Arte y percepción visual

Antes del Arte – 50 anys després
Sala Martínez Guerricabeitia del Centre Cultural La Nau
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 9 de junio 2019

Corrían los últimos años de los sesenta, la llamada década prodigiosa, y el ensayista, crítico y fundador del Grupo Parpalló, Aguilera Cerni, ejercía en Valencia de gurú de las artes plásticas. Tras culminar distintas etapas, pasando por el informalismo, el arte normativo y la figuración crítica, acuñando el término de Crónica de la Realidad para este último estadio, se decidió a promover el colectivo artístico Antes del Arte, con el que pretendía abrir una nueva fase en su búsqueda de innovación y análisis de las expresiones artísticas, conectándolas esta vez de alguna forma con la ciencia.

Antes del Arte – 50 anys després, en la Sala Martínez Guerricabeitia de La Nau hasta el 9 de junio, recupera los trabajos de este grupo de artistas que plasmaron en sus obras los planteamientos de Aguilera Cerni en esa fase de su trayectoria a modo de laboratorio experimental. Incluye unos 40 objetos plásticos en total, firmados por artistas de distintas edades y estilos: Michavila, Sanz, Sempere, Sobrino, De Soto, Teixidor e Yturralde. Además, la muestra se ambienta sonoramente mediante composiciones de los músicos Marco y Llàcer.

De Soto. Imagen cortesía de Santiago Pastor.

De Soto, ‘La estructura metálica’. Imagen cortesía de Santiago Pastor.

“El objetivo era crear diversos artefactos, en muchas ocasiones dispositivos móviles o lumínicos, que proporcionaran al espectador determinadas experiencias ópticas, perceptivas o estructurales”, explica Santiago Pastor Vila, comisario de la exposición. “Si bien se ha dicho que se trataba de tender puentes entre el arte y la ciencia, lo que se buscaba realmente era hacer avanzar el arte, intentando superar el desfase que existía entre esta disciplina y la ciencia, mucho más desarrollada”. Pastor destaca cómo se procuraba “recurrir, en el campo artístico, a determinadas tácticas de sugestión usadas por la publicidad, el cine  y los medios de comunicación, utilizando determinados efectos ópticos, que debían ser detectados, aislados y ejemplarizados”.

El colectivo Antes del Arte nació después de una serie de reuniones celebradas a casa del crítico Aguilera Cerni, con el propósito de revitalizar el arte geométrico por el cual ya se había interesado el Grupo Parpalló, creado a finales de 1956. La trayectoria histórica del grupo, de una singular importancia en el arte contemporáneo español, transcurrió entre 1968 y 1969, dejando muestra de sus principios artísticos en tres exposiciones celebradas, respectivamente en Valencia, Madrid y Barcelona.

Michavila, 'Helicoidal'. Imagen cortesía de Santiago Pastor.

Michavila, ‘Helicoidal’. Imagen cortesía de Santiago Pastor.

Producida por el Vicerrectorado de Cultura i Esport y la Fundació General de la Universitat de València, a través de la Col·lecció Martínez Guerricabeitia, con la colaboración de Banco Santander y Heineken, Antes del arte – 50 anys després propone pues una mirada científica al mundo del arte, o más exactamente considerar las posibilidades de acción comunes entre ambos campos del conocimiento.

La filosofía del grupo estaba enmarcada por los giros geométricos del arte, interesado en el campo de la psicología perceptiva y trataba de promover encuentros entre la actividad artística y los métodos empíricos de las ciencias. “Realizaban trabajos y pruebas sobre teorías ópticas que se están descubriendo y difundiendo en ese momento, como las teorías de Penrose; trabajan con un profesor de óptica, Mariano Aguilar, comparten lecturas con Aguilera Cerni, etcétera,” explica José Pedro Martínez, director de actividades de la Col.lecció Martínez Guerricabeitia.

Yturralde, 'Primera figura imposible (falso tridente)'. Imagen cortesía de Santiago Pastor.

Yturralde, ‘Primera figura imposible (falso tridente)’. Imagen cortesía de Santiago Pastor.

La muestra ha supuesto un importante esfuerzo de búsqueda y recopilación de las piezas, en algunos casos también de restauración, pues al tratarse de obras de carácter experimental solían usarse materiales endebles. Ha sido decisiva la colaboración de entidades y organismos, como l’IVAM, el MACA de Alicante, la Fundació Bancaixa o la Fundación Juan March y el Museo Francisco Sobrino entre otros. La coordinadora técnica es Lydia Frasquet Bellver

La exposición está dividida en tres espacios. En primer lugar, las diferentes obras previas de Michavila, Sanz, Sempere, Sobrino, Teixidor e Yturralde, antes de 1968 y 1969. La segunda parte de la muestra se centra en la producción de Antes del Arte, una concepción de la creación artística desde una perspectiva experimental, donde la óptica, la geometría o la cinética toman parte. En el tercer espacio, las obras de los autores una vez concluida la experimentación con el arte y sus variaciones. Yturralde, por ejemplo, continuó en la misma línea de sus trabajos previos en Antes del Arte; otros, como De Soto, siguieron caminos bien distintos.

Sempere, 'Ley de la buena forma'. Imagen cortesía de Santiago Pastor.

Sempere, ‘Ley de la buena forma’. Imagen cortesía de Santiago Pastor.

Bel Carrasco

Hernández Pijuan-Sempere, signo y línea en el paisaje

Hernández Pijuan-Sempere, signo y línea en el paisaje
Fundación Museo Salvador Victoria
Calle Hospital, 13, Rubielos de Mora, Teruel
Inauguración el 9 de abril de 2016, a las 20h.

Tanto para Joan Hernández Pijuan como para Eusebio Sempere, el paisaje siempre estuvo fuertemente unido a su trayectoria artística. Durante sus primeras etapas figurativas, el pintor barcelonés realizó obras como Paisatge d´Horta de 1950; el de Onil paisajes de palmeras y en 1949 la acuarela Paisaje, con claras influencias de Paul Klee.

En la década de los sesenta, ya dentro de la abstracción lírica, Sempere profundiza en el tema del paisaje, castellano principalmente. También hizo referencia a las tierras aragonesas, como consecuencia de sus visitas veraniegas a la población turolense de Mosqueruela, lugar de origen de Abel Martín, pintor, amigo y serigrafísta de la obra gráfica de Sempere. Paisaje Aragonés, de 1964, sería un ejemplo. Solo en 1962 llegó a realizar más de veinte paisajes. Tres años más tarde pintó Paisaje lluvioso, Paisaje de junio y Campo de mimbre, donde podemos apreciar la bella gama cromática utilizada, esos verdes de los que habló el pintor Fernando Zóbel:”Sempere consigue unos verdes saturados, húmedos, que no tienen precedente en toda la historia de la pintura”. Es la época de sus viajes a la ciudad de la Casas Colgadas, de los preparativos para la inauguración del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, y de la adquisición de una casa en la parte alta de la ciudad natal de su buen amigo Gustavo Torner. También en 1965 ingresó en la galería Juana Mordó, y para ella realizó su primera carpeta de serigrafías: Las cuatro estaciones, estampada por Abel Martín, quien llegó a realizar para el pintor cinético más de doscientas serigrafías durante toda su trayectoria artística. La carpeta, editada por Mordó, estaba acompañada por textos de Pedro Laín Entralgo.

A partir de 1966 comenzó una larga etapa en la que la geometría toma posesión de la obra, en detrimento de aspectos más líricos y poéticos, aunque con paréntesis como el de 1969 con la carpeta Cuando estuvo en Cuenca D. Luis de Góngora, donde podemos apreciar los colores del paisaje conquense. En los años setenta realizó una decena de obras de carácter paisajista, todas ellas sobre tabla, en las que predomina el formato cuadrado, dividido ópticamente en cuatro cuadrantes delimitados por las rayas finas del gouache; son composiciones con líneas de horizontes claros, colores terrosos y cálidos en la parte inferior, y claros en la superior, en las que en ocasiones aparecen formas que recuerdan el Sol, la Luna o el Arco Iris, un buen ejemplo son Paisaje amarillo (1976); Horizontes y El día, la noche, la tierra (1978); y El día y la noche (1979). También vemos las líneas del horizonte en composiciones monocromas, como en Espacio Ocre de 1977, donde nos sugiere un paisaje más geometrizado.

Hernández Pijuan, tras dejar atrás una etapa de investigación pictórica basada en la relación entre el espacio y el objeto, en la que convirtió en imagen elementos como el huevo, las tijeras, la regla o la cinta métrica, llegó al paisaje a principios de los setenta. Realizó la serie Acotacions, obras monocromas de sutiles gradaciones verdes, paisajes de la población de Folquer que el autor interiorizó y plasmó sobre la tela de manera minuciosa, con pinceladas cortas y sucesivas, llegando a provocar la sensación de la insignificancia que tiene del hombre ante la naturaleza. En alguna de las composiciones pintó en su centro una centenaria encina, la que podía ver desde su estudio a través de la pequeña ventana que daba a la Sierra de Comiols. En 1976 estampó Proyectos para un paisaje y diez aguafuertes y aguatintas para La Polígrafa, donde el color es capaz de crear una atmósfera cálida y profunda, al igual que en el aguafuerte y aguatinta Doble paisatge de 1977.

Detalle de la exposición: "Hernández Pijuan-Sempere, signo y línea en el paisaje." 2016 Cortesía del Museo Salvador Victoria

Detalle de la exposición: «Hernández Pijuan-Sempere, signo y línea en el paisaje.» 2016 Cortesía del Museo Salvador Victoria.

En el verano de 1980, en su estudio de la Casa Gran de Folquer, realizó dos pequeños óleos preparatorios para el gran formato Tríptic de Montargull, a los que tituló Colors per tríptic de Montargull, piezas que hacen clara referencia al paisaje de la pequeña localidad leridana del mismo nombre. Paisajes de pinceladas de óleo en tonalidades ocre, como los campos de cereales presentes en esta comarca de la Noguera, que nos hipnotizan hasta hacer difícil apartar la mirada.

Si para Sempere los primeros años de la década de los ochenta son el fin de su carrera debido a su enfermedad y fallecimiento en 1985, para Hernández Pijuan es el arranque de una nueva etapa, tal vez la más conocida por el gran público. El pintor de Folquer en los veranos de principios de los ochenta desplazó su estudio a una de las plantas inferiores de la Casa Gran, donde ya no le era posible observar el paisaje de manera directa. Desde este nuevo emplazamiento nos habló de la memoria de un paisaje sintetizado en signos. Las mallas, los caminos, la morera, el ciprés o las nubes serán sus referentes.

Con la llegada de los noventa, el pintor de silencios trabajó sobre grandes superficies y sin apenas elementos iconográficos. A partir de una masa central de óleo y esmaltes industriales, el autor esparcía la materia y la modulaba sobre la tela, dejando zonas muy densas en el centro y otras sin apenas textura, en los bordes del lienzo. La luz y la oscuridad se disputan el espacio ocupado y el vacío. Toda esta superficie es surcada por líneas que se entrecruzan a modo de malla metálica o de caminos encontrados.

Hernández Pijuan en sus últimos óleos utilizó el color blanco como fondo, y sobre éste extendió una mancha negra, rotunda y dramática, como presagio de un final próximo. En una de sus últimas reflexiones escribió: “podría decir también que se trata de convertir el paisaje en algo que uno mira“.