Una sápida epidermis para ‘La favorita’

‘La favorita’, de Yorgos Lanthimos
Reino Unido, Irlanda, Estados Unidos, 2018
Estreno en España: 18 de enero de 2019

Si bien el altonormando Flaubert aseveraba que “el estilo es la vida y la sangre misma del pensamiento”, supeditado a la obsesiva búsqueda de le mot juste (la palabra exacta) que uniformara un inédito horizonte estético-narrativo perfumado de realismo literario, uno recupera el aforismo para erigirlo en referencia, sea cual sea el objeto final o las pretensiones de lo creado y de su creador.

Quizás abunde en demasía aquel arquetipo de lector (o espectador, si entramos ya en materia cinematográfica) al que la acusada presencia del autor suele resultarle molesta e incómoda, acaso un folículo piloso apustulado y supurante que debe extinguirse a base de yemas vitriólicas, lengua amanecida, desdén e indiferencia. Para aquel solo será de relevancia la deriva del relato, el acontecer de la trama, la ficción ilusoria o el documento estricto: el discurso de la narración.

La favorita. MAKMA

Como lector, siempre he celebrado el atuendo de la palabra inexacta (aquella que perfuma) en detrimento del vocablo aséptico o utilitario, y como espectador no puedo evitar debitilarme ante la imagen ociosa, desmesurada y exorbitante y aquella que embalsama o mesmeriza. Porque ese aparente postín, si deambula con garbo y atinado maquillaje, no solo aditamenta la crónica, el cuento o la epopeya, sino que culmina erigida en motivo último con el que amamantar la diégesis.

Así me sucede con buena parte de la filmografía de Kenneth Anger, James Bidgood, Greenaway, Jean-Pierre Jeunet, Roger Corman, Terry Gilliam, Almodóvar y un sobresaliente etcétera al que sumar, ahora, la figura de Yorgos Lanthimos, merced a su pantagruélica ‘La favorita’.

El director ateniense ya había sumado su rúbrica –gracias a ‘Canino’, ‘Alpes’, ‘Langosta’ y ‘El sacrificio de un ciervo sagrado’– a una acendrada nómina de cineastas, amén de los anteriores, capaces de edificar un singularísimo cosmos inconfundible –Lynch, Kubrick, Wenders, von Trier, Jarmusch, Cronenberg, Kaurismäki o Tarkovski, verbigracia–, tan impar y heteróclito como estructurado y meticuloso.

El celebrado y laureado filme –merecedor del León de Plata en el Festival de Venecia y trufado de copiosas nominaciones a los Oscar, entre otros encomios– hiende su cepa en las obscuras urdimbres palaciegas de la última soberana británica de los Estuardo y primera monarca de Gran Bretaña, la Reina Ana, cuya excepcionalidad biográfica y veleidades amatorias alimentaron la inquietud de un par de guionistas –Deborah Davis y Tony MacNamara– y un proyecto de encargo para Lanthimos, quien por vez primera transita huérfano de su inseparable Efthimis Filippou para encauzar el libreto.

El discurso de la narración deambula tras las inquinas de alcoba y poder entre la Duquesa de Marlborough, Sarah Churchill (Rachel Weisz), y Abigail Masham (Emma Stone), consanguíneas residentes en palacio, quienes beligeran por granjearse los ciclotímicos favoritismos de la regia y antojadiza Ana Estuardo (Oliva Colman, Copa Volpi en Venecia, Globo de Oro y Premio Aisge en el 56FICX). A la postre, una sugerente y despiadada crónica de tríos amorosos, regalías, dispensas y desequilibrios que brindan al cineasta griego la oportunidad de ecumenizar y popularizar su producto, refrendado por presupuesto, excelsas actrices y un argumento inteligible.

Sin embargo, son su epidermis y morfología, su ocioso y emancipado estilo, aquella sangre misma del pensamiento que convierte a ‘La favorita’ en una película desusadamente mirífica, excesiva, apetitosamente petulante, suntuosa y opípara, sainada de picados, grandes angulares y meteorológicos ojos de pez, escenografías bizarras, ritmos contemporáneos y verbo anacrónico; aditamentos imprescindibles para iluminar el castigo, la crueldad, el sometimiento, las tribulaciones de la ascensión y la descomposición del descenso.

Emma Stone, como Abigail Masham, durante un instante de 'La favorita', de Yorgos Lanthimos, Fotografía cortesía de la distribuidora.

Emma Stone, como Abigail Masham, durante un instante de ‘La favorita’, de Yorgos Lanthimos, Fotografía cortesía de la distribuidora.

Jose Ramón Alarcón

 

¿Una historia de amor?

Langosta (The Lobster), de Yorgos Lanthimos
Reparto: Colin Farrell, Rachel Weisz, Jessica Barden, Olivia Colman, Léa Seydoux, JohnC. Reilly
Recién estrena en cines

Luis Cernuda, en el inicio de su poema Donde habite el amor, narra la creación del amor como “ya sabéis, los hombres un día sintieron frío. Y quisieron compartirlo. Entonces inventaron el amor”.

Para el poeta, el sentimiento amoroso nace para aliviar la soledad inherente al ser humano y sobrellevar las vicisitudes de la vida.  Paralelamente a la invención del amor, el ser humano crea el matrimonio como institución mínima de unión con el otro para compartir lo contingente de la existencia humana. En principio, el matrimonio y el amor serían dos inventos que se complementan bien. Pero sólo en principio, la experiencia vital y los relatos parecen abocar esta relación a la desintegración.

Fotograma de Langosta, de Yorgos Lanthimos.

Fotograma de Langosta, de Yorgos Lanthimos.

Langosta, el tercer largometraje de Yorgos Lanthimos, nos muestra una sociedad distópica regida de manera déspota y cruel por esa correlación entre el matrimonio y el amor.

En la sociedad de Langosta, la relación matrimonial, sea hetero u homosexual,  se impone como modelo ideal de armonía para la experiencia humana y la convivencia social. Las leyes de esta sociedad obligan a que todo ciudadano deba estar casado. Por ello, los solteros son arrestados y trasladados a un hotel donde tienen 45 días para encontrar pareja.

La mirada de Lanthimos enfoca el matrimonio como una relación monótona, mecánica y alienante. Sin vuelo de pasión, deseo y erotismo. Sin fuego, ni llama. Una obligación social cuya transgresión de la norma lleva al ciudadano fracasado a la transformación en el animal de su elección -de ahí el nombre de la película-  y, al rebelde, a vivir oculto en el bosque hasta ser cazado.

Fotograma de Langosta, de Yorgos Lanthimos.

Fotograma de Langosta, de Yorgos Lanthimos.

La carretera

El universo de Langosta está organizado mediante dos espacios conectados y desconectados por una carretera: la ciudad, el espacio ordenado y civilizado, para los casados; el bosque, el espacio desordenado e incivilizado, para los solteros rebeldes y los animales. Dos espacios formalmente diversos, pero habitados por la misma atmósfera de frialdad que exhala la falta de compromiso verdadero entre los humanos. Una frialdad que congela la llama del amor que pudiera calentar la desabrida existencia humana.

Fotograma de Langosta, de Yorgos Lanthimos.

Fotograma de Langosta, de Yorgos Lanthimos.

Langosta no es una historia de amor, como anuncia el cartel de la película. Es una historia de alienación siniestra y perversa, donde los ciudadanos inadaptados no se unen para rebelarse contra la norma social, sino que esperan a ser cazados y despertarse una mañana, después de un sueño intranquilo, transformados en su animal preferido. Ironía pastiche posmoderna de Lanthimos, que ni siquiera convierte a sus personajes en  monstruosos insectos, como Kafka despierta dramáticamente a Gregorio Samsa.

Fotograma de Langosta, de Yorgos Lanthimos.

Fotograma de Langosta, de Yorgos Lanthimos.

Begoña Siles

Radiator: ¿La familia? Mal, gracias

Radiator, de Tom Browne
Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove
Largometraje inaugural
Del 19 al 26 de junio de 2015

Radiator, la película de Tom Browne que inauguró Cinema Jove en el Teatro Principal, debe su título a un chiste. Un chiste macabro. Radi es un león de circo. A Radi no le gustan las mujeres. Radi devoró a su domadora. De ahí lo de Radiator. El chiste se lo cuenta Leonard (Richard Johnson) a su mujer Maria (Gemma Jones) y lo recuerda Daniel (Daniel Cerqueira), hijo de ambos que acude a la casa familiar en auxilio de la madre debido a la enfermedad y actitud cada vez más agria del padre.

“En todas las familias no se sabe bien quién doma a quién”, respondió Browne tratando de desentrañar los entresijos del título. Lo que sí sabe el director inglés, que perdió a sus padres mientras rodaba la película, es que “hay bromas que no tienen ni pizca de gracia, salvo que se digan en el contexto familiar”. Tom Browne recuerda ese chiste pronunciado por su padre, incluido en su primer largometraje que a través de Cinema Jove hace su estreno en España.

Tom Browne, director de Radiator, durante la presentación de su película. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Tom Browne, director de Radiator, durante la presentación de su película. Imagen cortesía de Cinema Jove.

A partir de su experiencia personal, Browne radiografía ese universo familiar repleto de acritud, silencios crispados y amores mal entendidos, al tiempo que indaga en la vejez y las difíciles relaciones de pareja y paterno filiales. “No se juzga a los personajes, si son ángeles o demonios, sino que se muestra la complejidad de las relaciones humanas”, explicó Cerqueira. “En la película hay cariño, pero nunca se expresa”, agregó.

Esa impotencia para expresar el amor, ya sea entre marido y mujer o entre el padre y su hijo, hace de Radiator una película amarga, áspera, sin concesiones. Amarga por lo que narra; amarga por la muerte de los progenitores de Browne y, para más inri, amarga por el fallecimiento de Richard Johnson, que firmó así su testamento cinematográfico. Comparada con Amor, la igualmente dura película de Michael Haneke sobre la vejez, Radiator se sitúa en otro lugar.

Daniel Cerqueira y Gemma Jones en un fotograma de 'Radiator', de Tom Browne, película que inaugura la 30 edición de Cinema Jove.

Daniel Cerqueira y Gemma Jones en un fotograma de ‘Radiator’, de Tom Browne, película que inauguró la 30 edición de Cinema Jove.

“Me encanta Haneke, pero no tienen nada que ver, porque allí la acción transcurre en una vivienda fantástica, en medio de una relación estupenda, mientras que en Radiator se da una visión más excéntrica”. Daniel Cerqueira se refirió no sólo a la casa llena de trastos, desordenada y con ratas que sirve de oscuro escenario, sino al hosco clima sentimental que rodea a sus protagonistas. “La casa antigua donde vivían los padres de Tom era de 1727, de estilo georgiano y en la cual vivían tal cual aparece en la película”. Cerqueira recordó la “inmensa sorpresa” que se llevó la actriz Gemma Jones cuando la vio al comenzar el rodaje. “Esa forma especial de vivir en aquella casa es lo especial a su vez que tiene la película”.

Fotograma de Radiator (Radiador), de Tom Browne, película con la que se inaugura la 30 edición de Cinema Jove.

Richard Johnson, recientemente fallecido, en un fotograma de Radiator, de Tom Browne, película con la que se inauguró la 30 edición de Cinema Jove.

Tom Browne, a pesar de todo, he ahí la paradoja, alumbró su primer largometraje gracias a la ayuda de los amigos, entre ellos la actriz Rachel Weisz (Ágora, El jardinero fiel), y la herencia por la muerte de sus padres. “Circunstancias afortunadas”, reconoció el director, que también contó con la colaboración de todo el equipo: “Cobraron todos, pero poco, y eso sólo lo puedes hacer una vez”.

El cortometraje Jingle, de Marta Aledo, también su primer trabajo e igualmente amargo, en este caso, sobre la muerte de fotoperiodistas, acompañó a Radiator en la inauguración de Cinema Jove. “Me conmovió lo de José Couso, a quien tuve en mente todo el rato a la hora de hacer el corto”, señaló Aledo, que además de actriz (Águila Roja, Vis a Vis) tiene pensado continuar con la recién iniciada carrera cinematográfica.

Gemma Jones en un fotograma de 'Radiator', de Tom Browne, película con la que se inaugura la 30 edición de Cinema Jove.

Gemma Jones en un fotograma de ‘Radiator’, de Tom Browne, película con la que se inauguró la 30 edición de Cinema Jove.

Salva Torres