Fallece el coleccionista Vicent Madramany

Vicent Madramany (L’Alcudia, 1946). Coleccionista y mecenas
Director de À cent mètres du centre du monde, de Perpignan (Francia)
Sábado 31 de marzo de 2018
Con motivo de su fallecimiento el 29 de marzo, reproducimos la entrevista realizada en la Fundación Chirivella Soriano como parte responsable de la exposición de Artur Heras.
Descanse en paz.

“Coleccionistas de verdad hay muy pocos”, advierte Vicent Madramany. Le faltó añadir que él es uno de ellos. Director del museo de arte contemporáneo de Perpiñán, que lleva el significativo nombre de À cent mètres du centre du monde, en alusión a Dalí, Madramany se acercó a Valencia como parte responsable de la exposición de Artur Heras en la Fundación Chirivella Soriano. De las 44 piezas exhibidas, 42 pertenecen a su colección; las otras dos son propiedad del propio artista. Piezas de gran formato que, a modo de antológica, permiten contemplar 50 años del trabajo de Heras, los que van de 1964 a 2013 (Ver: https://www.makma.net/seduccion-iconografica-elegante-protesta/).

Aunque “lo importante son los artistas”, razón por la cual Vicent Madramany prefirió mantenerse en un segundo plano durante la presentación de la antológica, lo cierto es que su trayectoria como coleccionista bien merece un aparte. Su trabajo de importación y exportación de frutas le llevó, entre otros lugares, a Perpignan, donde fue barruntando la idea de crear un museo de arte contemporáneo. Idea que dio sus frutos (nunca mejor dicho), tras la compra de un viejo almacén de frutas y verduras, que se hallaba muy cerca de la estación de tren de Perpignan, a la que Salvador Dalí dedicó una de sus obras tras delirante visión: “El universo, que es una de las cosas más limitadas que existe, sería –guardando las proporciones, similar por su estructura a la estación de Perpignan”.

Vicent Madramany, junto a la obra 'Consum nacional brut' de Artur Heras. Foto: MAKMA

Vicent Madramany, junto a la obra ‘Consum nacional brut’ de Artur Heras. Foto: MAKMA

Madramany, haciendo uso explícito del delirio daliniano, bautizó su museo tomando como referencia esas palabras y los aproximadamente 100 metros que lo separaran de la estación de tren: À cent mètres du centre du monde. Museo del que provienen la 42 piezas de Artur Heras y donde Madramany acumula y exhibe obras principalmente de artistas valencianos y franceses. “El coleccionista es la persona que intenta hacer un homenaje a los artistas coleccionando su obra para que perdure en el tiempo”. Nada que ver con los coleccionistas que, como champiñones, brotaron a causa del esplendor inmobiliario. “Hay quienes han comprado arte por una finalidad especulativa, como un producto financiero”.

Madramany entiende que esa “especulación del producto artístico” ha terminado por “marear mucho” el mercado del arte. “Ha habido un exceso de artistas y de obras”, lo mismo que “hay muchos museos que son almacenes de obras mediocres”, y pone como ejemplos el Hermitage de San Petersburgo o el Louvre de París. “Prefiero el Museo del Prado o la National Gallery de Londres”. Para Madramany, “la pintura, salvo milagros, no es una inversión”. Y como “el olvido” suele ser a su juicio el “destino normal de la mayor parte de la obra creativa”, la función del coleccionista es la de poder “rescatar” de ese olvido a los artistas.

Vicent Madramany, junto a la obra 'Consum nacional brut' de Artur Heras. Foto: MAKMA

Vicent Madramany, junto a la obra ‘Consum nacional brut’ de Artur Heras. Foto: MAKMA

“Hay mucha gente que invierte, pero coleccionistas de verdad, los que lo hacen por placer, no abundan, y no es el principal motor del mercado del arte”. Conjugar ese placer, que permite dar testimonio de la “obra bien hecha”, con la justa proporción de rentabilidad derivada del valor creativo, es lo que Vicent Madramany persigue con su colección de obras en À cent métres du centre du monde. Casi medio centenar está ahora en la Fundación Chirivella Soriano. Piezas de gran formato, porque “una obra cuando es buena tiene más fuerza a tamaño grande”. Que es lo que le suceden a las 44 piezas de Artur Heras. Madramany está de enhorabuena.

Vicent Madramany, al lado de la obra 'El sueño del capitán España' de Artur Heras. Foto: MAKMA

Vicent Madramany, al lado de la obra ‘El sueño del capitán España’ de Artur Heras. Foto: MAKMA

Salva Torres

La mayor intimidad de World Press Photo

World Press Photo Valencia
Fundación Chirivella Soriano
C / Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 13 de marzo de 2016

La fotografía ganadora del último World Press Photo es “poco común”. Lo dijo Paul Ruseler, representante de la organización que desde 1955 celebra el famoso concurso, explicando enseguida el por qué: “Generalmente las imágenes premiadas reflejan conflictos y esta no lo hace”. Lo que hace Mads Nissen, el fotógrafo galardonado, es recoger un momento íntimo de la vida de Jon y Alex, una pareja gay en San Petersburgo, donde la homosexualidad está discriminada legal y socialmente. Esa imagen “pura” contrasta, según Ruseler, “con la violencia contra el colectivo gay en Rusia”.

Fotografía de Liu Song. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Liu Song. World Press Photo Valencia.

Las 140 fotografías, divididas en nueve categorías, que ocupan la Fundación Chirivella Soriano, con declinarse más hacia esa intimidad, no dejan de reflejar la violencia de la que huye la imagen ganadora. Violencia más tamizada, pero muy presente en el conjunto expositivo. El drama de los refugiados, con esa patera rebosante de inmigrantes que fotografía Massimo Sestini; los enfrentamientos en Kiev, con decenas de muertos (imagen de Jérôme Sessini), o la guerra entre palestinos e israelíes tomada por Tyler Hicks en una playa de Gaza, son expresiones elocuentes de esa violencia o crudeza que contrasta con la instantánea de Nissen.

Fotografía de Massimo Sestini. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Massimo Sestini. World Press Photo Valencia.

Como recordó Ruseler, World Press Photo ha estrenado código ético, implantado a la edición de 2016, con el fin de poner ciertos límites a la manipulación de las fotografías, tal y como ocurrió con la ganadora de 2013 obra de Paul Hansen. Aún así, la línea roja sigue siendo cosa del jurado que, en esta ocasión, tuvo que elegir entre las casi 100.000 presentadas. “No es un muro técnico, ni una regla de exclusión”, explicó Ruseler en relación con ese código ético. De hecho, la fotografía de Mads Nissen, al reflejar la intimidad de Jon y Alex de forma tan escenográfica, ya corre el riesgo de parecer impostada. De nuevo Ruseler: “El jurado llamó al fotógrafo para preguntarle por las condiciones a la hora de hacer ese trabajo”.

Fotografía de Anand Varma. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Anand Varma. World Press Photo Valencia.

De lo que no cabe duda es que World Press Photo, bajo la organización de Doctornopo, se consolida en Valencia al repetir por cuarto año en la Fundación Chirivella Soriano y haber cerrado un acuerdo por otros dos años. El Ayuntamiento de Valencia, más implicado, Banco Sabadell y Heineken España sostienen el proyecto. “La pasada edición recibió a más de 7.000 visitantes”, destacó Pablo Brezo, director de un evento que transmite en las visitas guiadas gran parte de su espíritu. “Queremos que el ciudadano traspase lo que hay en la imagen, que adopte una posición crítica”, señaló Brezo.

Fotografía de Tyler Hicks. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Tyler Hicks. World Press Photo Valencia.

La intención es precisamente dar ese salto de la imagen espectacular, impactante, propia de la sociedad de consumo, a esa otra más reflexiva y analítica por la que aboga Doctornopo. Noticias de actualidad, temas o reportajes contemporáneos, proyectos, vida cotidiana, retratos, naturaleza o deportes reflejan ese amplio caleidoscopio del fotoperiodismo a nivel mundial. Fotógrafos de 131 países, ninguno español (“aunque se han presentado 181”, subrayó Ruseler), están representados en la exposición que permanecerá hasta el 13 de marzo en el Palau Joan de Valeriola. Sólo Carlos Spottorno, pero en la categoría de Corto Documental Online, ha sido galardonado con el tercer premio.

Fotografía de Kapcer Kowalski. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Kapcer Kowalski. World Press Photo Valencia.

Ruseler, entre esas imágenes alejadas de la crudeza y más próximas al relato humano, destacó la de Messi, obra de Bao Tailiang, en la que el jugador argentino observa meditabundo la Copa del Mundo que perdió ante Alemania en 2014. También los ‘Efectos secundarios’ de Kacper Kowalski captan con sutileza la relación entre los seres humanos y la naturaleza vista desde un parapente a unos 150 metros de altura. Y, como novedad, la reproducción de la fotografía ganadora mediante la técnica Didú de Estudios Durero, para que pueda ser disfrutada por personas con discapacidad visual. Más poética, más sensible, más íntima: así aterriza la 61 edición de World Press Photo en Valencia.

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Salva Torres

Un día con El hombre de la cámara

El hombre de la cámara, de Dziga Vertov
Sala Berlanga de La Filmoteca de CulturArts
Plaza del Ayuntamiento, 18. Valencia
Jueves 28 de enero, a las 19.00h

La Filmoteca de CulturArts proyecta el jueves 28 de enero (19.00h), en la sala Berlanga, El hombre de la cámara (1929) de Dziga Vertov, dentro del ciclo semanal ‘Básicos Filmoteca’, que en esta edición se centra en la historia del cine documental. La presentación de la película y el posterior coloquio correrán a cargo del profesor de la Universitat de València, Juan Miguel Company. La proyección contará con el acompañamiento musical al piano de Arcadi Valiente.

Considerado como uno de los grandes clásicos del cine documental y experimental del cine soviético en su etapa más brillante, El hombre de la cámara muestra un día en la vida de un operador soviético, dedicado a filmar San Petesburgo desde el amanecer hasta la noche.

El hombre de la cámara, de Dziga Vertov. Imagen cortesía de La Filmoteca de CulturArts.

El hombre de la cámara, de Dziga Vertov. Imagen cortesía de La Filmoteca de CulturArts.

El film de Dziga Vertov (1896-1954) se ha relacionado con un tipo de documentales urbanos que tuvo éxito en los años veinte, las “sinfonías de grandes ciudades”, ejemplificadas por películas como Berlín, sinfonía de una gran ciudad (1927), de Walter Ruttmann, o Lluvia (1929) de Joris Ivens. La película de Vertov se distingue  por intentar  realizar un análisis marxista de las relaciones sociales mediante el montaje.

Las sesiones de ciclo semanal ‘Básicos Filmoteca’ se celebran todos los jueves a partir de las 19 horas, son de un marcado carácter didáctico y cuentan con una presentación y un coloquio a cargo de un especialista cinematográfico. Al igual que en las anteriores ediciones, algunas de las películas serán presentadas por críticos de la revista Caimán Cuadernos de Cine, colaboradora del proyecto.

El hombre de la cámara, de Dziga Vertov. Imagen cortesía de La Filmoteca de CulturArts.

El hombre de la cámara, de Dziga Vertov. Imagen cortesía de La Filmoteca de CulturArts.

Duato y Valdés en blanco y negro

Cartes de visite, de Andrea Santolaya
Palau de la Música de Valencia
Paseo Alameda, 30. Valencia
Hasta finales de noviembre

Blanco y negro. Nueva York y San Petersburgo. Sobre estas cuatro coordenadas la fotógrafa Andrea Santolaya ofrece un retrato insólito de dos grandes artistas valencianos: Nacho Duato y Manolo Valdés. Es ‘Cartes de visite’, una exposición que se acaba de inaugurar en el Palau de la Música. Distribuidas en dos espacios simétricos, 28 fotografías plasman la trastienda, el lado oculto de sendos creadores universales. El Ballet Mikhailovsky de San Petersburgo bajo el influjo innovador de Duato y el Jardín Botánico de Nueva York habitado por las esculturas de Valdés.

En las 16 imágenes dedicadas al ballet, Santolaya elude las actuaciones sobre el escenario para profundizar en la vida cotidiana de los bailarines. “Es de una búsqueda de las raíces del ballet desde un ángulo distinto. La parte humana de los bailarines; sus familiares, hijos, la preparación constante, los ensayos y momentos previos a la entrada en escena, así como el uso tradicional del maquillaje y estilismo”, dice.

Fotografía de Andrea Santolaya en la exposición 'Cartes de visite' del Palau de la Música de Valencia. Imagen cortesía de la autora.

Fotografía de Andrea Santolaya en la exposición ‘Cartes de visite’ del Palau de la Música de Valencia. Imagen cortesía de la autora.

“He querido mostrar de manera clara lo que de otra manera sería un misterio brumoso. Nacho Duato me brindó la oportunidad única de adentrarme en el teatro y tuve acceso total a vestuarios, bailarines, camerinos, vestuario, montaje, desmontaje, proyectos, idea y maquetas”. Blanco y negro. Tarjeta de visita. Dos conceptos que remiten a la atemporalidad, a una época anterior también. Esa es la idea que subraya la exposición en la que las esculturas de Valdés son tratadas como un árbol más, incrustadas en el conjunto del jardín.

Artista cosmopolita

Nacida en Madrid, Santolaya es una artista cosmopolita que se mueve sin parar por el mundo. Ha vivido en cinco países y en los últimos  tres  años  ha viajado por Rusia, Venezuela, Estados Unidos y Francia. Nieta de Eugenia Niño, impulsora y directora de la Galería SEN durante 40 años, creció  en plena Movida, rodeada de  pintores, escritores, dibujantes. “A los  16 años mi padre me regaló una cámara de fotos cuando vivíamos en Londres, donde intentaba adaptarme al nuevo cambio y captar imágenes se convirtió en una locura que aún persiste”, recuerda.

Fotografía de Andrea Santolaya en la exposición 'Cartes de visite' del Palau de la Música. Imagen cortesía de la autora.

Fotografía de Andrea Santolaya en la exposición ‘Cartes de visite’ del Palau de la Música. Imagen cortesía de la autora.

“La fotografía me ayudó a adaptarme a una nueva ciudad, y esta capacidad de adaptación se ha convertido en el impulso para continuar con nuevos proyectos fotográficos. La fotografía me ofrece la oportunidad de adentrarme en mundos totalmente dispares, conocer a personas y lugares inalcanzables si no fuera a través del intercambio que quiero generar con la fotografía”.

Alberto García-Alix, Carlos García-Alix, Andrew Moore, Philip Perkis y Manolo Valdés son los artistas que más le han influido en su trayectoria, siempre fiel al blanco y negro.  “Se centra más en las ideas que en el sujeto y transmite una sensación de atemporalidad”, dice. “No desdeño las nuevas tecnologías, pero las combino con métodos artesanales”.

Fotografía de Andrea Santolaya en la exposición 'Cartes de visite' del Palau de la Música de Valencia. Imagen cortesía de la autora.

Fotografía de Andrea Santolaya en la exposición ‘Cartes de visite’ del Palau de la Música de Valencia. Imagen cortesía de la autora.

El delta del río Amacuro, en Venezuela, o el  Gleason’s Gym, el gimnasio pugilístico más antiguo de Estados Unidos, son algunos lugares insólitos que la artista ha explorado en sus últimos trabajos. Mondo Galería de Madrid inaugura el próximo mes de noviembre, ‘Waniku’, donde retumba el agua, su trabajo sobre la etnia warao de Venezuela. Siguiendo las huellas de los antiguos misioneros y los exploradores del siglo pasado,  Santolaya explora el estrecho vínculo que une la misteriosa naturaleza del Delta con la figura de la mujer en la cultura warao. Un viaje a través del tiempo en busca del paraíso perdido.

Fotografía de Andrea Santolaya en la exposición 'Cartes de visite', del Palau de la Música de Valencia. Imagen cortesía de la autora.

Fotografía de Andrea Santolaya en la exposición ‘Cartes de visite’, del Palau de la Música de Valencia. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

Tras el rastro parisino de Cortázar

Diario de París, de Miguel Herráez
Editorial Trea

Hay que haber alcanzado la cima de la madurez y asentarse sobre una sólida carrera literaria para permitirse el lujo de escribir un libro como éste. ‘Diario de París’ con 26 notas a pie, de Miguel Herráez, combina las rutas por el París de Cortázar con una serie de evocaciones íntimas de su propia infancia en Valencia. Londres, Nueva York, Moscú, San Petersburgo, Praga y Buenos Aires también aparecen en esta selecta guía para viajeros sin prisas, que recorren las ciudades en busca de las huellas que dejaron en ellas grandes escritores.

Miguel Herráez, autor del libro 'Diario de París', de la editorial Trea. Imagen cortesía del autor.

Miguel Herráez, autor del libro ‘Diario de París’, de la editorial Trea. Imagen cortesía del autor.

Publicado por el sello Trea, que acaba de recibir un premio nacional a su labor editora, el libro es fruto de las numerosas visitas de Herráez a la École Normale Supérieure de París y otros de sus trayectos por el mundo. Catedrático de Literatura Española de la Universidad Cardenal Herrera, es uno de los grandes expertos en Cortázar, con tres estudios en su haber, y autor de numerosos ensayos y novelas.

“A Julio Cortázar se le suele ligar siempre a la orilla izquierda, el Barrio Latino hasta Montparnasse”, dice Herráez. “Pero también le gustaba mucho el París del norte, justamente donde vivió la última etapa de su vida, en la rue Martel. La zona de los pasajes, los grandes bulevares, los alrededores del canal de Saint-Martin, L´Arsenal. Es inevitable caminar, por ejemplo, por la galerie Vivienne y dejar de percibir que es atmósfera cortazariana por su cuento ‘El otro cielo’, o, por supuesto, el Pont des Arts con todas las referencias a Oliveira, la Maga, de ‘Rayuela’.  En mi libro establezco varios espacios Cortázar, que son esenciales para situar su vida y obra”.

Buenos Aires es otra de las capitales más literarias para Herráez, y también Londres, que conecta en su libro con George Orwell y los bombardeos alemanes, el blitz del 41. “Me seduce mucho ese fenómeno, que es una tragedia, precisamente por su componente literario. Del mismo modo, cómo despegar la ciudad de Praga de lo que implicó en primer lugar la figura de Kafka, o El Golem, del austríaco Gustav Meyrink”.

Vista panorámica de París, ciudad cuyo rastro literario sigue Miguel Herráez en su libro 'Diario de París', de la editorial Trea.

Vista panorámica de París, ciudad cuyo rastro literario sigue Miguel Herráez en su libro ‘Diario de París’, de la editorial Trea. Imagen cortesía del autor.

Memoria de ayer

Intercaladas con las rutas de ciudades lejanas, la de la ciudad propia, Valencia en la que nació, vive y escribe. “Ando mucho por Valencia, y lo único que han cambiado sustantivamente desde mi infancia son los nombres de algunas calles”, dice Herráez. “Sigo viendo los bares, cines y los comercios de entonces. Es un ejercicio agridulce, como diría David Le Breton. Quizá tenga también ya su buena carga de nostalgia. Confieso que me sobran palmeras. En mi infancia prevalecían los plátanos, que me agradan más”.

Según el catedrático y escritor, “el imaginario de una ciudad se construye a base de capas, de miradas literarias. Lo que vemos de una ciudad no es la ciudad real, sino la que han visto otros, y que nos la han trasladado por medio de un discurso. Por eso cuando caminas por primera vez por Nueva York tienes la sensación de que ya has estado antes”.

Max Aub, Baroja, Azorín, Ferran Torrent, Josep Francesc Mira o  Manuel Vicent. Son algunos autores que han contribuido con sus libros a recrear una imagen literaria y a la vez reconocible de Valencia, que Herráez ha plasmado en su exquisito y sosegado paseo. En cuanto a la memoria de Blasco Ibáñez, considera que  “se halla muy presente y sobradamente rentabilizada. No es un nombre que decaiga”, concluye.

Julio Cortázar, durante su estancia en París.

Julio Cortázar, durante su estancia en París.

Bel Carrasco

El MuVIM se adentra en el pensamiento salvaje

Otras fronteras

Museo Valenciano de la Ilustración y Modernidad (MuVIM)

C / Quevedo, 2. Valencia

Hasta el 29 de septiembre

El delirio de la razón produce monstruos y el siglo XX tiene un amplio muestrario de ellos en forma de dictadores, ya sean nacionalsocialistas, fascistas o comunistas, incluso de rancio y más cercano abolengo racial. Pero puestos a denostar los efectos indeseados de la racionalidad ilustrada, nos podemos topar con su otra cara romántica, irracionalista, pasional y, en el linde, igualmente destructiva. Por eso conviene articular luces y sombras, mediante relatos simbólicos que canalicen los desvaríos de uno y otro lado.

La coleccionista de Amuletos, María Victoria Liceras, en la exposición Otras fronteras del MuVIM. Fotografía: Pedro Hernández

La coleccionista de Amuletos, María Victoria Liceras, en la exposición Otras fronteras del MuVIM. Fotografía: Pedro Hernández

El director del Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM), Joan Gregori, habló de “la noche de los tiempos” para referirse a la natural tendencia de los seres humanos por los rituales, en tanto formas de “protección contra el mal”. Y Antonio Lis, director de Gestión Cultural de la Diputación de Valencia, señaló que en los momentos de crisis como el que ahora estamos padeciendo, “suele producirse una vuelta a esos mundos antitéticos”. Hastiados de un pensamiento racional que, en lugar de arrojar luz, parece devorado por las sombras de tanta sospecha, buscamos en el denominado pensamiento salvaje, primitivo, la esencia perdida de las cosas.

Para adentrarse en ese pensamiento de otros mundos, que parece columpiarse entre lo pintoresco o exótico y lo atractivo, el MuVIM acoge cuatro exposiciones entrelazadas por el denominador común de Otras fronteras. Cuatro exposiciones repletas de objetos, figuras y ropajes directamente conectados con esos universos espirituales a los que, paradójicamente, volvemos nuestra mirada igualmente hipnotizada por el consumo material que prima en Occidente. Entre los mundos: el chamanismo en los pueblos de Siberia, Fotografiando el Far East, Las brujas y su mundo, y Amuletos son los títulos de unas muestras que permanecerán en el MuVIM hasta el 29 de septiembre.

Imagen de la exposición Otras fronteras, del MuVIM. Fotografía: Pedro Hernández

Imagen de la exposición Otras fronteras, del MuVIM. Fotografía: Pedro Hernández

La amplia colección del Museo Ruso de Etnografía, cuyos objetos salen por primera vez de sus vitrinas de San Petersburgo, permite la contemplación de tambores, baquetas, pecheras, gorros y vestimentas de chamán. Objetos todos ellos que vienen a cumplir una función ritual y simbólica para unos pueblos y sus habitantes que creen en su poder mediador a la hora de ahuyentar los malos espíritus. En ese sentido, se alejan de la estricta finalidad consumista de los objetos de nuestro más inmediato entorno, para transmitir una fuerza ligada a su carácter sagrado. La práctica de los chamanes en la zona de Siberia subraya, a juicio de Joan Gregori, la existencia esas “otras fronteras más allá de las que podemos ver físicamente”, y que entroncan con “la imaginación de los hombres”.

El Far East, siguiendo la estela dejada por el más conocido Far West, también señala esa otra dirección  que tomó el elemento eslavo con relación a Occidente en la conformación del Nuevo Mundo. Otra dirección y otra frontera, establecida por la migración de esos pueblos siberianos con sus rituales y prácticas religiosas diferentes. De nuevo la industrialización y modernidad racionalizadora, en contraste con el residual pensamiento salvaje.

Imagen de la exposición Otras fronteras, del MuVIM. Fotografía: Pedro Hernández

Imagen de la exposición Otras fronteras, del MuVIM. Fotografía: Pedro Hernández

Las brujas y su mundo, comisariada por Salvador Calabuig, es igualmente un acercamiento a esas prácticas asociadas a mundos ocultos, perseguidas por el saber oficial. Estampas de la serie Los caprichos de Goya, la obra de Francisco Mateos y Bernardo Ferrándiz, junto a las de Josep Estruch, Daniel Sabater y José Segrelles, permiten rastrear la huella de conductas asociadas con el diablo, la cara maligna indisociable de nuestra más amable condición humana. La exposición incluye brujas románticas, pero también brujas televisivas, como Averías, o cinematográficas, la de Blair, hasta llegar a la Bruixa d’Or que tantos premios ha repartido en la localidad de Sort.

Imagen de la exposición Otras fronteras, del MuVIM. Foto: Pedro Hernández

Imagen de la exposición Otras fronteras, del MuVIM. Foto: Pedro Hernández

Para la muestra de Amuletos se ha contado con la colección de María Victoria Liceras, compuesta por 400 objetos que siguen evocando ese pensamiento primitivo alejado de la estricta racionalidad. De nuevo la protección contra el mal y, de nuevo, la necesidad humana de encontrar vías simbólicas al sinsentido de la vida. Quizás la crisis, expresión de ese caos de lo real que constantemente nos amenaza, sea momento propicio para el resurgimiento de prácticas que atemperen la angustia existencial. Otras fronteras que, desde luego, dan que pensar. Como da que pensar el lugar elegido para cuatro exposiciones de marcado carácter etnográfico. El Museo de la Beneficencia parece ampliar su radio de acción hasta el MuVIM. Pero esa es otra historia y otra frontera.

Uno de los objetos de la exposición Otras fronteras, del MuVIM. Fotografía: Pedro Hernández

Uno de los objetos de la exposición Otras fronteras, del MuVIM. Fotografía: Pedro Hernández

 Salva Torres