El Congo del Doctor Carsí en 800 piezas

Doctor Carsí, supongo?
Museu Valencià d’Etnologia
C / Corona, 36. Valencia
Hasta el 3 de abril de 2016

No es tan conocido como el famoso doctor David Livingstone. Pero Robert Martinez, comisario de la exposición Doctor Carsí, supongo?, utiliza el “recurso irónico” para establecer una conexión nada descabellada entre ambos médicos y exploradores del alma africana. Como apuntó Paco Tamarit, director del Museu Valencià d’Etnologia, la vida de Mariano Carsí “da para escribir un relato novelado”. Las 800 piezas que integran la exposición, desde máscaras, arcos, marfiles, tallas de madera y fetiches, a óleos, acrílicos, bronces, grabaciones y recortes de prensa, sirven para ilustrar esa novela.

María Londero, viuda del médico de Alfara del Patriarca que recaló en el Congo en 1958, ofreció algunas pinceladas. “Su vida corrió serio riesgo, estando amenazado de muerte en varias ocasiones”. Una de las publicaciones incluidas en la muestra titula: “Heroísmo de un médico español en el Congo”, por negarse a abandonar su hospital ante la llegada de los rebeldes. “Asistió a 11 matanzas en el campo de fútbol”, recuerda Londero. Dos veces estuvo a punto de ser ejecutado, en medio de aquel clima de revueltas que sacudió al país africano en los 60.

Algunas de las piezas de la exposición Doctor Carsí, supongo? Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d'Etnologia.

Algunas de las piezas de la exposición Doctor Carsí, supongo? Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d’Etnologia.

A pesar de todo, Robert Martinez matizó que Doctor Carsí, supongo? no era una exposición “sobre la historia del Congo, ni sobre el arte africano, ni sobre la ayuda humanitaria en el Tercer Mundo”. “Es una exposición sobre el origen de la pérdida”, que el comisario cifró en la melancolía que despiden los objetos en tanto emanación subjetiva de esa pérdida. “Todo objeto exótico es bello porque ha sobrevivido convertido en signo de una vida diferente”, subraya Martinez.

Objetos que han sobrevivido, en el caso de Carsí, dada la pasión del médico que los fue coleccionando y de su viuda que los ha donado al Museu Valencià d’Etnologia. Piezas que vienen a dibujar esa “vida diferente” a la que aludió el comisario y que el diputado de Cultura, Xavier Rius, dijo que era “de justicia poner en valor”, más allá de las condecoraciones que la enaltecen. Y es que por encima de todo, la figura de Mariano Carsí sobresale por el “espíritu humanista” y “carácter abnegado” con los que “se entregó a los otros”, destacaron los responsables de la exposición. Exposición que tiene su parte didáctica en forma de álbum coleccionable (hasta 550) en diversos talleres, evocando la estética de los antiguos álbumes de los 60 y 70.

Una joven observa algunas de las pieza de la exposición Doctor Carsí, supongo? Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d'Etnologia.

Una joven observa algunas de las pieza de la exposición Doctor Carsí, supongo? Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d’Etnologia.

El conocido poéticamente como ‘mal de África’, que afecta a quienes viajan al continente y quedan atrapados por él, se puede ver en Doctor Carsí, supongo?, muestra que ha llevado cinco años de preparación. Grandes colmillos, máscaras, armas de caza (“él no era cazador”), tapices y diversos utensilios dibujan el mapa de esa vida “apasionante” de quien se pasó 40 años en el Congo. Una existencia que su viuda definió así: “Principalmente humana”, en la que “éramos uno para todos y todos para uno”, dados los “vasos comunicantes entre el médico y sus pacientes”. María Londero recordó las “800 intervenciones quirúrgicas” que practicó su marido y cómo, en agradecimiento por las que realizó para superar ciertos casos de  infertilidad, algunas mujeres “pusieron el nombre de Carsí a sus hijos”.

Y aunque la exposición no se centra en la historia del Congo, en los duros avatares de su colonización y descolonización, se deja caer algún que otro mensaje: “Todas las riquezas, que son muchísimas, salen del país a cambio de armas”. No es el caso de las expuestas hasta el 3 de abril en el Museu Valencià d’Etnologia, cuyo valor se  cifra en el relato de vida que ofrecen todas esas piezas acerca de Mariano Carsí, el doctor Livingstone de Alfara del Patriarca.

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Algunas de las piezas de la exposición Doctor Carsí, supongo?. Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d'Etnologia.

Algunas de las piezas de la exposición Doctor Carsí, supongo?. Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d’Etnologia.

Salva Torres

Relatos sin receta

Cuentos encapsulados
Generación Bibliocafé

La literatura es un enorme botiquín repleto de pastillas, apósitos, pomadas y ungüentos. Historias que calman y otras que excitan; historias que conmueven, que hacen pensar o reír, o ambas cosas a la vez. La palabra puede herir como el filo de una espada, pero también tiene un efecto reconfortante y balsámico. Como los 25 Cuentos encapsulados que incluye el último trabajo colectivo de Generación Bibliocafé (GB), el onceavo título que edita este grupo de escritores valencianos que se han atrevido a hablar casi de todo. Los viajes, la gastronomía, las mascotas, el arte, la violencia contra la mujer, la inmigración, etcétera.

Este proyecto surgió en torno al 60 Congreso de Farmacia Hospitalaria, celebrado en Valencia del 10 al 13 de noviembre. María Tordera, miembro de GB, que es también farmacéutica de La Fe, propuso a los organizadores convocar un concurso literario entre los asociados. La idea fue aceptada y se creó un jurado formado por Tordera, Susi Bonilla y Mauro Guillén que selección los mejores relatos, junto a 15 de otros tantos autores de GB y dos escritores invitados: Vicente Marco y Rafael Borrás.

Logotipo de Generación Bibliocafé, editora de Cuentos encapsulados.

Logotipo de Generación Bibliocafé, editora de Cuentos encapsulados.

Arma curativa

Salud y enfermedad están separadas por una línea muy fina que se adelgaza a medida que pasan los años. Cuando se cruza esa frágil frontera y el organismo falla, conceptos como hospital, tratamiento, medicación cobran un significado especial. Se inicia una enconada lucha por la supervivencia en la cual los productos farmacéuticos desempeñan una función esencial como arma curativa.

Describir y dar a conocer el mundo farmacéutico en su faceta hospitalaria es el tema común de todos estos relatos sin receta, pero cada autor lo enfoca de una forma personal, con lo que la lectura resulta amena y variada.

A través de la mirada de un niño que padece un problema de corazón, Susi Bonilla describe en El sótano el ámbito en el que estos profesionales desarrollan su callada labor, casi siempre en los sótanos de los grandes hospitales. “No vendía medicinas como los de la farmacia de la esquina de mi casa (…) Iban vestidos con distintos uniformes, según la misión que tenían que cumplir”.

En La vida es química María Tordera reflexiona sobre la capacidad de percibir sensaciones a través de nuestro complejo cerebro. Cuenta el extraño caso de Hugo, un niño que sufre la enfermedad de Crohn, obligado a alimentarse con nutrición parenteral, que es capaz de distinguir el sabor del chocolate en los nutrientes que le inyectan.

Obra de Horacio Silva para la portada del anterior proyecto 'Por amor al arte', de Generación Bibliocafé.

Obra de Horacio Silva para la portada del anterior proyecto ‘Por amor al arte’, de Generación Bibliocafé.

Crimen en la ‘botica’

La farmacia también tiene su lado oscuro, no hay que olvidar que manipula sustancias peligrosas de gran efecto, que igual curan que matan. María Isabel Peral del Valle crea en Farmacopea el personaje de Tita Chinita, la menor de seis hermanos y nieta del boticario del pueblo que le inicia en los misterios de su oficio. Cuando descubre que su marido le pone los cuernos no duda en prepararle un plato muy especial a base de perdiz espolvoreada por Sales de Heparina que en dos días llevan al infiel al “campo de las malvas”.

José Luis Rodríguez-Núñez viaja a la Valencia de 1473 para tramar, en Una ‘botiga’ particular, un crimen cometido por un aspirante a boticario. Una serie de muertes investigadas por el mossén Narcís Vinyoles en persona que no tarda es esclarecer los hechos y detener al culpable.

Doña María, una farmacéutica de barrio, se enfrenta una mañana de noviembre a un fantasma del pasado es la protagonista de Fórmula magistral de Elena Casero. El militar altivo y despótico que tiempo atrás amargó su trabajo en un hospital de campaña convertido en un anciano vetusto atacado por las ladillas.

In.Aq (En agua) de Gonzalo Muro es un bello relato poético y fantástico, una alegoría libre sobre el mito de Higea, hija de Asclepio, de la que surge el símbolo farmacéutico de la copa y la serpiente.

La nota erótica humorística la pone el cuento de Vicente Marco, Ese otro tipo de sexo, protagonizado por un pobre trastornado que, mientras le someten a unas pruebas en el hospital, imagina que disfruta de una experiencia sexual distinta a todas las que ha conocido.

Imagen promocional de los Cuentos encapsulado. Generación Bibliocafé.

Imagen promocional de Cuentos encapsulado. Generación Bibliocafé.

Bel Carrasco

Enrique Rubio: “La nostalgia está de moda”

Desayunos Makma en Lotelito
Con Enrique Rubio, propietario de Cuadernos Rubio y autor de ‘Mi mamá me mima’ (Espasa)
Entrevistado por Vicente Chambó y Salva Torres, del equipo de dirección de MAKMA

Enrique Rubio lo reconoce, primero por lo bajini y luego abiertamente: “Nos la han atribuido, pero la verdad es que no se encuentra en los Cuadernos Rubio”. Se refiere a la famosa frase Mi mamá me mima, ahora convertida en título del libro que viene a rendir homenaje a su padre Ramón Rubio, fundador de la empresa en 1959, y que supone “un viaje a la nostalgia”. Viaje a través de imágenes y frases recordatorias de aquellos primeros cuadernos de caligrafía y matemáticas aparecidos en el franquismo. Eso sí, la frase ya es propiedad de la empresa valenciana: “La hemos registrado”.

Enrique Rubio, con Eva Montesinos al fondo, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

Enrique Rubio, con Eva Montesinos al fondo, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

Enrique Rubio recogió el testigo de su padre ya avanzada la década de los 90, tras escuchar a alguien decir: “¿Pero aún existen los Cuadernos Rubio?” Y lo primero que hizo, en un momento de pérdida de identidad de la empresa, fue recuperar la imagen tradicional de los colores verde y amarillo de los cuadernos, y cambiar las frases con el fin de adaptarlas a los nuevos tiempos. De aquellas ‘África está habitada por negros’, ‘Los indios viven en chozas’ o ‘¿Cumples los diez mandamientos?’, se ha pasado a frases comprometidas con la igualdad, el medio ambiente, las energías renovables o la salud.

Enrique Rubio, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Enrique Rubio, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

“En los periodos de bonanza es cuando hay que prepararse para la crisis”

“De la marca no se vive y había que modernizarse”, explica Enrique Rubio. Modernización en los contenidos y en la forma de trabajar en plena era de Internet. De hecho, el 29 de octubre inauguran imprenta en su nueva nave de Quart de Poblet, donde además presentarán ese mismo día su Aula Museo en la que se recrea un aula de los años 60 con productos de la época.

Todo ello después de crecer en facturación y de vender “más que hace siete u ocho años”. ¿La clave? “En los periodos de bonanza económica hay que prepararse para la crisis, porque sabemos que éstas son cíclicas”. Lo que ha permitido a Cuadernos Rubio ser en todo momento una empresa saneada con facilidad a la hora de obtener financiación bancaria en tiempos de vacas flacas. Su salto al mercado alemán hace un par de años así lo demuestra. “Se vende en Alemania, pero cuesta”, reconoce Rubio, aunque subraya que se trata del mismo problema con el que se encontró su padre cuando empezó en España. También está previsto impulsar la publicación en Latinoamérica: “Está previsto que lo hagamos en 2016”.

Enrique Rubio, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Enrique Rubio, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

“Ahora los niños escriben mucho menos; su infancia es la del ordenador”

Mi mamá me mima, cuya redacción de textos para la editorial Espasa ha sido obra de Mariola Cubells, va en esa línea de recuperar el pasado con vistas a impulsarse hacia el futuro. “Se está poniendo de moda lo retro; su poder nostálgico”. Enrique Rubio no sabe exactamente por qué, pero lo cierto es que la nostalgia vende. “A la gente le emociona recordar las tardes en que coloreaban alguno de aquellos cuadernos”.

Ejemplar del libro 'Mi mamá me mima', de Enrique Rubio, en los Desayunos Makma de Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

Ejemplar del libro ‘Mi mamá me mima’, de Enrique Rubio, en los Desayunos Makma de Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

O los ejercicios de caligrafía. “Ahora los niños escriben mucho menos, porque su infancia es la de los ordenadores, los videojuegos, las multipantallas o los iPads”. Y, sin embargo, “se ha demostrado que la caligrafía tiene un valor pedagógico muy grande, porque estimula partes del cerebro que en la infancia se halla en plena transformación”. De ahí quizás el éxito hoy en día de Cuadernos Rubio. Como se recoge en el libro, “si alguien en aquel momento le hubiera dicho [a su padre] que en 2014, por ejemplo, se iban a vender más de cuatro millones de ejemplares de aquellos cuadernillos artesanales, probablemente se hubiera partido de la risa”.

Enrique Rubio, con Eva Montesinos a su lado, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito, con Salva Torres (de blanco) y Vicente Chambó. Foto: Fernando Ruiz.

Enrique Rubio, con Eva Montesinos a su lado, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito, con Salva Torres (de blanco) y Vicente Chambó. Foto: Fernando Ruiz.

“En Cataluña existe un nacionalismo muy potente”

En el mercado nacional, Cuadernos Rubio se vende casi por igual en casi todas las comunidades autónomas. “Quizás algo más en Andalucía, por tener más población”, y algo menos en Cataluña, “porque si estás solo en castellano te penaliza, cosa que no ocurre en Valencia, ni tampoco en Galicia o el País Vasco”. Con todo, hace tres años que se ha traducido al catalán y, como destaca Rubio, “se nota en las ventas”. Como se nota, a tenor de su experiencia, que en Cataluña “existe un nacionalismo muy potente”.

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Salva Torres

Mundo B (Bajo sospecha) de Mavi Escamilla

Mundo B, de Mavi Escamilla
Presentación del Catálogo de la Exposición
Martes 14 de julio, a las 19.30h
Aula Magna
Centre Cultural La Nau de la Universitat de València
Calle de la Universidad, 2. Valencia
Hasta el 27 de septiembre de 2015

Tres cosas hay en la vida (dice la canción): salud, dinero y amor. Y el que tenga esas tres cosas que le dé gracias a Dios. Mavi Escamilla que, junto a Miki Leal, ganó la XII Bienal Martínez Guerricabeitia en 2014, maneja esa terna con una visión más oscura, de ahí los chorretones que a modo de lágrimas negras ensucian su pintura. Suciedad que, a tenor de lo visto en el medio centenar de piezas que exhibe en La Nau, proviene sin duda del dinero, de cuyos usos y abusos se nutre Escamilla para construir ese ‘Mundo B’ que da título al conjunto expositivo.

Obras de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B del Centre Cultural La Nau.

Obras de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B del Centre Cultural La Nau.

Que los trabajos expuestos sean de 2007 a 2010, en pleno azote de la crisis económica, se antoja mera coincidencia. Porque lo cierto es que el dinero, ya lo dijo Quevedo, es poderoso caballero, y de eso hace ya 400 años. Lo mismo cabe decir del amor, objeto de múltiples agravios desde tiempos del Marqués de Sade, y ahora igualmente denostado por las urgencias del placer que dicta el más torvo capitalismo. Y si hablamos de las armas que igualmente constituyen motivo de su obra, ahí está la milenaria tradición guerrera para echar por tierra su simple actualidad.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B. Sala Martínez Guerricabietia del Centre Cultural La Nau.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B. Sala Martínez Guerricabietia del Centre Cultural La Nau.

El ‘Mundo B’ en el que hurga Mavi Escamilla, teniendo al dinero, el sexo y las armas como protagonistas, adquiere relevancia por su tratamiento. Diríase que bajo la cara A de un mundo más amable se escondiera la cara B de una realidad más siniestra. Un mundo que Escamilla coloca bajo sospecha, ya sea poniendo toda la carne en el asador de la pulsión (sexual, económica), o bien mostrando la putrefacción de tanta carnalidad sometida al imperio de la corrupción. Sospecha que sirve a la artista para poner en relación el gesto seductor de las mujeres que ofrecen sus cuerpos, con la fuerza igualmente seductora del dinero cuya visa oro todo lo puede.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B del Centre Cultural La Nau.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B del Centre Cultural La Nau.

Señora B, la pieza incorporada a la Colección Martínez Guerricabeitia desencadenante de la exposición, ejemplifica ese poder del dinero, bajo cuyo oropel late una majestuosa calavera. Porque la calavera es otro de los emblemas de ese ‘Mundo B’ que Escamilla pone bajo sospecha. Y resulta sin duda inquietantemente cautivador ese universo donde alternan, nunca mejor dicho, mujeres de alterne y hombres silenciados por cierto afán de posesión desmedida. Porque, en el fondo, lo que provocan esas lágrimas negras en los cuadros de Mavi Escamilla es la conversión de todo el mundo representado en objetos de intercambio.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición 'Mundo B' del Centre Cultural La Nau.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición ‘Mundo B’ del Centre Cultural La Nau.

Por eso las mujeres, los hombres, las pistolas, las tarjetas visa oro y hasta las naturalezas son, qué duda cabe, muertas. Todo ello sometido a la implacable lógica del mercado, allí donde los sujetos son meros objetos y los objetos han perdido su digno valor de uso. Escamilla, como bien sintetiza en ‘I Trust Me’, relega la confianza en Dios (‘In God We Trust’) sustituyéndola por la fe ciega en un dinero emblema de nuestra identidad líquida

‘Mundo B’, como esas facturas en B o cara oculta del capitalismo, del que Mavi Escamilla da buena cuenta en su obra plagada de sujetos inertes, cadavéricos, armados y desalmados (fríos, sin alma), bañados en tinta que en ocasiones chorrea. Lágrimas negras de un universo, todo él, habitado por objetos que se adueñan del sujeto hasta vaciarlo por dentro. Un carrusel de muertos vivientes.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B del Centre Cultural La Nau.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B del Centre Cultural La Nau.

Salva Torres

Crepúsculo de un Rey

Final de partida, de Ana Romero
La Esfera de los Libros

Los reyes y los héroes siempre suscitan el interés del público. Y todavía más los antihéroes o los monarcas caídos a los pies de los caballos (o de un elefante). Este interés, equidistante entre el morbo y la legítima curiosidad por las figuras públicas, explica en parte el éxito de ‘Final de partida’, un libro de la veterana periodista Ana Romero escrito con conocimiento de causa y sin paños calientes que encabeza esta primavera las listas de best sellers.

La crónica de los hechos que llevaron a la abdicación de Juan Carlos I es el subtítulo de este retrato doblemente real, más en oscuros que en claros, que va más allá de la figura del monarca para reflejar a los personajes de la alta política y sociedad que le jalearon las gracias y lo protegieron de la Prensa, hasta que ya no se pudo más y las costuras del cordón sanitario reventaron.

Portada del libro 'Final de partida', de Ana Romero. La Esfera de los Libros

Portada del libro ‘Final de partida’, de Ana Romero. La Esfera de los Libros

El título ‘Final de partida’ remite a una obra de Samuel Beckett, ambientada en un espacio claustrofóbico, en la que un personaje le dice al otro: ‘Será el fin y me preguntaré qué pudo ocasionarlo y me preguntaré por qué tardó tanto’.

Romero no se inventa nada, aunque en su relato a veces la realidad supera la ficción. Se basa en cinco años de trabajo, decenas de entrevistas a personajes clave en el entorno del monarca y su propia experiencia como corresponsal en la Casa Real. “En mayo de 2010 ocupé ese puesto en El Mundo y al principio pensé que iba a hacer crónica rosa, pero me equivocaba”, dice Romero. “Me vi inmersa en una vorágine donde la monarquía y la alta política se mezclaba con el mundo empresarial y el establishment español”.

Lento declive

El declive del Juan Carlos I no fue cosa de un día, sino un largo proceso en el que convergieron un cúmulo de circunstancias: problemas de salud, amores no tan secretos, el asunto Nóos, etcétera. “En 1992 y 1997 ya se produjeron sendos amagos de escándalo a causa de sus líos de faldas, con una mallorquina y con la actriz Bárbara Rey”, cuenta Romero. “Entonces los barones del sistema hicieron piña para proteger al rey con una especie de cordón sanitario que mantenía amordazada a la prensa”.

El 14 de abril de 2012 fue una fecha decisiva, el amanecer de un regio crepúsculo. “El asunto del elefante fue la gota que desbordó el vaso. Las redes sociales la emprendieron con los medios tradicionales españoles. A partir de la caída en Botsuana, la puerta se abrió de par en par y por ella entraron a borbotones todo tipo de noticias, incluidas las averías de los aviones oficiales, metáfora perfecta de la crisis institucional y personal que sufrió la monarquía. Ocurrió todo al mismo tiempo, y cuando peor venía a todos. ‘Se le marchitó el clavel’, me dijo con gran clarividencia una persona de su entorno”.

Paul Preston explica el declive real en la búsqueda a una edad tardía del ‘descanso del guerrero’. Otros testimonios recogidos por Romero señalan que ‘dejó de entender al país y pensó que se lo perdonarían todo’.

'Final de partida', de Ana Romero. La Esfera de los Libros.

‘Final de partida’, de Ana Romero. La Esfera de los Libros.

En su libro, Romero cita a un amigo que lo quiere bien, quien compara el efecto de esta adulación con la «mala educación» que recibió su abuelo Alfonso XIII, mimado desde que nació hasta convertirse en un ser insoportable. La carta blanca que le concedió el sistema político, económico y social de la Transición le hizo relajar sus costumbres hasta niveles «inaceptables», según otro entrevistado.

Los acontecimientos se precipitaron en 2004. En febrero conoció a Corinna; en abril entró en prisión su amigo e intendente real, Manuel Prado, y en verano, el monarca hizo un préstamo-donación de más de un millón de euros a la infanta Cristina para que esta, junto a su marido, adquiriera el palacete de Pedralbes.

Campechano. Es  el epíteto que más se relaciona con Juan Carlos, el hombre que se impacientó con aquel ¡¿Por qué no te callas?! “Ese exabrupto lo retrata”, afirma Romero. “Es muy simpático pero sólo cuando él quiere. Tiene un gran olfato para los negocios y podría dar el tipo del típico comerciante levantino”.

Futuro de la monarquía

En cuanto al futuro de la institución en Europa y España, Ana Romero opina que «la monarquía está inmersa en un experimento que determinará si tiene o no lugar en una sociedad moderna».

“Si quiere sobrevivir deberá adaptar su origen arcaico a las exigencias de los nuevos tiempos y, sobre todo, que no se reproduzcan los esquemas infantiles e inmaduros que se han dado en el caso de Juan Carlos I. Mi libro pone en evidencia la necesidad de que exista un control sobre el trono y total transparencia. Creo que Felipe VI estará a la altura”.

¿Y Leticia? “Letizia todavía es una incógnita. De momento suscita sentimientos muy extremados de amor y odio, pero supongo que con el tiempo se irán equilibrando”.

Ana Romero (Cádiz, 1966) ha trabajado en Diario de Cádiz, Agencia EFE y El Mundo. Es autora de ‘Retratos del siglo XXI’ y ‘Carmen, Suárez y el Rey. El triángulo de la transición’. Ha sido corresponsal en Nueva York y Londres y ha vivido varios años en Abu Dabi por destino diplomático.

Ana Romero en la presentación de su libro 'Final de partida'. Imagen de Europa Press.

Ana Romero en la presentación de su libro ‘Final de partida’. Imagen de Europa Press.

Bel Carrasco

Ver visiones: la juventud

Ver visiones. Reinterpretando el presente
Centro del Carmen
C/ Museo, 2. Valencia
Comisariado por Álvaro de los Ángeles y José Luis Pérez Pont
Hasta el 13 de julio de 2014

Darío Villalba (Galería Luis Adelantado) / Amparo Tormo (Galería Thema)
CIS: Los problemas de índole social / Los problemas relacionados con la juventud

Vista de sala con obras de Amparo Tormo en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

Vista de sala con obras de Amparo Tormo en Ver visiones. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

Sería por el año 1994 cuando leyendo el diario autobiográfico de Peter Bayne, se despertara en mí la curiosidad y me levantase a rebuscar en el último cajón de mi escritorio. «¡Bien! Encontré la regla». Decididamente, con la intención de comprobar si la investigación del médico americano que señalaba el protagonista era verdad, me bajé el pantalón, seguido de mis calzoncillos, y coloqué la regla sobre mi pene. El protagonista hablaba de la existencia de una correspondencia entre la edad de los chicos u hombres y la longitud del pene. «Puedo estar tranquilo, el mío entra en la media». El libro Diari d’un jove maniàtic se convirtió en una especie de guía de salud y, sobre todo, de sexualidad para parte de los jóvenes que cursaban la asignatura de valenciano en la década de los noventa. En él se trataban de una forma divertida los problemas y dudas que tienen los jóvenes.

Vista de sala con obras de Darío Villalba y Amparo Tormo en Ver Visiones. Imagen cortesía de los artistas y galerías Luis Adelantado y Thema.

Vista de sala con obras de Darío Villalba y Amparo Tormo en Ver Visiones. Imagen cortesía de los artistas y galerías Luis Adelantado y Thema.

Pero más allá de estas anécdotas juveniles, se suele pensar que los jóvenes adolescentes, tanto los de antes como los de ahora, se preocupan sobre todo por temas relacionados con la sexualidad –la masturbación, la pérdida de la virginidad, el interés por cuidar o resaltar el propio atractivo–. Y quizá sí haya algo de cierto en ello, de hecho, la iniciación en la práctica sexual en el colectivo juvenil es cada vez más prematura con un alarmante aumento de riesgos como los embarazos o el contagio de enfermedades. La necesidad de conocer y experimentar con el propio cuerpo y con el del otro, así como de establecer la identidad sexual y de género son cuestiones necesarias para la constitución de nuestro yo, que ahora se nos muestra múltiple y mutable. Sin embargo, si acudimos al Informe de la Juventud de España de 2012 es significativo que entre los aspectos más relevantes que afectan a la gente joven, la sexualidad se sitúa por detrás de cuestiones como la amistad, la familia, la salud, el trabajo, el ocio, los estudios o el dinero. La particularidad es que estos valores son tratados desde una posición individualista, hedonista, donde se da prioridad al aquí y ahora, y se desea retrasar cualquier responsabilidad. Estamos inmersos en una sociedad de yoicos o sociedad del yo, siguiendo al sociólogo alemán Ulrich Beck.

Vista de sala con obras de Darío Villalba. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Luis Adelantado.

Vista de sala con obras de Darío Villalba en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Luis Adelantado.

En el trabajo más reciente de Darío Villalba, lo carnal y lo sexual –como parte fundamental de la realidad del ser humano– aparece de una forma más rotunda y evidente. La insistencia por encontrar ese deseo (sexual) en la vida misma, así como su interés por el cuerpo y el placer, consecuencia de su experimentación, le ha llevado a recurrir a imágenes de chicos jóvenes y atractivos. Tanto el políptico Homeless doble (2009) como en el de Picadilly Rent (2013) presentan una composición y un lenguaje muy similar: el rostro de un joven se repite en varias ocasiones y se acompaña de imágenes del sexo del retratado. Villalba pinta con imágenes fotográficas todo el poder e intensidad emocional de las figuras, captando todo su exceso. Aunque siempre abordado desde una visión metafísica en el que los temas existenciales y los conflictos vitales de este mundo se manifiestan. Si bien, advertiremos que en ambos casos se trata de seres límite o marginados: un doble retrato sonriente de un joven rubio que dormía en la calle y un chapero adolescente del Picadilly Circus. Individuos que, en definitiva, han sido excluidos por su miseria física y existencial.

Vista de sala con obra de Darío Villalba. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Luis Adelantado.

Vista de sala con obra de Darío Villalba en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Luis Adelantado.

Los principales problemas de exclusión social de los jóvenes a día de hoy son el paro y los problemas eco­nómicos. Muchos jóvenes españoles se ven actualmente empujados hacia el abismo. Según la Encuesta de Población Activa del cuarto trimestre de 2013 más del 55% de los jóvenes se encuentran en paro (el doble que la tasa de desempleo en 1999), siendo el colectivo más castigado por la crisis económica. De los que el 15,6% ni trabajan ni estudian o como bien indicaba José Luis Sampedro, “ni tiene nada ni aspira a nada”. Como consecuencia de esta situación, más de la mitad de los jóvenes viven actualmente en casa de sus padres sin conseguir emanciparse. A esto hay que sumarle la precarización de los con­tratos, la disminución del salario medio y el recorte de las horas laborales. La idea que prevalecía en las generaciones pasadas de relacionar empleo con seguridad ha desaparecido. Ya no existe un trabajo de por vida, ni opciones donde elegir, lo que provoca una ruptura generacional, expulsando a los jóvenes del sistema. Así, estos se ven sumidos dentro de profundos cambios e incertidumbres, en los que la deriva, según Zygmunt Bauman, se presenta como una de las características de nuestro tiempo.

Vista de sala con obra de Amparo Tormo. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

Vista de sala con obra de Amparo Tormo en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

La incertidumbre causada por no saber a qué nos enfrentamos es un recurso particular en el trabajo de Amparo Tormo. La artista produce un extrañamiento entre sus obras y el espectador a partir, no sólo de la confusión por no reconocer a simple vista los materiales utilizados, sino también por las composiciones que elabora. En su pieza La duda (2010) provoca una tensión pues la estructura principal –una figura rectangular de dm lacada en negro– aparece en un equilibrio aparente al quedar suspendida casi en el aire. Sobre ella se apoyan diversas placas de metal que refuerzan esa idea de inestabilidad. En la segunda obra seleccionada, el “elemento peso” condiciona la dirección de la línea, formando un ángulo de 90º. Le interesa enfatizar el espacio creado entre las diferentes piezas con el fin de contraponer la sensación de pesadez –aquello evidente– e inestabilidad –aquello imprevisible–. Las trayectorias, que para los jóvenes antes eran claras y fijas, ahora se mueven en un contexto de gran vulnerabilidad y precariedad. Los referentes se han desdibujado o, como en los dibujos de Tormo, tachados o silenciados. Ahora sólo cabe empezar de nuevo, plantear alternativas, que ni los mismos adultos ni las instituciones saben. Y mientras tanto, sólo queda resistir.

Vista de sala con obra de Amparo Tormo. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

Vista de sala con obra de Amparo Tormo en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

José Luis Giner Borrull