Del mito al espanto

Entre el mito y el espanto. El Mediterráneo como conflicto
Comisario: José Miguel Cortés
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 3 de julio de 2016

En la parte de la exposición que corresponde al mito se puede leer esta cita de Rilke: “Lo bello no es sino el comienzo de lo terrible”. La cita no recoge lo que viene justamente después: “lo terrible…que todavía podemos soportar”. Entre el mito y el espanto. El Mediterráneo como conflicto, que hasta el 3 de julio permanecerá en el IVAM, reúne 100 piezas de 30 artistas reveladoras de esa belleza como antesala del horror desplegado en el más amplio espacio destinado al conjunto expositivo. Espanto, eso sí, amortiguado para que pueda ser soportable y, por tanto, objeto de estudio. “No queríamos imágenes truculentas, sensacionalistas, sino aquellas otras que invitaran a la reflexión”, indicó José Miguel Cortés, director del IVAM.

Imagen de Adrian Paci. Entre el mito y el espanto. IVAM.

Imagen de Adrian Paci. Entre el mito y el espanto. IVAM.

De manera que “más que un puñetazo en el rostro”, la muestra pretende motivar con sus imágenes poéticas a una indagación profunda acerca de ese Mediterráneo conflictivo, “con muchas aristas y de difícil solución”, precisó Cortés. De la visión cálida, amable, con la que se entra en la exposición, a través de las obras de Benlliure, Pinazo, Sorolla o Muñoz Degraín, se pasa al espanto “más contemporáneo” que ofrecen las imágenes de Xavier Arenós, Adrian Paci, Zineb Sedira, Montserrat Soto, Sergio Belinchón, Yto Barrada o Ursula Biemann.

Como explicó José Miguel Cortés, en calidad igualmente de comisario de la exposición, por un lado está el mar de finales del siglo XIX y principios del XX como espacio de “tranquilidad, sosiego y búsqueda del placer” y, por otro, ese Mediterráneo más problemático de nuestra contemporaneidad relacionado con la migración, los refugiados, las fronteras y las guerras. “El desarraigo está muy presente en toda la exposición”. El desarraigo y, con él, esa sensación de “melancolía por lo perdido”, abundó Cortés.

Fotografía de Mohamed Bourouissa. Entre el mito y el espanto. IVAM.

Fotografía de Mohamed Bourouissa. Entre el mito y el espanto. IVAM.

“Queríamos huir de la simple denuncia y que las imágenes fueran de gran belleza poética”, señaló el comisario. Más que impactar, Entre el mito y el espanto establece un pacto lleno de fisuras entre lo imaginario y lo real; entre el mito de las tierras luminosas bañadas por el Mediterráneo, y el horror que contienen esas mismas tierras anheladas por cuantos buscan una vida mejor. Aunque el mar que protagoniza la exposición ha sido durante siglos objeto de disputas, “nunca como ahora ha sido lugar de fronteras e inmensa tumba”, recordó Cortés.

Fotografía de Nicolas Muller. Entre el mito y el espanto. IVAM.

Fotografía de Nicolas Muller. Entre el mito y el espanto. IVAM.

A esa tumba se llega después de atravesar el más florido jardín que propone el mito del Mediterráneo, en cuya entrada está Kavafis con su ‘Viaje e Ítaca’. “Que Kavafis nos acompañe en este viaje placentero”, señaló el comisario. Las palabras del poeta sirven de introducción a la muestra, corroborando las de Cortés: “Llegar allí es tu destino. Mas no apresures nunca el viaje”. Y así, cadenciosamente, fue Cortés desgranando el cambio en la visión del Mediterráneo que se ha producido en menos de dos siglos.

Fotografía de Yto Barrada. Entre el mito y el espanto. IVAM.

Fotografía de Yto Barrada. Entre el mito y el espanto. IVAM.

Rogelio López Cuenca, insertado en el mito, desvela lo que se oculta tras esa visión amable. Es la primera advertencia de lo que nos aguarda. Enseguida empiezan a aparecer las imágenes de refugiados (Biemann), de límites y fronteras (Arenós), de personas hacinadas en las escalinatas que conducen a un avión que jamás llega (Paci), de hombres mirando a un horizonte imposible (Sedira), de interminables esperas (Barrada), de lugares fantasmales (Montserrat Soto) y de simple supervivencia (Mohamed Bourouissa).

Debates, talleres, jornadas, un ciclo de cine y diversas actividades completan la exposición Entre el mito y el espanto, con el fin de profundizar en tan controvertido Mediterráneo. Un mar al que se abocan 22 pueblos en busca de felicidad no exenta de melancolía muchas veces siniestra. Cortés apuntó en todo momento su intención de “huir de las visiones fáciles, sensacionalistas”, para que mediante fotografías “menos evidentes pero más profundas” la reflexión fuera posible.

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Fotografía de Zineb Sedira. Entre el mito y el espanto. IVAM.

Fotografía de Zineb Sedira. Entre el mito y el espanto. IVAM.

Salva Torres

Sebastiao Salgado, ¡ay Dios, el Génesis!

Génesis, de Sebastiao Salgado
CaixaForum Madrid
Paseo del Prado, 36. Madrid
Hasta el 4 de mayo

Dicen que en el origen fue el verbo, la palabra, el lenguaje dotando de sentido al informe mundo. Una vez iluminada la larga noche de los tiempos, los hombres han portado la antorcha de las palabras para ir abriéndose paso entre las tinieblas. Pero la luz no ha dejado de estar amenazada por las sombras que esas mismas palabras proyectan en ocasiones, fruto del delirio humano. De manera que la naturaleza, tan pronto evoca el asombro como la estupefacción; el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar, por seguir a Rilke.

Fotografía de Sebastiao Salgado en la exposición 'Génesis'. Imagen cortesía de CaixaForum.

Fotografía de Sebastiao Salgado en la exposición ‘Génesis’. Imagen cortesía de CaixaForum.

Sebastiao Salgado, cámara en mano, se ha paseado por medio mundo para acercarnos esas maravillas de la naturaleza a punto de devorarnos por su belleza. Diríase que en el blanco y negro de Salgado se concita el esplendor de un mundo milagrosamente a salvo del capitalismo más salvaje, cuyo paradójico salvajismo es fuente a su vez de imágenes poderosísimas. Génesis, tal es el título de la exposición en CaixaForum, recoge mediante 245 fotografías todo ese esplendor primigenio de la naturaleza que Salgado bruñe con mirada inmaculada. Un génesis casi literal, por cuanto se adivinan detrás de esos cientos de imágenes la presencia velada de cierto dios separando la luz y las tinieblas.

Comisariada por Lélia Wanick Salgado, Génesis es un canto a la belleza mayúscula, ésa que linda con lo siniestro en tanto reverso o fina prolongación del éxtasis a punto de convertirse en doloroso abismo. Como recoge Wanick, “a lo largo de ocho años, en treinta y dos viajes a lugares remotos”, Salgado ha ido localizando paisajes terrestres y marítimos, así como diversos ecosistemas y grupos humanos que se han mantenido intactos, para dejar constancia de esa belleza que parece rebañar los ojos del atónito espectador.

Fotografía de Sebastiao Salgado en la exposición 'Génesis'. Imagen cortesía de CaixaForum

Fotografía de Sebastiao Salgado en la exposición ‘Génesis’. Imagen cortesía de CaixaForum

Dividida en cinco apartados, cada uno de ellos representando extensas regiones del planeta, a su vez diferenciados por colores que las delimitan en la sala de exposiciones de CaixaForum, Génesis abarca lugares tan dispares como la Antártida y los confines del sur, África, Las tierras del norte, La Amazonia y el pantanal o Santuarios como las islas Galápagos, Sumatra o Madagascar. Todos ellos espacios naturales al servicio de la poética mirada de Salgado, que más que fotografiar esos lugares lo que hace es crearlos a partir de un minucioso tratamiento del blanco y negro y del encuadre.

Los paisajes de Salgado conmueven sin duda por su grandiosidad, transmitiendo la sensación de fragilidad que produce tan inmensa naturaleza despojada de todo vestigio humano. Incluso allí donde mujeres y hombres de ciertas tribus y aldeas ocupan el protagonismo de la imagen, lo hacen para subrayar ese carácter atávico, primigenio, de la naturaleza que los contiene. Y cuando Salgado acerca su cámara para encuadrar fragmentos de esa naturaleza, entonces brota el asombro como efecto de la génesis propia del acto creativo.

Ya sea la pata de una iguana mariana, la enorme aleta de una ballena entrando en el agua, el labio forzado de una mujer indígena o el acechante rostro de un leopardo en la oscura noche, todo está dispuesto para que el ojo humano alucine visiones que Salgado produce con la sola sustancia del material fotográfico. El Génesis de Sebastiao Salgado en CaixaForum es un acto de pura creatividad en 245 imágenes de indudable belleza, allí donde la belleza asombra y provoca un temblor inexplicable.

Fotografía de Sebastiao Salgado en la exposición 'Génesis'. Imagen cortesía de CaixaForum

Fotografía de Sebastiao Salgado en la exposición ‘Génesis’. Imagen cortesía de CaixaForum

Salva Torres

La Noruega de Carratalá, en pequeño formato

Noruega 2011, pequeño formato, de Calo Carratalá
Galería Cuatro
C/ La Nave, 25. Valencia
Inauguración: jueves 16 de enero, a las 20.00h
Hasta el 17 de febrero

En la epopeya de Gilgamesh se cuenta en cierto pasaje cómo “el miedo hizo nido dentro de sus entrañas”, para rematar a continuación: “Su rostro era el de un hombre que llega de muy lejos”. Es esa lejanía, sin duda desoladora, la que se percibe en la obra de Calo Carratalá que, tras ser expuesta en el Centro del Carmen, recala ahora en la Galería Cuatro en pequeño formato. Atraen, al tiempo que provocan, si no miedo, una enorme inquietud, esos paisajes realizados hace poco más de dos años durante una estancia en Noruega. La tensión entre esos grandes fondos sin figuras, cuyo despojamiento asombra, y esos diminutos colores marrones de las cabañas a las que uno se agarra en medio de la blanca nieve, provocan en el espectador esa suerte de atracción y melancolía que destila la obra de Carratalá.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011. Imagen cortesía de Galería Cuatro.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011. Imagen cortesía de Galería Cuatro.

El conjunto de piezas lo ha titulado el artista lacónicamente Noruega 2011. Otro acierto. Porque a esos grandes paisajes nórdicos pintados con gran economía de recursos y compleja sencillez, sólo se puede entrar con el silencio sobrecogedor al que invita la propia naturaleza. Las montañas, los lagos, las carreteras nevadas, flanqueadas por finos postes telegráficos, todo parece destinado al sobresalto hierático, a despojarse de las comodidades que abotargan los sentidos, para mantener una mirada perpleja ante tamaña vastedad.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011.

Calo Carratalá llegó a la residencia para artistas en Alvik, cerca de Bergen, a la que fue invitado, y desde allí emprendió la aventura exploratoria que refleja en sus cuadros. Descubrió islas, lagos, fiordos, montañas, entre Oslo y Tronson, ya en el círculo polar ártico. Y magnetizado por ese paisaje, fue tomando notas en unos cuadernos de viaje y trazando el mapa sentimental de su experiencia por aquellos espacios nevados. Experiencia que el espectador, si quiere ponerse a su altura, debe repetir con el mismo asombro que el artista recoge en su obra.

Enormes montañas en Lyngen, fiordos en Nor-Norge, las islas Lofoten, casas en la costa de Sor-Trondelag: no hay respiro para la mirada, que asiste impávida a ese recorrido por la vasta soledad del paisaje nórdico, blanco, nevado, temblando ante la posibilidad de que tan majestuosas y grises montañas descarguen su ira de un momento a otro. Calo Carratalá, de vez en cuando, deja que se asome cierto azul del cielo, entre blancos, ocres y negros. Y con qué alivio descubre el espectador esas pequeñas cabañas de madera, refugio para una vista que se pierde en la inmensidad de esa naturaleza amenazadora.

Obra de Calo Carratalá de sus serie Noruega 2011.

Obra de Calo Carratalá de sus serie Noruega 2011.

Noruega 2011 es un ejercicio plástico que no deja precisamente helado, sino que, gracias a la destreza del artista al captar sin artificios añadidos la esencia de esos paisajes nevados, fríos, sobrecogedores, provoca cierto deshielo en la mirada. Por eso atrae, al tiempo que produce escalofrío, esa naturaleza nórdica. Será porque, en el fondo, compartimos con Rilke aquello de que la belleza es el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar. Y lo soportamos, después de todo, gracias al trabajo viajero de Calo Carratalá, el artista que surgió del frío para animarnos a compartir su honda experiencia nórdica.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011. Imagen cortesía de Galería Cuatro.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011. Imagen cortesía de Galería Cuatro.

Salva Torres

Los cuerpos siniestros de Barroso

Moments Maniacs. Antonio Barroso.
La Lisa Arte Contemporáneo
C / Collado Pina, 10. Albacete
Inauguración: 3 de mayo
Hasta el 14 de junio

Dice Jean-Luc Nancy, citado por el comisario Fernando Castro, que “tocar la interrupción del sentido” es lo que, “por mi parte, me interesa del asunto del cuerpo”. Y dice bien. Al menos en lo que se refiere a la exposición de Antonio Barroso, que la galería La Lisa Arte Contemporáneo acoge hasta el 14 de junio. Interrupción del sentido: eso es lo que reflejan los retratos y figuras, literalmente plastificadas, que Barroso muestra en la sala albaceteña.

Castro ha seguido el rastro de esa interrupción para hablar de “función del velo” acerca del conjunto expositivo. Y, además de citar a Nancy, también se refiere al Freud de Mas allá del principio del placer. Otra cita ajustada a lo que la muestra concita. Porque es sin duda del goce, en tanto pulsión de muerte, lo que  aflora en esos cuerpos plastificados y un tanto mortificados de Barroso. O, por seguir la estela freudiana, la revelación del cuerpo en tanto cuerpo siniestro.

Y como lo siniestro el padre del psicoanálisis lo asoció a lo familiar, lo más íntimo y cercano, que, de pronto, se vuelve extraño, nada más natural que trasladar ese enunciado a las figuras y retratos de Antonio Barroso. Ahí, en esos cuerpos fotografiados como si fueran mortajas o diana de punzantes sensaciones, se ubica lo siniestro freudiano que el artista valenciano parece hacer leit motiv de su obra.

Antonio Barroso. La Lisa Arte Contemporáneo

Antonio Barroso. La Lisa Arte Contemporáneo

Fernando Castro, quizás más pudoroso, levanta un velo para fijar su meditación en el enmascaramiento de esos modelos, en ocasiones forrados “literalmente de plástico adhesivo”. Pero el Más allá del principio del placer va más allá de ese velo; que es, sin duda, el lugar al que apunta Barroso. Un lugar siniestro por cuanto la “interrupción del sentido” lo provoca, lo reclama, hurgando en la oscuridad del cuerpo lacerado, mortificado, “preparado para escuchar lo inaudito”, precisa Castro.

El velo y lo inaudito no terminan de cuadrar en la obra de Antonio Barroso, porque lo que el velo vendría a tapar es precisamente la voz estentórea, radical, de lo que debiendo permanecer oculto se revela, por seguir a Rilke. En todo caso, Barroso no vela nada, sino que utiliza el velo como anunciación del cuerpo siniestro. Un cuerpo tocado por la “interrupción del sentido”, en tanto ningún horizonte simbólico parece aguardarle. Nada que pueda hacerse cargo de eso real, amenazante, que en la obra de Antonio Barroso se manifiesta como destino inexorable de esa carnalidad lacerada.

Salva Torres