La identidad cuestionada de Berena Álvarez

Infirmes, de Berena Álvarez Fernández
Galería del Tossal
Plaza del Tossal, s/n. València
Inauguración: jueves 25 de enero de 2018

El proyecto ‘Infirmes’ de Berena Álvarez, ganadora de la quinta edición del Máster en Fotografía: producción y creación de espai d’art fotogràfic, se inauguró el jueves 25 de enero en la Sala del Tossal. “Los individuos somos resultado de construcciones sociales y, por ello, no pertenecemos a una identidad natural, sino construida”. A partir de esa idea surge el trabajo expositivo de Berena Álvarez.

De manera que tirando del hilo de esa reflexión, que proclama que todos somos igual de anómalos, la artista plantea por qué la identidad de uno no puede ser tan válida como la de cualquier otro. Por qué hay quien decide lo que es aceptado y lo que no en nuestra sociedad.

A través de retratos compuestos por dos planos distintos, espacios y múltiples ángulos de los retratados, Berena Álvarez ilustra esa idea. Los lugares son espacios institucionales que son los que contribuyen, en gran medida, a la construcción de la identidad del individuo. Estos dos retratos se superponen por medio de transparencia para unir la identidad natural y la construida.

Durante todo un curso académico, los alumnos del Máster en Fotografía tuvieron que desarrollar un ensayo teórico que fundamentara sus proyectos y basado en el tema propuesto por la dirección del máster, “El arte es la antítesis social de la sociedad”, decía Theodor W. Adorno.

Este ensayo fotográfico fue seleccionado por un jurado de expertos, compuesto por Francesc Vera, Romà de la Calle y Tomàs Llorens, como el ganador de la quinta edición del Máster en Fotografía de espai d’art fotogràfic. El galardón otorga como premio la financiación de una publicación monográfica, la producción de la exposición y su introducción en un circuito internacional de exposiciones.

Obra de Berena Álvarez. Imagen cortesía de El Tossal.

Obra de Berena Álvarez. Imagen cortesía de El Tossal.

¿Existen los Paraísos Terrenales?

Paraísos terrenales
Sebastian Chisari, Christto & Andrew, Alex Francés, Miguel Ángel Gaüeca, Jules Julien, Javi Moreno, Miguel Rael, Michael Roy, Eduardo Sourouille, Javier Velasco
Iniciativa de Black Refuge
Las Naves
C / Joan Verdeguer, 16. Valencia
Inauguración: jueves 23 de junio
Hasta el 30 de julio de 2016

Blue is the universal love in which man bathes – it is the terrestrial paradise. (Derek Jarman, Blue, 1993)

No hay otros paraísos que los paraísos perdidos (Jorge Luis Borges, Los conjurados, 1985)

Algunas palabras están colmadas de anhelo. Quién no desearía el paraíso, no lo buscaría, no perseguiría su esencia, identificándolo, tal vez por un instante.  ¿La pesquisa debería iniciarse en el lugar en el que existió, la tierra, o en el lugar que ocupa en nuestro imaginario?

Las palabras son llaves, por ejemplo, Pardes, el término hebreo que designa al jardín, al paraíso y que, al mismo tiempo, funciona como acrónimo de las cuatro posibles formas de interpretación: literal, alusiva, exegética y secreta o mística. La palabra se torna múltiple, poliédrica  y el relato nos indica así las formas de desestabilizarlo, invitándonos a explorar sus distintas capas de sentido.

Obra de Javier Velasco. Imagen cortesía de Black Refuge.

Obra de Javier Velasco. Imagen cortesía de Black Refuge.

¿Acaso te pedí, Creador, que de mi arcilla Me hicieses hombre? ¿Acaso te rogué Que de la oscuridad me ascendieses? (John Milton, El paraíso perdido, 1667)

El jardín de las delicias y el origen, el texto que desea ocupar un lugar al que retornar. La sociedad occidental ha soñado ese espacio, lo ha narrado, recreado, intentando que la idea fuese algo más real.

Pero es imposible habitar el paraíso, pese a que este, incómodo, resida en nosotros. El malestar por este lugar se plasma de manera clara en Frankenstein (1818) de Mary W. Shelley. La novela se inicia con una cita de Milton, pero su presencia continúa a lo largo de todo el relato. El paraíso perdido es una de las lecturas del ser creado por Víctor Frankenstein que rápidamente se identifica a sí mismo con Satán. Tenemos así a  un personaje sin nombre, en busca, a lo largo del relato, de un igual mientras se esfuerza por aprender los códigos del entorno, vive ocultando su naturaleza debido a la presión social y que, al descubrir la idea del paraíso, decide identificarse con la fuerza negativa que nos expulsó de él. Podemos argumentar que una realidad mítica, incapaz de habitar el presente, pues reside en el pasado como perdida y en el futuro como promesa, no debería condicionar nuestra personalidad como le ocurre al protagonista de la novela, pero eso sería obviar que los relatos construyen nuestras identidades.

Obra de Álex Francés. Imagen cortesía de Black Refuge.

Obra de Álex Francés. Imagen cortesía de Black Refuge.

(…) si es posible que los lineamientos del paraíso terrenal surjan de la vida ordinaria, entonces esta última tiene que haber sido concebida, no como algún tedioso lugar de contingencia secular y existencia «normal», sino más bien como el producto final de la maldición y el encantamiento (Fredric Jameson, Documentos de cultura, documentos de barbarie. La narrativa como acto socialmente simbólico, 1981)

Uno de los elementos que aparecen en el análisis que Jameson hace de las narraciones mágicas es el paraíso. Este teórico defiende que, al igual que otras realidades míticas, su elaboración parte de nuestra realidad más próxima; no podemos entenderlo sin construirlo desde nosotros mismos. Así que edificamos una idea que nos excluye y que, además, esta dotada de una característica como es la naturalización (1).  Las teorías feministas ya señalaron el subterfugio de lo “natural” y lo “neutro” como valedores de un status quo en el que es muy fácil sentirse desplazado o no integrado.

Obra de Jules Julien. Imagen cortesía de Blak Refuge.

Obra de Jules Julien. Imagen cortesía de Blak Refuge.

El paraíso se convierte así en una heterotopía perversa pues es un lugar ritual  vinculado con lo hegemónico. Este hecho nos obliga a vivir en la constante búsqueda de este no lugar, mientras dejamos que esta travesía nos trasforme, sin ser conscientes que su posible hallazgo nos encerraría en la norma. Aunque, como la palabra y su sentido, puede que la norma se desordene, fragmentándose.

Una exposición colectiva son fragmentos, en este caso, diez artistas que nos permiten aproximarnos a distintos paraísos o, mejor dicho, a como esta idea nos ha trasformado, modificando nuestras identidades.

Encontramos así propuestas atravesadas por estas realidades, en las que nociones como recuerdo, deseo, ruina, cuerpo… se entrelazarán proponiéndonos distintas lecturas de la misma palabra.

Obra de Sebastián Chisari. Imagen cortesía de Black Refuge.

Obra de Sebastián Chisari. Imagen cortesía de Black Refuge.

Sebastian Chisari (Casablanca, Marruecos; 1990) utiliza la huella para hablarnos del deseo, de cómo un mismo escenario puede generar múltiples interpretaciones.  Christto & Andrew (San Juan, Puerto Rico, 1985 y Johannesburgo, Sudáfrica, 1987) parten del análisis de una identidad en conflicto como es la de la sociedad de Qatar. Alex Francés (Valencia, 1962) toma el cuerpo como espacio de representación y ausencia donde la manualidad del tejido se confunde con lo orgánico de las formas.  Miguel Ángel Gaüeca (Bilbao, 1967) reflexiona sobre la dificultad de conseguir los ideales de belleza para construir un relato en torno a la imagen, el recuerdo y la perdida.  Jules Julien (Bagnols-Sur-Cèze, Francia, 1975) nos confronta con una hiperrealidad construida en la que un color, el azul, condiciona nuestra recepción al estar cargado de connotaciones culturales.

Obra de Javi Moreno. Imagen cortesía de Black Refuge.

Obra de Javi Moreno. Imagen cortesía de Black Refuge.

Javi Moreno (Sant Joan d’ Alacant, 1982) recurre al cuerpo adolescente para enunciar los conflictos sobre su sexualización, inocencia o nuestro anhelo de juventud.  Miguel Rael (Lorca, España, 1974) trabaja sobre lo intangible, sobre el misterio y la capacidad de comunicar de la forma y el signo. Michael Roy (La Rochelle, 1973) se sirve de “Me acuerdo” de Joe Brainard y Georges Perec para construir un relato sobre la memoria. Eduardo Sourrouille (Basauri, Bizkaia; 1970) nos habla de nuestras redes familiares y de afecto utilizando a los animales como personificación de actitudes y comportamiento. Javier Velasco (La Línea de la Concepción, Cádiz; 1963) contrapone la artificialidad del laboratorio –azul de metileno, mercurio..- con la organicidad de nuestros cuerpos para evidenciar conflictos.

Y a todo esto se suma otra identidad, la de la persona  que, con su propio paraíso interior, contempla esta muestra.

(1) Para una lectura del paraíso y su relación con lo “natural” véase Northrop FRYE, Anatomía de la crítica: cuatro ensayos, Monte Avila, Caracas, 1977

Eduardo García Nieto

CARLOS DOMINGO, JUAN OLIVARES Y NELO VINUESA

Carlos Domingo, Juan Olivares y Nelo Vinuesa
Galería Rafael Ortiz
Mármoles 12 (Tel. 954214874). Sevilla
Hasta el 30 de abril de 2015
L: 18,00–21,00 h.
M-V: 11,00–13,30/18,00–21,00 h.
S: 11,00 – 13,30 h

La diadema, imagen evocadora encontrada en la relectura de una traducción del poema “Lamia”, nos reconduce al arco iris por su estructura formal pero también a la bóveda celestial-celeste que nos contiene, al universo, al viaje, al descubrimiento. Como imagen simbólica conecta con la idea de corona, que en un sentido amplio y profundo simboliza la propia idea de superación. A su vez, el arco iris, es a menudo el símbolo del puente entre el cielo y la tierra, expresa siempre y en todo lugar unión, relación e intercambio entre ambos. Nos gusta pensar que la diadema parece querer sujetar la razón, pero también nos conecta con el universo mágico y misterioso de la naturaleza.

“Trenzar Diademas”,  hace entonces referencia al modo en que cada uno construye su universo creativo, a la creación de mundos. La poesía, el misterio o la magia, son el punto de partida y la materia de nuestros trabajos, que no se desvinculan del razonamiento y la investigación. Es más, pensamos que hay una razón poética en cada acontecimiento, recordando a María Zambrano.

Si Newton desteje el arco iris en un intento por revelar el misterio de lo oculto, nosotros volvemos a trenzar con la emoción y la razón nuevas diademas. El acto de trenzar representa  un conjunto de tres o más ramales que se entretejen, cruzándolos alternativamente. Esta acción nos sirve conceptualmente como punto de partida para establecer el diálogo y la comunicación entre las tres propuestas.

Carlos Domingo. Paso. 2015. Pasta de papel y madera.

Carlos Domingo. Paso. 2015.
Pasta de papel y madera.

Por un lado, el trabajo de Carlos Domingo se centra en el interés por las cuestiones que sitúan al individuo frente a la metáfora de la representación animal, vegetal o mineral como estrategia plástica y conceptual para reflexionar sobre su naturaleza “humana”. Es un tipo de trabajo que pretende ser un resumen de los procesos de lo natural-orgánico frente a lo humano. La ciencia y el arte han elevado el nivel de humanidad del hombre y al mismo tiempo lo han alejado de su origen natural y primitivo (animal). El conjunto de lo natural, entendido como referente amplio y abierto, se mezcla con los artificios y las convenciones de la cultura.

Nelo Vinuesa. Penyagolosa. 2013. Grafito s/papel. 30,5 x 23,5 cm

Nelo Vinuesa. Penyagolosa. 2013.
Grafito s/papel. 30,5 x 23,5 cm

De un modo similar, Nelo Vinuesa sugiere y evoca narraciones que se construyen mediante la utilización de imágenes simbólicas, estableciendo conexiones entre lo fantástico, lo espiritual y lo mágico. Por otro lado, hay cierto romanticismo en las composiciones que plantea, un anhelo por lo lejano, por lo infinito. En su trabajo, el tratamiento del paisaje se relaciona con la idea de espejismo, fenómeno que hace referencia a la distorsión de la percepción sensorial, a la apariencia engañosa de algo que nos lleva a apreciar la realidad erróneamente.

Juan Olivares se identifica emocionalmente con todo lo que le rodea, sea una taza de café, una canción, las sombras proyectadas sobre un asfalto gris cromático, unos luminosos zapatos verdes con matices azules que cruzan las franjas blancas de un paso de cebra, un vestido precioso y su danza, el ruido amarillo del tráfico…

She´s like a rainbow VIII. De Juan Olivares. (110 x 100 cm.)

Juan Olivares. She’s like a rainbow V. 2014.
Pintura vinílica y óleo s/tela. 200 x 180 cm.

En este sentido su pintura está muy cerca de lo que acontece, del fluir permanente de las cosas y su misterio. Sus trabajos se alimentan de destellos cotidianos e instantes huidizos, momentos fugazmente perfectos en los que de alguna manera sales colmado.

(Imagen portada, Carlos Domingo. Tronco, Cactus, Abrazo. 2015. Carboncillo, pasta de papel y madera. Diversas medidas)

 

 

Sencillamente, amor

Magia a la luz de la luna, de Woody Allen
Intérpretes: Colin Firth, Emma Stone, Maarcia Gay y Jacki Weaver
Estados Unidos, 2014

Probablemente Woody Allen, para sobrevivir a la angustia de la vida y de la muerte, nos regala una película todos los años desde 1982. Cada año una historia diferente, pero todas ellas salpicadas con mayor o menor intensidad de su irónico humor que se trasluce en la verborrea y las situaciones neuróticas de sus personajes. Tras la agria comedia, Blue Jasmine, sobre la especulación inmobiliaria y bancaria y la venganza femenina, la simpática, entretenida comedia romántica Magia a la luz de la luna. Sí, Magia a la luz de la luna es una película entretenida.  Con una narración concisa, clara y con buen ritmo consigue hacernos sentir la existencia menos molesta, por lo menos por dos horas. Y, ¡ya es mucho!.

Fotograma de 'Magia a la luz de la luna', de Woody Allen.

Fotograma de ‘Magia a la luz de la luna’, de Woody Allen.

Magia a la luz de la luna  pivota  sobre  la dialéctica de lo material y lo trascendental, lo racional y lo irracional, lo inteligible y lo ininteligible, lo natural y lo sobrenatural, lo mágico y lo científico,  lo masculino y lo femenino. Una dialéctica que Woody Allen inserta en la trama y en la caracterización de los personajes.

Veamos. El espacio temporal donde la historia se ubica ya marca ese contraste entre lo sensitivo-emocional y lo material-racional. La película  está ambientada en el espacio apacible y estival de la naturaleza del mediterráneo francés  a finales de los años veinte en plena expansión tecno-industrial. Y en ese ambiente surge la historia de amor entre el mago Stanley Crawford y la falsa médium Sophie. Él y ella enfrentados. Él, mejor mago del mundo, cuyos excepcionales trucos se sustentan en el conocimiento del pensamiento cognitivo, científico y tecnológico, frente a ella, una actriz desconocida, contratada para interpretar el papel de una mujer con poderes sobrenaturales. Él, invitado por un colega suyo para desenmascarar a esta médium, se ve envuelto en una farsa donde su pensamiento racional, científico, material se va a desmoronar.

Fotograma de 'Magia a la luz de la luna', de Woody Allen.

Fotograma de ‘Magia a la luz de la luna’, de Woody Allen.

Él frente a ella: ella mira a él, él mira a ella. Ambos atrapados por la mirada. Una mirada  que atraviesa la conciencia racional de él hasta penetrarle en el corazón. Y surge el amor: un sentimiento que nace de lo irracional-inconsciente de la mirada.

Magia a la luz de la luna nos cuenta una sencilla historia donde el amor atraviesa la dialéctica de lo material y lo trascendental, lo racional y lo irracional, lo inteligible y lo ininteligible, lo natural y lo sobrenatural, lo mágico y lo científico,  lo masculino y lo femenino. Fin.

Fotograma de 'Magia a la luz de la luna', de Woody Allen.

Fotograma de ‘Magia a la luz de la luna’, de Woody Allen.

Begoña Siles

Bichobola o la luz interior de la naturaleza

Naturaleza enmascarada, de Davy Bytrap y Mercedes Mollá
Imprevisual Galería
C / Doctor Sumsi, 35. Valencia
Hasta finales de marzo

Cogen troncos que yacen junto a los lagos y les dan vida. Es la manera que tienen Davy Bytrap y Mercedes Mollá, con su proyecto artístico Bichobola Creativo, de poner en cuestión la naturaleza robada por los múltiples enmascaramientos de la sociedad contemporánea. Hablan, lógicamente, de la naturaleza exterior con la que ellos trabajan, pero incidiendo en la repercusión que tiene sobre la naturaleza humana. Al conjunto expositivo que presentan en la galería Imprevisual lo han llamado Naturaleza enmascarada, porque a su juicio “nuestra esencia queda oculta bajo máscaras sociales que nos convierten en seres neutros”.

Detalle de una de las esculturas de luz de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Detalle de una de las esculturas de luz de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Y como queriendo dar cuenta de esa esencia, Bichobola arroja luz al interior de esos troncos, después del adecuado tratamiento plástico de la naturaleza rescatada. De manera que Bytrap y Mollá intervienen las piezas con resina de poliéster, a las que añaden trozos de mecedoras o telas de ganchillo a sus esculturas de luz. El resultado es un inquietante paisaje de restos mortales procedentes de esa naturaleza que los artistas invocan, devolviéndoles la vida tras la inyección de diversos artificios. El desenmascaramiento de esa esencia interior oculta, luminosa, se lleva a cabo mediante la naturaleza enmascarada a la que alude el título del conjunto expositivo.

Detalle de una de las obras de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Detalle de una de las obras de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Así explica Bichobola su laborioso trabajo: “Realizamos esculturas de luz partiendo de estructuras naturales a las que alteramos su carácter expandiendo sus formas y aplicándoles capas de color”. Esta alteración del carácter natural de los troncos de árbol, que luego se convierten en piezas expositivas, tiene algo del enmascaramiento que los artistas denuncian. Por lo que se daría la paradoja de estar señalando cierta recuperación de la identidad perdida, enmascarándola de nuevo. “Transformamos partes de árboles varados en lagos, en objetos atrayentes que enmascaran formas existentes en la naturaleza”, explican Bytrap y Mollá.

Detalle de una de las obras de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Detalle de una de las obras de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Lo antiguos griegos lo tenían claro, cuando los actores en sus representaciones de la tragedia clásica utilizaban máscaras, que etimológicamente asociaban con la palabra persona. Y es que para tocar lo real de la experiencia humana, necesitaban esas máscaras que amortiguaban el dolor o el intenso goce narrado. La persona, su identidad, guardaba relación con la máscara, la cual además de ocultar servía para acceder a ese interior en llamas del sujeto. La posmodernidad ha hecho de esa máscara un lugar vacío.

Bichobola retoma ese debate para ofrecernos la posibilidad, mediante sus esculturas de luz, de avivarlo. Así lo proclaman en su proyecto artístico, el cual se anuncia como una “apuesta por establecer conexiones con la naturaleza como medio para recuperar nuestra identidad perdida en la masificación y el gregarismo de la ciudad”. Sus conexiones con esa naturaleza pueden verse en la galería Imprevisual, donde se exhiben sus esculturas de luz con el objeto de proyectar las sombras de nuestra sociedad contemporánea.

Obras de Dani Bytrap y Mercedes Mollá, del proyecto Bichobola Creativo. Imagen cortesía de Imprevisual.

Obras de Dani Bytrap y Mercedes Mollá, del proyecto Bichobola Creativo. Imagen cortesía de Imprevisual.

Salva Torres

Rubenimichi o la azarosa mirabilia anímica

Sobrenatural, de Rubenimichi
Espai Tactel
C / Denia, 25. Valencia
Hasta el 17 de abril

Descubrimos un mundo plagado de fantasías, magia, reliquias, rituales y celebraciones sumergidas en lo más profundo de la naturaleza. Imágenes propias de un cuento o de un conjuro medieval en el que a través de la pintura encontramos establecida una especie de jerarquía de lo original a lo derivado, de lo natural a lo artificial. Hablamos de Sobrenatural, proyecto del colectivo Rubenimichi, que a modo de aquellos fascinantes breviarios del siglo XII nos introducen por un mundo recóndito, asumiendo una función puramente poética, que parece recuperar historias antiguas, de catálogos imaginarios, y que solo son posible disfrutar como flactus vocis, defendiéndolos en toda su prospección.

Obra de Rubenimichi. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Rubenimichi. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Manos, calaveras extraídas de las raíces de la naturaleza, animales con cuerpo de ave y cabeza de mamífero, arbustos, troncos, medusas o verduras que surgen de la tierra observándonos con inquietantes ojos, conforman el personal bestiario de Michi, Rubén y Luisjo, a medio camino entre el Low Brow (Pop Surrealista) y las coloristas ilustraciones de un manuscrito o códice antiguo. Un bestiario, cuyas referencias son también una aproximación al lenguaje simbólico de los animales en la literatura, al arte pagano de occidente, la pintura flamenca y el Pop art.

Obra de Rubenimichi. Imagen cortesía de Espai Tactel

Obra de Rubenimichi. Imagen cortesía de Espai Tactel

 

Podríamos pensar que las pinturas de Sobrenatural nos están narrando una historia a través de diferentes personajes camuflados en la espesura del bosque, un hilo conductor compuesto por el enamorado, la enamorada, la madre, el herido,  la herida y finalmente el árbol de la ciencia, transmisor del bien y el mal. Sin embargo, ésta es una labor que deberá realizar finalmente el espectador, que habrá de construir su propia historia a través de la imaginación. Eso sí, una historia mágica que ahonda en la relación entre el mundo extrasensorial, y una serie de imágenes desconcertantes, en ocasiones grotescas en las que no son raros los personajes inquietantes, e incluso siniestros.

Obra de Rubenimichi. Imagen cortesía de Espai Tactel

Obra de Rubenimichi. Imagen cortesía de Espai Tactel

En conjunto, encontramos la intención de los artistas de tomar aquello que ha sido representativo en toda la cultura católica a través de la naturaleza; Adan y Eva, el Paraíso, el árbol prohibido (…) distorsionarlo y mostrarnos la otra cara que no veíamos en ello: símbolos masónicos, dos grotescos personajes heridos tras comer la manzana de paraíso, reliquias, máscaras venecianas como metáfora del hedonismo, llamas, troncos o la madre naturaleza que esconden cierta critica de fondo a nuestra historia social y religiosa.

Obra de Rubenimichi. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Rubenimichi. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Hay una suerte de mirabilia anímica, cuyo componente azaroso se representa  a través de la imagen de los dados a lo largo de toda la serie “bestiario”.  El azar irreverente en la naturaleza a través de lo grotesco y lo deforme, sin envolturas. En este sentido, Rubenimichi adaptan no únicamente el simbolismo, concepto básico del Low Brow, sino la irreverencia hacia lo que nos cuenta la historia valiéndose de la libertad del proceso artístico, sin hegemonías ni academicismos inherentes al establishment del Arte Contemporáneo.

Obra de Rubenimichi. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Rubenimichi. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Un conjunto de miradas hacia todo lo bello y lo mágico, lo maravilloso y seductor de la Historia del Arte, sin limitaciones o códigos, burlándose de manera morbosa y hasta macabra de cualquier mandato impuesto.  Porque ellos saben que en lo maravilloso, lo sobrenatural, y en lo extraordinario se encuentra la belleza, y como ya  señalará en “Historia de la Fealdad”, Umberto Eco: “La fealdad es siempre un error de sintaxis y por eso es infinita, porque las maneras de construir una frase de forma correcta son escasas, pero las de hacerlo mal son infinitas. Sólo lo extremadamente feo es interesante”. Un precepto básico que la naturaleza se encarga de hacernos recordar, y decididamente Rubenimichi apuestan por la armonía de lo asimétrico, por lo que nos desconcierta o mueve emocionalmente, apuestan por la fantasía.  Considerándola en cada ocasión, y hasta el punto que tenían razón las brujas que en el primer acto de Macbeth gritan: “Lo bello es feo y lo feo es bello”.

Obra de Rubenimichi. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Rubenimichi. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Rosa Ulpiano