Sade y sus mujeres

Les dones de Sade, por Pep Sanchis
Assaig Grup de Teatre de la Universitat de València
Sala Matilde Salvador de La Nau
C / Universitat, 2. Valencia
Del 9 al 11 de marzo, 2016, a las 19.30h

ASSAIG (Grup de Teatre de la Universitat de València) presenta la reposición de ‘Les dones de Sade’ hasta el 11 de marzo, en la Sala Matilde Salvador de La Nau. El montaje se enmarca dentro de la programación teatral de la Universitat, en conmemoración del 25 aniversario del grupo y de las actividades organizadas con motivo de la Semana de la Mujer.

Dirigido por Pep Sanchis, el espectáculo se estrenó en 1997 y representa uno de los grandes hitos en la historia de ASSAIG. Este montaje ha sido reconocido con premios, como el concurso de Teatre Vila de Mislata y con una gira que recorrió varias ciudades españolas, con presencia en grandes citas teatrales, como por ejemplo el Grec Festival de Barcelona. ‘Les dones de Sade’ vuelve a escena 19 años después con la participación de dos de las actrices de la representación original en la dirección y el reparto.

Escena de 'Les dones de Sade', de Pep Sanchis. Imagen cortesía de La Nau.

Escena de ‘Les dones de Sade’, de Pep Sanchis. Imagen cortesía de La Nau.

La obra, una versión libre de la obra ‘Madame de Sade’, de Yukio Mishima, está protagonizada por seis mujeres, seis representaciones del Marqués de Sade, seis formas de entender las relaciones humanas y sociales en la Francia de finales del siglo XVIII.

Cada una vive una relación diferente con el Marqués y, en un texto cargado de sentimientos y pasiones, se enfrentan al amor puro, la hipocresía, el odio, la injusticia, la frivolidad, la barbarie, la ternura, la inocencia y la corrupción.

ASSAIG, creado en 1990 para representar a la Universitat de València dentro de las artes escénicas, se ha convertido en una de las agrupaciones teatrales más importantes de la escena universitaria española. Junto con ‘Les dones de Sade’, el grupo celebra su 25 aniversario con la reposición de tres de sus espectáculos más representativos: ‘Per Sant Lluc, ‘El dia que Bertolt Brecht va morir a Finlàndia’ y ‘Parelles de fet’, escogidos por haber supuesto puntos de inflexión en la trayectoria de la formación.

Antes de la representación del próximo viernes día 11, tendrá lugar un foro en torno a la obra, a las 18.00 horas, en las Aulas Seminario del Centre Cultural La Nau, de acceso gratuito hasta completar el aforo.

Escena de Les dones de Sade, de Pep Sanchis. Imagen cortesía de La Nau.

Escena de ‘Les dones de Sade’, de Pep Sanchis. Imagen cortesía de La Nau.

Los refugios de David de las Heras

Refugio, de David de las Heras
Galería Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Inauguración: viernes 16 de octubre, a las 20.00h

Refugio es una exposición del artista e ilustrador vasco David de las Heras. La muestra recoge varias obras realizadas en los últimos años por el creador bilbaíno. El trabajo expuesto gira alrededor de la idea de refugio. El artista mediante el trabajo realizado para la exposición trata de encontrar un lugar donde cobijarse; el dibujo y el proceso creativo se convierten en ese lugar, el lugar donde poder dar perspectiva y otro punto de vista a la relación con el mundo que le rodea.

Ilustración de David de las Heras. Cortesía de Pepita Lumier.

Ilustración de David de las Heras. Cortesía de Pepita Lumier.

Como si de un guardabosques se tratase, encuentra en sus obras ese refugio desde donde poder mirar con mayor amplitud. Su relación con el amor, con el odio, con el sentimiento de pertenencia se interpretan como caballos a galope, sexo entre las flores, y puertas y ventanas que se abren para ser mirones de la vida.

Para David de las Heras, la ilustración es la disciplina que vive como más personal y la que más intenta hacer para sí mismo. A pesar de su juventud, su obra ha sido expuesta en La Casa Encendida de Madrid, varias ciudades españolas y en países como Alemania y Portugal.

Recientemente se pudo ver su trabajo ilustrando unos relatos para El País así como el cartel del reestreno de la película Mala Sangre (el clásico de culto de Leos Carax, protagonizado por Juliette Binoche, Holy Motors). También ha realizado portadas como la de la revista Volata y numerosas ilustraciones de libros.

Ilustración de David de las Heras. Cortesía de Pepita Lumier.

Ilustración de David de las Heras. Cortesía de Pepita Lumier.

Bodas de sangre flamencas en Flumen

Bodas de sangre, de Federico García Lorca, bajo la dirección de José Sáiz
Saga Producciones
Teatro Flumen
C / Gregorio Gea, 15. Valencia
Estreno: jueves 15 de octubre, a las 21.00h
Hasta el 29 de noviembre de 2015

La terrible historia que en su día escribiera Lorca, tras quedar impresionado al leer la noticia en un periódico, del cruento suceso acaecido en El Cortijo del Fraile de Nijar (Almería), el 22 de Julio de 1928, representada en el Teatro Flumen de Valencia.

Bodas de Sangre, dirigida por José Saiz, reproduce los versos de Lorca al compás del flamenco más puro, donde el amor y la traición, la tradición y el instinto, el honor y la muerte se conjugan en una noche sin luna. Con esta obra Lorca consigue hacer uno de sus mejores trabajos con la tragedia como base, ya que todos los protagonistas mueren o viven sin motivo, guardando sus penas en su interior. En Bodas de Sangre se viven sentimientos tan fuertes como el amor, el deseo y los celos, capaces de cegar la razón y hacer añicos la cordura.

Bodas de sangre, de Federico García Lorca, bajo la dirección de José Saiz. Imagen cortesía de Teatro Flumen.

Bodas de sangre, de Federico García Lorca, bajo la dirección de José Saiz. Imagen cortesía de Teatro Flumen.

Es la mañana de una boda. Leonardo es el primero en llegar a la casa de la novia y habla con ella, recordándole el pasado. Leonardo ha amado a la hermosa novia y ha sido correspondido; pero rechazado por el padre debido a la dudosa moralidad de su familia, se ha casado con otra mujer, prima de ella; sin embargo, en ambos ha quedado latente la primera pasión y él sigue asediándola con su deseo. La novia, llena de orgullo y despecho, ha aceptado un matrimonio que le significa liberación, pero no siente amor por el que será su esposo.

El recuerdo del pasado se hace tan apremiante entre ambos que, celebrada la ceremonia nupcial, la recién casada huye con su antiguo pretendiente. El novio persigue a la pareja fugitiva. Cae la noche. La luna, desde arriba, contempla la huida y la persecución. Se producen el encuentro y el duelo entre los dos hombres, en el que ambos mueren. La novia sobrevivió de milagro a las manos de mujer que la intentaron estrangular.

Es también una historia de viejas rencillas familiares, la familia del joven novio había sido víctima de la pérdida del padre y el hijo mayor en manos de la familia del joven Leonardo, lo cual engendra en la madre un rencor-odio hacia todo lo relacionado con dicha familia, y un temor-odio hacia cualquier arma que atente contra la vida del hombre.

La novia, que siente que ya no tiene motivo por el que vivir, visita a la madre, no para pedirle perdón sino para que le quite la vida a ella también. La madre, por su parte, no es capaz ni de tocarla, aunque le gustaría hacerlo hasta acabar con ella, no tiene fuerzas para hacer nada, ya que acaba de perder a lo único que le quedaba; su hijo.

Con esta obra, Lorca consigue hacer uno de sus mejores trabajos a base de la tragedia, ya que todos los protagonistas mueren o viven sin motivo, guardando sus penas en su interior. El amor, el deseo, los terribles celos que nacen de las mismas entrañas y abrasan el corazón, cegando la razón que hace añicos la quebradiza cordura. Este es el auténtico catalizador que libera la furia aletargada en el interior de las pasionales personas.

Imagen promocional de Bodas de sangre, de Federico García Lorca, dirigida por José Saiz. Imagen cortesía de Teatro Flumen.

Imagen promocional de Bodas de sangre, de Federico García Lorca, dirigida por José Saiz. Imagen cortesía de Teatro Flumen.

 

¿Qué quieren? Miradas de mujeres

En torno a la visibilidad de las mujeres en el Arte

No cesa la queja. Es más, se incrementa día a día. En todo. Nada de lo que pueda hacerse para disiparla es ni será suficiente; la queja es, en esta era posmoderna, ¡qué le vamos a hacer!, una de las actitudes más rentables. ¿Por qué no quejarse, entonces? Ah, y otra cosa; la queja será más rentable en proporcionalidad directa al rencor y el odio que en ella vayan intrínsecos. Son cosas del activismo y de la corrección. En el Arte, también.

No cesa de oírse esa queja. «Queremos más visibilidad». Así, quieren más visibilidad. ¿Quiénes? Ellas, por supuesto, las mujeres. ¿Más visibilidad? No exactamente; lo que dicen querer es la misma visibilidad que los hombres. Para ellas, no puede haber (existir) un hombre artista si no hay (existe) una mujer artista… de forma !simultánea y ubicua! Sí, ésta sería la cuestión. Lo que quieren las mujeres (y tomo el todo por la parte en la medida en que las que callan otorgan, habida cuenta de los beneficios que obtienen de la queja, tengan o no tengan clara la exigencia) es una igualdad numérica, estadística, cuantitativa. Paridad, igualdad. Si alguien quiere comisariar una exposición sobre, pongamos fotografía nocturna, lo que le exigirán los abanderados de la corrección política es que ese alguien NO seleccione a los 12 fotógrafos -sean mujeres o hombres- que le parezcan más interesantes -adecuados, apropiados-, sino que en su elección haya 6 fotógrafas y 6 fotógrafos (6 mujeres y 6 hombres: 6 personas con vagina y 6 personas con pene).

Pero, ¿a quién se quejan esas mujeres tan activistas?, ¿a la sociedad machista, ese corpus amorfo de individuos al que se le echa siempre la culpa de todo? ¿o al mundo del Arte, ese conjunto de personas que configuran el mismo mundo del Arte que «al parecer» es discriminatorio con las mujeres? Porque esa es la queja: las reivindicadoras no se quejan de que haya menos mujeres artistas sino de que la selección habitual -para su exhibición- no sea natural, sino malignamente partidista. Para ellas, sí hay una selección natural y es tan natural que tiene que ser equitativa… por cojones (perdón). Así, natural, o sea, equitativa, igualitaria. Natural (?).

Obra de Ana Gesto exhibida en La Nau de la Universitat de València.

Obra de Ana Gesto mostrada en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’ en La Nau de la Universitat de València.

Mutatis Mutandi

Podríamos comenzar por diferenciar entre presencia y poder.  ¿Y qué quieren las mujeres: presencia o poder? ¿Qué quieren cuando dicen querer igualdad? ¿Más presencia en las decisiones del poder? ¿Más presencia en los eventos expositivos?

Y podríamos también, para situarnos realmente, remontarnos a los años ochenta, los años de apertura, cambio y desarrollo de la España ulterior a los 40 años de anquilosamiento cultural. ¿Y quién detentaba el poder del Arte durante esa década y la posterior? Pues se lo digo yo: las mujeres. ¿A quién había que conocer si uno quería medrar en el fantástico y sensible mundo del Arte durante los ochenta y los noventa una vez fallecida Juana Mordó? Pues se lo digo yo: a Juana de Aizpuru, a María Corral, a Cármen Jiménez, a Helga de Alvear, a Soledad Lorenzo… a Elba Benítez, a Elvira González, Oliva Arauna, las Moriarty, Oliva María, Rosa Martínez, Estrella de Diego, Evelyn Botella, Rosa Olivares… y poco más allá Pilar Parra, Marta Cervera, Elena Ochoa, Ana María Guasch… Ellas lo controlaban TODO, ellas configuraron el panorama que representaba el arte español y foráneo en nuestro territorio. Y diseñaron la estrategia de expansión. Ellas impusieron su criterio, algo contra lo que no hay nada que objetar, digo yo. ¿O sí? Es verdad que hubo algunos hombres… (Juan Antonio Ramírez, Calvo Serraller, Pepe Cobo…) pero sólo para que la cosa no pareciera demasiado discriminatoria. Así pues, las mujeres con presencia casi absoluta en el mundo del Arte, al menos respecto al poder real.

¿Y los artistas, qué pasa con los artistas, se seguirán preguntando las activistas más comprometidas con su sexo? Pues muy sencillo: los artistas que había eran los que colocaban ellas, los que ellas sugerían, los que ellas ¿imponían?; ellas, las que detentaban el poder: Juana de Aizpuru, Soledad Lorenzo, María Corral, Oliva Arauna, Cármen Jiménez, Rosa Martínez, Elba Benítez, Oliva María, Rosa Olivares, Elvira González, Elena Ochoa…

¿Y ahora, qué pasa? Pues que ahora tenemos, sin ir más lejos, ese festival del Arte tan igualitario y tan poco partidista que se llama Miradas de mujeres. Que, cómo no, es aprovechado para elevar la queja y el lamento en la opinión publicada a su máxima exponencia (impactos mediáticos): «exigimos más visibilidad», «queremos la igualdad». Cada año lo mismo: «exigimos más visibilidad». Un festival que se amplía cada año y que cada vez cuenta con más participantes, que lógicamente nunca serán suficientes. ¿Sólo un festival, sólo él, el de Miradas de mujeres? Noooo, hay un sinfín de eventos que en nombre de la mujer discriminada se reparten durante todo el año por todo el territorio español, la mayor de las veces promocionados y patrocinados por administraciones públicas, institutos de la mujer, y demás entidades subvencionadas.

Sin ir más lejos en Valencia se inauguró la semana pasada una exposición «de» mujeres, una exposición que se ha denominado, supongo que nada inocentemente, ‘Las dueñas del arte’. Se trata de la selección de artistas llevada a cabo por 14 galeristas mujeres de la Comunidad Valenciana. Pero para saber el verdadero alcance y significado de la cifra (14) conviene saber antes que en la Asociación de Galerías de Arte Contemporáneo de la Comunidad Valenciana hay 19 galerías de Arte. Así pues, el mundo del Arte, al menos aquí en Valencia, se encuentra en manos de mujeres. Y no tanto a nivel privado, sino también a nivel político-cultural, para bien o para mal, como saben todos los valencianos. Y no debemos olvidar que, por el motivo que sea, es la clase política -del signo que sea- la primera en promover, tanto de forma directa como indirecta, eventos culturales que tengan por protagonistas a las mujeres. Que lo hacen.

Obra de Diana Coca expuesta en La Nau de la Universitat de València.

Obra de Diana Coca mostrada en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia en La Nau de la Universitat de València.

¿Entonces?

Para contestar a esta enigmática última pregunta podemos acudir a la entrevista que MAKMA les hiciera a tres mujeres activistas directamente comprometidas con el Arte y con la Mujer. En dicha entrevista no se pudo dejar más clara la queja que tiene como objeto la discriminación de las mujeres en el mundo del Arte. Resulta tan paradigmática que recomiendo su búsqueda y lectura. Da mucho de sí.

Dice la directora del Festival en la Comunidad Valenciana Irene Ballester: «Nuestra finalidad es llevar el arte hecho por mujeres a los grandes museos y galerías, pero también a las concejalías de Cultura e Igualdad de cualquier pueblo». Queda claro entonces que sus objetivos, ya logrados (15 comunidades, más de 1.000 artistas, 308 espacios expositivos), han conseguido elevar la presencia de mujeres artistas en espacios tanto privados como públicos; no de mujeres artistas extraordinarias, ni de las mejores mujeres artistas, sino de mujeres artistas («arte hecho por mujeres»). Y como decimos, no sólo a espacios privados, sino a espacios sufragados con dinero público.

Por eso quizá no se entienda esa pertinaz manía del mundo del Arte hacia los estamentos políticos. De hecho en esta misma entrevista aflora lo que acaba siempre por aflorar cuando el mundo del Arte exige independencia en sus sensibles decisiones: su desprecio por ese intrusismo que supone toda acción gubernamental en las cosas de la Cultura. Y por eso dice Lucía Peiró a poco que se descuida, «la política y el arte deberían ir por separado». Y es que, en efecto, se trata de algo que es absolutamente habitual en aquellos que, curiosamente, viven de las prebendas del papá Estado. Aceptan con naturalidad todo tipo de subvenciones y ayudas (de las Concejalías, las Casas de Cultura y Administraciones en general), pero después las quieren mandar a freír espárragos cuando se trata o de hacer lo que les dé la gana o de ganar dinero.

Pero aquí de lo que se trata es de saber si existe realmente discriminación maléfica y organizada o si se trata de algo mucho más sencillo. Es decir, la cuestión es: si aceptáramos, tal y como dicen algunas estadísticas que nos ofrecen las asociaciones más activistas, que las mujeres tienen menos presencia que el hombre en el mundo del arte, ¿será debido a una discriminación maléfica instigada por una sociedad machista o se debe a las leyes de mercado? Veamos lo que dice una de las entrevistadas, concretamente la galerista Teresa Lagarre, es decir, la que representa el mercado (el del dinero y no el de las ideologías): «Yo tengo muchos artistas de la Comunidad Valenciana, el 70% son de aquí, y aunque tal vez sean más hombres que mujeres los que exponen en mi galería, lo cierto es que yo siempre me he inclinado por el arte de las mujeres porque me siento identificada con sus propuestas».

Pues bien, por fin queda claro el por qué teniendo más poder en la gestión -ese poder que se atribuye en exclusiva al maléfico hombre autoritario- después parecen no obtener la misma visibilidad. Una mujer galerista y su programa: se identifica con las propuestas de las mujeres (sic)… pero tal vez (sic) sean más hombres que mujeres los que exponen en su galería. Pero después se suma a la –rentable- queja.

Post Scriptum. Llego de Madrid con varias carteleras de actualidad cultural en mi cartera… y no hay sitio para la duda: Ellas crean. En efecto, en todas las carteleras, e incluso en algunas de las portadas de esas carteleras, aparece ese titular, Ellas crean. Titular que se corresponde con la XI Edición del Festival Ellas Crean, festival que, y ahora cito de la cartelera Madrid en vivo, “aporta un punto de visibilidad para las mujeres creadoras”. También se dice “Este año el Ayuntamiento de Madrid presenta un cartel alucinante, sugestivo y pleno de propuestas que harán las delicias de los asistentes” (y Ayuntamiento de Madrid va en negrita). Este festival, inmediatamente posterior a Miradas de mujeres (que se realizaba en 15 comunidades entre otras ésta) contaba con 46 intervenciones (música, danza, debates, exposiciones, presentaciones…) y con la colaboración de 18 museos.

Cristina Lucas.

Imagen del video de Cristina Lucas mostrado en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’ en La Nau de la Universitat de València.

Alberto Adsuara

“Vivimos en un país de trincheras”

La ciudad de la memoria, de Santiago Álvarez
Editorial Almuzara
FNAC de Valencia
C / San Agustín, 2. Valencia
Presentación: jueves 12 de febrero

Santiago Álvarez forma parte del núcleo duro de Valencia Negra. Junto a Jordi Llobregat, Marina López y Bernardo Carrión ponen en marcha cada mes de mayo un encuentro que este año llega a su tercera edición y que cada vez gana más presencia y peso en el intenso calendario negro de la geografía española.

Arropado por su conocimiento del género, Álvarez irrumpe en la palestra con ‘La ciudad de la memoria’ (Editorial Almuzara), una historia que trasciende el relato detectivesco y que rinde homenaje a la ciudad de Valencia donde se desarrolla la acción.  Berta Valero, una universitaria ingenua que pasa por apuros económicos, comienza a trabajar casi por azar en la agencia de investigación de Mejías, un extravagante detective privado, inconformista y audaz, que se conduce como Humphrey Bogart en un mundo que cambia demasiado deprisa.

Ambos indagarán un extraño caso que involucra al poderoso clan familiar de los Dugo-Escrich, propietario del mayor grupo constructor valenciano, y cuyas raíces se hunden en un pasado lleno de secretos que todos parecen o aparentan  desconocer. El autor y Ramón Palomar presentarán en libro el 12 de febrero  en la FNAC.

Santiago Álvarez, autor de 'La ciudad de la memoria'. Editorial Almuzara. Imagen cortesía del autor.

Santiago Álvarez, autor de ‘La ciudad de la memoria’. Editorial Almuzara. Imagen cortesía del autor.

Todas las historias tienen un germen o semilla. ¿De dónde surge la suya?

Vivimos en un país de trincheras, donde nos vemos abocados a elegir un bando, cavar hondo en nuestro puesto y disparar al contrario con todo lo que tengamos. Decidí crear a Mejías como un hombre en tierra de nadie, que se niega a luchar en la guerra de otros y sobrevive esquivando las balas porque se resiste a arrojarse al suelo. También se abordan otros temas como la carga del pasado, nuestro gastado concepto de lo que es real y lo que es verdad. Básicamente, escribo para poder ordenar un poco lo que nos rodea y tratar de comprenderlo. Creo que el detective es el arquetipo perfecto del investigador del ser humano.

¿A qué estirpe detectivesca pertenece Mejías?

Mejías es un heredero directo del Bogart de ‘El Sueño Eterno’ o ‘El halcón Maltés’. Del mismo modo que Alonso Quijano es perturbado por la continua lectura de novelas de caballerías, el cine negro de los cuarenta y cincuenta ha dejado una marca profunda en mi detective. Claro que pretender ser Humphrey Bogart en nuestros días resulta bastante complicado, y eso es origen de múltiples conflictos.

¿Hasta qué punto se ha inspirado en la corrupción reinante para tejer la trama?

En los últimos meses la palabra corrupción nos asalta cuando hablamos de la actualidad, nos rodea por todas partes, nos enfurece. Pero no todo lo que podemos escribir sobre el ser humano de nuestro siglo es eso. Terminé mi novela hace un par de años, cuando este ruido era algo más tenue, y más que la corrupción pretende explorar ese lado oscuro que todos tenemos y que puede activarse si le damos la oportunidad. Los peores delitos del ser humano no suelen salir de su bolsillo sino de las pasiones, emociones que no nos dejan atrás. En ‘La ciudad de la memoria’ existe el remordimiento, el odio y la venganza a través de las décadas, con una intensidad que solo solemos atribuir a los animales.

Portada de 'La ciudad de la memoria', de Santiago Álvarez. Cortesía de Editorial Almuzara.

Portada de ‘La ciudad de la memoria’, de Santiago Álvarez. Cortesía de Editorial Almuzara.

¿A qué atribuye el boom que vive la novela negra?

Los lectores actuales vivimos bombardeados y preocupados por la actualidad que nos rodea. Nos cuesta marcharnos a lugares fantásticos o a épocas remotas. Hoy día parece que tiene más sentido pulsar la realidad contemporánea de nuestro barrio, de nuestra ciudad, de nuestro país, de esa parte de nosotros de la que no podemos estar orgullosos. Por otro lado, la novela negra no se ha ido nunca: lleva a nuestro lado desde la Transición. Los elementos de suspense, crimen, los arquetipos noir no han caducado tampoco y son muchos los géneros que son permeables a ellos. Me parece que vivimos ahora un boom como el de la novela histórica hace 10 o 15 años, y que ahora agoniza. La novela negra está en pleno apogeo y, por lo tanto, es ahora cuando puede mostrar indicios de decadencia. Si el género pierde la autenticidad, si lo domesticamos para aprovechar su tirón comercial acabaremos reventándolo. Y me temo que eso pasará, quizás en seis o siete años, porque es difícil imaginar que las editoriales opten por una alternativa, que sería darle un toque de normalidad que alargue su vida y seleccionar la etiqueta noir con cuidado para no confundir.

¿Cómo ha tratado Valencia de telón de fondo?

Valencia es un personaje más de mi novela. Yo soy murciano y resido aquí desde hace 15 años. Descubrí esta ciudad de golpe, en tiempos de bonanza y lo que más me gustó fue la importante carga histórica que arrastra. He respetado a la ciudad como es, pero he tratado de incorporar un matiz distintivo, se trata de la Valencia de Mejías, que incluye escenarios modernos como la Ciudad de las Ciencias pero también edificios históricos como la Lonja y huellas del pasado como nuestro rastro. La confluencia de lo moderno y lo antiguo, con sus miserias y alegrías. Como diría Mejías: «Amo esta horrible ciudad». Por algo será.

¿Quiénes son sus maestros?

Me interesan mucho Melville, Dostoievski y Kafka. De la novela negra soy devoto de Jim Thompson, admiro profundamente su comprensión de la sombra que habita en cada uno de nosotros. De Tolkien he aprendido el gusto por las palabras como proveedoras de una historia y el concepto de mundo secundario no como evasión, sino como lugar donde ser forjado y aprender. De Paul Auster envidio su dominio del tono de la narración, de una voz sin estridencias que puede conducirnos a rincones insospechados. Y Chuck Palahniuk me parece un moderno removedor de conciencias al que todos deberíamos consultar de vez en cuando.

Santiago Álvarez. Imagen cortesía del autor.

Santiago Álvarez, autor de ‘La ciudad de la memoria’. Editorial Almuzara. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Sagunto viste la túnica clásica

‘Antígona’, de Sófocles, ‘El Eunuco’, de Terencio y ‘Pluto’, de Aristófanes
Festival d’Estiu Sagunt a Escena
Hasta el 22 de agosto

El Festival d’Estiu Sagunt a Escena llega a su recta final en clave clásica, combinando el drama con la comedia. Piezas que beben en las fuentes del teatro de todos los tiempos, compartiendo cartel con festivales como Mérida, Almagro o Peralada: ‘Antígona’ de Sófocles, ‘El Eunuco’ de Terencio y ‘Pluto’ de Aristófanes.

El 16 de agosto Sennsa Teatro presentó ‘Antígona’ de Sófocles en una versión de José Manuel Mudarra. El montaje recreó un escenario dominado por la destrucción de la guerra y el odio, personajes profundamente humanos regidos por sus ideas y sus pasiones. ‘Antígona’ es un símbolo de libertad y de oposición a la tiranía, que hace de la violencia y el miedo su escudo protector y su fortaleza.

Cartel de 'El eunuco'. Festival d'Estiu Sagunt a Escena.

Cartel de ‘El eunuco’, de Terencio. Festival d’Estiu Sagunt a Escena.

La ‘Antígona’ de Sennsa Teatro se presentó como una propuesta de creación libre, expresiva y poética, una propuesta sensible a la injusta condición de sumisión de la mujer por parte de los poderes. Una propuesta contra la barbarie. La de ahora, la de ayer y  la de siempre.

El crítico George Steiner destaca la persistencia del mito de Antígona en la cultura de Occidente y lo explica por su rico contenido, ya que en él se condensan los cinco conflictos fundamentales que a su juicio dan origen a todas las situaciones dramáticas. El enfrentamiento entre Antígona y Creonte sobre el destino de los restos de Polinices plantea a la vez los conflictos entre hombres y mujeres, entre la vejez y la juventud, entre la sociedad y el individuo, entre los seres humanos y la divinidad, y entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

Sandra Pozo, Juanra Real, Javier Martín, Marta Díez, Thais N. Izquierdo, Marina Miranda y Ángela G. Olivencia fueron sus intérpretes, con el coro de Shaula Lasarte, Eva Losada y Amelia Flores.

Rostros muy conocidos de la televisión, como Pepón Nieto, Anabel Segura o Antonio Pagudo estarán en el escenario del Teatro Romano el 20 de agosto. Interpretan ‘El Eunuco’ de Terencio en una divertida versión de Jordi Sánchez y Pep Antonio Gómez dirigida por este último. Nueve personajes enloquecidos por el amor, el dinero, la pasión, el orgullo, los celos y los equívocos. Nueve personajes y otras tantas historias que se entrecruzan en un montaje que transita sin rubor por el teatro clásico grecolatino y el musical, la comedia de situación y el vaudeville. Un ritmo endiablado en lo que pretende ser y será toda una fiesta de principio a fin. Otros intérpretes: Jorge Calvo, Marta Fernández Muro, Alejo Sauras y Eduardo Mayo.

Cartel de 'Pluto', de Aristófanes. Festival d'Estiu Sagunt a Escena.

Cartel de ‘Pluto’, de Aristófanes. Festival d’Estiu Sagunt a Escena.

El tándem Emilio Hernández / Magüi Mira conduce la versión de ‘Pluto’ de Aristófanes sobre el dinero, un tema  a la orden del día, protagonizada por Javier Gurruchaga y Marisol Ayuso. ‘Pluto’, el dios del dinero, canta ciego por las calles. Está triste porque no sabe a quién se da. Quisiera repartirse con justicia entre toda la gente honesta. Los que no lo tienen lo reclaman, y los que ya lo tienen no lo quieren soltar.

Crémilo, un agricultor arruinado, le devuelve la vista y empieza la fiesta. Un sueño para unos, una pesadilla para otros. ‘Pluto’ es la historia de una utopía, del sueño del reparto justo de la riqueza, del dinero. Humor que hace reflexionar. Un humor ácido, satírico, deslenguado, que nos invita a la fiesta de la utopía. Intérpretes: Javier Gurruchaga, Marisol Ayuso, Marcial Álvarez, Jorge Roelas y Ana Labordeta.

El 22 de agosto culmina el festival con ‘Per Sempre Nino Bravo’, un homenaje en el 40 aniversario de la muerte del cantante. Un concierto en vivo con canciones interpretadas conjuntamente por el propio Nino Bravo en pantalla y destacados artistas invitados, todos ellos valencianos. Inhumanos, Javier Agulló, Ximo Tébar, Isabel Julve, David Pastor, entre otros. Canciones de Nino Bravo en clave de jazz, flamenco, lírico, reggae, pop y rock. Dirección artística y musical: Nacho Mañó i Ximo Tébar. Homenatge de la Generalitat Valenciana.

Una escena de 'Antígona', de Sófocles, en versión de José Manuel Murrada. Imagen cortesía de Sagunt a Escena.

Una escena de ‘Antígona’, de Sófocles, en versión de José Manuel Mudarra. Imagen cortesía de Sagunt a Escena.

Bel Carrasco

Mandariinid: de héroes y tumbas

Mandariinid, de Zaza Urushadze
Sección Oficial de Largometrajes
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 20 al 27 de junio

Mandariinid (Mandarinas) es una película de Zaza Urushadze que habla de eso: de mandarinas. En un poblado en medio de las montañas caucásicas viven dos hombres sencillos, Ivo (Lembit Ulfsak) y Margus (Elmo Nüganen) que, en medio de la guerra entre estonios y georgianos, luchan por sacar adelante una cosecha de mandarinas. Lo hacen por sobrevivir pero, como subraya Margus, por que es una lástima que se pierda tan magnífica recolección. El dinero importa, pero menos.

Lembit Ulfsak (izquierda) y Elmo Nüganen en 'Mandariinid', de Zaza Urushadze. Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove.

Lembit Ulfsak (izquierda) y Elmo Nüganen en ‘Mandariinid’, de Zaza Urushadze. Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove.

Habla de mandarinas y del valor que hace falta tener para que dé sus frutos tan abnegada labor en medio de un clima de violencia. Cuando Ivo acoja en su casa a dos soldados heridos, el checheno Ahmed (Georgi Nakhashidze) y el georgiano Nika (Michael Meskhi), la violencia desatada entre ambos soldados enemigos, ahora bajo el mismo techo, se irá modulando gracias a la intermediación de los dos hombres sencillos, en mitad de un campo tan devastado por la guerra como floreciente de mandarinas.

Esa mezcla de violencia sin sentido, de enemistades patrias, y fructífera actitud de amor por la vida, por los frutos de la naturaleza que hay que preservar a toda costa, entre los que se encuentran la propia vida humana, sea del color que sea, y venga cargada de las sinrazones que sean, es lo que convierte Mandariinid en una notable película. Notable porque cuenta, sin caer en la tentación del mensaje fácil, lo complicado que resulta romper la coraza ideológica, cuando el odio al otro se vende como la única moneda de curso legal.

Lembit Ulfsak en un fotograma de 'Mandariinid', de Zaza Urushadze. Cinema Jove

Lembit Ulfsak en un fotograma de ‘Mandariinid’, de Zaza Urushadze. Cinema Jove

Ivo, que ya sabe lo que es perder un hijo en la guerra, mostrará su determinación a favor de la vida, teniéndose que enfrentar al odio mutuo de los soldados enemigos bajo el techo de su casa. Una casa que, a pesar de la violencia latente que la sacude, él se esfuerza por mantener a resguardo de tan destructiva ira bélica. Los soldados, ése es al pacto que llega, deberán recuperarse en el clima de paz que él les propone, dejando en suspenso el juramento de venganza lanzado por Ahmed contra Nika.

Mandariinid no debería verse como un simple alegato antibelicista, sino como una radiografía de la violencia, de lo real de la experiencia humana, allí donde ésta se descubre habitada por la sinrazón. Combatirla requiere la energía, que no la fuerza física, de Ivo, una persona mayor que, pese a la edad, conserva el vigor de quien funda su existencia en la transmisión simbólica de unos valores siempre amenazados, por la guerra, por las diferencias irreconciliables o, en suma, por el lado siniestro que nos habita.

Georgi Nakhashidze en un  fotograma de 'Mandariinid', de Zaza Urushadze. Cinema Jove

Georgi Nakhashidze en un fotograma de ‘Mandariinid’, de Zaza Urushadze. Cinema Jove

Y la madre tierra, de la cual procede el fruto de las mandarinas, emerge como protagonista de una película igualmente reveladora del poder destructivo que puede albergar a su vez la madre patria. De nuevo la floreciente productividad y la destructiva violencia por hacerse con el dominio de esa tierra, estrechando temibles lazos. Bastará decir, sin descifrar el final, que las propias tumbas abiertas por los muertos de uno y otro bando, se harán cargo de esa amalgama de sentimientos encontrados.

Zaza Urushadze narra con certero pulso las contradicciones de la llamada guerra de los cítricos, según recuerda Margus, entre estonios y georgianos hace ya más de 20 años. Si aceptamos, como se dice en un momento de la película, que el cine es una mentira, convendría decir que esa mentira transformada en relato resulta una vía privilegiada para llegar al corazón de cierta verdad en tiempos de abulia existencial.

Ivo (Lembit Ulfsak) enfrentándose a un vendado Nika (Michael Meskhi) en un fotograma de Mandariinid, de Zaza Urushadze. Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove.

Ivo (Lembit Ulfsak) enfrentándose a un vendado Nika (Michael Meskhi) en un fotograma de Mandariinid, de Zaza Urushadze. Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove.

Salva Torres

¿Personas de ideologías opuestas pueden quererse?

A cielo abierto, de David Hare, bajo dirección de José María Pou
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 44. Valencia
Del 10 al 13 de abril

Carl Schmitt dejó dicho que la política consistía en señalar un enemigo al que odiar, trazando así la frontera que permite a los partidos gestionar ese odio. Es una forma moderna de ocupar el sitio dejado por la religión. De manera que allí donde hay ideología se hace prácticamente imposible que cunda el amor hacia un otro diferente. De eso y muchas más cosas trata la obra de David Hare A cielo abierto, que dirigida e interpretada por José María Pou se presenta en el Teatro Olympia de Valencia.

Josep Maria Pou, en un momento de 'A cielo abierto', de David Hare. Imagen cortesía del Teatro Olympia.

José María Pou, en un momento de ‘A cielo abierto’, de David Hare. Imagen cortesía del Teatro Olympia.

Entre las múltiples interrogantes que plantea la obra, Pou destacó éstas: “¿Es posible que el contexto político pueda llegar a condicionar una historia de amor?” O dicho de otra forma: “¿El intercambio amoroso puede estar condicionado por lo que nos rodea, ya sea el conflicto social o la situación en la propia empresa?” Para terminar planteando otra cuestión de fondo: “¿Es posible que dos personas de ideologías opuestas puedan quererse?” David Hare (Sussex, 1947), autor entre otras de las cinematográficas Las horas, El lector o Herida, no trata de responder a esas preguntas, sino de estimular la reflexión del público.

“No hay mitin, sino reflexión”

Y una de las reflexiones viene del lado del propio Hare, izquierdista irredento y azote del poder que, a pesar de su adscripción ideológica, logra poner en pie la historia de amor entre un capitalista de derechas (“muy de derechas”, subrayó Pou) y una maestra de escuela comprometida con los más desfavorecidos (encarnada por Nathalie Poza). Y lo hace sin que la ideología, vamos a decir que profesa, enturbie su mirada artística. “Su obra no es un mitin ideológico, sino que hace reflexionar al público desde su planteamiento honesto”. De manera que, como insiste Pou, “ni el capitalista es el malo malísimo, ni la maestra el personaje bueno”.

José María Pou y Nathalie Poza, durante la representación de 'A cielo abierto', de David Hare. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

José María Pou y Nathalie Poza, durante la representación de ‘A cielo abierto’, de David Hare. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

“En la historia, los malos momentos son cíclicos”

Esa cualidad artística es lo que permite a una obra alcanzar cierta universalidad. De hecho, como recordó Pou, Hare escribió A cielo abierto en 1995, momento en que Margaret Tatcher estaba aplicando su política económica de privatización de los servicios públicos, recortes y despidos. “Por desgracia, en la historia los malos momentos se repiten y son cíclicos”, destacó Pou. De ahí que ahora, casi 20 años después, A cielo abierto siga teniendo más actualidad si cabe que cuando se estrenó. “Es una función que parece escrita para el pueblo español de ahora mismo”, señala el autor catalán, que dijo haberse quedado “conmocionado” cuando vio el montaje por primera vez en Londres.

Enseguida sintió la necesidad de hacerse con los derechos de la obra, que estrenó en 2003 en catalán en el Teatre Romea de Barcelona. Celobert vive ahora una segunda juventud en castellano, con Nathalie Poza y Sergi Torrecilla acompañando a José María Pou en A cielo abierto. El espectáculo narra la “historia de amor y desamor” de dos personas “que se quieren con locura”, a pesar de representar “dos concepciones del mundo radicalmente opuestas”. El capitalismo salvaje y cierto idealismo de izquierdas, frente a frente y, en ocasiones, entreverado. “No se sabe en la función cuándo se habla de amor y cuándo de ideología política”.

José María Pou y Nathalie Poza, en una escena de 'A cielo abierto', de David Hare. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

José María Pou y Nathalie Poza, en una escena de ‘A cielo abierto’, de David Hare. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Un sir contra el poder

José María Pou puso también el acento en la condición de sir de David Hare, noble distinción otorgada por el gobierno británico a uno de sus más brillantes autores contemporáneos. “Es sir a pesar de que en sus obras realiza duros ataques al poder”. Ataques puestos en escena en teatros públicos, lo cual subrayó Pou con sana envidia teniendo en cuenta cómo las gastan por estos pagos en materia cultural. Precisamente como contrapunto a esa idea extendida del entretenimiento como cataplasma beatífica contra la crisis, Pou afirmó que sigue apostando por obras que hagan “pensar al público, que de alguna manera los enriquezca”. Y agregó: “En los últimos 15 años he hecho dramas terribles con gran éxito de público”, defendiendo así su idea de que el drama, al igual que la comedia, también puede ser entretenimiento, más allá de la “risa tonta”. A cielo abierto es un buen ejemplo, del que un teatro privado como el Olympia se hace cargo. “El público sale inquieto del teatro”, dice Pou. Y no es para menos.

José María Pou y Nathalie Poza, en un momento de 'A cielo abierto', de David Hare. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

José María Pou y Nathalie Poza, en un momento de ‘A cielo abierto’, de David Hare. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Salva Torres