El Festival de Cannes, por Pedro Hernández

Cannes, Boulevard de la Croisette (1980-1991)
Pedro Hernández
Festival de Cannes
La 67ª edición concluye el sábado 24 de mayo

Como no podía ser de otra manera, el Festival de Cannes arrancó el miércoles 14 con polémica, debida a la presentación de la película Grace de Mónaco, de Olivier Dahan, protagonizada por Nicole Kidman. Forma parte del ADN del certamen. Polémica no exenta del grado de provocación que los organizadores del festival han ido alimentando edición tras edición, hasta llegar a la 67ª que concluye el próximo sábado 24 por exigencias del guión: al día siguiente hay elecciones europeas.

Fotografías de Pedro Hernández, por cortesía del autor.

Fotografías de Pedro Hernández, por cortesía del autor.

El Festival de Cannes nació al hilo de declararse la II Guerra Mundial, a modo de protesta por lo acontecido en Venecia, donde triunfaron películas italianas y alemanas arropadas por el contexto de exaltación patria. Tuvo que pasar la contienda bélica para ver la primera edición en Cannes. En 1954, justo ahora hace 60 años, se produjo otro revolcón decisivo en la imagen del certamen: la actriz Simone Silva mostraba sus pechos al aire, abrazándose jovial a un no menos jovial Robert Mitchum. Nacía la sensualidad provocadora que ha caracterizado al Festival de Cannes, y de la que Brigitte Bardot dio buena cuenta citándose con los periodistas cada año en la playa objeto de intensas sesiones fotográficas.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Pedro Hernández, nacido en El Cabanyal de Valencia, se adentró en ese mundo de erotismo cinematográfico, tras recalar en Marsella por exigencias del guión franquista. Armado con su cámara de reportero gráfico, acudió al Festival de Cannes durante 11 años para retratar como ninguno esa atmósfera de libertad, no exenta de calculada provocación, que se respiraba por dentro y por fuera del certamen. Aquellas imágenes, que Simone Silva inauguró para deleite de la prensa y del público voyeur, con actrices y modelos haciendo topless y mostrando sus encantos más allá de toda prenda, serían hoy en día políticamente incorrectas.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Los desnudos playeros, taladrados por los objetivos de un sinfín de periodistas, han pasado a mejor vida, transformados ahora en grandes escotes y transparencias sobre una atiborrada y más glamurosa alfombra roja. No está bien visto que la mujer pose semidesnuda en la playa de Cannes, objeto de lascivas miradas. Quien desee recuperar esa visión cuya carnalidad hoy sigue asombrando, deberá depositar su mirada en vestidos cuyo coste marea, enfundados en actrices que brillan engalanadas con joyas de cifras igualmente mareantes.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Pedro Hernández retrató durante años esa cara lúdica, publicitaria, provocativa, sensual y, debidamente encuadrada y trabajada la luz radiante que venía de esa Cannes florida, sin duda artística. Lo hizo a contracorriente, situándose allí donde nadie lo hacía; captando del Festival de Cannes, no sólo el glamour de las estrellas, sino el halo que dejaba en las miradas e incluso el silencio que, una vez pasado ese primer fulgor, Pedro Hernández reflejaba en forma de simetrías y composiciones de indudable cualidad estética.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Aprovechando los días que aún quedan para que concluya la 67ª edición del Festival de Cannes, mostramos un buen puñado de aquellas imágenes que Pedro Hernández ha expuesto en diversos espacios bajo el título de ‘Cannes. Boulevard de la Croisette (1980-1991)’. Imágenes cuyo visionado resume el pasado del certamen que premió Viridiana, de Luis Buñuel, La Dolce Vita, de Federico Fellini, Blow-up, de Michelangelo Antonioni, Taxi Driver, de Martin Scorsese, Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola, Bailando en la oscuridad de Lars von Trier o El Pianista, de Roman Polanski, pero que se alarga hasta el presente, dejando huella de las transformaciones del festival bajo un mismo corolario de industria que se alimenta a partes iguales de cierto imaginario, cierta economía del derroche y el trasfondo artístico que parece quedar eclipsado por el glamour y las cifras.

Fotografías de Pedro Hernández, por cortesía del autor.

Fotografías de Pedro Hernández, por cortesía del autor.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández

Foto: Pedro Hernández

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández

Marie Trintignant. Foto: Pedro Hernández

Vittorio Gassman. Foto: Pedro Hernández.

Vittorio Gassman. Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Salva Torres

«Marilyn era el sueño de todo fotógrafo»

Marilyn and Me and More. América en los 60, por Lawrence Schiller
Kir Royal Gallery
Reina Doña Germana, 25. Valencia
Hasta el 23 de noviembre

“Su piel mojada brillaba. Sus ojos centelleaban. Su sonrisa era provocativa. La curva de su espina dorsal complementó las suyas naturales, mientras se reflejaban en el agua las luces y toda la escena brillaba”. Así recuerda Lawrence Schiller aquella sesión de fotos junto a la piscina donde se rodaba la última película inacabada de Marilyn Monroe, Something’s Got to Give (1962). No sólo eso. Schiller, que ya había fotografiado a la actriz durante el rodaje de El multimillonario (1960), se quedó esta vez atónito. “Ella fue la que se quitó el bañador. Nadie le dijo que lo hiciera. Sabía que eso le daría publicidad en todo el mundo. Se explotaba a sí misma y nosotros éramos sus instrumentos”.

Imagen de Marilyn Monroe en la exposición de Kir Royal. Foto: Lawrence Schiller.

Imagen de Marilyn Monroe en la exposición de Kir Royal. Foto: Lawrence Schiller.

Será la primera vez que esas fotografías se vean en España. La galería Kir Royal, tras pasar por Mondo Galería de Madrid, acoge una selección de aquellas imágenes. Imágenes en color y en blanco y negro de una Marilyn arrebatadora. “Marilyn era el sueño de todo fotógrafo: imponente con la ropa puesta, pero más sin ella”. La imagen en que aparece desnuda de espaldas, sentada al borde de la piscina, está valorada en 6.000 euros. Forma parte de la exposición Marilyn and Me and More. La América de los 60 que hoy se inaugura en Kir Royal. Pero no se hagan ilusiones: todas las copias de esa imagen están ya vendidas.

Imagen de Marilyn Monroe. Foto: Lawrence Schiller.

Imagen de Marilyn Monroe. Foto: Lawrence Schiller.

“CON AUDREY HEPBURN SIEMPRE ERA LA MISMA FOTOGRAFÍA”

Lawrence Schiller recuerda el magnetismo que desprendía Marilyn Monroe cuando se ponía delante de una cámara. “Había sido fotografiada por los grandes. Sabía cómo posar. Con ella, todas las fotografías eran diferentes. Con Audrey Hepburn, por ejemplo, era siempre la misma fotografía”. Cuando Schiller se encontró con ella por primera vez “estaba muerto de miedo”. Tanto es así que decidió ponerse a hablar para tapar sus inseguridades. “Me dijo: ‘Hola, Larry de Look. Yo soy Marilyn’. Y yo le contesté: ‘Soy el lobo malo’. Creo que le gusté. Era una persona muy profesional, sabía lo que quería y cómo aparecer en las fotografías”.

– ¿Pero era tan bella? ¿Dónde residía su belleza?

– “Le sacaba la sonrisa a los hombres cuando contoneaba las caderas mientras caminaba. Sabía cómo hacer esas cosas que la hacían única. Parte de su magia era que sabía cómo ser una persona diferente para cada uno de nosotros”.

Imagen de Marilyn Monroe en la exposición de Kir Royal. Foto: Lawrence Schiller

Imagen de Marilyn Monroe en la exposición de Kir Royal. Foto: Lawrence Schiller

“MARILYN SABÍA CÓMO SER ADORABLE, ABRAZABLE”

Cuenta Larry Schiller que Marilyn estaba tan segura de sí misma delante de la cámara que su seguridad era contagiosa. “No había ningún indicio en esa mujer que hiciese pensar que había tenido problemas durante la mayor parte de su vida”.

– ¿Era tan tentadora como frágil?

– “Sabía cómo ser juguetona, cómo guiñar un ojo, cómo ser deseada. Sabía cómo ser adorable, abrazable, follable. Pero también fue alguien que sobrevivió, que aguantó tantas palizas, que fue de casas de acogida a orfanatos, y que miró el matrimonio cuando tenía dieciséis años como una manera de salir de la miseria y la inseguridad. Pero un matrimonio feliz, con éxito y duradero no estaba escrito para ella”.

Imagen de Marilyn Monroe en la exposición de Kir Royal. Fotografía: Lawrence Schiller.

Imagen de Marilyn Monroe en la exposición de Kir Royal. Fotografía: Lawrence Schiller.

Schiller afirma que a Marilyn nunca le faltó compañía masculina, desde fotógrafos como Sam Shaw y Milton Greene, “que la adoraba”, hasta actores como Marlon Brando, Frank Sinatra, Yves Montand y Tony Curtis, pasando por poderosos ejecutivos de estudio, directores o políticos como Jack y Bobby Kennedy, “que puede que la explotasen”. Y agrega: “Fue una mujer que luchó por mantenerse viva y que no tenía confianza en sí misma para triunfar”.

Imagen de Bette Davis en la exposición de Kir Royal. Foto: Lawrence Schiller

Imagen de Bette Davis en la exposición de Kir Royal. Foto: Lawrence Schiller

“A ROBERT MITCHUM LE ENCANTABA PERSEGUIR A LAS MUJERES”

La exposición de Kir Royal es Marilyn and Me, referido al propio Larry Schiller que la fotografió, pero algo más. Y ese algo más (and More) tiene que ver con las numerosas estrellas de Hollywood que Schiller inmortalizó y que también aparecen en la muestra: Paul Newman, Robert Redford, Bette Davis, Barbra Streisand, Robert Mitchum o Clint Eastwood, entre otras. Estrellas de las que guarda singulares recuerdos.

Robert Redford y Paul Newman jugando al ping pong. Foto: Lawrence Schiller.

Robert Redford y Paul Newman jugando al ping pong. Foto: Lawrence Schiller.

“La que más me sorprendió fue Bette Davis. Era una mujer lista, franca, directa al grano. Las arrugas de su cara contaban la historia de su vida. Me enseñó que no se entiende nada de la vida hasta que no te has divorciado varias veces”. De Paul Newman recuerda que era “un bromista; quería divertirse y, con él, las cosas más difíciles eran fáciles”. Robert Redford era “un hombre de negocios, familiar, leal, un auténtico ecologista”. Y de Robert Mitchum recuerda que, además de un gran actor, “le encantaba perseguir a las mujeres”.

A Larry Schiller, a sus 77 años y con decenas de exposiciones alrededor del mundo, no sólo le gusta “recordar el pasado”, sino “trabajar duro cada día, defender los derechos de autor, pasármelo bien y ser mejor”. Siempre termina diciendo que “lo mejor está por venir”, aunque las fotografías de Marilyn Monroe desnuda en aquella piscina le persigan de por vida.

Imagen de Marilyn Monroe expuesta en Kir Royal y valorada en 6.000€, de la que ya no quedan copias. Foto: Lawrence Schiller.

Imagen de Marilyn Monroe expuesta en Kir Royal y valorada en 6.000€, de la que ya no quedan copias. Foto: Lawrence Schiller.

Salva Torres