

Casi medio centenar de esos instantes pueden verse en la galería Espacio 40 del barrio de Ruzafa, que de este modo se sumerge en el verano con una exposición de alto voltaje erótico. Cuídense mucho de acudir quienes, acostumbrados a la carnaza televisiva, piensen que ya lo han visto todo. Los desnudos de Pedro Hernández están hechos sin concesiones, pero su radicalidad escapa al torpe visionado del cuerpo dejado de la mano del morbo. Con ser explícitas, sus fotografías arropan hasta el desnudo más obsceno merced al cuidadoso trabajo del blanco y negro.

Fotografía de Pedro Hernández en 'Sens/Sex'. Espacio 40. Cortesía del autor.

Fotografía de Pedro Hernández en ‘Sens/Sex’. Espacio 40. Cortesía del autor.

Cada una de esas imágenes le lleva horas y días de trabajo. Se cabrea y mucho cuando alguien se fija en sus desnudos pasando por alto el encuadre, la luz, la composición y el riesgo que conlleva fotografiar al natural sus modelos. Apasionado del trabajo artesanal que conlleva el revelado analógico y detractor de cierta insustancialidad digital, Pedro Hernández se pasa horas y horas en lo que él llama su sala de maternidad, hasta parir fotografías escandalosamente cuidadas hasta el más mínimo detalle.

Fotografía de Pedro Hernández, en Espacio 40. Cortesía del autor.

Fotografía de Pedro Hernández, en Espacio 40. Cortesía del autor.

Los desnudos que muestra en Espacio 40, bajo el elocuente título de ‘¡El cuerpo la arma!’, destacan por su potencia visual, más allá de la explicitud sexual de algunas de sus imágenes. No hay culos, ni senos, ni coños (con perdón), que se resistan al látigo con que Pedro Hernández domeña tan fiera naturaleza. Lo hace, sin duda, de manera provocadora, ya sea por el descaro de tamaña desnudez, bien por la forma que tienen las modelos de entregarse al deseo carnal que el artista, lejos de encubrir, alienta con su penetrante cámara. Pero es una provocación sometida al exacto cumplimiento de una de sus máximas artísticas: “¡Vivo de la imagen profundamente!”.

Fotografía de Pedro Hernández en 'Sens/Sex'. Espacio 40. Cortesía del autor.

Fotografía de Pedro Hernández en ‘Sens/Sex’. Espacio 40. Cortesía del autor.

Tan profundamente que no entiende la dejadez con que algunos dan por buenas ciertas fotografías mal encuadradas, sin blancos y negros puros, descuidando la posición de las modelos. Las suyas, por muy desnudas, abiertamente desnudas, que se muestren, siempre aparecen cubiertas de sombras, de geometrías o del propio marco de la representación. Ya sea en confesionarios de iglesias, en la barra de algún bar, en cementerios, en terrazas, salas o dormitorios, incluso en la Malvarrosa o la Ciudad de las Ciencias, sus desnudos tan pronto acarician la gloria de un placer intenso como la tierra de la aspereza carnal.

No caben medias tintas en las fotografías de Pedro Hernández, en sus desnudos. Puestos a cazar esa belleza animal, cualquier distracción puede resultar nefasta: un mal gesto, una luz mal tratada o cierta sensualidad de postal y adiós erotismo. Con 40 años de profesionalidad a sus espaldas y multitud de premios en su Francia adoptiva, Pedro Hernández sube ahora la temperatura de Valencia con una exposición de alta graduación visual.

Fotografía de Pedro Hernández en 'Sens/Sex. El cuerpo la arma', en Espacio 40. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Pedro Hernández en ‘Sens/Sex. El cuerpo la arma’, en Espacio 40. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres

Pedro Hernández, cuerpo a cuerpo

Sens / Sex. ¡El cuerpo la arma!, de Pedro Hernández
Espacio 40
C / Puerto Rico, 40. Valencia
Inauguración: sábado 23 de mayo, a las 20.00h
Hasta el 11 de julio de 2015

Espacio 40 inaugura el sábado 23 de mayo la exposición de fotografía ‘Sens/Sex: ¡El cuerpo la arma!’ del artista Pedro Hernández, nacido en el Cabanyal pero con residencia en Marsella. Se trata de un conjunto de imágenes que, conviene advertir, pueden herir la sensibilidad del público. Un público acostumbrado a ver las imágenes más descarnadas en televisión, pero que luego puede llegar a escandalizarse al contemplar otras más carnales y artísticas.

Fotografía de Pedro Hernández en 'Sens / Sex'. Espacio 40.

Fotografía de Pedro Hernández en ‘Sens / Sex’. Espacio 40.

Lo que propone Pedro Hernández con ese conjunto de fotografías en torno al desnudo franco y sin concesiones, es atrapar la mirada del espectador y zarandearla mediante un cuerpo a cuerpo a veces envuelto en sombras y otras abrasado por el goce. Hay primeros planos de sexo púbico e impúdico, de senos, de culos. Cuerpos femeninos osados, entregados al placer de una mirada que hurga en ciertos relieves y oquedades para adentrarse en los misterios de la naturaleza arrebatada.

Fotografías de Pedro Hernández en 'Sens / Sex'. Espacio 40.

Fotografías de Pedro Hernández en ‘Sens / Sex’. Espacio 40.

Los desnudos de Pedro Hernández, que hasta el 11 de julio permanecerán expuestos en Espacio 40, se ocultan en la intimidad de las cuatro paredes, al tiempo que se ofrecen transgresores mostrando su poder evocador. Y lo que evocan tiene mucho que ver con la pasión allí donde ésta nos confronta con los límites que impone la cultura en pugna con lo animal. Por muy  cruda que parezca la visión de esos cuerpos, lo cierto es que Pedro Hernández los cocina mediante cuidadosos encuadres y un primoroso trabajo del blanco y negro.

Fotografías de Pedro Hernández en 'Sens / Sex'. Espacio 40.

Fotografías de Pedro Hernández en ‘Sens / Sex’. Espacio 40.

Espacio 40 se adelanta al caluroso verano con esta encendida exposición. Está permitido asomarse a su interior, pero dado el peligro que se corre en medio de tanta llama corporal, conviene protegerse con el cortafuegos de una mirada atenta y desprejuiciada. Cuando el cuerpo la arma, mejor tener a mano el arte con el que aplacar la violencia a la cual esa pasión nos convoca. ¡Pasen y vean ese cuerpo a cuerpo al que nos convocan los desnudos de Pedro Hernández!

Fotografía de Pedro Hernández del cartel de la exposición 'Sens / Sex. ¡El cuerpo la arma!'. Espacio 40.

Fotografía de Pedro Hernández del cartel de la exposición ‘Sens / Sex. ¡El cuerpo la arma!’. Espacio 40.

Fotografía de Pedro Hernández en la exposición 'Sens Sex. ¡El cuerpo la arma!'. Espacio 40.

Fotografía de Pedro Hernández en la exposición ‘Sens Sex. ¡El cuerpo la arma!’. Espacio 40.

 

Fuster: El desnudo como paisaje onírico

Poemas para leer sin respirar, de Jaume Fuster
Railowsky
C / Grabador Esteve, 34. Valencia
Hasta el 5 de mayo

En cada uno de los 300 ejemplares que acompañan la exposición, Jaume Fuster destaca: “Todas las fotografías están tomadas a pulmón libre con una cámara submarina Nikonos V”. Y en el fotolibro realizado artesanalmente, apenas tres ejemplares de 2.000€, también se destaca la utilización de “originales fotográficos, revelados según el procesado fotoquímico tradicional y una imprenta con tipos de plomo de 1845 para los textos del mismo”. Hasta aquí la técnica. A partir de ahí, 32 imágenes expuestas en Railowsky a modo de destilado onírico de ese manejo instrumental.

Fotografía de Jaume Fuster en la exposición 'Poemas para leer sin respirar'. Cortesía del autor.

Fotografía de Jaume Fuster en la exposición ‘Poemas para leer sin respirar’, en Railowsky. Imagen cortesía del autor.

El conjunto expositivo lo ha titulado Fuster ‘Poemas para leer sin respirar’. Poemas protagonizados por una mujer (“mi sirena”) cuyo cuerpo desnudo se sumerge en diferentes aguas marinas, para diluirse en ellas hasta conformar cierto paisaje onírico. “Cada imagen es un poema visual”, subraya el autor. Y agrega: “Es más paisaje que desnudo”.

Durante ochos años y 70 carretes, Fuster se sumergió con su modelo en aguas de las playas de Benidorm, Los Muertos y el Cabo de Gata en Almería, e incluso en una piscina forrada con un gran plástico de invernadero, para escribir esos poemas con la tinta analógica de su cámara Nikonos. Poemas que funden el cuerpo desnudo y el líquido elemento creando una realidad paralela que Fuster entiende así: “Cómo el cuerpo de una sirena se descompone en sus átomos, cómo los reflejos se llenan de fantasmas, o cómo el agua se convierte en plata, plomo o mercurio”.

La técnica y los fantasmas en curiosa procesión. Diríase, al igual que sucede viendo una ecografía, que la técnica, su carácter objetivo, produce inquietantes imágenes, de carácter subjetivo, que escapan a su instrumentalización. Fuster apela a ello cuando dice: “Las imágenes trascienden a su referente, se llenan de connotaciones y disparan la imaginación mostrando lo invisible”. Y lo invisible de esos ‘Poemas para leer sin respirar’ se halla en consonancia con ese cuerpo desnudo de mujer sumergido en las profundas aguas del inconsciente.

Fotografía de Jaume Fuster en la exposición 'Poemas para leer sin respirar', en Railowsky. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Jaume Fuster en la exposición ‘Poemas para leer sin respirar’, en Railowsky. Imagen cortesía del autor.

Fuster habla de “espejo líquido”. Un espejo repleto de luces, burbujas y reflejos fantasmales, con la desnudez como epicentro de ese espejismo. Una desnudez que se funde y confunde con el paisaje, porque en el interior de esas profundas aguas el cuerpo siempre remite a orígenes ignotos. De ahí los paralelismos que irradian esas imágenes entre los senos, el pubis y la curvatura de tan evanescente figura con algas, depósitos de arena y el agua que lo licúa todo.

Como apunta Fuster, él se limitó a sumergirse en esas aguas, “encuadrar y disparar”, descubriendo después las formas creadas a partir de la simbiosis del cuerpo con el agua: “Pura abstracción y evocación de un mundo mágico”. Dependiendo del estado de la mar, de la incidencia de la luz y de los movimientos acuáticos de su sirena, Jaume Fuster fue escribiendo esos poemas visuales que Railowsky exhibe hasta el 5 de mayo. Poemas que el autor propone leer sin respirar. Por ello, como sugiere al lector que se sumerge en ellos: “Inspire… espire…”.  Ahí dentro, la respiración va al ritmo de la madre…naturaleza.

Salva Torres