La mujer y la ciencia ficción

#MAKMALibros #MAKMAOpinión | MAKMA ISSUE #02
Elia Barceló
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2019
Domingo 2 de agosto de 2020

‘La mujer y la ciencia ficción’ es uno de los títulos más frecuentes en tertulias, mesas redondas, artículos de fanzines e, incluso, publicaciones académicas. O al menos lo ha sido hasta hace muy poco. 

Tenemos tanta costumbre de oírlo que casi ni nos llama la atención o, incluso, puede parecernos moderno, progresista, casi feminista, el unir estos dos términos tan dispares. ¿Tan dispares? Porque esa es la cuestión, que lo que implica ese título es que se trata de dos ámbitos que a nadie se le ocurriría poner juntos. ‘La berenjena y el chocolate’ o, todavía más atrevido, ‘La berenjena y la máquina de coser’. 

¿Alguna vez hemos tenido una tertulia, mesa redonda, conferencia o artículo sobre ‘El hombre y la ciencia ficción’? No, claro, porque se sobreentiende que ese es su dominio, tanto la ciencia como la ficción. Sin embargo, estadísticamente, hay menos lectores que lectoras (en cualquier género) y son muy pocos los hombres que leen ciencia ficción, comparados con los que prefieren la novela negra, el thriller, las historias de espías o los periódicos deportivos. Por no hablar de los que escriben ciencia ficción, que también son apenas un puñado entre los hombres que se dedican a otros géneros. 

ciencia ficción
Páginas iniciales del artículo publicado en MAKMA ISSUE #02.

No obstante, a nadie se le ha ocurrido hablar de ‘El hombre y (el género que sea)’. Desde que existe la escritura, los varones han considerado que todo lo que tenga que ver con creatividad, reflexión, análisis o cualquier actividad del espíritu era de dominio masculino, y las mujeres lo hemos aceptado con más o menos naturalidad, porque siempre nos dijeron que las mujeres no servimos para eso, que las mujeres nunca habíamos aportado al mundo nada que valiera la pena.

En nuestras escuelas jamás nos dijeron que el primer texto occidental que se conserva fue escrito por Enheduanna, una mujer en Sumeria; nunca nos hicieron aprender nombres femeninos y sus obras –que existen, que existieron en todos los siglos, a pesar de las obvias dificultades por la falta de formación para las mujeres–; nos ocultaron los logros de nuestras antepasadas en las ciencias y las artes, para dejar solo –puntualmente– el recuerdo de algunas mujeres que se destacaron por su belleza, su santidad o su perfidia, los únicos campos en los que una mujer tenía derecho a destacar: Eva, Helena de Troya, Penélope, la Virgen María, Cleopatra, Isabel la Católica, Santa Teresa de Jesús, Lucrezia Borgia, Isabel de Inglaterra, Catalina de Rusia, Mata Hari… 

Ha costado mucho ir descubriendo pintoras, músicas, poetas, arquitectas, ingenieras, astrónomas, científicas de todas las ramas… y escritoras de género fantástico y de ciencia ficción. Se ha quitado importancia al hecho de que la primera novela de ciencia ficción –’Frankenstein’–, fue escrita por una mujer: Mary Shelley; y que las primeras novelas de terror fueron escritas por una mujer, que se hizo famosísima en su época: Anne Rathcliffe.

La ciencia ficción como género moderno dio un auténtico salto hacia la calidad literaria cuando, en los años sesenta del siglo veinte, irrumpieron las primeras mujeres en un panorama dominado por hombres que, en su mayor parte, escribían sin muchas ambiciones literarias para un público de hombres que se dedicaban a profesiones técnicas y no tenían mucha cultura de letras. 

Portada de MAKMA ISSUE #02, a partir de una de las obras del proyecto ‘Autocines’ (2019), de la fotógrafa Gala Font de Mora.

Las mujeres, que nos hemos formado en la lectura de obras clásicas de ciencia ficción escritas por hombres, sabemos hacerlo igual que ellos, pero hemos añadido muchos temas nuevos en el género por el simple hecho de que aportamos otra visión, otras preocupaciones. Las escritoras de fantástico y ciencia ficción hemos introducido temas de la enorme problemática del género y el sexo, temas de la maternidad, la reproducción… Problemas que siempre han existido en la realidad, pero que ningún hombre había considerado dignos de pasar a una novela.

A esto se añade que en los últimos tiempos hemos llegado a un nivel de exigencia literario que habría sido casi impensable cuando la CF era un dominio masculino para narrarle a los jóvenes técnicos e ingenieros pequeñas historias con protagonistas que empezaban siendo poca cosa y acababan siendo superhéroes, que rescataban a la chica florero –muchas veces la secretaria de la empresa donde trabajaba el técnico– del pérfido alienígena con pinta de insecto (el famoso BEM, por las siglas de Bug-Eyed Monster) y realizaban el sueño americano siendo ascendidos, comprándose un coche último modelo y una casa con jardín en un buen barrio periférico. 

Las mujeres actuales en la ciencia ficción hacemos cualquier cosa que queramos hacer, porque somos capaces de hacerlo. Hay quien se decanta por el space opera, la gran épica, la parodia, la literatura prospectiva o extrapolativa, la lírica, el terror, la novela enigma… Hay quien trata temas de primer contacto, de robótica, de catástrofes ecológicas, de dilemas éticos, de procreación, de diferentes posibilidades sexuales y eróticas, de batallas galácticas…

No hay ningún camino cerrado para nosotras y las mujeres más jóvenes, las que están empezando ahora, seguramente ni siquiera saben, más que desde una distancia histórica, que hubo un tiempo en que tuvimos que luchar por nuestro derecho a escribir lo que quisiéramos. Hubo un tiempo en el que a mí, por poner un ejemplo personal, un importante escritor alemán me dijo que “cómo es posible que una chica tan joven y tan simpática haya escrito un relato tan espantoso” (se refería a ‘Loca’, que estuvo nominado al Ignotus de 1994 y acaba de ser reeditado en la antología ‘Insólitas’, compilada por Teresa López-Pellisa y Ricard Ruíz) y que cuando escribiera “algo más bonito” (sic), le encantaría poder publicármelo. 

Nunca volví a mandarle nada y, desde entonces, he escrito con total pasión y libertad, he encontrado editoriales que han querido publicarlo, así como lectoras y lectores a los que no les ha importado que la autora fuera una mujer y escribiera ciencia ficción. 

‘Demon Girl III’, de la ilustradora De la Cage.

Elia Barceló

Este artículo fue publicado en MAKMA ISSUE #02, revista especial en papel con motivo del sexto aniversario de MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, en junio de 2019.

Los 30.000 kilómetros a pie de San Juan de la Cruz

El preso de la ballena, de Eduardo Alonso
Atrio Llibres

“Venerado en su tiempo y raro en la actualidad”. Así describe Eduardo Alonso al célebre poeta místico San Juan de la Cruz, a quien novela en El preso de la ballena (Atrio Llibres). Venerado como santo, que no todavía entonces por su deslumbrante poesía, y raro en nuestros días, porque su renuncia a todo placer terrenal chocaría con los hábitos del consumo actual, del “placer al instante”, que recuerda el propio Alonso. “Personaje contradictorio y por tanto interesante”, destaca quien da cuenta de esas contradicciones en un libro que le ha llevado 15 años escribir, entre parones e investigación documental.

Siguiendo los pasos, fruto de esa labor investigadora y, literalmente, de calcular la distancia recorrida por el místico en su aventura de “oración, mortificación y ayuno”, Alonso calcula que pudo andar 30.000 kilómetros. Andanzas que empiezan cuando descubre siendo muy joven su vocación espiritual, que le llevará de un lugar a otro persiguiendo lo que fray Juan explicó a la mismísima Santa Teresa: “Nuestra primera empresa es perseguir la libertad interior”.

Portada del libro El preso de la ballena, de Eduardo Alonso. Atrio Llibres.

Portada del libro El preso de la ballena, de Eduardo Alonso. Atrio Llibres.

El preso de la ballena, porque así se sentía el místico en la vida terrenal que comparaba con esa ballena de la novela, narra las peripecias de San Juan de la Cruz como hombre, más allá de su condición de inmenso poeta, en el marco de la “desconcertada España” de la segunda mitad del siglo XVI. Una España en la que “muchas gentes pobres se iban a las ciudades o se echaban a los caminos” repletos de “mendigos y pícaros”. O donde muchos otros “buscaban refugio en los conventos” o se aventuraban “en una nao con destino a las Indias y los más azogados se hacían soldados para vivir la vida de un sorbo intenso”, que Alonso lo resume así en el libro: “España, mi natura; Italia, mi ventura; Flandes, mi sepultura”.

Con un rico lenguaje y descripciones pormenorizadas de los asuntos cotidianos que iban trenzando la vida de San de la Cruz, Eduardo Alonso dice haber intentado “construir la identidad de este personaje en su mundo”. Introvertido, solitario, estudioso, así describe el escritor al santo y poeta cuya “grandeza” estaba en su “simbolismo”. Suyo es el inigualable ‘Cántico espiritual’, en el que articula las posiciones masculina y femenina con arrebatado goce. En todo caso, Alonso se detiene en lo prosaico de su igualmente apasionada vida.

Y lo hace incluyendo pasajes sorprendentes. Como el dedicado a su segunda noche de internado como joven novicio, en la que fue despertado y llevado a rastros a una estancia contigua. “Mámalo, le dijeron, obligándolo a chupar el miembro enhiesto del jefe. Luego se desentendieron y el novato volvió al lecho”. Alonso subraya que lo narrado en El preso de la ballena es fruto de muchas horas de documentación (“cuando empecé hace más de 15 años apenas existía Internet”), que le han permitido recrear con todo lujo de detalles la vida de la época, lo que hacían o no hacían las monjas y con lo que el propio San Juan de la Cruz se iba encontrando.

“Hablo del hombre que fue y el que dicen que fue con el que deseó ser”, observa Alonso, quien preguntado sobre la melancolía del santo afirma: “La melancolía era enfermedad femenina exquisita; de espíritus finos”. Y San Juan de la Cruz lo era. Tanto que abandonó los placeres terrenales para obtenerlos por la vía de la creación, aunque ésta la hiciera incluso “de rodillas sobre guijarros”, para espantar posibles satisfacciones. Precisamente las que resulta imposible ahuyentar leyendo su poesía. O las que destilan las páginas de El preso de la ballena.

Eduardo Alonso con su libro El preso de la ballena entre las manos. Fotografía: Silvia Zarza.

Eduardo Alonso con su libro El preso de la ballena entre las manos. Fotografía: Silvia Zarza.

Salva Torres

El Carmen ‘obligado’ a acoger a Císcar

Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia

“Vivo sin vivir en mí”, que decía Santa Teresa. Felipe Garín, director del Centro del Carmen, podría decir algo parecido. La exposición ‘Espacialismo Cromático’, dedicada a la santa con motivo de la celebración del V Centenario de su nacimiento, en cuyo comisariado participa Consuelo Císcar, ha encontrado hueco en El Carmen. Lo ha tenido que encontrar. Después de que fuera rechazada por el actual director del IVAM, José Miguel G. Cortés, Garín se ha visto ‘obligado’ a encajarla entre dos de sus exposiciones programadas por decisión de las altas instancias.

“Me pidieron de la Conselleria de Cultura que hiciera un hueco a la exposición, y es lo que he hecho”, aseguró Garín en el contexto de presentación de la Colección Mariano Yera. Estaba pensada para la Sala la Muralla del IVAM, cuando Consuelo Císcar regía los destinos del instituto valenciano. Pero la actual dirección del museo rechazó tal posibilidad. De manera que la exposición, para no quedarse en el limbo, recala en El Carmen a petición expresa de la Conselleria de Cultura. Será presentada el próximo 17 de febrero y permanecerá por espacio de un mes largo.

Obra de Equipo Crónica de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Obra de Equipo Crónica de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

‘Espacialismo cromático’ es una muestra dedicada a la figura de Santa Teresa de Jesús con motivo de la celebración del V Centenario de su nacimiento y dentro del programa cultural previsto a nivel estatal para este año 2015. La exposición cuenta con varios comisarios, entre ellos José Siles y la ex directora del IVAM Consuelo Císcar, recuperada de esta forma para la causa artística en Valencia poco menos de un año después de su ¿dimisión? al frente del museo valenciano.

La selección de piezas para la exposición procede, en muchos casos, de los propios fondos del IVAM, que cederá obras para este proyecto ‘encajado’ en El Centro del Carmen, tras su rechazo por parte del actual equipo de dirección del instituto de arte moderno. ‘Espacialismo cromático’ forma parte de un programa global elaborado por la Comisión Ejecutiva para el V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús, promovida desde el Gobierno Central, que incluye proyectos de distintas administraciones y entidades para conmemorar la vida y obra de una de las máximas exponentes del Siglo de Oro español.

Obra de Manuel Miralles de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Obra de Manuel Miralles de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

El Museo de Bellas Artes inaugurará también en Valencia, del 15 de junio al 1 de septiembre de 2015, una muestra sobre La Huella de Teresa de Jesús en el Arte Valenciano, según adelanta Daniel Borrás en El Mundo Comunidad Valenciana. Dirigida por el catedrático de Historia del Arte en la Universidad de Valencia Daniel Benito, estará compuesta por obras de José de Ribera y por los lunetos de José Vergara Gimeno (Valencia 1726-1799), que relatan pasajes de la vida de la Santa, procedentes del desaparecido Convento de San Felipe en Valencia. Además, se expondrán obras de Andrea Vaccaro, Gaspar de la Huerta, Vicente Salvador Gómez y algunas otras obras procedentes de museos de Valencia.

Obra de Manuel Quejido de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Obra de Manuel Quejido de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Salva Torres

Una mujer llamada Teresa

‘Teresa de Ávila’, de Enrique Belloch
Teatro Talía
C / Caballeros, 31. Valencia
Hasta el 14 de septiembre

Algunos personajes históricos poseen un carácter tan universal y potente que mantienen su vigencia a lo largo de los siglos. Vidas intensas, obras brillantes que se reutilizan una y otra vez como materia prima de historias imaginarias. Teresa de Cepeda y Ahumada, más conocida como Santa Teresa de Jesús, es uno de esos personajes memorables e inmortales. Su figura ha inspirado desde composiciones musicales a obras de teatro, o películas, como las de Juan de Orduña (1961) o Josefina Molina (1984).

La gran mística y viajera se sube de nuevo a escena en un montaje dirigido por Enrique Belloch que estrena la temporada del teatro Talía, ‘Teresa de Ávila’ y permanecerá en cartel hasta el 14 de septiembre. Blanca Beneito, una  actriz de 25 años, se pone en la piel de una mujer adelantada a su tiempo, capaz de enfrentarse al poder.

Una escena de 'Teresa de Ávila', de Enrique Belloch. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Una escena de ‘Teresa de Ávila’, de Enrique Belloch. Imagen cortesía de Teatre Talia.

“Fue muy activa y muy fuerte, de una gran determinación para hacer las cosas que quería”, dice Beneito. “En este aspecto me identifico mucho con ella, pero fue duro ponerme en situación para encarnarla a lo largo de su vida, desde los 15 a los 67 años”.

Fue Beneito quien instó a Belloch para montar una pieza en la que pudiera demostrar sus dotes actorales. La obra elegida, una de las escritas por José María Rodríguez Méndez, ‘Teresa de Ávila’, que Belloch recibió como legado tras la muerte de su amigo y colega.

Un ‘milagro’ de la santa

Recién salido de una de esas malas rachas en las que se acumulan de forma dramática golpes y pérdidas, el veterano hombre de teatro y cine reemprende una nueva etapa bajo el efecto milagroso de la santa y el apoyo de sus incondicionales amigos. “He pasado una temporada de pena y aflicción por la muerte de seres queridos y la desaparición de mi productora a causa de los impagos de Canal Nou”, confiesa. “Pero ya he salido del hoyo gracias en gran parte a la ayuda de mis amigos”.

Varios de ellos participan en el proyecto: Francis Montesinos en el vestuario, Ángel Aguadé en la escenografía, Paco Belda en la iluminación y el cineasta José Enrique March en la producción.

Una escena de 'Teresa de Ávila', con Blanca Beneito, dirigida por Enrique Belloch. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Una escena de ‘Teresa de Ávila’, con Blanca Beneito, dirigida por Enrique Belloch. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Rodríguez Méndez fue un gran amante de los escritores místicos, pero en esta obra resalta sobre todo la dimensión humana de Teresa, “una mujer de mucho carácter, incluso agresiva y violenta, que plantó cara a los poderes establecidos”, dice Belloch. Decidió incorporar los personajes de dos pícaros, que encarnan Pablo Carbonell e Isidoro Gasque, para darle «más forma y agilidad espectáculo».

Escoltada por ellos,  Beneito describe a lo largo de 80 minutos, todo un tour de forcé, la evolución de una mujer singular, apoyada por cambios de vestuario a modo de liturgia que se realizan en escena. De la lujosa ropa de noble al sobrio hábito de monja.

El montaje incluye la actuación del coro Veus en l’aire, acompañado de música de cítara interpretada por monjas del Convento Carmelitas Descalzas de Puzol. La obra forma parte de los actos de celebración del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa que se celebra el próximo año.

Blanca Beneito en una escena de 'Teresa de Ávila', de Enrique Belloch. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Blanca Beneito en una escena de ‘Teresa de Ávila’, de Enrique Belloch. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Bel Carrasco