Las estructuras anímicas de Rafa de Corral

Persistencia del vacío, de Rafa de Corral
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta noviembre de 2015

¿A qué vacío se refiere Rafa de Corral cuando lo alude en una de las cuatro piezas inéditas que muestra en la galería Alba Cabrera? Para responder a esta pregunta, sin duda clave en su obra, se hace necesario desprenderse de la seguridad con la que habitualmente nos manejamos. Porque al hacerlo, descubrimos precisamente el lugar hacia el que los artistas (y Rafa de Corral lo es en alto grado) nos convocan. Lugar que no es otro que ese vacío aludido, en torno al cual los creadores van generando formas que hagan soportable la angustia de quien se arriesga a vivir próximo al caos.

Estructura ambigua, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Estructura ambigua, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Por eso Rafa de Corral combina en su obra estructuras pesadas que parecen unas veces flotar y otras alejarse de su condición sólida para evocar tumultuosos estados de ánimo. La firmeza y la fragilidad van dialogando en su obra, mostrando la tensión de la vida bajo múltiples formas. Todo empieza así: “Tengo sensaciones, veo formas y colores y los dibujo”, dice el artista. Diríase que del fondo oscuro, ése que algunas noches de infancia llegó a provocar la angustia de la que se nutre el vacío, van surgiendo esas formas y colores que, a base de inspiración y mucha transpiración, permiten alcanzar la plétora del sentido.

Rafa de Corral confiesa que a veces se pasa más de ocho horas seguidas intentando domesticar esas estructuras que parecen figuras. Porque la suya es una abstracción con los pies en el suelo, aunque sienta cómo cada vez más huye del referente. “Me impone mucho respeto la abstracción geométrica”, comenta. Esa sensación de perder pie, de alejarse por completo de la realidad, hasta caer en ese vacío que, no obstante, se muestra persistente en su obra. No sólo porque lo evoca una de sus últimas piezas (Persistencia del vacío), sino porque es su forma de trabajar.

Puerta del olvido, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Puerta del olvido, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

El vacío en la obra de Rafa de Corral se intuye en esas “estructuras con vida dentro”, según expresión del propio artista, que sin duda sirven de guía de su trabajo. Estructuras y formas que sin retorcerse, porque la línea nunca pierde su compostura, destilan una energía desbordante. Como si esas formas arquitectónicas, pesadas y firmes, perdieran precisamente su firmeza en medio de la nada. Como si la orgánica naturaleza del fondo mantuviera un pulso con esas formas próximas a derrumbarse, a pesar de su energía, de su mayestática presencia.

The Infinitive Live Ii, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

The Infinitive Live Ii, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

“Yo lo veo como estados de ánimo, siempre bajo el signo de la dualidad, entre una parte orgánica y otra parte estructural; en lucha ambas partes”. Rafa de Corral dice trabajar con muchos bocetos previos, como si él mismo luchara por contener el vacío. Esto es, por dotarlo de contenido que amortigüe la angustia del fondo magmático, y por literalmente contenerlo a base de formas que casen con esa luz propiciada por el trabajo con los colores. “Trabajo por capas: del oscuro al claro”, dice. Y añade: “Trabajo con acrílico, pero la plasticidad me lo da el óleo”.

A base de una “luz escenográfica que genera inquietud”, Rafa de Corral va creando esas estructuras anímicas que recorren su obra en dirección a una cada vez más depurada realidad. Como si ese vacío persistente (“los títulos en mi obra son pistas, partes del cuadro”) le obligara a afinar su  propuesta con vistas a ceñirlo mejor. A reconocerse digno de la verdad que ese vacío encierra. Porque el vacío al que Rafa de Corral insiste en acercarse es, más que sinónimo de angustia, la posibilidad última de afrontarla sin miedo a perderse.

La persistencia del vacío, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

La persistencia del vacío, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Salva Torres

El espíritu Bulldog en el Monasterio del Carmen

Fiesta Misbehave Properly, de Bulldog Gin
Centro del Carmen
C / Museo. 2. Valencia
Jueves 17 de septiembre de 2015
Desde las 20.00 a las 00.00h

Misbehave es atreverse a ser uno mismo incluso cuando haya que romper las normas y Properly es saber hacerlo con clase, esta es la visión que Bulldog Gin, la ginebra premium consolidada desde 2007, trae tatuada en su espíritu.

La dj Isa B en un momento de la fiesta Bulldog en el Claustro del Carmen. Imagen cortesía de la organización.

La dj Isa B en un momento de la fiesta Bulldog en el Claustro del Carmen. Imagen cortesía de la organización.

La marca llevó la fiesta más Misbehave a uno de los encuadres más Properly de la capital Valenciana. El lugar elegido, el Real Monasterio de Nuestra Señora del Carmen (cuyos orígenes se remontan a 1.281 cuando los Carmelitas Calzados se establecieron en Valencia a la muerte del Rey Jaime) vivió la fiesta más Misbehave Properly: la deejay Isa B puso la mejor banda sonora desde la cabina-piano de cola, los invitados bebieron los mejores Bulldog & Tonic con el aliciente de ganar tu altura en ginebra si eras capaz de identificar a Mr y Miss Bulldog para lo que tuvieron que reconocer su parte Misbehave y su parte Properly.

Además de demostrar la personalidad de los cócteles hechos con Bulldog, la Misbehave Properly sorprendió a los 200 asistentes de la fiesta en Valencia, como ya había hecho con los invitados al Palacio Duarte en Madrid, el Observatorio Fabra en Barcelona o el Jardín Botánico de Málaga. Haciendo de la noche de celebración una noche inolvidable.

Momento de la fiesta de Bulldog Gin en el Claustro del Carmen. Imagen cortesía de la organización.

Momento de la fiesta de Bulldog Gin en el Claustro del Carmen. Imagen cortesía de la organización.

 

¿Una camisa de fuerza para Arístides Rosell?

Esquizografías, de Arístides Rosell
Sporting Club Russafa
C / Sevilla, 5-B. Valencia
Inauguración: viernes 19 de junio, a las 20.00h
Hasta el 10 de julio, 2015

Tras casi doce años de silencio y ostracismo voluntario, Arístides Rosell vuelve a la escena pictórica valenciana. Entre el 19 de junio (Inauguración) y el 10 de julio, el Sporting Club de Russafa acoge la muestra Esquizografías, una treintena de dibujos a plumilla, la mayoría en blanco y negro, más otros ocho con relieves escultóricos, que rinden tributo de fidelidad al término de la psiquiatría francesa elegido como título de la exposición.

Si la palabra describe «el lenguaje incoherente que sintomatiza trastornos del pensamiento en ciertos estados de psicosis», la muestra gráfica es la versión plástica, anárquica y grotesca, de una subjetividad creativa entregada al delirio y a las sorprendentes patologías de un inconsciente abandonado a su propia suerte. El resultado de este envite está ahí, a la vista de todos. Y la pregunta que inevitablemente suscita es: ¿debemos ir preparando una camisa de fuerza para Arístides Rosell? ¿O haremos lo de siempre: mirar para otro lado y llegado el momento decir como unos bobos que «creíamos era una buena persona» el mismo día que la página de sucesos del Levante desvela la aparición de un nuevo Haníbal Lecter en Valencia?

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición 'Esquizografías' en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición ‘Esquizografías’ en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Quizá lo mejor para prevenir y evitar ese espantoso ridículo sea sentar un rato a Arístides Rosell en el diván psicoanalítico (un diván extraño, eso sí, como una hamaca tendida entre dos palmeras) e intentar indagar en el origen de  los trastornos que lo han llevado a estas grafías delirantes, esquizoides. Lo hemos hecho. Y el resultado es este.

Arístides Rosell Cabrera vino al mundo el 7 de enero de 1965 en Ciudad de la Habana, Cuba. Olvidamos la infancia (freudianos heréticos) para llegar cuanto antes al decisivo momento en que ciertos impulsos estéticos le llevan a integrarse en la facultad de diseño. Es el buen momento del cartel cubano. Es el momento (mediados de los ochenta) en que jóvenes con inquietudes plásticas y un gen libertario todavía vivo aprovechan las aristas de la realidad para exponer leves disonancias.

Unos lo hacen cuestionando los símbolos patrios. Otros, como él, utilizando el sexo. Sexo explícito, penes y vaginas, de grandes dimensiones. Aunque es real que el sexo en Cuba está tan presente como el aire que se respira, su exhibición plástica era tabú. Estaba tan ausente de la plástica como la educación sexual de las escuelas. Exhibir la sexualidad era provocar: desafiar los clichés, importunar al machismo, recordar la falta de pedagogía social (y sus perversas consecuencias: enfermedades venéreas, embarazos prematuros, abortos traumáticos, luego el sida…).

Una exposición del 87 en la biblioteca del Instituto Superior de Diseño, titulada Sex-appeal, fue clausurada al día siguiente de su apertura. Otras, en cambio, pasaron el filtro de la censura, algunas de ellas junto a su profesora y amiga Eidania Pérez (arbitrariedad suprema del poder).

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición 'Esquizografías' en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición ‘Esquizografías’ en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Pero esta veta creativa no era el único filón que explotaba ya entonces el joven Rosell. Según su propia confesión, siempre ha sido un artista «bipolar» (eufemismo de uso reciente para evitar la palabra «esquizofrenia», mucho más incómoda). Mientras en el campo más específico del diseño gráfico (la cartelística, por ejemplo) era deudor de la estética del compromiso (y lo sigue siendo: cree en la función pedagógica, moral, política o social del cartel, en que debe ser un mensaje destinado a la denuncia y a provocar el debate), en cambio en el ámbito pictórico se borran esas prescripciones y se convoca a todos los demonios internos. Mientras en el diseño gráfico se muestra incondicional de la racionalidad y el utilitarismo, y cree en la función social del arte, cuando se desplaza a la creación íntima parece dispuesto a mudarse al país de la Irracionalidad.

Pero esa irracionalidad no debe confundirse con el caos absoluto, no es una «pintura automática» al modo de la «escritura automática» de los surrealistas (y que en su versión más radical nunca produjo nada mínimamente satisfactorio). Al permitir el ingreso de lo inconsciente, se abren cajones de la mente que la racionalidad (el orden) tenía cerrados. Ingredientes censurados y ocultos de nosotros mismos, vuelven a entrar en acción.

Los deseos reprimidos se expresan mediante símbolos más explícitos, pero que aún encubren su impronta desestabilizadora. Incluso en ese caos hay un cierto orden. O, si acaso, unas débiles reglas que canalizan el desbordamiento. Rosell mantiene (a veces a duras penas) la figura, aunque sometida a grotescas formas de distorsión o a estructuras morfológicas delirantes. Como en el mundo del sueño, hay objetos, hay cosas, hay cuerpos, hay interacciones entre objetos y sujetos, entre unos cuerpos y otros, entre órganos, a veces entre vísceras (y aquí se despierta el inicial temor de este artículo).

Dibujo de Arístides Rosell en 'Esquizografías'. Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en ‘Esquizografías’. Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

La naturaleza de todo está a veces alterada: hay manos de madera, o que se hunden en la tierra, o que se transforman en garras, o que han sido crucificadas… Todo está deformado, atravesado, hendido, desgarrado, metamorfoseado, devenido en otra cosa, sin utilidad. Todo está conectado, enganchado, colgado, sostenido (por esas horcas tan dalinianas). Hay enganches, remaches, clavos, ganchos… como si Rosell temiera que todo se desgajara, se dispersara, se desmigara y se perdiera en el espacio infinito. Esas «ataduras» de las cosas a veces son dolorosas, como esos ganchos que atraviesan las manos y que producen una aguda e inevitable sensación de dolor.

Y en medio de estos paisajes oníricos dibujados a plena luz del día (a lo largo de seis años, y mientras levantaba y mantenía viva la galería Imprevisual y se convertía en uno de los gestores culturales más valiosos de Valencia), un Rosell que ya ha cumplido los 50, vuelve una y otra vez a dibujar aquellos penes y vaginas de sus veinte años, en ávida remembranza de aquello gestos libertarios con los que se constituyó como artista.

Si en aquellos penes y vaginas había entonces un anhelo de escape y de fuga, también ahora los hay. Solo que ahora muchas cosas han perdido su vigor, aparecen fosilizadas, talladas en madera o mineral, resquebrajadas o rotas, necesitadas de sostén. El tiempo, tirano cruel, ha devorado la frescura y la firmeza de las cosas. La mano del pintor aparece ahora clavada a una cruz, desvitalizada, casi muerta, aunque aún busca prolongarse hasta el infinito para alcanzar el olvidado placer.

No, no creo que debamos preparar una camisa de fuerza para Arístides Rosell.  Al menos, no más que le necesitamos cada uno de nosotros. Lo que sí debemos es agudizar la mirada (hacia fuera: hacia sus dibujos) y hacia dentro (al bullente mundo escondido de cada uno) para sacar todo el partido posible de una exposición que no nos dejará indiferentes. Sí. Es así. Arístides Rosell ha vuelto.

Dibujo de Arístides Rosell en 'Esquizografías' en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en ‘Esquizografías’ en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Manuel Turégano

Julia Llerena, al vacío

Pensamiento interestelar, de Julia Llerena
AJG Contemporary Art Gallery
Espacio Miracómolate
C / Murillo, 10. Sevilla
Inauguración: miércoles 10 de junio, a las 20.30h
Hasta el 25 de junio de 2015

A raíz de una necesidad personal de búsqueda y reflexión sobre la identidad, Julia Llerena (Sevilla, 1985) plantea diseccionar los conceptos espacio tiempo para plantear los enigmas que invaden al ser humano dentro de su entorno. A través de sus piezas, nos interroga sobre los límites del espacio y nuestras capacidades perceptivas, considerando el vacío una necesidad para el desarrollo de la existencia.

El trabajo de Julia combina la virtuosidad en la ejecución de sus obras con una gran profundidad de discurso, que elabora a raíz de estudios realizados sobre pequeños elementos que van apareciendo en su vida cotidiana o que sencillamente forman parte del ideario común sobre los que construye un mundo propio. Para este proyecto, Julia Llerena ha hallado en la inmensidad del universo el medio idóneo para desarrollar las ideas que definen su trabajo: ingravidez, sutileza, silencio, soledad y el orden que se establece dentro de un aparente caos original.

Dear Spaceman, obra de Julia Llerena en la exposición 'Pensamiento interestelar'. Imagen cortesía de AJG Gallery.

Dear Spaceman, obra de Julia Llerena en la exposición ‘Pensamiento interestelar’. Imagen cortesía de AJG Gallery.

El silencio y la soledad componen una parte de la vida. Sobre el hombre recaen historias y leyendas que dan lugar a hipótesis acerca de la realidad de todas ellas, como podemos ver en Dear Spaceman, donde Llerena despersonifica a un astronauta Neil Armstrong quemando su rostro negándole así la posibilidad de hallarse: su identidad se ha perdido en el espacio y en el tiempo, entre las dudas de su propia realidad.

Neil Armstrong pudo haber plasmado su huella en la Luna, o pudo no haberlo hecho, convirtiendo esta historia en una verdad relativa, en historia para la historia y no para la ciencia. Dear Spaceman se pierde en la oscuridad y en la incertidumbre, en la inmensidad del espacio donde la soledad se incrementa y el rumbo se vuelve impreciso y variable, recordándonos que todos llevamos algo de ese astronauta que deambula en la indeterminación de su propio destino.

Pensamiento interestelar es una pieza donde se hallan diversos elementos colocados sobre una mesa dispuestos de manera similar a los del universo. Durante un año, Julia realizó recorridos a pie a lo largo de 50 a 60 minutos, apropiándose de pequeños elementos que iban apareciendo en su camino, a priori insignificantes a la vista de cualquiera.

Detalle de 'Pensamiento interestelar', de Julia Llerena. Imagen cortesía de AJG Gallery.

Detalle de ‘Pensamiento interestelar’, de Julia Llerena. Imagen cortesía de AJG Gallery.

Estos fragmentos son colocados sobre una mesa con un aparente orden aleatorio, iluminados por un foco, sencillo, sutil y cuya apariencia final bien se semeja a un sistema solar, a una galaxia. En esta pieza condensa energía, espacio y materia, orquestadas de modo similar al universo gracias a un meticuloso trabajo de medición que sintetiza la naturaleza de lo eterno e ilimitado.

En el vídeo Tiny Explosions, Julia Llerena interviene con fuego las láminas del atlas, provocando una serie de explosiones en cadena. Con esta acción, la artista fragmenta el infinito y lo multiplica, encapsulando en esta obra la esencia del abismo. El formato tiene mucho que decir en este discurso: por un lado, las imágenes de galaxias y nebulosas pertenecían ya al pasado en el momento de la toma fotográfica, debido a la naturaleza de la luz y el tiempo que transcurre desde que es emitido del cuerpo hasta el sensor donde se crea la imagen. Este rasgo interesa especialmente a Llerena, por la similitud que guarda con su preocupación por la dificultad que supone para el ser humano vivir el presente.

Por otro lado, las ilustraciones son una reproducción del escenario interplanetario, su intervención y posterior grabación suponen otra duplicación mientras que la repetición en vídeo es una clara redundancia en la idea de lo infinito. El fuego se reproduce y los agujeros resultantes adquieren un símil con formas celestiales, cuerpos del universo que existen y permanecen como enigmas.

Cloud Galaxy es un claro ejemplo de la caducidad del conocimiento, testigo de ciencias obsoletas que en el pasado fueron referente de avance científico. El hecho artístico se impone sobre esta ciencia dotándola de alma, convirtiéndolas en emblemas del triunfo de la subjetividad sobre el carácter caduco de la ciencia. Sobre el atlas, la intervención de Llerena traspasa la realidad de la imagen y crea una nueva lectura; a través de la hendidura comprobamos cómo nuestra mirada se desconcierta al hallar un extraño elemento que nos impide adivinar la profundidad real de la cavidad, produciendo un interesante juego visual donde la artista nos invita a cuestionarnos la veracidad del conocimiento empírico del mismo modo que el viejo atlas es una demostración del conocimiento empírico, ya obsoleto.

Traducir a la escala humana el carácter descomunal del universo es, cuanto menos, un reto. No se trata sólo del universo sino de un universo subjetivado, interpretado y humanizado, porque el arte tiene entre otras la función de aportar respuestas cuando la ciencia es incapaz de satisfacer las necesidades del conocimiento. Y es que sólo el pensamiento es capaz de sobrepasar los límites de lo conocido. En este caso, un pensamiento interestelar.

María Arregui Montero*

* Texto por cortesía de AJG Gallery

El ‘siete’ de Aranda en Imprevisual

Septies Septem, de Miguel Ángel Aranda
Imprevisual Galería
C / Doctor Sumsi, 35. Valencia
Inauguración: viernes 8 de mayo, a las 20.30h
Hasta el 22 de junio, 2015

«No me intereso solamente sobre el arte, sino que me intereso sobre la sociedad en la cual el arte no es más que un aspecto» (Robert Filliou)

Con la colección ‘Septies Septem’ Miguel Ángel Aranda (Córdoba, 1975) nos presenta siete series con un nexo, podríamos decir, mágico: siete pecados capitales, siete demonios, siete virtudes, siete notas musicales, siete mares, siete artes y siete colores.

'Gramática', de Miguel Ángel Aranda en 'Septies Septem'. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

‘Gramática’, de Miguel Ángel Aranda en ‘Septies Septem’. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Toda la colección gira en torno a ese número sagrado que ya definió Pitágoras como el número perfecto. No es al azar la mágica presencia del siete en aquellos hechos que han explicado la historia de la humanidad. Este número tiene una apariencia más que curiosa en la vida de Aranda. Desde el número del autobús que nos deja en la puerta de su estudio, hasta los 77 peldaños que conducen hasta la entrada de éste que también muestra un pequeño número siete que nos recuerda que en ‘Septies Septem’ nada es al azar; tampoco el formato de las series es casualidad, 30X40 cm nos induce rápidamente a que tres más cuatro también suman siete.

En ‘Septies Septem’ Aranda nos muestra su visión estética e ideológica. Al igual que Robert Filliou no se interesa sólo por el arte, sino que lo hace también por la sociedad en la cual el arte no es más que un aspecto. Nos podríamos plantear, de la misma forma que Filliou, la posibilidad de cualquier hombre de ser artista poniendo en cuestión el narcisismo de éste y su pretensión de que se le distinga y se le reconozca como tal –algo que se puede observar en el cuento de Kafka ‘Un artista del hambre’. Estas siete series nos plasman la necesidad de Aranda de dejar clara esa intención. La concepción, en principio, caótica de las obras nos llevaría a reflexionar acerca del posicionamiento del artista en el entorno social en el que se encuentra inmerso. No es un simple “hacedor” y cada obra se convierte en un acto.

Obra de Miguel Ángel Aranda en 'Septies Septem'. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Obra de Miguel Ángel Aranda en ‘Septies Septem’. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

En todas ellas observamos un predominio del color sobre la forma, el artista se maneja con la desenvoltura de alguien que es consciente de cuál es su papel. Encontramos evocaciones a Malévich y el arte geométrico como en la serie siete colores, o al funk-art como en siete demonios, a Pollock y el expresionismo abstracto o incluso al pop-art como en siete notas; la presencia de collages y la inclusión de objetos que forman parte de algunas piezas nos recuerda las esculturas de Bruce Conner. Se produce en estas series una hibridación estilística, una fusión de diferentes estilos que inevitablemente hace que nos cuestionemos si se trata de un trasiego inconexo entre diferentes corrientes artísticas, que históricamente se mostraron como antagónicas, o si por el contrario es una búsqueda constante de la contradicción, de la amalgama entre la low culture y la high culture.

'Música' de Miguel Ángel Aranda en 'Septies Septem'. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

‘Música’ de Miguel Ángel Aranda en ‘Septies Septem’. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Llama la atención en Aranda esa aparente falta de disciplina que está presente en toda su obra. Lo indisciplinar, la indisciplina es consubstancial a la práctica artística, en la medida que ésta no está asociada a lo normativo. De alguna forma es una rebelión contra la academia. El arte, en todas sus expresiones ha dado muestras de ello; desde el poeta visual y artista Joan Brossa –autor indisciplinar por excelencia–, el artista Tadeusz Kantor, el director de cine Jean Luc Godard, el escritor Julio Cortazar o el músico Carles Santos. En todos ellos la indisciplina está sometida, de una forma muy marcada, a la disciplina.

Nos podríamos plantear qué es arbitrario y qué está justificado en la obra de Aranda; la inclusión de objetos encontrados, desde partituras de música, pasando por piezas de un violín hasta collages que permiten al artista mostrar la inmediatez de lo real. En la mayoría de las piezas podemos encontrar referencias que muestran la tensión del artista con la disciplina propia. Al adentrarnos en cada una de ellas nos enfrentaremos con un universo personal muy particular con el que conectaremos como si estuviésemos sometidos al embrujo de ese número siete.

Obra de Miguel Ángel Aranda. Imprevisual Galería.

Obra de Miguel Ángel Aranda en ‘Septies Septem’. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Ximo Rochera

ARCO y zombies

ARCO Madrid 2015
Del 25 de febrero al 1 de marzo de 2015

Hay quien cree que no ha pasado nada y por eso actúa como si nada hubiera pasado. Visitar ARCO hoy es una experiencia muy parecida a la que podía tenerse cuando se visitaba ARCO hace pongamos 25 años. Demasiado parecida. Es cierto que en su andadura la Feria ha pasado por momentos variopintos en cuanto a su oferta se refiere, pero en cualquier caso, y salvo alguna rara excepción, siempre ha predominado el aspecto comercial, que es por otra parte el que confiere sentido al evento.

Vista general de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid. Cortesía de ARCO 2015.

Vista general de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid. Cortesía de ARCO 2015.

Así pues, el ARCO de este año podría ser calificado de sobrio; sí, sobrio; hay quien diría elegante pero yo no llegaría a tanto. Y por sobrio entiendo una disposición de stands muy ordenada y racionalista y una selección de galerías cuya oferta podría calificarse de clásica; entendiendo por clásica esa producción que fundamentalmente se encuentra destinada a cubrir paredes y algún que otro hall exquisito.

Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con la realidad? Y es aquí donde no queda otro remedio que ponerse antipático.

ARCO siempre es el producto de su director y de su equipo. Y cada edición es el resultado de una decisión. Yo lo he visitado y conocido el mismo día de la inauguración, que como es sabido sólo se encuentra abierto a profesionales. Precisamente es en este punto donde se encuentra la clave de la tesis que quiero plantear, en eso que pueda colegirse del concepto «profesionales».

Para empezar yo diría que hay un sector muy amplio y con muchos intereses dentro del mundo del comercio del arte que sigue creyendo que el arte es lo mismo de hace 30 años. O dicho de otra manera, que sigue sin percatarse de los radicales cambios que se han producido en la sociedad civilizada desde que apareció la primera verdadera promoción de nativos digitales; que además coincide en fecha con la determinante caída de Lehman Brothers.

Imagen de ambiente de la feria de Madrid. Cortesía de ARCO 2015.

Imagen de ambiente de la feria de Madrid. Cortesía de ARCO 2015.

Para que la feria obtenga un aspecto u otro, lo primero que hace cualquier comité es determinar la interpretación que del concepto Arte hace dicho comité (de hecho las variables que durante su existencia nos ha proporcionado la Feria de Arte se han debido a la diferente forma de interpretar ese concepto; y para eso está el director y el comité de selección, siempre tan controvertido). Pero para que la feria obtenga su sentido la organización debe asumir, en primera instancia, que lo expuesto debe ser vendible. Y entender el arte como un producto elitista (en sus diversos grados, pero elitista), o sea, debe seguir creyendo en el carácter sagrado del producto expuesto que resulta desproporcionadamente caro en comparación a otros productos cuya función se encuentra más clarificada.

Y es aquí donde ARCO me parece una feria absolutamente desfasada. Pero no desfasada por su contenido sino desfasada por su propia existencia en la medida en que nada tiene ya que ver lo allí expuesto y ofrecido con lo que vive toda esa avalancha de nativos digitales que desde 2007 se nos ha venido encima.

Y es que ese carácter lineal que nos inculcó un entendimiento hegeliano de la Historia hacia el despliegue del Espíritu Absoluto ha tocado a su fin. Y muerto el perro se acabó la rabia. Sin Historia no hay posibilidad de Arte. Y por eso la inauguración de ARCO parecía un congreso de gerontología. ARCO ha decidido (o por mera supervivencia, o por puro convencimiento, lo cual sería mucho peor) que el público al que se dirige no puede ser otro que aquel al que su edad no le permite cambiar de hábitos. Es decir, la organización de ARCO ha decidido dirigirse a los que no les queda otro remedio en la vida que creer que no han hecho el primo durante toda su vida. Comprando a precios muy altos lo que muy poca gente estaría dispuesta a comprarle a ellos a precios muy bajos.

Ésta y no otra ha sido la elección de los organizadores: la de atraer a gente que está más cerca de la muerte que de su nacimiento. Así, una feria que exhibe un producto obsoleto (aunque más o menos interesante o decorativo) para gente que está medio muerta.

O por decirlo de otra manera: ARCO se dirige a quien no sólo tiene una casa… sino varias. Sin embargo los jóvenes de hoy ni la tienen ni la quieren, y en sus prioridades no se encuentra la de hipotecar su vida por una casa, sobre todo cuando no saben dónde les va a tocar vivir ni por cuánto tiempo. Su casa es inestable, por lo que sus paredes sólo pueden ser virtuales.

Obra de Edgar Jimenez. Doble Cero Cero. Cortesía de ARCO 2015.

Obra de Edgar Jimenez. Doble Cero Cero. Cortesía de ARCO 2015.

Alberto Adsuara

Nauman, un caso digno de estudio en el IVAM

Cuerpo, Espacio y Tiempo en Bruce Nauman
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 28 de junio, 2015

Ludwig Wittgenstein, una de las influencias de Bruce Nauman, afirmó que “de lo que no se puede hablar mejor es callarse”. Se refería a todo aquello que escapa a los límites del lenguaje. Que es, precisamente, de lo que se hace cargo el artista norteamericano, al que el IVAM le dedica su Caso de Estudio. Un caso sin duda digno estudio, por cuanto recoge en su trabajo las huellas de lo que Luis Racionero llamó filosofías del underground. Filosofías que exploraron a principios de la segunda mitad del siglo XX alternativas a la mente racional, para que aflorara libre de ataduras la parte más inconsciente del sujeto.

Obras de Bruce Nauman. Imagen cortesía del IVAM.

Obras de Bruce Nauman. Imagen cortesía del IVAM.

‘Cuerpo, Espacio y Tiempo en Bruce Nauman’ reúne 14 obras del artista de Indiana, diez de la Colección del IVAM y cuatro de Electronic Arts Intermix, junto a otras de Man Ray, Marcel Duchamp, Merce Cunningham, Georges Hugnet, Richard Serra, Steve Reich, John Cage y Samuel Beckett, la de este último abriendo la exposición con sus películas ‘Film’ y ‘Quadratt’. Y ya sean las propias de Nauman o las de quienes “ayudan a contextualizar su obra”, según explicó la comisaria María Jesús Folch, lo cierto es que toda ella diríase atravesada por el afloramiento de ese inconsciente rayano a la locura.

Obra de Nauman en 'Cuerpo, Espacio y Tiempo en Bruce Nauman'. Imagen cortesía del IVAM.

Obra de Nauman en ‘Cuerpo, Espacio y Tiempo en Bruce Nauman’. Imagen cortesía del IVAM.

A Nauman le interesa tanto explorar los límites del lenguaje, del cuerpo, de la identidad, que en la mayoría de casos termina emergiendo una conciencia tan lúcida como alucinógena. Ya sea ‘Deformando la boca’, mediante un insistente ‘Pellizco en el cuello’ o simplemente ‘Rebotando en la esquina’,  sus videos parecen ilustrar cierto brote psicótico. Brote manifiesto en la película de Beckett, ‘Film’, a modo de prólogo del resto de la exposición.

En todo caso, Nauman pretende confrontarnos al hecho del cuerpo, el espacio y el tiempo en los cuales se inscribe ese cuerpo que da título al ‘caso de estudio’, en tanto manifestación de algo singular. Frente al cuerpo disciplinado, ya sea para el trabajo o el consumismo alienantes, el artista procede a mostrarnos un cuerpo liberado de ciertas convenciones sociales, de manera que sea él mismo. Y lo consigue a base de forzarlo a repetir sin descanso una serie de gestos o movimientos que terminan confluyendo en su polo opuesto: del orden al desquiciamiento.

Obra de Bruce Nauman en el IVAM.

Obra de Bruce Nauman en el IVAM.

Lo mismo sucede cuando explora los límites de la percepción, manipulando ciertas acciones o sonidos de forma que la mirada y la escucha se vean forzadas a ver y oír de otras maneras. De nuevo Wittgenstein cuando dice: “Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”. Nauman pretende que el sujeto amplíe esos límites, para que así aflore ese otro mundo diferente al que no tiene acceso por hallarse encerrado entre las cuatro paredes de su propio y estrecho lenguaje.

En ‘Good boy, bad boy’ y en ‘Flesh to White to black to flesh’ fuerza la confrontación de sonidos y la idea de máscara, haciendo que converjan a un tiempo la crítica social, desvelando ciertos engaños y ocultamientos, con la emergencia de una identidad confusa e igualmente alienada. El cuerpo, inscrito en un espacio y un tiempo al servicio de ese desvelamiento manipulador, comparece en la obra de Bruce Nauman como un cuerpo extrañado. Un cuerpo forzado a la repetición de ciertos gestos y acciones. Un cuerpo amenazado por aquello que vendría a liberarlo. Nauman es, sin duda, un caso digno de estudio.

Una de las imágenes de Nauman en la exposición 'Cuerpo, Espacio y Tiempo en Bruce Nauman'. Cortesía del IVAM.

Una de las imágenes de Nauman en la exposición ‘Cuerpo, Espacio y Tiempo en Bruce Nauman’. Cortesía del IVAM.

Salva Torres

El cuerpo punto a punto de Pilar Redón

Cuerpo y Línea sobre plano, de Pilar Redón
Aula de Cultura La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Hasta el 26 de marzo

«La línea (geométrica) es un ente invisible. Es la traza que deja el punto al moverse y es por lo tanto su producto. Surge del movimiento al destruirse el re-poso (total del punto)» Vasily Kandinsky

Haciendo desde el título un guiño agradecido al maestro Kandinsky, se presenta la obra de Pilar Redón. Nos vamos a encontrar con más de un centenar de imágenes evocadoras, realizadas punto por punto, con lápiz, sobre papel. Los cuerpos que han construido esos puntos, que Pilar ha ido ordenando en la superficie material llamada a re-cibir el contenido de la obra, el plano básico del que nos habla Kandinsky, son dibujos, sí, pero no son solo dibujos.

Obra de Pilar Redón en el Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Pilar Redón en el Aula de Cultura La Llotgeta, (Valencia).

Son espacios de evocación que contienen historias maravillosas, de búsquedas y recorridos, de encuentros y descubrimientos, de inquietudes, de asombro y miedo a lo desconocido. Contienen la historia de un viaje, del viaje que esos puntos han hecho acompañando la mirada analítica y el pensamiento de Pilar, guiados por sus manos educadas en la proporción y el equilibrio, en la armonía y la composición.

Un viaje que ha ido fraguandose en distintos territorios, en espacios públicos y privados, en su estudio, en el Círculo de Bellas Artes, tras sesiones y sesiones de observación y reflexión, de práctica artística, desde la disciplina y la exigencia personal. Como si nos acercáramos a un libro de viajes, ilustrado por un explorador del S. XIX, descubriremos al entrar en el espacio de la exposición, cómo se han ido registrando minuciosamente los datos de ese viaje.

Obra de Pilar Redón en 'Cuerpo y Línea sobre plano'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Pilar Redón en ‘Cuerpo y Línea sobre plano’. Aula de Cultura La Llotgeta, (Valencia).

Un observador atento será capaz de reconstruir, casi paso a paso, cada etapa del recorrido, cada luz y cada sombra. Las formas, las proporciones, los cuerpos imperfectos, tranquilos y orgullosos, que se saben el centro y quieren compartirlo. Y de esos cuerpos, sus rostros, sus miradas cómplices, su invitación a contemplarlos y la promesa de algo que trasciende la superficie de la forma.

Da la sensación que, al dejar de mirarlos, cambiarán la pose o desaparecerán difuminados. Una advertencia: no saldremos ilesos, nos van a afectar las sensaciones y el despliegue de la experiencia estética y, a partir de ahora, nuestra mirada sera más experta. Disfrutemos.

Obra de Pilar Redón. La Llotgeta.

Obra de Pilar Redón en la exposición ‘Cuerpo y Línea sobre plano’. Aula de Cultura La Llotgeta, (Valencia).

Amparo Carbonell Tatay

Cadáver exquisito: por azar al arte

A los postres un cadáver y otras nimiedades
Exposición del colectivo Cadáver exquisito
La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Hasta finales de febrero

Asociaciones libres. Escritura automática. Cadáveres exquisitos. He ahí los procedimientos utilizados por los surrealistas para hacer emerger un sentido oscuro, violento y pulsional que vendría a contrariar ese otro sentido del orden convencional. “Actividad ultra-confusional que toma sus fuentes en una idea obsesionante”, según afirmó André Breton, uno de sus impulsores. ¿Idea obsesionante? ¿Pero cuál?

Obra de Javier Marisco en la exposición 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Javier Marisco en la exposición ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Los propios surrealistas partían de una evidencia: la de hallarse habitados por algo que no entendían, pero que sin duda les afectaba con gran intensidad. Tanta, que se tornaba en esa idea obsesionante que emergía en su obra, tras ponerse en marcha la maquinaria creativa impulsada por el torrentoso azar. Que es lo que hacen los 12 artistas valencianos reunidos en torno a esa misma práctica del Cadáver exquisito. Cadáver o cadáveres exquisitamente dispuestos en una de las salas de La Llotgeta.

Obra de Daniel Gordillo en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Daniel Gordillo en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Iván Campos, Toni Cosin, Violeta Esparza, Manuel Gamonal, Daniel Gordillo, Daniel Granero, Javier Marisco, Jorge Montalvo, Eduardo Romaguera, Jorge Rubert, Nacho Ruiz y Bru Soler. He ahí los artistas, en riguroso orden alfabético sin duda inapropiado, cuya búsqueda de la provocación y del desconcierto, característicos del afán surrealista, adquiere otros derroteros. A estas alturas del culmen televisivo, donde el escándalo o lo escandaloso ha sido transformado en mercancía, la práctica del cadáver exquisito tiene ya otra finalidad.

Obra de Jorge Rubert en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Jorge Rubert en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

En el caso de los artistas reunidos en la muestra colectiva de La Llotgeta, que lleva por elocuente título ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’, se trata de poner el acento en la asociación libre, en la práctica artística de conjunto, en la energía que libera el propio acto creativo. Una energía que se bifurca como el jardín de senderos de Borges, tomando cuerpo de distintas formas.

Obra de Violeta Esparza en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Violeta Esparza en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Y el cuerpo, sin duda, adquiere especial protagonismo en los casos de Daniel Gordillo, Javier Marisco y Eduardo Romaguera. Cuerpos descoyuntados o en bucle como experiencia de abismamiento de la pulsión que nos habita. Lo vivo de la pasión, pues, ligado a su reverso siniestro en forma de esqueleto, de masa amorfa o del eterno femenino. La problemática del deseo se escenifica en esa carnalidad que no termina de hallar la buena forma, por fragmentación del cuerpo, por apelmazamiento o por su repetición incansable.

Obra de Eduardo Romaguera en la exposición 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

‘Entre dos lunas’, obra de Eduardo Romaguera en la exposición ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

La sociedad de consumo es otro de los caminos que toma ese espíritu del cadáver exquisito. Dólares (Granero), anagramas (Rubert), recortes de prensa de los medios de comunicación de masas (Montalvo) son utilizados para que emerja ese malestar en la cultura del que habló Freud. Incluso la historia del arte (Rembrandt comparece en la obra de Gamonal) se ve abducida por la seducción de las imágenes en tanto narcótico para la vista. De ahí la deconstrucción practicada en todos esos símbolos que apenas representan cierta alienación del sujeto.

Obra de Jorge Montalvo en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. La Llotgeta.

Obra de Jorge Montalvo en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. La Llotgeta.

‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’ pone el acento en la catarsis que supone la asociación libre y en los fantasmas que afloran una vez practicada. Por eso de nimiedades, nada. En todo caso, la manifestación real y sin ambages de cuanto este colectivo de artistas lleva dentro y de otra forma no se hubiera atrevido a contar. La neurosis de Woody Allen en materia sexual, trasladada a esta ristra de cadáveres exquisitos que el Aula de Cultura La Llotgeta muestra hasta finales de febrero. Bon profit.

Obra de Manuel Gamonal. La Llotgeta

Obra de Manuel Gamonal en la exposición ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Salva Torres