Entre el vino y el chocolate

Vino & Chocolate, de Óscar Bento
Fundación Frax
Passeig de les Estreles, 3. l’Alfàs del Pi (Alicante)
Hasta el 25 de septiembre de 2016

La Fundación Frax de l’Alfàs del Pi acoge desde el pasado 1 de julio la exposición Vino & Chocolate del artista nacido en Buenos Aires y residente en Jávea (Alicante), Oscar Bento, con una larga trayectoria internacional. Cuarenta y dos acrílicos sobre lienzo en los que Bento interpreta los placeres universales del vino y el chocolate, inspirándose en sus variedades, procedencias y sabores.

Cartel de la exposición de Óscar Bento en la fachada de la Fundación Frax.

Cartel de la exposición de Óscar Bento en la fachada de la Fundación Frax.

Esta muestra de 2016 viene a completar, tanto estilística como temáticamente, el proyecto concebido por Bento en 2011 y cuya primera parte, Chocolate, se expuso el pasado verano de 2015 en la Diputación de Alicante, bajo el comisariado de la crítico de arte Pilar Tébar.

Tébar escribe para esta ocasión: «En esta serie abstracta, dedicada al vino… se produce un cambio, un salto estilístico importante en la obra de Óscar Bento. Una etapa de madurez, de plenitud, marcada por un enorme respeto por el oficio y el difícil objetivo de trasladar al soporte el color del vino».

Vista de la exposición 'Vino&Chocolate' de Óscar Bento. Imagen cortesía de la organización.

Vista de la exposición ‘Vino&Chocolate’ de Óscar Bento. Imagen cortesía de la organización.

«En los primeros cuadros que pinta -continúa Tébar- se aprecia una continuidad formal con la serie anterior: Chocolate, realizada a base de líneas rectas que va trazando, una a una, con regla y pincel muy seco sobre la superficie del lienzo. Son los colores los que nos sirven de referencia para saber a qué fase de su producción están vinculados…. Todos encuentran su lugar en estos últimos trabajos de Óscar Bento y creo poder afirmar que estamos ante una de sus mejores etapas profesionales.»

La Fundación Frax, situada junto a la Playa del Albir, mostrará Vino & Chocolate hasta el 25 de septiembre en horario de 9 a 15 horas de lunes a viernes y, los domingos, de 11 a 14 horas durante los meses de julio y agosto.

Vista de la exposición de Óscar Bento.

Vista de la exposición de Óscar Bento. Imagen cortesía de la organización.

 

Moisés Yagües, metáforas de cine

“Ceci n´est pas cinéma / Esto no es cine”, Moisés Yagües
Galería Alba Cabrera
Inauguración 13 de noviembre

Podría pensar el espectador que la elección de películas de la serie “Ceci  n´est pas cinéma / Esto no es cine” es fruto de la casualidad o acaso pose cultureta fingida. Pero ni de lejos. Si el espectador conoce previamente la temática de Yagües y su particular forma de abordar cada una de sus obras le resultará fácil comprobar cómo el trasfondo de las películas escogidas coincide con sus tópicos más recurrentes. El deseo indecible, la soledad silente, la comunicación frustrada, las obsesiones viscerales, son intereses repetidos en la obra de Moisés.

Psicosis, “Ceci n´est pas cinéma / Esto no es cine”, Moises Yagües.

Psicosis, “Ceci n´est pas cinéma / Esto no es cine”, Moises Yagües.

La realidad se abre en la obra de este artista como una matrioska, encerrando dentro significado tras significado. El análisis del pensamiento es su vértice y su vórtice, nacimiento del torbellino plástico que se materializa frecuentemente bajo la metáfora de cabezas de cristal, rostros que desde su transparencia aparente nos permiten fisgonear entre cada una de las obsesiones del artista.

“Ceci n´est pas cinéma / Esto no es cine”, Moises Yagües.

“Ceci n´est pas cinéma / Esto no es cine”, Moises Yagües.

David Lynch, Allen, Kim Ki Duk, Scorsese, Kierlowski, … han dejado marcado el pincel de Yagües, impregnando con sus imágenes la retórica en blanco y negro de un pintor que sobrepasa el lienzo. Si el cine es atrapar las acciones de una historia en un rectángulo y la fotografía es la elección del marco, del límite de lo retratado y su perspectiva, en Moisés la perspectiva toma vida propia y atrapa desde la sorpresa al visitante de su obra. Tampoco existe ese marco tradicional que limita, pues sombras y formas se quieren escapar del rectángulo represivo que gobierna la pintura, la fotografía y el cine, siendo explorado el espacio con aire renovado para atrapar al visitante. La sorpresa y la reflexión, la belleza de lo oculto, la visita silenciosa a una intimidad compartida en contrastadas pinceladas, forman cada fotograma de esta película rodada con acierto con pincel y vinilo y que muestra las impresiones que algunas de las obras maestras del cine dejaron en su imaginario.

“Ceci n´est pas cinéma / Esto no es cine”, Moises Yagües.

“Ceci n´est pas cinéma / Esto no es cine”, Moises Yagües.

Sorpréndanse recordando miradas diferentes sobre películas conocidas, revisando sus recuerdos cinematográficos mediante la mirada con diván de Moises Yagües. Encontrarán sin duda reflexiones insospechadas y un bello recuerdo para sumar a su memoria. Se trata de una serie “de cine”; compruébenlo.

Marta Zafrilla

Hiperrealismo: imágenes en alta definición

Hiperrealismo 1967-2013
Museo de Bellas Artes de Bilbao
Plaza del Museo, 2. Bilbao
Hasta el 19 de enero de 2015

La muestra comienza con los fundadores del fotorrealismo norteamericano de los años 60 y 70, cuando la abstracción dominaba el horizonte artístico (cumpliéndose así una vez más ese movimiento pendular que parece inevitable entre los opuestos): John Baeder, Robert Bechtle, Chuck Close, Don Eddy, Ralph Goings, Richard Estes, John Kacere, Ron Kleemann o John Salt, para continuar con su internacionalización en las siguientes generaciones hasta la actualidad: Anthony Brunelli, Davis Cone, Robert Gniewek, Gus Heinze, Don Jacot, Ben Johnson, Yigal Ozeri, Raphaella Spence o Bernardo Torrens, entre otros.

Los primeros comparten con ese otro estilo característico de la década, el arte pop, el gusto por los motivos triviales y cotidianos: coches y motos relucientes, letreros luminosos, gasolineras, escaparates, el colorido artificial de los bares de carretera… Suelen ser primeros planos, con ese efecto borroso tan propio de la escasa profundidad de campo de las fotografías que utilizan como modelo.

Obra de Don Jacot en la exposición sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Don Jacot en la exposición sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Porque estos pintores utilizan la fotografía como instrumento para la pintura, con técnicas como la proyección de diapositivas o el sistema de mallas. El proceso que siguen es el de captar la realidad mediante la fotografía para luego copiarla en el lienzo hasta en sus mínimos detalles. Pintan con pistola a través de mallas copiando la foto celda por celda, o, si utilizan pincel, raspan la pintura para quitar su huella, para no dejar ninguna textura, ninguna materia, buscando que el cuadro se limite a reproducir el efecto de la pura ilusión fotográfica. De esta manera, el aumento del realismo (hiperrealismo) es en este caso la operación que surge de esta doble manipulación de la realidad, la cual queda como bajo un efecto de postal.

Está claro que es la realidad de los objetos, no del sujeto, lo que les interesa. Tal como les llega la imagen, la devuelven aumentada. En esa devolución, en esa copia, apenas van restos de subjetividad, ningún poso ni rastro alguno de la impresión o movimiento íntimo que ha podido suscitar en ellos. Es la realidad puramente visual, la imagen como pura imagen lo que les atrae de tal manera que cualquier filtración que no sea puro dato objetivo, queda eclipsado. Aquello que no sea imagen veraz, perfectamente reconocible, cualquier interferencia del sujeto, queda excluida.

Obra de Neffson en la exposición 'Hiperrealismo 1967-2013' del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Neffson en la exposición ‘Hiperrealismo 1967-2013’ del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Al no haber respuesta del artista, ningún rastro de él en el cuadro a excepción de su extrema habilidad, se puede decir que este estilo es unidireccional, un viaje pictórico de sentido único.

Pero el caso es que si una obra de arte vive realmente es por la respuesta que el artista (y el espectador) dan a la realidad que les llega, y su valor está en proporción a la cantidad de interrogantes que suscita esa realidad. En el caso hiperrealista, la carencia de ida y venida, de viaje de doble sentido, es un deseo, una meta, que se consigue implacablemente.

Obra de John Kacere en la exposición 'Hiperrealismo 1967-2013' del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de John Kacere en la exposición ‘Hiperrealismo 1967-2013’ del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Llama la atención este delirio por la perfección, por la reproducción exacta, el énfasis en la precisión extrema y la minuciosidad. Hiperdefinición, exactitud, perfección, minuciosidad, son palabras extremas. Y por el hecho de serlas vienen de rebote las opuestas: vaguedad, imprecisión, improvisación, fantasía, imperfección… Parece como si lo humano fuera aquí tabú. Delirio de perfección, es decir, intolerancia del error, de la contradicción, de la sorpresa. El hiperrealismo tiene esta faceta de máquina. El hecho de querer que no exista el fallo, es decir que no haya intrusión de lo subjetivo, remarca este rasgo de reproducción androide.

La condición para este estilo es el virtuosismo, el dominio absoluto de la técnica. La obra no debe quedar fuera del control del autor. De esta manera se ejerce sobre ella absoluto poder, tanto que la obra queda amordazada, fija, tan exacta en su perfección como fría y cerrada. Todo ese virtuosismo, ese despliegue descomunal de talento y técnica, toda esa elocuencia, no evitan sin embargo que la pintura sea muda. Y es que hay que tener claro que lo que se pinta así no ha sido hecho para que el espectador vierta en la obra aquello que pueda completarla. Este sólo puede verla y dejarse asombrar por ella. Es perfecta, y su perfección es la conquista de su autor, como Pigmalión.

Obra de Ralph Goings en la exposición sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Ralph Goings en la exposición sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Pero la idea de una imagen hiperdefinida, acabada, perfectamente reconocible, es la utopía del gusto imitativo, que al no tener en cuenta la naturaleza fugaz de la imagen, su movimiento transitorio, comete el error de sobrevalorar una realidad que es sólo un estado entre otros muchos de la cosa representada. Por mucho que el hiperrealista se empeñe en lo contrario, las cosas siempre serán más y de otra manera que como las vemos o las pensamos.

En nuestro deseo de realismo para poder movernos con seguridad por el mundo, solemos tomar la idea por la cosa en una placentera ilusión de reconocimiento e inteligibilidad. Dicho con otras palabras, se suele caer en esta idealización de la imagen, de la apariencia, tomándola por lo real porque nos permite hacernos la ilusión de entender la realidad, el mundo que nos rodea y a nosotros mismos.

Obra de Raphaella Spence en la exposición 'Hiperrealismo 1967-2013' del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Raphaella Spence en la exposición ‘Hiperrealismo 1967-2013’ del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Nos da un placer de complacencia narcisista. El pintor que se complace en el hiperrealismo de la representación goza de sí mismo a través del cuadro. Igual que el espectador que se complace en reconocerlo, en entenderlo. La obra se convierte así en pretexto para ese tipo de narcisismo que la inspira, pues se admira la habilidad del artista, su goce, y no el valor en sí mismo de la obra, es decir, en lo que esta tiene de disparadora de contenidos del sujeto.

Lo mismo pasa con el espectador que se complace en esta relación de espejos; lo que espera del arte es lo que espera de una cámara fotográfica en su gesto objetivador: que se ajuste al orden racional de las cosas, ese orden programado para que no falle el entendimiento con la imagen. Por eso el espectador ve satisfecha en la obra que reconoce y entiende, su propia complacencia. Es así que quiera verse por encima de la obra y hacerse dueño de ella. Quizá sea por esto tan del gusto de la mayoría y esté vigente siempre en el modo de mirar (y enjuiciar) la obra artística.

Obra de John Salt en la muestra sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de John Salt en la muestra sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Porque a fin de cuentas parece que el arte va a padecer siempre esta confusión, la del enfrentamiento entre dos puntos de vista paralelos, condenados a no encontrarse nunca: por un lado, el artista-espectador que se mueve en la lógica de lo que es reconocible y entendible, y por otro el que, sintiendo la experiencia de otra lógica que quiebra todo lo conocido, no puede evitar moverse a tientas en ese vasto espacio de incertidumbre.

Obra de Don Eddy en la exposición sobre el Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Don Eddy en la exposición ‘Hiperrealismo 1967-2013’ en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Iñaki Torres

Video de Néstor Navarro sobre la exposición:

Hiperrealismo Bellas Artes de Bilbao from Makma on Vimeo.