Jürgen Schadeberg, canícula y conflicto

Fallece el fotógrafo alemán Jürgen Schadeberg a los 89 años
‘Jürgen Schadeberg, canícula y conflicto’
‘Realismo(s) & Playa’ | Revista Canibaal nº10
Octubre de 2018
Domingo 30 de agosto de 2020

Con motivo del fallecimiento del fotógrafo alemán Jürgen Schadeberg a los 89 años, MAKMA reproduce el reportaje que Jose Ramón Alarcón y Ximo Rochera –junto con Merche Medina– llevaron a cabo para el décimo (y último) número de la revista Canibaal –’Realismo(s) & Playa‘ (octubre de 2018)–.

Bajo la tórrida canícula de Barx –municipio montañoso de la comarca de la Safor, al sureste de la provincia de València– habita junto a su esposa Claudia (desde hace casi un lustro y por estocásticos motivos de amistad y errática búsqueda) una figura ineludible en el horizonte diacrónico de la historia de la fotografía, aquella que discurre bajo el convulso calor de la segunda mitad del siglo xx: Jürgen Schadeberg (Berlín, 1931).

La obra del octogenario fotógrafo alemán se ha ecumenizado como testimonio inmediato de cuantos acontecimientos acaecieron en Sudáfrica a partir de la década de los cincuenta –tras el acceso al poder del Partido Nacionalista de François Malan y la institucionalización del vergonzante sistema de segregación racial internacionalmente conocido como apartheid–, así como la ulterior y contemporánea República parlamentaria del África Austral en tiempos de liderazgo del Congreso Nacional Africano (CNA), abanderado por el eximio abogado y activista Nelson Rolihlahla Mandela.

Imagen de portada del reportaje publicado en ‘Realismo(s) & Playa’ (Canibaal nº10), en octubre de 2018. Foto: Merche Medina.

No en vano, su conspicua instantánea de un introspectivo presidente Madiba oteando a través de los barrotes de la que fue su celda en el penal de Robben Island es considerada una de las cincuenta fotografías icónicas del siglo pasado, razón de peso para que este extremo de su vastísima producción suela atraer sobre sí buena parte de los encomios y atenciones conferidos a su trabajo.

Sin embargo, no es únicamente esta veta de su longeva tarea la que, en principio, comanda las inquietudes del presente artículo. Con motivo de la primera edición del Festival del Libro SINDOKMA, organizado en València en noviembre de 2016 por la revista MAKMA, y gracias a la labor de Juan Pedro Font de Mora (director de la Librería Railowsky), Schadeberg tuvo ocasión de compartir con el público algunos de los acentos más significativos de su trayectoria vital y profesional, reportando a quienes suscribimos un motivo de atención que podría consumarse en forma de encuentro con el autor alemán cuando la ocasión y los proyectos respectivos volvieran a aproximarse.

De este modo, la decisión de articular el décimo número de la revista Canibaal en torno a los conceptos ‘realismo(s)’ y ‘playa’ tornaba conveniente y plausible la idea de retomar contacto y visitar la hacienda mediterránea del fotógrafo berlinés –paradigma de cuantas razones y semánticas puedan argüirse sobre el propósito de la revista en su (por el momento) último número– con el fin de transitar por el azaroso territorio de la memoria y descubrir algunos aspectos determinantes de su semblanza profesional.

«La suerte es ser el primero en llegar, el primero en narrar o mostrar»

Un autor como Schadeberg, cuya ilustración infante, en plenos albores de la Segunda Segunda Guerra Mundial, se gesta «a partir de las lecturas de Tolstói (León), Dostoievski (Fiódor), Chéjov (Antón) o Upton Sinclair» mientras es «testigo, cuando era muy pequeño, de la Noche de los Cristales Rotos» y que dispara su primera fotografía –tras la popular lente de una Instamatic– en un húmedo refugio antiaéreo berlinés (en 1942), a la par que, como declara nuestro autor, «tomé mi primera cerveza», parece haber sido nebulosamente destinado a solidificar testimonio, a documentar la existencia de todo lo que envuelve su fascinante y ubicuo horizonte vital, jalonado por acontecimientos que trascienden la mera y personal magnitud biográfica.

Página interior del reportaje publicado en ‘Realismo(s) & Playa’ (Canibaal nº10), en octubre de 2018.

«Era como estar sentado encima de una bomba, en el centro de la bomba; un momento de extraordinaria tensión»

Tras la senda del segundo matrimonio de su madre, que en Alemania «era una actriz de reparto y tenía amigos artistas a los que solía escucharles hablar», recala en el país sudafricano en 1950 –«Sudáfrica era terrorífica, una área de conflicto»–, en el que desarrollará su decisiva labor como fotógrafo documental (Leica M o Rolleiflex de formato medio en mano) y director artístico de la revista Drum (denominada en su inicios Africa Drum), icónico magazín de reportajes de investigación, vida urbana y hedonista de Sophia Town –popular suburbio negro de Johannesburgo–, perfumada con los influjos estéticos de la cultura negra norteamericana.

Schadeberg orienta su voluntad de retratar el pulso cotidiano de la excluida periferia y denunciar las insalubres condiciones laborales de buena parte de la mano de obra nativa en el cinturón minero del país sin obtener respaldo: «Fui a los periódicos y nadie quería saber nada. Envíe mis fotografías y nadie las quería publicar».

«Debes salir fuera a buscar la verdad, la historia verdadera»

Estos y otros vínculos e implicaciones del fotógrafo alemán con la comunidad negra determinan su forzosa salida del país y su retorno a un crispado Berlín encorsetado por el «Muro de la vergüenza» (Schandmauer). «En el Oeste había luces, color, entretenimiento… En el Berlín Este todo era gris».

En la Alemania Occidental de los años sesenta se erige en abrumado testigo fotográfico del resurgimiento clandestino de grupos nazis, cuyos overoles y cánticos uniforman una soterrada parte de la RFA que ningún medio alemán quiere mostrar; será la prensa extrajera (New Yorker o Paris Match) la que publique sus instantáneas.

«Tenía mucho que hacer fotografiando la vida cotidiana, la miseria, la tristeza, la alegría, la música»

Schadeberg renuncia a enrolarse como fotógrafo bélico en determinados conflictos como el de Vietnam. Cuestiona los turbios objetivos de determinados periodistas y fotógrafos por rubricar su presencia por encima de los acontecimientos, la inmoral sed de notoriedad a través de la imagen explícita –recuerda, entre otros, el (malinterpretado) caso del Pulitzer Kevin Carter– y sentencia que, amén de determinados casos en los que la implicación emocional debe prevalecer sobre la tarea profesional («no hagas una fotografía, condúcete por el instinto, ayuda a esa persona»), «para ser un buen fotógrafo debes ser neutral, no dejarte conducir por los prejuicios».

Página interior del reportaje publicado en ‘Realismo(s) & Playa’ (Canibaal nº10), en octubre de 2018. Fotos: Merche Medina.

«Debes estar envuelto desde la infancia en las artes para evolucionar en la educación visual, musical, pictórica»

Jürgen Schadeberg recala en España a finales de los años sesenta para alimentar diversas facetas de su diletantismo artístico. Procura, de este modo, cursar estudios de pintura, «para investigar la luz, el color, la composición, entender el lenguaje corporal. Quería estudiar y explorar las diferencias respecto de la fotografía».

Igualmente, señala, «intenté estudiar guitarra clásica, pero no podía tocar porque era ya demasiado mayor (25 años). Cuando era pequeño nunca estuve expuesto a la música. Sucede con todas las disciplinas artísticas».

«Las playas son interesantes e importantes, porque la gente va allí a relajarse, a disfrutar»

En esta época toma contacto y orienta su mirada hacia el paisaje vacacional que perfila los estíos de la Costa del Sol. Aupado por un contexto henchido de albricias, la onerosa carga vital del fotógrafo se libera y únicamente porta consigo el denso poso de la experiencia y la naturaleza técnica para fijar la mirada en otras latitudes de la idiosincrasia popular (tal y como ya había demostrado con maestría en sus instantáneas sobre el universo del jazz y los músicos y bailarines negros de los guetos sudafricanos).

En estas descriptivas series caniculares sobre el verano y la playa –territorio en el que confluye buena parte de su acervo profesional– fijamos la atención y solidificamos la bienvenida colaboración de Jürgen Schadeberg con Canibaal.

«Veo la realidad desde el punto de vista técnico de la fotografía, a través de un lenguaje natural ya inherente por el aprendizaje y la práctica»

Una práctica que ha ejercido y sigue desarrollando sobre ideas recurrentes, erigiendo al individuo, al rostro, al lenguaje corporal y a las costumbres como temas centrales de su obra, que gobiernan, definitivamente, la impronta de su estilo.

Algunos títulos recomendados

‘The Way I See It. A Memoir’ (2017).
‘España Then and Now’ (Pagina & J & C Schadeberg, 2015).
‘Jürgen Schadeberg’ (2008).
‘Jürgen Schadeberg: Photographies’ (2006).

Jürgen Schadeberg
El fotógrafo Jürgen Schadeberg en su domicilio de Barx (València). Foto: Merche Medina.

Jose Ramón Alarcón y Ximo Rochera

A Gervasio Sánchez le duele Afganistán

Dones. Afganistán
Fotografías de Gervasio Sánchez y textos de Mònica Bernabé
Sala Acadèmica de La Nau
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 14 de febrero de 2016

Es tal la concentración de dolor que destilan las imágenes de Gervasio Sánchez en La Nau, que para escribir sobre ellas se hace necesario tomar aire. Las 150 fotografías de la exposición, dividida en seis bloques, cortan la respiración. Pero después de escuchar al periodista narrar su experiencia en Afganistán, ese centenar largo de instantáneas aumenta de volumen para convertirse en un inmenso catálogo de la crueldad humana. Crueldad, en este caso, contra las mujeres afganas, objeto de una violencia desmedida por parte de una sociedad que la tolera escudada en una devastadora tradición.

Collage de fotografías de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de València.

Collage de fotografías de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de València.

“El problema de Afganistán no son las leyes, que prohíben la violencia contra la mujer, al igual que el Corán impide el matrimonio forzoso, sino la tradición que está por encima de las leyes”, explicó Sánchez. Una tradición vejatoria que, como recordó el periodista, “ya existía antes de los talibanes”. Que haya organismos internacionales velando por la seguridad en tan inhóspito país de poco ha servido. “Desde 2001 a 2015 ha habido presencia extranjera que debía haber obligado a que se cumplieran las leyes, pero no se ha hecho nada aduciendo que se trata de un problema interno”.

Fotografía de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de València.

Gervasio Sánchez, al contrario que la pasiva comunidad internacional, ha estado cinco años tomando esas fotografías para que el resto del mundo se entere de lo que allí está pasando. “Esto es puro periodismo”, subrayó con cierto orgullo. A su alrededor, ratificando esas palabras, se ofrecían los mudos testimonios de esas mujeres gritando desesperadas a causa de un dolor que parece no tener fin. “Yo lo que trato es de transmitir con decencia lo que allí pasa y, para eso, no entiendo otra forma que metiéndome hasta el fondo en las historias”.

Fotografía de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de València.

Historias de violaciones realizadas con total impunidad, de matrimonios forzosos, de vidas truncadas porque la mujer, como recordó Antonio Ariño, vicerrector de Cultura de la Universitat de València, es tratada como un “animal propiedad del hombre”. En las imágenes, acompañadas de textos de Mònica Bernabé (“sin su ayuda esto hubiera sido imposible”, destacó Sánchez), hay mujeres doloridas, quemadas, mirando perplejas a cámara, algunas incluso muertas. “Hemos huido del burka, porque el problema no está en el burka”. Viene de mucho más lejos.

En este sentido, Gervasio Sánchez quiso recordar que no hace tanto tiempo aquí se vivía algo parecido. “En Afganistán viven en la Edad Media, pero en España se vivía así hasta hace muy poco, porque los matrimonios pactados eran también una costumbre”. Por eso Ariño habló de observar la exposición con cierta perspectiva, “para vernos a nosotros mismos en estas fotografías”. “Forma parte del pasado de determinada España de los años 40 y 50”, agregó.

Fotografía de Gervasio Sánchez en La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de Gervasio Sánchez en La Nau de la Universitat de València.

Las “vidas en ruina” que Gervasio Sánchez muestra en La Nau, y que podrán verse hasta el 14 de febrero, no han sido tomadas en comarcas rurales, sino en las ciudades más importantes de Afganistán, con la capital Kabul a la cabeza. “Lo que les ocurre a todas estas mujeres sucede en cualquier sitio del país, no hace falta irse a lugares recónditos”. Para “equilibrar la balanza anímica”, Sánchez exhibe algunas otras imágenes menos duras relacionadas con historias de periodistas, cantantes, directoras de cine, boxeadoras o futbolistas.

Equilibrio del ánimo que, con todo, apenas puede contrarrestar el duro testimonio de tanta mujer ultrajada. “El día que deje de sentir el dolor de las víctimas dejaré de hacer periodismo”. Las visitas guiadas para escolares que, junto a Mònica Bernabé, realizará el martes y miércoles próximos, son una prolongación de esa pasión por el ejercicio periodístico. “A los jóvenes les puede permitir entender mejor por qué esas personas huyen de su país”. El fotoperiodismo como memoria viva de un dolor concentrado en La Nau.

Fotografía de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de la València.

Fotografía de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de la València.

Salva Torres

«La desmemoria de Suárez es la de muchos otros»

‘La gran desmemoria. Lo que Suárez olvidó y el Rey prefiere no recordar’, de Pilar Urbano
Jornadas literarias de la Institució Alfons el Magnànim
MuVIM de la Diputación de Valencia

Pilar Urbano llega, se sienta y, en cuanto le dan la palabra, se lanza por el tobogán de la historia para narrar hechos silenciados durante mucho tiempo. Escuchándola, en el preciso instante en que se cumplen 100 días de la campaña de promoción de su controvertido libro ‘La gran desmemoria. Lo que Suárez olvidó y el Rey prefiere no recordar’, se cae a pedazos la difundida teoría de la Transición modélica en España. De eso nada. Las casi 900 páginas del libro lo desmienten. Por eso ha levantado furibundas reacciones en su contra.

“La prensa ha hecho la omertà, el silencio informativo, a mi libro”, afirma con rotundidad, momentos antes de protagonizar en el MuVIM la jornada literaria de la Institució Alfons el Magnànim. Considerada una “autora molesta, lo cual es un honor”, Pilar Urbano desgrana en el volumen los entresijos del 23-F, sus antecedentes y secuelas, con abundante documentación probatoria, siguiendo los parámetros del mejor periodismo de investigación. “Me dedico al reportaje de tomo y lomo”, puntualiza irónica. Reportaje que le ha llevado a sufrir la inquina de quienes prefieren seguir manteniendo en secreto todo cuanto rodeó a la “chapuza salvaje del golpe de Estado de Tejero”.

Pilar Urbano, en el MuVIM. Imagen cortesía de la Diputación de Valencia.

Pilar Urbano, en el MuVIM. Imagen cortesía de la Diputación de Valencia.

“La desmemoria de Suárez tiene que ver con lo físico, lo cual ha permitido al Rey dormir en paz. Pero esa desmemoria no es sólo de Suárez, sino de muchos otros que sabían lo que ocurrió y jamás han escrito nada”. Pilar Urbano se refiere, por ejemplo, a la implicación del Rey en la trama golpista del 23-F. “El Rey no tuvo nada que ver, aunque sabía lo de Armada”, cuya operación fue paralizada doce días antes, aunque no abortada, puesto que el propio Armada, Cortina (del CESID) y Tejero reactivaron el plan golpista.

Pilar Urbano se sumerge en lo que considera “agujero negro” de nuestra más reciente historia, “como el criminal que vuelve al lugar del crimen para, en lugar de borrar las huellas, desvelar lo que pasó”. Lo hace utilizando “fuentes nuevas”, la de aquellos que “una vez pasado el tiempo ya no tienen nada que perder”, y cita a ex diputados, ex alcaldes, ex ujieres o gente que estaba en segunda fila, como el diplomático Máximo Cajal, “que se enteró de todo”.

Pilar Urbano, en el MuVIM. Imagen cortesía de la Diputación de Valencia.

Pilar Urbano, en el MuVIM. Imagen cortesía de la Diputación de Valencia.

“No es un libro de ficción”, recalca, para defenderse de quienes, rizando el rizo, han dicho que se trataba de “novela ficción” (¿?). “Por eso se ha perseguido, porque es un libro de historia y la historia duele, pica, escuece”. Como cuando dice que el Rey, como capitán general de Franco, “daba continuidad al franquismo”. De ahí que durante los seis primeros meses de su reinado se debatiera entre “el miedo y la prudencia”, motivados por la negativa de que se instalara la democracia en España. “Se abogaba entonces por una apertura y renovación, pero parsimoniosa”, resumida en la frase: “Los socialistas pueden esperar; los comunistas deben esperar”.

“Este libro se ha intentado que no saliera”, pero una vez publicado su autora subraya que todos los medios “querían entrevistas en exclusiva, para después irse descolgando todas por órdenes de arriba”. De la abdicación del Rey afirma que se debe a varios factores acumulativos: “La serie de desgracias en torno a la familia real, los hechos acaecidos al propio Rey y las pasadas elecciones del 26-M, rompiendo el mapa del bipartidismo”, con la irrupción de grupos como Podemos, “que no se sabe todavía si son bengala o motor de cambio”. Abdicación, en todo caso, express, que ha pillado por sorpresa a todos. La prueba, dice Urbano, “es que no estaba hecha ni la ley de aforamiento, ahora que se estaba planteando lo de los increíbles 10.000 aforados que tenemos en este país”.

La escritora y periodista Pilar Urbano. Imagen cortesía del MuVIM de la Diputación de Valencia.

La escritora y periodista Pilar Urbano. Imagen cortesía del MuVIM de la Diputación de Valencia.

Salva Torres

El Blasco más guerrero

Blasco Ibáñez y los cuatro jinetes del Apocalipsis

Docudrama de Rosana Pastor y Enrique Viciano, comienza su rodaje en diferentes localizaciones de Valencia.

Fotograma de Los cuatro jinetes del apocalipsis, de Vincente Minnelli, basada en la obra de Blasco Ibáñez

Fotograma de Los cuatro jinetes del apocalipsis, de Vincente Minnelli, basada en la obra de Blasco Ibáñez

Vicente Blasco Ibáñez escribió Los cuatro jinetes del Apocalipsis en París en un tiempo récord de cuatro meses y mientras era torturado por varios estudiantes de piano que aporreaban las teclas en su vecindario. Su proverbial fluidez creativa llegó al punto máximo, azuzada por la tensión de unos tiempos convulsos. Aquel esfuerzo tuvo una generosa recompensa, pues la novela hizo que su fama saltara el charco, al tiempo que se consagraba como el relato por excelencia de la  Gran Guerra. Un rotundo éxito internacional que suscitó la envidia de algunos de sus colegas que lo menospreciaron como escritor, cuando Blasco es uno de los contados autores, tipo Hemingway o London, cuya vida real superó con creces cualquier argumento de ficción.

Blasco Ibáñez en el frente del Marne. Imagen cortesía de Pastor y Viciano

Blasco Ibáñez en el frente del Marne. Imagen cortesía de Pastor y Viciano

A punto de cumplirse el centenario del conflicto, el escritor valenciano  es el protagonista de un docudrama que se empieza a rodar esta semana en distintas localizaciones de Valencia y sus alrededores: Blasco Ibáñez y los cuatro jinetes del Apocalipsis, un proyecto en el que Rosana Pastor se estrena tras la cámara junto al productor Enrique Viciano. “Llevaba tiempo dándole vueltas a la idea de dirigir cuando me llegó la propuesta de Enrique, un documental del poliédrico y controvertido Blasco Ibáñez, una novela sobre la Primera Guerra Mundial y dos adaptaciones cinematográficas made in Hollywood”, comenta la actriz valenciana. “Podía dar la espalda o aceptar lo que la vida me ofrecía, pero decidí jugar la partida, conjurar el vértigo de ponerme al otro lado de la cámara y hacerlo, además, compartiendo la dirección con el productor ejecutivo. ¿Alguien dijo fácil?”.

En la línea de los grandes documentales conmemorativos destinados al cine y la televisión, en Blasco Ibáñez y los cuatro jinetes se entreveran realidad y ficción. Las declaraciones de cerca de 20 entrevistados que glosan la figura de Blasco Ibáñez, se intercalan en un guión en el que aparece el propio Blasco, encarnado por el actor Juli Mira, y una brillante realizadora, la actriz Mireia Pérez, a la que una televisión europea encarga realizar un reportaje sobre él y su relación con la guerra, la literatura y el cine.

Los codirectores Rosana Pastor y Enrique Viciano. Imagen cortesía de los propios autores

Los codirectores Rosana Pastor y Enrique Viciano. Imagen cortesía de los propios autores

“Crear productos culturales que demande la sociedad no sólo en el ámbito del cine, sino también en el universitario y museístico”. Es la filosofía de Viciano, que considera la participación de Pastor en este proyecto, “un plus que enriquece su contenido”.

“Cuando acometes una película como ésta, haciendo de productor, co-guionista y co-director, hay que compartirlo casi todo”, añade. “En esta ocasión, Rosana y yo dirigimos, centrándonos en la escritura de la novela, en la persecución que sufre Blasco Ibáñez por su posición antimonárquica y en las dos adaptaciones cinematográficas de la novela que se hicieron para el cine”.

El Centro del Carmen, el MuVIM, la Casa Museo Blasco Ibáñez y el Casino de Agricultura son algunos de los escenarios donde se rodará el filme. Posteriormente, el equipo se trasladará a Francia, Gran Bretaña y otros países para realizar las entrevistas. Profesores universitarios y algunos longevos actores que participaron en la segunda película de 1962 inspirada en la novela de Blasco. La primera, de 1921, fue protagonizada por Rodolfo Valentino.

Fotograma de Los cuatro jinetes del Apocalipsis, de Vincente Minnelli, basada en la obra de Blasco Ibáñez

Fotograma de Los cuatro jinetes del Apocalipsis, de Vincente Minnelli, basada en la obra de Blasco Ibáñez

Bel Carrasco