Ver visiones: la juventud

Ver visiones. Reinterpretando el presente
Centro del Carmen
C/ Museo, 2. Valencia
Comisariado por Álvaro de los Ángeles y José Luis Pérez Pont
Hasta el 13 de julio de 2014

Darío Villalba (Galería Luis Adelantado) / Amparo Tormo (Galería Thema)
CIS: Los problemas de índole social / Los problemas relacionados con la juventud

Vista de sala con obras de Amparo Tormo en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

Vista de sala con obras de Amparo Tormo en Ver visiones. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

Sería por el año 1994 cuando leyendo el diario autobiográfico de Peter Bayne, se despertara en mí la curiosidad y me levantase a rebuscar en el último cajón de mi escritorio. «¡Bien! Encontré la regla». Decididamente, con la intención de comprobar si la investigación del médico americano que señalaba el protagonista era verdad, me bajé el pantalón, seguido de mis calzoncillos, y coloqué la regla sobre mi pene. El protagonista hablaba de la existencia de una correspondencia entre la edad de los chicos u hombres y la longitud del pene. «Puedo estar tranquilo, el mío entra en la media». El libro Diari d’un jove maniàtic se convirtió en una especie de guía de salud y, sobre todo, de sexualidad para parte de los jóvenes que cursaban la asignatura de valenciano en la década de los noventa. En él se trataban de una forma divertida los problemas y dudas que tienen los jóvenes.

Vista de sala con obras de Darío Villalba y Amparo Tormo en Ver Visiones. Imagen cortesía de los artistas y galerías Luis Adelantado y Thema.

Vista de sala con obras de Darío Villalba y Amparo Tormo en Ver Visiones. Imagen cortesía de los artistas y galerías Luis Adelantado y Thema.

Pero más allá de estas anécdotas juveniles, se suele pensar que los jóvenes adolescentes, tanto los de antes como los de ahora, se preocupan sobre todo por temas relacionados con la sexualidad –la masturbación, la pérdida de la virginidad, el interés por cuidar o resaltar el propio atractivo–. Y quizá sí haya algo de cierto en ello, de hecho, la iniciación en la práctica sexual en el colectivo juvenil es cada vez más prematura con un alarmante aumento de riesgos como los embarazos o el contagio de enfermedades. La necesidad de conocer y experimentar con el propio cuerpo y con el del otro, así como de establecer la identidad sexual y de género son cuestiones necesarias para la constitución de nuestro yo, que ahora se nos muestra múltiple y mutable. Sin embargo, si acudimos al Informe de la Juventud de España de 2012 es significativo que entre los aspectos más relevantes que afectan a la gente joven, la sexualidad se sitúa por detrás de cuestiones como la amistad, la familia, la salud, el trabajo, el ocio, los estudios o el dinero. La particularidad es que estos valores son tratados desde una posición individualista, hedonista, donde se da prioridad al aquí y ahora, y se desea retrasar cualquier responsabilidad. Estamos inmersos en una sociedad de yoicos o sociedad del yo, siguiendo al sociólogo alemán Ulrich Beck.

Vista de sala con obras de Darío Villalba. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Luis Adelantado.

Vista de sala con obras de Darío Villalba en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Luis Adelantado.

En el trabajo más reciente de Darío Villalba, lo carnal y lo sexual –como parte fundamental de la realidad del ser humano– aparece de una forma más rotunda y evidente. La insistencia por encontrar ese deseo (sexual) en la vida misma, así como su interés por el cuerpo y el placer, consecuencia de su experimentación, le ha llevado a recurrir a imágenes de chicos jóvenes y atractivos. Tanto el políptico Homeless doble (2009) como en el de Picadilly Rent (2013) presentan una composición y un lenguaje muy similar: el rostro de un joven se repite en varias ocasiones y se acompaña de imágenes del sexo del retratado. Villalba pinta con imágenes fotográficas todo el poder e intensidad emocional de las figuras, captando todo su exceso. Aunque siempre abordado desde una visión metafísica en el que los temas existenciales y los conflictos vitales de este mundo se manifiestan. Si bien, advertiremos que en ambos casos se trata de seres límite o marginados: un doble retrato sonriente de un joven rubio que dormía en la calle y un chapero adolescente del Picadilly Circus. Individuos que, en definitiva, han sido excluidos por su miseria física y existencial.

Vista de sala con obra de Darío Villalba. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Luis Adelantado.

Vista de sala con obra de Darío Villalba en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Luis Adelantado.

Los principales problemas de exclusión social de los jóvenes a día de hoy son el paro y los problemas eco­nómicos. Muchos jóvenes españoles se ven actualmente empujados hacia el abismo. Según la Encuesta de Población Activa del cuarto trimestre de 2013 más del 55% de los jóvenes se encuentran en paro (el doble que la tasa de desempleo en 1999), siendo el colectivo más castigado por la crisis económica. De los que el 15,6% ni trabajan ni estudian o como bien indicaba José Luis Sampedro, “ni tiene nada ni aspira a nada”. Como consecuencia de esta situación, más de la mitad de los jóvenes viven actualmente en casa de sus padres sin conseguir emanciparse. A esto hay que sumarle la precarización de los con­tratos, la disminución del salario medio y el recorte de las horas laborales. La idea que prevalecía en las generaciones pasadas de relacionar empleo con seguridad ha desaparecido. Ya no existe un trabajo de por vida, ni opciones donde elegir, lo que provoca una ruptura generacional, expulsando a los jóvenes del sistema. Así, estos se ven sumidos dentro de profundos cambios e incertidumbres, en los que la deriva, según Zygmunt Bauman, se presenta como una de las características de nuestro tiempo.

Vista de sala con obra de Amparo Tormo. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

Vista de sala con obra de Amparo Tormo en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

La incertidumbre causada por no saber a qué nos enfrentamos es un recurso particular en el trabajo de Amparo Tormo. La artista produce un extrañamiento entre sus obras y el espectador a partir, no sólo de la confusión por no reconocer a simple vista los materiales utilizados, sino también por las composiciones que elabora. En su pieza La duda (2010) provoca una tensión pues la estructura principal –una figura rectangular de dm lacada en negro– aparece en un equilibrio aparente al quedar suspendida casi en el aire. Sobre ella se apoyan diversas placas de metal que refuerzan esa idea de inestabilidad. En la segunda obra seleccionada, el “elemento peso” condiciona la dirección de la línea, formando un ángulo de 90º. Le interesa enfatizar el espacio creado entre las diferentes piezas con el fin de contraponer la sensación de pesadez –aquello evidente– e inestabilidad –aquello imprevisible–. Las trayectorias, que para los jóvenes antes eran claras y fijas, ahora se mueven en un contexto de gran vulnerabilidad y precariedad. Los referentes se han desdibujado o, como en los dibujos de Tormo, tachados o silenciados. Ahora sólo cabe empezar de nuevo, plantear alternativas, que ni los mismos adultos ni las instituciones saben. Y mientras tanto, sólo queda resistir.

Vista de sala con obra de Amparo Tormo. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

Vista de sala con obra de Amparo Tormo en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

José Luis Giner Borrull

Ver visiones: el pensamiento inerte

Ver visiones. Reinterpretando el presente
Centro del Carmen
C/ Museo, 2. Valencia
Comisariado por Álvaro de los Ángeles y José Luis Pérez Pont
Hasta el 13 de julio de 2014

Pilar Beltrán (Galería Cànem) / Javier Palacios (Galería Espai Tactel)
CIS: Las infraestructuras / Los problemas de índole económica

Vista de sala con obra de Pilar Beltrán en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de la artista y Galería Cànem.

Vista de sala con obra de Pilar Beltrán en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de la artista y Galería Cànem.

Infraestructura y economía devienen entes incapaces de transformar una sociedad cuando sus fallos impiden a ésta expresarse culturalmente como una totalidad. De hecho, cuando interrogamos a po­líticos, cómo les gustaría que fuera la cultura recibimos unas respuestas totalmente contrarias a las expresiones artísticas y culturales de hoy día. En este sentido, basta con observar la vacuidad del arte oficial. Con lo cual encontramos un fenómeno general muy importante en los movimientos artísticos que se contraponen a cualquier poder en nuestra contemporaneidad: Una constante oposición al lige­ro pensamiento oficial que resulta invariablemente vacío y hueco. Por tanto, encontramos una significativa preocupación de la sociedad por las infraestructuras y los problemas de índole económica, hecho que lleva a reflexionar y cuestionar a través de diferentes expresiones artísticas temas tales como: la emigración, el capitalismo, el desempleo, el debilitamiento de las infraestructuras que imposibilita la mejora en educación, cultura o sanidad. De modo que hallamos con frecuencia una reveladora reflexión crítica a través de la cultura que se contrapone a los planteamientos políticos u oficiales.

Pilar Beltrán. Cercanías, 2011-2012. Imagen electrónica sobre lienzo (3,50 x 14.000 cm), bobinas niqueladas (60 cm diametro), unidades de frenado, soportes de madera. Instalación de dimensiones variables. Imagen cortesía de la artista y Galería Cànem.

Pilar Beltrán. Cercanías, 2011-2012. Imagen electrónica sobre lienzo (3,50 x 14.000 cm), bobinas niqueladas (60 cm diametro), unidades de frenado, soportes de madera. Instalación de dimensiones variables. Imagen cortesía de la artista y Galería Cànem.

Pilar Beltrán. Cercanías, 2011-2012. Imagen electrónica sobre lienzo (3,50 x 14.000 cm), bobinas niqueladas (60 cm diametro), unidades de frenado, soportes de madera. Instalación de dimensiones variables. (detalle). Imagen cortesía de la artista y Galería Cànem.

Pilar Beltrán. Cercanías, 2011-2012. Imagen electrónica sobre lienzo (3,50 x 14.000 cm), bobinas niqueladas (60 cm diametro), unidades de frenado, soportes de madera. Instalación de dimensiones variables. (detalle). Imagen cortesía de la artista y Galería Cànem.

En la obra de Pilar Beltrán, surge implícita esta preocupación que se hace patente principalmente en su serie “Other Journeys”. A través del estudio de los fenómenos migratorios, analiza como los medios de comunicación producen un gran impacto social con noticias que van cayendo en el olvido, diluyéndose con la aparición de nuevas tragedias. Descubrimos por tanto, una manipulación mediática tras la que se esconden los poderes políticos y económicos preocupados porque nuevos “ruidos” terminen con cualquier responsabilidad inherente a ellos. ‘Tampa/Dover’, ‘El Rincón del Rumor del Recuerdo’, ‘La noche’ (2006), o ‘Un segundo de luz. Señales e interferencias’ (I) y (II) son trabajos que reaccionan contra los inadecuados modos de expresión de estos poderes. Mediante fragmentos periodísticos, fotografías o videoproyecciones la artista cuestiona las pérdidas humanas o naufragios de la inmigración. El eterno dilema de las dos orillas que encontramos de rabiosa actualidad, y que nos podría remitir a la actual tragedia de Ceuta, donde una decena de inmigrantes fallecieron al recibir disparos de la guardia Civil cuando trataban de cruzar a nado la frontera. Apenas unos meses sin que el Ministerio del Interior haya asumido responsabilidades, parece un hecho ya olvidado.

Pilar Beltrán. Cercanías, 2011-2012. Imagen electrónica sobre lienzo (3,50 x 14.000 cm), bobinas niqueladas (60 cm diametro), unidades de frenado, soportes de madera. Instalación de dimensiones variables. Imagen cortesía de la artista y Galería Cànem.

Pilar Beltrán. Cercanías, 2011-2012. Imagen electrónica sobre lienzo (3,50 x 14.000 cm), bobinas niqueladas (60 cm diametro), unidades de frenado, soportes de madera. Instalación de dimensiones variables. Imagen cortesía de la artista y Galería Cànem.

Pilar Beltrán. Cercanías, 2011-2012. Imagen electrónica sobre lienzo (3,50 x 14.000 cm), bobinas niqueladas (60 cm diametro), unidades de frenado, soportes de madera. Instalación de dimensiones variables. (detalle). Imagen cortesía de la artista y Galería Cànem.

Pilar Beltrán. Cercanías, 2011-2012. Imagen electrónica sobre lienzo (3,50 x 14.000 cm), bobinas niqueladas (60 cm diametro), unidades de frenado, soportes de madera. Instalación de dimensiones variables. (detalle). Imagen cortesía de la artista y Galería Cànem.

En este sentido, la artista, ya se había planteado con la serie fotográfica ‘Madres e hijos, Tiempo de espera, tiempo de partida’ (1998-2006), y con el presente work in progress ‘La Remor del Record’ (2005) una suerte de reflexión sobre los ciclos migratorios actuales y sus repercusiones sociopolíticas. La instalación nos habla del tiempo del viaje a través de un recorrido de cercanías (Castellón-Valencia) interrogán­donos sobre: El paso del tiempo, el paisaje, el regreso al hogar, el sentimiento de pertenencia a una comunidad, el camino recorrido como proceso de pensamiento. Cuestiones idénticas tanto en nuestra sociedad, como en las consideradas del tercer mundo, pero desvirtuadas por los medios políticos, eco­nómicos y de comunicación a través de léxicos que favorecen cada vez más al capitalismo.

Vista de sala con obra de Javier Palacios. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Espai Tactel.

Vista de sala con obra de Javier Palacios en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Espai Tactel.

Javier Palacios desde una depurada y sintética técnica pictórica desvirtúa y despoja a través de una serie de bolsas de basura, el valor de la obra de arte como objeto mercantil, devolviéndole su inmediatez poé­tica. “Entes” que se transforman en la otredad, en la problemática del sujeto como alternativa. El pro­blema generado por los medios de producción de consumo masivo han situado a los objetos, y en este caso un elemento como sería una bolsa, donde desechamos lo que ya no nos sirve, en un primer plano.

Vista de sala con obra de Javier Palacios. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Espai Tactel.

Vista de sala con obra de Javier Palacios en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Espai Tactel.

En cualquier caso, no trataría tanto del objeto en sí mismo sino como la sintaxis y elaboración que a tra­vés del cromatismo y el proceso pictórico nos remite a un mundo menos real de lo que nos hace creer la omnipotente realidad del consumo y el beneficio económico. Y, por encima de todo, el hecho de que la economía ha desarrollado nuevas infraestructuras que favorecen y enaltecen objetos tan contaminantes y absurdos como una bolsa, como símbolo de los poderes económicos capitalistas que han sumido en una profunda crisis la sociedad. Palacios, la enaltece y transforma irónicamente mediante una abstrac­ción objetual que escapa a su valor inicial.

Vista de sala con obra de Javier Palacios. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Espai Tactel.

Vista de sala con obra de Javier Palacios en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Espai Tactel.

Las bolsas adquieren vida propia a través de una luz incandescente que surge de su interior. Parecerían dotadas de pasión o al menos vida propia, dejando a un lado el mundo inerte para el que fueron con­cebidas, y vengarse quizás de un sujeto que se sentía convencido de dominarla. Así pues, la bolsa de basura designa el mundo real, el mundo del consumo y sus desechos, pero también su propia ausencia, volatilidad y en especial, la del sujeto.

Bolsas, desechos, sufrimiento humano, o inmigración. Planteamientos que nos remiten a una verdad alarmante: una crisis económica, pero sobre todo a una crisis que no permite pensar con libertad, una dictadura económica y política escondida tras el consumo capitalista y la manipulación de los medios. La cultura se ocupa de descubrírnoslo, de ahí, casi nada.

Rosa Ulpiano

Ver visiones: la problemática ambiental

Ver visiones. Reinterpretando el presente
Centro del Carmen
C/ Museo, 2. Valencia
Comisariado por Álvaro de los Ángeles y José Luis Pérez Pont
Hasta el 13 de julio de 2014

Josep Ginestar (Galería Isabel Bilbao) / Damià Jordà (Galería Misterpink)
CIS: Los problemas medioambientales

Josep Ginestar. Refugi, 2006. Sarmientos, hilo de algodón blanco y luz negra en su interior. 200 x 140 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Isabel Bilbao.

Josep Ginestar. Refugi, 2006. Sarmientos, hilo de algodón blanco y luz negra en su interior. 200 x 140 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Isabel Bilbao.

Lamentarse por la degradación ambiental o por los desastres ecológicos ya no tiene sentido. El proceso de cambio sólo puede llegar desde la transformación radical de nuestras relaciones con el medio, asentadas en una conciencia antropológica y social. Porque el problema ecológico no sólo nos afecta en nuestras relaciones con la naturaleza, sino también en nuestra relación con nosotros mismos. En este sentido Edgar Morin afirma que “la reivindicación de la naturaleza es una de las reivindicaciones más personales y más profundas”. Va implícito en ello nuestro sentido de supervivencia primaria, pero también de identidad.

Damià Jordà. Molinos de viento, 2012. Vídeo DV Pal color. 4' 28''. Imagen cortesía del artista y Galería MisterPink.

Damià Jordà. Molinos de viento, 2012. Vídeo DV Pal color. 4′ 28”. Imagen cortesía del artista y Galería MisterPink.

Las lecturas que recrean nuestro pasado cultural desde la perspectiva del entorno, incorporan la intimidad y la memoria como códigos para alcanzar, desde el espacio común y reconocible, aquello que por su cercanía puede conmover y, paradójicamente, convertirse en extraordinario. En este tipo de análisis, los trabajos artísticos de Josep Ginestar y Damià Jordà ahondan en los conceptos del ritual social, y nos revelan algunas imágenes del ayer remoto que fueron descar­tadas para reelaborar y sostener así los discursos actuales establecidos desde lo inmediato. El acercamiento al pasado implica la proximidad a la naturaleza, y de esta forma ambos autores, desde discursos y soportes plásticos diferentes, abren caminos que nacen y/o confluyen en ella. La mirada de Josep Ginestar desarrolla espacios de reflexión, elaborados con elementos de la naturaleza y vinculados a modelos ancestrales a partir de su experiencia interior. La investiga­ción de los materiales, formas y símbolos integran la presencia del ser humano en la vida de sus composiciones desde un plano espiritual, donde se evidencia la proximidad hacia la historia com­partida con nuestros antepasados. Y siguiendo con esta narrativa, será la obra “Refugi” (2006) la encargada de reunir algunas de estas ideas. Apoyándonos en el análisis de Gastón Bachelard, la pieza, como icono descriptivo de la casa, alcanza las virtudes originarias, “aquellas donde se revela una adhesión, en cierto modo innata, a la función primera de habitar”.1 El símbolo de la cabaña o la choza, elaborada con sarmientos y atada con hilo de cáñamo, representa por un lado el testimonio vivo de los primeros modos constructivos sobre la superficie de la tierra, y que los historiadores de arquitectura situarían en la tradición mediterránea. Pero Ginestar también su­braya el sentido de protección y aislamiento, cuando el espectador comprueba que ese refugio no tiene vanos. Este tipo de composiciones aparece también en otros trabajos del artista como “Natura Protegida” (2011), “Paisatge II” (2011) y “Tancat II” (2004), éstos últimos trenzados con alambre, como ecos de barreras defensivas. Sin embargo, con “Refugi” nos acerca al con­cepto de coraza, donde la naturaleza cubre al ser humano, formando un espacio de meditación expandido desde la luz tenue y el silencio.

Vista de sala con obra de Josep Ginestar en Ver visiones. Imagen cortesía del artista y Galería Isabel Bilbao.

Vista de sala con obra de Josep Ginestar en Ver visiones. Imagen cortesía del artista y Galería Isabel Bilbao.

Damià Jordà. Molinos de viento, 2012. Vídeo DV Pal color. 4' 28''. Imagen cortesía del artista y Galería MisterPink.

Damià Jordà. Molinos de viento, 2012. Vídeo DV Pal color. 4′ 28”. Imagen cortesía del artista y Galería MisterPink.

Por su parte, los proyectos de Damià Jordà desarrollan investigaciones antropológicas que po­nen el acento en la construcción social, mediante imágenes que descubren los vínculos con nuestro entorno, la comunicación y los rituales contemporáneos. En ocasiones su cámara re­trata la cotidianeidad como un episodio inédito. Y, de manera próxima al discurso de Ginestar, el artista realiza una conquista de la intimidad que aspira a fundirse con lo colectivo. En su obra “Molinos de viento” (2012) Jordà retrata los paisajes de La Mancha desde una secuencia que transita con un recorrido veloz, cuya dinámica se interrumpe por las raíces del pasado: los pue­blos y aldeas, los habitantes que celebran la llegada del primer tren y los molinos. Imágenes de los años cincuenta o extraídas de archivos del NO-DO que dibujaron la ‘España profunda’. La composición se completa con la voz de Rafael Alberti que, recitando los versos de “Bodas de Sangre”, recuerda la aridez de los secanos y el vínculo de García Lorca con la tierra. El concepto del paisaje y su proceso de transformación convergen así en un retrato que describe la realidad ambiental junto a la historia de su proceso antrópico.2

Damià Jordà. Molinos de viento, 2012. Vídeo DV Pal color. 4' 28''. Imagen cortesía del artista y Galería MisterPink.

Damià Jordà. Molinos de viento, 2012. Vídeo DV Pal color. 4′ 28”. Imagen cortesía del artista y Galería MisterPink.

Las representaciones desarrolladas por ambos artistas trazan un potente simbolismo, dentro de un lenguaje universal. De esta forma, la significación territorial y el valor escenográfico que con­tienen las dos piezas, permite al observador identificarse con la sostenibilidad ambiental desde un concepto “respetuoso con el espacio e históricamente informado”. 3 Así, los discursos plásticos de “Refugi” y “Molinos de viento” (dos elementos originarios de la cultura mediterránea) integran narraciones que no detallan ni descifran el proceso de la composición, abordando un resultado que genera el propio espectador desde su experiencia y sus recuerdos. Los autores establecen una conciencia crítica que exhibe ante nuestros ojos lo que somos, a partir del profundo respeto de lo que fuimos. Como resultado, la poética de las obras reconcilia al ser humano con la naturaleza desde una perspectiva que también denuncia su degradación. Según las palabras del escritor Tahar Ben Jelloun, “El planeta se parece cada vez más a nuestra cara” por lo que, necesariamente, sólo nos queda la firme tarea de reconocernos.

Damià Jordà. Molinos de viento, 2012. Vídeo DV Pal color. 4' 28''. Imagen cortesía del artista y Galería MisterPink.

Damià Jordà. Molinos de viento, 2012. Vídeo DV Pal color. 4′ 28”. Imagen cortesía del artista y Galería MisterPink.

Maite Ibáñez

1 BACHELARD, Gaston, La poética del espacio, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2000, p. 34.
2 En la actualidad algunos colectivos están abordando un marco de protección jurídica sobre los paisajes existentes, así como la creación de un inventario de los paisajes culturales. E incluso, como caso único en Europa, el artículo 9 de la Constitución italiana establece que el paisaje es un derecho constitucional.
3 FOLCH, Ramón, “Territorio y paisaje en el ámbito del Mediterráneo”, ‘Ecología y cultura’, Quaderns de la Medi­terrània, n. 16, IEMed, Barcelona, 2011, p. 217.

Damià Jordà. Molinos de viento, 2012. Vídeo DV Pal color. 4' 28''. Imagen cortesía del artista y Galería MisterPink.

Damià Jordà. Molinos de viento, 2012. Vídeo DV Pal color. 4′ 28”. Imagen cortesía del artista y Galería MisterPink.

Ver visiones: la corrupción y el fraude

Ver visiones. Reinterpretando el presente
Centro del Carmen
C/ Museo, 2. Valencia
Comisariado por Álvaro de los Ángeles y José Luis Pérez Pont
Hasta el 13 de julio de 2014

El Roto (Galería Alba Cabrera) / Hugo Martínez-Tormo (Galería Kessler-Battaglia)
CIS: La corrupción y el fraude

Vista de sala con obras de El Roto en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Alba Cabrera.

Vista de sala con obras de El Roto en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Alba Cabrera.

Los resultados del estudio realizado por el CIS del barómetro del mes de abril de 2014 muestran como la corrupción y el fraude se han convertido en la segunda cuestión que más nos preocupa, tan solo el paro queda por encima ¿Qué ha cambiado para que a finales del 2007 esta cuestión preocupa­ra al 0,4% de los encuestados y en el último barómetro al 44,5%? La verdad es que estos años ha llo­vido mucho, han llovido casos como el Gürtel, Nóos, Bárcenas, Palma Arena, Emarsa, Brugal, EREs fraudulentos y muchos otros casos con menor repercusión relacionados con programas de actuación urbanística, recalificación de terrenos y una apretada lista de personajes de novela negra interpreta­dos por alcaldes, funcionarios, constructores y agentes urbanizadores. Sin embargo siempre que se han destapado casos de corrupción en este país hemos demostrado tener unas buenas tragaderas aceptando con gran naturalidad todo lo que nos ha caído. La única explicación que encuentro a esta vergonzosa tolerancia es que en el fondo todos hemos llegado a trampear alguna vez. No podemos negar que el pequeño fraude nos es familiar, por supuesto salvando la gran diferencia de escala y las razones para hacerlo, en algunos casos no se tiene otra opción, ya que pagar o no pagar impuestos significa comer o no comer. Pero pongamos la vista en esos otros casos que no vienen motivados por una necesidad ¿Qué es lo que realmente mueve a alguien, que ya se encuentra en una situación de privilegio, a arriesgarse a actuar de manera ilícita para conseguir más beneficio? Seguramente habrá varias motivaciones pero me temo que el origen de gran parte de ellas está en la manera en la que nuestra sociedad mide el éxito o el fracaso, atendiendo únicamente a resultados cuantificables y de­jando de lado valores y principios éticos que no resultan productivos.

Hugo Martínez-Tormo. String Vibration. Contour lines, 2014. Instalación, erosión con tinta sobre papel. 500 x 200 x 3 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Kessler Battaglia.

Hugo Martínez-Tormo. String Vibration. Contour lines, 2014. Instalación, erosión con tinta sobre papel. 500 x 200 x 3 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Kessler-Battaglia.

La corrupción es tan antigua que resulta imposible datar su origen, posiblemente el primer caso de corrupción documentado sea el de un funcionario en época de Ramsés IX (1.100 a.C). En la Roma clásica se dieron casos sonados, pero a diferencia de hoy en Roma pesaban más los valores y el suicidio era una salida muy recurrida entre los políticos acusados de corrupción, ya que esta vía permitía conservar el honor.1 ¿Qué pocos suicidios vemos hoy en política, verdad?

Vista de sala con obra de Hugo Martínez-Tormo. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Kessler Battaglia.

Vista de sala con obra de Hugo Martínez-Tormo. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Kessler-Battaglia.

Entre las obras de Hugo Martínez-Tormo (Valencia, 1979) encontramos varias representaciones de suicidios2, el hecho de que el protagonista de estas acciones sea el propio artista es algo secun­dario, no estamos ante un artista atormentado, la clave está en la autodestrucción. En todas estas obras el suicidio es doble: por un lado tenemos el autorretrato del artista quitándose la vida y por otro el registro en vídeo de la destrucción de la propia obra. La destrucción toma fuerza como idea recurrente, la destrucción del territorio, de la naturaleza y en especial del propio individuo como modelo de todo un sistema fallido. Cuando algo está tan viciado que ha dejado de funcionar, hacer tabula rasa se convierte en una necesidad. Destruir para poder empezar de cero.

Vista de sala con obra de Hugo Martínez-Tormo. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Kessler Battaglia.

Vista de sala con obra de Hugo Martínez-Tormo. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Kessler-Battaglia.

String Vibration es el título de una serie de obras vinculadas a una teoría científica llamada “teoría del todo” o “ToE” (Theory of Everything), esta teoría busca hipótesis capaces de unificar o explicar todas las interacciones fundamentales de la naturaleza bajo una sola fórmula.3 La influencia de esta corriente se traduce al campo artístico en una voluntad de unificar disciplinas y conceptos en una misma obra. En el proceso de creación de String Vibration se establece un juego entre dimensiones en el que la obra pasa de la bidimensionalidad del dibujo y la fotografía a la tercera dimensión del volumen escultórico que resulta de la acción desarrollada por el artista. En esta serie de obras se ha seguido una metodología concreta que tiene algo de ritual y consiste en lanzar una cuerda atada en sus extremos a un bloque de papel formado por 250 hojas selladas por todos sus lados. El dibujo que resulta al dibujar la silueta de la cuerda será objeto de una repetición intensiva. El artista repite mecánicamente el mismo dibujo, siguiendo el sentido inverso a las agujas del reloj hasta agotar la tinta de varios bolígrafos y conseguir horadar el papel atravesando el bloque por completo. Esta acción que puede llevar hasta 20 horas refleja la cuarta dimensión, la del tiempo. Durante este largo proceso de varias jornadas la mente queda en blanco como en un ejercicio de meditación.

El Roto. Degradación moral. Tinta y rotulador sobre cartulina. 34 x 32 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Alba Cabrera.

El Roto. Degradación moral. Tinta y rotulador sobre cartulina. 34 x 32 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Alba Cabrera.

Andrés Rábago García (Madrid, 1947), El Roto, dice que pensar no es lo que habitualmente en­tendemos como pensar, “llamamos pensar a un movimiento mecánico de la mente, parar el pen­samiento es una forma de pensar”4. Es decir que para poder empezar a pensar hay que partir de un estado concreto en el que la mente esté preparada para pensar. Rábago utiliza la pintura como ejercicio para llevar la mente a ese estado de pensamiento no dirigido donde se trabajan las ideas que originan sus dibujos. No ve televisión desde la guerra del Golfo pero lleva años siendo uno de los mejores barómetros de la sociedad ilustrando a diario en sus viñetas los temas que preocupan a los ciudadanos. Su lenguaje es sintético y eficaz y está perfectamente adaptado al medio y al tiempo en el que publica. En sus dibujos no sobra nada, son ellos los que consiguen captar la aten­ción del lector para más tarde disparar a la conciencia los textos que acompañan a sus personajes. En las viñetas de El Roto casi siempre aparecen hombres con traje oscuro: empresarios, brokers, banqueros y políticos, son quienes encarnan los aspectos negativos de un sistema económico que hace aguas. En sus ilustraciones se sirve de la ironía para retratar realidades relacionadas con la desigualdad entre clases, el neoliberalismo o la corrupción.

El Roto. ¡Nos están desalando! Tinta y rotulador sobre cartulina. 34 x 32 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Alba Cabrera.

El Roto. ¡Nos están desalando! Tinta y rotulador sobre cartulina. 34 x 32 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Alba Cabrera.

El Roto no sería El Roto sin los textos que acompañan la mayoría de sus dibujos, me atrevería a decir que debe a sus sentencias más de la mitad de su éxito, son frases muy cuidadas al igual que las que encontramos en publicidad solo que en este caso el objetivo es el contrario, lo que busca El Roto no es que compremos sino que pensemos, su obra apela a nuestra capacidad crítica y a nuestra responsabilidad como ciudadanos, no sólo a la hora de votar, sino también en nuestras propias acciones. «La corrupción que se achaca a los que están arriba no está sólo arriba, porque no sería posible sin los de abajo (…) Tiene que haber una limpieza colectiva. Conviene que cada uno de nosotros limpie su cuadra»5.

El Roto. Broker. Tinta y rotulador sobre cartulina. 34 x 32 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Alba Cabrera.

El Roto. Broker. Tinta y rotulador sobre cartulina. 34 x 32 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Alba Cabrera.

David Arlandis

1 Perea Yébenes, Sabino. La corrupción en el mundo romano. Ed. Bravo, Gonzalo. Signifer libros.
2 Por ejemplo en: Diálogo tautológico, Diálogo entre dimensiones, When X cuts Y, Global Sepukku, Diálogo & materia, Dimensional game.
3 Colaboradores de Wikipedia. Teoría del todo [en línea]. Wikipedia, La enciclopedia libre, 2014. [fecha de consulta: 21 de abril del 2014]. Disponible en
http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Teor%C3%ADa_del_todo&oldid=73813301
4 Entrevista a Andrés Rábago García. La casa encendida TV. Programa nº 41, 2010.
5 Montilla, Cristóbal G. El roto irrumpe en el museo, [en línea]. Diario El Mundo, Arte, Exposición tempo­ral.14/02/2014. [fecha de consulta: 21 de abril del 2014]. Disponible en
http://www.elmundo.es/andalucia/2014/02/14/52fe730222601d35678b4588.html

 

Ver visiones: la falta de empleo

Ver visiones. Reinterpretando el presente
Centro del Carmen
C/ Museo, 2. Valencia
Comisariado por Álvaro de los Ángeles y José Luis Pérez Pont
Hasta el 13 de julio de 2014

Roberto Mollá (Trentatres Gallery) / Jorge Carla (Galería Cuatro)
CIS: El Paro / Los problemas relacionados con la calidad del empleo

Vista de sala con obras de Roberto Mollá en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Vista de sala con obras de Roberto Mollá en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

El insigne, y muchas veces maquiavélico, exprimer ministro del Reino Unido, Sir Wiston Churchill, padecía una aversión terrible a las estadísticas. Quizás, la más célebre de sus frases sea: «Hay ver­dades, medias verdades, mentiras y estadísticas».

Vista de sala con obras de Roberto Mollá. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Vista de sala con obras de Roberto Mollá. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Es un clamor que el desempleo y la calidad del empleo son las mayores preocupaciones de la ciudadanía. No haría el falta el apoyo de unas estadísticas aplastantes para corroborar el dato. El barómetro del CIS [Centro de Investigaciones Sociológicas], de abril de 2014, la sitúa en primer lugar de nuestras preocupaciones (80,3%). Normal, en los tiempos que corren, que el trabajo es un bien escaso.

Vista de sala con obras de Jorge Carla Bajo en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

Vista de sala con obras de Jorge Carla Bajo en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

Aquellos y aquellas que nos acercamos a la cincuentena, recordamos a Forges y la muy famosa frase de su personaje, Mariano, a la “macilenta”: «¿Estudias o trabajas?». Pues eran, en aquellos tiempos, incompatibles ambas actividades o al menos no muy habituales. Actualmente, lo habitual es trabajar y estudiar, para poder mantenerse y permitirse la formación.

La labor curatorial de «Ver visiones» ha unido este concepto, preocupante para todos y todas, con las obras de Roberto Mollá (Valencia, 1966) y Jorge Carla (Madrid, 1974). Ya el palabro “visiones”, (y siguiendo al DRAE) contiene la locución adverbial “ver (alguien) visiones” como: «Dejarse llevar mucho de su imaginación, creyendo lo que no hay». Esto es lo que algunos politicos matizan y, que­riendo quitar hierro, nos transmiten la idea de que se está generando empleo, por ejemplo, cuando en la realidad se está destruyendo, pues las políticas laborales y fiscales no lo favorecen, más bien al contrario, facilitan su destrucción.

Jorge Carla Bajo. Ensamblaje, 2014. Técnica mixta sobre cartón y madera. 130 x 113 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

Jorge Carla Bajo. Ensamblaje, 2014. Técnica mixta sobre cartón y madera. 130 x 113 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

Jorge Carla nos presenta unas burlonas piezas, unos personajes que, cuanto menos parecen mo­nigotes, y que nos presentan, a todas todas, a un individuo alienado, semejante a esos personajes convulsos de Francis Bacon (precursor de los más modernos o actuales morphins) o los más cer­canos -estilísticamente- al Art Brut de Jean Dubuffet, elementales y pueriles y, a menudo crueles (se inspiró en los dibujos de los niños, los criminales y dementes), seres infrahumanos, figuras deformes, absurdas y grotescas. Un ser alienado (vendido, comerciado, liquidado, hipotecado) por la desprotección a la que se está sometiendo. Las estructuras en cartón, se asemejan a las de los homeless o sin techo, grupo a la que esa exclase media, ahora desprotegida, que desaparece, se incorpora en dramáticas situaciones.

Jorge Carla Bajo. Cartón67, 2014. Acrílico sobre cartón y bastidor. 50 x 70 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

Jorge Carla Bajo. Cartón67, 2014. Acrílico sobre cartón y bastidor. 50 x 70 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

Jorge Carla examina los sueños o pesadillas con socarronería. No se ha dejado llevar por un falso optimismo. Sus piezas son libertad. Sus personajes son seres desfigurados, no exentos de una fuer­te expresividad irónica, entre lo sublime y lo ridículo. De resuelta factura, sus composiciones se resuelven con sencillez y naturalidad. Y sin embargo, nada resulta fácil en su trazo, ni en su com­presión. No da lugar a la experimentación, a la duda de la representación, al matiz.

Roberto Mollá. La rivière charrie les fils du téléphone, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 75 x 106 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Roberto Mollá. La rivière charrie les fils du téléphone, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 75 x 106 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Roberto Mollá, en un punto de vista diametralmente opuesto y confrontándose, sobre papel pau­tado, cuadriculado, milimétrico, nos parece estar dando certeza matemática, precisa, rigurosa, con unos inquietantes dibujos de tentáculos y organismos entrelazados, superpuestos, contrapuestos con sus geometrías características, en una suerte de abscisas y ordenadas, cartesianismo imposible de un imposible espacio euclídeo.

Roberto Mollá. Parasismal, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 28 x 28 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Roberto Mollá. Parasismal, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 28 x 28 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Participa en eso que se ha dado en llamar la nueva figuración. Una estética, entre surreal y ukiyo-e, que forja sobre papel crema milimetrado sobre el que dibuja, en blancos y negros, con gráficos y geometrías muy coloristas alrededor. Esto fue utilizado, en la década de 1960 y 70, por Manuel Barbadillo, cuya obra estuvo muy influenciada por la tecnología y los computadores. El uso de pa­pel cuadriculado en Roberto Mollá está, en algunos aspectos, relacionado con esto, aunque lo utili­zó por primera vez para dibujar imágenes pixeladas. Ve su trabajo como una suerte de investigación científica. La importancia de la gráfica va más allá del significado tecnológico. Sus dibujos surgen del mundo multidimensional de la gráfica. La gráfica actúa como el significante más importante de sus propios pensamientos.

Roberto Mollá. Tamatori V, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 50 x 35 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Roberto Mollá. Tamatori V, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 50 x 35 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Dibujos a lápiz muy meticulosos en varios estilos, entre el grafiti y la ilustración. La tensión entre todos estos elementos es fascinante. Impecable. De un vistazo, es gráficamente muy potente, pero también posee sutileza y meticulosidad. Deliberada. Simple. Sistematiza los sueños, regula la imaginación. Mezcla entre demencia, ingenuidad, concupiscencia, candor.

Roberto Mollá. Tamatori interlineado, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 75 x 106 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Roberto Mollá. Tamatori interlineado, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 75 x 106 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Sus numerosas referencias a la historia del arte no actúan como símbolos, en una especie de narra­tiva, si no como travesura dentro de la gráfica, que actúa como un espacio multidimensional para las exploraciones formales y científicas de tiempo y espacio. Marcadores, que representan las diversas influencias que Roberto Mollá ha adquirido a lo largo de su vida. Si examinamos las filosofías que preocupaban a los artistas vinculados a cada referencia, corresponden a sus propias preocupaciones.

Jorge Carla Bajo. Patrimonio de la Humanidad, 2014. Técnica mixta sobre fotografía. 175 x 236 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

Jorge Carla Bajo. Patrimonio de la Humanidad, 2014. Técnica mixta sobre fotografía. 175 x 236 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

El arte imita la vida, ¿o es la vida la que imita al arte? Representaciones de estos momentos convulsos que vivimos.

José Luis Martínez Meseguer

Ver visiones: el afuera de la política

Ver visiones. Reinterpretando el presente
Centro del Carmen
C/ Museo, 2. Valencia
Comisariado por Álvaro de los Ángeles y José Luis Pérez Pont
Hasta el 13 de julio de 2014

Bartolomé Ferrando (Galería del Palau) / Bimotor (Galería Aural) / Oswaldo Maciá (Galería Espaivisor)
CIS: El funcionamiento de los servicios públicos

Imagen de sala con obras de Bimotor y Oswaldo Maciá. Imagen cortesía de los artistas y galerías Aural y EspaiVisor.

Vista de sala con obras de Bimotor y Oswaldo Maciá en Ver visiones. Imagen cortesía de los artistas y galerías Aural y EspaiVisor.

Hechuras de las que somos cómplices y partícipes, modos que nos dotan de anclajes e historia y política ¿para todos? Parece que poco o nada queda por decir y saber de las estructuras de gobierno cuando constantemente hablamos de democracia, de estado constituyente o de nación-estado, así como de sociedad civil. Y no obstante, los debates y opiniones sobre la inoperancia de ciertas instituciones se repiten bajo esa misma constancia, pero sin medir las formas en las que se dan dichas estructuras. No nos preguntamos por qué tienen esa forma o por qué se administran de esa manera o por qué actuamos de forma casi “innata” ante ellas. Y es entonces, pensando en Michel Foucault y sus investigaciones sobre la arqueología de las estructuras de poder, cuando me acerco a valorar los servicios públicos- por ejemplo- como una configuración más allá de las instituciones disciplinarias y no-disciplinarias, las leyes, las normas, los discursos y las tecnologías. Puesto que “por todas partes hay marañas que es menester desmezclar”1 y es en los servicios públicos donde encontraríamos una definición con la que analizar el “dispositivo” que el filósofo francés asienta en su pensamiento. De hecho, Gilles Deleuze que es capaz de poner de relieve los entramados filosó­ficos de Foucault me alienta, releyendo en ¿Qué es un dispositivo?, a tomar estas consideraciones al entender el dispositivo foucaultiano como un compuesto de líneas de fuerzas que en el caso de los servicios públicos se cruzarían entre lo económico, lo social, el cuidado, la educación, la cultura, la seguridad, los recursos, la movilidad, el hábitat y la convivencia, y, por supuesto, la comunicación. Por tanto, este dispositivo llamado aquí “servicios públicos” sería el conglomerado de líneas de fuerzas controladas, organizadas y gestionadas por la administración pública para todos.

Imagen de sala con obras de Bimotor y Bartolomé Ferrando en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de LaVAC.

Vista de sala con obras de Bimotor y Bartolomé Ferrando en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de LaVAC.

Este dispositivo concreto, que imprime una serie de reglas, costumbres e instituciones, desde una instancia exterior y que se extiende en cuanto a su interiorización como creencias y valores en los individuos empapando lo más íntimo, perpetúa en el sujeto como forma de vida social mecanizada donde la política se impone y todo queda inmerso en sus juegos de poder. La manera en la que este dispositivo actúa en el interior de nuestras relaciones, en los mecanismos y en los juegos de poder, quizá sea la cuestión más importante que investigar. Así, si observamos en el lenguaje este constructo -entendido este, desde época clásica, como el primer dispositivo- alcanzamos a discernir cómo funcionan las relaciones de saber-poder. A saber: dictaminando instancias de conocimiento y poder en torno al orden del discurso.

Oswaldo Maciá. Something going on above my head, 1999-2010. Escultura sonora, monocanal: altavoces, trípode, amplificador, tarima, cable, ipod, impresión digital de pigmentos (48 x 56 cm). Foto Nacho López. Imagen cortesía del artista y EspaiVisor.

Oswaldo Maciá. Something going on above my head, 1999-2010. Escultura sonora, monocanal: altavoces, trípode, amplificador, tarima, cable, ipod, impresión digital de pigmentos (48 x 56 cm). Foto Nacho López. Imagen cortesía del artista y EspaiVisor.

De hecho, si nos introducimos en el mapa sonoro de Oswaldo Maciá, Something Going on Above my Head, escuchamos cómo un concierto de pájaros construye un diálogo transfronterizo, puesto que rompe con las barreras geográficas de los cantos de las aves al traerlas en composición musical. Se muestra una nueva construcción jerárquica basada en la pieza orquestal y no en los orígenes ex­puesto por los estudios ornitológicos o los archivos naturalistas. El discurso estructural establecido es desplazado a otro terreno. Maciá trae en el lenguaje de los pájaros, en el piar, en el graznido, caca­reo, ulule, gorjeo, trino o arrullo, un dispositivo en el que cuestionar la relación poder-saber: explora conocimientos desplazados en los que por el cruce de cantos se pone en choque las instituciones tradicionales con las posibles formas de construcción de subjetividades. Los diálogos se amparan en la modulación de las aves que transforman las relaciones sociales entre el individuo y la colectividad.

Bartolomé Ferrando. Selección de performances. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería del Palau.

Bartolomé Ferrando. Selección de performances. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería del Palau.

Si el lenguaje es el primer dispositivo y en él podemos estudiar los engranajes del binomio saber-poder a merced de una subjetividad, también es el lenguaje el que en su hiancia nos descubre un afuera. El lenguaje de este afuera parece bañado por el teatro del absurdo: el dispositivo se presen­ta bajo formas desbaratadas en su mecanismo que pretenden interrumpir el flujo de las líneas de fuerzas constantes.

Bartolomé Ferrando. Selección de performances. Imagen cortesía del artista y Galería del Palau.

Bartolomé Ferrando. Selección de performances. Imagen cortesía del artista y Galería del Palau.

Así podemos comprenderlo en el trabajo performativo y poético de Bartolomé Ferrando. Sus prácticas bordean el tiempo presente activando y actualizando el discurso. El verbo es aprisionado entre sus labios, eruptado en fonismos, susurrado en pensamiento, infundido en la materia y machacado entre los dientes. A la desesperación de la pérdida de la lógica se suma una aparente demencia o extrema patología ante lo coherente. La sin razón aflora como musitado dis­positivo con el que contravenir la lógica de estado.

Imagen de sala con obras de Bimotor y Bartolomé Ferrando. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de los artistas y galerías Aural y del Palau.

Imagen de sala con obras de Bimotor y Bartolomé Ferrando. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de los artistas y galerías Aural y del Palau.

Bimotor. Trax R3. 2010  Hierro, aluminio, madera, acrílico y motor / 65 x 51 x 144 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de los artistas y Galería Aural.

Bimotor. Trax R3. 2010. Hierro, aluminio, madera, acrílico y motor. 65 x 51 x 144 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de los artistas y Galería Aural.

Bimotor. Trax R3. 2010  Hierro, aluminio, madera, acrílico y motor / 65 x 51 x 144 cm. (detalle). Foto: Nacho López. Imagen cortesía de los artistas y Galería Aural.

Bimotor. Trax R3. 2010. Hierro, aluminio, madera, acrílico y motor. 65 x 51 x 144 cm. (detalle). Foto: Nacho López. Imagen cortesía de los artistas y Galería Aural.

Sin embargo, no hay manera más combativa con la que hacer explotar la maquina de gobierno que mediante la máquina “profana”. La máquina-dios Moloch es amenazada por una serie de pequeñas máquinas que difieren de la consagración del dispositivo. Estas se aproximan al uso de todos a través de su forma de artilugio disparatado de fuerzas incontroladas. Las máquinas de Bimotor, el “contra­dispositivo” que anunciara Agamben, rompen la subjetivación volviendo al ser. Aquí no cabe la natu­raleza rota de un ser-máquina, ya que las máquinas funcionan mediante un mecanismo, pero de mo­vimientos inesperados que genera un extrañamiento en el espectador que participa en su activación. Las máquinas imposibles de Bimotor derivan de una aparente avería del turbo, el dispositivo parece estropeado y, sin embargo, es en su vida en la paráfrasis de la ilógica mecánica donde estos artefactos de la paradoja habitan en constante batalla cortocircuitando los sacrificios a Moloch.

Bimotor. Turbo cabra rampante, 2011  Hierro, esmalte, vinilo adhesivo y motor / 99 x 37 x 172,5 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de los artistas y Galería Aural.

Bimotor. Turbo cabra rampante, 2011. Hierro, esmalte, vinilo adhesivo y motor. 99 x 37 x 172,5 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de los artistas y Galería Aural.

Todas estas prácticas traen a la luz el extrañamiento de la política. Las formas de hacer, las que nos hacen, también tienen su lugar en el afuera de la política, en lo político. Allí donde podemos hallar formas por nacer.

Bimotor. Estrella polar, 2011  Hierro, aluminio, madera, esmalte y motor. 124 x 51 x 378 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de los artistas y Galería Aural.

Bimotor. Estrella polar, 2011. Hierro, aluminio, madera, esmalte y motor. 124 x 51 x 378 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de los artistas y Galería Aural.

Vista de la sala con obras de Bimotor, Bartolomé Ferrando y Oswaldo Maciá en Ver visiones. Imagen cortesía de los artistas y galerías Aural, del Palau y EspaiVisor.

Vista de sala con obras de Bimotor, Bartolomé Ferrando y Oswaldo Maciá en Ver visiones. Imagen cortesía de los artistas y galerías Aural, del Palau y EspaiVisor.

Johanna Caplliure

 

Ver visiones: la crisis de valores

Ver visiones. Reinterpretando el presente
Centro del Carmen
C/ Museo, 2. Valencia
Comisariado por Álvaro de los Ángeles y José Luis Pérez Pont
Hasta el 13 de julio de 2014

Equipo Realidad (Galería Punto) / Lukas Ulmi (Set Espai d’Art)
CIS: La Administración de Justicia / La crisis de valores

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía del artista y Set Espai d'Art.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Set Espai d’Art.

Unos años iniciado el siglo XXI, el llamado de la era de la información, en el que las redes sociales transmiten a cada segundo el devenir de lo que está sucediendo en cualquier lugar del planeta, a una velocidad de vértigo, nos encontramos con unos datos que nos acercan a la realidad y nos revelan las verdaderas preocupaciones de la sociedad contemporánea. A través de los estudios del Centro de Investigaciones Sociológicas -CIS- descubrimos que la principal dificultad actual es el desempleo. Una sociedad que no genera trabajo, no crece, se estanca… Los problemas económi­cos, los grandes casos de corrupción y fraude y el desencanto con nuestros políticos, nos llevan a desconfiar de los valores existentes en la sociedad actual. La sucesión de escándalos políticos, económicos y financieros con cifras escalofriantes hace que vayamos cayendo en el desánimo y la apatía. ¿Es este el mejor ambiente para cultivar los valores humanos? Se está perdiendo el respeto -tanto de los mayores a los jóvenes como de los jóvenes hacia los mayores- y los códigos de convivencia hacen aguas y en cambio, crece el odio, el egoísmo, la violencia, la indiferencia, el individualismo, en definitiva, conductas antisociales y deshumanizadas. ¿Contribuye a esta crisis de valores la televisión o las redes sociales? En el siglo XXI y valiéndonos precisamente de los mass media deberíamos fomentar la pluralidad -formada por un conjunto de singularidades, con unas características e identidades propias-, la tolerancia y el respeto hacia las ideas que no son las nuestras y desde las expresiones artísticas se puede contribuir a impulsar valores como la sensibi­lidad, la creatividad o las emociones.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía del artista y Set Espai d'Art.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Set Espai d’Art.

Equipo Realidad. Brigadas internacionales, 1973. Oleo sobre lienzo. 150 x 150 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía de Galería Punto.

Equipo Realidad. Brigadas internacionales, 1973. Oleo sobre lienzo. 150 x 150 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de Galería Punto.

Y llegados a este punto, ¿cómo puede colaborar la administración de Justicia en la recuperación de los valores? Precisamente, jueces y fiscales pueden y deben marcar límites a determinadas políticas antisociales y luchar con la ley en la mano contra la corrupción, la violencia de género, el racismo… acercándose a los problemas de la sociedad.

Equipo Realidad. Vista del Alcazar de Toledo, 1974. Oleo sobre lienzo. 200 x 200 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía de Galería Punto.

Equipo Realidad. Vista del Alcazar de Toledo, 1974. Oleo sobre lienzo. 200 x 200 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de Galería Punto.

En este momento de crisis, de valores y económica, y que tan profundamente afecta a la sociedad, que existan galerías de arte independientes, no sujetas al poder político y sus imposiciones, que apuesten por el arte contemporáneo y que, al mismo tiempo, se conviertan en puntos de encuen­tro culturales en sus ciudades, dando oportunidades a los artistas y contando con la colaboración de los críticos de arte, merecen, sin duda, el reconocimiento social.

Equipo Realidad. Paisaje urbano: vista de la rambla frente a la plaza del teatro de Mayo del 37, 1973. Oleo sobre lienzo. 82 x 101 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía de Galería Punto.

Equipo Realidad. Paisaje urbano: vista de la rambla frente a la plaza del teatro de Mayo del 37, 1973. Oleo sobre lienzo. 82 x 101 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de Galería Punto.

Dentro del arte valenciano de la segunda mitad del siglo XX surge, en 1966, el Equipo Realidad formado por Jorge Ballester, recientemente fallecido, y Joan Cardells, dos artistas, hijos de artistas que, casualmente, se encuentran en clase en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos y descubren todas las afinidades que les unen y que nacen de la conciencia cívica de cambio social, cultural y laboral que se fomenta desde los sectores intelectuales, universitarios y obreros en los últimos años del franquismo. El compromiso político y la crítica social junto con un rechazo del informalismo y su sustitución por un realismo trabajado desde la modernidad europea y americana pronto situarán al Equipo Realidad en la vanguardia creativa. De hecho, en su declaración de principios afirman: nosotros pensamos que la obra de arte debe estar comprometida con el sentido del progreso moral del hombre y ayudar al desarrollo del grupo social al cual ese hombre pertenece. Este grupo seguirá activo hasta 1976, ya iniciada la transición democrática.

Equipo Realidad. Iglesia de Santo Domingo Castro de Rio, 1974. Oleo sobre lienzo. 100 x 100 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía de Galería Punto.

Equipo Realidad. Iglesia de Santo Domingo Castro de Rio, 1974. Oleo sobre lienzo. 100 x 100 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de Galería Punto.

Las obras que hoy se muestran, forman parte de la serie Hazañas bélicas o Cuadros de Historia, trabajada entre 1973 y 1975 y en la que reflexionan sobre la Guerra Civil. Está realizada a partir de unas pésimas fotografías en blanco y negro, -una fantasmagoría, decía Cardells- que publicaba una enciclopedia popular editada en fascículos y que, reproducidas en tonos grises, actúan sobre los rasgos identificadores tratando la imagen, alterándola, hasta conseguir desenfocarla contribu­yendo así a realzar la lectura irónica de las obras: Lo que nos interesa no es la realidad, sino su imagen.

Equipo Realidad. Paisaje: la sierra de Caballs bombardeada por las tropas de Yagüe y García Valiño en 1937, 1973. Oleo sobre lienzo. 110 x 110 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía de Galería Punto.

Equipo Realidad. Paisaje: la sierra de Caballs bombardeada por las tropas de Yagüe y García Valiño en 1937, 1973. Oleo sobre lienzo. 110 x 110 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de Galería Punto.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía del artista y Set Espai d'Art.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Set Espai d’Art.

El escultor suizo afincado en Valencia Lukas Ulmi contribuye a esta exposición con la instalación Desafiando el espacio, realizada para este espacio en el que la contemplamos ahora. A través de la ligereza de los más de ocho metros de sus enormes construcciones geométricas que realiza con finas varillas de hierro, crea unos juegos espaciales minimalistas. Los volúmenes se mueven, se encuentran, tropiezan entre sí, traspasan los muros en un equilibrio inestable que contribuye a dar sensación de movimiento y nos llevan más allá de la creatividad artística, a traspasar fronteras, a plantearnos cuál es el límite.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía del artista y Set Espai d'Art.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Set Espai d’Art.

Frente a los trabajos consolidados y reivindicativos de un momento político determinado, pero ya pasado, de Equipo Realidad, se encuentran los contenedores vacíos, silenciosos, fruto de esta sociedad en crisis de Lukas Ulmi pero que al mismo tiempo, esperan el camino hacia valores como solidaridad, confianza, colaboración, profesionalidad, compromiso, credibilidad o respeto. En defi­nitiva, a la espera de un mundo más justo.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho. Imagen cortesía del artista y Set Espai d'Art.

Lukas Ulmi. Desafiando el espacio, 2014. Hierro. 850 x 600 x 350 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Set Espai d’Art.

Pilar Tébar

 

Ver visiones: los políticos

Ver visiones. Reinterpretando el presente
Centro del Carmen
C/ Museo, 2. Valencia
Comisariado por Álvaro de los Ángeles y José Luis Pérez Pont
Hasta el 13 de julio de 2014

Lucebert (Galería Rosalía Sender) / Ángel Masip (Parking Gallery)
CIS: Los/as políticos/as en general, los partidos, la política.

Lucebert. S/T, 1991. Acrílico sobre cartón. 50 x 65 cm. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Lucebert. S/T, 1991. Acrílico sobre cartón. 50 x 65 cm. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Que el arte sea capaz de mantener una mirada renovada sobre la realidad, sin duda expresa una aspiración antidogmática. Caracterizarla no es convenir en una perspectiva de mera diferenciación formal, ni plantearse un contenido conceptual en mensajes críticos cuyo significado encaje en deter­minaciones públicas, sino más bien percibir que la terminología empleada constituye la concreción de un saber insuficiente para fijar aquella renovación. Así, advertido el lector, y, por extensión, haciendo precavido al espectador, cabría tan solo señalar ya no una aspiración, sino una necesidad: el hecho creativo de la desobediencia.

Para el recto obrar, el saber era requisito fundamental en la creencia de Sócrates. La efectividad en la tarea dependía de un quehacer amparado por el saber, que originando el preguntar socrático, ponía en tela de juicio la asunción indigesta de “verdades”. En este sentido, el trágala de lo exterior-real nunca alimentaría la poética de los artistas, pues la creatividad incorpora algo similar a un saber subversivo, y todos somos conscientes que la renovación únicamente lo es del statu quo, lo es de lo político encorsetado, no en lo correcto, sino en un pensamiento oligárquico, depredador de la res pu­blica, y, a la larga, estructurante de un ser humano dócil, de mentalidad dúctil, maleable. Frente a esta situación, no cabe el artista apacible a las cuestiones de la polis, o amansado por aquello que la regula conforme a un programa de existencias sumisas. Sería como incubar un cómplice descrédito.

Ángel Masip. Main Landscape, 2010. Serigrafía sobre lona de PVC, estructura de madera, tubos fluorescentes y cable eléctrico. 266 X 500 X 60 cm. c/u. Imagen cortesía del artista y Parking Gallery.

Ángel Masip. Main Landscape, 2010. Serigrafía sobre lona de PVC, estructura de madera, tubos fluorescentes y cable eléctrico. 266 X 500 X 60 cm. c/u. Imagen cortesía del artista y Parking Gallery.

En el caso de las obras de Lucebert (Ámsterdam, 1924-Alkmaar, 1994) y A. Masip (Alacant, 1977), quizá la fragmentación de tiempos cronológicos e imágenes de nuestra incierta postmodernidad, pue­da facilitarnos algunos nexos teóricos y simbólicos hacia los cuales, desde sus pinturas o instalaciones, nuestra percepción se ve concernida hacia, cuanto menos, una resistencia de múltiples perfiles que, a pesar de facetarse en dos siglos distintos, conjuga ser tan rebelde como resistente, pues ambos artis­tas experimentan en su trabajo el tener frente a sí el proceloso control del Poder, es decir, son testi­gos de aquello que ha desbancado a la política como espacio de diálogo y honesta negociación con la ciudadanía. Este hiato, una falla profunda que actualmente se nos pone de manifiesto, por proximidad administrativa, en el insondable desprestigio institucional del Estado español, y por sentir identita­rio, en nuestro maltrecho País Valencià, no deja de ser cíclico y universal si hiciéramos un poco de historiografía. Aunque ahora, aquí y ante el abismo, crece una acuciante comprensión intelectual del artista respecto de su compromiso social no especialmente ligado a funcionalidades expresas. Diga­mos que es más esclarecedor en la metáfora, que da más luz.

Lucebert. S/T, 1976. Gouache, tinta y lápiz sobre papel. 65 x 50 cm. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Lucebert. S/T, 1976. Gouache, tinta y lápiz sobre papel. 65 x 50 cm. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Así, al holandés del grupo CoBrA le arrastra en el gesto una radical protesta contra la injusticia a la cual no se subyuga, sobrepasándola, salvajemente, a partir de lo originario de la expresión ma­terializada, por ejemplo, en un tirano deformado por el trazo. La subjetividad responde con ello al poder político. Son las emociones, aquellas que revolucionan el cuadro, dado que pintor y poeta, a pesar de sus diferencias metodológicas, están marcados por igual frente al abuso de la política. De ahí que el grafismo sea el de un demente o un niño que garabatea. Un todo de materializacio­nes plásticas de lo indefenso por valioso, sin corromper, sin destruir, vital, verdadero, en perenne pulsión de una existencia creadora que apelaría a lo fantástico, improvisando la plasmación de los miedos, obsesiones y pasiones de un hombre que grita a su vez por saberse sartriano, o amigo del Saura bestial, o invitado de Brecth.

Lucebert. S/T, 1978. Ceras y tinta sobre papel. 50 x 65 cm. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Lucebert. S/T, 1978. Ceras y tinta sobre papel. 50 x 65 cm. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Es crucial, por tanto, que la poética de Lucebert defienda el derecho que le asiste a éste, como crea­dor, a vivir en conflicto con la política decadente. ¿Cómo sino escapar a la violenta represión policial de los obreros en el Ámsterdam de 1930? ¿Qué hacer para despreciar íntimamente la condena a tra­bajos forzados impuesta por el ocupante nazi? ¿De qué modo expresar la protesta contra las medidas del gobierno holandés en contra de la Independencia de Indonesia? Ciertamente sus composiciones poseen la consistencia atávica de lo primitivo, pues en su historia de juventud acontece el desastre institucionalizado. La desobediencia de la pintura lo es a la ley que los gestores políticos imponen por encima de la voluntad democrática de la ciudadanía. Y volviendo al filósofo ateniense, las consecuen­cias que lo anterior comporta nos retornaría a uno de los interrogantes del Critón, puesto que en ese diálogo, Sócrates se plantea: ¿cómo puede sobrevivir un Estado y no caer cuando los juicios decreta­dos carecen de toda fuerza y son invalidados y quebrantados por individuos particulares? El artista, que para nosotros puede convertirse en ese individuo tan solo con un gouache, es capaz de profanar la demagogia con un pincel. En el libro V de la Política, Aristóteles escribe que “antiguamente, cuando se convertía la misma persona en demagogo y estratega, orientaba el camino hacia la tiranía “. Luce­bert advierte con su obra de este peligro y, al tiempo que desintegra la figura, permite que el especta­dor arraigue en la prevención de sí mismo.

Lucebert. S/T, 1988. Gouache sobre papel. 50 x 70 cm. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Lucebert. S/T, 1988. Gouache sobre papel. 50 x 70 cm. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Las cautelas anteriores, interpretadas bajo los focos del torcido y violento siglo XX, se explican y justifican aún más en el presente si pensamos en la engañosa ilusión de una política moral. Aranguren habla de esto en la lectura de Humanismo y terror, cuando llama la atención, a propósito del origen violento del Poder sobre el que reflexiona Merleau-Ponty, que para el filósofo francés todos los regí­menes establecidos han “olvidado” una violencia primaria porque ya no existe un reconocimiento de ésta como tal, simplemente se ha institucionalizado y autojustificado por la Ley aunque no se reco­nozca en aras de una inmaculada pureza. Y, a través de esta pureza, se dice proseguir con la falsa tarea del buen gobierno como proyecto de dominación. La distorsión es entonces instrumento planteado para la disolución de la crítica sitiando lenguajes, envolviendo discursos y asediando alternativas hasta extender la doctrina sin especulación, tratando de asentar una generalizada apatía indolente, un pai­saje tibio e indiferente a una percepción profunda.

Lucebert. S/T, 1988. Gouache sobre papel. 42 x 59,5 cm. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Lucebert. S/T, 1988. Gouache sobre papel. 42 x 59,5 cm. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Aquella panorámica, que hacemos confluir con un ambiental naturalismo amanerado, suplanta la reflexión de fuste por un candoroso y pueril mundo feliz, ahora adobado, con toques de espectacula­ridad, más allá de Huxley. Consciente de esta actitud postiza, Ángel Masip ni condena ni desautoriza. Su obra recalca una distancia, está en otro lugar, sanciona otro paisaje aún estando dentro de él. Los territorios naturalistas que se configuran en su pieza se han conducido a través de un aprendizaje y cuestionamiento del género pictórico en propia carne. Experimentándolo al óleo o conceptualizando sus sentidos y resortes hermenéuticos mediante diversas estrategias y materiales que operan en la estructura tridimensional, la travesía del artista ha sido una tenaz investigación sobre las predetermi­naciones ideológicas prendidas al paisaje, más que sobre la verificación de significados concretos. Ma­sip no debate sobre la especificidad, sino que convive con la convención escenográfica, únicamente, con la intención de emitir dudas alrededor de algo considerado solvente en la percepción. No oculta sus alternativas a nivel formal, no lo hizo en su “Meteorismo” y tampoco en “Filología para más tarde”, pero la búsqueda de una alternativa auténtica ha dejado paso a mostrar el insoportable sucedáneo azul, el fingimiento de un paisaje encubierto sin disimulo: la doblez, ya, sin farsa.

Ángel Masip / Lucebert en "Ver visiones. Reinterpretando el presente".

Ángel Masip / Lucebert en “Ver visiones. Reinterpretando el presente”.

El animal político de Aristóteles en realidad se automanifiesta en el paisaje de la ciudad y en la obser­vación del cambio. Masip también observa esa transformación cultural de la sociedad, sujeta visual­mente a algunas rémoras, pero tal vez, y sin querer salvar al mundo cambiante, alerta de la completa no-entidad diseñada por el establishment. El movimiento del artista es, pues, de autoafirmación, con algunas indicaciones entre bastidores, que proyecta indefectiblemente un encontrarse examinante frente al “paisaje”. Un paisaje sin horizonte, que es donde las sombras del Poder se liberan de respon­sabilidad social y creatividad.

Ricard Silvestre

Pincha aquí y lee el texto curatorial de Álvaro de los Ángeles y José Luis Pérez Pont.
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