El perturbador Carles Santos

Universo Santos, de Carles Santos
Centre Cultural La Nau
C / Universidad, 2. Valencia
Hasta el 30 de agosto

Al igual que a Bach le gustaba probar un órgano para comprobar su resistencia, a Carles Santos también le gusta someter al piano a situaciones extremas. De manera que tan pronto le clava en mitad de los pulmones de sus teclas una gran cruz, como un enorme zapato de tacón o una hélice. Así entiende el artista castellonense la música: de forma tan clásica como excesiva. Exceso que algunos han dado en llamar vanguardista, pero que a él no le motiva: “Yo soy un clásico total, total”. ¿Entonces? “Yo es que no estoy seguro lo que es vanguardia y lo que no es”.

Obra de Carles Santos en la exposición 'Univers Santos' del Centre Cultural La Nau.

Obra de Carles Santos en la exposición ‘Univers Santos’ del Centre Cultural La Nau.

Y alude a Bach, evocado igualmente en su exposición ‘Univers Santos’ de La Nau: “Escuchas a Bach y no sabes lo que hace. Yo estoy igualmente confundido y la palabra vanguardia me produce algo que no sé qué”. Esa incertidumbre, compuesta a partes iguales de veneración clásica, ruptura, perversión y pasión escenográfica, en la que lo religioso y lo pornográfico dan continuamente la nota, se muestra en La Nau de la Universitat de València.

Uno de los pianos intervenidos de Carles Santos en la exposición 'Univers Santos'. Cortesía del Centre Cultural La Nau.

Uno de los pianos intervenidos de Carles Santos en la exposición ‘Univers Santos’. Cortesía del Centre Cultural La Nau.

Hay de todo: sus amados pianos, algunos apilados como si fueran una falla y otros malheridos; impactantes fotografías de alto contenido erótico; video montajes de sus óperas; algunas publicaciones discográficas, partituras y carteles. Dos salas repletas de referencias a ese ‘Universo Santos’ al que alude el título de la exposición, rematado por ‘El fervor de la perseverancia’. Fervor que alcanza grados de sadismo, provocación y violencia cabalgando entre barrocas puestas en escena e inquietantes sonidos.

Fotografías de Carles Santos en la exposición 'Univers Santos' del Centre Cultural La Nau.

Fotografías de Carles Santos en la exposición ‘Univers Santos’ del Centre Cultural La Nau.

“Yo estoy con un pie en el teatro y dos o tres pies en la música”. De hecho, dice que los autores teatrales que más le gustan suelen ser músicos. Las dos grandes orejas que completan el cuerpo de uno de los pianos exhibidos resumen esa mezcla de musicalidad y teatralidad en su obra. Mezcla explosiva que ha dinamitado durante 50 años la vanguardia española y de la que se hace eco La Nau con una exposición que no pretende ser “retrospectiva”, porque encaja mal con el espíritu siempre cambiante de Santos, según explicó el vicerrector de Cultura, Antonio Ariño.

“Es una obra en construcción” que mama de la “tradición histórica del grotesco”. Ariño también apuntó las características de fascinación y perturbación. Fascinación por esa música clásica que siendo muy niño le atrapó, y perturbación porque una vez sumergido en ella (el agua es otra de sus constantes) su sonido adquiere resonancias grandilocuentes. De ahí la conexión con lo sagrado, lo espiritual, lo religioso, perversamente transformado en alusiones al cuerpo violentado.

Fotografía de Carles Santos y Xavier Marmanya en la exposición 'Univers Santos' del Centre Cultural La Nau.

Fotografía de Carles Santos y Xavier Marmanya en la exposición ‘Univers Santos’ del Centre Cultural La Nau.

La exposición de La Nau sirve de antesala al homenaje que la Universitat de València tiene previsto realizar el 23 de junio a Carles Santos, otorgándole su medalla en el Claustro del edificio universitario. Fundación Caixa de Vinaròs, CulturArts y el IVAM se suman a este proyecto con diversas actividades en el marco del festival Ensems y Serenates, y un ciclo de cine dedicado a quien también orgía sus extremos musicales en el ámbito cinematográfico.

Josep Ruvira, comisario de Univers Santos, destacó, más que la presencia de obras inéditas, la variedad de “piezas transformadas” para la ocasión. La irreverencia del clásico vanguardista le llevó a decir que, puestos a definir la vanguardia, él la veía menos cerca de músicos como John Cage y más próxima al comportamiento de ciertos concejales. “Me gustaría conocer alguno capaz de hacer lo que se ha hecho en una ciudad alemana, planteando 11 años de música a partir de Cage”. No hay mandatario que lo resistiera, ironizó. Eso también forma parte del Universo Santos, cuya tocata y fuga permanecerá en La Nau hasta el 30 de agosto.

Uno de los pianos intervenidos de Carles Santos en su 'Univers Santos' del Centre Cultural La Nau.

Uno de los pianos intervenidos de Carles Santos en su ‘Univers Santos’ del Centre Cultural La Nau.

Salva Torres

Llorenç Barber: LA APOTEOSIS DE L’ESCOLTA(r)

Llorenç Barber: Apoteosis de l’escolta(r)
Teatro principal
C/ Barcas, 15. Valencia
Sábado 17 de mayo a las 21 h.

NOTAS ANTE LA COMPOSICIÓN DE “LA APOTEOSIS DE L’ESCOLTA(r)”. Siete situaciones de escucha para Banda y Teatro Principal.

Andaba escribiendo una composición de concierto de ciudad para la muy teresiana Alba de Tormes cuando llegó la invitación de participar en el ENSEMS. A lo largo de la conversación telefónica, entre consideraciones de cariz poco halagüeñas sobre el presente de las músicas llamadas ‘contemporáneas’ ya consuetudinarias en Cerveró, éste me sugería escribir algo para piano de juguete, o hacer un pequeño taller para alumnos de composición. Por mi parte, yo daba rienda suelta a mi imaginación con la vieja idea de conformar una nueva versión ampliada de música del “género balcón”, iluminando toda una calle del viejo barrio de Velluters mediante el poblar con bien armados músicos algunos de sus balcones, mientras los escuchas/paseantes deambulan por el asfalto, eso sí, aurículas en ristre. Y fue aquí donde apareció la posibilidad de hacer algo para banda, pues el bueno de Joan andaba tramando algo para ‘los feos’ de Buñol que, en esta ocasión, estarían dirigidos por mi amigo y colaborador Andrés Valero. Para más inri, a estas dos suculentas circunstancias se sumaba una tercera que para mí añadía un plus inconmensurable: el estreno iba a tener lugar en nuestro Teatro Principal. Inmediatamente entré en entusiasmos y no hubo duda alguna a pesar de la cercanía de la fecha, y de la primavera tan repleta, en mi calendario de este año, de viajes y compromisos musicales otros.

Una banda es siempre algo más que un instrumento plurihumano, disciplinado y capaz de leer – marchando – una partitura. Sonar para ellos es algo más que soplar, golpear o rascar, es un presentar hasta sus más íntimos detalles un manifiesto constituido todo él de sonidos/gestos/pasos y/o silencios. Un lanzarnos fuera de nosotros mismos y un expandir expresivo que puede afectar y mover el universo mundo en su totalidad. Por otro lado un teatro como nuestro Principal es todo un galimatías de alturas, pasillos, recovecos, escaleras y hasta rincones y paraísos a ser desvelados mediante una suma de escuchas cada una de ellas con su aquel de singularidad y complementariedad a poner en acto. Todo un reto, en estos tiempos turbios en dónde no cabe molicie alguna.

Una de las primeras consideraciones que me invadieron hasta la obsesión en el arranque de este proyecto fue la evidencia de que a la banda hasta el día de hoy, se le escurren una enormidad de posibilidades simplemente porque nadie se detiene en proponerles situaciones interpretativas expansivas, laterales, accionales y/o gestuales tan sólo porque de bandas se trata. Para los que estamos cerca tan sólo, a veces, cuando la banda, se encuentra en situación de reposo, preparación, relax o broma se dan atisbos, fragmentos y hasta gavillas de situaciones fortuitas e impronunciables, que luego – uniformados – y ante un público se es incapaz de reproducir con la eficacia y contundencia como en esas (des)composiciones de suelto, desparramado, ensimismamiento. Y es por ahí por dónde yo quería comenzar: planteando una serie de situaciones bien concretas, pero a su aire, a su devenir, algo (o mucho) ajenas – hasta dónde posible fuere – a la situación ‘concierto’.

Llorenç Barber

Llorenç Barber

Para conseguir algo así habrá que entrar – con cuidada antelación – en consideraciones previas que nos preparen adecuadamente para zambullirnos en la ocupación de un teatro de anchos espacios, todos ellos habitados hoy, por un pasado todavía reverberante, condensado y hasta convertido en fantasmales esculturas de aires y memorias. Aceptando lo inevitable, trataremos de salirnos de lo aprendido planteándonos juntos todo un cúmulo de cuestiones como estas: ¿somos o no un ‘playground’ todavía útil y capaz de revolverse, disturbar y hasta reinventarse a partir del rol en que se nos encasilla?, ¿podemos desde ahí todavía apropiarnos de nuevos modos y materiales? Y si ello es posible ¿alcanzaremos a interrogar la actualidad de lo que todavía entendemos y practicamos como lo procesional y celebrativo, lo festivo, lo concertístico (sonoro, performativo, virtuoso y escénico)? ¿Estamos o no todavía a tiempo de reivindicar para nosotros el descubrir las posibilidades de un nuevo vivir, partiendo – eso sí – de la fragmentación y dispersión de los deshechos de lo que queda?

Por lo que a mí concierne queda claro que lo que entendemos todavía por banda tiene por delante mucho campo por ganar, mucho terreno que ocupar, muchas intensidades que practicar invadiendo campos expandidos y profundizando y repensándose a partir de ahí, esto es, explorando su grupal, disciplinado y muchas veces andariego sonar, ocupando el espacio público (sea este el cogollo de la ceremonia, el baile o el transeúnte ir de un lugar a otro, bien erguidos y sonantes, etc.), el espacio escénico, el educativo o el investigador, performativo y/o camerístico. Y todo ello en un constante inquirir: ¿reproducimos modelos de comportamiento jerárquicos, encorsetados y obsoletos, o somos todavía capaces de generar otra escucha y otra socialidad, más abierta, comprehensiva, sea sonando a solas – como banda y basta – sea en conjunción con otros estímulos y artes tales como las que proporcionan las imágenes proyectadas, los cuerpos en acción y danza, los instrumentos inusuales o de tecnología punta, o las situaciones para nosotros todavía inexploradas?

Porque, no lo olvidemos, vivimos ya en un mundo sonoro en el que quienes crean, más que dedicarse a componer partituras que demandan ser escuchadas pasiva y contemplativamente, se esfuerzan por crear o ‘componer’ y presentar al oidor unas situaciones de escucha, singulares y hasta inusitadas. Por ello es por lo que postulamos otra escucha, un atender in extenso el entorno sónico y/o silencioso, deviniendo oidores implicados, vivos y movilizados.

Pero las cosas no acaban ahí porque al igual que el instrumentista del sonar del hoy está implicado en el son, (todo él puro ‘drama’ emancipado ya del ‘auctor’ de repertorio y formatos cerrados), el oidor que el llamado Arte Sonoro (ya no com/puesto) postula, ha de ser sustraído a toda actitud distante y pasiva. Ha de ser arrastrado al círculo mágico del escuchante en posesión de sus plenas energías vitales.

Unos y otros, han de afinar su escucha – con el tono y avatares del no tan frágil son – deviniendo así cuerpo activo concurrente, que pone en acto su principio vital. Todos constituyen – cada quién a su modo – asamblea ceremonial que conforma situaciones diversas en posesión de sus propias energías.

Una situación de escucha es, pues, un dispositivo que convirtiendo al escucha en agente de una práctica colectiva, desvela matices singulares del sonar. Y en esto consistirá esta ‘Apoteósis’, en proveer a estos agentes/oidores de un remolino de acciones sónicas (y a veces accionales o cinéticas), que les haga salir de su posición de meros espectadores (recordad a Guy Debord y su crítica del desposeimiento que el espectáculo conlleva) hasta arrastrarles a la acción. Posición a posición.

Llorenç Barber

Llorenç Barber

Cada situación propuesta exigirá una posición específica al ‘interprete’, y una disposición igualmente distinta y mutante al agente/oidor. Es por ello que el Teatro Principal devendrá para cada quién un aeropuerto de recorridos y estancias bien comunicadas y franqueadas en direcciones y velocidades distintas que muchas veces generan ecolalias, emisiones y hasta roces o lejanías de distancias bien singulares.

Igual que la escucha no es algo ni continuo ni estático, tampoco lo es la emisión/recepción. Y esa diversidad/y/hasta/desencuentro posible de a) y de b), genera situaciones bien mixtas y mestizas. Y todas ellas entran aquí en amable consideración, discusión, contraste, continuación y hasta superposición. Se acabó pues con la escucha pasiva, inmóvil, frontal, rectilínea, sucesiva y escanciada de modo regular. Todas las irregularidades, acumules o vacíos, movilidades o escarceos son aquí – en esta selva/aeropuerto – bienvenidos. También todas las suspicacias, todas las sospechas, pues todo oír es un pasearse por un mundo de bordes y roces, un oír-que-construye instituyendo, no aceptando adormiladamente, pues certeza, tradición y hasta estilo dejaron de ser incuestionables. Nos queda el tropezón, el pescar al vuelo, el devenir, el avatar. El gran místico/músico que fue Giacinto Scelsi decía: “si oyes el ahora, oyes la eternidad”. Una eternidad descolocada, con caminos inesperados, moteada toda ella de variaciones y repeticiones que nos pueden o no, adentrar en el corazón del misterio, un enigma, que siempre anida en los bordes, ahí donde la nota deja de serlo para devenir apoyo del infinito. Es por ello que a veces, la banda sonará con sus ejercitados dedos entre guantes de fino latex, para alterar cuidadosamente su sensibilidad táctil, o acudirá a la respiración canina o grupal cribando así cotidianidades y virtuosismos que conducen mil veces al lugar común. O se saldrá a la calle, (ahí dónde la vida arrasa las convenciones todas, ridiculiza las estancias y sus sillones) para mostrar su urgencia imposible por agarrase a una Euridice ausente.

Los espectadores, convertidos aquí en agentes/oidores, de seguro que en cada transición, desdibuje o corte, sabrán qué postura, actitud, y hasta recorrido hay que tomar sin que nadie se lo diga. En efecto, un Teatro como este, tan Principal, es como una ciudad: un complejo entramado de calles, plazas, paredes, escaleras, vacíos y salidas en bifurcación posible que pueden y deben ser recorridos en cualquier dirección, sentido, velocidad y transcurso temporal. Constituye todo él un complejo galimatías que posibilitan lo que mi amigo, el musicólogo Daniel Charles, llamaba “la escucha aeropuerto”. Para ello, para ejercitar esta escucha omnidireccional, tan sólo se les pide (o sugiere) una cosa: franquear el abismo que separa la actividad de la pasividad.

Hay pues en esta aclamación de la escucha extendida un postulado implícito: cada quien tiene la escucha que se merece, o que merece su intuición, su reparto del tiempo/espacio en esa móvil actividad, y/o su suerte. A la postre, tras la apoteosis, cada quién se llevará consigo ‘su’ ración, una ración tan solo en parte coincidente con la escucha de su vecino quien tuvo iniciativas e incidencias y disfrutes divergentes en cuanto a lugar y tiempo a las de un tercer o un cuarto agente equis. Es a ese desigual repartirse lo escuchado a lo que el filosofo francés Jacques Rancière, (en el ensayo “El espectador emancipado”) llama “reparto de lo sensible”, o “partage du sensible”. Un reparto que no viene aquí descendiendo desde un hipotético compositor y que un disciplinado intérprete transmite inspirando así a un oidor pasivo, sino que, por el contrario, aquí todo, todo, es ida y vuelta, pues todo enriquecimiento nace de un roce, una decisión, un toque, muy de cada quien, y todo en esta “Apoteosis” se quiere agente alternador y hasta trastorne de sentidos múltiples que generan de por sí todo tipo de aventuras y asignaciones nunca ni siquiera previstas o intuidas en guión o partitura alguna.

Suerte, oído y al toro, pues.

Llorenç Barber

Llorenç Barber

Llorenç Barber

Perdiendo el Tempo

Sara Galán & Edu Comelles
Perdiendo el Tempo
Galería Kessler Battaglia, Valencia
Inauguración: 8 de mayo, 20h.

“Perdiendo el Tempo” es una propuesta expositiva de Cello + Laptop, el proyecto musical que une a Galán y Comelles este surge a partir de diálogos musicales entre violonchelo y electrónica. En esta ocasión, Cello + Laptop cambia el formato concierto por el de exposición para ofrecer una serie de propuestas, instalaciones y piezas de escucha que exploran el silencio, la crítica al estamento académico y las relaciones entre audiencia, oyente e interprete.

La exposición consta de cuatro intervenciones que cuestionan los tradicionales estamentos académicos de la música y las artes, los protocolos de escucha en los auditorios o la posibilidad de utilizar el instrumento (en este caso el chelo) no como herramienta para producir sonidos sino como medio para su reproducción.
En “Perdiendo el Tempo”, podremos escuchar un piano resonando de forma incesante, una composición sonora que solo se escucha cuando hay silencio, la lenta desintegración de partituras clásicas en recipientes herméticos o dos piezas de escucha para museo.
Esta exposición servirá a su vez de punto de partida para una nueva propuesta performativa de este dúo, una pieza para chelo, motores DC, rozamiento y feedback. Dicha performance que tendrá lugar el día de la inauguración formará parte de la exposición a modo de documentación audiovisual.
“Perdiendo el Tempo” es una declaración de intenciones. Es la puesta en práctica de un proyecto expositivo de un conjunto musical. Un intento de distanciarse del formato concierto y trasladar las inquietudes de un proyecto creativo basado en el tiempo a un formato estático-expositivo. Al igual que en la exploración improvisacional puesta en práctica por el dúo, en la que el tempo queda relegado, en esta exposición el tempo, desaparece, se funde y es dependiente de aquel que escucha.