Lucas Heyne y el légamo ‘Mope’ del cine porno

#MAKMACine #MAKMAEntrevistas | Lucas Heyne (cineasta)
‘Mope’, de Lucas Heyne
Con Nathan Stewart-Jarret, Kelly Sry, Brian Huskey, Max Adler, David Arquette y Tonya Cornelisse
105′, Estados Unidos | Saxton Cinema y Uncooperative Pictures, 2019
Estreno en Filmin: jueves 8 de octubre
Miércoles 7 de octubre de 2020

“Solo necesitamos una oportunidad. (…) Lo tendremos todo. Novias con las que pasar todas las noches. Todos nos querrán. Todos nos conocerán. Vamos a ser estrellas, Tom”.

Galanes, divos, astros inguinales del cine porno con los que el joven Stephen Clancy Hill (conocido como Steve Driver en los predios del cine X) fabulaba cuando sus delirantes ensueños recalaron, con erecta vesania, en el Valle de San Fernando –suburbio excelso de la industria del cine para adultos de Los Ángeles–, cuya infausta y virulenta biografía culminaría precipitándose de una colina de Azul Drive, tras asesinar con una afilada espada de atrezo a su camarada de eyecciones Herbert Hin Wong (Tom Dong para los adeptos) el 1 de junio de 2010.

Un cruento episodio apostillado sobre la epidermis sicalíptica del género que revelaría al público generalista la existencia de los más hediondos sótanos de la industria por los que Steve Driver y Tom Dong trasegaban su imprevisible amistad, ocupando el más sórdido y desconsiderado escalafón de la oleosa pirámide del gremio pornográfico: aquel en el que moran los mopes –subterráneo para incautos currelas o pringados de los azarosos rodajes de cintas fetichistas, parafilias escatológicas y elefantiásicos bukkakes–.

Y en semejante lodazal sumerge sus inquetudes el cineasta Lukas Heyne para rubricar una sórdida, perturbadora y fascinante ópera prima –’Mope‘– con la que radiografiar el delirante anhelo de éxito de un individuo enajenado y un demente contexto. Extremidades a partir de las que reflexionar junto su director en la siguiente entrevista para MAKMA, con motivo de su inmediato estreno en Filmin.

El epílogo de la infausta y turbulenta historia real de Steve Driver tuvo un notorio eco mediático entre los medios de comunicación de Los Ángeles a principios de junio de 2010. Sin embargo, pronto se convertiría en una de esas historias secundarias caídas en el légamo del olvido. ¿De qué modo irrumpe en el horizonte de tu interés hasta el punto de convertirla en tu ópera prima?

Tuve noticia, por primera vez, acerca de Steve Driver y Tom Dong después de que un amigo me envió el increíble artículo de Mike Albo en LA Weekly describiendo los trágicos eventos que rodearon el asesinato. Lo encontré extremadamente convincente; su mezcla de humor y tristeza me cautivó. Tengo debilidad por las personas cuyos sueños se extienden mucho más allá de su alcance. No podía dejar de pensar en ello y me comuniqué con Mike para hacer una versión cinematográfica, quien estuvo de acuerdo y me conectó con todas las personas reales involucradas.

Días después, visité el verdadero estudio de Ultima. Fueron cinco años después del asesinato de Tom. Cuando crucé el umbral hacia el plató principal, miré hacia arriba…, y vi salpicaduras de sangre en el techo. Era la sangre de Tom. No se habían molestado en limpiarlo. Y fue entonces cuando se volvió real para mí. Me obsesioné con la historia. La obsesión es un componente muy necesario para realizar una película independiente.

Durante el proceso de documentación tuviste acceso al entorno familiar y profesional de Driver e, incluso, a su extensa carta de suicidio. ¿Qué retrato sicológico y emocional de Stephen Clancy Hill te ofreció toda esa valiosa información, antes de emprender la coescritura del guion de ‘Mope’?

Para la mayoría de los que lo conocían, Stephen era un tipo incognoscible conducido por impulsos misteriosos. Luchando con una enfermedad mental no tratada, estuvo durante mucho tiempo plagado de pensamientos y ambiciones oscuras. Sus amigos y compañeros de trabajo lo describieron como extraño e impredecible. Hablar con ellos y con su padre me ayudó a comprender su comportamiento y sus gestos…, y cómo representarlos. Antes de filmar, Nathan (Stewart-Jarret) se reunió con David Hill, el padre de Stephen.

Pero fue su nota de suicidio la que iluminó las motivaciones detrás de su inusual comportamiento. Fue la parte más importante de mi investigación, revelando muchas cosas privadas sobre su vida. En particular, Stephen escribió que pensaba que convertirse en una estrella del porno, finalmente, le permitiría tener novia. Creía, realmente, que las mujeres verían sus escenas y luego querrían salir con él…, que solo tendría valor para las mujeres si fuera una estrella. El éxito del porno estaba, entonces, profundamente ligado a su autoestima. Mató a su mejor y único amigo en lugar de aceptar que su sueño vacío había terminado. Esto lo encontré muy triste y me brindó una ventana esencial para entender quién era.

El cineasta Lucas Heyne. Fotografía cortesía de Filmin.

Michael Albo, en el magnífico reportaje en LA Weekly que has mencionado, refiere unas clarividentes declaraciones de Jim Lane, singular director en la industria del cine porno, quien manifiesta que “a diferencia de los extras tradicionales de Hollywood, los mopes no saben que son mopes. Todos piensan que van a ser estrellas y millonarios”. ¿Estamos ante el ejemplo más sórdido del dorso subyacente a la búsqueda del éxito?

Absolutamente. Esta es, de hecho, una descripción de la cuneta de la ambición del entretenimiento. Los mopes son un grupo diverso. Mopes viejos, jóvenes, negros, blancos, morenos, flacos y obesos: todos los hombres dispuestos son bienvenidos. Un mope no tiene una característica física definitoria; están unidas por una psicología: la «mentalidad mope«. Acuden en masa al Valle de San Fernando desde todo el mundo, aferrados a una ilusión, seguros de que serán estrellas del porno y millonarios. Los mopes están cegados para la verdad. Las escenas de bukkake son su techo. Empezaron desde abajo…, y permanecerán ahí.

Los mopes son, generalmente, marginados sociales que buscan comunidad y aceptación. La industria del porno ofrece una burbuja sin prejuicios donde sus fantasías más pervertidas pueden nutrirse con la apariencia de un trabajo. Algunas son adictos al sexo, otros son casi vírgenes con poca interacción con mujeres fuera de las escenas porno. Rodar estas escenas les proporciona una sensación de validación pública: «¡¡¡Soy un macho alfa!!!». Dejando a un lado las pequeñas diferencias, todos odian una cosa: ser llamados mopes.

Jim Lane, alias Jim Powers, que se interpreta a sí mismo en la secuencia de apertura y que, en la realidad, dirigió la primera escena de Steve y Tom, básicamente describe a los mopes como los mayores perdedores del mundo. Pero siento simpatía por ellos. Ser un soñador es algo peligroso y la línea entre ser delirante y realista es mucho más borrosa de lo que la mayoría quiere aceptar.

El británico Nathan Stewart-Jarret encarna al actor porno ‘mope’ Steve Driver. Fotograma cortesía de Filmin.

Para la composición del reparto contaste con la participación de auténticos mopes. ¿Cuáles fueron las peculiaridades de conformar semejante casting, en convivencia con algunos actores y actrices profesionales del cine comercial de Hollywood?

¡Funcionó muy bien! Todos se llevaban muy bien. Mientras hacía el casting de la película, les expliqué a los posibles actores que requeriría mucha investigación y trabajar con profesionales reales de la industria para adultos. Todos los involucrados sabían qué esperar.

Antes de filmar la película, llevé a los dos protagonistas, Nathan y Kelly, a un estudio de bukkake real para investigar. Todos los actores y cineastas porno, especialmente Jim Lane, fueron extremadamente acogedores y se mostraron dispuestos a ayudarnos a crear una descripción precisa de su industria. Hicimos un montón de preguntas, nos quedamos más de cuatro horas y aprendimos bastante. Al día siguiente, uno de los actores porno me envió un mensaje de texto: «¡Ustedes se fueron demasiado temprano! ¡Realmente te lo perdiste, hermano! ¡Hubo una gran orgía al final de la noche!».

La escena inicial de ‘Mope’, el bukkake falso, se filmó en el mismo estudio, con los mismos mopes que actuaron en rodaje real. Así que esto le dio un montón de realismo. Todas las pequeñas cosas que hacen, como tocar constantemente sus entrepiernas, es exactamente lo que hacen en escenas porno reales. Hizo mi trabajo mucho más fácil. El único desafío fue explicar que, debido a que se trata de una escena falsa, no se les permitió exponerse y llegar al clímax con la actriz. No estaban contentos con esto, pero siguieron mis instrucciones y fueron bastante profesionales.

Casi todos los actores porno de la película son artistas reales que conocieron y trabajaron con Steve y Tom. Siempre que los actores o yo teníamos una pregunta sobre ellos dos, parecían tener la respuesta.

Igualmente, ¿rodar una historia de semejante naturaleza supuso un desafío a nivel técnico, teniendo en cuenta los consabidos límites que puede imponer el recorrido comercial de la película, especialmente en Estado Unidos?

No especialmente, porque no estaba pensando, en verdad, en si el contenido explícito y oscuro crearía desafíos comerciales. Al principio, tomé la decisión de describir la historia con la mayor precisión posible, independientemente de lo inquietante o polarizante que pudiera ser el resultado. Si lo hubiera diluido, habría ocultado la verdad de lo que sucedió. Solo había una escena –la secuencia de apertura del bukkake–, que resultó difícil de representar de manera realista sin ser demasiado explícita. Creo que una gran razón por la que Sundance y Sitges acogieron la película es porque es inflexible y cruda. Las secuencias que se han rodado ni se han diluido ni censurado de ninguna manera.

Para un tipo de público más avezado –como el que habitualmente merodea por Sundance y Sitges–, ‘Mope’ debe de erigirse en un filme tan incómodo como sugestivo. ¿Qué reacciones ha cosechado la película en su periplo por diversos festivales internacionales? ¿Confías en cautivar a un tipo de espectador neófito?

Durante su gira por festivales internacionales, la película generó reacciones salvajes y binarias. A menudo toma a la gente por sorpresa, especialmente si no conocen la verdadera historia. Hubo vítores, burlas, aplausos, salidas, etc. Aparentemente, en una proyección en Alemania, dos asistentes se metieron en una pelea mientras discutían sobre la película. Durante las preguntas y respuestas, independientemente del país en el que estuviera, a menudo me preguntaban: «¿Por qué no había más desnudez masculina?». Finalmente, en una presentación, lo sometí a votación y la multitud coreó: «¡MÁS POLLAS! ¡MÁS POLLAS!». Así que agregué algunas más en el corte final.

Tengo la absoluta esperanza de captar espectadores neófitos. Aunque la película tiene algunas imágenes extremas, creo que atraerá a cualquiera interesado en historias intensas y perturbadoras. Los verdaderos fanáticos del crimen también pueden encontrarla de interés. Y a cualquiera que sienta curiosidad por la mecánica de la industria del porno le resultará esclarecedora.

Mope
Preámbulo del rodaje de una escena de ‘bukkake’ al sudor sinfónico de Wagner. Fotograma de ‘Mope’ cortesía de Filmin.

Jose Ramón Alarcón

El perturbador Carles Santos

Universo Santos, de Carles Santos
Centre Cultural La Nau
C / Universidad, 2. Valencia
Hasta el 30 de agosto

Al igual que a Bach le gustaba probar un órgano para comprobar su resistencia, a Carles Santos también le gusta someter al piano a situaciones extremas. De manera que tan pronto le clava en mitad de los pulmones de sus teclas una gran cruz, como un enorme zapato de tacón o una hélice. Así entiende el artista castellonense la música: de forma tan clásica como excesiva. Exceso que algunos han dado en llamar vanguardista, pero que a él no le motiva: “Yo soy un clásico total, total”. ¿Entonces? “Yo es que no estoy seguro lo que es vanguardia y lo que no es”.

Obra de Carles Santos en la exposición 'Univers Santos' del Centre Cultural La Nau.

Obra de Carles Santos en la exposición ‘Univers Santos’ del Centre Cultural La Nau.

Y alude a Bach, evocado igualmente en su exposición ‘Univers Santos’ de La Nau: “Escuchas a Bach y no sabes lo que hace. Yo estoy igualmente confundido y la palabra vanguardia me produce algo que no sé qué”. Esa incertidumbre, compuesta a partes iguales de veneración clásica, ruptura, perversión y pasión escenográfica, en la que lo religioso y lo pornográfico dan continuamente la nota, se muestra en La Nau de la Universitat de València.

Uno de los pianos intervenidos de Carles Santos en la exposición 'Univers Santos'. Cortesía del Centre Cultural La Nau.

Uno de los pianos intervenidos de Carles Santos en la exposición ‘Univers Santos’. Cortesía del Centre Cultural La Nau.

Hay de todo: sus amados pianos, algunos apilados como si fueran una falla y otros malheridos; impactantes fotografías de alto contenido erótico; video montajes de sus óperas; algunas publicaciones discográficas, partituras y carteles. Dos salas repletas de referencias a ese ‘Universo Santos’ al que alude el título de la exposición, rematado por ‘El fervor de la perseverancia’. Fervor que alcanza grados de sadismo, provocación y violencia cabalgando entre barrocas puestas en escena e inquietantes sonidos.

Fotografías de Carles Santos en la exposición 'Univers Santos' del Centre Cultural La Nau.

Fotografías de Carles Santos en la exposición ‘Univers Santos’ del Centre Cultural La Nau.

“Yo estoy con un pie en el teatro y dos o tres pies en la música”. De hecho, dice que los autores teatrales que más le gustan suelen ser músicos. Las dos grandes orejas que completan el cuerpo de uno de los pianos exhibidos resumen esa mezcla de musicalidad y teatralidad en su obra. Mezcla explosiva que ha dinamitado durante 50 años la vanguardia española y de la que se hace eco La Nau con una exposición que no pretende ser “retrospectiva”, porque encaja mal con el espíritu siempre cambiante de Santos, según explicó el vicerrector de Cultura, Antonio Ariño.

“Es una obra en construcción” que mama de la “tradición histórica del grotesco”. Ariño también apuntó las características de fascinación y perturbación. Fascinación por esa música clásica que siendo muy niño le atrapó, y perturbación porque una vez sumergido en ella (el agua es otra de sus constantes) su sonido adquiere resonancias grandilocuentes. De ahí la conexión con lo sagrado, lo espiritual, lo religioso, perversamente transformado en alusiones al cuerpo violentado.

Fotografía de Carles Santos y Xavier Marmanya en la exposición 'Univers Santos' del Centre Cultural La Nau.

Fotografía de Carles Santos y Xavier Marmanya en la exposición ‘Univers Santos’ del Centre Cultural La Nau.

La exposición de La Nau sirve de antesala al homenaje que la Universitat de València tiene previsto realizar el 23 de junio a Carles Santos, otorgándole su medalla en el Claustro del edificio universitario. Fundación Caixa de Vinaròs, CulturArts y el IVAM se suman a este proyecto con diversas actividades en el marco del festival Ensems y Serenates, y un ciclo de cine dedicado a quien también orgía sus extremos musicales en el ámbito cinematográfico.

Josep Ruvira, comisario de Univers Santos, destacó, más que la presencia de obras inéditas, la variedad de “piezas transformadas” para la ocasión. La irreverencia del clásico vanguardista le llevó a decir que, puestos a definir la vanguardia, él la veía menos cerca de músicos como John Cage y más próxima al comportamiento de ciertos concejales. “Me gustaría conocer alguno capaz de hacer lo que se ha hecho en una ciudad alemana, planteando 11 años de música a partir de Cage”. No hay mandatario que lo resistiera, ironizó. Eso también forma parte del Universo Santos, cuya tocata y fuga permanecerá en La Nau hasta el 30 de agosto.

Uno de los pianos intervenidos de Carles Santos en su 'Univers Santos' del Centre Cultural La Nau.

Uno de los pianos intervenidos de Carles Santos en su ‘Univers Santos’ del Centre Cultural La Nau.

Salva Torres

Daniel Tejero, el principio del placer

Conflivium Benidormense, de Daniel Tejero
Galería Kessler Battaglia
Pasaje Giner, 2. Valencia
Hasta el 24 de noviembre

“La única manera de ser libres es a través del placer”. Pero un placer “en estado puro”; un placer “sin socializar”. Porque una vez “socializado” el placer, “se convierte en sexualidad”, que es “control social del placer”. He ahí, soldados los fragmentos de un discurso más amplio, lo que Daniel Tejero entiende por placer. Y lo que entiende, lo plasma. Es lo que hace en la galería Kessler Battaglia: trasladar la parte baja del Paseo Poniente de Benidorm, lugar de esporádicos encuentros sexuales o zona cruising, a la sala expositiva. Mediante una instalación de dibujos a grafito y una serie de condones en bronce, Tejero recrea el espacio público donde el placer dejó su huella subversiva.

Lectuli Litorales Benidormenses, de Daniel Tejero. Galería Kessler Battaglia.

Lectuli Litorales Benidormenses, de Daniel Tejero. Galería Kessler Battaglia.

Su intención no es otra que “naturalizar” esos espacios públicos; despojarlos del aire sórdido que suele conllevar la oscura práctica sexual, para quedarse con el placer libre de ataduras sociales. “El orgasmo es individual: lo vacío y lo lleno, aquello más personal”. Y para que la gente entienda su propuesta, ha dispuesto en Kessler Battaglia seis dibujos minuciosamente trabajados a grafito del muro, las escaleras, la caseta del vigilante de la playa, las tumbonas y el islote que conforman la orografía del placer obtenido en aquel instante y lugar. El conjunto de dibujos viene acompañado de preservativos usados, que la pericia del artista convierte en pequeñas piezas escultóricas realizadas en bronce.

SENSACIONES SUBVERSIVAS

No hay un más allá del principio del placer, por seguir a Freud, porque en la propuesta de Daniel Tejero no hay pulsión de muerte que valga. Lo suyo es el placer puro y duro; el placer como principio y final. Conflivium Benidormense, tal es el título de la exposición, es el trabajo de dos años de estudio y disección del ambiente que propició el orgasmo liberador, que Tejero promueve en su obra y como miembro del grupo de investigación “Figuras del Exceso y Políticas del Cuerpo” de la Universidad Miguel Hernández de Elche.

Confluvium Benidormense, de Daniel Tejero. Galería Kessler Battaglia.

Confluvium Benidormense, de Daniel Tejero. Galería Kessler Battaglia.

“No pretendo moralizar, sino mostrar realidades”. Y las realidades mostradas tienen que ver con cierto rebufo sentimental, cierta huella dejada por el placer como depósito de una vivencia inabarcable. “No me interesa lo directo, sino las sensaciones pos orgasmo: lo subversivo que no se puede controlar”. Y para llegar a ello, Daniel Tejero no duda en volver a la academia, al dibujo, a la “figuración efectista”, con el fin de que su propuesta alcance “al máximo de gente”. Lo cual nos lleva a la paradoja del placer: un instante, un aquí y ahora, cuya manifestación artística requiere de horas, días, años de intenso trabajo.

LO TURBIO Y LO DIÁFANO

Nada entonces que ver con el placer consumista, ése contra el que su citado Pasolini arremetió por considerarlo alienante, fácilmente digerible y ajeno al inclemente mundo. Daniel Tejero, para mostrar el placer inherente a su Conflivium Benidormense, ha tenido que sacrificar horas de su tiempo; dejar la “cochinería” (sic) del placer aparcado y conducirse por los más “limpios” terrenos del arte. Lo turbio y lo diáfano dándose a tientas la mano. Como se dan la mano en la exposición los dibujos “no hiperrealistas”, pero sí “casi fotográficos”, algunos de ellos fragmentados (“como hace la pornografía con el cuerpo”), y el discurso en favor del placer como fin en sí mismo.

Domuncula Benidormensis Adiutoris, de Daniel Tejero. Galería Kessler Battaglia.

Domuncula Benidormensis Adiutoris, de Daniel Tejero. Galería Kessler Battaglia.

El sacrificio artístico de Daniel Tejero se ve así compensado por el placer del que se nutre. Más que sacralización del gozoso instante vivido, la más terrenal percepción de la vida animada por el continuo del flujo orgásmico: “Animar a que cada uno haga lo que le dé la gana”. Sin adoctrinamientos grupales, sociales o políticos. Un placer que campa a sus anchas en la obra de Tejero, aunque, eso sí, contenido en los márgenes de su minucioso trabajo. De nuevo el placer como principio y final, mas un placer cuya socialización última se advierte en la pulcritud de una obra limpiamente expuesta en la galería Kessler Battaglia. Porque el placer, a diferencia del instinto, está finalmente sujeto a los diferentes avatares de la cultura.

Scalae Aditus Benidormenses, de Daniel Tejero. Galería Kessler Battaglia.

Scalae Aditus Benidormenses, de Daniel Tejero. Galería Kessler Battaglia.

Salva Torres

Erotismo por todo lo alto de La Rambleta

Art(o) de Sexo. Exposición colectiva
La Rambleta
Bulevar Sur esquina con Avda. Pío IX. Valencia
Hasta el 20 de junio

Alguien dijo que el gran arte, siempre es erotismo disimulado. ¿Nada que ver con la más explícita pornografía? MacDiego, comisario de la exposición Art(o) de Sexo, no lo tiene claro. De hecho, pidió a los cerca de 80 artistas participantes que se dejaran de zarandajas y le enviaran aquello que tenían guardado en sus cajones. Que se soltaran, vamos. Y se soltaron tanto que la muestra ha llegado al casi centenar de obras. La sexta planta de La Rambleta se dará así un hartazgo de imágenes, del 31 de mayo al 20 de junio, para calentar motores de cara al próximo Salón Erótico de Valencia. Se trata, según su comisario, de la “más grande exposición que se ha hecho en España sobre este tema”.

Horacio Silva. Art(o) de sexo. La Rambleta

Horacio Silva. Art(o) de sexo. La Rambleta

Habrá imágenes acordes con la literatura de esta guisa: “Cuando te vi, oh cuerpo en flor desnudo, creí ya verle a Dios en carne viva”. Y otras más similares a ésta: “Quiero morir jodiendo por sorpresa y que me entierren con la picha tiesa”. ¿Erotismo, pornografía? “Poner límites a la imaginación no tiene sentido”. Y MacDiego va mucho más allá: “En el telediario hay más porno del que yo voy a enseñar en La Rambleta”. Y lo que va a enseñar es la obra de un gran número de artistas valencianos que, por una u otra razón, no habían tenido la oportunidad de exhibir piezas de contenido erótico, con más o menos calorías.

Paula Bonet. Art(o) de Sexo. La Rambleta

Paula Bonet. Art(o) de Sexo. La Rambleta

CALENTANDO LA CIUDAD

Horacio Silva, Paula Bonet, Uiso Alemany, Sam, Ana Elena Pena, Paula Sanz, Ortifus, Mavi Escamilla, Santiago Relanzón, Joan Verdú, Alex Francés, Pepe Morea o el propio MacDiego, entre otros, son los encargados de “calentar la ciudad una semana antes del Salón Erótico”, previsto del 6 al 9 de junio en el recinto de Feria Valencia. Para ello, la sexta planta de La Rambleta, de 45 metros de largo por 30 de ancho, será totalmente ocupada para que el público se dé la gran comilona implícita en el título Art(o) de Sexo. “Pues sí, porque con tal mogollón de erotismo, la gente va a salir cansada”.

No se trata de una exposición con dibujitos o piezas de pequeño formato, sino una muestra a lo grande y, qué duda cabe, por todo lo alto de esa sexta planta. “Hay obras de metro y medio, como la de Horacio Silva, o de más de dos metros, como la de Uiso, y hasta de tres, como en el caso de Morea”. Fotografías, esculturas, dibujos, pinturas, joyería, ilustración, diseño, video: todo dispuesto para que ese “pueblo valenciano tan calentón” disfrute con tan magnánima exposición. La galería Mr. Pink completará el hartazgo con una muestra del mejor cómic subido de tono: Paco Roca, Rafa Fonteriz, Jordi Bayarri, Sergio Bleda, Manuel Bartual, Adrián Bago, Jorge Parras, Calo, Luis Demano…

ana Elena Pena. Art(o) de Sexo. La Rambleta

ana Elena Pena. Art(o) de Sexo. La Rambleta

PASIONES INCONFESABLES

Desde el más crudo realismo a la abstracción, de lo explícito a lo simplemente sugerido, Art(o) de Sexo da cumplida cuenta de todo el arco del erotismo, ése que Bataille decía unir a la santa y al voluptuoso en sus mismas pasiones inconfesables. No es una vuelta a la naturaleza animal, instintiva, procaz, sino un llamamiento al desorden de los sentidos en el marco del arte. Que Valencia, de tradición imaginativa y calenturienta, como subraya MacDiego, haya tenido que esperar tanto tiempo para semejante cita con el erotismo, es un misterio sin resolver.

Enrique Carrazoni.Art(o) de Sexo. La Rambleta

Enrique Carrazoni.Art(o) de Sexo. La Rambleta

De momento ahí están esas cruces gamadas con pintalabios; esas alusiones de explícita sexualidad a la Fórmula 1 valenciana; ese berlanguiano zapato de tacón y su correspondiente látigo, o la singular tomatina púbica. El erotismo está para eso: para confrontarnos con las más grandes alturas y las más bajas pasiones; con lo más sagrado y lo más profano. ¿Provocación? Toda. Evocación, también. Porque para estar Art(o) de Sexo hace falta poner a prueba los límites de la razón. ¿Miedo al escándalo? “Yo esos problemas no tengo”, remacha MacDiego. Ni los 80 artistas que, sin disimulo alguno, muestran su arte en la sexta planta de La Rambleta.

David Vivó. Art(o) de Sexo. La Rambleta

David Vivó. Art(o) de Sexo. La Rambleta

Salva Torres