Ready Player One: La realidad existe

Ready Player One, de Steven Spielberg
EEUU, 2018

Steven Spielberg en su última película, ‘Ready Player One’, corrobora las ideas que el filósofo francés Jean Baudrillard expuso en 1987 en su libro ‘Cultura y simulacro’: “El mundo entero ya no es real, sino que pertenece al orden de lo hiperreal y de la simulación. No se trata ya de interpretar falsamente la realidad (ideología) sino de ocultar que la realidad ya no es necesaria”.

Fotograma de Ready Player One, de Steven Spielberg.

Fotograma de Ready Player One, de Steven Spielberg.

‘Ready Player One’ narra una historia distópica ambienta en 2045. En esa sociedad, los ciudadanos están la mayor parte del tiempo conectados a una omnipresente y omnipotente realidad virtual llamada OASIS, controlada por una corporación multinacional sin ningún tipo de escrúpulos éticos para  conseguir los máximos beneficios en Bolsa.

‘Ready Player One’ tiene, como toda película de ciencia ficción, una mirada visionaria sobre el presente. La historia coloca la lupa sobre la reciente y potente industria de entretenimiento de realidad virtual y deja entrever una posible y probable consecuencia social: los ciudadanos de esa sociedad virtual han dejado de ser los sujetos políticos de la Modernidad y los sujetos consumidores de la Posmodernidad, para ser sujetos jugadores de una cultura “hiperreal y simulada” donde, obviamente, “la realidad no es necesaria”.

Fotograma de Ready Player One, de Steven Spielberg.

Fotograma de Ready Player One, de Steven Spielberg.

OASIS no es solamente un complejo mundo virtual de videojuegos y diversas redes sociales, sino un espacio, como literalmente su nombre define, de tregua, de evasión para las penalidades de la vida.  OASIS es la única realidad posible. Una realidad virtual donde cada ciudadano vive atrapado en la simulación imaginaria de su avatar. Y, por tanto, nada sabe del dolor, del placer que se inscribe en el cuerpo real.

‘Ready Player One’ es una reflexión integradora, nada apocalíptica, sobre la realidad virtual, en general, pero en particular sobre los videojuegos. Un nuevo formato de entretenimiento y de espectáculo, principalmente disfrutado por adolescentes y jóvenes. Por eso, Spielberg crea la narrativa y la estética de la película pensada para ese público.

‘Ready Player One’ es un relato de iniciación, donde el protagonista debe recorrer, apoyado por amigos, un arduo camino virtual hasta adquirir el conocimiento que le permita aprender a discernir entre la experiencia real -aquella que hace huella, marca en el cuerpo- y la experiencia virtual –aquella que hace apariencia en el cuerpo.

Fotograma de Ready Player One, de Steven Spielberg.

Fotograma de Ready Player One, de Steven Spielberg.

Begoña Siles

Alegorías del consumo en la obra de Carlos Saura

Crónicas del No-Tiempo, de Carlos Saura
Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’
C / Cervantes, 16. Villanueva de los Infantes (Ciudad Real)
Hasta el mes de julio de 2016

En un lugar de la Mancha… Villanueva de los Infantes, se encuentra el Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’, que conmemora su quinto aniversario con la exposición ‘Crónicas del No-Tiempo’ del pintor Carlos Saura, nativo de la localidad, pero criado y residente en Valencia.

La exposición ‘Crónicas del No-Tiempo’ hace un recorrido por la obra realizada en la última década del pintor. Un recorrido sin orden cronológico que se inicia con el cuadro ‘Arquetipos 2008’. Un acrílico donde se muestra a cinco espectadores con una mirada entre interrogativa y sorprendida al contemplar/se en los bustos expuestos sus propios rostros. Una alegoría de la posición del espectador con respecto a la obra de arte: esto es, el espectador como parte indisoluble de la obra, y la obra como un espacio de disolución para el espectador al abrir cierta interrogación en sus pensamientos, en sus valores prefijados.

Arquetipos, de Carlos Saura, en 'Crónicas del No-Tiempo'. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Foto: Begoña Siles.

Arquetipos, de Carlos Saura, en ‘Crónicas del No-Tiempo’. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Foto: Begoña Siles.

La obra de Carlos Saura y, en concreto, la expuesta en ‘Crónicas del No-Tiempo’, interpela al observador hasta disolverle en la indisoluble interrogación que el contenido y la estética de la representación plantean.

Obras como ‘She loves cakes & dogs’ (2011), ‘La sangre del ídolo’ (2011), ‘El ídolo’ (2010), ‘Star system’ (2010), ‘Reality blinds you’ (2010), ‘Superposición cuántica’ (2010) y ‘Seguridad ficticia’ (2008), representan aspectos y objetos de la realidad financiera, de consumo y mass-mediática de nuestra sociedad neocapitalista posmoderna. Aspectos y objetos convertidos en ídolos que ciegan la verdadera experiencia humana, tal y como reflejan los cuadros y los alegóricos títulos de los mismos.

The Idol, de Carlos Saura, en 'Crónicas del No-tiempo'. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Fotografía: Begoña Siles.

The Idol, de Carlos Saura, en ‘Crónicas del No-tiempo’. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Fotografía: Begoña Siles.

La interrogación en la obra de Carlos Saura surge no sólo del contenido de la representación y de sus títulos, sino también de todos esos objetos y de las figuras geométricas que irrumpen en su trabajo. Cierto universo pictórico que entronca, bajo la mirada lúdica del pastiche, con muchos aspectos del capitalismo multinacional asociado a la sociedad de consumo. Unas cualidades temáticas y estilísticas propias del arte posmoderno de las últimas décadas del siglo XX, tal y como señala Frederic Jameson, en su artículo Posmodernismo y sociedad de consumo.

La mirada crítica de Carlos Saura orienta al espectador a interrogarse en la misma dirección que sugiere el inicio del ensayo ‘El malestar en la cultura’ de Freud: “No podemos eludir la impresión de que el hombre suele aplicar cánones falsos en sus apreciaciones, pues mientras anhela para sí y admira en los demás el poderío, el éxito y la riqueza, menosprecia, en cambio, los valores genuinos que la vida ofrece”. ¿Cuáles serían esos valores genuinos que ofrece la vida y que son menospreciados?

The Drama (Key Largo), de Carlos Saura en 'Crónicas del No-Tiempo'. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Foto: Begoña Siles.

The Drama (Key Largo), de Carlos Saura en ‘Crónicas del No-Tiempo’. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Foto: Begoña Siles.

Una pregunta a la cual Carlos Saura intenta dar respuesta. Por una parte, en  los retratos de matemáticos, de físicos y de músicos que componen las series tituladas ‘Science as Art’ y ‘Chronicles of the Nontime I, II y III’, ambas de 2015; y, por otra, en los cuadros dedicados a la naturaleza: a la diosa madre naturaleza -‘La Novia del Sol’ (2014), ‘Das Rheingold: Freida III’ (2007) y ‘Erda’ (2011)-  y al mar Mediterráneo -‘Autofocus’ (2014), ‘Verdeazul I y II’, (2014), ‘Mediterráneo’ (2013)-.

La ciencia como arte y lo femenino como naturaleza parecen ser los espacios que pueden trascender a la idolatría de los valores económicos y de consumo propuestos por la sociedad neocapitalista. Probablemente por ello, en esa serie de cuadros la mirada pastiche del trazo posmoderno del autor se disimula tras la admiración y fascinación por lo representado: el genio del músico y del científico y la diosa femenina de la naturaleza.

Erda, de Carlos Saura. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Foto: Begoña Siles.

Erda, de Carlos Saura. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Foto: Begoña Siles.

Ahora bien, la mirada posmoderna de la obra de Carlos Saura retorna al espectador en los cuadros de referencia cinematográfica: ‘The drama (Key largo)’ (2014) -fotograma de la película ‘Cayo Largo’ de John Huston (1948)- ‘Tomato sauce’ (2013) -pintura del rostro de Christopher Lee como Drácula-  y ‘El ataque’ (2013) -‘Con la muerte en los talones’ de Alfred Hitchcock (1959)-. En estos cuadros, las escenas cinematográficas se ven invadidas por objetos que deconstruyen hasta la ironía el drama, la angustia y el terror inherentes en la obra fílmica tomada como referencia.

Carlos Saura en su exposición 'Crónicas del No-Tiempo'. Fotografía: Begoña Siles.

Carlos Saura en su exposición ‘Crónicas del No-Tiempo’. Fotografía: Begoña Siles.

En el universo pictórico de Carlos Saura la alegoría crítica surge de esos objetos que irrumpen en sus cuadros: navajas, tomates, pasteles, tostadoras,  pistolas de juguetes, playmobil, calaveras, planetas, etc… Objetos que se fusionan con el mundo representado en la obra y con el título de la misma para crear la metáfora que moviliza al observador hacia la interrogación.

Reality blinds you, de Carlos Saura en 'Crónicas del No-Tiempo'. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Foto: Begoña Siles.

Reality blinds you, de Carlos Saura en ‘Crónicas del No-Tiempo’. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Foto: Begoña Siles.

Begoña Siles

El artificio de mi autenticidad

Glory of the Artifice/Liquid Portraits, de Christto and Andrew
Galería Espai Tactel
C / Denia, 25. Valencia
Inauguración: viernes 11 de marzo, a las 20.00h
Hasta el 29 de abril de 2016

“Una mañana de julio, Napoleón III envió a Madame de Castiglione dieciocho pisapapeles de Baccarat, treinta de Clichy  y cuarenta y cinco de Saint Louis, a fin de que pudiera refrescar sus manos en aquel tórrido día y que su mirada se deslizara entre las exquisitas imágenes de los jardines floridos y motivos submarinos al interior de los pisapapeles”
Colette de Jouvenal

«La centralidad del lenguaje; no sólo en nuestra poesía, sino en esas “otras” formas de poesía hacia las que la etnopoesía puede conducirnos. Por un lado, esto nos llevaría al dominio del tipo de artificio (…) central para el acto poético”
Jerome Rothenberg, Etnopoética y política/ La política de la etnopoesía, 1989

“Here is where everything happened
Ce que je voudrais raconter
Reste en pays étranger”
Christine and the Queens, Here, 2014

El deseo por poseer cosas maravillosas llevaba a Andy Warhol a acumular cajas en almacenes con objetos que no volvería a ver. Años antes la Reina Victoria, cuyas posesiones se extendían por diversos continentes, había buscado un subterfugio para este afán coleccionista; gracias al perfeccionamiento de la recién inventada técnica fotográfica, confeccionaba álbumes en los que aparecían todas y cada una de ellas. A parte del deleite de revisar estos álbumes, en caso de deterioro podría replicar todos y cada uno de estos objetos.

Obra de Christto and Andrew. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Christto and Andrew. Imagen cortesía de Espai Tactel.

No deja de ser significativo el recorrido en paralelo de la investigación en la técnica fotográfica y las transformaciones económicas de la modernidad, mientras una intentaba capturar la fugacidad, la otra proporcionaba modos para duplicar y sobreproducir, de este modo lo que debía ser fotografiado no sólo se multiplicaba en sus representaciones sino en su propia esencia. Así que, en la actualidad, no sólo hemos contado con un mayor número de imágenes reproducidas, sino que los propios objetos, incluso los lugares y personas, han sido clonados, pudiendo adquirir imitaciones de los supuestos originales.

A día de hoy podemos preguntarnos dónde está el artificio, qué lugar ocupa la imitación, la recreación de todo aquello que antes era exclusivo, cómo identificar el lujo en nuestras modernidades. Dónde reside el valor, en el objeto o en su reproducción que evidenciando la posesión del mismo. Somos así etiquetados, cartografiados, un pie de nota con nuestros nombres.

La Reina Victoria, mirando imagen tras imagen, distintas fotografías del mismo objeto, deleitándose en su modernidad. En qué se diferencia de nuestro ensimismamiento; de  nuestra percepción de una modernidad única y homogeneizadora, atravesada por los filtros de lo decolonial, en la que seguimos empleando las mismas estrategias que en el siglo XIX, contraponiendo una supuesta autenticidad como eufemismo a lo original.  Este valor de lo auténtico que desplazamos de las imágenes a los objetos, a los lugares, a las personas y a sus comportamientos, incluso a los afectivos. Es curioso cómo la Ilustración propició un desplazamiento en el lujo, tanto que nos cuesta pensar que fuese un territorio eminentemente masculino debido a la feminización que ha sufrido a lo largo de los últimos siglos, como hace patente un simple vistazo a las industrias actuales.

Obra de Christto and Andrew. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Christto and Andrew. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Y en este territorio en el que los objetos, las identidades y su representación se multiplican replicándose sobre sí mismas Christto & Andrew (b. 1985 / 1987) plantean una zona de fricción. Tanto su producción, fotográfica pero también instalativa, como su propio desarrollo, portorriqueño y sudafricano afincados en Qatar, parten de la coexistencia de numerosas modernidades, que no sólo conviven sino que coexisten en un conflicto permanente.

De este modo ‘Glory of the Artifice’ (2016-2015) y ‘Liquid Portraits’ (2015-2014) parten de estructuras tradicionales de la historia del arte, retratos y naturalezas muertas, sobre las que imponen una saturación, tanto cromática como de sentido, que genera una crisis en nuestra percepción. No en vano la sociedad occidental ha sido acusada de padecer cromofobia, sumando así una fobia más a estructuras homogenizadoras que preconiza.

Obra de Christto and Andrew. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Christto and Andrew. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Si tomamos algunas de las imágenes pertenecientes a estas series, como ‘An Unusual Request’ (2015) o ‘Collapse of Time’ (2015), veremos cómo rápidamente podemos identificar muchos de los ítems que definen nuestra sociedad contemporánea: comunicación, protección, seguridad, ostentación, raza… pero cada uno de estos elementos contienen su opuesto de una forma evidente e hiriente; está en la fragilidad del traje, en la imposibilidad de realizar la llamada, cada detalle nos habla de fracturas.

Sobreproducidos en el superhabit y en su contrario. Fluctuantes en unas identidades que siguen enmarcadas en rígidas estructuras. Ya no es necesario que evidenciemos la convivencia de alfabetos en ‘The Advance of Absoluted Knowledge’ (2014), multitud de lenguajes nos atraviesan. Puede que la mejor forma de hacerlo evidente es utilizando sus propias herramientas. Trabajando con la imagen, como hacen Christto y Andrew Weir, pero también con los dispositivos en las que se exponen. Evidenciando que esa convivencia de modernidades es tan artificiosa como los retratos con que la ilustran, dejando patente que seguimos siendo imágenes vestidas con el disfraz de nuestras identidades.

Con esos ropajes volvamos al principio, a la Condesa de Castiglione, una luchadora del artificio, intentando calmar su necesidad, de frescor, pero también de deleite, en los paisajes atrapados en pisapapeles. Puede que consigamos que el trabajo de Christto & Andrew nos produzca la misma cruel delicia en su maravilla y que así podamos extrañar el mundo, cuestionándolo, a partir de ellas.

Obra de Christto and Andrew. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Christto and Andrew. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Eduardo García Nieto

Los espejismos de Jeff Koons

Jeff Koons: Retrospectiva
Museo Guggenheim Bilbao
Plaza Abandoibarra, 2. Bilbao
Hasta el 27 de septiembre de 2015

El Museo Guggenheim de Bilbao ha estado vinculado a la obra de Jeff Koons desde su inauguración en 1997. La escultura ‘Puppy’ (1992), ese terrier gigante cubierto de plantas en flor situado a las puertas del museo, y de ‘Tulipanes’ (1995-2004), ese ramo de flores inmenso de acero inoxidable colocado en la terraza del edificio, han iluminado de color las placas de titanio del Guggenheim. Es lógico, por tanto, que la primera muestra retrospectiva de la obra de Jeff Koons en nuestro país sea en el Museo Guggenheim, el mismo año en que éste ha alcanzado la mayoría de edad.

Tulipanes, de Jeff Koons, en la terraza exterior del Museo Guggenheim Bilbao.

Tulipanes, de Jeff Koons, en la terraza exterior del Museo Guggenheim Bilbao.

Por fin, la obra de Jeff Koons ha entrado en el interior del museo y las salas han explotado con el color, el brillo y la luz que exhalan sus esculturas y sus pinturas monumentales. Esculturas y pinturas barrocas, kitsch, pastiches, hiperrealistas, ready-mades, collages, palabras todas ellas que definen la obra de Koons, a la vez que oscurecen la mirada para la reflexión.

Una obra desmesurada, de volutas y de grandes movimientos (en el material utilizado: acero inoxidable, madera policromada, cristal de murano, porcelana….). Una obra que parece que le tiene miedo al vacío y, por eso, cuando hay vacío lo llena en seguida con flores y la recubre con espejo para que toda la superficie se llene con el reflejo de los espectadores y los objetos de la sala. Una obra para invadir el vacío y llenarlo con una escritura demasiado floripondia y frondosa, como la sociedad de consumo y mass-mediática que la inspira.

Jeff Koons. Retrospectiva. Museo Guggenheim Bilbao.

Jeff Koons. Retrospectiva. Museo Guggenheim Bilbao.

Koons intersección Guggenheim

La obra de Jeff Koons hace que el Guggenheim resuene a celebración, especialmente por las piezas que componen  la serie ‘Celebration’ (1994-2004) expuestas en esta retrospectiva. Esta serie recrea objetos típicos de las fiestas infantiles en pinturas y esculturas, tales como ‘Play-Doh’ (1995-2008), ‘Balloon Dog’ (1995-1998), ‘Cat on Clotheslin’ (1994-2001), ‘Moon’ (1995-2000), etcétera.

Sí, el Guggenheim puede celebrar tan explosivamente como las obras de Koons su mayoría de edad. El Museo Guggenheim del arquitecto Frank O. Gehry, o mejor el “fenómeno Guggenheim”, comparte una de las cualidades que se le otorga al “fenómeno artístico” de Koons: su posmodernidad. Y, en concreto, de ese conjunto de ideas eclécticas y heteróclitas que conforma la posmodernidad, destacar aquella que considera el arte posmoderno como un producto del capitalismo de consumo y ocio.

Rabbit, en Jeff Koons. Retrospectiva. Cortesía del Museo Guggenheim Bilbao.

Rabbit, en Jeff Koons. Retrospectiva. Cortesía del Museo Guggenheim Bilbao.

Si Jeff Koons ha creado su obra con los productos de consumo y ocio propios del mundo hogareño (colección ‘The New’ 1980), deportivo (serie ‘Ball 50/50 Tank’ 1985), y massmediático (colecciones ‘Popeye’ y ‘Hulk Elvis’, 2009-2015), el edificio ideado por Frank O. Gehry ha transformado la ciudad de Bilbao en un espacio para el consumo y el ocio de un turista, en estos momentos, incipiente. Toda huella de su pasado industrial y moderno propio de un capitalismo de producción ha sido borrada.

El turista, al igual que el observador de la obra de Jeff Koons, circula eclipsado tanto por la ciudad como entre la obra expuesta. El primero, el turista, por el titanio que recubre el Museo Guggenheim; el segundo, el observador, por las esculturas de acero inoxidable pulido con acabado de espejo de Jeff Koons. Y tras ese primer y breve deslumbramiento, ambos visitantes verán reflejada su propia imagen, debido a la cualidad reflectante de la superficie del material.

Superficies reflectantes, al igual que las aguas de Narciso. El tiempo dirá si el “fenómeno artístico” de Koons y “el fenómeno Guggenheim” no se hunden tras ese primer reflejo deslumbrante que las aguas del mercado del consumo artístico y turístico ha colocado como imagen digna de admiración, tanto estética como monetaria.

Antiquity 3, en 'Jeff Koons. Retrospectiva'. Museo Guggenheim Bilbao.

Antiquity 3, en ‘Jeff Koons. Retrospectiva’. Museo Guggenheim Bilbao.

Begoña Siles

Tomorrowland: El lobo de la esperanza

Tomorrowland, de Brad Bird
Con George Clooney, Britt Robertson, Hugh Laurie, Raffey Cassidy
Estados Unidos, 2015

Si hay un rasgo excepcional y admirable de la especie humana es su capacidad de crear relatos. Relatos míticos, filosóficos, científicos, artísticos con los cuales configurar y legitimar las instituciones, los pensamientos y la ética. Relatos que narran nuestro modo de moldear, pensar y crear el presente y el futuro de la humanidad.

Y sobre esta idea se asienta la película de ciencia-ficción Tomorrowland: en la fuerza del relato como espacio para orientar el futuro de la humanidad. Si esa es la premisa, hay una cuestión sobre la que pivota la historia del film de Brad Bird: ¿qué palabras compondrán el contenido del relato que dé sentido a nuestro futuro?

Britt Robertson, George Clooney y Raffey Cassidy en un fotograma de 'Tomorrowland', con la Ciudad de las Artes de Valencia al fondo.

Britt Robertson, George Clooney y Raffey Cassidy en un fotograma de ‘Tomorrowland’, con la Ciudad de las Artes de Valencia al fondo.

Para contestar esta pregunta la película narra la fábula indígena de los dos lobos: “En el mundo hay dos lobos: uno oscuro que habla de desastres y desesperación y otro luminoso que inspira optimismo y esperanza. ¿Cuál vivirá? El que tú alimentes.”

El lobo de la esperanza

Tomorrowland es una anomalía dentro de las películas de ciencia-ficción actuales. En las últimas décadas los filmes de este género se han caracterizado por contar historias apocalípticas. Películas catastrofistas, entrópicas, desesperanzadoras, donde la humanidad se extingue o el planeta tierra desaparece, sin ninguna posibilidad de resurgimiento. Una ciencia-ficción fruto del relato posmoderno que ha configurado el sentido del presente y el futuro de finales del siglo XX y principios del XXI. Sí, un relato posmoderno que ha alimentado durante muchos años al lobo “oscuro” con palabras como descreimiento, relativismo, sospecha, corrupción, avaricia, hasta moldear unos  individuos apáticos y dirigir a la sociedad a la anomia.

Britt Robertson en un fotograma de 'Tomorrowland', de Brad Bird.

Britt Robertson en un fotograma de ‘Tomorrowland’, de Brad Bird.

Tomorrowland critica el pensamiento de este relato posmoderno o, si seguimos con la fabula indígena, lucha contra el lobo “oscuro”. Tomorrowland alimenta al lobo “luminoso” con palabras como ilusión, optimismo, creación, invención, educación, orientadas a la emancipación de la humanidad. Una luminosidad que se refleja no sólo en el obvio mensaje,  sino también en la puesta en escena -iluminación, vestuario…-  que construye.

Tomorrowland no es una buena película, a nivel estético-narrativo. Ahora bien,  es interesante  por ese énfasis que pone en marcar la importancia  de las palabras, de los relatos para insuflar “valor e ilusión” o “cobardía y desesperanza” para  ver la realidad presente y crear nuestro futuro.

George Clooney en un fotograma de 'Tomorrowland', de Bard Bird.

George Clooney en un fotograma de ‘Tomorrowland’, de Brad Bird.

Begoña Siles

Nadine Byrne en ‘The Ritual Box’

The Ritual Box
Performance ‘Merge’, de Nadine Byrne
Espai Rambleta
Bulebar Sur. Valencia
Sábado 2 de mayo (2015), a las 20.30h

‘The Ritual Box’ o caja de rituales (sala de exposiciones) donde vivir experiencias en torno a la idea de ritual postmoderno, acoge el sábado 2 de mayo en Espai Rambleta la performance ‘Merge’ de las artista Nadine Byrne. El proyecto comisariato por Johanna Caplliure y José Luis Giner  tendrá con posterioridad otras citas similares dedicadas al artista estadounidense Ben Russell.

BlackWhite Trypps, de Ben Russell, artista participante en The Ritual Box. Espai Rambleta.

BlackWhite Trypps, de Ben Russell, artista participante en ‘The Ritual Box’. Espai Rambleta. Cortesía de los comisarios Johanna Caplliure y José Luis Giner.

Hace un par de años, cuando ambos comisarios empezaron su investigación, descubrieron que había una importante tendencia en la moda, diseño de objeto y en la música (principalmente en los videoclips de Lady Gaga, Beyonce o Madonna) en los que la profusión de símbolos de distintos cultos se mostraban desactivados de su poder ritual. Esta primera evidencia les sugirió la idea de ahondar en la investigación de las artes visuales y en la creación de artistas contemporáneos en torno a la pervivencia de los rituales.

De ahí nació ‘The Ritual Box’ en la que cada semana la experiencia es distinta y gira sobre las figuras de los artistas Javi Moreno (España), Pil&Galia (Israel/Londres), Nadine Byrne (Suecia) y Ben Russell (USA). Una experiencia nunca presentada en ningún ámbito artístico por su formato, duración y muestra.

Proyección de la obra de Pil&Galia en The Ritual Box. Cortesía de Espai Rambleta.

Proyección de la obra de Pil&Galia Kollectiv en ‘The Ritual Box’. Espai Rambleta. Cortesía de los comisarios Johanna Caplliure y José Luis Giner.

Algunas semanas proyectan trabajos de los artistas y presentan algunas de sus piezas musicales o audiovisuales. Y el resto son los artistas los que proceden a actuar. Mediante performance, videodjaying, coreografía, sesiones de música experimental… avanzan sobre las formas del ritual postmoderno.

Finalmente la sala está albergando algunos de los objetos utilizados en las performances por los artistas.

Performance de Nadine Byrne.

Performance de Nadine Byrne, artista participante en ‘The Ritual Box’. Espai Rambleta. Cortesía de los comisarios Johanna Caplliure y José Luis Giner.

 

¿Qué quieren? Miradas de mujeres

En torno a la visibilidad de las mujeres en el Arte

No cesa la queja. Es más, se incrementa día a día. En todo. Nada de lo que pueda hacerse para disiparla es ni será suficiente; la queja es, en esta era posmoderna, ¡qué le vamos a hacer!, una de las actitudes más rentables. ¿Por qué no quejarse, entonces? Ah, y otra cosa; la queja será más rentable en proporcionalidad directa al rencor y el odio que en ella vayan intrínsecos. Son cosas del activismo y de la corrección. En el Arte, también.

No cesa de oírse esa queja. «Queremos más visibilidad». Así, quieren más visibilidad. ¿Quiénes? Ellas, por supuesto, las mujeres. ¿Más visibilidad? No exactamente; lo que dicen querer es la misma visibilidad que los hombres. Para ellas, no puede haber (existir) un hombre artista si no hay (existe) una mujer artista… de forma !simultánea y ubicua! Sí, ésta sería la cuestión. Lo que quieren las mujeres (y tomo el todo por la parte en la medida en que las que callan otorgan, habida cuenta de los beneficios que obtienen de la queja, tengan o no tengan clara la exigencia) es una igualdad numérica, estadística, cuantitativa. Paridad, igualdad. Si alguien quiere comisariar una exposición sobre, pongamos fotografía nocturna, lo que le exigirán los abanderados de la corrección política es que ese alguien NO seleccione a los 12 fotógrafos -sean mujeres o hombres- que le parezcan más interesantes -adecuados, apropiados-, sino que en su elección haya 6 fotógrafas y 6 fotógrafos (6 mujeres y 6 hombres: 6 personas con vagina y 6 personas con pene).

Pero, ¿a quién se quejan esas mujeres tan activistas?, ¿a la sociedad machista, ese corpus amorfo de individuos al que se le echa siempre la culpa de todo? ¿o al mundo del Arte, ese conjunto de personas que configuran el mismo mundo del Arte que «al parecer» es discriminatorio con las mujeres? Porque esa es la queja: las reivindicadoras no se quejan de que haya menos mujeres artistas sino de que la selección habitual -para su exhibición- no sea natural, sino malignamente partidista. Para ellas, sí hay una selección natural y es tan natural que tiene que ser equitativa… por cojones (perdón). Así, natural, o sea, equitativa, igualitaria. Natural (?).

Obra de Ana Gesto exhibida en La Nau de la Universitat de València.

Obra de Ana Gesto mostrada en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’ en La Nau de la Universitat de València.

Mutatis Mutandi

Podríamos comenzar por diferenciar entre presencia y poder.  ¿Y qué quieren las mujeres: presencia o poder? ¿Qué quieren cuando dicen querer igualdad? ¿Más presencia en las decisiones del poder? ¿Más presencia en los eventos expositivos?

Y podríamos también, para situarnos realmente, remontarnos a los años ochenta, los años de apertura, cambio y desarrollo de la España ulterior a los 40 años de anquilosamiento cultural. ¿Y quién detentaba el poder del Arte durante esa década y la posterior? Pues se lo digo yo: las mujeres. ¿A quién había que conocer si uno quería medrar en el fantástico y sensible mundo del Arte durante los ochenta y los noventa una vez fallecida Juana Mordó? Pues se lo digo yo: a Juana de Aizpuru, a María Corral, a Cármen Jiménez, a Helga de Alvear, a Soledad Lorenzo… a Elba Benítez, a Elvira González, Oliva Arauna, las Moriarty, Oliva María, Rosa Martínez, Estrella de Diego, Evelyn Botella, Rosa Olivares… y poco más allá Pilar Parra, Marta Cervera, Elena Ochoa, Ana María Guasch… Ellas lo controlaban TODO, ellas configuraron el panorama que representaba el arte español y foráneo en nuestro territorio. Y diseñaron la estrategia de expansión. Ellas impusieron su criterio, algo contra lo que no hay nada que objetar, digo yo. ¿O sí? Es verdad que hubo algunos hombres… (Juan Antonio Ramírez, Calvo Serraller, Pepe Cobo…) pero sólo para que la cosa no pareciera demasiado discriminatoria. Así pues, las mujeres con presencia casi absoluta en el mundo del Arte, al menos respecto al poder real.

¿Y los artistas, qué pasa con los artistas, se seguirán preguntando las activistas más comprometidas con su sexo? Pues muy sencillo: los artistas que había eran los que colocaban ellas, los que ellas sugerían, los que ellas ¿imponían?; ellas, las que detentaban el poder: Juana de Aizpuru, Soledad Lorenzo, María Corral, Oliva Arauna, Cármen Jiménez, Rosa Martínez, Elba Benítez, Oliva María, Rosa Olivares, Elvira González, Elena Ochoa…

¿Y ahora, qué pasa? Pues que ahora tenemos, sin ir más lejos, ese festival del Arte tan igualitario y tan poco partidista que se llama Miradas de mujeres. Que, cómo no, es aprovechado para elevar la queja y el lamento en la opinión publicada a su máxima exponencia (impactos mediáticos): «exigimos más visibilidad», «queremos la igualdad». Cada año lo mismo: «exigimos más visibilidad». Un festival que se amplía cada año y que cada vez cuenta con más participantes, que lógicamente nunca serán suficientes. ¿Sólo un festival, sólo él, el de Miradas de mujeres? Noooo, hay un sinfín de eventos que en nombre de la mujer discriminada se reparten durante todo el año por todo el territorio español, la mayor de las veces promocionados y patrocinados por administraciones públicas, institutos de la mujer, y demás entidades subvencionadas.

Sin ir más lejos en Valencia se inauguró la semana pasada una exposición «de» mujeres, una exposición que se ha denominado, supongo que nada inocentemente, ‘Las dueñas del arte’. Se trata de la selección de artistas llevada a cabo por 14 galeristas mujeres de la Comunidad Valenciana. Pero para saber el verdadero alcance y significado de la cifra (14) conviene saber antes que en la Asociación de Galerías de Arte Contemporáneo de la Comunidad Valenciana hay 19 galerías de Arte. Así pues, el mundo del Arte, al menos aquí en Valencia, se encuentra en manos de mujeres. Y no tanto a nivel privado, sino también a nivel político-cultural, para bien o para mal, como saben todos los valencianos. Y no debemos olvidar que, por el motivo que sea, es la clase política -del signo que sea- la primera en promover, tanto de forma directa como indirecta, eventos culturales que tengan por protagonistas a las mujeres. Que lo hacen.

Obra de Diana Coca expuesta en La Nau de la Universitat de València.

Obra de Diana Coca mostrada en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia en La Nau de la Universitat de València.

¿Entonces?

Para contestar a esta enigmática última pregunta podemos acudir a la entrevista que MAKMA les hiciera a tres mujeres activistas directamente comprometidas con el Arte y con la Mujer. En dicha entrevista no se pudo dejar más clara la queja que tiene como objeto la discriminación de las mujeres en el mundo del Arte. Resulta tan paradigmática que recomiendo su búsqueda y lectura. Da mucho de sí.

Dice la directora del Festival en la Comunidad Valenciana Irene Ballester: «Nuestra finalidad es llevar el arte hecho por mujeres a los grandes museos y galerías, pero también a las concejalías de Cultura e Igualdad de cualquier pueblo». Queda claro entonces que sus objetivos, ya logrados (15 comunidades, más de 1.000 artistas, 308 espacios expositivos), han conseguido elevar la presencia de mujeres artistas en espacios tanto privados como públicos; no de mujeres artistas extraordinarias, ni de las mejores mujeres artistas, sino de mujeres artistas («arte hecho por mujeres»). Y como decimos, no sólo a espacios privados, sino a espacios sufragados con dinero público.

Por eso quizá no se entienda esa pertinaz manía del mundo del Arte hacia los estamentos políticos. De hecho en esta misma entrevista aflora lo que acaba siempre por aflorar cuando el mundo del Arte exige independencia en sus sensibles decisiones: su desprecio por ese intrusismo que supone toda acción gubernamental en las cosas de la Cultura. Y por eso dice Lucía Peiró a poco que se descuida, «la política y el arte deberían ir por separado». Y es que, en efecto, se trata de algo que es absolutamente habitual en aquellos que, curiosamente, viven de las prebendas del papá Estado. Aceptan con naturalidad todo tipo de subvenciones y ayudas (de las Concejalías, las Casas de Cultura y Administraciones en general), pero después las quieren mandar a freír espárragos cuando se trata o de hacer lo que les dé la gana o de ganar dinero.

Pero aquí de lo que se trata es de saber si existe realmente discriminación maléfica y organizada o si se trata de algo mucho más sencillo. Es decir, la cuestión es: si aceptáramos, tal y como dicen algunas estadísticas que nos ofrecen las asociaciones más activistas, que las mujeres tienen menos presencia que el hombre en el mundo del arte, ¿será debido a una discriminación maléfica instigada por una sociedad machista o se debe a las leyes de mercado? Veamos lo que dice una de las entrevistadas, concretamente la galerista Teresa Lagarre, es decir, la que representa el mercado (el del dinero y no el de las ideologías): «Yo tengo muchos artistas de la Comunidad Valenciana, el 70% son de aquí, y aunque tal vez sean más hombres que mujeres los que exponen en mi galería, lo cierto es que yo siempre me he inclinado por el arte de las mujeres porque me siento identificada con sus propuestas».

Pues bien, por fin queda claro el por qué teniendo más poder en la gestión -ese poder que se atribuye en exclusiva al maléfico hombre autoritario- después parecen no obtener la misma visibilidad. Una mujer galerista y su programa: se identifica con las propuestas de las mujeres (sic)… pero tal vez (sic) sean más hombres que mujeres los que exponen en su galería. Pero después se suma a la –rentable- queja.

Post Scriptum. Llego de Madrid con varias carteleras de actualidad cultural en mi cartera… y no hay sitio para la duda: Ellas crean. En efecto, en todas las carteleras, e incluso en algunas de las portadas de esas carteleras, aparece ese titular, Ellas crean. Titular que se corresponde con la XI Edición del Festival Ellas Crean, festival que, y ahora cito de la cartelera Madrid en vivo, “aporta un punto de visibilidad para las mujeres creadoras”. También se dice “Este año el Ayuntamiento de Madrid presenta un cartel alucinante, sugestivo y pleno de propuestas que harán las delicias de los asistentes” (y Ayuntamiento de Madrid va en negrita). Este festival, inmediatamente posterior a Miradas de mujeres (que se realizaba en 15 comunidades entre otras ésta) contaba con 46 intervenciones (música, danza, debates, exposiciones, presentaciones…) y con la colaboración de 18 museos.

Cristina Lucas.

Imagen del video de Cristina Lucas mostrado en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’ en La Nau de la Universitat de València.

Alberto Adsuara

Las fotografías necrófilas de Mario Pardo

Polvo serán, más polvo enamorado, de Mario Pardo
Palacio de los Condes de Gabia
Plaza de los Girones, 1. Granada
Hasta el 9 de noviembre

La exposición de Mario Pardo, que lleva por título ‘Polvo serán, mas polvo enamorado’ reúne una selección de fotografías tomadas en algunos de los cementerios europeos monumentales más importantes. “Se concentra en el tema de la relación inextricable entre Eros y Tánatos, vínculo presente en toda la historia de la cultura occidental. Como ya demostró Freud, la vida humana es una lucha constante entre el principio del placer (Eros) y el de la muerte (Tánatos): estos impulsos están enlazados de una forma tan intricada que resultan imposibles de diferenciar”, según explica en el catálogo de la exposición Vita Fortunati, de la Universidad de Bolonia.

Fotografía de Mario Pardo en la exposición 'Polvo serán, mas polvo enamorado'. Imagen cortesía del Palacio de los Condes de Gabia de la Diputación de Granada.

Fotografía de Mario Pardo en la exposición ‘Polvo serán, mas polvo enamorado’. Imagen cortesía del Palacio de los Condes de Gabia de la Diputación de Granada.

El título de la exposición, continúa diciendo Fortunati,  está “tomado del verso final de un soneto de Francisco de Quevedo”, y “nos revela que el deseo hacia la persona amada, al tiempo que esconde un instinto de muerte, también supera y trasciende la misma muerte. El alma dejará el cuerpo en la tierra, pero su memoria permanecerá intacta; aunque se hará ceniza, esta quedará llena de sentimiento; se tornará en polvo, pero polvo todavía enamorado”.

Roberto Grandi se refiere en el mismo catálogo a que “en el fondo de cada buena fotografía se encuentra algo escatológico: algo alude a la visión y a la elección del tiempo, y al hecho de existir una relación sin salida con el fin del tiempo”. De ahí que tras observar las fotografías de Mario Pardo, Grandi afirme haberlas “des-imaginado, he intentado captar algunos conceptos esenciales de este encuentro que ha ocurrido entre los pasos de Mario, el instante fotográfico, la escultura, el espacio funerario y, con sordina, algo relacionado con el morir”.

Fotografía de Mario Pardo en la exposición 'Polvo serán, mas polvo enamorado'. Imagen cortesía del Palacio de los Condes de Gabia de la Diputación de Granada.

Fotografía de Mario Pardo en la exposición ‘Polvo serán, mas polvo enamorado’. Imagen cortesía del Palacio de los Condes de Gabia de la Diputación de Granada.

Fortunati señala que esa “tensión entre vida y muerte, luz y sombra, tan presente en el Seiscientos barroco, se encuentra asimismo en el siglo sucesivo donde parece perfilarse una doble actitud: por un lado está el intento, promovido por los philosophes y de las élites occidentales en general, de considerar por un lado la muerte como un hecho natural y quitarle el sentido de terror y miedo que le había atribuido la religión; por el otro la muerte seguía siendo percibida como el escándalo decisivo de cualquier aventura humana”.

“No es casualidad que Pardo haya elegido unas esculturas que ponen de relieve el eros, la sensualidad y la belleza del cuerpo porque ellas son una representación simbólica de su caducidad y de lo efímero. Sobre las tumbas se yerguen hermosísimas figuras femeninas de largas cabelleras, vestiduras y paños que perfilan sus formas sinuosas. Del mismo modo las elegantes figuras de los ángeles andróginos de anchas alas ponen de manifiesto una sensualidad erótica penetrante, que se halla también en las figuras que representan el sufrimiento y dolor de Cristo”, destaca Fortunati en el catálogo de la exposición.

Detalle de una de las fotografías de Mario Pardo en la exposición 'Polvo serán, mas polvo enamorado'. Imagen cortesía del Palacio de los Condes de Gabia. Diputación de Granada.

Detalle de una de las fotografías de Mario Pardo en la exposición ‘Polvo serán, mas polvo enamorado’. Imagen cortesía del Palacio de los Condes de Gabia. Diputación de Granada.

Y añade: “La misma bipolaridad entre una fascinación hacia la representación analítica de la muerte y el horror por la descomposición del cuerpo está presente asimismo en nuestra cultura contemporánea. La estética de la muerte, su expresión y puesta en escena han producido un imaginario macabro, necrófilo en sus formas extremas, que disimula la voluntad de remover el tabú y el horror de tener que morir. La muerte como espectáculo atractivo y cargado de erotismo es una clave de la posmodernidad, así lo ilustran películas tales como ‘Crash’ (1996) basada en la novela de James G. Ballard y novelas como ‘A Matter of Life and Sex’ (1991) de Oscar Moore”.

Fotografía de Mario Pardo para la exposición 'Polvo serán, mas polvo enamorado'. Imagen cortesía del Palacio de los Condes de Gabia de la Diputación de Granada.

Fotografía de Mario Pardo para la exposición ‘Polvo serán, mas polvo enamorado’. Imagen cortesía del Palacio de los Condes de Gabia de la Diputación de Granada.

 

Alonso y Gadea: mano a mano desvanguardista

Gabriel Alonso y Antonio Gadea. Mano a mano

Estudio Gabriel Alonso

C / Denia, 23. Valencia

Hasta noviembre

Gabriel Alonso (Ceuta, 1969) y Antonio Gadea (Valencia, 1965) hace ya tiempo que decidieron colgar los guantes de boxeo al que parece abocar el arte de vanguardia (Ramón Gaya lo llamó artes marciales de vanguardia), para explorar viejos territorios figurativos, actualmente en decadencia por el exultante dominio de la abstracción, ya sea analítico racionalista o pasional y desgarrada. Porque hubo un tiempo, sobre todo Gadea, en que ganaban incluso premios practicando cierto informalismo. Hasta que decidieron que el arte contemporáneo, brillando con una luz cegadora que impedía ver sus alargadas sombras, lejos de ofrecer libertad al artista, lo constreñía.

Siringe y Pan, de Gabriel Alonso. Imagen cortesía del autor

Siringe y Pan, de Gabriel Alonso. Imagen cortesía del autor

Así lo reconoce el propio Gabriel Alonso, valedor de lo que ha dado en llamar la “desvanguardia”, que vendría a ser lo siguiente: “El progresivo afán de muchos artistas de nuestra generación en pintar cada vez más figurativo, como si de lo que quisiéramos liberarnos fuera de la “libertad” que nos daba la abstracción (o exhibición del lenguaje en sí mismo) que por entonces imperaba en las aulas de bellas artes”. Y como “desvanguardia” sonaba, como le hizo ver un amigo, a desbandada, Gabri Alonso, en lugar de enmendarle la plana al amigo, metió más el dedo en la llaga: “Efectivamente lo es, porque somos muchos los que prefiriendo hacer a explicar hemos ido haciendo nuestro lenguaje pictórico cada vez más “legible” o “descifrable”, actuando de un modo paralelo al público en general, cada vez más indiferente hacia el arte contemporáneo”.

Obra de Antonio Gadea. Imagen cortesía del autor

Obra de Antonio Gadea. Imagen cortesía del autor

Si no fuera por lo poco dados que somos a la reflexión, la “desvanguardia” daría pie a un interesante debate. Porque lo cierto es que esa brecha entre lo figurativo y lo abstracto existe, sin encontrar vías productivas que grapen la herida. De momento, valga ese Mano a mano que sostienen Gabriel Alonso y Antonio Gadea, en el estudio del primero sito en la calle Denia del barrio valenciano de Russafa, para ir abriendo boca. Mediante una figuración entre grotesca (Alonso) e irónica (Gadea), ambos artistas nos confrontan con cierto clasicismo, pero revisitado. Así, la mitología occidental, que aparece mediante figuras reconocibles y títulos explícitos, acaba siendo volteada por la mirada acerada y siempre en alerta de estos dos “marginales” artistas.

Nacimiento de Baco, de Gabriel Alonso. Imagen cortesía del autor

Nacimiento de Baco, de Gabriel Alonso. Imagen cortesía del autor

Como apunta Gabriel Alonso, en relación a su partenaire, su obra giraría en torno al tema de “cómo la vanguardia ataca al viejo oficio de la pintura, personificado en héroes de la mitología clásica”. Esa tensión arrojadiza entre lo clásico y lo moderno es lo que hace saltar chispas en el Mano a mano entre Alonso y Gadea. No es un duelo en el O.K. Corral del clasicismo forastero enfrentado a los desmanes de la vanguardia mayoritaria, sino un toque de atención para extraer de los incomunicables senderos del arte un productivo diálogo. A no ser que el arte contemporáneo haya decidido separarse de una sociedad que necesita recuperar los espacios simbólicos del arte para articular su siempre conflictiva experiencia.

Antígona esterilizada, de Antonio Gadea. Imagen cortesía del autor

Antígona esterilizada, de Antonio Gadea. Imagen cortesía del autor

  

Salva Torres

Fernando Poblet, adiós al látigo de la movida

Fallece Fernando Poblet

Autor de Tú serás Baudelaire y Contra la modernidad

Martes 11 de junio de 2013, en Lanzarote

Acaba de fallecer en Lanzarote el escritor y periodista asturiano Fernando Poblet. “Conociéndome como me desconozco”, dejó escrito en su impagable libro autobiográfico, Tú serás Baudelaire, Poblet se fue el pasado martes sin avisar. Apenas existían pistas acerca de su actual paradero, después de dejar un reguero de cadáveres radiofónicos y literarios en aquellos “Tiempos Modernos” de los 80, que pilotó en Radio 3 Manolo Ferreras. Su voz de “tinaja hueca” (Matías Antolín dixit) reverberó las ondas de la España socialista, aireando el poblachón manchego que a su juicio era Madrid en tiempos de la movida.

Fotografía de Fernando Poblet, sacada de la contraportada de su libro Tú serás Baudelaire, Ediciones Noega

Fotografía de Fernando Poblet, sacada de la contraportada de su libro Tú serás Baudelaire, Ediciones Noega

Sacudió a diestro y siniestro, con su voz aguardentosa, afilada a serrucho, y su pluma ácida de Bogart sin Lauren Bacall que llevarse al tálamo. Ferpo, nombre con el que firmaba sus crónicas televisivas en un diario asturiano de la época, era un escritor que jugaba con las palabras como si fueran dardos envenenados, cuando el personaje asaeteado lo requería, y como si fueran salvavidas, cuando entonaba el mea culpa por tener “la conciencia en la nariz”. Jugaba con ellas porque, en el fondo, le daba miedo comprometerse con palabras que su olfato detectaba vacías, que tanto daño le habían hecho en manos de adultos desaprensivos. “A los nueve años no entendía cómo los otros, los que no eran yo, podían vivir siendo otros”. Para añadir: “No entendía casi nada”.

Sus escritos y pullazos radiofónicos mamaban del desencanto existencial que nutrió a toda una generación posbélica. El propio Ferpo lo dejó escrito en Tú serás Baudelaire: “Jamás me abandonarían ya la inseguridad y una ternura insatisfecha aplastada por sentimientos de indiferencia, cuando no de odio, hacia eso que le decían género humano”. Para combatirlo, Poblet construyó un firme burladero desde el cual proyectar su mala leche: “La vida es dura y la modernidad, más. Estar al loro es difícil porque hay que cambiar hasta la pluma…Lo moderno, en el fondo, no es cuestión sino de mimetismos y de histerias”.

Y aquí llegamos a su faceta de látigo de la movida madrileña, que cortó el aire de las ondas tanto en sus aceradas colaboraciones en el programa “Tiempos modernos” de Radio 3, por donde pasaron, entre otros, Javier Rioyo, José Luis Moreno Ruiz y Matías Antolín, comandados por el “Felelas” (Manolo Ferreras), como en sus escritos recopilatorios de lo vertido en la radio. Su “Pabellón de insomnios” en “René”, como le gustaba llamar a Ferpo Radio Nacional de España (RNE), también sirvió de morada ácida contra esa modernidad, “pos o pis”, objeto de sus punzantes comentarios.

Portadas de algunos de los libros de Fernando Poblet

Portadas de algunos de los libros de Fernando Poblet

Como muestra, bien valdría esta amplia botonadura.

“A veces da la impresión de que la modernidad (pos o pis) es un complejo de inferioridad camuflado tras una cresta de punky, chaqueta de Adolfo Domínguez, un Totem, media docena de discos, esa cosa blanca que se esnifa y una ignorancia elegante”.

“¿Por qué en el vestuario se ama lo viejo, cuando, en otros órdenes de la vida, lo viejo se odia tanto? Contradicciones modernas de cuero rancio”.

“¿Dónde, dónde está el erotismo del moderneo? Acostarse es tan fácil… ¿Será por eso? Quiero decir que si todo este rollo de los trapos, los rocanroles y el pelo tieso no será otra cosa que la versión actualizada del ritual del pavoneo”.

“La posmodernidad es un cuento. Es más posmoderno, por ejemplo, Gómez de la Serna que todas las primas de Almodóvar juntas. Pero, qué quieren, en este territorio siempre se ha vivido mucho del cuento”.

“Acuérdate de la época del innombrable. Todos los políticos eran comunistas y locos todos los enfermos mentales. Tiempos de síntesis más que de análisis”.

Detalle de la portada del libro Contra la Modernidad, de Fernando Poblet, Ediciones Libertarias

Detalle de la portada del libro Contra la Modernidad, de Fernando Poblet, Ediciones Libertarias

“Durante el régimen anterior se sabía fácilmente si un tipo era de izquierdas: ayudaba a su compañera en la cocina. Pero, mira por dónde, se pierde el calor de la clandestinidad y los comunistas modernos empiezan a embarazar a sus secretarias (los socialistas, menos, porque como tenían que quitarse la corbata eran más lentos)”.

“Alaska quería saber qué es ser hortera, porque a la hora de la mentira la gente se hace la ingenua… Los horteras no se enteran de que lo son y lucen tan felices el traje verde y los calcetines rojos, los que sí saben de cutrerías (que en ocasiones es cetrería, porque menudos pájaros) son aquellos que utilizan lo kitsch, lo naif yh lo ni se sabe para amasar una estética propia-impropia”.

“¿Y qué decir de los padres posmodernos? Valiente partida de hijos de perra. Su paternidad se reduce a una permisividad cómoda, exenta de todo compromiso. La mayoría son individuos separados porque no hay Dios, ni mujer, que los aguante”.

“Hace no sé cuantos años dijo no sé quién que todo objeto despojado de su función ordinaria es arte. Esto significa que si encuentras un retrete colgado del techo no intentes la meada parabólica, antes bien consulta el catálogo”.

Este puñado de frases, entresacadas de su libro Contra la modernidad, reflejan bien a las claras el espíritu de Fernando Poblet, una intensa voz radiofónica y escritor avispado, por el aguijón de sus frases, que avivó la hoguera de aquellos tiempos modernos, cuyas cenizas perduran. Diabluras fue su siguiente libro. Y, en todos, Ferpo dejó constancia de su fértil imaginación y lengua afilada con piedra pómez, para escarnio de modernos pos o pis, derechas e izquierdas. Sus cartas a bellas desconocidas, sus nocturnos y su luz de gas también hurgaron en las trastiendas del alma. Pero siempre, siempre, con esa voz de tinaja hueca y esa pluma de humilde pavo real que se despidió de la vida esta semana en Lanzarote. Buen viaje, Ferpo.

Detalle de la portada del libro Tú serás Baudelaire, de Fernando Poblet, Ediciones Noega

Detalle de la portada del libro Tú serás Baudelaire, de Fernando Poblet, Ediciones Noega

 Salva Torres