Cara a cara. La fuerza del retrato en la fotografía

Fundación Foto Colectania. Cara a cara
Julián Romea, 6. Barcelona
Hasta el 13 de febrero de 2016

La Fundación Foto Colectania muestra desde el 6 de octubre la fuerza del retrato en la fotografía a través de una selección de más de cien obras de 49 fotógrafos de su colección, algunas de las cuales se presentan por primera vez al público. La diversidad de esta selección nace de sumar al retrato de estudio – la aproximación más común sobre este género – la instantánea de la fotografía de calle. El principal objetivo de esta exposición colectiva es enseñar al público destacados ejemplos de fotografía española y portuguesa desde la década de los cincuenta hasta la actualidad. Una licencia que permite descubrir trabajos que se acercan a la temática desde ópticas tan diferentes, y a veces tan opuestas, como la racionalidad, el control, la complicidad, la espontaneidad o el azar.

Alberto García-Alix, Benedicte, 1987. Còpia actual, 105 x 105 cm. Cortesía del arista y VEGAP, Barcelona 2013.

Alberto García-Alix, Benedicte, 1987. Còpia actual, 105 x 105 cm. Cortesía del arista y VEGAP, Barcelona 2013.

El retrato está contemplado a veces como un enfrentamiento en el que el fotógrafo debe vencer, como es el caso de Humberto Rivas; otras veces como un proceso de seducción, como en las fotografías de Leopoldo Pomés; o una experiencia tan intensa como entrar en trance. Este último es el caso de Alberto García-Alix que en palabras propias describe: “A mí, las fotos que realmente me gustan son las que hago cuando estoy en trance. Si no he vivido ese trance, si la sesión ha sido anodina, las fotos podrán resultar buenas, pero no tendré la sensación de haberlas hecho.”

El retrato es uno de los géneros más atractivos del medio porque remite a algo muy próximo: nosotros mismos y los otros. La tendencia de los fotógrafos a prestar atención a los detalles les convierte en diestros analistas de las miradas y de los gestos; ellos saben captar como nadie la manera de posicionarnos, la gestualidad corporal que nos identifica y nos delata. Por todo ello, las obras de esta exposición se agrupan alrededor de dos elementos que concentran la atención de los fotógrafos cuando se enfrentan al cara a cara con el retratado: la mirada y el cuerpo. El espectador vivirá la experiencia de verse envuelto y rodeado de una infinidad de miradas: directas, provocadoras, esquivas, cruzadas, miradas que se esconden. Junto con ellas, los autorretratos: la mirada del fotógrafo sobre sí mismo.  Seguidamente, el espectador se encontrará con una serie de fotografías caracterizadas por la expresividad de los cuerpos, que también nos miran y que nos hablan con sus gestos.

Miguel Trillo, En un Allnighter mod de la discoteca Savoy, 1992. Cortsesía del artista.

Miguel Trillo, En un Allnighter mod de la discoteca Savoy, 1992. Cortsesía del artista.

La exposición “Cara a cara” no pretende ser un recorrido por el género del retrato en la fotografía, pero sí quiere mostrar ejemplos destacados de fotografía española y portuguesa desde los años cincuenta hasta la actualidad a través de la colección de la Fundación Foto Colectania. Presentada ya en varios municipios de Barcelona gracias a un programa de itinerancias organizado por la Diputació de Barcelona, “Cara a cara” culmina con su presentación en la propia ciudad después de estar revisada y ampliada para esta ocasión.

Autores participantes:
Helena Almeida, Manel Armengol, Atín Aya, Javier Campano, Vari Caramés, Josep Maria Casademont, Gérard Castello-Lopes, Juan Manuel Castro Prieto, Francesc Català-Roca, Toni Catany, Joan Colom, Gabriel Cualladó, Ricky Dávila, José Miguel de Miguel, Jordi Esteva, Manuel Ferrol, Eugeni Forcano, Albert Fortuny, Alberto García-Alix, Cristina García Rodero, Francisco Gómez, Inês Gonçalves, Fernando Gordillo, Jorge Guerra, Cristóbal Hara, Gloria Giménez, Fernando Lemos, Ramón Masats, Oriol Maspons, Xavier Miserachs, Jorge Molder, Nicolás Muller, Isabel Muñoz, Francisco Ontañón, Carlos Pérez Siquier, Leopoldo Pomés, Jorge Ribalta, Xavier Ribas, Humberto Rivas, Pablo San Juan, Gervasio Sánchez, Rafael Sanz Lobato, Alberto Schommer, António Sena da Silva, Ricard Terré, Miguel Trillo, Javier Vallhonrat, Antoni Vidal, Virxilio Vieitez.

Cristóbal Hara, Retrato. Cortesía del artista y VEGAP.

Cristóbal Hara, Retrato. Cortesía del artista y VEGAP.

La Fundació Foto Colectania es una entidad privada sin ánimo de lucro (nº reg. 1554) que se inauguró en Barcelona en el año 2002 y cuya finalidad es difundir la fotografía y el coleccionismo a través de exposiciones, actividades (coloquios, seminarios, viajes) y la edición de catálogos. Foto Colectania cuenta además con una colección de fotografía que reúne más de 2.000 obras de autores españoles y portugueses desde 1950 hasta la actualidad. Además, dispone de una biblioteca de consulta libre y de una cámara de conservación donde se guarda el fondo fotográfico, el archivo de Paco Gómez (donado por su familia en 2001) y el depósito de una parte de la colección de Juan Redón.

Chus Tudelilla presenta su nuevo libro en Zaragoza

Chus Tudelilla: Mathias Goeritz. Recuerdos de España [1940-1953]
Edificio Paraninfo
Sala Pilar Sinués
Plaza Basilio Paraíso, 4. Zaragoza
Presentación del libro: 12 de mayo a las 20:00 h.

Chus Tudelilla, Mathias Goeritz. Recuerdos de España [1940-1953], Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2014

Mathias Goeritz. Recuerdos de España. Chus Tudelilla (portada del libro). Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

Mathias Goeritz. Recuerdos de España. Chus Tudelilla (portada del libro). 

Uno de los nombres fundamentales en el proceso de normalización y renovación del arte y la cultura española durante los años de la inmediata posguerra fue Mathias Goeritz (Danzig, 1915-Ciudad de México, 1990); un protagonismo que nadie discute pero que, sin embargo, no ha ido acompañado de la correspondiente investigación. Con el ánimo de subsanar este vacío historiográfico Chus Tudelilla defendió en la Universidad de Zaragoza, en 2012, su tesis doctoral Mathias Goeritz. Recuerdos de España [1940-1953], atenta a la presencia de Goeritz en el Marruecos español (1942-1945) como delegado en el Consulado Alemán de Tetuán del Instituto Alemán de Cultura; a su estancia en España (1945-1949); y a la continuidad de sus proyectos en Guadalajara, Jalisco, donde residió desde octubre de 1949 hasta 1953, cuando se instaló definitivamente en Ciudad de México. El primer volumen de la tesis doctoral centra el libro que con el mismo título acaba de publicar, en su colección “De Arte”, Prensas Universitarias de Zaragoza.

Nicolas Muller, Retrato Goeritz, 1948. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

Nicolas Muller, Retrato Goeritz, 1948. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

De su investigación, escribe Chus Tudelilla: La historia de Mathias Goeritz en España es también la de quienes decidieron quedarse tras la Guerra Civil, aislados y vencidos, pero anhelantes por avanzar, y la de los más jóvenes que eligieron abrirse al futuro. Con ambas generaciones, Goeritz compartió sus proyectos editoriales y artísticos. Es así que en los recuerdos de Mathias Goeritz están adheridos fragmentos de la historia de Tomás Seral y Casas, Ángel Ferrant, Benjamín Palencia, Ricardo Gullón, Josep Llorens Artigas, Pablo Beltrán de Heredia, Sebastià Gasch, Rafael Santos Torroella y Eduardo Westerdahl, con quienes realizó sus proyectos más importantes: la colección “Artistas Nuevos” y la Escuela de Altamira. Junto a los nombres citados aparecen otros, decisivos también en la cultura española de aquel tiempo: Juli Ramis, Nicolás Muller, Eugenio d’Ors, Francisco Nieva, Ángel Crespo, el grupo Pórtico de Zaragoza, Antonio Saura, Luis Felipe Vivanco, Juan Eduardo Cirlot y Carlos Edmundo de Ory. Y Alfredo Sánchez Bella, Pablo Antonio Cuadra, Joaquín Reguera Sevilla, Abel Bonnard o Jean Mallon, tan influyentes políticamente en sus proyectos. Sin olvidar a los mexicanos Ida Rodríguez, Josefina Muriel y Alejandro Rangel a quienes Goeritz conoció en Santander, y cuya intervención fue crucial para su viaje a Guadalajara, Jalisco, una vez que Ignacio Díaz Morales decidió incorporarlo como profesor a la Escuela de Arquitectura del Instituto Tecnológico.

Mathias Goeritz, Cartel de las Cuevas de Altamira, 1948. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

Mathias Goeritz, Cartel de las Cuevas de Altamira, 1948. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

Las tres nociones defendidas por Dionisio Ridruejo para el inicio de un nuevo proceso en la vida pública española: integración, conciliación y diálogo, son las que, en opinión de Jordi Gracia y Domingo Ródenas, sustentan la convergencia intergeneracional que alentaría el proceso de restitución de la modernidad. Esas tres nociones están presentes en todos y cada uno de los proyectos realizados por Goeritz en España. Desde que se instaló en Madrid, a comienzos de 1947, apenas tenía tiempo de entrar en casa, atareado como estaba en resolver y poner en marcha las numerosas iniciativas que dieron voz a quienes no encontraban motivos para salir a la calle. En la librería-galería Clan del aragonés Tomás Seral y Casas, Goeritz tuvo acceso a las últimas novedades editoriales, celebró la primera exposición de sus pinturas, y conoció a Palencia y a Ferrant, con quienes dirigió la colección “Artistas Nuevos”. Ferrant quedó prendado de la vitalidad de Goeritz y le permitió romper su silencio, descubriéndole obras y artistas, y compartiendo su memoria y sus inquietudes, que Goeritz no dudó en hacer suyas. Presentarse en nombre del maestro Ferrant era como llegar acompañado de una varita mágica, sobraban todas las explicaciones. Y Goeritz, consciente de ello, utilizó la varita mágica de Ferrant para reunir a quienes habían quedado aislados. Esa fue, sin duda, la mayor aportación de Goeritz a la cultura española de posguerra: trazar una cartografía del arte vivo con centros en Madrid, Zaragoza, Barcelona, Santillana del Mar y Tenerife.

Mathias Goeritz, Cóbreces, 1948. Colección Instituto Cultural Cabañas, Guadalajara, Jalisco

Mathias Goeritz, Cóbreces, 1948. Colección Instituto Cultural Cabañas, Guadalajara, Jalisco.

En el verano de 1948, en Santillana del Mar, Goeritz ideó el “Plan Altamira” que daba respuesta a uno de los temas que habían interesado a Ferrant y Palencia en los años treinta del siglo XX y que en la década siguiente volvía a estar de actualidad: la relación de la prehistoria y el arte moderno, motivo central de las discusiones de la Escuela de Altamira, de las pinturas y dibujos de Goeritz y de la programación expositiva y editorial de la galería Palma que, bajo su dirección, siguió editando la colección “Artistas Nuevos” -que Clan iniciara en enero de 1948 y retomaría, bajo la dirección de Seral y Casas, en marzo de 1949-, con títulos tan renombrados como Homenaje a Paul Klee, Niños artistas. Creaciones o Los nuevos prehistóricos, por estar en sintonía con las preocupaciones que en aquel tiempo ocupaban la atención del arte y de la cultura contemporáneos en el ámbito internacional.

Mathias Goeritz, En la montaña, 1948. Colección Instituto Cultural Cabañas, Guadalajara, Jalisco. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

Mathias Goeritz, En la montaña, 1948. Colección Instituto Cultural Cabañas, Guadalajara, Jalisco. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

En octubre de 1949, Mathias Goeritz llegó a Guadalajara, Jalisco, donde su presencia causó auténtica sensación, pues era mucho lo que llevaba en su maleta de viaje. La experiencia vivida en España explica que en apenas dos meses Goeritz lograra transformar el ambiente cultural de la ciudad: además de profesor en la Escuela de Arquitectura, alentó la apertura de salas de exposiciones y galerías de arte cuya programación dirigió, coordinó numerosos proyectos editoriales, y expuso sus obras. Los ecos de su estancia en Guadalajara llegaron a Ciudad de México, donde Goeritz colaboró con la galerista Inés Amor y con Luis Barragán quien, como Ángel Ferrant, fue su maestro. La construcción del Museo Experimental El Eco, su particular cueva de Altamira, señala el final de una etapa y el comienzo de otra nueva en la trayectoria de Goeritz; lejos ya de España.

Mathias Goeritz, Paisaje fluvial, 1948. Colección Instituto Cultural Cabañas, Guadalajara, Jalisco. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

Mathias Goeritz, Paisaje fluvial, 1948. Colección Instituto Cultural Cabañas, Guadalajara, Jalisco. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

El 12 de enero de 1954, Elena Poniatowska publicó en el diario Excélsior de Ciudad de México la charla que había mantenido con Mathias Goeritz, a propósito de la estancia en México de Henry Moore, allá por las calles de Sullivan, en El Eco “esa especie de sueño futurista y de cueva de Altamira, Mathias Goeritz se anima, gesticula, se sienta y se levanta sin cesar, como todo buen alemán, y pinta infatigablemente constelaciones, parejas de amantes y gallos definitivamente pitagóricos”.

El Eco, Ciudad de México, 1954. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

El Eco, Ciudad de México, 1954. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

Mathiaas Goeritz, Gran guiñol andaluz, 1947. Colección Instituto Cultural Cabañas, Guadalajara, Jalisco. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

Mathiaas Goeritz, Gran guiñol andaluz, 1947. Colección Instituto Cultural Cabañas, Guadalajara, Jalisco. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.