¿No les suena ‘La Traca’?

La Traca. La transgresión como norma
La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. València
Hasta el 15 de enero de 2017

Durante un tiempo la ciudad de Valencia produjo la revista de mayor tirada de España y también la más polémica y jocosa. Su propietario, Vicente Miguel Carceller, era además el editor más importante del país, pero el destino de ambos se interrumpió súbita y fatalmente por compartir compromiso antifascista: la publicación tuvo que dejar de editarse y Carceller fue fusilado. La Universitat de València recupera esta historia en la exposición ‘Revista La Traca. La transgresión como norma’.

La primera exposición que se realiza sobre esta publicación, que vio la luz entre finales del siglo XIX y el fin de la II República, recupera una extensa documentación que no se ha mostrado públicamente. Portadas y números completos de ‘La Traca’, ejemplares todos de gran valor que pudieron salvarse, ya que en su mayoría fueron destruidos durante el régimen franquista. La muestra podrá visitarse hasta el próximo 15 de enero en la Sala Estudi General del Centre Cultural La Nau de la Universitat de València.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

El vicerrector de Cultura e Igualdad, Antonio Ariño, señala el carácter popular de esta publicación satírica y, cómo, a través de esta muestra única, la Universitat de València rinde homenaje no solo a ‘La Traca’, sino también al conjunto de la cultura popular satírica valenciana. Asimismo, destaca el mensaje homogéneo de ‘La Traca’ que llegaba a toda la sociedad, a diferencia de Internet que propicia una forma diferente de circular la información.

Antonio Ariño estuvo acompañado en la presentación de la muestra por los comisarios, los profesores Antonio Laguna y Francesc-Andreu Martínez, para quienes esta exposición no solo reconstruye la historia del semanario y de su editor, sino también la de una cultura popular alternativa que cuajó en la Valencia de los años 30 del siglo XX a través de ‘La Traca’. Aquel semanario, que se escribía en valenciano frente a la cultura oficial en castellano, fue importante porque reflejó una cultura alternativa, a la contra, inmisericorde con la corrupción y que reivindicó la fiesta laica y popular.

Tanto Laguna como Martínez reconocen la singularidad de esta exposición producida por la Universitat de València: “No solo es la primera exposición que se realiza sobre este semanario, es que además reúne auténticas piezas de coleccionista, ya que los ejemplares que se conservan sobre ‘La Traca’ son una rareza”, coinciden ambos, que agradecen el apoyo de la Universitat por la realización de esta muestra, así como la aportación del coleccionista y erudito Rafael Solaz, crucial para reunir el material exhibido, y la ayuda de la Biblioteca Valenciana y de las Hemerotecas Municipales de Valencia y Madrid.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

Martínez reivindica, además, la figura del editor valenciano Vicente Miguel Carceller (1890-1940), el hombre que editó ‘La Traca’ desde 1909 y que fue el creador de un imperio editorial, al conseguir que sus publicaciones -más de una decena-, fueran las más leídas de España, siendo el primer editor que consiguió superar el medio millón de ejemplares con ‘La Traca’ en 1931. Un total de 50 familias entre impresores, redactores, grabadores, dibujantes, personal administrativo y otros trabajaban para las publicaciones de Carceller. Pero que ‘La Traca’ fuera casi la única publicación en caricaturizar la figura de Franco tuvo consecuencias: Carceller fue fusilado en junio de 1940 en los muros del cementerio de Paterna y su obra fue destruida. Esta exposición pretende dar a conocer la historia del semanario.

La exposición, ubicada en la Sala Estudi General, está estructurada en 10 secciones, en las que se analiza, entre otras cuestiones, el papel de ‘La Traca’ en el periodismo, la figura de Carceller o las señas de esta publicación, símbolo de la República, el anticlericalismo y el erotismo, que marcaron la cultura alternativa de la época.

‘La Traca’ fue la heredera de una prensa satírica que nació a principios del siglo XIX, un periodismo que vivió su primera edad de oro entre 1868 y 1874. Tramoyeres (1880-81) contabiliza 101 periódicos entre 1868 y 1874 aparecidos en la ciudad de Valencia, de los que 28 fueron satíricos. La mayor parte de ellos eran republicanos o carlistas, lo que indica que se dirigían a un público que compartía características intelectuales y económicas; un público iletrado que requería de imágenes y nuevas formas narrativas.

La conexión entre la prensa satírica y la primera ‘Traca’ se llama Constantí Llombart, que fue su inspirador a través de las publicaciones que impulsó. En noviembre de 1884, los hijos políticos de Llombart, Manuel Lluch Soler y Luis Cebrián Mezquita, creaban ‘La Traca, Semanari pa la chent de tro’. Con todo, el protagonista indiscutible de ‘La Traca’ es Vicent Miguel Carceller (1890-1940), no solo por retomar en 1909 la cabecera creada por Lluch Soler dos décadas atrás, sino por dotarla de todos los ingredientes que acabarán convirtiéndola en la publicación señera del valencianismo que Sanchis Guarner denominó de “espardeña”, es decir, popular.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

‘La Traca’ fue denunciada insistentemente a lo largo de su existencia, no solo por la crítica política que pudiera efectuar, cuanto por los dibujos y el contenido sexual que pudiera sugerir. En 1913 tuvo tres denuncias interpuestas por el fiscal por sus dibujos “pecaminosos”, que conllevaban una sanción económica de entre 25 y 125 pesetas, además del secuestro de la tirada, incluidos los clichés.

A pesar de las multas, el éxito de la publicación fue rotundo: en el balance que efectuaba en 1913 informaba tener una tirada de 12.000 ejemplares, lo que se traducía en unos ingresos que se aproximarían a las 500 pesetas semanales. Las claves de este éxito radican en la conjunción de múltiples factores, entre los que se encontraba su precio de venta, ‘una aguileta’ (5 céntimos), al alcance de cualquiera, la originalidad y la comicidad de sus contenidos.

Suspendida con la dictadura, reaparecida con la República, desde entonces, en abril de 1931, ‘La Traca’ multiplica sus contenidos para hacerse más didáctica, más visual, más provocativa. El anticlericalismo y el erotismo fueron marcas de la casa, por eso ocupan dos secciones de la exposición. El erotismo, que Carceller exprime hasta donde fiscales y jueces lo permitieron, con el fin de ganar lectores y dinero. Pero en ambos ámbitos siempre discurren con sutileza, en un velado juego de metáforas y de alusiones indirectas.

En 1934, con la llegada de la derecha al poder, la revista quedó silenciada, y la editorial que la publicaba, desmantelada. Después, con el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, la publicación que más ejemplares había sido capaz de vender en la historia del periodismo español volvió a reaparecer. Con el inicio de la Guerra Civil, ‘La Traca’, por su incidencia social, deja de tener un sentido comercial para pasar a ser, por encima de todo, un potente medio de propaganda, hasta su fin en 1938.

 

Domingo y Chambó, firmas en la 51 Fira del Llibre

51 Fira del llibre
Valencia, hasta el 1 de mayo. Jardín de Viveros.

Vicente Chambó y Carlos Domingo firmarán el libro Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet el sábado 23 y domingo 24 (librería Denes caseta 17 y 18) en la 51 Fira del Llibre de València. Autor e ilustrador del volumen galardonado con el Premio Nacional de Edición (Bibliofilia) Ministerio de Educación Cultura y Deporte, y con el premi al Libre millor editatat, Consellería d’Educació Cultura i Esports de la Generalitat Valenciana compartirán con los lectores los detalles de dicha publicación.

?????????????????????????????????

Edición con obra gráfica original de Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet. Tirada de 100 ejemplares numerados. Ed. El Caballero de la Blanca Luna.

La obra, tiene como preámbulo la narración de Chambó que vertebra la recuperación de la tradición oral con mensajes de sostenibilidad, el debate sobre los problemas políticos e históricos del Tíbet y el amor al libro como elemento aglutinador de todo ello. Se trata de un relato didáctico y original que pone al lector frente al misterioso Tíbet con el máximo rigor, y lo hace encarnando a Kunsang Tapontshang, una mujer tibetana que narra en primera persona la historia y argumentos de los protagonistas, transmite el valor de los cuentos y de la tradición oral, a la vez que desvela muchos detalles del Tíbet místico y desconocido de principios del s. XX hasta la huida del Dalai Lama en 1959. Ver https://www.makma.net/el-libro-debe-superar-al-arbol/

?????

Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet. Edición sin numerar, tirada de 225 ejemplares. Ed. El Caballero de la Blanca Luna.

Además, el fin de semana firmarán escritoras y escritores como Almudena Grandes (sábado por la mañana en la caseta de la organización), Santiago Posteguillo (sábado por la mañana en las casetas 27 y 28, de Llibreria El Puerto), Carmen Amoraga (viernes por la tarde en la caseta de BiblioCafé y domingo por la mañana en la caseta de la organización) o Ramón Palomar (viernes por la tarde y sábado por la mañana en la Caseta 2, de La Llapissera) entre otros.

Imagen de portada, presentación de Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet en el Centro del Carmen. De izquierda a Derecha, Felipe Garín, José Luis Pérez Pont, Carlos Domingo, Vicente Chambó, Rafael Solaz y José Elías Esteve. Foto archivo MAKMA.

Palabras de hoy para fotografías de ayer

Relatos en blanco y negro
Generación Bibliocafé (GB)

Un grupo de amigos y conocidos amantes de la literatura en su doble vertiente como lectores y escritores. Una serie de talleres literarios para iniciarse en sus misterios. Un local donde reunirse a intercambiar conocimientos e ideas, la librería cafetería Bibliocafé de José Luis Rodríguez y su esposa Fernanda.  Así surgió de una forma espontánea la Generación Bibliocafé (GB) a partir de una idea tan simple como eficaz: ¿Por qué esperar que publiquen nuestros escritos? ¡Hagámoslo nosotros! Y se lo tomaron tan en serio que unos tres años después ya tienen una biblioteca propia de doce volúmenes de contenido variopinto. Desde temas ligeros, como viajes, gastronomía y mascotas, a asuntos candentes de plena actualidad; violencia de género o el drama de la inmigración.

Pese a la lamentable desaparición de la librería Bibliocafé, los miembros del colectivo se mantienen unidos, ilusionados y  productivos como el primer día. Varios de ellos ya han publicado novelas en solitario y en conjunto demuestran su capacidad de superación en cada proyecto que emprenden.

Portada de Relatos en blanco y negro. Generación Bibliocafé.

Portada de Relatos en blanco y negro. Generación Bibliocafé.

El pasado mes de diciembre apareció su duodécimo título presentado con gran expectación en el palacio de los Condes de Alpuente, en la calle Caballeros. Se trata de un libro homenaje a  Valencia y sus habitantes de un ayer relativamente próximo que parece muy lejano en el tiempo. A partir de la colección de fotografías antiguas del blog de Julio Cob, dos docenas de autores, con declarada mayoría femenina, han urdido otras tantas historias, 24 en total, reunidas en Relatos en blanco y negro.

Variedad de estilos, de temas, brevedad y concisión. Es el aliciente de esta obra colectiva que sumerge al lector en una época de tonalidades grises, la sociedad del franquismo atenazada por la hipocresía, la represión y las secuelas del gran desastre que fue la guerra civil.

En ‘Cola de caballo’ Susana Gisbert cuenta la historia de dos hermanos huérfanos separados por duras circunstancias que vuelven a reencontrarse tras muchos años. Inmaculada Martínez describe en ‘Crisantemos, 1934’  el estado de ánimo de una madre viuda a causa de la guerra de África que se dispone a comprar flores para la tumba de su marido.

Saler. Imagen cortesía de Generación Bibliocafé.

Saler. Imagen cortesía de Generación Bibliocafé.

No sólo hay espacio para el drama. En clave humorística Mauro Guillén recuerda el gran impacto que tuvo en la sociedad española la llegada del Seiscientos (Modernidad), y Fuensanta Niñirola relata en ‘Una vida a trompicones’ la vida de una mujer que, pese a su tendencia a sufrir accidentes, tiene una vida dichosa y plena. La nota rural la pone Ángel Marqués con su cuento ‘Alegría’, nombre de la mula del abuelo del narrador, un avispado animal que es testigo de su iniciación en el sexo y la muerte.

Don Vicente Blasco Ibáñez protagoniza dos relatos. ‘El Boa’, de Herminia Luque recrea la relación del fogoso escritor con la famosa escritora doña Emilia Pardo Bazán, varios años mayor que él. Confesiones a María de Luisa Berbel es el propio Blasco Ibáñez quien, en una carta imaginaria a su primera esposa María Blasco, le pide disculpas por no haber prestado suficiente atención a su familia debido a sus vocación viajera y aventurera.

El bibliófilo e historiador Rafael Solaz, Pilar Martínez, el equipo de Côdez Iuvenis y el joven diseñador Marcos Escolano son otros colaboradores de este proyecto.

Riada en Valencia. Imagen cortesía de Bibliocafé.

Riada. Imagen cortesía de Generación Bibliocafé.

Bel Carrasco

La revista más explosiva del siglo XX

Almanacs de La Traca (1915-1918)
Rafael Solaz y Marc G. Zacarés
Alenar Llibres

Nuestros padres tenían que cruzar los Pirineos, como Aníbal con sus elefantes para proveerse de revistas guarras y darse un baño de erotismo: Último tango en París, imágenes de mujeres desnudas, la mínima alusión al sexo estaban totalmente prohibidos por la censura franquista amparada por el nacionalcatolicismo. Nuestros abuelos, sin embargo, sólo tenían que ir al quiosco más próximo para alegrarse el ojo con señoras descocadas, más o menos pelanduscas, y reírse a mandíbula batiente con semanarios como La Traca, editado por el valenciano Vicent Miquel Carceller.

La revista más explosiva del primer tercio del siglo XX. No fue la única de este tipo, pero sí la de mayor difusión, llegando a los 300.000 ejemplares a principios de los treinta. Colaboraban en ellas escritores de la talla de Vicente Blasco Ibáñez, Maximilià Tous, Hernández Casajuana y Contell, entre otros, además de numerosos ilustradores. Algunos, como el propio Carceller pagaron su osadía y fueron fusilados tras la guerra civil. Cada fin de año la revista editaba un almanaque en formato más pequeño que resumía lo más selecto de los últimos doce meses.

Portada del libro Almanacs de La Traca.

Portada del libro Almanacs de La Traca.

Un siglo después de la aparición del primero de estos almanaques, en 1915, un libro reúne los cuatro primeros, hasta 1918. Almanacs de La Traca (1915-1918) (Alenar Llibres) es un trabajo conjunto del historiador y bibliófilo Rafael Solaz y el editor Marc G. Zacarés que se presentó el 23 de noviembre en el Ateneo Mercantil. El texto reproduce en facsímil  los cuatro almanaques que Solaz adquirió en una subasta, en julio de 2003, procedentes de un coleccionista catalán, comentados por él mismo.

“El descubrimiento de los almanaques fue para mí algo importante porque como bibliófilo no los había visto nunca, sabía de su existencia pero eran muy raros verlos en el mundo del comercio y del coleccionismo”, recuerda Solaz. La idea del esta edición peculiar surgió durante una conversación con el veterano editor Marc Zacarés, y ambos se pusieron manos a la obra. “Con este libro pretendemos que las nuevas generaciones conozcan y valoren estas revistas curiosas”, dice Solaz. “También recordar a quienes colaboraron en ellas, especialmente a los autores y dibujantes, algunos de ellos con trágico final como el de Carceller”.

Su valor es considerable, pues tanto los semanarios como los almanaques fueron destruidos tras la guerra civil a causa de una persecución que culminó con la muerte de  Carceller ejecutado en el Cementerio de Paterna. A lo largo de su existencia, entre 1911 y 1938, La Traca reflejó fielmente la transformación de hábitos y costumbres que se produjo en la Europa de entre guerras. Los locos años veinte, la Belle Époque, un paréntesis de libertad para unos, de libertinaje para otros, durante el cual la mujer se libró de los corsés y comenzó a recortarse el cabello y acortar la longitud de sus faldas, mientras agitaba las caderas al ritmo frenético del charleston.

Aires de cambio y de renovación que no tardarían en congelarse con el estallido de la Segunda Gran Guerra. La Traca absorbió esos cambios que venían desde más allá de nuestras fronteras y les infundió el marchamo de la casa, el hedonismo mediterráneo, la socarronería de la huerta, la lujuria hortofrutícola. Carceller diseñó la perfecta publicación  de corte popular que conquista a los lectores con una dosis de erotismo y humor. Ilustraciones picantes, chistes de doble sentido, historietas y otras secciones de entretenimiento llenaban sus páginas al módico precio de 25 a 30 céntimos.

Portada del almanaque Bésame. Imagen cortesía de Rafael Solaz.

Portada del almanaque Bésame. Imagen cortesía de Rafael Solaz.

El semanario  tuvo dos épocas, la primera de 1911 a 1922 y, tras dos años de prohibición durante la dictadura de Primo de Rivera, otra etapa hasta 1938. “La primera es más interesante respecto a sus contenidos humorísticos y de carácter erótico”, indica Solaz. “Después se politizó y se hizo anticlerical debido a los intereses de la época”. A raíz de su éxito surgieron otras cabeceras similares: Bésame, La Sombra, Colección Fifí, El Piropo, Colección Popular, La Chala. “También estas herederas de La Traca tenían sus respectivos almanaques, y como ella estaban redactadas en un valenciano sin rigor idiomático ni gramatical, con abundantes vulgarismos”, señala Solaz, una autoridad en V.M. Carceller al que menciona en varios de sus obras: La Valencia Prohibida, Figues i Naps o Pasiones bibliográficas.

Al hojear hoy esas páginas plagadas de opulentas féminas ligeras de ropa y chascarrillos eróticos festivos salta a la vista la liberalidad de una sociedad española a principios de siglo. Un ambiente muy diferente a la rancia e hipócrita moral que se impondría poco después. Aunque estas revistas sicalípticas estaban dirigidas al público masculino y su contenido denota cierto machismo inherente a la época, no dejan de tener su encanto y frescura. Demuestran que nuestros abuelos no eran unos mojigatos sino viejos verdes, aunque con el triunfo de Franco se impusiera la rancia moral y se acabara la fiesta por muchas décadas, hasta que llegó  el destape y surgieran revistas como Interviú o El Jueves dispuestas a desafiar las rígidas reglas del viejo régimen.

Ilustración del semanario La Traca. Imagen cortesía de Rafael Solaz.

Ilustración del semanario La Traca. Imagen cortesía de Rafael Solaz.

Fusilamiento de Carceller

Nada más acabar la guerra civil, en junio de 1939, se abrió una diligencia para localizar y poner a disposición de la Brigada Militar a “los colaboradores del soez, obsceno e impúdico semanario valenciano La Traca, que se distinguió siempre por sus campañas anticlericales, antipatrióticas y difamatorias”. Carceller y su segunda esposa Francisca Veres vivían en la calle Correo, junto a la tienda de artículos de piel conocida como la del Cocodrilo.

Pese a los consejos de algunos amigos preocupados por su suerte, el editor se negó a huir, arguyendo que nunca se había manchado las manos de sangre. Pronto los acontecimientos desmintieron su optimismo. Oculto en el domicilio de unos conocidos, fue detenido y tras un Consejo de Guerra, el 28 de junio de 1940, fusilado en el Terrer de Paterna. Según relata el profesor Antonio Laguna en uno de sus estudios, en la misma saca se encontraba el líder socialista Isidro Escandell, el escultor Alfredo Torán, el artista Alfredo Gomis y uno de los colaboradores de La Traca, el caicaturista Carlos Gómez Carrera, Bluff considerado una “inteligencia satánica”.

Efemérides de 1915

Con una colorista portada de lavanderas culo en pompa, el Almanaque de 1915 reúne las firmas de Luis de Val, Vicente Blasco Ibáñez, Bisbert del Cabanyal, Hernández Casajuana, Rivelles, Michó, Gascó Contell y Quiles Pitarch entre otros. Cada ejemplar tenía 64 páginas y su precio era de 25 céntimos. Tan sólo se incluyen un par de anuncios, el  papel de fumar Bambú y la pluma estilográfica Ideal Waterman. Contiene una referencia a las cuatro estaciones representadas por cuatro estaciones de ferrocarril: Norte, Aragón, Pont de Fusta y Jesús. Un tal Boticari de Villareal ofrece consejos de salud, se habla de toros y se ofrecen predicciones sobre el futuro. En el año 3.000 “la velocitat dels ferrocarrils será de dos mil kilómetros per hora”…

Bel Carrasco

El Bailarín de los Zares

Francisco Miralles. Pasos de baile para una leyenda, de Rosario Rodríguez
L’Eixam Edicions
Presentación del libro en SGAE
C / Blanquerías, 6. Valencia
Lunes 21 de septiembre, 2015, a las 21.00h

Que un chico muestre desde la tierna infancia una querencia especial por la danza siempre despierta suspicacias y recelos. Mucho más si, como es el caso, hablamos de la sociedad conservadora del pasado siglo y de un entorno popular, en la periferia de Valencia en el límite con las huertas del norte. Francisco Miralles (1871-1932) nació en tales circunstancias, pero eso no evitó que desarrollara su vocación contra viento y marea, robando horas al sueño y al descanso. Su dedicación y entusiasmo tuvieron recompensa, pues llegó a triunfar en los escenarios de todo el mundo. Talento, tesón y buena fortuna confluyeron en la increíble trayectoria de Miralles. De aprendiz en la fundición de Salvador Gens a artista invitado en la Rusia de los Zares. De bailarín en los grupos populares de la Feria de Julio de Valencia a maestro de artistas en la Ópera de París.

Nacido en una humilde familia de la calle Murviedro, hoy Sagunto, dedicada al comercio de lonas y utensilios de cáñamo, manifestó desde muy niño su vocación y, tras cursar estudios con los más prestigiosos profesores de la época, llegó a triunfar en los escenarios de Europa, Rusia y Estados Unidos. Conocido como El bailarín de los zares, impartió clases de danza española a los bailarines de la Ópera de París. Entre sus alumnas más célebres, Mariemma, Manuela del Río, Nana de Herrera y la escritora Anaïs Nin. Grabó también numerosos discos como intérprete de castañuelas de sus propias obras para concierto.

Rosario Rodríguez, autora del libro Francisco Miralles. Pasos de baile para una leyenda. Cortesía de la autora.

Rosario Rodríguez, autora del libro Francisco Miralles. Pasos de baile para una leyenda. Cortesía de la autora.

Rosario Rodríguez, profesora del Conservatorio Superior de Danza de Valencia,  acaba de recuperar la figura de este artistas olvidado en un libro que se presenta el 21 de septiembre en la sede de la SGAE, Francisco Miralles. Pasos de baile para una leyenda. (L’Eixam Edicions). “Miralles era conocido entre los amantes de la danza española por haber sido el maestro de la gran artista Mariemma cuando  vivía en París con su familia”, dice Rodríguez. “Sin embargo, más allá de su nombre y de unos cuantos datos inconexos, en su mayoría erróneos, poco se sabía de este maestro”.

A partir de una conversación casual, Rodríguez se interesó por la figura del bailarín y profundizó en ella con la ayuda de sus familiares, del historiador Rafael Solaz, y los materiales recopilados por el musicólogo Eduardo Ranch Fuster, ofrecidos por su hija Amparo Ranch.

“Desde que Miralles se inició en la danza de la mano de maestros como Ramón Porta Ricart, en el ámbito de la tradicional, y de Vicente Moreno, en el de la académica, no dejó de triunfar”, cuenta Rodríguez. “De Valencia pasó a Andalucía y de allí a Cataluña, donde fue contratado, en 1898,  por unos agente franceses, iniciándose así su carrera internacional”.

Collage realizado con fotografias de la colección Paul Darby & Wyss.

Collage realizado con fotografias de la colección Paul Darby & Wyss.

Moscú y París

En su trayectoria destacan sus éxitos en la Rusia Imperial, que visitó en más de treinta ocasiones a lo largo de diez años, llegando a ser conocido como el Bailarín de los Zares. Paralelamente, bailaba en los mejores teatros europeos, especialmente parisinos.

“Fue en la capital francesa donde triunfó rotundamente con su papel de Le Bohémien en el espectáculo Dolly de Gabriel Fauré, en 1913, en el Théâtre des Arts bajo la dirección del que sería más adelante director de la Ópera de París, Jacques Rouché. Así empezó su relación con la Ópera que le llevó en la siguiente década a ser contratado por Gustave Ricaux, uno de los maestros más reputados de dicho coliseo, para que dirigiera los cursos de danza española en su prestigiosa escuela privada.

“Allí completaron su formación muchísimos alumnos y alumnas de la Ópera de París, que acudían a las clases de Miralles para adquirir los conocimientos de nuestra danza, muy valorados entonces en Francia”, explica Rodríguez. “Con la mujer de Ricaux,  maestra y primera bailarina de la Ópera de París, Miralles formó pareja de baile. A la sazón, como si viviera una segunda juventud, obtuvo grandes éxitos cuando ya llevaba más de cincuenta años en los escenarios”.

Portada del libro Francisco Miralles. Pasos de baile para una leyenda. Fotografía: Paul Darby & Wyss. Diseño: Carmen Nácher Rodríguez.

Portada del libro Francisco Miralles. Pasos de baile para una leyenda. Fotografía: Paul Darby & Wyss. Diseño: Carmen Nácher Rodríguez.

Bailarines exiliados

Rosario Rodríguez  forma parte del cuerpo de Catedráticos de Música y Artes Escénicas de la Comunidad Valenciana, desde 2004, y ejerce como profesora en el Conservatorio Superior de Danza de Valencia. “Tenemos muchos bailarines valencianos triunfando por el mundo”, afirma. “Este exilio de artistas se debe a que en España la danza no ocupa el lugar que se merece. En la Comunidad Valenciana ha sufrido mucho, tanto por la crisis económica como por el desapego institucional a la danza y a la cultura en general de los últimos gobiernos. Ante esta situación, muchos artistas se han visto obligados a desarrollar sus carreras en el extranjero”.

Rodríguez destaca a Marcos Mora, director de la compañía La Veronal. Nacido en Ontinyent, obtuvo en el año 2013 el Premio Nacional de Danza en la modalidad de creación, y hoy es reclamado por las mejores compañías del mundo por su labor coreográfica. Otro artista notable es Vicente Gregori Aznar, que desarrolló su carrera como bailarín de danza clásica en Dinamarca, siendo Primer Bailarín y Primer Arlequín del Teatro Tivoli de Copenhague durante más de veinte años.

El 21 de septiembre Rosario Rodríguez presenta su libro en la Sala SGAE. Le acompañarán Josep Manel García Company, director del Instituto Superior de Enseñanzas Artísticas de la Comunidad Valenciana; Mª José Alemany Lázaro, del cuerpo de Catedráticos de Música y Artes Escénicas del Conservatorio Superior de Danza de Valencia;  Rafael Arnal i Torres, de L’Eixam Edicions y Pep Llopis, presidente del Consejo Territorial de SGAE de la Comunidad Valenciana.

Bel Carrasco

VisualízaMe: Cine, muerte y duelo

Jornadas ‘La muerte y el cine’
Palau de Cerveró,  de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia
Plaza de Cisneros, 4. Valencia
Miércoles 27 de mayo, de 18.00 a 20.00h
Colegio Público Lluís de Santàngel
Avda. de los Pinares s/n. El Saler. Valencia
Viernes 29 de mayo, de 10.00 a 12.30h

La actividad itinerante del festival de la Fundación Inquietarte, VisulízaMe, Audiovisual & Mujer, llega a Valencia con Funespaña, empresa patrocinadora del premio especial Muerte y duelo, presente del 27 al 29 de mayo en la feria internacional del sector funerario que se celebra en la Feria de Valencia.

Siguiendo con su línea de actuaciones culturales destinadas a acercar a la sociedad el sector, en esta edición de la feria, Funespaña vuelve a acercarse a la ciudad con la programación de dos proyecciones en colaboración con CulturArts y el colegio público Lluís de Santàngel, respectivamente.

La muerte y el cine

El miércoles 27, a las 18.00h., se celebrarán las jornadas Cine, Muerte y Duelo, en el Palau de Cerveró de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia, cuya actividad gestiona el Aula de Cine de la Universidad. El programa incluye la proyección de una selección de cortos valencianos y otra con los cortometrajes ganadores de las, hasta ahora, dos ediciones del premio especial Funespaña, así como alguno de sus finalistas, y una mesa redonda en la que intervendrán los realizadores y productores de los cortos emitidos y que moderará la directora del festival de fundación Inquietarte, Yolanda Cruz.

El edén de Kiko, de Paco Gisbert.

El edén de Kiko, de Paco Gisbert, Ramón Alós y Paqui Ramírez.

Programa:

18.00 presentación

18.15 proyecciones selección de cortometrajes valencianos:

‘18 vidas, 18 silencios’, Rafael Solaz (2014)

‘Algo queda’, Ana Lorenz (2011)

‘3/105’, Diego Opazo y Avelina Prat (2014)

‘El edén de Kiko’, Paco Gisbert, Ramón Alós y Paqui Ramírez (2014)

Democracia, de Borja Cobeaga.

Democracia, de Borja Cobeaga. Finalista Premio Funespaña.

19.00 Descanso

19.10 Proyecciones selección cortos IV Visualízame y ganadores premio especial Funespaña:

‘Democracia’, Borja Cobeaga (2013), premio al mejor guión original y finalista premio Funespaña

‘Ojos que no ven’, Natalia Mateo (2013), premio especial Funespaña III Visualízame

‘Epitafios’, María Ballesteros (2014), premio especial Funespaña IV Visualízame

19.45 Coloquio con realizadores y productores valencianos: Modera: Yolanda Cruz, directora de Visualízame.

O Xigante, de Luis da Matta.

O’ Xigante, de Luis da Matta y Julio Valenzer.

Los cuentos la magia y el ciclo de la vida a través del cine

El viernes 29, a partir de las 10.00, el colegio público Lluís de Santàngel será quien acoja las proyecciones de cortometrajes relacionados con la muerte. En dicha ocasión serán cortometrajes de animación los proyectados para acercar el concepto del Ciclo de la Vida a 95 niños y niñas de entre 9 y 11 años de edad, estudiantes de 4º y 5º curso de Primaria.

Proyección: ‘O’ Xigante’, Luis da Matta y Julio Valenzer (2013) finalista premio especial Funespaña III Visualízame.

La actividad itinerante del festival de la Fundación Inquietarte, Visualízame, ya ha acercado al público el tema de la muerte y el duelo en actividades organizadas por Funespaña, desde las distintas perspectivas por las que optan a la hora de afrontarlo, las realizadoras y guionistas que han presentado trabajos al festival.

La Fundación Inquietarte, con sede en Madrid, es una organización sin ánimo de lucro que presenta entre sus objetivos promover, a través del arte, acciones relacionadas con la Igualdad, el Medio Ambiente y la Inmigración. El Festival VisulízaMe, Audiovisual & Mujer, tiene su sede en Madrid, en Siluro Concept, desde allí inicia su itinerancia. VisulízaMe cuenta con el patrocinio de Funespaña y Atroesa.

18 Vidas, 18 Silencios, de Rafael Solaz.

18 Vidas, 18 Silencios, de Rafael Solaz.

El Ajedrez del Virrey: ¡Viva el peón!

El Ajedrez del Virrey, de José Antonio Garzón
Alenar Editors, 2015
Presentación: Segorbe (20 de mayo) y Valencia (27 de mayo)

‘El Ajedrez del Virrey’ (Alenar Editors, 2015), nuevo libro del historiador de ajedrez José Antonio Garzón, plantea -tras un estudio en profundidad de los más de 15 siglos de historia del ajedrez- una seria propuesta de reforma de las reglas del juego del ajedrez. Garzón, cuyos trabajos de investigación han permitido acreditar internacionalmente el origen valenciano, español, del ajedrez moderno, por primera vez dirige su mirada hacia el futuro del juego.

A finales del siglo XV, brotó en Valencia la forma de jugar actual, y es también Valencia, 540 años después, el lugar desde donde se impulsa una revolución del juego, que es respetuosa, en lo esencial, con las normas que se introdujeron entonces y que están vigentes hoy en día. ‘El Ajedrez del Virrey’ supone una mirada renovada hacia el futuro del ajedrez. Es una propuesta de reforma de sus reglas, con fundamentos históricos, con la que el autor propugna la búsqueda de retos creativos, en procura de la vertiente artística del ajedrez.

Francesch Vicent, José Raúl Capablanca y Bobby Fischer, tres figuras señeras de la historia del ajedrez, compartieron la necesidad de modificar el milenario juego. Inmersos en el siglo XXI, en plena era tecnológica del ajedrez, el momento en el que la imaginación, la nuda creatividad y la fantasía vuelvan al tablero, ha llegado, subraya el autor.

Portada del libro 'El Ajedrez del Virrey', de José Antonio Garzón. Alenar Editors.

Portada del libro ‘El Ajedrez del Virrey’, de José Antonio Garzón. Alenar Editors.

La revolución pendiente: el destino del humilde peón

«Una revolución es tanto más grande», señala Garzón, «cuando es capaz de dinamizar la realidad sobre la que actúa introduciendo el mínimo de cambios normativos». En ‘El Ajedrez del Virrey’ la única variación concierne al destino final de la pieza más débil de todas, el modesto peón. Es solo un pequeño cambio, que sin embargo lo altera todo.

La propuesta de Garzón, que cuenta con sólidas raíces históricas, concierne exclusivamente a la pieza más modesta de todas: el modesto peón, y su destino final, como resultado de la promoción. Se trata de un pequeño cambio que lo modifica todo, al impugnar la parte más científica del ajedrez: el final de partida. En una de las modalidades descritas y razonadas por el autor emerge una nueva pieza, El Virrey. Esta variante da título a la obra, y evoca, en forma de homenaje, a la alta magistratura histórica de la vida política valenciana.

La obra ha sido editada por Alenar Editors, y en ella ha colaborado el bibliófilo Rafael Solaz, con el diseño de la nueva pieza. Además, tiene el atractivo de publicarse en edición bilingüe, con traducción inglesa a cargo de Manuel Pérez Carballo. El libro se presentará en Segorbe (20 de mayo) y Valencia (27 de mayo), las dos poblaciones que tienen un papel preeminente en la historia del ajedrez. ‘El Ajedrez del Virrey’, impregnado del mismo espíritu renovador que sobrevoló el tablero en el último cuarto del siglo XV, nos trae, de forma respetuosa, nuevos horizontes para el ajedrez.

Detalle del libro de José Antonio Garzón 'El virrey del ajedrez'. Cortesía del autor.

Detalle del libro de José Antonio Garzón ‘El virrey del ajedrez’. Cortesía del autor.

Diccionario erótico valenciano

Figues i naps, de Rafael Solaz
Rom Editors

Cada generación cree que ha inventado la pólvora, sobre todo en lo que al sexo se refiere. Los jóvenes piensan que lo hacen más y mejor que sus viejos, pero a veces se equivocan. El caso de España es único, pues tras varias décadas de vivir con el cinturón de castidad del nacionalcatolicismo, llegó bruscamente el destape y la gente descubrió que tenía algo entre sus piernas. Desde los hierofantes en cueros que trepaban a la estatua de los héroes en la mítica plaza del 2 de Mayo, a la teta de Susana Estrada, icono erótico de la Transición, junto a Nadiuska o Ágata Lys,  o el desnudo de Marisol embarazada, fotografiada por César Lucas en la portada de Interviu.

Los tiempos cambian, y cada vez más rápido, pero la búsqueda del placer sexual perdura, aunque se disfrace bajo distintas máscaras y utilice soportes cada vez más sofisticados. La pervivencia histórica del erotismo se plasma en un libro del bibliófilo e historiador  Rafael Solaz que se presentó recientemente en la Universitat de València con el sustancioso título de ‘Figues i naps’ (Rom Editors).

Portada y contraportada del libro 'Figues i naps' de Rafael Solaz. Rom Editors.

Portada y contraportada del libro ‘Figues i naps’ de Rafael Solaz. Rom Editors.

Este diccionario erótico valenciano está plagado de términos que hacen referencia al mundo hortofrutícola y a la alegría de la huerta: Nap, figa, bacora, cotorra, pardal, piu, parrús. Es uno de los rasgos distintivos de la sexualidad mediterránea, que se practica entre naranjos y a la orilla del mar. Con  257 páginas y unas 300 ilustraciones, el libro incluye fragmentos de literatura erótica popular, canciones, refranes, poesías, sátira fallera, obras prohibidas, ocultas, etcétera.

“La literatura y el pensamiento popular van unidos a nuestras tareas cotidianas”, dice Solaz. “Un pueblo agrícola relaciona los productos que le rodean para aplicarlos al universo erótico. El glosario verde que acompaña la obra incluye muchos de ellos”.

El texto abarca desde el siglo XV a nuestros días, un recorrido por el erotismo cambiante según épocas, salpicado de prohibiciones y críticas moralistas. Recupera una parte de la literatura oculta, en ocasiones basada en la memoria oral, recuerdos transmitidos de generación en generación.

Una de las ilustraciones recogidas en el libro 'Figues i naps' de Rafael Solaz. Imagen cortesía del autor.

Una de las ilustraciones recogidas en el libro ‘Figues i naps’ de Rafael Solaz. Imagen cortesía del autor.

Revistas eróticas y burdeles

Las revistas eróticas nacieron en el siglo XIX y en el XX este tipo de publicaciones experimentó una eclosión, sobre todo a partir de la segunda década. “Es muy conocido el libro de finales del siglo XIX titulado La Mancebía de Valencia, de Manuel Carboneres”, cuenta Solaz. “Otro libro que trató la historia y recorrido de la prostitución en Valencia fue La Valencia Prohibida, que publiqué en 2004. En los locales de la calle de Quevedo se vieron los primeros cabarets muy concurridos  y  se vendían revistas y postales eróticas y algunas pornográficas de importación”.

También en los locos años veinte se abrieron locales como Salón El Dorado, La Rosa, Bataclán o Edén Concert. “Eran cabarets unidos a salas de baile y a bares servidos por señoritas, o sea prostitutas, centros erótico festivos, con sesiones artísticas, frívolas y entretenidas. Un servicio carnal corriente costaba entre diez y veinte pesetas. Se editaron algunos folletos para preservar la salud, sobre todo orientados a evitar las enfermedades venéreas”.

Durante un bombardeo en plena guerra civil, en un local de la calle de Ribera se apagaron las luces. Al finalizar se iluminó de nuevo la sala de baile como si nada hubiera pasado. Una corista cantaba: ‘Tengo una casa con dos entradas, a la que se accede con facilidad, bien por delante, bien por detrás’. A buen entendedor pocas palabras bastan.

Una de las fotografías incluidas en el libro 'Figues i naps', de Rafael Solaz. Imagen cortesía del autor.

Una de las fotografías incluidas en el libro ‘Figues i naps’, de Rafael Solaz. Imagen cortesía del autor.

Callejero de la prostitución

Los orígenes del Barrio Chino de Valencia se remontan al siglo XIV con la instalación del Partit, situado en la actual Beneficencia, un lugar regulado, cercado por muros, con pequeñas casitas donde se ejercía la prostitución. Cuando a principios del siglo XVII se elimina el Partit, la prostitución se extiende por el llamado Bordellet dels Negres, entre la Universitat y el Teatro Principal.

En el siglo XIX al final de la calle de La Nave y área del Parterre existían callejuelas que también contaban con la presencia de prostitutas. Poco a poco el tráfico sexual se fue desplazando hacia el céntrico barrio de Pescadores, entre las actuales calles de las Barcas y Roger de Lauria. Con el derribo del citado barrio, a principios del siglo XX, la prostitución se desplaza hacia la calle de Quevedo y adyacentes, hasta que la apertura de la avenida del Oeste traslada el comercio carnal hacia una zona inmediata, el barrio del Pilar o de Velluters.

Es entonces cuando a este lugar se le da el título de Barrio Chino. Tuvo su apogeo entre los años cuarenta al sesenta, y decayó en los ochenta. En la actualidad el barrio de Velluters y sus calles se han regenerado, lo que ha provocado que tan sólo quede una calle como recuerdo: la de Viana, con contados locales, un lugar considerado como la última frontera del Chino, un recuerdo que languidece.

Solapa del libro 'Diccionario erótico' de Rafael Solaz. Imagen cortesía del autor.

Solapa del libro ‘Diccionario erótico’ de Rafael Solaz. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Mensajes de ultratumba

Y en polvo te convertirás. Nieves Concostrina
Museo del Silencio
Cementerio de Valencia

Algunos cementerios son auténticos museos al aire libre, espacios de relajación y sosiego, donde los vivos rinden homenaje a la memoria de los muertos. El Museo del Silencio se denomina una zona del General de Valencia por la que existen diversas rutas que jalonan  sus hitos más notables: panteones, esculturas, bustos, bajorrelieves, estelas funerarias. A este patrimonio plástico se suma un legado literario en forma de epitafios, unos formulados por el fallecido y otros por los allegados; unos de contenido trascendente y otros poéticos e incluso humorísticos, que el humor negro tiene muchos adeptos en el más allá.

“Aquí yaces y haces bien. Tú descansas, yo también”, es uno de los que se pueden leer en el Cementerio de Valencia, incluido en un libro peculiar recientemente editado, Y en polvo te convertirás, de la periodista Nieves Concostrina. Ilustra la tumba de Román, un personaje solitario y entrañable que hacía pequeños recados para la librería Solaz, cuyos propietarios sufragaron el nicho. “La frase la decía él con frecuencia y nos pareció adecuada como despedida”, comenta el historiador Rafael Solaz.

“Conste que yo no quería”, “Estoy muerto. Enseguida vuelvo” o “Estoy aquí en contra de mi voluntad”. Son tres perlas selectas en esta colección de adioses.

Cementerio de Valencia. Imagen de El Mundo

Cementerio de Valencia. Imagen de El Mundo

Quien más o quien menos ha pensado alguna vez en cuál sería su mensaje de ultratumba preferido, una última frase que dejar como recuerdo a este mundo cruel. En Internet circulan infinidad de epitafios falsos atribuidos a las celebridades que se difunden en alas del morbo, la curiosidad y la ironía. El “Perdone que no me levante”, falsamente atribuido a Groucho Marx, es uno de los más famosos y  encabeza la columna de Maruja Torres en El País. Es sólo uno entre un millón: “Desde aquí no se me ocurre ninguna fuga”, de J.S. Bach, o “Aquí yace Moliére el rey de los actores. En estos momentos hace de muerto y la verdad es que lo hace bien». O el atribuido a Sade, “Si no viví más fue porque no me dio tiempo”.

A diferencia de estas sentencias espurias, los epitafios del libro de Concostrina son todos auténticos, documentados con fotos, datos y fechas. Fueron cosechados en el programa, No es un día cualquiera, dirigido por Pepa Fernández en Radio Nacional, con la colaboración de 153 voluntarios que han fotografiado las tumbas más curiosas, algunas con efigies de perros, y las leyendas más ocurrentes. Los epitafios localizados en las necrópolis de Elda, Castellón, Altea o Benigánim son algunos de los mensajes de difuntos fallecidos en nuestra Comunidad que ilustran el libro.

Como colofón, conviene recordar que los cementerios son algo relativamente nuevo en la sociedad española, pues la antihigiénica costumbre de enterrar a los muertos en las iglesias, previo pago de un sustancioso estipendio, se prolongó hasta el siglo XIX. El rey Carlos III y luego Pepe Botella fueron los primeros que promulgaron leyes al respecto, demostrando un ansia civilizadora que no llegó a calar en el pueblo hasta pasado cierto tiempo.

Cementerio de Valencia. Imagen cortesía de Rafael Solaz

Cementerio de Valencia. Imagen cortesía de Rafael Solaz

Bel Carrasco