Enrique Amat: «el toreo es más arte que lidia»

Entrevista a Enrique Amat, escritor y crítico taurino del periódico ‘Levante’, con motivo de la presente edición de la Feria de Fallas 2016.

Durante el mediodía de San Taciano, a refugio, tras defensa y pared bermeja en callejón diurno, con el coso en paños menores y costuras del revés, Makma conversa tras los burladeros de la plaza de toros de Valencia con un referente de pluma estilística y domesticado acervo léxico taurino, horma de crónica y dechado de crítica por el Mediterráneo, Enrique Amat.

Amparándome en la técnica del círculo concéntrico -propedéutica filosófica de José Ortega y Gasset-, comienzo circunscribiéndonos cronológicamente. Tras la publicación de esta entrevista habrán transcurrido siete jornadas de Feria de Fallas, por tanto, ¿cuál sería tu diagnóstico de lo acontecido hasta el momento e, igualmente, qué esperas que suceda durante los días venideros, remate de la feria josefina?

La empresa califica la feria como “la feria del cambio”; efectivamente, José Garrido salió el otro día por la puerta grande -se presentaba en Valencia como matador de toros-. Ayer, Juan del Álamo -otro nuevo torero que igualmente se presentaba aquí como matador- también abrió la puerta grande. Por tanto, de momento la lectura es que los toreros jóvenes están apretando y pidiendo paso, siendo muy importante para el futuro de la fiesta. Ahora tenemos a otros dos toreros que están apretando mucho, como López Simón y Roca Rey, por lo que esta “feria del cambio” se va a consolidar, convirtiendo a Valencia en la plaza que marca el rumbo de lo que será la temporada en el resto de España. A partir de hoy comienza la gran feria, con toreros de champions, muy variada y con muchos matices.

En otros aspectos, la presente edición de la Feria de Fallas ha supuesto un punto de inflexión citadino, de refrendo popular. ¿Qué te ha parecido la manifestación acontecida en la jornada del domingo?

Eso fue muy importante, porque el año pasado se hizo algo parecido en Castellón, en el mes de febrero, y sólo fueron los aficionados y las peñas, echándose en falta a quienes viven del toro -el ganadero, el torero y el empresario- y no fue nadie. Este año sí que se han concienciado los profesionales, que en definitiva son los que se juegan el sustento. El domingo estuvieron aquí José Tomás, «El Juli», Morante, Ponce, ganaderos como Victorino Martí, Álvaro Domecq, Nuñez del Cuvillo, empresarios como los Chopera, Matilla, Cutiño (todos los empresarios relevantes), todas las fuerzas vivas del toreo se dieron cita aquí, aparte de los aficionados.

Se trataba de dar una llamada de atención, porque desde las pasadas elecciones municipales el tema antitaurino se ha puesto de moda. Ellos tienen una especie de aprensión por todo lo que significa la fiesta de los toros. Los taurinos siempre hemos sido bastante dejados y ellos se movilizan muy bien.

El escritor y crítico taurino Enrique Amat en un instante de la entrevista, con Jose Ramón Alarcón. Fotografía: Fernando Ruiz.

El escritor y crítico taurino Enrique Amat durante un instante de la entrevista en la plaza de toros de Valencia, con Jose Ramón Alarcón. Fotografía: Fernando Ruiz.

¿Cabe hablar de estigmatización política?

La fiesta de los toros no está de moda por motivos políticos, se identifica con un mal entendido españolismo, con la derecha, cuando uno habla y se encuentra con toreros importantes como Pepe Dominguín o Domingo Dominguín, hermano de Luis Miguel, quienes eran del Partido Comunista; «Manolete» era íntimo amigo de Indalecio Prieto, con quien siempre se reunía en el exilio en México. No es correcto identificar las corridas de toros y los festejos populares con la España de la derecha, sí con el país, porque esto es una manifestación de la cultura española, pero aquí no nos pedimos el carné de ningún partido; a la plaza vienen gentes de todos los espectros.

En tu artículo/crónica del lunes en ‘Levante’, a propósito de la manifestación dominical, mencionabas reflexiones vertidas por Sáenz de Madariaga, Jean-Jacques Rousseau y el ínclito alcalde de Madrid, Tierno Galván, para tu discurso de abogacía ¿Debe uno recurrir a referentes demasiado distantes en el tiempo para encontrar argumentos de peso intelectual?

Almodóvar ha ganado un Oscar con una película de temática taurina; Andrés Calamaro es un defensor de la fiesta, como Joaquín Sabina (a quien podríamos calificarlo de progre); «Loquillo». Como yo estudié Derecho, las citas de la doctrina siempre las utilizo en aquella línea. Tierno Galván menciona que la fiesta de los toros es lo que más ha educado al pueblo español. Tal y como está la política y la sociedad española, que alguien como él hablase acerca de que los toros educan social y políticamente al pueblo es importante. Rousseau intuyó en su momento que la fuerza que tenía el pueblo, la cultura y la mentalidad española, estaban muy mediatizados por la fiesta de los toros. Un elemento de cohesión social.

En su ensayo sobre la ‘Tauroética’, Fernado Savater menciona que “en el derecho tradicional se considera bárbaro el hecho de no distinguir entre lo humano y lo animal. Es bárbaro, tradicionalmente hablando, quien trata a otros de sus iguales como animales”. ¿Cuánto de filosófico habría en ese debate y cuánto de atávico o telúrico?

El animalismo y el humanismo mal entendido funcionan con tópicos y frases hechas. El otros día, el alcalde (Joan Ribó) dijo que aquí, en esta plaza, debían celebrarse las corridas a la portuguesa, es decir, que no se mate a los toros; pero él no sabe que si no se matan aquí, cuando entren en el corral les van a dar un puntillazo, no se los llevan al campo. Ver cómo se mata a un toro en el corral es un espectáculo muy triste. En la plaza muere defendiendo su vida, con dignidad, brillantemente. El toro es cuidado durante cuatro años al máximo para que luego pueda defenderse en el coso. A mí no me gusta entrar en el debate, porque esto es un sentimiento también. Sólo pedimos respeto. A quién no le guste no se le puede obligar, pero que entienda que para otros es un privilegio sentir la fiesta de los toros. En España hay seis mil festejos populares al año y ello está completamente integrado entre la gente y el pueblo y no lo puedes quitar porque sí.

Entrando en materia de periodismo taurino, si hay un referente popular, entre otros, éste sería Joaquín Vidal, periodista, escritor y crítico taurino seguido por infinitud de lectores ajenos a la fiesta.

Joaquín trascendía la fiesta de los toros; escribía muy bien (quizá no sabía tanto de toros), pero él lo volcaba más al estudio sociológico. Era un referente, un extraordinario escritor. Recuerdo una crónica del día de San José, en Valencia, que tituló ‘El coladero de la calle de Játiva’, en la que analizaba el comportamiento, la idiosincrasia y la mentalidad del valenciano. Ya no era hablar sólo de toros y qué juego ha dado cada uno, sino también hablar de la filosofía del valenciano, como también lo reflejaría de Bajadoz o de Madrid.

Otro gran referente para mí ha sido Javier Villán, de ‘El Mundo’, quien ha sido poeta y crítico teatral. Escribía muy bien de toros y acerca de lo que era el entorno del toreo, el análisis de la personalidad de los toreros, de los aficionados, de la fiesta en sí.

Estampa de los tendidos de la plaza de toros de Valencia. Fotografía: Fernando Ruiz.

Estampa de los tendidos de la plaza de toros de Valencia. Fotografía: Fernando Ruiz.

En base a tu experiencia, tras varios lustros como crítico taurino, ¿qué condiciones debe atesorar una crónica para que ésta sea plausible?

A mí me han gustado siempre los toros. Quise hacer periodismo, pero por circunstancias estudié Derecho. Tuve el privilegio de llegar a ser crítico taurino, llevando veintisiete años en el tema. A mí me gusta, primero, situar la corrida en un ambiente, o que la crónica tenga un pretexto. Como punto de partida, me gusta analizar el juego de los toros, uno por uno, porque, en definitiva, el toro es el rey de la fiesta. Lo primero que hay que hacer es valorar el toro que tienen delante los toreros. Muchos compañeros igual hablan en general, pero yo prefiero analizar toro por toro y eso es lo más importante. Luego analizar el comportamiento de los tres toreros y si a estos los puedo enmarcar en algún tipo de pretexto argumental y metataurino, mejor. Me gusta explicar e interesar a la gente, tampoco pretendo crear doctrina y que la gente vea los toros como los veo yo. El crítico tiene que informar y tratar de educar, aunque decía Guerra (Alfonso) que “de toros sólo saben las vacas… y algo”.

Yo llevo veintisiete años en esto y tengo mis dudas; me preocupa equivocarme al analizar un toro, si la crónica o la valoración la he hecho bien, aunque aquí no se equivoca nadie, ya que este es un espectáculo abierto, en el que valen todos los matices y opiniones, cuyos trofeos son por aclamación popular (si al presidente le aprietan se ve obligado a dar la oreja). Hay que respetar los gustos. A mí me gusta explicar lo que ha pasado en la plaza, que el lector se entretenga con la crónica y que ésta sea lo más didáctica posible (aunque yo no soy nadie para enseñar a otros); crear la crítica que me gustaría leer.

La crítica taurina es un género del periodismo y de la comunicación en el que predominan los aditamentos y los calificativos sobre los hilos narrativos. Se debe atesorar, por tanto, un excelso dominio del lenguaje. ¿Cómo diferenciar la propia pluma del influjo de otras?

Hay mucha gente que está pendiente de lo que escriben los demás o salen de la plaza, llaman y conversan para ver cómo lo han visto otros. A mí me gusta ver los toros, entre comillas, solo, no contaminarme con opiniones de nadie y escribir lo que yo pienso. Al día siguiente, a lo mejor echas un vistazo a lo que han hecho los demás. Como bien dices, el lenguaje es muy importante y la jerga taurina es riquísima; las expresiones son muy ricas, muy sugerentes. Tampoco hay que caer en la pedantería semántica. Hay que hacer la crónica para que la gente la entienda, pero sí me gusta introducir ciertas palabras.

¿Se escribe para un lector más avezado?

Sí, porque la crónica, en definitiva, te la lee un aficionado. En el caso de Vidal (Joaquín), no. Siendo incluso ‘El País’ un periódico antitaurino (Manolo Vicent, por ejemplo, ha combatido mucho los toros), a Vidal le leía mucho la gente, con independencia de los toros, porque era un buen escritor. El lector taurino busca para ver lo que ha pasado en la plaza, está más puesto, acostumbrado a la jerga. A mí me gusta utilizar múltiples términos, más que nada porque no te tienes que repetir. Si hablas de seis toros no puedes estar empleando la palabra «toro» continuamente; tienes que hablar de «astado», de «bureo», de «oponente», de «antagonista», porque luego, por la mañana, te levantas, coges el periódico y adviertes que en la crónica se repiten las palabras ochos veces.

No hay nada como desayunar con la palabra «genuflexo».

Puedes hablar de «genuflexos», de «hinojos», o un “toro claudicante”. Hay que buscar la riqueza en el lenguaje.

A propósito de ello, atesoras en marcha la culminación de un ensayo sobre, entre otras cuestiones, el lenguaje taurino.

Sí, será mi decimoquinto libro. Fundamentalmente, es un libro sobre los toros y la cultura, con algún pequeño ensayo sobre la Fiesta, como una creación de arte efímero de juego con la muerte, un arte que es volátil, puesto que una media verónica desaparece al realizarse. Habrá fotos, habrá cuadros, pero la obra del torero permanece en la retina de los aficionados, en la memoria. Una foto no es lo mismo. A partir de ahí, hablar de lo que representa el toro para la cultura, de qué gente se ha hecho eco o se ha inspirado en la fiesta de los toros -poetas, escultores, novelistas, dramaturgos, cineastas, músicos, etc.-; reflejar en todas las partes de la cultura la presencia de obras. Quiero recoger una treintena de cada disciplina y referirme, también, a la presencia del lenguaje taurino en la vida cotidiana española, en la jerga.

El escritor y crítico taurino Enrique Amat durante un instante de la entrevista. Fotografía: Fernando Ruiz.

El escritor y crítico taurino Enrique Amat durante un instante de la entrevista. Fotografía: Fernando Ruiz.

¿Es notable su presencia en el acervo popular?

Numerosas expresiones taurinas se utilizan, no sólo en la Fiesta, sino que se han extrapolado al devenir de la vida diaria: “te van a dar un bajonazo”, “te van a dar el tercer aviso”. Cuando alguien está muy enfermo puede decirse “lleva media en las agujas” (un toro que está “media en las agujas” significa que está a punto de doblar), o expresiones como “has estado peor que Cagancho en Almagro” -que era un torero muy importante que tuvo una muy mala tarde-, “hacer novillos” -que proviene de cuando los toreros antiguos se escapaban y se iban de capeas-. Hay mil modismos y palabras. Para referirse al miedo puedes recurrir a “canguelo”, “canguis”, “jindama”, “neurastenia”, etc. Son riquísimas y variadas las expresiones que decimos todos los días y están sacadas de la fiesta de los toros.

En algunos casos, expresiones en ineludible riesgo de extinción. ¿Consideras que existen rescoldos y augurios respecto de las generaciones venideras, especialmente atendiendo a la falta de formación en múltiples ambitos?

Eso difícilmente morirá, porque son expresiones enraizadas. Lo que pasa es que hoy se escribe mal y se lee peor, sobre todo a causa de los aparatos tecnológicos. Para la gente joven su vida es el smartphone y ello genera un empobrecimiento del lenguaje, que tendrá consecuencias, lógicamente, en todos los ámbitos. Pero creo que persistirá. Esto ha estado en crisis toda la vida y llevamos seis siglos con la fiesta de los toros. Imagino que se perpetuará.

A propósito de etapas críticas, recientemente se ha publicado un estudio de la tauromaquia en clave económica con resultados halagüeños.

Un estudio de Juan José Medina (profesor de Teoría Económica de la Universidad de Extremadura)  muy revelador, silenciado por la prensa oficialista, según el cual se crean 200.000 puestos de trabajo directos e indirectos, apuntando la cifra que representa en el PIB nacional y la repercusión económica de la fiesta de los toros. Un estudio en profundidad de cuanto genera. La gente dice y habla sobre lo que cuesta el toro, pero la Diputación gana dinero porque el empresario paga; la escuela taurina o el museo no cuestan dinero, eso se saca de lo que el empresario da por el alquiler de la plaza a la Diputación; si es que, encima, no es deficitario. La empresa paga un canon muy alto por tener la plaza. A la Diputación nadie le dice lo que hace con ese dinero. Igual reinvierte en los toros un 20 o un 25% de los 300.000 € que obtiene de la plaza, el resto ahí queda. La fiesta no sólo no es deficitaria, sino que genera ingresos a nivel institucional, aparte de restaurantes, hoteles, furgonetas y todos los profesionales que se mueven alrededor del toreo, como banderilleros, apoderados, picadores, mozos de espadas, etc.

Además de la industria textil.

Fíjate que todos los días salen al ruedo quince o dieciocho profesionales vestidos de luces. Tres toreros, nueve banderilleros y seis picadores; multiplícalo por corridas. Un matador bueno igual se hace siete u ocho vestidos al año; los capotes, las muletas, los estoques, todo eso hay que hacerlo y es una industria que mueve a muchísima gente y genera numerosos puestos de trabajo.

¿Qué panorama de futuro vislumbras a medio y largo plazo?

Estamos en un momento complicado. El otro día estaba leyendo un libro sobre las vísperas de la Guerra Civil, en el año 34, momento en el que se decía que esto de los toros se acababa, que era una época muy convulsa. Pero bueno, pasó, y ahora estamos viviendo algo parecido a eso. Los toros no están de moda y las instituciones están con un afán de quitar la fiesta de los toros. Yo confío en que pasará. El otro día, el domingo, fue muy importante que la gente saliese a dar la cara. Espero que dentro de quince o veinte años, con muchas más canas, estemos aquí y sigamos hablando de la Feria de Fallas y que torea el hijo de «El Soro» o el nieto de «Paquirri», y que esto subsistirá. En ‘El caballero de Olmedo’ ya se hablaba del lance al toro y fíjate si han pasado siglos. Que cambiará esto, posiblemente sí. Sin los encierros de San Fermín o de Cuéllar esto no sería lo mismo, por ejemplo.

El escritor y crítico taurino Enrique Amat y Jose Ramón Alarcón, durante un instante de la entrevista. Fotografía: Fernando Ruiz.

El escritor y crítico taurino Enrique Amat y Jose Ramón Alarcón, durante un instante de la entrevista. Fotografía: Fernando Ruiz.

¿Estimas, por tanto, que la tauromaquia sigue siendo parte inherente y consustancial del arte y la cultura española contemporánea?

Estamos hablando de autores. En el ‘Gargoris y Habidis’ de Sánchez Dragó, que es una historia de España, él defiende muchísimo el tema atávico de los toros. Él es muy aficionado, va a Soria a presenciar el toro de Medinaceli. Ortega y Gasset decía que para entender la historia y la idiosincrasia de España había que asomarse a una plaza de toros. Mencionaba Valle Inclán que si el teatro tuviese la emoción que tienen las corridas de toros sería un espectáculo fantástico. De hecho, Rafael “El Gallo”, que ha sido para mí el torero más importante, le brindó un toro a la célebre actriz María Guerrero y le dijo algo así como: “tengo el honor de brindarle este toro y la admiro mucho por su arte, me gusta mucho el teatro, pero tenga en cuenta una cosa, que en el toro se muere de verdad y no de mentirijillas, como ustedes”. Aquí se es capaz de crear arte y encima jugándose la vida. Alguno no lo entendrá, pero creo que es lo más grandioso que hay.

¿Consideras compartir algún consejo para iniciarse en estas apreciaciones?

Que uno se ponga en el toro. Siempre recomiendo a los aficionados que de los seis toros, en uno sigan al toro desde que sale al ruedo hasta que lo arrastran, porque entenderán mucho mejor este espectáculo. Numerosas veces perdemos de vista al toro, que es lo más importante. Es verdad que lo pican, que lo banderillean, pero no se le pica por crueldad, todo tiene una justificación; y hay que matarlo, porque un toro placeado no se puede volver a torear, ya que aprende y es inteligente. En definitiva, son corridas de toros, no de toreros.

Aunque hay quienes acuden únicamente a ver a los toreros.

El domingo, por ejemplo, vendrán a ver a Cayetano y a «El Fandi», pero si quitamos al toro nos vamos al ‘Principal’. Como decía la frase de Madariaga, participa el toreo del ballet, de la música, como un arte multidisciplinar. El que se juega la vida es lógico que busque un animal lo más pastoño posible para generar su arte, pero si quitamos al toro…, es algo en lo que algunos taurinos también se equivocan a veces.

Nada como culminar con alguna anécdota emparentada con esta plaza.

Juan Belmonte, en 1912, toreó aquí una novillada sin picadores. Él no era físicamente fuerte, tenía unas piernas de trapo; él cambió, entonces, la forma de torear. Antes se toreaba sobre las piernas, con poder. Él, como no se podía mover, acortó las distancias. Hizo un toreo más de quedarse quieto, de valor. Antes decían que todos los terrenos eran del toro y él dijo “no, todos los terrenos son del torero”. Ahí tuvo que ver la intuición valenciana, puesto que a él se lo trajeron desahuciado de Sevilla. Vivió varios meses en una pensión, le dieron una oportunidad, llevando un vestido horrible, medio cojeando (era patizambo y feo). La gente se reía de él en el paseíllo. Al cabo de dos horas, algo habían intuido los valencianos, que aquello era algo nuevo. Convirtió la lidia en arte; fue la revolución belmontina de la ‘edad de oro’ de la tauromaquia. Ahora el toreo es más arte que lidia.

Jose Ramón Alarcón

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Estar nominado a los Goya es ya un premio”

Desayunos Makma en Lotelito
Con Sergi Pitarch Garrido, nominado a los Goya por ‘El último abrazo’ como Mejor Cortometraje Documental
Entrevistado por el equipo de dirección de Makma: Vicente Chambó, José Luis Pérez Pont y Salva Torres
29 edición de los Premios Goya
Centro de Congresos Príncipe Felipe
Avda. Aragón, 400. Madrid
Sábado 7 de febrero, 2015

“Acabamos el cortometraje la noche antes de que se cerrara el plazo para presentarlo a los Goya”. In extremis. Y es que Sergi Pitarch tiene esa filosofía que le proviene del mundo de la televisión: “Prefiero una cosa regular a tiempo que una excelente fuera de tiempo o en la máquina, sin salir de edición”. ¿Una cosa regular? ‘El último abrazo’ no sólo fue presentado por los pelos, sino que ha sido nominado en el apartado de Mejor Cortometraje Documental. Y razones hay, de sobra, para ello.

Sergi Pitarch, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Sergi Pitarch, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

La forma en que se gestó ya tiene su historia. La adjudicación azarosa de un bolso “feo a rabiar” en una subasta por 1€. Unos papeles en su interior sin aparente valor. Y, entre ellos, dos cartas fechadas el 2 de junio de 1946 en las que alguien anunciaba que se iba a suicidar. Cartas que terminaban con esa frase que da título al corto: ‘El último abrazo’. Sergi Pitarch las pudo tirar. Pero no lo hizo. En lugar de eso, aprovechó que estaba sin trabajo tras el dantesco cierre de Canal 9, para lanzarse a una aventura de corte detectivesco propia del mejor cine negro.

Sergi Pitarch mostrando la tarjeta de su documental 'El último abrazo', en los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Sergi Pitarch mostrando la tarjeta de su documental ‘El último abrazo’, en los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

«He sido muy cuco siguiendo el esquema de película de ficción»

¿Quién era ese tal Mariano desesperado de la vida? Sergi Pitarch lo va desvelando en su cortometraje con gran sentido del pulso narrativo. “Quise hacer de la debilidad mía una fuerza. No tenía dinero, ni experiencia para hacer un super documental, así es que puestos a ser amateur, pensé, vamos a ser amateur del todo”. De manera que la investigación entre periodística y policial fue un asunto primerizo, del que Sergi Pitarch ha salido crecido. “No creo que ganemos, pero el premio ya es estar nominado a los Goya”.

Sergi Pitarch, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito, junto a Vicente Chambó. Fotografía: Fernando Ruiz.

Sergi Pitarch, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito, junto a Vicente Chambó. Fotografía: Fernando Ruiz.

El documental se sigue como si estuviéramos delante de una película de ficción. “He sido muy cuco. He aplicado el esquema de una película de ficción, para que pudiera verse como un cuento”. Un cuento de verdad, como son los verdaderos cuentos. Y la verdad que encierra ‘El último abrazo’ no sólo está depositada en esas cartas suicidas, sino en la trayectoria del protagonista, finalmente descubierto como Mariano Rawicz, “tipógrafo polaco, judío y rojo”. Como subraya Sergi: “Un pájaro entrañable”.

Sergi Pitarch, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Sergi Pitarch, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

«La nominación es la mejor carta de presentación»

Ese ‘pájaro’ nacido en la Lvov, entonces perteneciente al berlanguiano Imperio Autrohúngaro, voló a España desde Leipzig en 1929 y fue, junto a su compatriota Mauricio Amster, uno de los renovadores del diseño gráfico editorial durante la República y la Guerra Civil. “Le pillaron en Barcelona, tras perder el último tren, justo cuando estaba a punto de salir de España”. Condenado a cadena perpetua, se pasó siete años en la cárcel de San Miguel de los Reyes de Valencia. Excarcelado en 1946, sin familia ni novia ni amigos, redacta esas dos cartas suicidas de cuyo hilo ha tirado Sergi Pitarch para realizar su nominado documental. “El premio ya es éste, porque va a ser la mejor carta de presentación”.

Sergi Pitarch, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Sergi Pitarch, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

«Estoy preparando el ensayo novelado del guión de la película»

“Lo grabamos a la vez que investigábamos, en riguroso orden cronológico”. Sin tiempo para pulir detalles, fruto del intenso ritmo de trabajo que el montaje subraya para que tenga ese aire fresco, irregular, pero pleno de suspense narrativo, ‘El último abrazo’ es la historia en vivo y en directo de todo un personaje. “Ahora estoy preparando un ensayo novelado con todo aquello que no pude incorporar al documental”. Que no es poco.

“Tengo su acta de detención de la policía, las cartas que escribía desde la cárcel”. “Fue espía soviético, tenía pasaportes con varios nombres”. “Le echaron del partido comunista por no ser de Stalin”. “Su mujer, también polaca, se suicida cuando le meten en la cárcel”. “Y, para colmo, cuando llega a Chile le toca más tarde vivir el golpe de Pinochet. Como él mismo decía, el fascismo me ha perseguido”. En definitiva, “os sugiero que leáis sus memorias [Confesionario de papel. Memorias de un inconformista] porque son maravillosas”.

De izquierda a derecha, Salva Torres, José Luis Pérez Pont, Sergi Pitarch y Vicente Chambó, durante los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

De izquierda a derecha, Salva Torres, José Luis Pérez Pont, Sergi Pitarch y Vicente Chambó, durante los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

«Canal 9 ha muerto para siempre»

Sergi Pitarch confía en que, gracias a la nominación a los Goya, el documental “sea más conocido y, ojalá, pueda venderlo a alguna televisión”. Imposible ya a Canal 9, que a su juicio “ha muerto para siempre”. Y matiza: “Canal 9, tal y como existía, ya no volverá”. Piensa que el cierre se debió a “todos los desfalcos y desmanes que, costara lo que costara, había que tapar”. “Unos técnicos judiciales fueron a requisar ciertos ordenadores y, cuando llegaron, allí no había nada. ¡Qué causalidad, no! Se cierra y se destruye todo”.

Tras ese triste episodio, que Sergi resume con la frase “da miedo pensar que no hay nadie al volante” (o lo conduce un prestidigitador de ‘nada por aquí nada por allá’), ‘El último abrazo’ es la constatación de que hay vida, y mucha, más allá de la nefasta gestión política. “Bueno, hace cuatro o cinco años hicimos el corto ‘Un año y un día’, basado en una historia de mis abuelos durante la Guerra Civil, pedimos ayudas públicas que nos concedieron y todavía no hemos visto el dinero. La productora de mi hermano tuvo que cerrar, se fue a Ecuador y está en juicios para ver si recupera ese dinero”.

Y, pese a todo, ahí está Sergi Pitarch, junto a otros cineastas, actores y productores, representando en la Gala de los Goya al audiovisual valenciano. “¿Conocéis a alguien de la Academia?”, pregunta con ironía tratando de buscar las influencias del jurado. Ni falta que le hace. ‘El último abrazo’ ya se lo lleva él, con premio o sin él, a la vista de tan apasionado viaje siguiéndole los pasos a Mariano Rawicz.

Sergi Pitarch, al término de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Sergi Pitarch, al término de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Salva Torres