El incendio y la palabra de Mery Sales

Centre Cultural La Nau
Universitat, 2
Valencia
Hasta el 17 de enero de 2016

El origen de «El incendio y la palabra» germinó cuando Mery Sales (Valencia, 1970) descubrió a Hannah Arendt (Hannover, Alemania 1906-Nueva York, EEUU 1975). Sucedió mientras investigaba a Richter para su tesis doctoral. Entre otras cosas -por citar algo perceptible-, con éste último tiene en común el uso del borroneado sobre la imagen en la pintura, y cuando un artista capta el lenguaje de su obra en otro artista que le precede en el tiempo puede hacer dos cosas, mirar para otro lado o seguir el camino de la investigación. Y así, investigando y enlazando información de Gerhard Richter (Dresde, Alemania-1932) dio con Arendt, cuya vida y obra ha inspirado el proyecto.

Detalle de "El incendio y la palabra" de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Detalle de «El incendio y la palabra» de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

“De Arendt hay mucho de lo que poder hablar y debatir” -dice Mery Sales- “Y espero que la exposición contribuya a recuperar su legado”.

Argumentos no le faltan a Sales, pues la vida de Arendt transcurre entre avatares de esa etapa histórica dramática y contradictoria que le tocó vivir. Explotada, discutida, cuestionada y también criticada, su obra es una de las más brillantes y ricas que se puede encontrar en el plano de la política y la filosofía práctica del s. XX. Tras huir de la persecución y privación de los derechos a los judíos, Arendt buscó refugio en EEUU. Corría la primera mitad de la década de los años treinta y durante un tiempo sobrevivió sin identidad oficial, ya que el régimen nazi le retiró la nacionalidad.

"El coro", de Mery Sales. De "El incendio y la palabra. Imagen Vicente Chambó.

«El coro», de Mery Sales. De «El incendio y la palabra». Imagen Vicente Chambó.

En referencia a huídas, exilios y supervivencia, Hannah Arendt hizo una compativa infrecuente de una -entre millones- de las tragedias de de su tiempo. Walter Benjamin se suicidó en la frontera franco-española el 26 de septiembre de 1940. Había llegado hasta allí mermado de salud para dirigirse hasta Nueva York, pero esa noche se cerró la frontera y las autoridades españolas no dieron el visto bueno a los visados. Al recibir la noticia, Benjamin se encontraba en Port-Bou y se suicidó. El día siguiente la frontera se abrió y todos pudieron pasar al otro lado. Arendt señala que Benjamin llegó a destiempo: unas horas antes o unas horas después hubieran cambiado la historia. A Richter le podía haber ocurrido lo mismo, pero las constelaciones le fueron propicias pues cinco meses después de que emprendiera el exilio el día 13 de agosto de 1961, la frontera entre las dos Alemanias fue clausurada con el muro de Berlín y los viajes de un lado al otro prohibidos.

Detalles de "El incendio y la palabra", de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Detalles de «El incendio y la palabra», de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Las diferentes suertes de Benjamin y Richter no son más que un ejemplo excepcional en el tiempo que vivió Arendt, y la magnitud de lo que devino de aquellos lodos, es revisado, interpretado y adaptado a la actualidad con una mirada crítica por Sales.

“Es la exposición más comprometida que he realizado hasta la fecha” –confiesa Sales con humildad- y sin duda lo es a nivel social y político, aunque es de justicia añadir que con el oficio de pintar y en la forma de vivir como artista, Mery Sales siempre ha estado comprometida, algo conocido en su entorno y fuera de él.

“Para amar el mundo nos tenemos que conciliar con él, lo más difícil es amar el mundo tal y como es, con todo el mal y el sufrimiento que hay en él, sin crítica ni rechazo despectivo, con inquebrantable voluntad de afrontar y comprender lo que es” –continúa Sales- recordando a Arendt en su concepto de Amor Mundi, o amor aplicado a la vida.

Y desde su estudiado concepto de amor de San Agustín, su incursión en la banalidad del mal o la correspondencia mantenida con Karl Jaspers todo conduce a que la aplicación del amor al mundo era algo más que retórica. La propia historia de amor y perdón mantenida con su profesor de filosofía Martin Heidegger, criticado por su encumbramiento en la etapa del régimen Nazi por antisemita, y con quien mantuvo una apasionante historia de la que se conservan cartas escritas hasta un año antes de la muerte de ambos en 1975 y 1976 respectivamente así lo demuestran. El romance se había iniciado cuando Heidegger tenía 35 años y estaba casado, y ella era judía y tenía 17.

Ante el "Muro de la violencia". Parte de "El incendio y la palabra" de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Ante el «Muro de la violencia». Parte de «El incendio y la palabra» de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

En cuanto a lo didáctico, y siguiendo el precepto “No hay exposición sin reflexión”, el recorrido artístico va de la mano de un complemento narrativo en forma de frases y textos breves escogidos con mucha sensibilidad. De la parte productiva surge la gracia estética que identifica a Mery Sales, aunque no es lo que aparenta, “Es importante que la pintura sea amable para atraer la atención del espectador y que un contenido duro pueda enganchar al público y siga mirando” -afirma Mery Sales-. Por otro lado, la condición de docente y artista se concreta en una combinación beneficiosa de la que sale favorecido el espectador.

Y continuando con la verdadera base del proyecto, la referida estética propia de Sales enlaza y es coherente con una evolución sinceramente atractiva, en la que a pesar de lo aparente, la tiranía de la belleza y la necesidad de someter a debate la esclavitud del aspecto físico y su relación con la frivolidad y el vacío interior están presentes, y como eco de sus propias palabras al respecto, citaremos un par de ejemplos: el llamado “Muro de la violencia”, -en el que destacan diversas obras relacionadas con el mal a través de acontecimientos trágicos- y la pieza que ocupa el final de la exposición, un óleo apaisado de grandes dimensiones que representa un fragmento hermoso del mar. El cuadro, de un atractivo que roza lo hechicero, sugiere lo inquietante que puede llegar a ser el mar en medio de un temporal, una alegoría al mal y una advertencia, la perversidad puede presentarse disfrazada y ser cruel como “el mirar a otro lado”.

Hacia 1934, Martin Heidegger hace un canto a los valores del nazismo en su discurso de toma de posesión como rector en la Universidad de Friburgo, lo que debió ser demoledor para Hannah Arendt, perseguida por la Gestapo coincidiendo con esas fechas sin que su ex amante hiciera nada por evitarlo. Tan solo dos años antes, en una carta de 1932, Heidegger había negado con indignación la menor participación en la exclusión de judíos de sus seminarios.

Detalle de "El incendio y la palabra" de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Detalle de «El incendio y la palabra» de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Sobre el formato circular y la distribución estratégica de algunas de las piezas que componen el citado “Muro de la violencia”, -Sales apunta- “Las curvas no tratan de cerrar, sino de condensar”.

¿Y quién mejor que la propia artista -que ha concebido la obra ex profeso– para organizar el orden y el discurso de la misma?

Seguramente, a la mayoría de visitantes les pasará por alto que la comisaria de la exposición es la propia Mery Sales. La aleación resultante, autora-comisaria-docente, se cataliza para proclamar la importancia de la educación y la formación como vehículos para mejorar la sociedad.

Detalle de "El incendio y la palabra", de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Detalle de «El incendio y la palabra», de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

En cuanto al cuidado de la exposición, no cabe discusión cuando se trata de una muestra colectiva o una retrospectiva de autor desaparecido, donde en el proceso de investigación y elaboración teórica es fundamental el papel del comisario, pero hay margen de debate cuando las condiciones del proyecto son particularmente personales. En este caso, la exposición es la tercera del Patronato Martínez Guerricabeitia cuyo comisario es el propio creador, las anteriores a cargo de Chema López y de Mavi Escamilla en el año en curso, ambos dos, polifacéticos, compatibles y de capacidad para cuidar de su proyecto. Respecto a este tema, artistas como Aurora Valero hace años que han hecho declaraciones críticas (sin dar nombres) respecto a algunos “comisarios estrella” por acaparar el protagonismo que le corresponde al artista, y máxime cuando éste es el autor del proyecto, vive, sigue en activo y tiene capacidad. Como es el caso de Mery Sales, que confiesa respetar la figura del comisario, a la vez que se hace respetar en esta faceta. Es evidente.

Y volviendo a la vertiente didáctica del proyecto, –Sales- se siente reconocida en su personaje, “Arendt también tiene mensajes para gente alejada del arte contemporáneo, y la exposición pretende ser didáctica por su propio recorrido,  facilitando así el mensaje a través de talleres y visitas guiadas organizadas a su alrededor” –confiesa-.

Hannah Arendt en una imagen del documental. "El incendio y la palabra" de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

Hannah Arendt en una imagen del documental. «El incendio y la palabra» de Mery Sales. Imagen Vicente Chambó.

El recorrido de la exposición se completa con 40 óleos sobre lino o sobre tabla iniciado con un retrato de Hanna Arendt y finalizado con la citada representación del mal, pero antes, en el aludido “Muro de la violencia” se relacionan secuencias terribles que evocan lo mejor o peor de cada personaje o motivo, como es el caso de la imagen del asesinado profesor Broseta, del hundimiento del Prestige, o de Hitler, entre otros. En definitiva, composiciones destinadas a hacer crítica e historia y que reivindican la pintura tradicional como lenguaje artístico. El aspecto visual está reforzado con los citados textos que van situando al espectador, y se complementa con un documental de la vida de Hannah Arendt. Por la generosidad con que Mery Sales ha entregado su pintura al proyecto, bien podríamos pensar en un ejercicio real de amor mundi.

Vicente Chambó

 

Rutas vivas de Luis Vives

Paseo por Valencia de la mano de Juan Luis Vives
Francesc Hernàndez

Todo el mundo ha oído hablar del filósofo y humanista valenciano Juan Luis Vives, pero pocos conocen los interesantes avatares de su vida en la Europa de siglo XV, dignos de una película o serie de televisión. Juan Luis Vives (Valencia, 1492) se exilió a París hacia 1509, debido a la persecución que sufrió su familia judía, estudió en La Sorbona y, en 1514, publicó sus primeros libros en los que ya exponía la línea maestra de su pensamiento básico, que mantiene una absoluta vigencia. El poder del rey es relativo y, por tanto, debe ser aconsejado por los hombres sabios.

Dictó cursos en las principales universidades europeas (Lovaina, Oxford, La Sorbona), fue preceptor de la princesa María de Inglaterra, hija de Enrique VIII, y de Mencía de Mendoza, marquesa de Zenete. Amigo y colaborador de los humanistas más notables de su tiempo, como Erasmo de Rotterdam, Tomás Moro y Guillermo Budé, escribió más de sesenta obras de filología, filosofía, teoría social y política, ética y religión. Pese a este brillante currículo, el filósofo pasó épocas de penuria en las que sobrevivió económicamente comerciando con vinos. También sufrió en su propia carne la ira de la Inquisición; su padre fue condenado a la hoguera y los restos de su madre desenterrados y quemados, en 1528.

Jardín de la Batllía, una de las rutas de Luis Vives. Imagen cortesía de Francesc Hernàndez.

Jardín de la Batllía, una de las rutas de Luis Vives. Fotografía de Helena Dobón por cortesía de Francesc Hernàndez.

El gran pensador revive este otoño en Valencia. Por una parte, la Universitat acaba de recuperar  la Asociación de Amigos de Luis Vives, fundada en 1927 para difundir sus ideas mediante diversas actividades. Por otra, el profesor Francesc Hernández recupera un texto que escribió poco antes de fallecer en un ejercicio de nostalgia y demostración de excelente memoria.

Vives hizo un recorrido virtual por su ciudad natal a través de diálogos de tres personajes imaginarios, en ‘Las leyes del juego’. Hernàndez sigue este itinerario histórico en un libro ilustrado publicado por Carena: ‘Paseo por Valencia de la mano de Juan Luis Vives’. Los diálogos de Vives se intercalan con media docenas de rutas por el centro, desde la plaza Nápoles y Sicilia a la de la Virgen. Pese al paso del tiempo y a la voracidad de la piqueta destructiva, el trazado de estas vías se mantiene intacto.

“Vives abandonó Valencia en 1509, cuando era un joven de unos 17 años. Treinta años después y uno antes de morir, aquejado por las enfermedades, publicó su obra más célebre, que incluye un coloquio con un sentido recuerdo de su ciudad y una defensa de la justicia.  Mi libro es una invitación a leer ese diálogo, recorriendo a la vez las mismas calles por las que Vives imaginó que deambulaban sus personajes. Todas ellas han conservado el mismo trazado. Al hacer este paseo, el lector descubre muchas cosas sobre Valencia y sobre su intelectual más universal”.

Portada del libro de Francesc Hernàndez 'Paseo por Valencia de la mano de Juan Luis Vives'.

Portada del libro de Francesc Hernàndez ‘Paseo por Valencia de la mano de Juan Luis Vives’.

Personajes nobles

Borja, Cabanilles y Centelles. Los tres personajes creados por Vives, con nombres muy valencianos, están inspirados en parte en personas reales apreciadas por él. “Borja, por ejemplo, se inspira en Juan II Borja, pero con la edad de un hijo o un sobrino, como Francisco de Borja”, señala Hernàndez. “En cierto sentido estos personajes representan la nobleza que él hubiera deseado para sí,  con un personalidad cosmopolita, defensora de la universidad, amante del saber, de la justicia y la moderación. Por cierto, el Francisco de Borja real se estableció la Universidad de Gandía, la primera que utilizó los diálogos de Vives como libro de texto”.

En su libro Vives se refiere además a sus hermanas, a discípulos como Honorato Juan, a Ángela Zapata, una dama que tenía un círculo literario, al duque de Calabria y virrey de Valencia y a Mencía de Mendoza, la marquesa del Zenete, que protegía a Vives en su palacio de Breda. “La relación entre el filósofo y la marquesa es apasionante”, dice Hernàndez. “Se admiran mutuamente. Cuando la marquesa dejó Breda y vino a vivir a Valencia, trajo consigo un retrato en miniatura de Vives, que la casa editorial Mey-Huete copió en una xilografía. Precisamente un siglo después del nacimiento de Vives, esa tipografía se trasladó junto a San Martín, a poquísimos metros de la casa natal. Es una sorprendente casualidad”.

El título de la obra original de Vives, ‘Las leyes del juego’ hace referencia a los distintos juegos de pelota que se practicaban en la Valencia de su tiempo, y las reglas que debían seguir los jugadores. “Siguiendo el itinerario propuesto por Vives se advierte la coincidencia de trinquetes y restos romanos. Parece que los valencianos comenzaron a jugar al trinquete allí donde las vías enlosadas facilitaban el rebote de la pelota”.

Texto recuperado de Luis Vives. Imagen cortesía de Francesc Hernàndez.

Texto recuperado de Luis Vives. Imagen cortesía de Francesc Hernàndez.

Intelectual universal

Hernández reclama que se reponga el busto de Vives que se instaló en la plaza de Brujas. “Tampoco estaría de más señalar el lugar donde estuvo su casa natal, en la actual plaza de Margarita Valldaura, o que tuviera un espacio propio en la Ciudad de las Artes y las Ciencias”, añade.

Desde el punto de vista intelectual, Vives es sin duda el valenciano más universal, al nivel de Maquiavelo, Erasmo de Rotterdam o Tomás Moro. “Su tratado ‘Sobre las disciplinas’ se adelanta a la filosofía moderna”, afirma Hernàndez. “Se puede considerar un precursor de la antropología, de la psicología y de la pedagogía. También, un defensor de la formación de las mujeres y del trabajo social. Fue un modelo para el humanismo posterior. Su defensa apasionada de la paz, de la conciliación entre los países europeos, de la justicia, de las instituciones civiles, tienen plena vigencia”.

La interpretación de su pensamiento se beneficia además de investigaciones recientes y relevantes. Las aportaciones del profesor Calero sobre obras no latinas de Vives o las ediciones críticas que se preparan sobre su correspondencia, así como nuevas investigaciones sobre los conversos valencianos, permiten contemplar con una gran ilusión el futuro de los estudios vivistas. “Hay mucho que indagar todavía. Espero que ‘Paseo por Valencia de la mano de Luis Vives’ colabore en esta dirección”, concluye Hernàndez.

Plaza en la que nació Lluis Vives. Imagen cortesía del autor.

Plaza en la que nació Lluis Vives. Fotografía de Helena Dobón por cortesía de Francesc Hernàndez.

Bel Carrasco