¡Más que teatro, experiencias!

VII Festival Cabanyal Íntim
Barrio del Cabanyal. Valencia
Del 18 al 28 de mayo de 2017

¿Quién se atrevió a decir que el teatro ha muerto? El que osara proclamar tal estupidez debe venir a Valencia en mayo y ver cómo las artes escénicas florecen en todas las esquinas en una serie de festivales encadenados: 10 Sentidos, Tercera Semana, Bucles…El más próximo al mar, Cabanyal Íntim llega a su séptima edición con 11 estrenos, cuatro en la Comunidad Valenciana y una producción propia.  Bajo el lema ‘Migraciones’ y la premisa ‘¡Más que teatro, experiencias!’ arranca el próximo jueves como un modelo de cultura participativa, colaborativa y de proximidad llevando el teatro y la danza al interior de las casas del barrio valenciano.

El programa ofrece una variada programación multidisciplinar para todos los públicos cargada de reflexión y crítica social, vanguardia, humor, poesía, transgresión y creatividad a través de las múltiples posibilidades de las artes escénicas: teatro de texto, objetos, sensorial, danza y flamenco contemporánea, lecturas dramatizadas, performance, música en vivo, títeres, zarzuela bufa, etcétera.

Cartel de la obra 'I tornarem a sopar al carrer'.

Cartel de la obra ‘I tornarem a sopar al carrer’.

En su afán de potenciar un diálogo entre la cultura escénica emergente y la idiosincrasia del barrio del Cabanyal, su historia y sus habitantes, el festival presenta este año como novedad su primera creación propia, ‘I tornarem a sopar al carrer’, coproducida junto a Las Naves y el Institut Valencià de Cultura. Un espectáculo de teatro participativo escrito por Xavier Puchades y Begoña Tena y dirigido por Isabel Caballero y Tena, que nace de las conversaciones con el vecindario del barrio y que habla de su presente, desde su pasado y hacia su futuro.

Entre las seis piezas largas de gran formato se incluye la interpretada por Mohammad Bitari, periodista refugiado de origen sirio-palestino, la performance ‘Sous la plage’, de Marc Villanueva y Gerard Valverde, una reflexión sobre los discursos y las paradojas generadas alrededor de las revueltas árabes y la actual crisis migratoria. La luz de la soledad, los pájaros, las migraciones, la poesía y el flamenco en directo articulan ‘El vol de la Limosa’ de Líilla de Pas Teatre. La fuerza de la dramaturgia contemporánea en estado puro arma el thriller teatral  ‘La capilla de los niños’, creación de Perros Daneses. Y un guión posmoderno a las cuestiones de ayer sustenta ‘Fauces’, de la compañía Viviseccionados.

Qué hacemos con la abuela, de The Cross Border Project. Imagen cortesía de Cabanyal Íntim.

Qué hacemos con la abuela, de The Cross Border Project. Imagen cortesía de Cabanyal Íntim.

Propuesta muy particular y divertida, ‘¿Qué hacemos con la abuela?’ en la que el colectivo The Cross Border Project invita a debatir sobre el papel de la mujer como cuidadora y el funcionamiento estructural en la familia en una pieza en la que el público puede participar proponiendo maneras de resolver un conflicto que plantean.

Dentro de las piezas breves de pequeño formato ‘Bienvenido a casa’, de Dacsa Producciones, traza a través del teatro una historia sobre la familia, la identidad y la pérdida. Javier Aranda habla del implacable paso del tiempo con sus títeres en ‘Vida’. Crítica social contundente, veraz, divertida y en clave de comedia se puede disfrutar en ‘Mirarás al cielo y descubrirás que no hay gaviotas’ bajo el sello teatral de Foria Producciones. Fernando López Rodríguez presentará en ‘H2OHNO’ los intersticios de una relación espectral entre dos bailarines de culturas diferentes, Japón y España, para suscitar una reflexión en torno a la memoria con el flamenco más transgresor.

Compasivas. Imagen cortesía de Cabanyal Íntim.

Compasivas. Imagen cortesía de Cabanyal Íntim.

Tres recorridos inquietantes y emocionales estarán presentes en la programación. En ‘Compasivas’, Adrián Bellido descubre el miedo y el frío reflejo de la realidad de los Centros de Internamiento de Extranjeros; en ‘El viaje de los cantores’ Bullanga Compañía Teatral propone una experiencia sensorial sin límites camino de la engañosa tierra soñada. Y en ‘Nuna’,  Natalyd Altamirano presenta un conmovedor viaje hacia la memoria colectiva de Per para recordar a los que no están y dar voz a los que no la tuvieron.

Los pequeños espectadores podrán disfrutar de ‘La leyenda del valiente’, en la que la compañía rusa MetaZero abre las puertas, a través del teatro de objetos y la música en vivo, a un templo sagrado en el que cobran vida los personajes y los paisajes de Japón mediante la técnica del origami.  Espectáculo y taller de danza infantil, Mis brazos, mis codos, mis pies y mi boca, de Yolanda Peña, cuatro poesías que constituyen el hilo conductor de la danza que la intérprete realiza y que concluye con una invitación a los niños a realizar un taller de movimiento.

No faltará a la cita del festival Territorio Performance, que este año celebra su tercera edición como espacio de experimentación y de vanguardia escénica. El festival se suma a los actos de homenaje del 150 aniversario de a Blasco Ibáñez con una lectura maratoniana de ‘Flor de Mayo’ en la Casa museo del escritor (www.cabanyalintim.com).

La leyenda del valiente. Fotografía de Angelina Klimenko por cortesía de Cabanyal Íntim.

La leyenda del valiente. Fotografía de Angelina Klimenko por cortesía de Cabanyal Íntim.

Bel Carrasco

La belleza convulsa de Liliana Maresca

Retrospectiva de Liliana Maresca
Espaivisor
C / Carrasquer, 2. Valencia
Hasta el 15 de abril de 2016

“Busco una fisura hacia otra realidad…Porque esta se agota rápidamente”. Dicho y hecho. Liliana Maresca (1951-1994) encontró esa fisura que buscaba, de tanto intentarlo con su obra transgresora. De manera que se topó bien pronto con la muerte. Tenía 43 años, dedicados a hurgar en la belleza con los materiales punzantes de su intensa, apasionada creatividad. Quería tanta autenticidad, que no dudó en jugar con los límites que separan la vida de la muerte.

El arte es representación, porque de lo real sólo podemos saber por vía interpuesta. Pero Maresca quiso siempre forzar esa representación, con el fin de hallar la esencia de las cosas. Y la esencia, en muchos casos, tenía cierto sabor letal. La galería Espaivisor de Valencia da cuenta de tan excesiva creatividad en la primera retrospectiva de su obra en España. Lo hace mediante fotografías, piezas de escultura, un video, recortes de prensa, escritos a máquina y documentos performance, en los que aflora, por muy distintos que sean los soportes, su vena artística siempre al borde del colapso, del agujero negro que todo lo engulle.

Su intensa actividad en las décadas de los 80 y 90 en la Argentina postdictatorial alumbró exposiciones que tan pronto denunciaban aspectos relacionados con el Descubrimiento de América, como con las abusivas leyes del actual mercado capitalista. Se rodeaba de artistas plásticos, músicos o actores con los que montaba singulares y provocadoras escenografías. Hacía lo propio en su serie de fotografías, realizadas por Marcos López, en las que se representaba a sí misma desnuda tras objetos que parecían subrayar el esqueleto de su anatomía. No era la Frida Kahlo de la columna vertebral rota, pero se asemejaba.

Liliana Maresca en una de sus fotografías performance realizada por Marcos López. Imagen cortesía de Espaivisor.

Liliana Maresca en una de sus fotografías performance realizada por Marcos López. Imagen cortesía de Espaivisor.

“Mi misión es molestar, hacer cosas que sean una patada en los huevos”

En la exposición de Espaivisor hay numerosos recortes de prensa que recogen algunas de sus declaraciones más apasionadas, fruto del sentimiento que revelaba su propio arte. “Yo creo que mi misión en la vida es molestar. Hacer cosas que sean una patada en los huevos”. A punto de morir, casi a modo de testamento, produjo una muestra cuyo título ya manifiesta su inquebrantable pulso vital: ‘Frenesí’. Un frenesí que arramblaba con todo, incluido el sistema que viene a controlar tamaños excesos. “Si el sistema permite la existencia de algo que se escapa de él, es para inocularlo luego”.

Para que tal cosa no sucediera, Liliana Maresca no cejó en su empeño de violentar los límites en cuyo interior yace la paz. O no. “Si nuestros trabajos produjeran violencia es porque ella está en la realidad, en los dibujos animados, en los noticieros, en la calle”. Sabedora de esa violencia que nos habita, más allá de la candidez rousseauniana, Maresca desplegó toda una batería de actividades encaminadas a subrayar ese carácter violento de la naturaleza humana. Violencia que ella sabía destinada a formar parte del propio tejido social.

“Esto que hoy parece delirante, no convencional, va a ser aceptado y dejará la marginalidad”. Maresca parecía anunciar con ello la deriva televisiva, allí donde el asesinato, por seguir a Hitchcock, se instala cómodamente en las casas a través de la pequeña pantalla. Todo es fagocitado por el mercado, salvo el pensamiento en su estado puro. “Desde el momento en que pensás de una manera distinta al resto de artistas te estás marginando”. En esa marginalidad se movió siempre la artista que tomó el propio cuerpo como recipiente de experiencias traumáticas. La primera de todas ellas, aniquilar su yo.

Una de las piezas de escultura de Liliana Maresca. Imagen cortesía de Espaivisor.

Una de las piezas de escultura de Liliana Maresca. Imagen cortesía de Espaivisor.

“Hay que hacerse un yo para hacerlo mierda”

“Uno tiene que ser paranoico. Hay que hacerse un yo para hacerlo mierda”. No sólo el suyo, que sin duda dinamitó a diario poniéndose a sí misma contra las cuerdas, sino los múltiples yoes que la animaban a dejar en calma la realidad. Nadie lo logró, porque Liliana Maresca siguió y siguió profundizando en esa fisura que le transportaba a otra realidad. En una de sus propuestas artísticas, se metió en un ataúd para limpiar los pedazos de mortaja que todavía quedaban dentro. Quería que los ataúdes fueran objeto de una exposición. Y la sola experiencia previa la conmovió. “Al tener que meterme tan dentro de la muerte, te puedo decir que la sentí”.

A Maresca le subyugaba esa experiencia de autenticidad, hasta el punto de llegar a ofrecerse al público para mostrar la simbiosis entre cuerpo y mercado. Un cuerpo que osciló entre el erotismo de su propia desnudez y la provocación ideológica revelada en sus montajes más políticos. Espaivisor se hace cargo de todo ello mostrándolo a pequeña escala, como si toda esa energía desbocada pudiera concentrarse en archivos documentales, imágenes en blanco y negro de gran poder evocador y alguna que otra escultura a modo de brillante ‘Curiosidad natural’ realizada con bronce y calabaza.

Fotografía de Liliana Maresca. Imagen cortesía de Espaivisor.

Fotografía de Liliana Maresca. Imagen cortesía de Espaivisor.

“Quería probar de todo y lo único que me faltaba era matar”

Su hija Almendra, presente en la inauguración, destacó en un aparte para MAKMA el carácter indomable de su madre. “Tuvo instantes de monogamia, pero siempre quiso explorar otras cosas”. Lo hizo con propia vida y, por extensión, con su arte. Y es que arte y vida en la trayectoria existencial de Liliana Maresca se confunden. Lo prueba este testimonio extraído de uno de los recortes de prensa que abundan en la exposición.

“Quería probar de todo y lo único que me faltaba era matar. Entonces por seguridad conseguí un revólver. Salí a caminar por la villa, tipo tres de la mañana. Yo pensaba: ahí me encuentro con alguien que me quiere violar y lo mato. Dormía con todas las ventanas abiertas, la puerta abierta. Nada, no pude matar a nadie”.

Así concebía la vida y el arte Liliana Maresca, artista de culto a quien Espaivisor dedica una retrospectiva que sólo tiene un precedente en Europa: la que le dedicó hace cuatro años la galería Spazio Nuovo de Roma. No hay más vestigio de su obra fuera de su Argentina natal, salvo algunas piezas expuestas en el Museo Reina Sofía de Madrid. Lo demás está en Valencia, donde hasta el 15 de abril permanecerá tan singular retrato de la artista que buscó una fisura hacia otra realidad y la encontró. “Vivía al límite”, concluyó su hija Almendra. Y el límite cedió para finalmente devorarla. Espaivisor contiene sus restos mortales llenos de intensa vida.

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Fotografía performance de Liliana Maresca realizada por Marcos López. Imagen cortesía de Espaivisor.

Fotografía performance de Liliana Maresca realizada por Marcos López. Imagen cortesía de Espaivisor.

Salva Torres